La Guerra de los Herejes por Fernando Belaunzaran - muestra HTML

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Fernando Belaunzarán Méndez

Unidos bendijeron la invasión a Irak y hoy su ocupación–. Mientras que en el caso del aborto se discute sobre el carácter de la vida alojada en el vientre –vida humana positiva o sólo en potencia–, aquí ese problema está zanjado: el punto es la persistencia o no de una vida humana. Otra diferencia esencial es que se acepta que el agente conciente básico en la decisión de interrumpir el embarazo es quien proporciona el cuerpo en donde vive y por el que vive el nonato; por eso el campo de batalla fundamental es la psique femenina. Es la mujer embarazada en última instancia, en esa situación límite, la que decide ser o no ser madre, y con ello el destino de esa otra vida, si bien sufre presiones de todo tipo. En cambio, en la eutanasia el agente es uno mismo –si posee conciencia propia para plantearse el seguir o no viviendo–, o bien es otra persona –cuando no hay vida consciente–, jurídicamente reconocida para tal efecto, lo que puede ocasionar serios litigios cuando la decisión no es compartida por las personas afectiva o filialmente cercanas al enfermo. Una más es que en el aborto sobresale la necesidad de atender clínicamente a las miles de mujeres que, no obstante saber que es pecado, se practican un aborto en condiciones insalubres, sin el instrumental adecuado y sin el personal capacitado para realizarlo, mientras que en la eutanasia el problema es menos social, pero, en cambio, más profundo, entrañable y desgarrador, pues, en este caso, la vida en cuestión tiene nombre y una historia que se enlaza con el que toma la decisión –no se diga cuando la vida en juego es la propia–. A diferencia de la eutanasia en que todo se reduce a la legislar sobre el tema, en el otro ese es sólo una parte, y no necesariamente la más importante, de una serie de medidas sociales y culturales que se requieren para darle opciones a la mujer concreta que se plantea abortar para que pueda decidir con mayores márgenes de libertad si desea concluir o interrumpir el embarazo, así como para promover el conocimiento de los métodos de prevención de embarazos no deseados. Otra, en mi opinión la más importante, es que en el 83

Herejías políticas en momentos decisivos aborto lo que está en el centro es la repercusión del embarazo y la maternidad en la calidad de vida de quien su vida biológica no está en riesgo –en caso de que la conclusión del embarazo ponga en peligro la vida de la madre, el problema jurídico, social y moral es otro– a diferencia de la eutanasia en el que la calidad de vida del que no quiere vivir o que no sabe que vive, es decir, del que se plantea su muerte, es no sólo lo definitorio sino lo único.

La eutanasia nos remite a preguntas primigenias de la filosofía:

¿qué es la vida? ¿a quién le pertenece ese prodigio? ¿y para qué vivir?

Rebasa en mucho las pretensiones de este espacio el intentar siquiera contestarlas como se debe; sin embargo, aquí nos podemos contentar con decir que la vida humana no puede concebirse como un acontecimiento únicamente biológico y que independientemente de las múltiples respuestas que a esas cuestiones se han hecho a lo largo de la historia, es indudable que es legítimo que alguien afirme: “la vida que yo vivo es insufrible y no quiero padecerla más” o “su situación ya no tiene remedio y él no hubiera querido que todos los días veamos al remedo de sí mismo al que las máquinas lo tienen condenado”. Ante esas conclusiones la decisión de hacer uso de la muerte asistida es libre y legítima y las leyes lo debieran permitir. Por supuesto, se debe respetar a quien tiene por creencia que los males que se sufren en este mundo son producto de la voluntad divina y, por tanto, rechazar la intervención humana en los designios justicieros del creador, pero no de imponerla al resto de la sociedad. La democracia de ciudadanos libres es incompatible con la intolerancia y, en este caso, los que aceptan la eutanasia bien pueden aceptar, convivir y respetar a quienes la rechazan, pero al revés es imposible, por lo menos, según nos dice el mencionado cardenal. Norberto Rivera está planteando sin tapujos el sometimiento del conjunto de la sociedad a su moral, algo de suyo inaceptable aunque sea esa la moral predominante en el país.

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Ahora bien, si aceptamos que es un derecho decidir sobre la permanencia o no de la vida biológica ante la degradación humana que las enfermedades pueden traer, entonces esto no debe estar sujeto al voto popular, puesto que los derechos también deben resguardarse de las agresiones o incomprensiones del común de la gente. Si hasta la moral se impone por mayoría de votos, entonces nos encontraríamos ante La dictadura de la mayoría.

Fox y Chávez

22 de noviembre de 2005

Vicente Fox y Hugo Chávez tienen más cosas en común de lo que se podría suponer dada su reciente confrontación y sus posturas antitéticas sobre asuntos hemisféricos y la relación que América latina debiera guardar con el Gigante del Norte, los Estados Unidos de América.

Ambos son desparpajados, les gustan las posturas grandilocuentes, siempre están pensando en el impacto mediático de sus palabras, se desviven por la popularidad, utilizan el lenguaje franco y colorido de la gente de campo que contrasta con el decir solemne e intelectual de los políticos tradicionales, se sienten en su terreno cuando están en campaña y, por lo mismo, cuando tienen un enemigo que enfrentar con sus discursos enfáticos y encendidos, y ambos se van de largo y cometen evidentes excesos verbales que ninguno es capaz de reconocer. Las formas los hermanan, aunque la estrategia política que cada uno sigue los lleve inevitablemente al enfrentamiento.

Hugo Chávez aprovechó la crisis de credibilidad que los viejos partidos políticos venezolanos que ancestralmente se disputaban el poder arrastraban, capitalizando el descontento y mostrándose como un no-político. De alguna manera Fox llegó a la presidencia por causas análogas o, al menos, fue ayudado por ellas. Finalmente, el hombre de 85

Herejías políticas en momentos decisivos rancho supo beneficiarse del hartazgo existente contra el partido que llevaba más de 70 años gobernando y que había descompuesto la vida de la república a tal punto que ese régimen no se podía separar de la percepción de corrupción generalizada, autoritarismo hipócrita, servilismo como cultura de relación con el poder e impunidad para los hijos del sistema y sus cómplices. Nadie vio –nadie podía verlo así– a Vicente Fox como un estadista, pero sí como el carismático candidato que podía vencer al PRI y, para los optimistas del voto útil– cumplir con los compromisos democráticos que había adquirido en su campaña para contrastar su propuesta con lo que era y había sido ese régimen.

Además, era evidente que su carisma como candidato se debía en buena medida a su diferenciación en las formas con la clase política, con su ser ranchero que contravenía formalidades y cultivaba la franqueza y espontaneidad.

Para desgracia de Fox y bendición nuestra, mientras Hugo Chávez supo hacerse de un poder (casi) absoluto y cambiar el sistema político a su medida, el presidente mexicano se mueve entre la impotencia y la bravata declarativa sin consecuencias más allá de la sorna pública a la que constantemente se le somete. En cambio Hugo Chávez está acumulando un poder creciente en su país y aumentando su influencia regional vía el potencial económico que tiene por su producción petrolera. Su gobierno se legitimó al pasar la prueba del referéndum revocatorio mientras que su oposición se descompuso tras los resultados al grado de que están disueltos cuando no confrontados y pocos dudan de la reelección de Chávez en la presidencia. Ahí las peroratas y desplantes del mandatario pueden tener consecuencias más allá de las palabras.

Sin embargo, debido al enfrentamiento insalvable de Hugo Chávez con los Estados Unidos y con sectores influyentes de la burguesía local a quien quieren vincular con esa forma chavista de hacer política es a Andrés Manuel López Obrador, llegando incluso al 86

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extremo de extender la especie absurda de que hay financiamiento del primero para con el segundo. Poco importa que no haya bases para esa comparación, lo que se busca es descalificar al principal dirigente de oposición y mermar sus posibilidades para ganar la elección presidencial, buscando generar temor en sectores influyentes de México y Estados Unidos para crear un ambiente que justifique impedirle por la mala llegar a la Presidencia, lo que vuelve a mostrarnos el evidente desprecio que sienten por la inteligencia de la gente.

Fox y Chávez se han peleado porque a los dos les parece que ganan internamente con el conflicto, porque necesitan un adversario para ser noticia y poner a la patria en juego para mantenerse en los medios y que se les perciba como dirigentes de sus pueblos en momentos difíciles. Por eso fue Fox de pendenciero a Mar del Plata y exigió que entrara el punto del ALCA que ni siquiera estaba contem-plado en la agenda de la reunión, llegando hasta el extremo de cuestionar a Maradona por protestar contra la cumbre y la presencia de George Bush. Si Chávez le contesta en ese terreno, incluso llegando al insulto, es porque también busca los reflectores, además de que le conviene que el MERCOSUR se mantenga alejado de México, mientras él negocia el ingreso de Venezuela. Mucha ideología, pero buissnes are buissnes.

De paso...

Porros en la UNAM. El porrismo sólo puede darse cuando se les brinda impunidad a los delincuentes que lo conforman. Por muchos años, estos grupos estuvieron ligados orgánicamente al PRI y conta-ban con la anuencia y promoción de las autoridades universitarias y la protección de la policía e incluso de la Secretaría de Gobernación. Así que la pregunta es válida ahora que ha regresado el fenómeno a la UNAM: ¿Quién está detrás de ellos, máxime cuando las autoridades universitarias se han deslindado, han corrido a supuestos porros y cabría 87

Herejías políticas en momentos decisivos esperarse que la Secretaría de Protección y Vialidad los está persiguiendo? ¿O no es así?...

La declaración de AMLO

28 de noviembre de 2005

Es falso que la opinión de Andrés Manuel López Obrador sea una más, en el país o en el PRD, aunque ciertamente su voto cuente exactamente lo mismo que cualquier ciudadano o militante. Nadie puede negar su ascendencia en el acontecer nacional, menos aún en el partido que dirigió, mismo que lo llevó a la Jefatura de Gobierno y que abanderará como candidato presidencial para las elecciones del 2006. Para la totalidad de los perredistas, como para muchos mexicanos, AMLO

representa la esperanza de cambiar el país hacia la justicia y la democracia, de terminar la noche neoliberal que tantos sacrificios ha traído a la mayoría de la población y de que se establezca un nuevo régimen político eficaz y con un claro compromiso social. Por eso, la manifestación pública de su deseo de que Marcelo Ebrard sea el candidato del PRD a la jefatura de Gobierno del DF, en un contexto de gran polarización interna, sorprende, parece imprudente y provoca reacciones inconvenientes, dentro y fuera del partido, que, sin duda, en nada ayudan a fortalecer las posibilidades de triunfo de la coalición de izquierda el próximo año y que, en cambio, abre nuevos flancos que tratarán de ser aprovechados por los adversarios de nuestro proyecto, además de que los resultados de esa expresión pueden ser distintos a los esperados por su declarante. Estoy convencido de que López Obrador hubiera preferido ahorrarse los costos de una declaración así y, sin embargo, no lo hizo. ¿Por qué?

Es verdad que AMLO tiene todo el derecho, como cualquier ciudadano, de expresar sus preferencias, pero ese no es problema. Él 88

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es un punto de unión, de consenso, el candidato de todos y, por lo mismo, lo políticamente correcto era mantenerse por encima de una contienda en la que, eventualmente, hubiera podido fungir como árbitro. Lejos de aclararse el panorama y favorecer a la unidad después de los golpes, los porros y el sabotaje a los órganos de dirección partidaria, se complica, se enrarece. Insisto, la opinión de López Obrador no es una más y con la historia reciente del país, no superada del todo, en donde la herencia del poder es la marca indeleble del viejo régimen es imposible pedir que no se interprete en el imaginario social como orientación del voto desde la cima, como la bendición a una precandidatura oficial. Y se hace en momentos en que, con razón, se le exige a Fox que deje de hacer proselitismo tácito a favor de Felipe Calderón, no obstante que el Presidente tampoco tiene ninguna prohibición legal. En ambos casos se rompe el principio de equidad en la contienda, aunque, para los mexicanos y de manera más acusada para los perredistas –en virtud de su historia–, aparecer como el débil, como el no elegido, puede resultar favorable.

El PRD está obligado a realizar una elección ejemplar. Suspender los comicios o que en éstos se presentaran irregularidades y, peor aún, violencia, tendría costos muy negativos. Después de la opinión de AMLO, emplear otro método sería leído como una pantomima de designación y, por el ambiente hostil contra el puntero de las encuestas no manipuladas, algunos medios influyentes aprovecharían la ocasión para presentar al virtual candidato presidencial perredista como el gran elector del PRD y, por lo mismo, como alguien contrario a la democracia, tal como la campaña sucia implementada por Salinas et al ha insistido desde hace años. No hay más camino que el de la legitimación del candidato mediante las urnas en un proceso sin incidentes mayores. Aquí el problema es que sea malinterpretado López Obrador y algunos seguidores del precandidato favorecido por su opinión, por ejemplo los que se atrevieron a llevar porros al Consejo 89

Herejías políticas en momentos decisivos Estatal, utilizando los viejos códigos del sistema priísta, entiendan que tienen carta abierta y licencia de impunidad para hacer cualquier cosa.

Resulta pues imperativo jalar las correas de los grupos propensos a acelerarse y dejarles en claro que a quienes generen conflictos el día de la elección les espera la expulsión del partido, la intervención de la policía y una denuncia penal.

Andrés Manuel López Obrador es un político que asume riesgos, que sabe moverse al filo de la navaja y, en ocasiones, hasta es temerario. Pero de ninguna manera es irreflexivo o improvisado. Su pasión evidente está mediada por la reflexión y el instinto políticos. Si tomó una decisión a todas luces imprudente y con tantas desventajas debe haber una razón. Las que aduce en la entrevista de La Jornada son poco convincentes. Nadie le da votos a López Obrador en la capital del país. La encuesta que le entregó el mismo AMLO al Presidente Nacional del partido sólo hay una distancia de 2% de distancia entre los dos precandidatos y, por lo mismo, hay empate técnico. Pero eso es lo de menos; no hay un habitante de esta ciudad que no conozca al ex jefe de Gobierno y votarán según la opinión que de él tengan –la cual es muy favorable en la inmensa mayoría de los ciudadanos de la capital– y es una personalidad tan fuerte en el DF que nadie cambiará su decisión en la elección presidencial por quien sea el candidato. Es al revés: cualquiera de los dos que lo sea –además de los que resulten para jefes delegacionales, senadores, diputados locales y federales de mayoría– se va a ver beneficiados por hacer equipo con AMLO. La otra razón es la de la experiencia en el gobierno, misma que utiliza el PRI en todas las elecciones para persuadir al electorado a su favor y que también esgrimió, por cierto no sólo ese partido, contra Andrés Manuel en el año 2000 y resultó que éste hizo un magnífico papel.

Además, nadie está planteando empezar de cero, romper la continuidad o cambiar a todos los funcionarios. La razón debe estar en otra parte, lejos de la superficie.

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En efecto, lo que salta a la vista son pura consecuencias contraproducentes. Incluso hasta paradojas: AMLO, sin proponérselo, mandó un mensaje de debilidad de su precandidato, puesto que si éste no necesitara con apremio de su potente espaldarazo no se entendería esa manifestación de preferencia a 10 días de la elección. Si finalmente Ebrard ganara la candidatura, la primera tarea que el PRD debe plantearse es la de quitarle la imagen de ser un candidato impuesto y sostenido por el aspirante presidencial y antecesor en el cargo, flanco que sin duda aprovecharían los otros partidos. En cambio, si fuera Jesús Ortega, éste aparecería como un candidato fuerte que llegó a serlo por sí mismo a pesar de tener la opinión en contra del perredista más popular del país, uniendo al partido a su alrededor. De paso, con el triunfo de Chucho nadie podría decir que Andrés Manuel es todo poderoso y decide a su antojo las cosas en el PRD, con lo que callaría a los que lo acusan de no ser demócrata. O sea que si pierde gana.

La razón de ese golpe mediático prefiero buscarla en la lógica misma del poder, lo que no debe espantar a nadie, pues de eso se trata la política. No está de más, pero no es imprescindible, leer a los clásicos de la Ciencia Política para saber que es común de los políticos buscar el poder y preservarlo, independientemente de las diferencias que haya en lo que se haga después con él – aunque teóricamente, es verdad, algunos se hayan planteado, como los anarquistas y gradualmente los comunistas, la idea romántica de llegar a él para disolverlo–. No se trata de dos acontecimientos, pues el poder suele, sobre todo en la sociedad actual, estar fragmentado. Por tanto, hay que verlo como un proceso intermitente. En ese sentido, lo que buscaría AMLO es que prevalezca ese importante espacio de poder en control de un grupo que se plantea seriamente la conquista de la Presidencia de la República y del cual el PRD sólo es una parte y cuyo núcleo dirigente no coincide, en su conformación, con la dirección del partido nacional ni estatal –

hablando del DF–. Así que, además del importante mensaje psicoló-

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Herejías políticas en momentos decisivos gico de dejar sentado que cumple sus advertencias aunque tenga que pagar costos, López Obrador busca incidir en el resultado electoral del 4 de diciembre por la razón básica, elemental, de la hegemonía política.

La militancia del PRD y los ciudadanos que acudan a las urnas decidirán si quieren la concentración del poder o prefieren un sistema de contrapesos y equilibrios institucionales dentro del mismo proyecto de transformación, o dicho de otro modo, la disyuntiva es entre un esquema vertical o uno democrático de organización de la izquierda para alcanzar la democracia en el país y llevar a la práctica otro modelo de desarrollo que sea más justo. En ese sentido, ahí se decidirá cuál será el papel del PRD en los próximos años.

Eso sí, todos los perredistas tenemos que apoyar al que resulte ganador de la contienda interna y volcarnos al interés superior de llevar a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia. Hay que confiar en el buen juicio de los electores y de que su voto será debidamente razonado y que no permitirán que su decisión sea definida por imposiciones de ningún tipo. En la soledad de la urna la rebelión siempre es una posibilidad. En cualquier caso, AMLO tendrá que conjugar esfuerzos con quien gane e incluir al otro en lo que venga. Lo importante es resolver rápidamente la postelección con un resultado inatacable. Ya sabremos cuáles serán sus palabras: “Disculpame, tuve que hacerlo”. O bien: “Ni modo, carnal, perdimos”.

De paso...

Macartismo de “izquierda”. Amigos, cuídense de a quién se encuentran, saludan o dirigen la mirada porque pueden ser estigmatizados hasta que su reputación quede hecha jirones. No olviden que todos somos sospechosos de impureza política. Miren que por encontrarse a Madrazo en un evento público ya hasta están diciendo que el ingeniero Cárdenas fue el que tiró el sistema en 1988. ¡Qué bueno que eso lo señala la izquierda honesta, tolerante, democrática, pluralista, 92

Fernando Belaunzarán Méndez

qué si no...!... Al igual que Creel, Usabiaga también perdió la nominación de su partido. Cero y van dos “elegidos” que nomás no...

Ganar la presidencia sin sacrificar al PRD

12 de diciembre de 2005

Desde sus inicios, el PRD se definió como “un instrumento de la sociedad” para transformarse a sí misma. Esa propuesta de cambio adquiere sentido y dirección en los valores de una izquierda que se define democrática, libertaria, socialmente comprometida con los sectores más desprotegidos, promotora de los derechos de las minorías y de la igualdad de oportunidades para todos los miembros de la sociedad y, por lo mismo, combatiente de todo tipo de discriminación.

El camino para que el país se aproxime a la utopía que por sí mismos esbozan tales valores pasan por la conquista electoral del gobierno de la república, pero no se limita a ello. Una nueva sociedad no se construye por decreto ni tampoco por la voluntad y decisión de los gobernantes por más eficaces que éstos sean. Tampoco basta la creación de nuevas, mejores y más justas leyes. Estamos hablando de un cambio que también es cultural y, por lo tanto, que se encuentra en la educación, en que se transformen concepciones profundas y arraigadas, incluso costumbres, para que la gente y, entre ellos, los políticos vean, piensen y actúen de otra manera. De lo que se trata es que los valores aquí mencionados sean compartidos e interiorizados por la mayoría de la población. Necesitamos que la izquierda sea, en la acepción gramsciana del término, hegemónica.

El ejercicio del poder del Estado es sin duda importante para combatir la pobreza, acabar con la corrupción, darle oportunidades de superación a sectores importantes de la población, generar crecimiento y riqueza y distribuir a ésta de manera más equitativa, establecer un 93

Herejías políticas en momentos decisivos sistema político democrático, republicano y transparente, etc., pero por sí no puede garantizar el cambio de mentalidades. En ese sentido el combate ideológico juega un papel fundamental y esa es una de las tareas insoslayables del PRD como partido que enarbola un proyecto político, social y cultural que es, ha sido y seguirá siendo válido para el país antes y después del 2 de julio del 2006. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador representa un acontecimiento histórico de gran envergadura, pero que necesitará de su partido, no para que se le obedezca ciegamente sino para que el partido dé batallas por las conciencias en todos los espacios de la vida pública y sea un elemento organizador desde abajo para construir el apoyo y el motor de la acción del nuevo gobierno y así las expectativas creadas por el arribo de la izquierda al poder se cumplan. El partido pues, debe ser un complemento no subordinado al ejercicio de gobierno, que respalde, empuje y, si es necesario, señale inconsistencias de éste. Recordemos, nueva-mente, que el poder no debe ser un fin en sí mismo, sino el medio para que, junto con otros que también posee el mismo proyecto –el partido de manera prominente– cambien a una sociedad que se considera injusta tal y como está.

De ahí que se requiera de un partido fuerte a lado del gobernante fuerte y legitimado por el voto popular. Por eso también resulta un contrasentido que se planteé el sacrificio del partido a cambio de ganar la presidencia, pues eso significaría que se llegaría al poder, pero que se desperdiciaría la oportunidad de generar un cambio verdadero y profundo de la realidad tan injusta y oprobiosa que padece el país. Eso no quiere decir que el PRD no esté obligado a hacer alianzas y abrirse a la participación de muchos ciudadanos que se sienten identificados con su candidato presidencial, sobretodo si se toma nota de la obviedad de que el perredismo es indispensable para ganar, pero al mismo tiempo insuficiente. Ya el Consejo Nacional del partido del sol azteca aprobó la coalición con los partidos del Trabajo y Convergencia, a pesar de que 94

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ambos impusieron condiciones inmerecidamente ventajosas. La decisión era obligada, puesto que, ante la posibilidad de una elección cerrada y de dejar al PAN sin la posibilidad de hacer alianzas, valía la pena pagar el alto precio del agiotismo político de los partidos pequeños si eso empedra el camino hacia el triunfo en la elección presidencial. Sin embargo, el resultado de esas negociaciones ha encarecido de manera extrema los espacios que el PRD requiere para que se garantice una fracción parlamentaria sólida y comprometida con el programa y los principios del perredismo, lo que puede significar que cuadros importantes de ese partido y figuras ciudadanas prominentes ya no vayan a poder acceder a las cámaras por la vía plurinominal.

Sería un error pensar que el recibimiento frío y el clima de tensión en el Consejo Nacional perredista a AMLO se debió al elevado costo que en diputaciones y prerrogativas tiene para el PRD la coalición que se conformó; finalmente, todos están conscientes de la importancia de no escatimar esfuerzos para ganar la presidencia. El punto está en otra parte y debe atenderse de manera rápida. En muchos lugares, los dirigentes y militantes perredistas se sintieron ninguneados durante la primera etapa de campaña –que en términos formales es precampaña–

no obstante que en ellos recayó gran parte de la responsabilidad organizativa, de difusión y de convocatoria para los eventos. De alguna manera les han hecho sentir el prejuicio insostenible de que el protagonismo del partido resta votos e impide el acercamiento de muchos otros ciudadanos. A ese trato se sumó la imprudencia del ya candidato presidencial de intervenir en la elección por la candidatura a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal y, por si eso fuera poco, de hacerlo a favor de un militante reciente que cuenta con poca identidad con el perredismo. Tras su polémica declaración, resulta incontrovertible que AMLO fue quien derrotó al TUCOI. Frente a eso, resulta natural la preocupación legítima de muchos dirigentes del partido acerca de cual será la función del partido y sus cuadros en la 95

Herejías políticas en momentos decisivos campaña y después del triunfo electoral y si él va a ser el factor decisorio de todo asunto trascendente en el ámbito partidario.

Nadie puede dudar de que, en cualquier circunstancia, el PRD se volcará por completo a lograr el triunfo electoral el próximo año. Sin embargo, a un político con la sensibilidad tan aguzada como López Obrador es impensable que se le haya escapado ese sorpresivo estado de ánimo contenido y contradictorio del máximo órgano de dirección del partido frente a la presencia de su máxima figura y esperanza. En ese sentido, sería sano refuerce su identidad con el partido que milita y dirigió, así como fomentar el involucramiento de los cuadros perredistas en la campaña. Por supuesto, también sería importante que para cumplir con la necesidad política de registrar a los mejores candidatos en los distritos se tome en cuenta a los militantes perredistas con buen perfil y que ahí donde el PRD ha construido una fuerza electoral consistente se respete su jerarquía. Finalmente, no olvidemos que el PRD tiene que servir para transformar la sociedad, antes y después del poder.

De paso...

Damnificados en Neza. Un trailer con víveres para los damnificados del estado de Chiapas por la tormenta Stan, acopiados por la Delegación Azcapotzalco, fue sorprendido mientras descargaba en una bodega en Ciudad Nezahualcoyotl. Como eso sucedió apenas 48 hrs.

antes de las elecciones internas del PRD para elegir candidato a la presidencia municipal de ese mega municipio gobernado por ese mismo partido, habrá que preguntarse si los damnificados de Neza serían los que iban a recibir la ayuda o los que no. Habrá que ver los resultados de las elecciones... y de las investigaciones... La Ley de Radio y Televisión aprobada por la Cámara de Diputados deja en claro lo que ya sabíamos: que los verdaderos dueños del país son los dueños de la tele –ojalá nos salven en el Senado–...

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Herética IV

LA GUERRA ELECTORAL

Contra todos y contra todo, incluyendo las deficiencias y los errores propios, tuvo que navegar Andrés Manuel López Obrador y la Coalición “Por el Bien de Todos”. Se miró, sin aceptarse, que la diferencia de más de un dígito se reducía y que la elección no sería un trámite. En las estructuras cruciales de la promoción del voto y de la representación en las casillas el PRD fue marginado, no obstante las múltiples quejas y advertencias de los riesgos que eso conllevaba. Para esas funciones se construyeron

“estructuras paralelas”, cuyos responsables, Alberto Pérez Mendoza y Francisco Yee, decían que todo iba viento en popa y no necesita-ban ayuda. Algunos personajes de las famosas redes ciudadanas cuidaban con tanto celo al candidato que para muchos empresarios, ciudadanos y políticos, de todas las entidades, les fue imposible acercarse.

La soberbia y el exceso de confianza campearon a tal grado que se olvidó que primero había que ganar antes de pelear por el gabinete y que en una campaña hay que privilegiar los acuerdos sobre los pleitos. Por ello, frente a la infame guerra sucia, la violación consciente y cínica de la ley por parte del PAN, la intervención descarada de Fox en el proceso, la pusilanimidad y actitud facciosa del IFE, los spots ilegales del Consejo Coordinador Empresarial y el contubernio del Estado con intereses privados poderosos para ejercer un execrable veto contra el ex jefe de Gobierno no hubo capacidad de respuesta a la altura de las circunstancias. De cualquier forma, el lopezobradorismo se extendía y los ataques se encargaron de solidificarlo y fortalecer la unidad. Se hizo 97

Herejías políticas en momentos decisivos causa común y se dejaron a un lado las rencillas internas, los agravios y las diferencias de opinión para hacer frente a los embates.

No obstante el ninguneo, el PRD se puso en la primera línea. La polarización promovida de la lucha inescrupulosa por trastocar las tendencias mediante golpes televisivos presagiaba la tormenta que sobrevendría.

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El Mítico 2006

2 de enero de 2006

El 2006” se convirtió en ese extraño objeto del deseo, explicito e irreprimible, para la clase política y la opinión pública desde que pasaron las elecciones intermedias, hace dos años y medio. De hecho, fue el propio Presidente el que inició la carrera al descubierto cuando en una entrevista muy comentada declaró que la sucesión había iniciado, incluso con aquellos que se “dan por muertos”. Parece una torpeza que quien ostenta el poder del gobierno haya anunciado el comienzo de la cuenta regresiva, pues eso por necesidad le complica, como sucedió, la segunda parte de su mandato, en virtud de que la preocupación principal se centra en el acomodo para el relevo y no en las necesidades del presente y se favorece el cálculo faccioso sobre la visión de Estado, aunado al acelerado debilitamiento del que anuncia prematuramente el inicio de su ocaso. Tamaño despropósito es incomprensible si no se visualiza la intención perseguida: iniciar el periodo de desgaste sobre el puntero en las preferencias electorales futuristas, lo que en realidad termino convirtiéndose en un bumerang. Andrés Manuel López Obrador llega más fuerte que lo que era hace tres años. Pero lo importante a señalar en este escrito es que lo que convirtió al 2006 en el centro de gravedad enfermizo de todo el país fue la motivación del poder político y económico del país por detener la opción percibida desde entonces como victoriosa, la de la izquierda representada por quien era el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, lo que llegó incluso a la estúpida pretensión de quitarlo del camino mediante la argucia legaloide del desafuero, sin contar la planeación y promoción de los videoescándalos, los apretones financieros a la DF y el poco menos que rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

En México, las cosas cuando truenan suelen hacerlo de impro-viso y cuando se espera que truenen termina sucediendo nada o casi 99

Herejías políticas en momentos decisivos nada, verdaderos partos de los montes. Sin embargo, no faltan razones para alarmarse por la coyuntura electoral del año que empieza: un Presidente que se asume como el centro de la campaña de su partido; un IFE menos confiable que el anterior y que se atrevió a modificar la estructura operativa y experimentada con la que contaba; una Suprema Corte revanchista presidida por un Ministro golpista; muestras de guerra sucia que se anuncian como meros preludios de lo que viene; las manifestaciones del poder del narco que demuestran claramente que éste ha rebasado por mucho la capacidad de quienes tienen la encomienda de combatirlo; la lógica apabullante convertida en religión de la clase política que consiste en que para ganar todo está permitido; el PRI abanderado por un hampón que no tiene posibilidades de ganar, pero sí la capacidad de ensuciar el proceso e incluso la fuerza suficiente para intentar desbarrancarlo. En la cercanía se sigue viendo lo que ya se veía hace un par de años: una elección sin árbitro y sin reglas, con poderes fácticos llenando los vacíos que deja la debilidad institucional y la ausencia de quien debió colocarse como garante y en su lugar prefirió avivar la lucha facciosa descentrándose. Incertidumbre, polarización e instituciones rebasadas son la perspectiva que, a seis meses de los comicios, todavía se vislumbran.

La hora cero se acerca y el río revuelto llama a los pescadores.

Unos muy aventajados son los llamados partidos chicos que hicieron su agosto y ya garantizaron estar sobre representados en las cámaras y multiplicar sus ingresos económicos provenientes del gasto público.

Otros, como el EZLN, se han puesto en el escenario para esperar los acontecimientos y hacer changuitos para que todo se complique más.

Muchos de los medios de comunicación ya se frotan las manos porque venderán a manos llenas una de sus especialidades: la exhibición de las miserias y podredumbre de los políticos en su lucha por el poder.

Vicente Fox tendrá más publicidad que todos los candidatos juntos, pues su apuesta es convertir la elección en un referéndum sobre la 100

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continuidad del “cambio” que representa su gobierno en donde el no se dividiría en dos opciones –vana ilusión, pues es evidente que el punto de definición es y será AMLO.

En fin, el 2006 nos alcanzó y ya se verá si las funestas prediccio-nes se cumplen o el pueblo mexicano podrá decidir el rumbo del país mediante el voto libre. A lo mejor, los demonios sueltos resultan de Pastorela.

De paso...

Bolivia. El triunfo de Evo Moráles reitera la convicción de los pueblos latinoamericanos en cambiar el modelo de política económica que extiende la pobreza, concentra la riqueza y subordina las necesidades de la población a los intereses de las naciones ricas y de los grandes consorcios trasnacionales. También resulta importante por haber triunfado un líder indígena y haberlo hecho por amplio margen –la única vez que se ha decidido en la primera vuelta– y conseguido la mayoría parlamentaria. Además lo es porque pone en el primer plano la soberanía sobre los recursos energéticos y favorece el contrapeso hemisférico a los Estados Unidos. De seguro, no faltará quién trate de utilizar ese resultado como argumento para escandalizar a los poderosos de aquí y de nuestro vecino del norte con el muy probable triunfo de López Obrador en las elecciones de mediados de este año. Será muy necio quien se trague el cuento, puesto que un gobierno de izquierda en México, como el que representa el PRD, ayudaría al entendimiento y no a la confrontación entre norte y sur, pues tendría la confianza y el respeto de todos al regresar a los principios de la tradicional política exterior mexicana; pero de que los hay los hay... Rosario Robles pretende presentarse como salvadora de la izquierda después de haber conspirado con la derecha para destruir su posibilidad de ganar la elección presidencial. A sabiendas de que para el PRD hay una lucha más importante que ajustar cuentas con ella, hace desplantes de kamikaze como si se le debiera 101

Herejías políticas en momentos decisivos tener miedo ahora que nadie le guarda respeto... Como si fuera el día del bautizo del hijo de Michael Corleone, llegó la hora de cobrar ensañamientos y traiciones. Al menos así lo piensa un político que hoy muestra su músculo a pesar de haber sido objeto de un escarnio desproporcionado y brutal. Claro, Vito, el jefe de la famiglia, advertía que la venganza “es un platillo que debe comerse frío” y aquí las cosas todavía hierven. Pero es que en la política mexicana el ahora siempre es cuando; sólo así, la venganza es tan dulce como lo dice el refrán...

¡Cuidado!

20 de febrero de 2006

Las grabaciones dadas a conocer por La Jornada, en las que se escucha al llamado Rey de la Mezclilla, Kamel Nacif, operando directamente para que se detenga, torture y consigne a la periodista Lydia Cacho y, lo que es más grave, que lo haya hecho en connivencia con el gobernador de Puebla, Mario Marín, para corromper al Ministerio Público, la Policía Judicial del estado y el Poder Judicial, ha conmovido con razón a la opinión pública y gestado un clamor de repugnancia y deslinde de responsabilidades que implica necesariamente la renuncia, así sea por simple pudor, del mandatario poblano. Pero el impacto de la infamia revelada no se circunscribe al morbo de un gobernante que se aferra al puesto sin reparar en el ridículo y haciendo gala de cinismo; de hecho eso es lo menos importante, por lo menos para los que grabaron y luego filtraron tan comprometedoras conversaciones. Es imposible dejar de ver en la mano que facilitó el material del escándalo el objetivo de incidir en el proceso electoral y, en ese sentido, teniendo esa presunción como telón de fondo, resulta pertinente hacerse algunas preguntas: ¿quién grabó?, ¿por qué esas llamadas son las que se dan a conocer?, ¿serán las únicas que conozcamos o aparecerán más?

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Fernando Belaunzarán Méndez

Como ya dijimos, es obvio que no es el afán de justicia ni la filantropía lo que nos puso al alcance del material explosivo. La respuesta se debe buscar en la lógica electoral de una estrategia que no duda en recurrir a la guerra sucia para lograr sus propósitos. Lo primero que salta a la vista es que se trata de un golpe al PRI que ya tiene la experiencia de la exposición pública de la inexplicable –o mejor dicho, explicable, pero injustificable, riqueza de Arturo Montiel, lo que le significó una notoria caída en las preferencias electorales a su candidato presidencial, Roberto Madrazo. Claro, en esa ocasión, el principal sospechoso de filtrar la lista de bienes del ex gobernador del Estado de México y su familia era el mismo Madrazo, quien se quedó (casi)solo en la contienda por la candidatura de su partido y, por lo tanto parecía como el beneficiario, además de que su fama pública como tramposo e inescrupuloso avalaba esa versión, con independencia que, precisamente por lo mismo, se le revirtió y acabó pagando el precio de la tan poco ortodoxa manera de ganar una contienda interna por eliminación del adversario. Con esa experiencia se podría pensar que el objetivo perseguido era el de darle la puntilla al PRI y su candidato y definir desde ahora que la elección será entre dos: Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón, considerando también que es más que plausible que la realización de las grabaciones haya sido obra del CISEN que está bajo las órdenes de un gobierno panista. .

Visto así, el problema parecería resuelto a no ser porque siempre es conveniente –y este asunto no debe ser la excepción– sospechar de las respuestas fáciles.

Ya hemos dicho en otro artículo (13 de febrero de 2006) que una elección polarizada entre Felipe y Andrés Manuel resultaría ventajosa para el segundo en virtud de que la mayoría de la votación priísta que mudaría en la lógica del voto útil, sin ninguna duda, tendería hacia AMLO, pues la confrontación ideológica básica del priísmo es frente a “la reacción” que además hoy se encuentra en el poder y, por tanto, 103

Herejías políticas en momentos decisivos se trata de una referencia primaria. Es verdad que Calderón ha aparecido como la segunda opción como consecuencia no de sus méritos o de que esté creciendo en su campaña sino, precisamente, por la caída de Madrazo, pero el objetivo del PAN y del gobierno federal es ganar la elección y no conformarse con un lejano y mediocre segundo lugar. Más bien, si es que, como todo lo indica, la mano que mece la cuna es blanquiazul entonces de lo que se trata no es de ir a una contienda entre dos sino de convertirla entre uno, es decir, una vez eliminado el tricolor, se buscará eliminar al negroamarillo coaligado, y hay que ver si este golpe que de inicio va contra la nariz de Roberto Madrazo no abre el camino para los siguientes, ya no contra el tercer y maltrecho contendiente sino contra el mismísimo puntero.

El riesgo aquí es que por tratarse de un hecho, como bien dijo el vocero de la Presidencia, “brutal” que desnuda la arbitrariedad, prepotencia y corrupción de sus protagonistas y que, por lo mismo, merece la condena unánime se termine legitimando también al método del espionaje como arma política, incluso por aquellos que pueden ser víctimas en un segundo momento de él. Recordemos que los videoescándalos comenzaron con la chamaqueada al Niño Verde, una semana antes de la aparición del video de Las Vegas y de los tomados en la oficina de Ahumada. Estamos ante un caso incontrovertible que además cuenta con la fuerza moral de enfrentarse al hecho deleznable de la pornografía infantil y el abuso sexual contra niños por lo que es natural que todos agradezcamos el servicio social y público de quienes proporcionaron las cintas; sin embargo, es muy probable que lo que venga no tenga por bandera causa justa alguna.

De paso...

La Secretaria de Estado, Condoleza Rice, afirmó sin rubor que efecivamente el caso de los 16 cubanos expulsados del Hotel Sheraton se debió al cumplimiento de leyes estadounidenses en México. Aún así, 104

Fernando Belaunzarán Méndez

la chancillería insiste en que no se vulneró la soberanía nacional...

Vicente Fox realiza sin ningún rubor proselitismo por Felipe Calderón con dinero público en una campaña mediática sin precedentes. Eso no obsta para que se siga presentando cada vez que puede como adalid de la democracia y que no se inmute cuando le recuerdan sus ataques al entonces Presidente Zedillo por lo que éste hacía de manera mucho más discreta. Así de desesperado estará de que asegura que tengan las espaldas resguardadas él y su incomoda familia cuando deje el cargo...

¡Todo el poder a la tele!

27 de marzo de 2006

Mientras los mexicanos nos preparamos para definir con nuestro voto al próximo Presidente de la República, una mayoría de senadores, pertenecientes al PRI y al PAN, han determinado entregarle un poder inmenso e irreversible a las dos principales consorcios de la televisión abierta: Televisa y TV Azteca. Es decir, aunque el voto ciudadano decida al titular del poder Ejecutivo, el voto inminente de los legisladores de la llamada “Cámara Alta” servirá para la consolidación del ya de por sí superpoder mediático, el cual no obstante que se presenta a sí mismo como ubicado al margen de la lucha de partidos, es evidente que incide por la vía de los hechos en las grandes y pequeñas definiciones políticas en nuestro país. Las reformas a la Ley de Radio y Televisión de la llamada Ley Televisa que ya cuenta con el aval del PRIAN está hecha a la medida del interés monopólico en ese ámbito tan socialmente influyente, por lo que se está comprometiendo el avance y consolidación del sistema democrático. En efecto, la concentración desmedida y desequilibrada de las frecuencias del espacio radioeléctrico, asegurada para varias generaciones, no puede sino comprometer la lógica democrática que requiere de pesos y contrapesos institucionales 105

Herejías políticas en momentos decisivos entre poderes formales, y de acotamiento y control a los poderes fácticos por parte del Estado. Por supuesto, la genuflexión hacia las televisoras no se da como un gesto inocente sino que es visto por los partidos y candidatos hoy relegados en la contienda presidencial –pero que cuentan con mayoría parlamentaria– como el costo que están dispuestos a pagar para contar con un poderoso aliado en los tres meses que faltan para la elección. La desesperación por alcanzar al Peje que se les va es lo que los ha llevado a comprometer el interés público y aceptar la preeminencia de la Telecracia, no obstante que eso implica su propio sometimiento a ese poder discrecional, omnipresente y extrainstitucional por muchos años.

En lugar que se aproveche el avance tecnológico que posibilita la digitalización de las transmisiones para favorecer la competencia y multiplicar las opciones de una audiencia más crítica y participativa, y que se garantice el derecho a la información a través de la pluralidad y la búsqueda de credibilidad en un campo competido, lo que se garantiza es la permanencia absolutamente dominante del duopolio televisivo. Es decir que la expansión y la multiplicidad de servicios que se podrán ofrecer a través de las frecuencias potenciadas tecnológicamente servirán únicamente para hacer más poderosos a un par de empresas que se sienten, y no sin razón, los dueños del país. Es, claro, un asunto de dinero al renunciar al cobro que el Estado debiera hacer, como en otros países, a los concesionarios por los nuevos servicios que estarían en posibilidades de prestar y por el mayor número de canales que, por encontrarse en el rango de amplitud de las viejas frecuencias analógicas –las frecuencias digitales al ser sustancialmente menos anchas multiplican su número en el mismo espacio– , podrían poseer por aproximadamente 40 años; pero fundamentalmente el problema es político por la inmensa concentración de poder en tan pocas manos, un verdadero reto a las instituciones del Estado que palidecen ante la fuerza ascendente y sin contrapesos, formales y de hecho, de la televisión privada.

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Fernando Belaunzarán Méndez

Los emporios de la televisión apostaron a beneficiarse de la lucha inescrupulosa que por el poder se ha desatado en el país y todo parece indicar que se van a salir con la suya. Por supuesto, tendrán que pagar y de seguro se prestarán a difundir y maximizar los ataques contra Andrés Manuel López Obrador y le cerrarán a éste sus puertas. Es muy probable que, al igual con todo, que ha sido mucho,. Que han intentado por bajarlo en su popularidad e intención del voto, fracasen y lejos de caer vuelva a salir fortalecido, tal como sucedió con lo del desafuero.

No olvidemos que Cuauhtémoc Cárdenas ganó la elección de 1988 –

aunque le haya sido escamoteado el triunfo– con todos los medios de comunicación electrónicos descaradamente contra él. De cualquier manera, los que parece que triunfaron de manera anticipada son las grandes televisoras que ya aseguraron sus intereses monopólicos con independencia de quien salga victorioso en la elección presidencial.

De paso...

Patadas de ahogado. Adversarios, según dicen, pero coincidentes en la satanización del puntero en las preferencias electorales, Fox, Calderón y Madrazo denuncian intolerancia en López Obrador mientras les sale espuma por la boca. Es verdad que callar al Presidente fue un exceso que bien pudo evitarse, pero la respuesta a esa expresión ha sido fuera de toda proporción, y en la que contrastan el desgarramiento de vestiduras por un ataque verbal –que, por cierto, fue mucho más ligero que los lanzados por Fox en su campaña de hace 6 años– y los desplantes de histeria con toda clase de epítetos por parte de personas que, por contraste, se asumen como tolerantes. Una vez más sale a relucir la causa fundamental de sus recurrentes fracasos en su intención de bajar a como dé lugar a AMLO: la subestimación de la gente.

En esos dislates andan cuando se les ocurre compara en un spot de televisión al ex jefe de Gobierno con Hugo Chávez, el cual, en un acto de defensa legítima ante la agresión contesta –¡vaya sorpresa!– de 107

Herejías políticas en momentos decisivos manera sensata y certera. Dijo lo evidente: que se trataba de una campaña sucia de la derecha, desesperada por detener el triunfo inminente de la izquierda... El presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde se envolvió en la bandera nacional para reclamarle a Hugo Chávez su intromisión en el proceso electoral cuando, en honor a la verdad, a él lo involucraron de manera pedestre mediante un spot televisivo. ¿No debió comenzar por pedirle a los partidos que no utilicen a mandatarios extranjeros en sus disputas, como primer paso que éstos no se involucren con sus respuestas?... Como nunca antes, la comunidad latina en Estados Unidos se está movilizando contra la represión, el racismo, la discriminación y el autoritarismo contra los migrantes hispanos que, por cierto, son millones. ¡Duro paisanos!.

El golpe dado

3 de abril de 2006

El 2006 es el río revuelto para los que saben pescar, sobretodo cuando se cuenta con carnadas suculentas atrapadas en los anzuelos. Por ello no debiera sorprender, aunque sí indignar, que los dos grandes consorcios televisivos hayan pescado ejemplares de campeonato. Ni más ni menos acaban de asegurar, con las reformas a la Ley de Radio y Televisión, que van a conservar e incrementar el enorme poder con el que ahora cuentan con independencia de cual sea el resultado electoral en las próximas tres elecciones presidenciales. Los cinco comisionados de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), a los que se les otorga importantes funciones, serán nombrados por Vicente Fox y permanecerán en sus cargos hasta el año 2022, las concesiones las van a otorgar durante 20 años y lo televisión comercial aseguró concentrar la inmensa mayoría de frecuencias liberadas en el espacio radioeléctrico, además de prestar con ellas otros servicios 108

Fernando Belaunzarán Méndez

como telefonía celular e internet, todo ello sin pagar derechos al Estado. La mayoría PRI-PAN en el Congreso de la Unión blindó los intereses de Televisa y TV Azteca por el cálculo faccioso de tenerlas como aliadas en la cruzada para detener a Andrés Manuel López Obrador. A cambio decidieron someterse, y someter a la república, a ese gran poder de facto, el cual, pase lo que pase el 2 de julio, ya ganó.

De alguna manera parece un acto de retribución sexenal si es que se vislumbra la enorme deuda que Vicente Fox tiene con la televisión. Sería imposible imaginar que alguien así hubiera llegado a la presidencia sin la audaz y exitosa campaña de marketing que, teniendo a la tele como eje y palanca, lo encumbró como el candidato popular que pudo derrotar al PRI por primera vez en su historia en una elección presidencial. Ya siendo Presidente nos ha recetado una campaña intensa y abrumadora de los

“lograos” de su gobierno con el objeto de mantener su popularidad. Por eso es que no debe extrañar la condonación fiscal, la anulación del 12% de tiempo del tiempo aire para uso del Estado, el respaldo al chiquihutazo y después al golpe sindical y robo de la señal contra Canal 40 y ahora su apoyo a las reformas recién aprobadas por una mayoría de consigna, entre otras oficiosas actuaciones. Pero sería engañarse. La expectativa que tienen es que la Televisión use su enorme penetración para darle la vuelta a la tortilla y se evite lo que hoy parece inevitable: el triunfo de la izquierda Lo más grave no es el cálculo de rentabilidad electoral que llevó al PRIAN a dar ese regalo a las televisoras comerciales, ni siquiera lo es que pongan en riesgos la televisión y radio pública y cultural, aunque ambas cosas son de verdad trascendentes. Lo peor de todo es la constitución de un superpoder que va a regir por encima de las instituciones y de la voluntad popular. Poder sin contrapesos que es incompatible incluso con la simple democracia representativa, ya no digamos con la democracia participativa que debe ser el complemento necesario, pero pospuesto, de la incipiente y, con esto que sucedió, dudosa democracia mexicana.

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Herejías políticas en momentos decisivos Al carecer de competencia, puesto que las reformas aprobadas favorecen el mantenimiento del llamado duopolio, Televisa y Televisión Azteca se autorregularán en función de sus intereses y no del público que no contará con otras opciones para ejercer el tan traído derecho de apretar los botones del control remoto del televidente que tanto aducen frente a la crítica de la televisión comercial los personeros de ésta. Es de resaltar, y con ello hago un reconocimiento a su valor, que el titular de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), Eduardo Pérez Motta, se opuso con consistencia y lucidez a la minuta. Lo mismo puede decirse de los canales 11 y 22, del IMER, Radio Educación, TV y Radio UNAM, entre otras.

Mientras tanto podemos esperar que los consorcios favorecidos cumplan sus compromisos y se sumen y amplifiquen el coro de los histéricos que claman por frenar a como dé lugar a Andrés Manuel López Obrador. De seguro fracasarán y como en el 88 la gente votará por lo que se dice abajo. De cualquier forma, a las televisoras tampoco les quita el sueño porque ya lograron lo que querían. Otros serán los que se arrepientan después por la abyección mostrada, por los cuentas alegres, por el futuro comprometido; pero será demasiado tarde.

De paso...

Chantaje. Dante Delgado decidió secuestrar los registros de Convergencia y no entregarlos a la representación de la coalición “Por el bien de todos” hasta que no se aceptara registrar en la segunda fórmula de candidato a senador en Hidalgo a Francisco Xavier Berganza, mejor conocido como El Cantante, no obstante que el PRD cuenta en la entidad con el 30% de la votación y el “Partido Naranja” ni siquiera con el 1%. Pero lo peor de todo es que ese personaje es en verdad un antiperfil. Diputado por el PAN en 1997, avaló el IVA y el FOBAPROA, sirvió de esquirol en 1999 al gobernador Murillo Karam, evitando la alianza electoral con el PRD alrededor del periodista Miguel Ángel 110

Fernando Belaunzarán Méndez