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La Verdad / La Vérité

Marqués de Sade

Traducido por Ricardo Zelarayan

Atuel – Anáfora, Buenos Aires, 1995

Serie Impar dirigida por Germán L. García Título original:

La Vérité, 1777

La paginación se corresponde

con la edición impresa. Se han

eliminado las páginas en blanco.

Prefacio

LA VÉRITÉ, pieza encontrada entre los papeles de La Mettrie: tal es el título exacto del opúsculo en verso y en prosa que hoy tenemos la gran fortuna de publicar por primera vez a partir del manuscrito autográfico inédito del marqués de Sade. Ese manuscrito, que an-tiguamente formaba parte de la colección “La Sicotiere”, está com-puesto de cuatro hojas sin refilar de papel vergé azulado, cosido a un cuaderno de 15,5 por 19,5 centímetros. Esta es la breve descripción de su contenido: páginas 1 a 4 y comienzo de la página 5: un poema de ciento treinta y seis versos alejandrinos de rima plana, con abundantes tachaduras y correcciones, una variante obscena de cin

-

co versos en el margen de la página 2 y un proyecto de frontispicio en el margen de la página 4; páginas 5 a 7: ocho Notas, que corresponden a ot a

r s tantas llamadas en el cuerpo del poema; la pági-na 8 está en blanco.

En una rápida lectura de este poema filosófico y de las notas que lo acompañan, aparece inmediatamente lo específicamente Sadista, tanto la expresión como la doctrina de las que el marqués es autor, a pesar del nombre de La Mettrie bajo el que, por prudencia, creyó tener que esconderse. Pero el solo aspec o t del manuscrito, tachado y

corregido, bastaría para identificarlo como una obra personal.

En cuanto a la fecha de composición de La Vérité, no hay ninguna observación decisiva que nos permita establecerla con certeza.

El examen de la escritura y del papel nos inclinaría a pensar que el poema vio la luz en La Bastilla, alrededor de 1777.

Debemos señalar que en la elección del nombre de La Mettrie 9

—citado en Juliette— Sade ha tenido sin duda más en cuenta las interpretaciones difamatorias de las que había sido objeto por parte de los mismos filósofos que se habían inspirado en ellas que el contenido real de la teoría de este precursor. D’Holbach, levantándose contra los ateos en el Sistema de la Naturaleza, “quienes han nega-do la distinción del vicio y de la virtud”, no había dicho que el autor del Hombre–máquina “ha razonado sobre las costumbres como un frenético”. De hecho si La Mettrie, verdadero “burro de carga” de la filosofía de las luces, reivindicó para el individuo el derecho a gozar sin ninguna traba y si ha pretendido aliviarlo de remordimientos, “esa pesada carga de la vida”, lejos de tener el propósito de ase-gurar la suerte, como lo acusa Diderot, “la inmortalidad del malvado”, sostuvo por el contrario que la embriaguez de la voluptuosidad, además de sernos “inmediatamente dada” es la que “nos hace mejores”, porque “un ser satisfecho y feliz es un ser dulce y benévolo”.1 Sa-de, a lo largo de toda su obra, se convertirá en el campeón de la teoría opuesta, no pudiendo admitir describir la conjunción erótica de otra manera que a la luz de las perversiones más laboriosas al mismo tiempo que las más crueles.2

El poema que vamos a leer con una diversificación mucho más consistente y armoniosa que la de la tragedia de Jeanne Laisné—

nos da cuenta, en una forma lapidaria, a menudo provista de liris-mo, de los principales aspectos de la doctrina de Sade. En efecto La Vérité aparece ante todo como una sátira antireligiosa, más de un tercio de su contenido es una apología del desencadenamiento inte-1 Esas tres expresiones no pertenecen a Le Mettrie, sino a uno de sus comen-taristas modernos, Maurice Solovine, pero que traducen sin embargo exacta-mente el pensamiento del moralista.

2 A Pierre Naville se le debe el atinado cuadro de tres filosofías comparadas:

“Las antinomias de la física materialista y de la moral utilitarista quedan irre-soluble en La Mettrie”. En D’Holbach y Diderot, éstas son abolidas en la búsqueda de un nuevo equilibrio social. En Sade, explotan en provecho de la sensibilidad individual, la única naturalidad y el enemigo de las Leyes de la Sociedad.

10

gral de los instintos inmorales. Agreguemos que seis notas de cada ocho (las otras dos corresponden a la religión) refuerzan esta apología, y que una imagen liminar proyectada por el autor, debía reves-tirla de un brillo supremo, sobre los géneros conjugados del homici-dio y de la predicación heterosexual. Pero el crimen no es sólo el más poderoso de los afrodisíacos: conforme a las intenciones sagradas de la Naturaleza, que no destruye más que para transmutar y multipli-car, lo que engendra es una embriaguez metafísica. Así, según Sade, a la idea de Dios, se opone un panteísmo bárbaro3 Aquí entonces La Vérité, que podría servir de oriflama a la doble epopeya de Justine y de Juliette. Si todos los trabajos de Sade hubiesen perecido, ex-ceptuando este poema, sin duda los más ávidos movimientos de su lenguaje nos habrían sido robados a nuestra admiración, pero al menos lo que resuena como el mandamiento inaugural de su papado demoníaco hubie a l

r legado hasta nosotros. 4

G. Lely

Traducción del francés

SUSANA LAURO

3 Del cual el frontispicio de Jacques Hérold (junto a los ejemplares sobre Ja-pón) nos ofrece una sorprendente alegoría. Esta plancha, grabada en 1945 e inédita, esperaba desde hacía quince años su perfecto destino.

4 Elaboración del texto. Hemos normalizado la ortografía y la puntuación, muchas veces caprichosas del autor. Se encontrará in fine, con las lecciones primitivas rayadas en el manuscrito, la indicación de algunos versos restableci-dos cuidadosamente por nosotros.

11

La vérité

Quelle est cette chimère impuissante et stérile, Cette divinité que prêche à l’imbécile

Un ramas odieux de prêtres imposteurs?

Veulent–ils me placer parmi leurs sectateurs?

Ah! jamais, je le jure, et je tiendrai parole, Jamais cette bizarre et dégoûtante idole, Cet enfant de délire et de dérision

Ne fera sur mon cieur la moindre impression.

Content et glorieux de mon épicurisme,

Je prétends expirer au sein de l’athéisme Et que l’infâme Dieu dont on veut m’alarmer Ne soit conçu par moi que pour le blasphémer.

Oui, vaine illusion, mon âme te déteste, Et pour t’en mieux convaincre ici je le proteste, Je voudrais qu’un moment tu pusses exister Pour jouir du plaisir de te mieux insulter.

Quel est–il en effet ce fantôme exécrable, Ce jean–foutre de Dieu, cet être épouvantable Que rien n’offre aux regards ni ne montre à l’esprit, Que l’insensé redoute et dont le sage rit, Que rien ne peint aux sens, que nul ne petit comprendre, Dont le culte sauvage en tous temps fit répandre Plus de sang que la guerre ou Thémis en corroux Ne purent en mille ans en verser parmi nous1?

(1) On évalue à plus de cinquante millions d’individus les pertes occas onnées pa i

r

les guerres ou massacres de religion. En est–il une seule d’entre elles qui vaillent seulement le sang d’un oiseau? et la philosophie ne doit–elle pas s’armer de toutes 12

D.A.F. DE SADE

La verdad

¿Qué es este monstruo, esta quimera impotente y estéril, Esta divinidad que una odiosa corte

De curas impostores predica a los imbéciles?

¿Quieren acaso incluirme entre sus seguidores?

¡Ah no! Juro y mantendré mi palabra,

Jamás este ídolo ridículo y repugnante,

Este hijo de delirio y la irrisión

Dejará huella alguna en mi corazón.

Contento y orgulloso de mi epicureísmo

Quiero expirar en el seno del ateísmo

Y que al Dios infame con que quieren asustarme Sólo lo conciba para blasfemarlo.

Sí, vana ilusión, mi alma te aborrece,

Y para convencerte más aquí lo reafirmo, Yo quisiera que pudieses existir por un momento Para gozar del placer de insultarte mejor.

¿Qué es realmente este fantasma execrable Ese Don nadie de Dios, ser lamentable

Que nada ofrece a la mirada ni nada dice a la mente, De quien teme el loco y ríe el sabio,

Que nada dice a los sentidos, que nadie puede comprender, Cuyo culto salvaje derramó en todos los tiempos Más sangre que la guerra o la furia de Temis Pudieron derramar en mil años en la Tierra?1

(1) Se calcu a

l , en más de c n

i cuenta mi lones el número de muertos en las guerras o matanzas de rel g

i ó

i n ¿

. Acaso una sola de el a

l s va e

l la sangre de un pá a

j ro ¿

? Y la

filosofía no debe armarse toda para aniquilar a un D o i s en nombre de c

l ua s

l e in-

13

J’ai beau l’analyser, ce gredin déifique, J’ai beau l’étudier, mon æil philosophique Ne voit dans ce motif de vos religions

Qu’un assemblage impur de contradictions Qui cède à l’examen sitôt qu’on l’envisage, Qu’on insulte à plaisir, qu’on brave, qu’on outrage, Produit par la frayeur, enfanté par l’espoir (2), Que jamais notre esprit ne saurait concevoir, Devenant tour à tour, aux mains de qui l’érigé, Un objet de terreur, de joie ou de vertige Que l’adroit imposteur qui l’annonce aux humains Fait régner comme il veut sur nos tristes destins, Qu’il peint tantôt méchant et tantôt débonnaire, Tantôt nous massacrant, ou nous servant de père, En lui prêtant toujours, d’après ses passions, Ses mæurs, son caractère et ses opinions: Ou la main qui pardonne ou celle qui nous perce.

Le voilà, ce sot Dieu dont le prêtre nous berce.

Mais de quel droit celui que le mensonge astreint Prétend–il me soumettre à l’erreur qui l’atteint?

Ai–je besoin du Dieu que ma sagesse abjure pièces pour exterminer un Dieu en faveur duquel on immole tant d’êtres qui valent mieux que lui, n’y ayant assurément rien de plus détestable qu’un Dieu, aucune idée plus bête, plus dangereuse et plus extravagante?

(2) L’idée d’un Dieu ne naqui jamai

t

s chez les hommes que quand ils craignirent ou qu’ils espérèren ; c’est à cel

t

a seul qu’il faut attribuer la presque unanimité des hommes sur cette chimère. L’homme, universellement malheureux, eut dans tou s

le lieux et dan tou

s

s les temps des motifs de creainte et d’espiir, et partout il invo-quia la cause qui le tourmen ai

t t, comme partout il espéra la fin de ses maux. En invoquant l’ê re qu

t

’il en supposait la cause, trop ignorant ou trop crédule pour senti que le malheur inévitablement an

r

nexé à son existence n’avait d’autre cause que lanature même de cette existence, il créa des chimères auxquelles il renonça, dès que l’étude et l’expé i

r ence lui en eurent fait sentir l’inutilité.

14

Me place analizar a este bribón divinizado, Me place estudiarlo, mi ojo filosófico

Sólo ve en vuestras religiones

Una mezcla impura de contradicciones

Que no resiste un examen si se la considera, Que se insulta con placer, se injuria y se ultraja, Producto del miedo, creación de la esperanza,2

Que nuestra mente nunca podría concebir, Convertido alternativamente, según quien lo exalte, En objeto de terror, de alegría o de vértigo Que el astuto impostor que lo anuncia a los hombres Hace reinar a su gusto sobre nuestros tristes destinos, Pintándolo como malvado o como bondadoso Ora matándonos, ora haciendo de padre,

Adjudicándole siempre, según sus pasiones, Sus costumbres, su carácter y sus opiniones: La mano que perdona o que nos asesina.

He ahí el Dios tonto con que nos adormece el cura.

Pero, ¿con qué derecho el condenado por mentiroso Pretende someterme al error que lo aqueja?

¿Acaso necesito del Dios abjurado por mi saber molan tantos seres que valen más que él, no habiendo seguramente nada más detestable que un Dios, ninguna idea más torpe, más peligrosa y extravagante?

(2) La idea, de un Dios siempre surgió, entre los hombres, del miedo o de la esperanza. Sólo a ello hay que atribuir la casi unanimidad de los hombres con respecto a esta monstruosa quime a.

r Universalmente desdichado, el hombre tuvo en todos los tiempos y en todas partes motivos de temor y de esperanza, e invocó en todas partes la cau a de su tor

s

mento, así como la espera del fin de sus males. Al in-vocar a quien supuestamente era la causa de ellos, el hombre, por demás ignoran-te o demasiado crédulo para sentir que la desgracia inevitablemente ligada con su existencia, no encontró otra causa que la naturaleza misma de su existencia, y entonces creó fantasmas, quimeras, y desde ese momento impidió que el estudio y la experiencia le hicieran sentir la inutilidad de ellos.

15

Pour me rendre raison des lois de la nature?

En elle tout se meut, et son sein créateur Agit à tout instant sans l’aide d’un moteur3.

A ce double embarras gagne–je quelque chose?

Ce Dieu, de l’univers démontre–t–il la cause S’il crée, il est créé, et me voilà toujours Incertain, comme avant, d’adopter son recours.

Fuis, fuis loin de mon cæur, infernale imposture; Cède, en disparaissant, aux lois de la nature: Elle seule a tout fait, tu n’es que le néant Dont sa main nous sortit un jour en nous créant.

Evanouis–toi donc, exécrable chimère!

Fui loin de ces climats, abandonne la terre Où tu ne verras plus que des cæurs endurcis Au jargon mensonger de tes piteux amis!

Quant à moi, j’en conviens, l’horreur que je te porte Est à la fois si juste, et si grande, et si forte, Qu’avec plaisir. Dieu vil, avec tranquillité, Que dis–je? avec transport, même avec volupté, Je serais ton bourreau, si ta frêle existence Pouvait offrir un point à ma sombre vengeance, Et mon bras avec charme irait jusqu’a ton cæur De mon aversion te prouver la rigueur.

Mais ce serait en vain que l’on voudrait t’atteindre, (3) La plus légère étude de la nature nous convainc de l’éternité du mouvement chez elle, et cet examen attentif de ses lois nous fait voir que rien ne périt dans elle et que lle se régénère sans cesse par le seul effet de ce que nous croyons qui l’offense ou qui paraît détruire ses ouvrages. Or si les destructions lui sont nécessaires, la mort devient un mot vide de sens: il n’y a plus que des transmutations et point d’extinction. Or la perpétuité du mouvement dans elle anéantit toute idée d’un moteu .r

16

Para comprender las leyes de la naturaleza?

En ella todo se estremece, y su seno creador Actúa a cada instante sin ayuda de motor.3

¿Acaso gano algo con esa doble confusión?

¿Acaso este Dios explica el origen del universo?

Si él crea, ha sido creado, y así siempre Me siento impedido, como antes, de adoptar su prédica.

Huye, huye lejos de mi corazón, infernal impostura; Sométete, al desaparecer, a las leyes de la naturaleza; Sólo ella ha hecho todo, tú sólo eres la nada De donde ella nos sacó un día creándonos!

¡Desvanécete pues, execrable quimera!

¡Huye lejos de estos climas, abandona la Tierra Donde sólo encontrarás corazones endurecidos Por la jerga mentirosa de tus piadosos amigos!

En cuanto a mí, confieso que el horror que me produces Es a la vez tan justo, grande y fuerte,

Que con placer, vil Dios, y con tranquilidad,

¿Qué digo?, y también con transporte y voluptuosidad.

Yo sería tu verdugo, si tu frágil existencia Pudiera ofrecerme un punto de referencia Para mi sombría venganza, y mi brazo

Pudiera llegar encantado hasta tu corazón Para probarte el rigor de mi aversión.

Pero sería inútil querer alcanzarte

(3) El más somero estudio de la naturaleza, basta, para convencernos de la eternidad del movimiento en ella, y este examen minucioso de sus leyes nos permite ver que nada de ella muere, que la naturaleza se regenera sin cesar por el solo efecto de lo que nosotros creemos que la ofende o que parece destruir sus obras. Pero al mismo tiempo que necesita las destrucciones, la palabra muerte se vacía de sentido: ya sólo hay transmutaciones y nada de extinción, aunque la perpetuidad del movimiento elimina en ella toda idea de motor.

17

Et ton essence échappe à qui veut le contraindre.

Ne pouvant t’écraser, du moins, chez le mortels, Je voudrais renverser tes dangereux autels Et démontrer à ceux qu’un Dieu captive encore Que ce lâche avorton que leur faiblesse adore N’est pas fait pour poser un terme aux passions.

O mouvements sacrés, fières impressions, Soyez à tout jamais l’objet de nos hommages, Les seuls qu’on puisse offir au culte des vrais sages, Les seuls en tous le temps qui délectent leur cæur, Les seuls que la nature offre à notre bonheur!

Cédons à leur empire, et que leur violence, Subjuguant nos esprits sans nulle résistance, Nous fasse impunément des lois de nos plaisirs: Ce que leur voix prescrit suffit à nos désirs4.

Quel que soit le désordre où leur organe entraîne, Nous devons leur céder sans remords et sans peine, Et, sans scruter nos lois ni consulter nos mæurs, (4) Rendons–nous indistinctement à tout ce que les passions nous inspirent, et nous serons toujours heureux. Méprisons l’opinion des hommes: elle n’est que le fruit de leurs préjugés. Et quant à notre conscience, ne redoutons jamais sa voix lorsque nous avons pu l’assouplir: l’habitude aisément la réduit au silence et méta-morphose bientôt en plaisir les plus fâcheux souvenirs. La conscience n’est pas l’organe de la nature; ne nous y trompons pas, elle n’est que celui des préjugés: vain-quons–les, et la conscience sera bientôt à nos ordres. Interrogeons celle du sauvage, demandons–lui si elle lui reproche quelque chose. Quand il tue son semblable et qu’il Le dévore, la nature semble parler en lui; la conscience est muette; il conçoit ce que les sots appelent le crime, il l’exécute; tout se tait, tou est tr t

anquille, et il a

servi la nature par l’action qui plaît le mieux à cette nature sanguinaire dont le crime entretient l’énergie et qui ne se nourrit que des crimes.

18

Tu esencia elude a quien quiere cercarla.

Por no poder aplastarte entre los mortales, Quisiera al menos destruir tus peligrosos altares Y mostrar a quienes se sienten aún cautivados por Dios Que ese cobarde aborto que adora la debilidad de ellos No está hecho para limitar las pasiones.

¡Oh movimientos sagrados, audaces impresiones, Sed para siempre el objeto de nuestros honores, Los únicos que pueden ofrecerse en el culto de los verdaderos sabios,

Los únicos en todos los tiempos que deleitan su corazón, Los únicos que ofrece la naturaleza a nuestra felicidad.

Aceptemos su imperio, y que su violencia, Subyugando nuestras mentes sin la menor resistencia, Convierta impunemente nuestros placeres en leyes: Lo que prescribe su voz basta para nuestros deseos.4

Sea cual fuere el desorden donde nos conduzca Debemos aceptarlo sin pena ni remordimientos, Y, sin consultar nuestras leyes ni nuestras costumbres, (4) Volvamos indistintamente a todo lo que nos inspiran las pasiones y así sere-mos siempre felices. Despreciemos la opinión de los hombres que es sólo el fruto de sus prejuicios. Y en cuanto a nuestra conciencia, nunca temamos su voz si hemos logrado dominarla: la costumbre la reduce fácilmente al silencio y muy pronto convierte en placenteros a los recuerdos más desagradables. La conciencia no es el órgano de la naturaleza; no nos engañemos, es el órgano de los prejuicios. Venzá-

moslos y enseguida la conciencia se pondrá a nuestras órdenes. Interroguemos la conciencia del salvaje, preguntémosle si tiene algo que reprocharse. Cuando mata a un semejante y lo devora, la naturaleza parece hablar en él; la naturaleza es mu-da, él concibe lo que los tontos llaman crimen y lo realiza. Todo calla, todo está tranquilo, y él ha servido a la naturaleza a través de la acción que más le place a esta naturaleza sanguinaria en la cual el crimen mantiene la energía, y que sólo se alimenta de crímenes.

19

Nous livrer ardemment à toutes les erreurs Que toujours par leurs mains nous dicta la nature.

Ne respectons jamais que son divin murmure; Ce que nos vaines lois frappent en tous pays Est ce qui pour ses plans eut toujours plus de prix.

Ce qui paraît à l’homme une affreuse injustice N’est sur nous que l’effet de sa main corruptrice, Et quand, d’après nos mæurs, nous craignons de faillir, Nous ne réussissons qu’à a la mieux accueillir5.

Ces douces actions que vous nommez des crimes, Ces excès que les sots croyent illégitimes, Ne sont que les écarts qui plaisent à ses yeux, Les vices, les penchants qui la délectent mieux; Ce qu’elle grave en nous n’est jamais que sublime; En conseillant l’horreur, elle offre la vitime: Frappons–la sans frémir, et ne craignons jamais D’avoir, en lui cédant, commis quelques forfaits.

Examinons la foudre en ses mains sanguinaires: Elle éclate au hassard, et le fils, et les pères, Les temples, les bordels, les dévots, les bandits, Tout plaît à la nature: il lui faut des délits.

Nous la servons de même en commettant le crime: Plus notre main l’étend et plus elle l’estime6.

(5) Et comment pourrions–nous être coupables quand nous ne faisan qu’obéir aux impressions de la nature? Les hommes, et les lois qui sont l’ouvrage des hommes, peuvent nous considérer comme tels, mais la nature jamais. Ce ne serait qu’en lui résistant que nous pourrions être coupables à ses yeux. Tel est le seul crime possi-ble, le seul dont nous devions nous abstenir.

(6) Aussitôt qu’il est démontré que le crime lui plaît, l’homme qui la servira la mieux sera nécessairement celui qui donnera le plus d’extension ou de gravité à ses crimes, en observant que l’extension lui plaît mieux encore que la gravité, car le meurtre ou le parricide, quelque différence qu’y établissent les hommes, sont absol-20

Entregarnos ardientemente a todos los excesos Que siempre nos indica la naturaleza con sus manos.

Respetemos siempre su susurro divino.

Lo más preciado para sus planes

Es lo que inútiles leyes castigan en todos los países.

Lo que parece al hombre una terrible injusticia No es más, para nosotros, que el efecto de su mano corruptora,

Y cuando, según nuestras costumbres, tememos infringirla En realidad logramos honrarla mejor.5

Esas bellas acciones que vos llamáis crímenes, Esos excesos que los tontos creen ilegítimos, Son sólo las desviaciones que agradan a sus ojos, Los vicios, las inclinaciones que le agradan más.

Lo que graba en nosotros es siempre sublime; Aconsejando el terror, ella ofrece la víctima: Golpeemos sin vacilar y nunca temamos

Por haber cometido crímenes cediendo a sus impulsos.

Pensemos en el rayo en sus manos sanguinarias, Que estalla al azar, y los hijos, y los padres, Los templos, los burdeles, los devotos, los bandidos, Todo agrada a la naturaleza: necesita delitos.

También la servimos cometiendo crímenes.

Cuando nuestra mano ataca ella la estima más.6

(5) ¿Cómo podríamos ser culpables si no hacemos mas que obedecer a los impulsos de la naturaleza? Los hombres y las leyes que son obra de ellos, pueden consi-derarnos como tales, pero jamás la naturaleza. Sólo seríamos culpables para ella si la resistiéramos. Ese sería el único crimen posible, el único que no debemos cometer.

(6) Una vez demostrado que el crimen le agrada, el hombre más útil para ella será necesariamente el que dé mayor extensión e importancia a sus crímenes, acla-rando que la extensión le agrada más que la gravedad, pues el asesinato o el parricidio, sea cual fue e la dif

r

erencia que establezcan los hombres, son exactamen-21

Usons des droits puissants qu’ella excerce sur nous En nous livrant sans cesse aux plus monstrueux goûts7: Aucun n’est défendu par ses lois homicides, Et l’inceste, et le viol, le vol, les parricides, Les plaisirs de Sodome et le jeux de Sapho, Tout ce qui nuit à l’homme ou le plonge au tombeau, N’est, soyons–en certains, qu’un moyen de lui plaire.

En renversant les deiux, dérobons leur tonnerre Et détruisons avec ce foudre étincelant

Tout ce qui nous déplaît dans un monde effrayant.

N’épargnons rien surtout: que ses scélératesses Servent d’exemple en tout à nos noires prouesses.

Il n’est rien de sacré: tout dans cet univers Doit plier sous le joug de nos fougueux travers8.

Plus nous multiplierons, varierons l’infâmie, ument le même chose à ses yeux. Mais celui qui aura commis le plus de désordres dans l’univers lui plaira toujours bien davan age que celui qui se ser t

a arrêté au

premier pas. Que cette vérité mette bien à l’aise ceux qui lâchent la bride à leurs passions, et qu’ils se convainquent bien qu’ils ne servent jamais mieux la nature qu’en multipliant leurs forfaits.

(7) Ces goûts ne sont vraiment utiles et chers à la nature qu’autant qu’ils propagent, qu’ils étendent ce que les hommes appellent le désordre. Plus ils coupent, sapent, détériorent, détruisent, plus ils lui sont précieux. L’éternel besoin quelle a de destruction sert de preuve à cette assertion; détruisons donc ou empêchons de naître, si nous voulons être utiles à ses plans. Ainsi le masturbateur, le meurtrier, l’infanticide, l’incendiaire, le sodomite, sont des hommes selon ses désirs et ceux que nous devosn par conséquent imiter.

(8) S’imposer des freins ou des barrières dans la route du crime serait visiblement outrager le lois de la nature qui nous livre indistinctement tous le êtres dont elle nous entoure sans jamais motiver d’exception, parce qu’el e méco l

nnaît nos chaînes

et nos liens, que toutes ces prétendues destructions sont nulles à ses yeux, que la frère qui couche avec sa saur ne fait pas plus de mal que l’amant qui couche avec sa maîtresse et que le père qui immole son fils n’outrage pas davantage lanature que le particulier qui assassine un inconnu sur le grand chemin. Aucune de ces différences n’existe à ses yeux: ce quelle veut, c’est le crime; n’importe la main qui le commet ou le sein sur lequel il est commis.

22

Usemos los poderosos derechos que ejerce sobre nosotros Entregándonos sin cesara las más monstruosas aberraciones.7

Nada está prohibido por sus leyes homicidas, Y el incesto, la violación, los parricidios, Los placeres de Sodoma y los juegos de Safo, Todo lo daña al hombre o lo lleva a la tumba, Sólo son, estemos seguros, maneras de complacerla.

Al acabar con los dioses, robémosles el trueno Y con el rayo incandescente destruyamos

Todo lo que nos desagrada en un mundo abominable.

Sobre todo, no ahorremos nada: que sus maldades Sirvan de ejemplo para nuestras proezas.

Nada es sagrado: todo en este universo

Debe ceder al yugo de nuestras fogosas tendencias.8

Cuanto más nos multipliquemos, variaremos la infamia, te lo mismo para, la naturaleza. Pero aquel que hubiera cometido el mayor núme-ro de desórdenes siempre le agradará más que el que se detiene en el primer paso.

Que esta verdad satisfaga plenamente a quienes dan rienda suelta a sus pasiones, para que se convenzan que nunca servirán mejor a la naturaleza que multipli-cando sus crímenes.

(7) Estas tendencias sólo serán útiles y apreciadas por la naturaleza en la medida en que propaguen y extiendan lo que los hombres llaman desorden. Cuanto más corten, hundan, deterioren y destruyan, tanto más valiosos serán. La eterna neces dad de destrucción que tiene la na i

turaleza prueba esta afirmación. Destru-

yamos pues o impidamos nacer, si queremos ser útiles para, sus planes. Así, el mas-turbador, el asesino, el infanticida, el incendiario y el sodomita son hombres que responden a sus deseos y son, por consiguiente, los que debamos imitar.

(8) Imponerse frenos o poner barreras en el camino del crimen sería evidentemen-te ultrajar las leyes de la naturaleza, que nos libera por igual a los seres que rodea sin ninguna excepción, porque ella desconoce nuestras cadenas y vínculos. Todas esas presuntas destrucciones no existen para ella: el hermano que se acuesta con la hermana no hace más mal que el amante que se acuesta con su querida, y el padre que inmola a su hijo no ultraja más que quien asesina a un desconocido en una ruta. Para la naturaleza no existe ninguna de esas diferencias. Ella desea el crimen y no importa, la mano que lo cometa ni el cuerpo en el cual es cometido.

23

Mieux nous la sentirons dans notre âme affermie, Doublant, encourageant nos cyniques essais, Pas à pas chaque jour nous conduire aux forfaits.

Après les plus beaux ans si sa voix nous rappelle, En nous moquant des dieux retournons auprès d’elle: Pour nous récompenser son creuset nous attend; Ce que prit son pouvoir, son besoin nous le rend.

Là tout se reproduit, là tout se régénère; Des grands et des petits la putain est la mère, Et nous sommes toujours aussi chers à ses yeux, Monstres et scélérats que bons et vertueux.

24

La sentiremos mejor en nuestra alma obstinada En repetir, en alentar nuestros cínicos intentos Para llevarnos diariamente y paso a paso a los crímenes.

Después de los mejores años, si su voz nos llama, Regresemos junto a ella burlándonos de los dioses; Su crisol nos aguarda para recompensarnos; Lo que adquiere su poder, nos lo devuelve su necesidad.

Allá todo se reproduce, todo se regenera; La puta es la madre de los grandes y de los pequeños, Y todos nosotros siempre somos muy queridos para ella, Monstruos y malvados como buenos y virtuosos.

25

[Projet de frontispice]

En nous livrant sans cesse aux plus monstrueux goûts.

CE VERS sera au bas de l’estampe, laquelle représente un beau jeune homme nu enculant une fille également nue. D’une main il la saisit par le cheveux et le retourne vers lui, de l’autre il lui enfonce un poignard dans le sein. Sous ses pieds sont le trois per-sonnes de la Trinité et tous le hochets de la religion. Au–dessus, la Nature, dans une gloire, le couronne de fleurs.

26

(Proyecto de frontiscipio)

Librándonos sin cesar a los gustos más monstruosos ESTE VERSO estará debajo de la estampa, que representa un hombre desnudo, joven y bello, penetrando a una joven también desnuda. Con una mano la agarra de los cabellos y la atrae hacia él, con la otra le hunde un puñal en un seno. A sus pies están las personas de la Trinidad y los chirimbolos de la religión. Esta escena está coronada por las flores de una Naturaleza en toda su gloria.

Traducción del francés

RICARDO ZELARAYAN

27

LEÇONS PRIMITIVES

rayées dans le manuscrit et Notes.

Page II, vers 3: Un ramas dégoûtant...

Id., v. 8: aucune impression...

Id., v. 9: Heureux et glorieux...

Id., v. 10: Je veux vivre et mourir...

P. 12, v. 2: a) Oui, chimère odieuse, oui, oui, je te déteste...

b) Oui, vaine illusion, oui, oui, je te déteste...

Id., v. 3: hélas, je le proteste...

Id., v. 4: Vers rétabli par nous. Le ms. contient: Je voudrais un momento que tu pusses exister...

Id., v. 6: a) Quel est–il, ce Dieu vain, cet être épouvantable...

b) Ce méprisable Dieu, cet être épouvantable...

P. 13, v. 2: Qu’on insulte sans peur...

Id., v. 8: sur nos sombres destins...

Id., v. 12: ou ses opinions...

P. 14, v. 12: détestable chimère...

P. 15, v. 2–6: En marge, une variante non rayée: Je me mas-turberais sur ta divinité, // Ou je t’enculerais, si ta frêle existence

// Pouvait offrir un cul à mon incontinence, // Puis d’un bras vigoureux j’arracherais ton cæur // Pour te mieux pénétrer de ma profondo horreur.

Id., v. 10: Renversons à jamais tes...

Id., v. 11: Et démontrons à ceux qui te craignent encore...

Id., v. 17–18 et p. 16, v. 1: Vers rétablis par nous. Le ms. contient: Le seul qu’on puisse..., Le seul en tous le temps..., Le seul que la nature...

P. 16, v. 2: Cédons aux passions et que leur violence...

Id., v. 3:

Id., v. 6: Subjuguent tous nos sens...

où leurs organes...

Id., v. 9: à toutes les horreurs...

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ld., v. 13: Forment ce qui convient le mieux... Le reste est indéchiffrable sous les ratures.

P. 17, v. 9: Elle éclate aus hasard sur le filles, le pères...

ld., v. 18: Les écarts de Sodome...

P. 18, v. 1: Où tout ce qui conduit l’homme... Le reste est indéchiffrable sous les ratures.

ld., v. 4: Et foudroyant avec, impitoyablement...

ld., v. 10: Vers rétabli par nous. Le ms. contient: Plus nous multiplions, varions...

ld., v. 14: Après les plus beaux jours...

P. 19, v. 2: la friponne est la mère...

ld., v. 3: Vers rétabli par nous. Le ms. contient: aussi cher à nos yeux...

Note 2, p. 22, ligne 6: Membre de phrase rétabli par nous. Le ms. contient: quand il invoquait l’être qu’il en supposa la cause...

N. 8, p. 26, l. 9–10: Membre de phrase rétabli par nous. Le ms.

contient: le père qui immole son fils ne l’outrage pas davantage...

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Sade en la actualidad

A los 50 años, cuando Sade deja una cárcel, escribe: “En una palabra: he perdido la vista, el pecho; por falta de ejer-cicio he adquirido una corpulencia tan enorme que apenas si soy capaz de moverme; todas mis sensaciones se han apa-gado; ya no me satisface nada, no me gusta nada; el mundo, que tenía la locura de hechar tanto de menos, me parece tan aburrido... tan triste... Hay momentos en los que me dan ganas de entrar en la Trapa (...)” (Carta a Gaufridy, París, comienzos de mayo de 1790).

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Y cada tanto, Sade

EN 1968 LA EDITORIAL JORGE ALVAREZ, cuya historia está por hacerse, había creado la versión local de Ed. du Cercle du Livre Précieux, editora francesa de Sade que rechazó el prólogo para La filosofía del tocador de Jacques Lacan, publicado con el título

“Kant con Sade” en la revista Critique (núm. 191, abril de 1963). Por entonces la revista Adán y la izquierda norteamerica-na se difundían en los mismos lugares que los primeros ecos del estructuralismo y los últimos consumidores del happening.

Sade, en ese momento, era lo que decían de sus libros gente como Blanchot, Klossowski, Sollers, Barthes.

La revista Antropos, dirigida por Horacio González Trejo, publicó un artículo mío titulado “Justine, el círculo vicioso”, donde resumía esta novela —de poca circulación entonces— y concluía con citas de Sollers, afirmando que escribir era una virtud contra el crimen y contra la virtud.

Sade era la escritura —eso decíamos—, la imposibilidad referencial y la potencia combinatoria. Pero también un “subversivo”, alguien que sumaba su voz.

Aldo Pellegrini había editado en 1964 en Ediciones Insurre-xit el Diálogo entre un sacerdote y un moribundo, donde podíamos leer que el sacerdote escuchaba —seguramente más asombrado que nosotros— lo siguiente: “He sido creado por la naturaleza con inclinaciones muy vivas y pasiones muy fuertes; me hallo en este mundo sólo para entregarme a ellas y satisfacerlas. Como es-33

tas peculiaridades de mi ser obedecen a los designios primarios de la naturaleza o, si lo prefieres, son derivaciones esenciales de las intenciones que, en razón de sus leyes, ellas proyectan sobre mí, sólo me arrepiento de no haber valorado suficientemente su omnipotencia. Mis únicos remordimientos se fundan en el mez-quino uso que hice de mis facultades (criminales para ti, para mí más simples) que la naturaleza me había otorgado para servirla.

La he resistido a veces y me arrepiento”.

Nadie leía en aquel momento que el que habla es un moribundo, que el sujeto de enunciación proclama a la vez la potencia de la naturaleza y su vocación de sirvienta contrariada por los decires de un noble preso. Se leía entonces el ataque al sistema, más cuando el mismo moribundo continuaba: “Cegado por la absurdidad de tus sistemas, en su nombre he combatido contra la violencia de los deseos, que había recibido por una inspiración mucho más divina, y me arrepiento”.

La “naturaleza” de Sade ya es el anuncio de los deberes de la estructura, del misterio del código, de la muerte que antecede en el lenguaje y se presentifica en el silencio.

Blanchot, razones blancas para estrategias negras. La subversión vino desde donde nadie la esperaba y el llamado terrorismo de Estado hizo retornar el referente excluido por la “escritura”.

Sade, enviado a prisión por Luis XV, por Luis XVI, por la Convención y por Napoleón, escribe: “Dos cosas muy distintas son amar y gozar, con mayor frecuencia se goza sin amar (...) Los goces aislados pueden tener ciertos atractivos, pueden quizá tener más que los otros goces. Si no fuera así, ¿cómo gozarían tantos viejos?... Están convencidos de que no son amados, de que es imposible que se comparta lo que ellos experimentan...

¿tienen por eso menos voluptuosidad? (...) Pedantes, verdugos, carceleros, legisladores, canalla tonsurada, ¿qué haréis cuando al-cancemos eso? ¿Qué será de vuestras leyes, de vuestra moral, de 34

vuestra religión, de vuestros patíbulos, de vuestros paraísos, de vuestros Dioses, de vuestro infierno, cuando quede demostrado que tal o cual flujo de humores, que cierta clase de fibras, que cierto grado de acritud en la sangre o en los fluidos animales bastan para hacer de un hombre el objeto de vuestras penas o de vuestras recompensas?”.

El cuerpo, sustancia gozante que no puede sufrir más de lo que soporta, se somete al imperativo de una naturaleza sin el deseo y el amor como diferente del goce.

Jacques Lacan compara el “tocador sadiano” con las escuelas de filosofía antigua (Academia, Liceo, Stoa), esos lugares donde

“se prepara la ciencia rectificando la posición de la ética”. Después de esta “provocación”, Jacques Lacan afirma que “Kant es el punto de viraje, y nunca detectado, que sepamos, como tal”.

El argumento comienza así: “La filosofía en el tocador viene ocho años después que la Crítica de la razón práctica. Si, después de haber visto que encuadra con ella, demostramos que la completa, diremos que da la verdad de la Crítica. Con esto, los postulados en que ésta se acaba: la coartada de la inmortalidad adonde rechaza progreso, santidad y aun amor, todo lo que po-dría provenir de satisfactorio de la ley, la garantía que necesita de una voluntad para quien el sujeto al que se refiere la ley fuese inteligible, perdiendo incluso el chato apoyo de la función de la utilidad en la que Kant los confinaba, devuelven la obra a su dia-mante de subversión. Con lo cual se explica la increíble exalta-ción que recibe de ella todo lector no prevenido por la piedad académica”.

El método, que parece de literatura comparada, supone la diferencia entre un saber (Kant) y una verdad (Sade) que se com-pletan (Hegel), sin ignorar por eso que Sade argumenta (saber) sobre acontecimientos que son pasiones (verdad) y que en Kant el fenómeno (saber) difiere de lo noumenal (verdad). La cascada 35

de estos clivajes se beneficia de una diferencia articulada por la lengua elemental: el bienestar (wohl) y el bien (des Gute). El bienestar particular sacrifica su objeto al bien, al imperativo. Kant excluye lo que llama “objeto patológico” para instaurar su racionalidad, mientras que Sade en un movimiento de Kantkant me-te en el baile una racionalidad transubjetiva que tiene como causa eficiente ese goce excluido.

Dejemos aquí el complejo texto de Jacques Lacan, texto que ha producido muchos otros y sobre el que se sigue escribiendo.

La conexión Kant–Sade es un viraje (“...nunca detectado, que sepamos, como tal”) también analizado en otra perspectiva por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno en su Dialéctica del iluminismo. Este libro, publicado en 1944, quizá no fuera igno-rado por Jacques Lacan. De cualquier manera, por un camino diferente, el extenso capítulo llamado “Juliette o el iluminismo moral” llega a la conclusión de que existe una convergencia entre el “objeto patológico” excluido por Kant y la explotación ex-haustiva del cuerpo como sustancia gozante que Sade expone.

Recordemos que Sade hace que sus personajes especulen a partir del racionalismo de los enciclopedistas, así como el mate-rialismo de d’Holbach y de La Mettrie.

Sade no se interesa por las contradicciones que encuentra en cada filosofía o por las contradicciones que existen entre ellas, puesto que las pone al servicio de un temperamento iluminista que ha terminado con la minoridad que, en palabras de Kant, “es la incapacidad de valerse del propio intelecto sin la guía del otro”.

Al igual que Leibniz y Descartes, la racionalidad es para Kant la “conexión sistemática” que produce un orden unitario del que se puede deducir el conocimiento de los hechos. Las leyes lógicas instauran y definen las conexiones de este orden: “El conocimiento se identifica con el juicio, que incorpora lo particular al 36

sistema. Todo pensamiento que no tienda al sistema carece de di-rección o es autoritario... La homogeneidad de lo universal y lo particular se halla garantizado, según Kant, por el esquematismo del intelecto puro, que es como él llama al obrar inconsciente del mecanismo intelectual que estructura desde el comienzo la per-cepción en conformidad con el intelecto. El intelecto imprime a la cosa, como cualidad objetiva, aun antes de que ésta entre en el yo, esa inteligibilidad que el juicio subjetivo reencontrará en ella”. (Dialéctica del Iluminismo, pág. 103).

Como dicen los autores, el sistema debe ser mantenido en armonía con la naturaleza y los hechos pronosticados por el sistema deben, a su vez, confirmarlo. Pero lo hechos pertenecen a la praxis: aprender y experimentar es siempre un obrar y un pade-