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La Melodía Jo Cora

RESUMEN

Adrian nos platica sobre la ocasión que cambió su vida por completo.

Él, un joven sirviente de principios del siglo XX, descubre entre los brazos

de su patrón, un talentoso pianista, el placer de un amor correspondido. A

la vez que ambos encuentran la melodía perfecta para consumar sus vidas.

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La Melodía Jo Cora

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Y tratados internacionales.

La Melodía Jo Cora

LA MELODÍA

Él tocaba el piano en el gran salón. La melodía de su canción elevaba

mi alma, a la vez que aprisionaba mi corazón.

¿Por qué su melodía era tan triste? ¿Por qué su frente se ceñía de esa

manera cada vez que la entonaba? ¿Estaba sufriendo?

No lo sabía.

Y no podría saberlo.

El rostro hermoso que mis ojos admiraban era prohibido. Como

prohibido era el cielo para los condenados.

Di un paso dentro del salón, llevaba en mi brazo un traje del mejor

sastre de la ciudad.

—Su traje, señor James.

El hermoso hombre dejó de tocar y se dio la vuelta, su mirada era

vacía y distante. Movió su cabeza en un asentimiento y continuó tocando su

melodía.

Desde un nuevo ángulo podía ver el rostro joven de un hombre que era

obligado a contraer matrimonio, y todo solo por el interés de su familia.

La familia aristócrata a la que servía, vivía una de sus peores crisis. Vi

como muchos de los sirvientes y por demás personal de la mansión Wilde

dejaban sus cargos. La adinerada familia ya no danzaba en oro.

Conservé mi trabajó como sirviente personal del joven del que estaba

enamorado. Pero claro, eso nadie lo sabía.

James nunca podría manejar asuntos de su vida cotidiana en los que yo

intervenía. El joven creció rodeado de personas que hacían su vida más

sencilla. No lo culpaba, ese era su destino. El mío era servirle.

La Melodía Jo Cora

En mi corta vida, nunca imagine enamorarme de alguien de esa

manera. Aún más considerando que se trataba de otro hombre.

Acababa de cumplir dieciocho años cuando Lord Wilde me contrató.

Yo, un harapiento muchacho de pueblo puso sus ojos en aquel chico de su

misma edad que tocaba el piano cada tarde. Eso era inadmisible.

Ya cinco años habían pasado, y nunca me harté de escucharlo tocar las

teclas de aquel viejo piano.

—¿Qué opinas sobre esta canción, Adrian?

Me quedé congelado ante su pregunta. Él casi nunca se dirigía a mí por

mi nombre, y cada vez que lo hacía, era música para mis oídos.

Tragué duro y me removí incomodo dentro de mi traje. —Hermosa

melodía, señor. Como siempre…

Su hermoso ceño se arrugó de nuevo con mi mención, creí haber dicho

algo que lo ofendió de alguna manera.

—No me gusta cómo se escucha el ‘señor’ en esa frase. Aún soy muy

joven y soltero. ¿Podrías llamarme James?

Bajé la mirada y negué a su petición, nunca me atrevería a hacerlo, no

cuando él era mi patrón y yo un simple sirviente.

—De acuerdo, comprendo. Toda mi vida he deseado un trato distinto

al que he recibido, pero al parecer no estoy en la posición de exigir ser tratado como un igual.

El aire se retuvo en mis pulmones. James era un ser extraordinario, y

yo lo sabía. Siempre preocupado por la gente que lo rodeaba, ya sean

sirvientes o su propia familia. Él era un altruista, amado por todos en la mansión y fuera de ella. Por toda la generosidad a los demás, y en especial a

su familia, él acepto ser el yerno de Lord Flecher.

La Melodía Jo Cora

James se casaría con su hija, y ambos recibirían como regalo de bodas

el control de la compañía farmacéutica que manejaba, cerrando así, el trato

con su familia.

Una vida de riquezas estaba prevista para los Wilde.

—Usted merece todo lo que desease.

Los hermosos ojos cafés me miraron con asombro. No podía ver

sarcasmo o disgusto en ellos, era algo más.

—¿Me darías todo lo que deseara, James?—Sus ojos me miraban

expectantes, como si mi respuesta fuera el más grande descubrimiento en

toda su vida.

—Si…

El latido de mi corazón podía escucharse aún más alto que el sonido de

la madera consumiéndose en el fuego de la chimenea.

Se levantó del taburete de su piano y me miró con dulzura. Mi corazón

golpeaba contra mi pecho aún con más fuerza.

—Te deseo.

Sus palabras fueron seguidas por sus labios sobre los míos. Un suspiro

anhelante escapó de mi boca. Él me besó con fiereza, mientras sus manos

sujetaban mis antebrazos, empujándome contra su calor.

No me atreví a tocarlo, hasta que sus manos se deslizaron por mis

costados y acariciaban mi espalda con suavidad. Él apartó sus labios y me

miró a los ojos. Mis labios estaban hinchados, podía sentirlo, así como los

suyos.

—No sabes cuánto te deseo, Adrian.

No pude decir nada. Sus manos tomaron de mi rostro, y su boca se

apoderó de la mía de nuevo, era como tocar el cielo.

La Melodía Jo Cora

Acaricié su cuerpo con desesperación. Tal vez esto era solo un sueño y

rogaba nunca despertar de él. Tomó la manta con la que cubría el piano y la

lanzó sobre el suelo frente a la chimenea. Nuestros cuerpos descendieron

sobre ella sin romper el beso.

No podía pensar en otra cosa que no fuera él y yo haciendo el amor

frente a esa misma chimenea. Lo deseaba con todas las fuerzas de mi

corazón.

Él se despojó de su sedosa camisa con encajes, mientras yo

desanudaba el incomodo corbatín de mi cuello. Pronto, sus manos se

deshicieron de mi camisa, y ambos luchábamos contra el poder de la

anticipación.

Desnudos y jadeantes nos frotamos, como si deseáramos aliviar el

ardor de nuestra piel, pero no era suficiente. Besé su cuello y dibujé un camino húmedo de besos hasta su pezón derecho. Él disco rosa de carne

dura, bajo el toque de mis labios, lo hizo estremecer. Lo deseaba con

desesperación, quería que me tomara. Quería ser suyo.

Él tomó mi rostro y me besó con dulzura, adoraba sus labios, podía ver

en sus ojos que él me deseaba tanto como yo a él.

Descendió por mi cuerpo, mientras repartía pequeños y dulces besos

por su camino, hasta que sentí su respiración sobre mi sexo que palpitaba

dolorosamente entre mis piernas.

James besó la punta, haciéndome sacudir de necesidad, lo tomó entre

sus suaves y a la vez duras manos, luego le plantó un beso en la adolorida

punta que reclamaba más de sus labios.

Me tomó entero en su boca y por poco saltó diez metros sobre el suelo.

Su lengua recorrió mi sexo de la punta a la base. Miré hacia abajó, y vi el

deslié de sus finos cabellos castaños, los que normalmente llegaban hasta su

nuca, justo ahora estaban en su mayoría sobre su rostro mientras lo tragaba

entero.

La Melodía Jo Cora

No soporté mucho tiempo más y me corrí. Él tragó hasta la última gota

de mi semilla. Nunca antes había visto algo más sensual que su rostro

sonrojado por el deseo. Su lengua se deslizo fuera barriendo sus labios, no

aparto nuestras miradas mientras lo hacía.

Abrí mis piernas para él, invitándolo a tomarme. Ya no podía soportar

más tiempo sin sentirlo enterrado muy dentro de mí.

Él besó mi boca y pude sentir mi propia escancia juntó con su sabor

tan inconfundible.

Su dedo índice acarició mis labios, dejé que entrara en mi boca y él lo

humedeció lo suficiente para utilizarlo en mi entrada. Completamente

expuesto, y con mi sexo palpitando nuevamente, él se deslizó dentro de mí

con suaves empujes, su cadera embistiendo apaciblemente contra mí, sus

manos apretaron mis muslos mientras se enterraba hasta la base de su sexo.

Podía sentir sus bolas contra mis nalgas.

Muy dentro de mí. James.

No el señor, ni patrón.

Solo James.

—¡James! —grité, mientras él continuaba sus envistes lentos y

profundos. Una sonrisa se formó en sus labios, aunque su rostro estuviera

tenso por la fuerza de sus empujes. Él estaba más que feliz por llamarlo por

su nombre.

Ambos alcanzamos el más pleno éxtasis, él se derramó en mi interior y

yo me corrí sobre nuestros estómagos.

Sus brazos me envolvieron con fuerza, y sus labios asaltaron los míos

de nuevo.

—No sabes cuánto deseaba tenerte así, entre mis brazos. —murmuró

contra mi rostro.

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hermosa del campo, a

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a Acabó de

terminarla.

La Melodía Jo Cora

—¿Hablas enserio?

—Sí.

Sus dedos empezaron a deslizarse con elegancia y destreza sobre las

teclas. James tenía razón, había algo nuevo en esa canción. Ahora se

escuchaba muy diferente.

—¿Qué opinas ahora, amor?

—Es perfecta. Ahora me hace sonreír verte tocarla.

—Eso es porque antes mi vida, al igual que esta melodía, estaba

incompleta. Pero nunca perdí las esperanzas de completarla. Y ahora se

escucha tal y como siempre soñé.

Mis ojos se encontraban nublados y brillantes por las lágrimas. No

sabía lo que había hecho para merecer a un hombre como él, pero lo que si

sabía, era que nunca me alejaría de su lado porque lo necesitaba tanto como

a mi siguiente aliento. Lo besé, y tal como tantas veces lo hacía, me

entregué a sus brazos sobre la misma manta que cubría el piano como la primera vez.

FIN

La Melodía Jo Cora

ACERCA DE MÍ

Soy una chica que adora leer todo lo que caiga en sus manos, en

especial los relatos de personas como yo, que sólo desean compartir lo que

escriben con los demás.

Mi fascinación por los relatos M/M empezaron gracias a mi adorada

Carol Lynne, ya que leí uno de sus libros y me enamore del género en

cuestión de segundos.

Espero que mi trabajo sea de tu agrado.

Si te gustó mi pequeña historia te invito a mi blog:

http://loveiseasysonaturaltome.blogspot.com/

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