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La bruja Mometzcopinqui, Reina de la Noche por Ligia Rivera Dominguez - muestra HTML

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La bruja Mometzcopinqui, reina de la noche 53

Escritos, Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje Número 22, julio-diciembre de 2000, pp. 53-94.

La bruja Mometzcopinqui, reina de la noche Ligia Rivera Domínguez

mucha gente de los que tenían sus niños...

estaban pensando si no venía de nochi la bruja.

No dormían bien, pero para eso dicen que para ellos, les ayudaba mucho el espejo y las tijeras.

Francisco Tecuapetla Técuatl, ‘‘Las brujas’’

La bruja europea adquiere rasgos de magos del mundo prehispánico, particularmente del Tlacatecólotl , en una de sus variantes, la Mometzcopinqui , en los relatos que analizamos. Ya como bruja- Mometzcopinqui auxilia al Diablo en sus actividades dañinas, una vez signado entre ambos un pacto. Así, transformada en guajolote, la bruja se dirige a las viviendas donde hay recién nacidos sin bautizar para matarlos, succionándoles la sangre con su pico, con la cual ella se alimentará. De esta forma, el Diablo obtiene almas fácilmente para incrementar su reino. Dios, en cambio, es derrotado pues ha perdido para su reino esas almas.

La noche, la oscuridad y las tinieblas amparan a seres sobrenaturales como el Diablo, las brujas, la Llorona, animales fantasmales y otras apariciones que actúan bajo su cobijo. Cada ser posee un espacio donde despliega su actividad, frecuentemente dañina, contra los hombres; la casa, las encrucijadas, los cerros y bosques son esos lugares peligrosos donde las fuerzas de seres malignos pueden invadir el mundo humano. La noche, por otra parte, evoca la 54

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muerte, la noche eterna; la luna, su astro, establece un vínculo entre ambas.

Las brujas, personajes sobrenaturales nocturnos, poseen una historia muy antigua. Su origen se remonta al mundo clásico, se nutre con el estereotipo europeo y en América adquieren rasgos de seres sobrenaturales del mundo prehispánico. Las historias de brujas muestran precisamente un abigarrado tejido significante, hila-do durante un lapso muy largo de tiempo y enriquecido con la vi-sión del mundo de varias culturas. La convivencia de creencias originará una tradición nueva, donde los rasgos de cada cultura tendrán cierta presencia. De esta manera, se genera una nueva tra-ma de significaciones, resultado de la interacción de las visiones del mundo concurrentes en los relatos.

Las historias de brujas que examinamos1 contienen al menos dos códigos culturales, el occidental y el indígena; ambas culturas cohabitan, dando apertura a una tradición oral rica en significados.

¡SE CHISPABA SU PIERNA LA BRUJA!2

Las brujas habitualmente surgen durante la noche en los cerros, forman bolas de fuego que ruedan hacia las partes bajas, con direc-ción a las comunidades vecinas.

También pueden salir de sus moradas donde suelen dejar al amparo del sueño a sus familiares, según la versión más recurrente, quienes ignoran sus andanzas nocturnas. Así, previamente se transforman para realizar sus diligencias maléficas.

Vemos a la bruja en la cocina de su vivienda ‘‘desatornillando’’

sus piernas, para dejarlas en el tlecuilli; en su lugar se colocarán 1 Los relatos de brujas que nos ocupan fueron recopilados en San Andrés y Santa María Tonantzintla, Cholula.

En el Apéndice 1 incluimos todas las variantes, tal como fueron relatadas por los informantes (transcripción textual, sin ediciones, del discurso).

Los relatos forman pertenecen al trabajo que realizamos de recopilación de mitos y tradición oral: Seres mitológicos de la naturaleza y la sobrenaturaleza.

Antología de relatos de San Andrés, San Pedro y Santa María Tonantzintla, Cholula.

2 Con las variantes de la historia de las brujas elaboramos una anécdota que reúne todos los elementos significantes. Los relatos particulares se encuentran en el Apéndice 1.

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patas de guajolote. El pico y las alas del animal complementan sus cambios. Ya transformadas, y con el auxilio de las alas, vuelan hacia las viviendas donde ha nacido recientemente un infante, a quien aún no imponen el sacramento bautismal. Aguardan en los techos pacientemente el sueño de padres y familiares del niño para penetrar en la casa. El ojo de la cerradura o la rendija de la puerta bastan para entrar. Una vez en el interior, encuentran el dormitorio del recién nacido y aún cuando duerma protegido por el regazo de su madre, se las ingenia para succionar con su pico la sangre por la cabecita. El niño amanece muerto, con la mollera sumida, o bien se encuentran clavados en los magueyes sembrados en la parte tra-sera de la casa. Ya de regreso en su casa, devuelve la sangre del niño almacenada en el estómago. La vierte en una ollita, resguardándola en el tlecuilli, donde también había dejado sus piernas.

Por varios días se alimentará con ella.

Las brujas se pueden conjurar mediante varios artificios. Basta colocar en las habitaciones una palangana con agua y tijeras formando una cruz, un espejo, una camisa al revés o un sombrero colocado ‘‘boca arriba’’ también son de utilidad. De igual forma, pueden quemarse las piernas que dejó en el tlecuilli; a su regreso no podrá recuperar su forma humana habitual o morirá por efecto de las quemaduras.

Se ha visto a algunas brujas volando, llevando a cuestas animales que han robado de los corrales. Transportan su cargamento por los aires con rumbo desconocido. Los animales elegidos son preferentemente, cerdos.

La bruja posee facultades para realizar maleficios, transforma-ciones y acciones dañinas porque ha convenido un pacto con el Diablo o, en su defecto, porque han estudiado en libros secretos especializados.

CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DEL ESTEREOTIPO DE LA BRUJA Los rasgos de personalidad y acciones iniciales de las brujas en occidente están consignados literariamente en autores clásicos como Horacio y Virgilio. Desde entonces las brujas realizaban viajes nocturnos por los aires, elaboraban pociones para obtener el amor 56

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o envenenar a los enemigos, sacrificaban niños y podían establecer comunicación con espíritus de difuntos (Donovan, 1989: 79).

Eran designadas como sagae. Durante la Edad Media cobró forma la brujería ritual, a la cual se asoció con significados de las antiguas religiones de la fertilidad, con creencias del mundo clásico y con concepciones locales. En el Renacimiento hallamos las streghe, personajes femeninos que frecuentemente actuaban de manera positiva en la comunidad, pero en otras provocaban odio, enfermedades y muerte, particularmente a los niños (Baroja, 1990: 134).

En el libro Descubrimiento de la brujería, Reginald Scot en el siglo XVI las describía de este modo:

Las brujas son, por lo general, viejas, lisiadas, lagañosas, pálidas, desgreñadas y llenas de arrugas; pobres, hoscas, supersticiosas...

Son encorvadas y deformes, y sus rostros reflejan melancolía para horror de todos los que las ven, chochean, gruñen y son rabiosa-mente malévolas (Donovan, 1989: 96-97).

Entre las brujas, no obstante, también había mujeres de gran belleza, estigmatizadas como tales por envidia (Michelet, 1984).

Se habla incluso de niños brujos.

Estos seres obtenían las facultades para volar, elaborar elíxires, transformarse, por pactar con el Diablo; la bruja es ‘‘aquella que conociendo la ley de Dios intenta realizar alguna acción mediante un acuerdo con el Diablo’’, decía en 1580 Jean Bodin (Donovan, 1989: 153). El acuerdo tenía lugar durante la ceremonia conocida como Sabbath, 3 auténtico rito iniciático, que incluía la ceremonia del bautismo por inmersión en agua. Concurrían alrededor de 40 a 50 personas, pero los más grandes podían congregar hasta seis mil adeptos. El rito iniciaba a la hora de las brujas, las doce de la noche, y concluía con el canto del gallo (Donovan, 1989: 88).

Dado que el Sabbath ocurría en lugares solitarios y apartados de las poblaciones, como campos, bosques, cementerios, parajes consagrados, cavernas y encrucijadas, había que transportarse a grandes distancias, pero en una noche. Haciendo uso de sus habili-dades, las brujas solían frotar su cuerpo con ungüentos, confeccio-3 Se tienen noticias de que el Sabbath nace en Toulouse entre 1330 y 1340.

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nados con psicotrópicos o grasa de niños,4 y de esta manera emprendían el vuelo montadas en palos, escobas o azadones para estar puntualmente en el bosque, donde el Diablo presidiría el rito bajo la forma de macho cabrío, asno, sapo, o algún otro animal (Rony, 1963: 155).

El Sabbaht principal era trimestral y solía celebrarse en días festivos de cierta importancia para el cristianismo: el 2 de febrero, día de la Candelaria; el 1o. de mayo, la Santa Cruz; el 1o. de agos-to, fiesta de las Primicias y el 1o. de noviembre, All Hallow E’en (Murray, 1986: 101). Durante el rito, tenían por costumbre los asis-tentes efectuar el oficio de culto encabezado por el Diablo; era el momento de la iniciación, el bautismo, confirmaciones o bodas.

Después, seguía la danza procesional, la cual finalizaba formando una rueda donde bailaban de espaldas y girando a la izquierda (Murray, 1986: 91). Después, se elaboraban elíxires y se conocía el secreto de plantas venenosas, sortilegios y palabras encantadas.

Una vez en el festín ingerían animales, carne de ahorcados y de niños; también efectuaban una confesión pública de sus actividades malignas, realizaban nuevos pactos entre brujas y el Diablo, incluida la ceremonia del beso y, al finalizar el rito, tenían acopla-mientos sexuales contra natura.

El Papa Gregorio IX, en una Bula de 1232 da su versión de un rito iniciático durante el Sabbath: Cuando se recibe a un novicio y se le introduce por vez primera en la asamblea de los réprobos, se le aparece una especie de rana; otros dicen que un sapo. Dándole algunos un innoble beso en el trasero, otros en la boca, chupando con la suya la lengua y babas del animal... Avanzando el novicio llega hasta un hombre de prodigiosa palidez, de ojos negros, con el cuerpo tan delgado y extenuado que parece que las carnes todas le faltan y que no tiene más que la piel y los huesos. Bésale el novicio y nota que está frío como el hielo.

4 Los ungüentos para volar se confeccionaban, según Scot, hirviendo a los niños en enormes calderos, de donde las brujas recogían ‘‘la grasa de los niños pequeños

[preferentemente sin bautizar], y la cuecen en un recipiente de bronce, retirando la parte más espesa que queda hervida en el fondo, la cual recogen y guardan hasta que se presente la ocasión de hacer uso de ella’’ (Donovan, 1989: 67).