La Guerra de los Herejes por Fernando Belaunzaran - muestra HTML

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Fernando Belaunzarán Méndez

Desde la izquierda

Herejías políticas en

momentos decisivos

Desde la izquierda

Herejías políticas en momentos decisivos Portada:

Bianca Niemeyer Maldonado

ISBN 968-537- 107-5

Impreso en México

© Partido de la Revolución Democrática

© Fernando Belaunzarán Méndez

Primera edición 2008

A mis padres, Eduardo y Tere,

por la persistencia

A Rebe,

compañera de vida y sueños

A mis hijos, Luca Eugenio, Ilán Matías y Zoe Aurora, que iluminan mi existencia

Agradecimientos

Este libro coincide con el fin de un ciclo, cuya historia está reflejada de alguna manera en los artículos aquí compilados. Por eso, en primer término, quiero reconocer a mis compañeros del Comité Ejecutivo Nacional, en especial al Presidente, Leonel Cota Montaño, y al apreciable y ubicuo Secretario General, Guadalupe Acosta Naranjo, por su apertura al debate, su responsabilidad institucional y su compromiso para el mejoramiento y superación de nuestro partido. Mención especial merece nuestro Secretario de Finanzas, José Borges, buen lector, crítico y poco condescendiente, de mis textos, al que le agradezco, además de sus consejos y opiniones atinadas, la disposición para que esta edición fuera posible. Y qué decir de Verónica Juárez, Trinidad Morales, Miguel Barbosa y José Antonio Magallanes con los que di batallas memorables.

Agradezco a los que me dieron su respaldo para llegar al Comité Ejecutivo Nacional y durante todo este tiempo me han apoyado, aceptando mi independencia de criterio y de opinión. He sido libre para escribir, expresar y votar de acuerdo a mi consciencia porque pertenezco a un equipo que promueve esos valores. Por eso mi reconocimiento al irreductible René Arce, quien ha demostrado que es falso aquel adagio perredista que asegura que vivir lejos del caudillo es vivir en el error, y que, en cambio, vale la pena ser congruente y mantener el rumbo, no obstante los costos y las dificultades; a Ruth Zavaleta, cuya entereza, responsabilidad y valentía ha sido constatada por la nación entera y que honra esta edición con el prólogo; a Víctor Hugo Círigo que me ha permitido estar cerca de él en su importante labor al frente de la histórica legislatura de la Asamblea Legislativa que aprobó la Ley de Sociedades en Convivencia, la despenalización del aborto, el divorcio automático, la eutanasia pasiva y otros tantos avances 7

Herejías políticas en momentos decisivos culturales de la izquierda; a Minerva Hernández, la incansable senadora de capacidad probada y futuro promisorio, que me ha honrado con su amistad.

Por supuesto, también agradezco el apoyo de los chuchos. De Jesús Ortega, demócrata practicante y político con visión de Estado; de Carlos Navarrete, elocuente tribuno, reformador convencido, narrador insuperable y bohemio por vocación; de Jesús Zambrano, quien tras tragar balas en su juventud sigue asumiendo riesgos; de Carlos Sotelo, persistente, eficaz y ecuánime operador político También agradezco a los colaboradores de mi secretaría que hicieron que todo fuera más fácil y de quienes aprendí muchas cosas.

Mi más sincero reconocimiento a la capacidad y disposición de Cristina Gaytán, Bianca Niemeyer, Acroy Mendoza, Sonia Rodríguez, Mónica Pereda, Gloria Vázquez y Francisco Rey. Hicimos un buen equipo.

Y finalmente, el agradecimiento mayor para mi familia que me acompaña, me inunda de solidaridad y me da fuerzas para seguir en la brega. Con mi esposa y mis hijos cerca me convenzo de que otro México, y otro mundo, sí son posibles.

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Índice

PRÓLOGO

POR Ruth Zavaleta Salgado ............................................. 11

PRESENTACIÓN

Una herejía más .............................................................. 15

HERÉTICA I

Al Maestro ..................................................................... 23

HERÉTICA II

¿Cuál Izquierda? ............................................................. 39

HERÉTICA III

Del Desafuero al Cielo .................................................... 55

HERÉTICA IV

La Guerra Electoral ......................................................... 97

HERÉTICA V

En Resistencia ............................................................... 139

HERÉTICA VI

Los dilemas del PRD .................................................... 225

HERÉTICA VII

Momentos decisivos ..................................................... 311

HERÉTICA VIII

Epílogo sin comentarios ................................................. 415

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Prólogo

A nalista de los procesos políticos que se viven en nuestro país, actor de muchos de ellos, militante político siempre del lado de las causas del pueblo de México, dirigente del Partido de la Revolución Democrática, Fernando Belaunzarán nos presenta en sus Herejías políticas en momentos decisivos su visión del acontecer nacional. Se puede estar de acuerdo o no con él, pero deberá reconocerse su esfuerzo por explicar la realidad y los acontecimientos políticos desde una visión comprometida con la democracia y sobre todo, formada en los textos clásicos de la teoría política, “desde la izquierda” diría él.

Una bocanada de aire fresco es leer materiales que nos ayudan a discernir los momentos que vive el país, no con epítetos o descalificaciones fáciles, sino con argumentos y posicionamientos que hacen de sus escritos documentos necesarios de conocer y reflexionar sobre lo expuesto.

A Fernando le ha tocado estar en el “ojo del huracán” en más de una ocasión, en varios momentos y procesos políticos, sociales, electorales, partidarios que expresa con eficacia a través de su pluma sencilla pero contundente. El lector podrá percibir lo que el autor nos narra sobre los hechos vividos en el lugar, así como de los acontecimientos que dentro de su desarrollo político y humano marcan su proceso de formación.

Con su experiencia nos brinda pinceladas de los acontecimientos internacionales, pues para él lo que sucede en el mundo tiene importancia central para ubicarnos en el contexto de un mundo globalizado.

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Herejías políticas en momentos decisivos Las palabras aquí expresadas han sido escritas en las plazas públicas, en los salones universitarios, en las salas del PRD, en fin, en los lugares en donde los hechos se convierten en acontecimientos.

Fernando defiende con vehemencia sus posiciones al interior del PRD y pone el dedo en la herida: o construimos un partido con cuadros pensantes, con alta formación política y teórica, comprometidos con la democracia, o nos convertimos en una “agencia de empleos” sin compromisos con la sociedad, en un ejército de fieles que acríticamente participen en la vida del partido y que en muchos de los casos sean los que clamen por depuraciones, hasta el más alto grado de la intolerancia.

Fernando considera que la construcción del PRD debe transitar por un amplio debate político, fraternal y respetuoso, en donde con plena libertad se puedan expresar las posiciones de todos los militantes y dirigentes. Una verdadera discusión entre compañeros y compañeras en donde lo que predomine sean las ideas, las propuestas y no las descalificaciones ni los insultos.

Demócrata y libertario, nos muestra en sus escritos su formación política, y sobre todo su convicción por el respeto a las diferencias, a las discrepancias, privilegiando la razón al apoyo servil.

En diversos textos polemiza con la forma en la que muchas personas se han expresado o dirigido hacia militantes y dirigentes del PRD, por el simple hecho de no acordar con su actuación.

Por estas y otras razones es que hay que tomar este libro como una aportación al debate que existe en el Partido de la Revolución Democrática y sin prejuicios leerlo para retomar los temas y planteamientos aquí presentados para su reflexión y como una contribución al debate, para elevar su contenido y forma.

Hoy en nuestro país no hay cabida para las afirmaciones excluyentes, nuestra sociedad reclama de espacios para la toma de posición plural y democrática, eficacia en el manejo de las decisiones fundamentales para 12

Fernando Belaunzarán Méndez

el país, pero sobre todo eficiencia y transparencia en el manejo de las finanzas y de los temas centrales del devenir político.

Sin duda que el uso de la política para encontrar las causas de los problemas, así como sus soluciones, mediante la elaboración de diagnósticos, análisis y propuestas, es la mejor fórmula de relación entre instituciones y sociedad y lo que nos puede brindar futuro y certidumbre.

Leerlo es desde ya, una necesidad.

Ruth Zavaleta Salgado

Febrero de 2008

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Presentación

UNA HEREJÍA MÁS

E n política la neutralidad es, aunque socorrida, ilusoria. Eso vale para indiferentes, apáticos y nihilistas, e incluso para los que ostensiblemente se declaran apolíticos, pues no se puede eludir el avalar o contrariar un estado de cosas en la sociedad. Como es obvio, esto se vuelve más nítido cuando se piensa, se analiza, se opina y se debate sobre el acontecer político, incluyendo, por supuesto, a los llamados “librepensadores”, “analistas independientes”,

“formadores de opinión”, “críticos sin partido” o “autoridades imparciales”. En cualquier caso se asumen posiciones y se busca incidir con ellas en el quehacer público. Son loables la pretensión de objetividad, el apego a la ley y el cumplimiento con la responsabilidad institucional; pero eso no libra a nadie de su condena a tomar partido, a ver las cosas desde una determinada óptica, a razonar desde determinados valores, ideología y experiencia. El “desinterés” es una coartada, como también lo es la no militancia como garantía de criterio libre y profiláctico.

Todo esto viene a cuento porque el presente libro es la recopilación de una serie de artículos elaborados desde la más evidente parcialidad, desde la dirección nacional de un partido político y, además, en medio de la tormenta pre y postelectoral del 2006. Trabajo intelectual en tiempos turbulentos de enorme tensión y polarización social. Sin embargo, esa condición no fue obstáculo para poder observar con perspectiva, para tomar la distancia que requiere el pensamiento crítico y autocrítico, vacuna contra la condescendencia e instrumento indispensable de la praxis política.

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Herejías políticas en momentos decisivos De poco o nada sirve repetir “verdades” incuestionables o hacer propaganda entre los convencidos. En cambio, mucho se avanza si se retoma algo que debiera ser elemental y básico para cualquier partido político de izquierda y que, sin embargo, se ha vuelto un acontecimiento excepcional y muy focalizado en el PRD. Me refiero a la reflexión colectiva, al ejercicio cotidiano y sistemático del pensar para comprender, y comprender para actuar con eficacia, para reaccionar oportuna y adecuadamente y no perder la visión de mediano y largo plazo; para no extraviar el rumbo. Me refiero a promover la discusión política en todos los niveles, de manera rigurosa y permanente.

Los artículos del presente volumen fueron elaborados durante mi gestión al frente de la Secretaría de Formación Política del Comité Ejecutivo Nacional del PRD y distribuidos entre dirigentes, gobernantes y legisladores del Partido de la Revolución Democrática. Son la continuación de los realizados en mi paso por el Comité Estatal del DF, los cuales surgieron en el calor de la conmoción provocada por los videoescándalos y la intensidad de la lucha por evitar el desafuero del entonces jefe de Gobierno. De esa primera etapa nació un libro ( Tiempos Turbulentos. Ensayos en el año del complot. Itaca 2005). Desde entonces han pasado tres años tan frenéticos como aquél y han sucedido tantas cosas que parece mentira que hace tan poco exudábamos triunfalismo y llegamos a acariciar la Presidencia de la República.

Como sucede con los artículos de coyuntura, si se miran a la distancia y a la luz de lo acontecido, se encuentran lo mismo pronósticos acertados que yerros de apreciación. De estos últimos sobresalen la subestimación de Calderón, el no dimensionar la ausencia de AMLO en el primer debate y el ignorar lo contraproducente del Plantón de Reforma. De los dos primeros poco hay que agregar y se trata de errores más o menos aceptados. En cambio, el 16

Fernando Belaunzarán Méndez

último es un asunto no resuelto, difícil de discutir al interior del partido y que produce escozor con sólo insinuar la menor discrepancia con la versión martirológica y oficial del acontecimiento. Poner en duda la necesidad de esa aventura épica es caer en abierta herejía.

Pues que me perdonen los inquisidores, pero si en algún asunto vale la pena reflexionar y sacar las enseñanzas apropiadas es precisamente de ese plantón, pues además de ser emblemático, sirve muy bien como paradigma de la compleja relación entre fines y medios, añejo y medular problema de la izquierda y cuya actualidad es tal que se encuentra en el centro del debate entre las dos estrategias políticas que hoy se disputan la hegemonía en el PRD.

La demanda de recuento voto por voto y casilla por casilla era justa e impecable. Democracia que no es capaz de constatar sus resultados no es tal. Pero una causa incuestionable puede naufragar si se usan medios que no lo son. Y eso fue lo que sucedió con el cierre de Reforma. Decir esto no significa, de ninguna manera, absolver a las instituciones, las cuales actuaron con pusilanimidad y fueron incapaces de dar transparencia y certeza al resultado, ya no digamos mantener el proceso en cauces aceptables y poner en orden a su principal foco de enrarecimiento, al entonces presidente Vicente Fox. Pero, igualmente, la ineficacia institucional no puede ser excusa para confrontar a la ciudadanía que apoyo con su voto y, en gran medida, se movilizó en portentosas manifestaciones que cimbraron al país.

El Plantón de Reforma fue un punto de inflexión. Ahí, el movimiento que representaba una opción incluyente y esperanzadora comenzó a restar y a depurarse, a alejarse de una parte importante de su electorado y mostrar un rostro autoritario y belicoso. Además, dio la oportunidad a los rabiosos enemigos de Andrés Manuel López Obrador de darle sustento a la caricatura que la derecha, en su desesperación, hizo de él mediante una indigna e infame guerra 17

Herejías políticas en momentos decisivos sucia. Tuvieron razón Carlos Monsivaís, Rolando Cordera, Adolfo Sánchez Rebolledo y Jenaro Villamil, en la carta pública donde avalaron el plantón en el Zócalo, pero censuraron el cierre de calles y avenidas ( La Jornada, 1 de agosto de 2006) Se argumenta que con esa medida tan drástica se le dio salida al descontento y se evitó la violencia; pero había otras opciones para mantener al movimiento activo y ejerciendo presión a las instituciones para que cumplieran con su responsabilidad. Una de ellas fue propuesta por el Secretario General del partido, Guadalupe Acosta Naranjo: una huelga de hambre masiva en la plancha del Zócalo para demandar el recuento. Por desgracia, en lugar de acumular fuerzas y promover apoyos dentro y fuera del país a favor de una medida incontrovertible, se optó por el camino del desgaste público y el aislamiento, ruta que aún no ha concluido. La buena causa que sumaba perdió empuje y fue desplazada por la mala medida que restaba.

Como dijimos, la oportunidad de reflexionar sobre el Plantón de Reforma es que nos lleva al gran dilema del partido tras el 2 de julio de 2006, a la tensión que existe entre dos estrategias para enfrentar a la derecha ilegítimamente en el poder y que se expresa también en la contienda entre Jesús Ortega y Alejandro Encinas.

Muchos de los artículos del último año tratan precisamente sobre esta disyuntiva o bien sobre asuntos que, de alguna u otra forma, se relacionan con ella, como son el papel que deben jugar los legisladores perredistas, la elección en Michoacán y la reforma electoral.

En ese contexto de redefinición de la línea política del partido resulta indispensable recurrir a la autocrítica y al debate franco entre compañeros, incluyendo al Presidente Legítimo. Hacer explícitas las diferencias de visión y opinión que existen con el principal líder del partido no debiera escandalizar a nadie en una organización democrática; sin embargo, es notorio que para algunos eso representa una afrenta sacrílega inaceptable. Por eso, en estos tiempos, 18

Fernando Belaunzarán Méndez

escribir con libertad en el PRD significa dar una batalla cultural por la tolerancia y en contra de los resabios mesiánicos, caudillistas y autoritarios, cuyas vetas son fácilmente rastreables en el estalinismo y en el viejo régimen priísta que se resiste a morir en las costumbres de la clase política. Los ataques histéricos, falaces y desmesurados contra Jesús Ortega, Ruth Zavaleta, René Arce, Víctor Hugo Círigo, Carlos Navarrete, Jesús Zambrano, Acosta Naranjo y toda una corriente de pensamiento en el partido son muestras palpables de un ambiente hostil a la crítica, algo inaceptable para una izquierda comprometida con la democracia y las libertades.

Frente al burdo y perverso maniqueísmo que denuncia a los

“traidores”, “colaboracionistas” y “legitimadores” se debe abrir paso a la razón crítica que no confunde la intransigencia con la congruencia, ni al ultrismo con la radicalidad. No es el grito estridente, la acusación rabiosa o el odio derrochado lo que puede enfrentar con éxito a la derecha. Al contrario, ésta se fortalece por la desconfianza que generan sus detractores que parecen más preocupados por ahondar los problemas del país que por resolverlos, y que le dan una coartada para excusar sus deficiencias, carencias y fallas. Es acrecentando la competitividad electoral, proyectando la imagen de un PRD que, siendo una oposición firme, también es propositivo y respetuoso de la legalidad democrática como se puede poner en jaque a la derecha priísta o panista. Para eso también se requieren buenos candidatos que cuenten con prestigio social y sean identificados con los principios y valores de la izquierda democrática.

Finalmente es en las urnas –y no mediante una hipotética y riesgosa ruptura social– donde se le tiene que vencer a la derecha y eso es lo que he tratado de exponer con claridad y contundencia en muchos de los artículos aquí recopilados.

Los artículos han sido publicados intermitentemente en La Fuerza del Sol, alguno en Milenio ( La izquierda de los herejes) 19

Herejías políticas en momentos decisivos y otro, adaptado, en Reforma ( AMLO contra la reforma electoral). Por la red se sube a la página del PRD y de Nueva Izquierda.

Algunas agencias de noticias, como ADN sureste, los suben a su portal y, en breve, estarán en un blog. Me he enterado, con gusto, que han circulado en diversos círculos cibernéticos y publicados en diarios locales o folletos. Por supuesto, se circulan periódicamente a más de mil dirigentes del partido, incluyendo gobernantes, legisladores y, por supuesto, a López Obrador. Debo confesar que al principio fue como tirar una piedra en un pozo sin fondo, pero la constancia trajo frutos y ahora los rebotes son múltiples, constantes y diversos.

Junto con los artículos se están publicando otros textos. El primero de ellos se trata de una conferencia dictada en el homenaje a mi querido maestro, connotado filósofo marxista, don Adolfo Sánchez Vázquez, con motivo de su nonagésimo cumpleaños. Insistí en publicarlo porque soy y seré siempre su deudor intelectual y mi admiración por su vida y obra es imperecedera. De él aprendí que el pensar libre y crítico, desafiando ortodoxias, es indispensable para el político que se plantea en serio incidir para transformar una realidad que considera injusta.

Los otros tres textos son de autoría colectiva, de los cuales dos son manifiestos y el otro una declaración. La importancia de ellos en que al tener un contenido menos coyuntural y más conceptual sirven para expresar con mayor nitidez qué izquierda, de las múltiples que hay, representamos. Los Manifiestos fueron presentados al Consejo Nacional, mientras que la Declaración fue firmada con una Asociación Política Nacional, Expresión Ciudadana, en agosto de 2004. En todos los casos fueron suscritos y difundidos por lo que hoy se llama Nueva Izquierda Socialdemócrata. No es casual que este equipo haya sido fundamental en las iniciativas históricas que ha aprobado la IV Legislatura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal: La 20

Fernando Belaunzarán Méndez

Ley de Sociedades en Convivencia, la despenalización del aborto, el divorcio automático, la eutanasia pasiva, entre otras. Somos una izquierda identificada con la libertad.

El libro tiene como Epílogo dos cartas, la primera dirigida a Andrés Manuel López Obrador. Se trata de una interpelación crítica y franca, sin dejar de ser respetuosa, que reclama congruencia ante la intervención activa y al margen del Estatuto por parte del ex candidato presidencial en el proceso de renovación de la dirección del partido y que reflexiona sobre las condiciones de la contienda. La segunda es para Alejandro Encinas con motivo de los lamentables hechos de inaceptable violencia en la concentración de la Torre de PEMEX, del 24 de febrero de 2008, que fueron protagonizados por seguidores reconocidos y confesos de su candidatura a la presidencia del partido. Dos herejías más.

Sin más, quedo a merced de la opinión de los lectores.

Fernando Belaunzarán Méndez

Febrero de 2008.

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Herética I

AL MAESTRO

S in pretender echarle culpas o responsabilizar al Dr. Adolfo Sánchez Vázquez de las herejías de uno de sus alumnos y autor del presente libro, la ponencia aquí presentada, además de ser un sincero homenaje al eminente filósofo marxista del exilio español que, en ese entonces (octubre de 2005) acababa de cumplir 90 años de vida, sirve para establecer un modelo de pensador, político e intelectual de izquierda, que desafía la ortodoxia y a los inquisidores que la cuidan con rigor y valentía. Y es que el marxismo comenzó siendo una herejía, pero luego algunos construyeron sobre él, pervirtiéndolo, iglesias con dogmas y fieles, con mesías incontrovertibles y burócratas que administraban la verdad revelada. Don Adolfo, como pocos, se enfrentó a esos engendros que hicieron posible el contrasentido conocido como “socialismo real”.

Sería, por supuesto, un franco exceso hacer una comparación entre el trabajo del maestro y el alumno. Sin embargo, como la influencia es innegable, el autor quiso expresar no sólo su reconocimiento, admiración y cariño sino también la deuda que tiene con alguien que, abrevando de la tradición, de las raíces de la escuela más influyente de la izquierda, ha hecho una obra renovadora y consistente porque su crítica ha sido, como fue la de Marx, sin concesiones, y de la que no se ha salvado ni el propio filósofo alemán. A Sánchez Vázquez le gusta parafrasear a Ortega y Gasset que sostenía que “la claridad es la cortesía del filósofo” con una a su estilo: “la crítica es la cortesía del filósofo”. La fascinante capacidad polémica del maestro, llevó al alumno a compararlo con un gladiador que, al tener una consciencia libre y un filo crítico demoledor, sólo puede ser herético.

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Adolfo Sánchez Vázquez:

un gladiador con causa1

18 de octubre de 2005

Pulsos deshabitados: aquí tenéis

mi pulso ardiendo

Adolfo Sánchez Vázquez 1935-1936

Justo y pertinente resulta el Homenaje que la Facultad de Filosofía y Letras organiza a Adolfo Sánchez Vázquez. Lo primero no sólo por el motivo explícito del mismo, la conmemoración de sus 90 años de vida, sino también porque en nuestra escuela se ha forjado el pensamiento filosófico de este hombre que ha dejado una impronta profunda e indeleble en y más allá de sus aulas. Lo segundo, su pertinencia, porque se trata de un pensamiento vivo y palpitante, cuyo dinamismo le ha permitido resistir y contraatacar, persistir y corregirse, ponerse al día y adelantarse al futuro en circunstancias por demás adversas.

Mis felicitaciones, pues, al Dr. Ambrosio Velasco por este acierto y mi agradecimiento por su gentil invitación a participar en el presente reconocimiento a la vida y obra de mi querido y admirado maestro.

Ingresé a la facultad cuando los ladrillos del Muro de Berlín caían despedazados al suelo para luego ser llevados a todos los confines de La Tierra como souvenirs. Un acontecimiento del que todos, actores y espectadores, eran concientes, sino de sus alcances sí de que tendría una enorme significación histórica –Sánchez Vázquez calificaría el hecho unos años más tarde como “el fin del siglo XX”2 . Poco después 1. Ponencia presentada en el homenaje por el 95 aniversario de Adolfo Sánchez Vázquez.

2. Adolfo Sánchez Vázquez, Más allá del derrumbe, tomado de Entre la realidad y la Utopía, FCE, UNAM, 1999, p. 247.

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Herejías políticas en momentos decisivos terminaría la indecisión e impotencia de Gorvachov de la única manera posible: con su salida del poder. La otrora poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se desintegraría entregándose, cada una de sus partes, al más salvaje capitalismo. Eran tiempos de confusión y sentimientos encontrados. El ocaso de unos regímenes tiránicos, pero que dejaban el campo libre al capitalismo injusto y depredador; el fin de la Guerra Fría, pero el advenimiento del mundo unipolar; el júbilo de millones de personas que esperaban mejores condiciones de vida y mayores libertades, pero la pulverización de un empresa titánica que, en sus inicios, se inspiró en los más altos valores humanos y que, al margen de su perversión, movió a muchos hombres y mujeres a dar su vida por ella. Estábamos ante hechos de consecuencias aún inciertas debido al inesperado y vertiginoso desenlace que de golpe estaba cambiando dramáticamente la geopolítica de la posguerra.

En esas circunstancias, preguntas obligadas flotaban en el ambiente intelectual del mundo y, por lo mismo, también de nuestra facultad: ¿Por qué se vinieron abajo los regímenes del, por ellos mismos llamado, “socialismo real”? ¿Terminó la viabilidad de un sistema social específico o es el fin de toda posibilidad de emancipación? ¿Hay que aceptar el triunfo del capitalismo como un hecho incuestionable e irreversible? ¿Se puede aún sostener la vigencia del pensamiento de Marx como instrumento para la acción política liberadora? ¿Vale la pena seguir luchando por un cambio radical en la sociedad? Interrogantes que por su trascendencia nos interpelaban a todos; pero si alguien estaba obligado a hacerles frente en estas aulas era el reconocido y prominente marxista, Adolfo Sánchez Vázquez, quien además de tener toda su vida sosteniendo la necesidad humana del socialismo llevaba tiempo ocupándose del tema de la naturaleza de esas sociedades. Sus respuestas y la manera en que las dio me impresionaron. No encontré a un hombre a la defensiva, atrincherado en verdades decimonónicas, repitiendo dogmas y consignas a falta de 26

Fernando Belaunzarán Méndez

argumentos y negando la realidad; tampoco al capitán del barco que ante el naufragio está dispuesto a hundirse con su nave como una última y patética muestra de martirologio militante; ni al Pilatos que se lava las manos y se preocupa más por los deslindes que por enfrentar la grave situación; mucho menos al acróbata que realiza saltos mortales para acomodarse en el lado opuesto de la barricada cuando todo lo ve perdido. Lo que vi fue a un gladiador que con inteligencia, rigor, conocimiento, audacia, seguridad y respeto por las reglas del combate blandía sus ideas con fuerza y precisión. Desde un marxismo abierto, crítico, sin condescendencias, con la autoridad moral de llevar muchos años cuestionando, y más de una década denunciando, a ese sistema que en nombre del socialismo negaba los valores de libertad, justicia y democracia que lo inspiraron, Sánchez Vázquez sorteaba la acometida, manteniendo a salvo la posibilidad de realización, en otras condiciones, de la utopía socialista, concepto, por cierto, revalorado por él mismo. Todo ello sin minimizar el golpe recibido y las funestas consecuencias que necesariamente alejaban por un tiempo tal posibilidad. Mi maestro, nuestro maestro, le aguanta la mirada a la realidad y no se engaña con ella por más dura y difícil que se le presente.

Ahora bien, si yo cometiera el imperdonable error lógico, el mismo que identifica Sánchez Vázquez en Lenin cuando éste univer-salizó su experiencia organizativa del Partido Bolchevique3 , y genera-lizará esa imagen de gladiador que tuve del maestro en los momentos próximos al derrumbe del “socialismo real” y la llevara al conjunto de su obra, e incluso, lo que ya no sería un error sino un sacrilegio en esta facultad, me siguiera de frente y lo extrapolara a su vida y dijera que estamos en el homenaje del gladiador Adolfo Sánchez Vázquez, quizá mi afirmación no se aleje mucho de la realidad. Nuestro filósofo 3. Adolfo Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, Siglo XXI, 2003, Cap.

8, Conciencia de clase, organización y praxis, pp. 370-396.

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Herejías políticas en momentos decisivos siempre combate, así sea fraternalmente, pero combate. La polémica es parte consustancial de su obra, es la preocupación que lo ocupa y motiva, es, en buena medida, lo que le da sentido a sus escritos, conferencias, participaciones, discursos y clases. De manera explícita o implícita, directa o indirecta, siempre está presente la otra u otras posiciones. Enfrente puede estar una teoría o una ideología, un amigo o un adversario, una orientación política o una tendencia artística; lo mismo se enfrenta a ideologías conservadoras como aquellas que pugnan por la “neutralidad ideológica”, la naturaleza humana egoísta o que celebran entierros sin los cadáveres de la utopía, la Historia o la misma ideología, o bien a ideologías que se mueven dentro de un pretendido marxismo pero que su sustento teórico es burdo y dogmático, como el “marxismo-leninismo”, que a filosofías consolidadas de dentro, de los linderos o de fuera del campo marxista.

Puede polemizar con importantes filósofos o teóricos como Heidegger, Habermas, Marcuse, Nietzsche, Sartre, Adorno, Althusser, Lukács, Gramsci, Lenin, Luxemburgo, Kosik, Korsch, Bell, Mariategui, Bobbio, Weber, Foucoult, Lyotard, Vattimo, Villoro, Feuerbach, Kant e incluso Engels y Marx, o bien con personalidades inefables como Francis Fukuyama. Es verdad que no pelea a muerte, que habitualmen-te lo hace de manera fraternal y que, sin ser condescendiente con nada ni con nadie, sabe reconocer la razón en el otro y practica la auténtica tolerancia, aquella que él recuerda sostenida por el jurista español Francisco Tomás y Valiente: “Tal vez la tolerancia en nuestro tiempo

–decía el jurista– haya de ser entendida como el respeto entre hombres igualmente libres... Así concebida, como respeto recíproco entre hombres iguales en derechos y libertades, pero que no se gustan, bienvenida esta forma de tolerancia”4 . La filosa espada de la crítica sanchezvazquiana deja siempre intacta la dignidad del adversario.

4. Adolfo Sánchez Vázquez, Anverso y reverso de la tolerancia, tomado de Entre la realidad…Op.cit. p. 117.

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Fernando Belaunzarán Méndez

Como todo buen gladiador, Sánchez Vázquez tiene peleas memorables. Una de ellas es la efectuada en su examen profesional de grado de doctor que tuvo con la tesis llamada “Sobre la Praxis”, base de su libro fundamental Filosofía de la praxis, el cual no sólo rompió record de tiempo sino que, según sus propias palabras, se convirtió en

“una verdadera batalla campal de ideas” con los sinodales José Gaos, Luis Villoro, Ricardo Guerra, Elí de Gortari y Wenceslao Roces.

También lo fue aquella que dio en el Encuentro Vuelta a principios de septiembre de 1990, cuando nuestro filósofo aguó la fiesta fúnebre que del socialismo había preparado la revista del mismo nombre con la participación de intelectuales renombrados a nivel internacional.

Sánchez Vázquez alzó su voz solitaria para sostener que eso era un falacia, que lo que cayó era el “socialismo real” y no el auténtico socialismo, que éste sigue siendo posible, pero que tendría que darse en condiciones muy diferentes a las de la Rusia zarista, y el cuál sería más democrático que cualquier sociedad dentro del capitalismo, al que, por cierto, se pretendía absolver de sus males y se le estaba embelleciendo de manera inaceptable, y que el pensamiento de Marx, no obstante lo que debía revisarse de él, seguía siendo vigente. Según cuentan las crónicas, su intervención propició un espontáneo aplauso de los periodistas en la sala de prensa, exactamente igual que como sucedió frente al televisor en el que observé tan afortunada y anticlimática participación. Octavio Paz ya no le quiso dar la palabra, pero ni falta hacía: “el muerto” todavía se movía5 .

Una pelea cercana a la epopeya fue la que protagonizó en el Auditorio “Che Guevara”, hoy lamentablemente privatizado, con el Consejo General de Huelga en agosto de 1999, en compañía de Luis Villoro, Alfredo López Austin y Manuel Peimbert, con objeto de 5. Adolfo Sánchez Vázquez, Por qué vive y se necesita el socialismo.

Intervenciones en el Encuentro Vuelta, tomado de El valor del socialismo, Itaca 2000.

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Herejías políticas en momentos decisivos defender la propuesta que habían hecho para romper el estancamiento de una huelga que no tenía visos de solución y abrir el proceso de transformación universitaria a la participación de toda la comunidad.

El ambiente era de crispada polarización. Así lo contó en su crónica Herman Bellinghausen:

Pareció que el aplauso en memoria de La Tita Avendaño, un largo minuto en el Che Guevara repleto, de pie y a manos llenas, se llevaría la tarde. Pero no. El momento más poderoso

de la sesión lo originó una persona viva:

Adolfo Sánchez Vázquez. No fue por su

condición de hombre mayor, ni por la

trayectoria intelectual que lo honra. Ni porque es de izquierda, ni porque es profesor emérito.

Pero con todo esto junto, Sánchez Vázquez fue quien llegó más lejos de entre las decenas de oradores que durante seis horas hablaron sin parar (y sin ser interrumpidos nunca, verdadera novedad en un acto convocado por el siempre rijoso Consejo General de Huelga).

Fue el más provocador de todos. El

más inquietante: ‘Comprendo que haya grupos dentro del movimiento que consideran que la única fuerza que podemos imponer es la

huelga’. Mantener la Universidad cerrada como único recurso para transformarla, dijo, ‘implica una cierta desconfianza en nuestras propias fuerzas para conseguir lo que queremos’.

Llevaba rato calentando al auditorio

con sus intervenciones, pero en ese momento 30

Fernando Belaunzarán Méndez

estalló el aplauso más largo y abundante, con bravos y gente progresivamente de pie y al final un Goya general y Luis Villoro con el puño en alto...6

¿Por qué pelea nuestro gladiador? A diferencia de aquellos que peleaban en el Circo Romano, Sánchez Vázquez tiene una causa que lo impele a ir una y otra vez a dar la batalla. Si las peleas de Espartaco en el circo hubieran podido contribuir en algo a su libertad y a la de sus compañeros, así como en detener la expansión del poderío romano, seguramente ahí hubiera continuado peleando. Pues precisamente porque para Sánchez Vázquez el resultado de cada disputa intelectual que da trasciende la arena puramente teórica y se inserta en el proceso de transformación del mundo –que es, como todos sabemos, su pasión vital, convicción intelectual, compromiso político y obligación moral– es que no baja la guardia y siempre está listo para el siguiente combate.

Para entender mejor esa necesidad polémica puesta al servicio de la transformación humana, permítaseme hacer una exposición, aunque sea sintética y esquemática. La vinculación conciente e intencional de la teoría y la práctica para que la filosofía deje de limitarse a interpretar el mundo y sirva efectivamente para transformarlo es el fin de la Filosofía de la praxis, que como filosofía está en el ámbito de la teoría y que, por tanto, para realizar ese objetivo requiere de mediaciones con los agentes de ese cambio, es decir, con los hombres que, gracias a la teoría, deben tener un conocimiento racional de las condiciones objetivas en las que se encuentran y, por tanto, de las posibilidades de realización concreta de la transformación propuesta y de los medios que necesitan para llevarla a cabo. Esto significa que la praxis, además 6. La Jornada, Crónica de Hermann Bellinghausen, 11 de agosto de 1999.

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Herejías políticas en momentos decisivos de vincular teoría y práctica, también vincula objetividad –condiciones materiales para el cambio– con subjetividad –convencimiento de la posibilidad y deseabilidad de ese cambio– así como ciencia –

conocimiento de la realidad a transformar– con ideología –valoración negativa del presente y valoración positiva del futuro propuesto y posible. Lo que aquí no cabe es cualquier tipo de fatalidad en el curso de la Historia. Ni el advenimiento del socialismo está garantizado como tampoco lo está su imposibilidad. Depende de lo qué se haga, de cómo se haga, de quiénes lo hagan y de las condiciones en las que se haga. Por eso Sánchez Vázquez coloca a la vinculación con la práctica como el gozne entre los aspectos fundamentales del marxismo como Filosofía de la praxis –crítica de lo existente, proyecto de emancipación y conocimiento de la realidad–, formando los cuatro una unidad indisoluble, y por eso es que el debate teórico es fundamental para la praxis revolucionaria, máxime cuando dicha praxis actúa con un grado alto de imprevisibilidad, unicidad e irrepetibilidad en el proceso y el resultado, es decir, sin recetas, dogmas ni paradigmas; hay que crear, lo cual significa también crearse.7

Este proceso no se cierra. La retroalimentación entre teoría y práctica es permanente: “...la práctica no sólo opera como criterio de validez de la teoría, sino como fundamento de ella, ya que permite superar sus limitaciones anteriores mediante su enriquecimiento con nuevos aspectos y soluciones”8 . La praxis, entonces, además de guiar la acción política se convierte en una vacuna contra el dogmatismo al establecer un método que, en palabras del doctor, “le toma el pulso a la realidad”. Ese es el criterio con el que aplica los dos principios de Marx: “dudar de todo” y “criticar todo lo existente”; criterio, por cierto, que incluye al propio Marx y a sí mismo. Por ello este gladiador 7. Adolfo Sánchez Vázquez, Filosofía de la Praxis…Op.cit. pp 286-318.

8. Ibid, p. 301.

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es ágil, no se atrinchera en posiciones indefendibles y sus movimientos los hace con pasos firmes y medidos. Sánchez Vázquez cambia, pero no improvisa. Su dinamismo es reflejo del dinamismo de las circunstancias y consecuencia del ejercicio de su crítica. Finalmente, cambia para persistir en lo fundamental: el compromiso teórico-práctico con la emancipación y desenajenación humanas.

La creciente “heterodoxia” de Sánchez Vázquez frente a la ideología oficial barruntada de conceptos filosóficos en el tristemente celebre Diamat fue resultado de un proceso necesario. Sin duda, jugaron un papel importante diversas causas que él mismo nos cuenta: el jóven Marx que lo despertó de su sueño dogmático con la lectura de los Manuscritos de 1844, las revelaciones del XX Congreso del PCUS, la revolución cubana y la intervención violenta del Pacto de Varsovia contra la Primavera de Praga 9 . Pero todo ello por sí solo no explica totalmente esa transformación. Ahí hay un espíritu abierto, un hombre de ideas y debate que le quedaba estrecha la teoría de manual sostenida por consigna y una fuerza moral que lo ha llevado a responder a los requerimientos de su propio raciocinio por encima del cálculo interesado o del temor al anatema tan socorrido por los perros guardianes de la ortodoxia. Por eso su paso de la literatura a la filosofía y por eso es que no se detuvo con su contribución a la renovación del marxismo con su Filosofía de la praxis y ha seguido y seguirá revisando lo que su crítica, en contraste cotidiano con la realidad, vuelva insostenible y también lo que, en cambio, integre y asuma por considerarlo valioso para fortalecer la posibilidad efectiva de esa sociedad superior que se puede llamar o no socialismo.

Sánchez Vázquez esta abierto a los cambios de su tiempo, a las nuevas luchas sociales, étnicas, sexuales, ecologistas, así como a las 9. Adolfo Sánchez Vázquez, Vida y Filosofía, tomado de A tiempo y destiempo, FCE, 2003, p. 38.

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Herejías políticas en momentos decisivos críticas afines o adversas que se hagan a Marx y al marxismo que representa, aunque esto lo lleve al filo de lo que podríamos llamar la emancipación posmarxista. Es un gladiador que sabe mejorar sus armas incluso con las de los enemigos y tirar las que ya no sirven, pues de lo que se trata es de transformar al mundo, no de defender estatuas ni prender inciensos ni cuidarse de hacer sacrilegios: Contribuir a fundar, esclarecer y guiar la realización de ese proyecto de emancipación que, en las condiciones posmodernas, sigue siendo el socialismo –un socialismo si se

quiere posmoderno– sólo puede hacerse en

la medida en que la teoría de la realidad que hay que transformar y de las posibilidades y medios para transformarla, esté atenta a los latidos de la realidad y se libere de las

concepciones teleológicas, progresivas,

productivistas y eurocentristas de la

modernidad, que llegaron incluso a impregnar el pensamiento de Marx y que se han

prolongado hasta nuestro tiempo. Lo cual

significa a su vez que no hay que echar en saco roto las críticas de la modernidad después de Marx ni lo que la crítica posmodernista aporta

–sin proponérselo– a esa emancipación10 .

Un punto fundamental en la aportación de Sánchez Vázquez al marxismo es la revaloración positiva de la utopía como la proyección a un futuro que no existe, pero que es posible y deseable su realización, el cual se distingue del que resulta irrealizable y que, por tanto, es utópico en 10. Adolfo Sánchez Vázquez, Radiografía del Posmodernismo, tomado de Filosofía y Circunstancias, Anthropos, UNAM, 1997, p. 329.

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sentido negativo. Nuestro gladiador no sólo pelea contra el presente sino que lucha por un futuro más valioso. Esto contrasta con Marx en la parquedad de éste en describir la sociedad alternativa, lo que es lógico si se tiene presente la necesidad que tenía de distinguirse de los socialistas utópicos, así bautizados despectivamente por él y Engels . Entiendo esta revalorización sanchezvazqueana como una consecuencia de la renovación teórica del marxismo que, entre otros, él ha llevado a cabo. Si la historia la hacen los hombres en condiciones determinadas –tal como lo indica la cita archiconocida de Marx–, las cuales ya no favorecen a la primacía de la clase obrera en la praxis revolucionaria y ahora los agentes del cambio histórico son muy diversos y heterogéneos y, por otra parte, la contradicción entre medios y relaciones de producción no ha significado el estancamiento de la fuerzas productivas en el capitalismo, entonces la transformación radical de la sociedad requiere del convencimiento de la mayoría de los hombres de que vale la pena hacer realidad esa alternativa social a partir de su viabilidad práctica y superioridad moral que tiene con respecto al presente, en lugar de depender de la generación de conciencia de clase en el proletariado. En ese sentido, la imagen de ese socialismo hoy utópico es indispensable, máxime cuando se tiene como referencia a su negación, lo que fue el “socialismo real”. Y por eso, interpreto, Sánchez Vázquez nos muestra lo que sería esa sociedad futura si la unión de personas, grupos y clases hacen una mayoría conciente que decide convertirla en fin de su praxis creativa, reflexiva y colectivamente intencional: “el reino de la libertad” del que hablaba Marx, la sociedad libre para cada uno de sus miembros, radicalmente democrática, plural y diversa, promotora de la creatividad humana. Una sociedad por la que, teórica y prácticamente, vale la pena pelear11

11. Ver Adolfo Sánchez Vázquez, Ideal socialista y socialismo real,

¿Vale la pena el socialismo?, La utopía de Don Quijote, La utopía del

“fin de la utopía” y Una utopía para el siglo XXI Tomados de A tiempo…Op cit y Entre la realidad…Op cit.

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Herejías políticas en momentos decisivos Y eso es lo que ha hecho precisamente Adolfo Sánchez Vázquez desde antes de leer la tesis XI sobre Feuerbach: pensar y actuar para transformar el mundo. Por eso hoy rendimos homenaje no sólo a una prolija obra de calidad y consistencia sino también al hombre que además de hacerla posible ha unido su pasión vital a ella; que además de defender sus ideas se ha comprometido con la realización de las mismas; que además de sortear vendavales personales, políticos, ideológicos y filosóficos sigue apostando al futuro. En los primeros años del exilio dedicó su libro de poemas, El pulso ardiendo, escrito poco antes de estallar la guerra y publicado en México, “…al pueblo a quien debo el tesoro que más aprecio: una salida a la angustia y la desesperanza”. ¿Y qué ha sido su vida y obra sino un constante crear y compartir ese tesoro?

No puedo pensar en Adolfo Sánchez Vázquez sin su drama vital, sin el exilio al que fue condenado por los emisarios de la muerte y agravado por la indolencia y pusilanimidad de las democracias occidentales que se desentendieron de la suerte de la República Española, ofreciendo, como único refugio, los campos de concentración en la Francia del Frente Popular. México y Lázaro Cárdenas representaron en ese momento los mejores y más humanos valores al invitar y recibir a los exiliados españoles. El dirigente juvenil, poeta, político, combatiente y editor de periódicos Adolfo Sánchez Vázquez vivió, como la inmensa mayoría de ellos, incluyendo a su esposa y compañera, también refugiada, Aurora Rebolledo, el dolor de la patria ida y en manos de tiranos, el desgarrón, como él mismo dice, de estar allá y acá y la contradicción de vivir un exilio sin fin aún cuando hubiera llegado el fin del exilio. Pero en ese momento descubre, con esa puerta a la angustia y la desesperanza que siempre carga que “…lo decisivo es ser fiel –aquí o allí– a aquello por lo que un día se fue arrojado al exilio. Lo decisivo no es estar –acá o allá– sino como se está”12 .

12. Adolfo Sánchez Vázquez, Exilio sin fin y fin del exilio, (el subrayado es del autor), Grijalbo 1997, pp. 35-38.

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Es verdad que aunque el mundo por el que ha peleado con tanto ahínco Adolfo Sánchez Vázquez es necesario y deseable, su realización se ve lejana. Sin embargo, la historia nos recuerda que todo es temporal, que la brega constante trae sus frutos y sus victorias parciales, que puede cambiar la dirección del viento y traer tiempos mejores, donde el socialismo vuelva a ser una posibilidad entre otras. Por lo pronto, tiene un éxito innegable: buscando transformar al mundo ya nos ha transformado a muchos. ¡Felicidades, pues, maestro, que sigue siendo un gladiador con la espada desenvainada… y el pulso ardiendo !

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Herética II

¿CUÁL IZQUIERDA?

L a izquierda es plural y diversa; por ello, lo correcto es hablar de izquierdas. El PRD mismo es, en cierto sentido, un conglomerado de distintas tendencias. En ese sentido no resulta ocioso rastrear identidades y ubicar las diferencias en su seno. Los manifiestos, con el lenguaje del género, y la declaración aquí contenidas, sirven para caracterizar al tipo de izquierda que representa el autor, junto con el grupo político cercano al que pertenece. En tales documentos que por su naturaleza son más conceptuales y que, por esa razón, rebasan la coyuntura, se pueden observar valores, principios, programa y métodos de un colectivo que trata, con base en ellos, de incidir en la vida del partido y en la política nacional con el fin de transformar al país de acuerdo a esa visión propia. La centralidad de la libertad, el énfasis en la democracia y los derechos humanos, la lucha contra la discriminación y la intolerancia, la reivindicación del diálogo y el empuje dentro de las instituciones para cambiar al país, el rescate del internacionalismo, el compromiso por la equidad y la justicia social como condiciones para una sociedad en la que sus miembros puedan realizarse en sus múltiples facetas, la inclusión de lo distinto y la aceptación de las urnas como el único mecanismo legítimo para la distribución del poder son algunas de las herejías que dejan su impronta en la Nueva Izquierda Socialdemócrata, cuyos dirigentes más significativos y signatarios de los textos en cuestión son: René Arce, Ruth Zavaleta, Víctor Hugo Círigo, Minerva Hernández, Julio Cesar Moreno, Horacio Martínez, José Luís Cabrera, Reynaldo Millán, Jesús Bustamante, Isaías Villa y, por supuesto, el autor, Fernando Belaunzarán.

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Manifiesto por una izquierda para la libertad, la justicia y la democracia 27 de mayo de 2004

La izquierda existe porque hay cadenas que romper, desigualdades que combatir, utopías que alcanzar. La izquierda existe porque se puede transformar a la sociedad, porque se le puede mejorar, porque se puede hacer una en donde todos los que a ella pertenezcan vivan dignamente, sean libres y decidan sobre sus asuntos. La izquierda existe porque hay personas que les es política y moralmente insoportable la injusticia en su comunidad, en su país, en el mundo; personas que están dispuestas a expresar su voz discordante, a organizarse para resistir, para convencer conciencias y para hacer realidad sus ideas. Entre ellos, cuéntenos a nosotros.

El Partido de la Revolución Democrática vive el momento de definición más importante de su existencia. El VIII Congreso Nacional ha abierto un proceso de reflexión orgánica, estratégica y programática para establecer los fines y los medios de la izquierda política más importante del país, de cara a una elección presidencial que puede ganar. Se trata de decidir si se quiere un partido fuerte con un proyecto viable para un candidato igualmente fuerte, o si se sigue como hasta ahora, sumidos en la lucha por el poder pequeño, obnubilados por la ambición, manteniendo la mirada baja, discutiendo espacios en lugar de ideas y decididos a derrotar al perredista que se tiene más cerca.

Nosotros nos tomamos muy en serio la disolución de las corrientes, rechazamos cualquier simulación, exigimos el cumplimiento estricto del estatuto y pugnamos por el establecimiento de una vida institucional con gobernabilidad y respeto a los derechos de todos los militantes. Vamos a la reflexión colectiva, al análisis, al debate, a la construcción de un partido plural y diverso que tiene el reto de tener a su interior la vida democrática por la que tanto ha luchado.

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Herejías políticas en momentos decisivos En este proceso, defenderemos con firmeza nuestras ideas, pero vamos con la disposición de convencer y ser convencidos; las posturas irreductibles abrevan de la intolerancia. El respeto por el otro y los otros, estén dentro o fuera del partido, es un elemento insustituible de la democracia. Por tal motivo, no nos interesa ganar la discusión a como dé lugar y nos comprometemos a tratar las demás posturas con seriedad, ponderando sus argumentos, sin prejuzgar y renunciando a recurrir a la descalificación de quienes las formulan.

Estamos convencidos, como Octavio Paz al final de su vida, que el reto contemporáneo es combinar la libertad del liberalismo con la justicia del socialismo. Estos dos valores deben coordinarse en una democracia que todavía es una aspiración para los mexicanos; una democracia que además sea eficaz en la solución de los grandes problemas nacionales, que sea representativa de los actores sociales, en donde los acuerdos políticos se den de manera natural y cotidiana, y que cuente con la confianza de la ciudadanía.

Para nosotros no hay contradicción en luchar por el ejercicio pleno de las libertades para cada habitante del país, el respeto a sus derechos humanos, cívicos y sociales, con la lucha contra la pobreza, la marginación y la acumulación excesiva y agraviante de la riqueza en unas cuantas manos. La solución pasa por generar mayor riqueza, por tener una política social que vaya a las condiciones estructurales y no se quede en el asistencialismo, en que se fomente el respeto a la legalidad y en que se cuente con un Estado que, sin sustituir a la sociedad, implemente una política económica alternativa, evite excesos, acepte sus límites y nunca atente contra la dignidad de las personas, coordine acciones, promueva acuerdos, fomente la productividad, realice obras de infraestructura, impulse la educación, la ciencia y la tecnología, aplique la ley con sentido de justicia, termine con la impunidad y se ponga por encima de las pugnas partidistas.

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Fernando Belaunzarán Méndez

En la izquierda debemos aprender de la historia: hay que acreditar nuestra convicción democrática, cerrarle el paso a pensamientos únicos, totalizadores, mesiánicos. Esto significa comprometerse con la legalidad y la lucha pacífica, con la convicción en lugar de la presión, con la aceptación plena del diálogo y la negociación como herramientas fundamentales de la democracia.

Sabemos que en la política los resultados son importantes, pero eso no significa que todo está permitido. Por el contrario, la congruencia es hoy el mejor y más rentable recurso frente a una ciudadanía legítimamente escéptica de la política y los políticos. El pragmatismo ha lesionado la credibilidad del sistema político en su conjunto y amenaza con llevar al PRD a su desintegración. Para que la gente crea en los fines, debe reconocer a éstos en los medios que se empleen para conseguirlos.

La política sin principios es un tiro que acaba saliendo por la culata.

Estamos ciertos que de aquí al año 2006 los ataques al partido y al proyecto democrático arreciarán. El gobierno federal ha dado muestra de sobra que no escatimará esfuerzo alguno, lícito e ilícito, para sacar de la contienda a Andrés Manuel López Obrador. Ante la provocación, nosotros pugnamos por actuar con inteligencia, en no ir al terreno que nos quieren llevar ni darles pie para que puedan presentarnos como un factor de desestabilización y una opción que no respeta la legalidad y desdeña el estado de derecho.

Frente a esa intención de convertir nuestra candidatura en elemento de polarización social, nuestra línea política debe ser la de la argumentación fundada, convincente y mesurada, dirigiéndonos al conjunto de la sociedad y no sólo a nuestros simpatizantes, así como la de tender puentes con todos los sectores de la población e invitarlos a ser partícipes de un proyecto de nación alternativo, incluyente, democrático, respetuoso de la legalidad y de las minorías, que impulse el crecimiento económi-co y mejore sustancialmente las condiciones de vida de la mayoría de los mexicanos.

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Herejías políticas en momentos decisivos Es el tiempo de las ideas. Necesitamos que se impulse la reflexión y el debate de manera institucional, plural, fraterna, pública, tolerante y abierta. En él deben participar las más diversas voces, dentro y fuera del PRD, dentro y fuera de la izquierda, con los que algún día estuvieron con nosotros y con los que jamás lo estarán. Queremos un ejercicio que nos sirva, pero que también sea de utilidad y constituya un precedente valioso para el país. Estamos de acuerdo con las propuestas que llaman a que los grandes temas nacionales sean discutidos permanentemente en los medios masivos de comunicación y que las diferentes posturas sean expresadas con objetividad y equidad.

Somos de izquierda porque apostamos por el futuro. Somos de izquierda porque no somos conformistas ni autocomplacientes. Somos de izquierda porque somos capaces de aceptar errores y estamos dispuestos a cambiar nosotros para poder cambiar nuestra circunstancia. Somos de izquierda porque tomamos las cosas de raíz y estamos dispuestos a actuar en consecuencia. Somos de izquierda porque rechazamos los dogmas, los fundamentalismos, las recetas, los mesianismos, los lugares comunes, las salidas fáciles y los prejuicios.

Somos de izquierda porque reivindicamos la utopía –ella nos indica siempre hacia donde caminar.

¡Democracia ya, Patria para todos!

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Fernando Belaunzarán Méndez

Declaración de Guadalajara

12 de agosto de 2004

Construyamos desde abajo, de manera abierta, pública, colectiva, plural, incluyente y democrática, el partido y el proyecto de la izquierda que gobernará México.

De diferentes lugares, con diferentes historias, por diferentes razones, confluimos. Éste será un nuevo punto de partida, una nueva etapa en el camino, una nueva respuesta a viejas preocupaciones que perviven en los nuevos tiempos. No empezamos de cero. La experiencia que cada uno de nosotros trae a cuestas nos sirve para ver con mayor claridad, para entender mejor nuestro momento, para caminar más seguros, para aprender de nuestras múltiples y ricas historias.

La visión crítica de lo que han sido más de dos siglos en los que una parte importante de la humanidad se ha planteado cambiar al mundo y hacerlo más justo y libre nos lleva a reflexionar acerca de las razones de los éxitos y los fracasos de aquella lucha que hoy sigue siendo la nuestra, y dar una respuesta al enigma de cómo acercarnos cada vez más a la sociedad que queremos.

Una constante en la historia del siglo pasado fue que puso a la libertad y a la justicia como dos aspiraciones antitéticas. Dos hijos legítimos de la revolución francesa, el liberalismo y el socialismo, se enfrentaron de manera cruenta; la lucha ideológica llegó muchas veces al uso de las armas y millones de gentes perdieron la vida en ese combate. A la luz de los acontecimientos, de la caída del muro de Berlín y del predominio del llamado neoliberalismo que niega a cada paso las libertades que dice sostener, es inevitable preguntarnos si en verdad esa oposición existe, si la justicia social nos lleva necesariamente a un igualitarismo asfixiante y represor de la individualidad y si el ejercicio de la libertad implica el triunfo del egoísmo, del fuerte sobre el débil y de 45

Herejías políticas en momentos decisivos la permanencia eterna de una minoría privilegiada sostenida a costa de la pobreza y la marginación de los más. O, mejor aún, preguntarnos si no es que representan un complemento necesario, si no es verdad que la justicia sin libertad y la libertad sin justicia no son tales.

En el primer caso, el de la justicia sin libertad, se acaban por imponer dictaduras y castas privilegiadas que pontifican con verdades únicas e indiscutibles en el terreno de la política, de la moral, incluso de la religión, el arte y el deporte. Hay igualdad, pero como decía Orwell en La Granja, hay unos más iguales que otros. En una sociedad así, los derechos individuales se empequeñecen ante un Estado omnipotente y omniabarcante, por lo que el ejercicio de la ley cotidianamente es un eufemismo de abuso y arbitrariedad. La justicia se circunscribe al disfrute de derechos sociales importantes, pero no suficientes para tener una vida plena y encontrar la realización de acuerdo a los intereses únicos de una individualidad irrepetible.

En el otro caso, el de la libertad sin justicia, estamos en el ejercicio teórico de libertades imposibles para el grueso de la población. La igualdad de derechos en una sociedad con marcadas desigualdades es negada en la práctica, pues el reino que predomina es el de la necesidad.

¿Qué posibilidades tiene de ejercer sus libertades quien no tiene una suficiente alimentación, quien no tiene acceso a la educación, quien carece de lo indispensable?. Para que haya libertad tiene que haber elección, por lo que, cuando se actúa obligado por las circunstancias, esa libertad es una ilusión. No decimos nada nuevo al señalar que para que haya libertad deben existir las condiciones que la hagan posible, condiciones sociales que posibiliten el ejercicio de la autonomía personal y las capacidades puedan realmente aflorar. En efecto, en la pobreza no se puede dar la libertad, de la misma manera que una rosa no se puede dar en el desierto.

Seguramente, esas reflexiones que se sustentan en la experiencia del siglo pasado, fueron las que llevaron a Octavio Paz, al 46

Fernando Belaunzarán Méndez

final de su vida, a señalar que el reto de nuestra sociedad era conjuntar la justicia del socialismo y la libertad del liberalismo.

Creemos que ese es el objetivo de nuestra acción política, esa es la materia prima de la utopía que nos indica hacia donde tenemos que caminar. La justicia como base para que brote la libertad con toda su potencia, con sus interminables posibilidades, con la inconmensurable creatividad que puede ser capaz. Queremos la libertad, pero la queremos para todos.

Ese planteamiento, tomado en su radicalidad, nos sitúa en la izquierda, aunque, ciertamente, en una izquierda que quiere romper viejas fronteras, viejos prejuicios, viejos vicios. Una izquierda que busca nuevos caminos, que se cuestiona constantemente a sí misma, que en lugar de hacer gala de certezas indubitables pone a prueba constantemente la validez y viabilidad de sus acciones. Una izquierda que en lugar de autocomplacerse por la pureza de su ideología, la intransigencia de sus convicciones y la rigidez de sus actuar, se preocupa por los resultados, porque se avance hacia la meta, hacia una sociedad más justa y más libre. Una izquierda que reivindica la praxis y que, por lo mismo, retroalimenta cotidianamente la teoría con la práctica.

Para esta izquierda, el sistema democrático debe ser el engarce de la libertad y la justicia. Por supuesto, cuando hablamos de democracia, no nos referimos sólo al ritual de la elección de gobernantes y representantes, ni a la al aspecto meramente estructural de división y equilibrio de poderes. Hablamos de una democracia que trasciende lo formal, una democracia vivida en su amplia gama de valores donde los ciudadanos ejerzan a plenitud esa condición de ciudadanía que los define. Una democracia participativa que complemente, corrija deficiencias, supere límites y proporcione legitimidad a la democracia representativa que hoy tenemos.

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Herejías políticas en momentos decisivos Es en la democracia donde los intereses del individuo y de la sociedad pueden conciliarse y encontrar un marco para dirimir sus contradicciones. Es verdad que se trata de un equilibrio inestable, pero es precisamente por eso que sólo en un sistema flexible y dinámico se puede encontrar caminos novedosos para encontrar puntos de encuentro. De esta manera los derechos individuales, los derechos de las minorías, los derechos sociales y el bien común entran en relación sin atentar contra la igualdad jurídica o la igualdad de oportunidades. Igualdad y diferencia, libertad y responsabilidad, derecho y obligación son correlatos recíprocos en una sociedad democrática.

Asumir los valores de la democracia significa respetar al otro en su diferencia, reconocer su derecho a decidir y realizarse, establecer con él canales de comunicación y apostar al entendimiento con base en la búsqueda del beneficio personal, mutuo y colectivo. El Estado de un país democrático entiende no sólo que no debe transgredir las libertades, sino que su existencia se debe en buena medida a su responsabilidad en la preservación de las mismas; por eso, un auténtico Estado democrático tiene que ser un Estado laico que no imponga creencias a la población, pero que las respete a todas, y con todas interactúe. La libertad de reunión, de asociación, de expresión, de culto, de tránsito, de información o, para decirlo en una frase, la libertad de ser y contar con condiciones propicias para ello que deben disfrutar cada uno de los miembros de la comunidad, debe ser la meta de una sociedad que quiere ser realmente democrática.

Todo derecho individual exige, para ser efectivo y estar garantizado, su regulación jurídica. Es la ley el marco en el que la democracia posibilita las libertades y posibilita la convivencia social. Por eso es que consideramos fundamental que prevalezca en el país una cultura de la legalidad que parta de un hecho incuestionable: El respeto a la ley es la garantía de que los derechos de todos serán respetados.

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Fernando Belaunzarán Méndez

Hemos dicho que buscamos la conjunción de la libertad y la justicia en el marco de una democracia a la vez representativa y participativa donde prive la ley y se respeten los derechos individuales y sociales de la población. Ahora tenemos que darnos cuenta de lo mucho que nos falta por recorrer para que esa aspiración sea cumplida en estas tierras. Por desgracia, incluso se ven signos preocupantes de regresión en el futuro inmediato. Los conflictos poselectorales han regresado, la intolerancia a las posturas ajenas se ha recrudecido, la doble moral del conservadurismo político neoliberal se ha hecho gobierno, se golpea al sindicalismo y se hace a un lado al diálogo y al acuerdo, existe un ambiente de crispación y enfrentamiento y se busca, a través de las instituciones del Estado, deshacerse de los adversarios políticos. De concretarse, el desafuero-inhabilitación de Andrés Manuel López Obrador nos regresaría a los peores tiempos del autoritarismo y ensombrecería al país con la amenaza de la inestabilidad.

Estos problemas vienen de que se privilegia la lucha facciosa por el poder sobre cualquier otra consideración y se diluye el compromiso democrático de los actores políticos. Ante ello, ¿por qué extrañarse de la falta de credibilidad que hoy tienen en la sociedad los políticos, la política y el sistema político en su conjunto? Urge se imponga la congruencia y prevalezca la ética, pues de otra manera el descrédito puede abrir el paso a un régimen autoritario, lo que echaría por la borda décadas de lucha por la democracia.

Estamos en un momento definitorio para nuestro país: o la democracia se consolida y profundiza o naufraga en la descomposición y el simulacro. La moneda está en el aire y depende, en gran medida, de lo que podamos hacer las fuerzas democráticas y de izquierda para inclinar la balanza a favor de un proyecto de nación alternativo, democrático, incluyente, viable y consistente.

Este proyecto de nación alternativo de la izquierda democrática y libertaria debe asumir la globalidad económica, pero busca que en ella 49

Herejías políticas en momentos decisivos prevalezcan criterios democráticos y de equidad en la relación de los países, de tal manera que la brecha entre naciones ricas y pobres tiendan paulatinamente a estrecharse; debe tener un programa que estimule el crecimiento económico para generar empleos y mayor riqueza, así como mecanismos de compensación social que garanticen mayor equidad en su distribución; debe tener un plan de emergencia para rescatar al campo mexicano de la desgracia y el abandono en que se encuentra; debe plantearse la conclusión de la transición de la democracia y la reforma del Estado, de tal forma que las instituciones correspondan a la nueva realidad del país; debe tener un programa de procuración de justicia y de seguridad pública que respondan eficazmente tanto a la manifestación del delito como a sus causas, respetando en todo momento los derechos humanos; tiene que fortalecer el carácter laico del Estado y garantizar el disfrute de las libertades; debe atender a los requerimientos de educación, salud y vivienda de la población; tiene que promover decididamente la equidad de género y proscribir toda forma de discriminación; debe promover el arte, la ciencia y la tecnología; y tiene, por supuesto, que preservar el medio ambiente.

En la democracia hay que sumar fuerzas para conseguir objetivos. Por eso es que planteamos la necesidad de un gran Acuerdo Nacional para darle viabilidad y consolidación al régimen democrático e impulsar ese proyecto de nación. Es el diálogo, la voluntad de llegar a acuerdos y la convicción de que se puede ceder en lo secundario para conseguir lo principal como podemos servir mejor a México y demostrar con ello que es falso que la democracia sea un obstáculo para cambiar al país.

Con el VIII Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática se abrió una etapa crucial en la historia de nuestra organización política. Este es el momento de la reflexión, el análisis, la propuesta, la discusión, el diálogo y el acuerdo entre los que nos 50

Fernando Belaunzarán Méndez

reconozcamos. Por ello, es que con este acto hacemos un llamado a todos y todas las perredistas; a todas las organizaciones políticas y sociales; a todos los partidos de la izquierda; a todos los que estuvieron alguna vez en el PRD y se alejaron por sus fallas y vicios; a aquellos que no les interesa pertenecer al PRD, pero con los que podemos compartir el proyecto; a empresarios, trabajadores, empleados, académicos, profesionistas, intelectuales, campesinos, comerciantes; a todas y todos, creyentes o no creyentes, a los miembros de las diversas iglesias, sindicatos y ONG’s; a todos, pues, con quienes coincidimos, a iniciar un proceso de confluencia abierto, plural, incluyente, público, horizontal y democrático que nos lleve a construir en el corto plazo una red nacional que fortalezca al PRD y al proyecto de nación que juntos construiremos. El eje que nos aglutina es el de un proyecto nacional alternativo que busca el acoplamiento de los valores de la libertad y la justicia en un régimen democrático. Todo aquel mexicano que venga con el ánimo de contribuir en esta tarea será bienvenido y gozará de los mismos derechos y tendrá las mismas obligaciones que cualquiera de nosotros.

Este es el punto de partida; en el camino se encuentra, dentro de la gran convergencia a la que estamos convocando, la conformación de una amplia corriente de opinión en el marco de la legalidad institucional postulada por el nuevo Estatuto del PRD. En esta etapa será crucial el debate de las ideas y hacer énfasis en una necesidad inaplazable y de primer orden: la educación cívica y la formación política de todos los miembros del partido. El final de nuestro viaje será hacer de México un país verdaderamente justo, libre y democrá-

tico.

¡Democracia ya, Patria para todos!

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Herejías políticas en momentos decisivos Manifiesto por la tolerancia

27 de octubre de 2007

Hace un año, el Partido de la Revolución Democrática obtuvo la máxima votación en su historia y, sin embargo, hoy está amenazado por el espectro de la división. Las diferencias siempre han existido, como corresponde a un partido plural conformado por diversos afluentes, y los debates no han dejado de ser fuertes e intensos. Pero lo que hoy pone en riesgo la unidad, lo que atenta contra la continuidad del proyecto organizativo más importante que ha construido la izquierda mexicana a lo largo de su historia, es el monstruo de la intolerancia.

En lugar de mantener la fuerza acumulada, cuidar las alianzas y generar mayorías políticas, sociales, electorales y legislativas, algunos miembros del partido se han dedicado a perseguir infieles y a erigirse en guardianes de la ortodoxia. Dicen que combaten al gobierno usurpador, pero al generar división y encono, al proyectar una imagen de belicosidad contra sus propios compañeros y de recurrir a la descalificación personal del que difiere de sus opiniones, denigran al partido, disminuyen su incidencia, generan desconfianza y ayudan a la estrategia oficial de aislar a la izquierda y debilitarla.

Se inventan debates, se crean fantasmas para luego pelearse con ellos, se convoca a una cruzada para combatir desviaciones que sólo existen en la cabeza de los inquisidores. Cualquier pretexto es bueno para arremeter contra los adversarios internos sin otro objetivo que devorarles la reputación. No se argumenta, se acusa; no se prueba, se señala; no se discute, se pontifica; no se escucha al otro, se le excomulga. Las ideas han sido proscritas en una campaña que, sin medir las consecuencias, inocula odio entre los militantes a los que se pretende dividir entre leales y traidores.

El clima en nuestro partido está hoy enrarecido. En lugar de incitar a reflexionar, analizar y deliberar libremente, se intimida y 52

Fernando Belaunzarán Méndez

persigue a los que se atreven a externar sus opiniones. Hay una obsesión persecutoria de los que se presentan así mismos como monopolizadores de la verdad, que se asumen como jueces morales y examinan la pureza de las posiciones expresadas en público o en privado. Dicho Comité de Salud Pública promueve no la formación de cuadros políticos que piensen con cabeza propia y asuman sus responsabilidades sino la creación de un ejército de fieles que con espuma en la boca combatan al enemigo interno. En ese ambiente perverso, en el que todo compañero es sospechoso y en el que se reprime toda actitud crítica, se encuba el huevo de la serpiente del totalitarismo.

El debate libre, respetuoso y tolerante entre compañeros es lo único realmente consecuente con los valores de una izquierda que promueve la libertad y la democracia, que cree que la dignidad de las personas es inseparable de su derecho a discernir y a expresarse de acuerdo a su conciencia. Por eso, en lugar de inhibir se debe promover la discusión abierta e inteligente, fundada en argumentos, que responda a la intención de convencer y a la disposición de ser convencidos.

Detengamos, ahora que todavía se puede, las ansias de depuración, la enferma obcecación por hallar la herejía, y demos ejemplo a la sociedad de cómo se deben dirimir las discrepancias. No descubrimos el hilo negro al afirmar que para preservar la unidad se requiere de la coexistencia incluyente y tolerante de la pluralidad. Pero nunca está de más, y menos en este momento, recordarlo.

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Herética III

DEL DESAFUERO AL CIELO

A ndrés Manuel López Obrador salió del temporal de los videoescándalos y del desafuero airoso y fortalecido. No sólo su popularidad repuntó sino que generó un movimiento social que salió a las calles y obligó al Presidente Vicente Fox y a los grupos de poder que lo acompañaron en la siniestra aventura a dar marcha atrás. Eran los tiempos de las cuentas alegres. En ese entonces era anticlimático vislumbrar los nubarrones en el horizonte, suponer que los enemigos se reagruparían o tratar de diagnosticar deficiencias propias para tratarlas de corregir. Todo estaba resuelto y sólo había que esperar que la presidencia cayera como fruta madura en las manos de la izquierda. En ese momento la herejía más socorrida y menos escuchada era plantear que el PRD debía ser integrado y aprovechada toda su estructura, experiencia y capacidad. Los personajes cercanos del futuro candidato se preparaban con sus propios equipos a tomar las riendas y no podían, ni querían, disimular su profundo desprecio por el partido que se prestaban a usufructuar.