La Insólita Vida de Marcelo por Txetxu Núñez - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

 

LA INSÓLITA VIDA

DE MARCELO

Magy le pasó el balón a Escaler, éste se lo envió a Brum. Curtis rápidamente se fue hacia el levantando los brazos para no dejarle tirar a canasta. Brum intentó regatear a Curtis, pero éste que era más alto y más fuerte que su contrincante no le dejaba un hueco claro para tirar con éxito. Brum retrocedió botando el balón mirando a sus compañeros, de repente viendo a Sergey en buena posición le pasó el balón, segundos después el balón entraba en la canasta.

- ¡Así!, esta es la forma de jugar, dijo Magy mirando a sus compañeros con la cara radiante.

El partido siguió y ambos equipos siguieron encestando una y otra vez. El tiempo fue pasando hasta que empezaron a caer unas pequeñas gotas, poco después l ovía torrencialmente.

- Creo que tenemos que dejar de jugar dijo Samanta con el pelo bastante mojado.

Nada más decir esto Samanta, todos echaron a correr hacia un saliente que había en una casa cercana para protegerse de la l uvia, pero como todos no entraban bien, algunos seguían mojándose. Suany, Curtis y Marcelo viendo un árbol cercano corrieron hacia él para protegerse de la l uvia bajo sus ramas. Cada vez llovía con más intensidad, el cielo se cubrió totalmente de nubarrones negros, se empezaron a oír los primeros truenos y a ver algunos relámpagos en el cielo dibujando toda clase de dibujos extraños.

- ¡Qué barbaridad!, exclamó Magy. Como siga lloviendo de esta manera durante mucho tiempo no se que va a pasar.

Escaler, Samanta y Sergey miraban como el agua corría por la calle abajo, de repente el cielo se iluminó con un rayo increíblemente largo y retorcido, poco después se oyó un tremendo estruendo.

- Parece que la tormenta se está acercando, les dijo Magy a sus amigos.

Nada más decir esto un rayo iluminó el cielo y fue a caer justo donde estaban: Suany, Curtis y Marcelo. Suany y Curtis se asustaron horriblemente, pero cuando vieron a Marcelo tumbado en el suelo, se dieron cuenta que el rayo le había alcanzado a su amigo. Escaler, Brum, Magy, Samanta y Sergey vieron todo lo que había sucedido desde la otra parte de la carretera, habían visto caer el rayo encima de su amigo Marcelo, le había entrado por la cabeza saliéndole por uno de los pies. La primera en darse cuenta de lo que había ocurrido realmente  fue Magy, rápidamente cogió el móvil y l amó a una ambulancia. Escaler, Brum, Samanta y Sergey aún seguían mirando a su amigo que estaba tumbado en el suelo a unos metros de donde estaban el os sin poder reaccionar. La sirena de la ambulancia fue la que les sacó de su atolondramiento.

- ¿Qué  ha  sucedido?,  les  preguntó uno de los médicos que había  salido  de  la  ambulancia.

- Un rayo le ha caído encima de la cabeza, dijo Magy sin saber muy bien si había sucedido realmente eso o había sido una alucinación que había tenido.

Mientras el médico miraba al herido, dos enfermeros acercaron una camil a para poner al chico encima. Poco después lo metían en  la ambulancia con una máscara de oxigeno.

Dentro de la ambulancia el médico trataba de reanimar al chico, pero éste no despertaba. La ambulancia rápidamente se puso en marcha hacia el hospital, la sirena empezó a sonar para que los coches que había en la carretera la dejasen pasar.

- Tendremos que avisar a los padres de Marcelo, dijo Samanta mirando a sus amigos a la cara.

Nadie dijo nada, parecía que todos querían escurrir el bulto.

- Pues si nadie quiere dar la cara, dijo Samanta, iremos todos.

Poco más tarde Magy, Escaler, Brum, Sergey, Curtis, Suany y Samanta estaban llamando a la puerta de la casa de los padres de Marcelo, no tardó mucho en abrirse la puerta y aparecer el padre de su amigo.

- ¡Buenas tardes!, tartamudeó Magy mirando al padre de su amigo.

Frank, el padre de Marcelo miró a Magy y seguidamente paseó su mirada por cada una de las caras de los chicos, cuando terminó de mirar al último, preguntó:

- ¿Dónde está Marcelo?

- Por eso hemos venido, se dejó oír la voz de Samanta. Un rayo le ha caído encima y lo han llevado al hospital.

La cara de Frank cambió rápidamente, se empezó a poner blanca. Desde el interior de la casa se oyó la voz de Esther, la madre de Marcelo.

- ¿Qué pasa Frank?

- Nuestro hijo ha tenido un accidente y se lo han llevado al hospital, dijo Frank con lágrimas en los ojos.

Más tarde Frank y Esther iban camino del hospital en busca de su hijo. Nada más l egar al hospital fueron a información para enterarse donde estaba su hijo.

- Soy el padre de Marcelo Rumps. Le ha caído un rayo encima y lo han traído a este hospital.

- ¡Espere un momento por favor!

La recepcionista cogió el teléfono para enterarse donde estaba el chico. Poco después colgaba el teléfono.

- ¡Vayan a la tercera planta!, el Dr. Echagüe les está esperando.

Frank y Esther se dirigieron hacia el ascensor y subieron a la tercera planta, nada más abrirse la puerta un señor vestido con una bata blanca se les acercó:

- ¡Soy el Dr. Echagüe!, su hijo ha recibido una descarga  terrible, aparentemente no tiene ningún miembro quemado, pero hemos intentado reanimarle sin éxito. ¡Su hijo está en coma!

- ¡No puede ser!, dijo Esther con lágrimas en los ojos.

Frank rodeó con los brazos a su mujer para que se calmase.

- ¿Hay alguna posibilidad de que se recupere?, le preguntó Frank al doctor.

- Francamente no lo sé, contestó el doctor. Hay cosas que a los médicos se nos escapan de las manos. Ahora solo podemos confiar en Dios. Si quieren ver a su hijo vengan conmigo.

Frank y Esther siguieron al doctor hasta una de las habitaciones de aquella planta, nada más entrar vieron a Marcelo tumbado sobre la cama con un montón de cables puestos en los brazos y en las piernas. Tenía los ojos abiertos y miraba fijamente al techo.

- ¡Hijo!,  gritó  Esther  acercándose a Marcelo y cogiéndole una mano.

- ¡Clínicamente está muerto!, dijo el doctor. Su hijo desgraciadamente no la oye.

- Podemos venir a estar con él todos los días, le preguntó Frank al doctor.

- Desde luego, contestó el doctor. Pueden venir todos los días que quieran, pero su hijo seguirá igual.