La pared
Siempre que los nietos del tío Rabosa se encontraban con los hijos de la viuda de Casporra en las sendas de la huerta o en las calles de Campanar, todo el vecindario comentaba el suceso. ¡ Se habían mirado ! . . . ¡Se insultaban con el gesto! . . . Aquello acabaría mal, y el día menos pensado el pueblo sufriría un nuevo disgusto. El alcalde, con los vecinos más notables, predicaba paz a los mocetones de las dos familias enemigas, y allá iba el cura, un vejete de Dios, de una casa a...
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