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Caratula de la edicion virtual Las grandes mentiras de nuestra historia de... y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha Francisco Bulnes

Las grandes

mentiras

de nuestra

historia

Índice

Primera edición cibernética,

marzo del 2009

Captura y diseño, Chantal López y Omar

Cortés

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Carátula de la

edición virtual Las

grandes mentiras

Presentación de Chantal

Biblioteca Virtual

de nuestra

López y Omar Cortés

Antorcha

historia, de

Francisco Bulnes

LAS GRANDES MENTIRAS DE

NUESTRA HISTORIA

Francisco Bulnes

ÍNDICE

Presentación de Chantal López y Omar Cortés.

PRIMERA PARTE.

La invasión del brigadier Barradas

Capítulo primero

La invasión española 1829.

Capítulo segundo

El desenlace inesperado de la invasión.

Capítulo tercero

Conclusiones.

SEGUNDA PARTE.

La cuestión y la guerra de Texas.

Capítulo primero

El estado mental público en 1830.

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Capítulo segundo

La lucha por la existencia.

Capítulo tercero

Las grandes responsabilidades del partido conservador.

Capítulo cuarto

La megalomanía bélica.

Capítulo quinto

Los pretorianos.

Capítulo sexto

Los graves errores de Alamán.

Capítulo séptimo

Cómo debió resolverse el problema de la esclavitud.

Capítulo octavo

La obra siniestra del militarismo.

Capítulo noveno

Los colonos maravillosos de Alamán.

Capítulo décimo

El partido liberal en la cuestión texana.

Capítulo décimoprimero

La cruzada sanguinaria contra los colonos.

Capítulo décimosegundo

El militarismo ante el enemigo nacional.

Capítulo décimotercero

La preparación de otra catástrofe.

Capítulo décimocuarto

En el campo enemigo.

Capítulo décimoquinto

Una campaña antinapoleónica.

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Capítulo décimosexto

Una campafia antinapoleónica (continuación).

Capítulo décimoséptimo

Un modelo de batalla santanista.

Capítulo décimoctavo

La responsabilidad de la retirada después del desastre.

Capítulo décimonoveno

El último grado de la bajeza y la traición.

Capítulo vigésimo

Conclusiones.

TERCERA PARTE.

La primera guerra con Francia 1838.

Capítulo primero

Los sesenta mil pesos de pasteles.

Capítulo segundo

El odio judaico.

Capítulo tercero

La crisis bélica inevitable.

Capítulo cuarto

El patriotismo vociglero.

Capítulo quinto

Un escándalo en el mundo naval.

Primera parte

Segunda parte

Capítulo sexto

El 5 de diciembre.

Primera parte

Segunda parte

Capítulo séptimo

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Indice de Las grandes mentiras de nuestra historia de Francisco Bulnes. C...y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblio La paz.

Capítulo octavo

Conclusiones.

Carátula de la

edición virtual Las

grandes mentiras

Presentación de Chantal

Biblioteca Virtual

de nuestra

López y Omar Cortés

Antorcha

historia, de

Francisco Bulnes

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Presentacion de Chantal Lopez y Omar Cortes a Las grandes mentiras de n...diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha

Índice de Las grandes

mentiras de nuestra

Primera parte -

Biblioteca Virtual

historia, de Francisco

Capítulo I

Antorcha

Bulnes

LAS GRANDES MENTIRAS DE

NUESTRA HISTORIA

Francisco Bulnes

PRESENTACIÓN

Escrito en 1903, Las grandes mentiras de nuestra historia, el voluminoso ensayo que aquí presentamos -cerca de seiscientas páginas- del, en su época, controvertidísimo político, periodista, escritor e historiador mexicano Francisco Bulnes (1847-1924), conformante del grupo de los

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Presentacion de Chantal Lopez y Omar Cortes a Las grandes mentiras de n...diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha

científicos, indiscutible brazo intelectual del porfirismo, aborda tres momentos cruciales del México recién independizado:

1.- La expedición del Brigadier Barradas, fállido intento español de reconquista;

2.- El conflicto escisionista texano, y;

3.- El primer conflicto bélico con Francia, conocido como La guerra de los

pasteles.

Pero el tema central que da base, coherencia y sentido al ensayo, no es otro que la descarnada crítica al general Antonio López de Santa Anna y su partido.

En efecto, Pancho Bulnes, como le llamaba sus cuates, pone como auténtica cola de cochino al renombrado general Antonio López de Santa Anna, por muchos tenido como su alteza serenísima, a quien de inepto, mentiroso, cobarde y traidor no baja. Pero, dado que el santanismo jugó importantísimo papel en el México recién independizado, resulta

prácticamente imposible abordar la historia patria de las décadas de 1830 y 1840 sin toparnos con ese movimiento.

Considerado como un héroe nacional por buena parte de la generación de mexicanos que enfrentó toda la problemática intrínseca al logro de la independencia de la monarquía hispana, al que veía como el personaje

non plus ultra de aquellos tiempos, Antonio López de Santa Anna es materialmente despedazado por la corrosiva crítica desarrollada a lo largo de este trabajo de Francisco Bulnes. Lejos de concebírsele como un

héroe, Santa Anna no sólo es ridiculizado, sino también señalado como el culpable directo de todas las desventuras que México, en cuanto país recién independizado, hubo de enfrentar, incluyendo, por supuesto la pérdida del inmenso territorio texano.

Pero, junto a la crítica en contra de su alteza serenísima, Bulnes también golpea, y con fuerza, el conjunto de desatinos y visiones trasnochadas que han ido arraigándose en el sentir y pensar colectivos del México independiente. Muchos de nuestros problemas actuales devienen, si otorgamos la razón a Bulnes, de una por completo falsa concepción tanto de nuestra realidad, en cuanto país perteneciente a la comunidad

internacional, como de nuestra cotidianidad y nuestras posibilidades.

Si entendemos bien lo que Bulnes expresa en su ensayo, nuestro mayor problema es que tendemos a tomar nuestros sueños por realidades. En mucho nos sobrepreciamos llegando a aventuradas y rápidas

conclusiones que casi siempre nos conducen a callejones sin salida.

Tendemos a encajonarnos complicando nuestro presente y futuro, por http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/presentacion.html (2 de 4)31/08/2009 10:41:02 a.m.

Presentacion de Chantal Lopez y Omar Cortes a Las grandes mentiras de n...diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha tener una concepción errónea de nuestro pasado. Y así, encadenados a mitos y leyendas, somos, hasta cierto punto, incapaces de enfrentar la realidad desnuda.

Bulnes aborda tres momentos definitorios en los cuales fue acentuándose y estructurándose ese mundo de mentiras, de mitos y de fantasías que terminó conformando un velo en nuestros sentidos, lo que nos impide aceptarnos como somos, y nos estorba para tomar conciencia plena de nuestras debilidades, en vez de percatarnos, de una vez por todas, de nuestras limitaciones y de encarar la realidad de que ni somos el mejor pueblo del mundo, ni vivimos en el país más hermoso de la tierra. Así, deberíamos de comenzar aceptando, en primer lugar, que ni México es el lugar más bonito del mundo, ni tampoco el tan pregonado cuerno de la

abundancia en el que languidecemos a causa de malos gobernantes, pésimos líderes, políticos corruptos y abusivos y depredadores países que nos explotan; ni de que somos un pueblo cuasi perfecto con las mejores leyes del mundo; ni de que tenemos la bandera más bonita del planeta y el himno más armonioso sobre la Tierra. Y en segundo lugar, que los problemas se solucionan, no de manera mágica, sino mediante la

perseverancia del trabajo individual y colectivo realizado de manera coordinada bajo criterios disciplinarios autoimpuestos. En pocas

palabras, deberíamos dejar atrás la tan acariciada idea de los milagros y el hondo suspiro a la espera de que lleguen caudillos salvadores.

Resultan bastante curiosas y sumamente interesantes las cuatro citas que Bulnes coloca al inicio de su obra, y que versan:

Pueblo sin historia, pueblo sin moral.

Buckle.

En materia de interés público, es delito ocultar la verdad y en materia de virtud, es inmoral temerla.

Holback.

Sólo la verdad civiliza.

Heine.

El pueblo que no ama la verdad es el esclavo natural de todos los malvados.

Maquiavelo.

En fin, este ensayo, Las grandes mentiras de nuestra historia, constituye una abierta invitación a la reflexión, a la crítica y la revalorización de nuestros conceptos tanto individuales como colectivos.

Chantal López y Omar Cortés.

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Índice de Las grandes

mentiras de nuestra

Primera parte -

Biblioteca Virtual

historia, de Francisco

Capítulo I

Antorcha

Bulnes

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La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha

Índice de Las

grandes

mentiras de

Presentacion de

Primera

Biblioteca

nuestra

Chantal López y

parte -

Virtual

historia de

Omar Cortés

Capítulo II

Antorcha

Francisco

Bulnes

LAS GRANDES MENTIRAS DE

NUESTRA HISTORIA

Francisco Bulnes

PRIMERA PARTE

Capítulo Primero

LA INVASIÓN ESPAÑOLA DE 1829

La tradición, penetrando en el espíritu de muchos niños consagrados al analfabetismo, les enseña que el año de 1829 llegó a las costas de la República un general español al frente de un ejército de reconquista, y que la nación entonces vivamente indignada, púsose en solemne actitud guerrera a las órdenes de un joven Escipión veracruzano, que como un león se lanzó con sus huestes entusiastas sobre el temerario ejército español, lo derrotó completamente y lo obligó á rendirse.

La historia reduce las proporciones de la tradición, como sucede siempre, y en la actualidad la historia educativa, la que debe ser siempre pura verdad, enseña: que el brigadier Barradas con cuatro mil hombres invadió la

República, y quel por su parte, Santa Anna, en combinación con Terán, dió un asalto

a Tampico el 10 de Septiembre de 1829, que duró doce horas y que hizo que al

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La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha

siguiente día capitularan los españoles ...

Yo juzgo del adelanto moral e intelectual por el de nuestra historia, especialmente de la dedicada á beneficiar el espíritu de la niñez. ¿Se enseñan leyendas, fábulas y apologías de secta? Me desalienta y

preocupa esta historia, forma y fondo del siglo XIII. ¿Se comienza á enseñar la verdad? Convengo entonces en que cierta y afortunadamente vamos entrando en un digno y sereno período de civilización.

El Sr. Pérez Verdía (1), en lo relativo a la expedición española contra México mandada por el brigadier Barradas, copia casi textualmente lo que respecto de ella dice el Sr. Guillermo Prieto en sus Lecciones de Historia Patria, y como se ha visto, afirma que los generales Santa Anna y Terán dieron un asalto á la plaza de Tampico que duró doce horas y obligó a Barradas a capitular al día siguiente. Teniendo México oficiales instruídos, deberían éstos revisar nuestra historia para corregirla de sus dislates militares.

¿Un asalto de doce horas a una plaza fuerte? Se comprende que un

tiroteo pueda durar doce horas, doce días, doce meses y hasta doce años;

¿pero un asalto? En los tiempos modernos el asalto más terrible y duradero ha sido el de la célebre torre de Malakoff, en la campaña de Crimea, y ha durado desde las doce del día hasta catorce minutos antes de las cinco de la tarde; es decir, poco menos de cinco horas. Un asalto de doce horas es sospechoso, casi como una carrera de caballo vientre a tierra de sesenta leguas. Desde luego cosquillea esta historia de un asalto de doce horas; hay más patriotismo que verdad, y á los niños, como a todos los mexicanos, no se les debe enseñar a tener patriotismo con la historia; sino lo que es más noble, moral y conveniente: se les debe enseñar a hacer la historia con el patriotismo. Deben procurar ser patriotas, si quieren una luminosa historia, en vez de apelar a

deshonrarse con mentiras para al fin y al cabo aparecer siempre malos patriotas.

Conforme al texto histórico educativo de que me ocupo, al asalto que duró doce horas se agrega que Barradas al día siguiente capituló: luego el asalto lo rechazó Barradas; porque el asalto de una plaza que tiene éxito, hace imposible la capitulación. Cuando el asaltante tiene por mira tomar la plaza, y lo consigue, no puede tener lugar una capitulación; a menos que el asalto no sea dispuesto contra determinado punto, o que siendo dispuesto contra la plaza sólo se obtenga tomar parte de ella; pero en ese caso hay triunfo y fracaso parcial.

Dudando del libro educativo me propuse estudiar la cuestión

profundizándola, y encontré como verdad que no es cierto que Santa Anna http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (2 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha en combinación con Terán hubiera asaltado a Tampico el 10 de

Septiembre de 1829; en consecuencia, todo lo relativo a dicho asalto es falso. Yendo hasta la verdad completa, no es cierto que Santa Anna ni Terán, ni jefe alguno mexicano hubiese derrotado á Barradas; por el contrario, en cuanto encuentro tuvo Barradas con nuestras fuerzas, en todos salió vencedor. Como lo veremos, Barradas fue vencido, pero nunca derrotado.

El objeto de este libro no es servir a un partido, ni excitar sentimientos nobles o innobles, ni empañar ó pulir glorias nacionales, ni buscar popularidad ó censura; su objeto es más elevado, y no es otro que llegar a la verdad. Las personas que por sus enfermedades, debilidades, o

ilusiones voluptuosas, no gusten de emocionarse notablemente con la verdad como corresponde a todo individuo que aspire a civilizado, no debe leerlo, y debe prohibirlo a sus hijos o educandos como muy

pernicioso para las mentiras deliciosas de poéticas tradiciones y para formar esclavos de todo aquel que quiera engañarlos.

Los sucesos de la expedición de Barradas son poco conocidos. Don

Modesto La Fuente la atribuye a uno de tantos desaciertos del Rey Fernando VII. Pero ¿qué motivó ese desacierto? porque un rey tonto lo mismo que un inteligente, obra por la potencia de sucesos exteriores. El notable escritor no lo dice y se muestra excesivamente avaro de

palabras, pues no concede a la historia de esta expedición más de quince líneas.

¿La expedición de Barradas fue la continuación de la conspiración del padre Arenas? Alamán califica tal conspiración de demencia, y en ello tiene razón; pero la expedición de Barradas con el objeto no de

reconquistar sino de recibir el arrepentimiento de los mexicanos y su adhesión entusiasta al trono del rey de España como fieles vasallos, es otra demencia, y sin embargo, la expedición de Barradas fue un hecho y lo mismo pudo ser la conspiración del Padre Arenas.

Arrangoiz agrega que si la expedición en vez de contar 3000 hombres escasos, hubiera sido de 20000 mandados por un príncipe borbón

español, y cuyo plan hubiera sido mantener a México independiente bajo el régimen monárquico establecido por el expresado príncipe, el éxito hubiera sido completo.

No lo creo, el invasor hubiera derrocado al gobierno como cualquier pronunciado, pero hubiera durado menos que cualesquiera de nuestros gobiernos. El gran elemento que hizo durar al archiduque Maximiliano tres años como emperador, fueron los millones del tesoro francés y los proporcionados por los empréstitos; y lo que más aceleró su caída, fue la http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (3 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha falta de recursos. España en 1829, se hallaba en la indigencia, y era imposible que así realizara la obra en que Francia fracasó.

Alamán, Gutiérrez Estrada, Arrangoiz, Hidalgo, Aguilar y Marocho, y todos los leaders del plan de Iguala, desde la Independencia hasta 1867, no han comprendido que el problema político en México fue siempre un problema lúgubre económico de hambre intensa en las clases pensadoras,

instruídas, vanidosas, con grandes aspiraciones y miserables energías, combatidas por condiciones del medio, muy desfavorables. País sin agua y sin carbón; no podía ser rico ni tener porvenir, precisamente en la época en que el carbón mineral causó el advenimiento de la gran industria en el mundo, que hace la fuerza moral, política, material y militar de las naciones que la poseen.

Fue el hambre de las clases medias desvalidas del régimen industrial y del agrícola, lo que principalmente las lanzó contra el gobierno colonial, en busca del presupuesto, única presa posible para vivir fuera de los claustros. Fraile, clérigo, empleado, pordiosero ó ladrón, eran los únicos medios de existencia para una clase que no era hija de la industria, sino de los abusos burocráticos de la conquista.

Consumada la Independencia la situación económica se agravó en vez de mejorar. La insurrección destruyó capitales, y terminada la insurrección, los españoles continuaron dueños de la mayor parte de la riqueza social.

En el mundo sólo una clase rica puede gobernar, llámese clero, nobleza, aristocracia, plutocracia; por consiguiente, si después de la

Independencia el dinero lo poseían los españoles residentes en México, tenían que ser nuestros gobernantes naturales, no en virtud de leyes falsas de gabinetes ó delirios patológicos, sino de leyes sociológicas tan firmes como las siderales.

Se podía derrocar a los españoles de su gobierno natural sobre nosotros por la confiscación de sus bienes o por su expulsión. Las leyes de expulsión significaban un gran crimen económico y un acto necesario, político, para la emancipación. De nada ó de poco debía servir la Independencia si había de continuar gobernando la raza conquistadora.

La clase conquistada emancipada consiguió por su detestable educación puramente religiosa y literaria, sofocar el desarrollo de los pocos elementos reales de riqueza que teníamos; hizo la miseria a fuerza de imitar las reglas que habían empobrecido á España, y en vez de

distribuirse el presupuesto íntegro del gobierno colonial, se encontró con restos que no podían calmar su hambre.

Así, pues, ni monarquía, ni democracia, ni aristocracia eran posibles. El http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (4 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha presupuesto tenía que asegurar la guerra, como presa escuálida

disputada por toda la fauna decente carnicera. Todo ensayo de gobierno tenía que fracasar desde el momento en que a todo gobierno le imponía el famelismo de levita muy numeroso el derecho a la sopa, con la firmeza con que los socialistas trabajan actualmente por imponer a los gobiernos el derecho al trabajo.

La empresa de Barradas, completamente reaccionaria hasta poner las cosas como estaban el año de 1640, era una manifestación de clásica demencia española.

En política, las demencias encuentran frecuentemente carta de

naturalización. No se puede, pues, negar la realidad de la conspiración del Padre Arenas, cuyo programa era idéntico al de Barradas, por su demencia. Se trata de saber si la expedición de Barradas fue la

continuación del complot del Padre Arenas. Zavala cree en la

conspiración; pero cree que la sentencia de muerte que recayó sobre los culpables, y especialmente sobre el general Arana, fue defectuosa y dió lugar á sospechar un asesinato jurídico. Suárez Navarro afirma la realidad de la conspiración y su conexión con la expedición de Barradas (2). Como

he revisado, dice, con particular diligencia, los extractos de la mayor parte de esos

procesos, y como creo tener el conocimiento bastante para calificar más o menos

perfecta la instrucción de un proceso militar; no vacilaré en decir: que los hechos

sobre que se versaron las causas,fueron verdaderos, y fundados todos los

procedimientos. El espíritu de partido y aun si se quiere el interés individual,

pretendieron ofuscar lo cierto y aun contrariaron la acción de la justicia nacional. A

esto debemos atribuir las especies vertidas contra Gómez Pedraza y de las que

hicimos mención en la página 81. Hubo un interés en extraviar la opinión pública,

negando la existencia de la conspiración de la misma manera que se negó la realidad

de la invasión española al mando de Barradas.

Suárez Navarro dice más adelante: El gobierno mexicano tuvo oportunas

noticias de haber llegado a los Estados Unidos en los primeros días del año de 1829,

el duque de Montenelo, con dirección a México, para reorganizar la conspiración que

se frustró por la prisión del Padre Arenas. El advenimiento al poder del general

Guerrero, echó por tierra los proyectos del duque y de un tal García de Medina, que

figuraba como principal agente en estas tramas. Montenelo pasó a Colombia y en

México continuaron los españoles entendiéndose con sus amigos y corresponsales,

excitándolos constantemente á traernos la guerra, porque les parecía muy fácil

recuperar el dominio de la Nueva España (3).

Suárez Navarro publica también gran número de fragmentos de cartas interceptadas á los conspiradores, procedentes de la Habana, y decisivas para probar el acuerdo entre ellos y el gobierno español. Publica también las comunicaciones cambiadas entre el Ministro de Gobernación y el http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (5 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha Gobernador del Distrito Federal, relativas a dicha correspondencia, y que no dejan duda de su autenticidad.

Hay, pues, suficientes datos hasta ahora, para presumir, casi hasta asegurar, que la expedición de Barradas fue la continuación de la conspiración del Padre Arenas, que tuvo por objeto devolver México a Fernando VII, transformado en Nueva España. Un gobierno afecto a

descubrimientos históricos debería preocuparse de resolver, de una manera evidente, si la expedición de Barradas fue la continuación de la conspiración del Padre Arenas, obra de ilusos ciertamente; ¿pero qué español no es iluso? Esta investigación decidiría esta otra: ¿fue un acto de barbarie incalificable, ó fue un acto de justicia, severo pero necesario, la expulsión de los españoles?

La verdadera causa de la expedición de Barradas tiene algo misterioso setenta y tres años después de haber tenido lugar; lo que prueba que nuestros adelantos en historia son nulos ó imperceptibles. Nuestros nuevos textos históricos, son copias serviles de lo dicho por otros, que desconocían o eran impotentes para la crítica.

Conforme a informes del Cónsul mexicano en Londres, de dos capitanes de barcos mercantes que habían tocado en la Habana, uno

norteamericano y otro francés, de cartas recibidas por las casas Pasquel y Muñoz de Veracruz, y por correspondencia interceptada por el gobierno, éste sabía de un modo positivo desde fines de Mayo, que debía salir pronto para México la expedición española. Para hacer aun más crítica su

situación (la del gobierno de Guerrero) se tuvieron noticias a fines de Mayo

durante el mes de Junio de que en la Habana se disponía una expedición para invadir

la República (4).

Este dato es muy importante para valorizar el mérito del gobierno del general Guerrero.

Lo primero que en semejante caso debe hacer un gobierno es concentrar su ejército efectivo y aun proceder aumentarlo en relación con las noticias que se tengan de la fuerza enemiga.

¿En qué lugar debía verificarse la concentración del ejército mexicano en vista de una invasión procedente de la Habana? El desembarco no podía tener lugar en puertos ó cerca de ellos como el de Matamoros ó

Coatzacoalcos; colocados a gran distancia de los centros de población y si se cometía semejante torpeza, el gobierno tendría tiempo sobrado para mover sus fuerzas y colocarlas en lugar oportuno estratégico. El

desembarco para surtir inmediatos y útiles efectos, no podía verificarse conforme a elementales principios de estrategia más que cerca de los http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (6 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha puertos de Veracruz y Tampico, o en el puerto de Tampico. La fortaleza de Ulúa impedía un desembarco en el puerto de Veracruz. La estructura montañosa de nuestro país no permitía la concentración en un solo cuerpo de ejército, puesto que había que cuidar dos zonas: la de Tampico y la de Veracruz, de difícil comunicación militar por tierra. Era preciso formar con todo el ejército dos cuerpos, y situar uno en Tula de

Tamaulipas y otro en Jalapa.

Había en 1829, sobre las armas (5) :

Tropa permanente ... 22 788.

Milicia activa como auxiliar del ejército ... 10 583.

Se estimaba la fuerza armada de los Estados en ... 14 500

TOTAL ... 47 871.

Tomando 16 000 hombres de la tropa permanente y cuatro de las milicias activas, y dejando por de pronto en su lugar a las fuerzas de los Estados, el gobierno del general Guerrero podía sin facultades extraordinarias, no poner el ejército en pie de guerra hasta 60 000 hombres que era lo decretado; pero sí concentrar dos cuerpos de ejército de diez mil hombres cada uno. Para esta concentración era más que suficiente, dada la facultad notable de movilización de nuestro ejército sobre malas vías de comunicación, cincuenta días contados desde el 28 de Mayo en que tuvo noticia positiva de la expedición, hasta el 17 de Julio inmediato. Un batallón mexicano puede andar cómodamente en 50 días, 400 leguas; luego la concentración era fácil.

Una vez concentrados y en posición de observación, el gobierno debía esperar conocer la fuerza de la expedición en el punto en que

desembarcara, y si ésta era capaz de hacer dudoso el triunfo del ejército mexicano, debería mantenerlo a la defensiva, o si era posible, fuera de toda operación activa hasta reforzarlo.

Para estas operaciones el presidente Guerrero no tuvo necesidad de facultades extraordinarias como ya lo dije, y para hacer la concentración, bastaba con los recursos naturales del presupuesto de guerra y marina.

Por la Constitución de 1824, el presidente de la República tenía la facultad de movilizar libremente al ejército dentro del territorio de la República.

¿Qué hubiera sucedido si el presidente Guerrero obra como debía

hacerlo? El brigadier Barradas se embarcó en la Habana con destino a Cabo Rojo, con un ejército de tres mil infantes, y habiendo ocurrido una tempestad durante la travesía que arrojó a las costas de Luisiana una embarcación en que venían 300 hombres, Barradas desembarcó el 27 de Julio de 1829, con 2700 hombres. Si nuestro cuerpo de ejército hubiera http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (7 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha estado desde el 17 de Julio de 1829 en Tula de Tamaulipas o más abajo, no hubiera dejado a Barradas ocupar Tampico, y lo hubiera batido

inmediatamente.

Es una gran vergüenza para una nación que poseía siete millones de habitantes, que sabía a punto fijo con anticipación de setenta días, que iba a ser atacada, que disponía de 17000.hombres sobre las armas; dejarse invadir por 2700 hombres, que se apoderaron sin resistencia del segundo puerto de la República, con toda su gruesa artillería, y que permanecieron en actitud triunfal cuarenta y seis días en nuestro territorio, debido a lo que se llama una pura casualidad, pues si la flota española hubiera hecho su deber, el general Santa Anna no hubiera podido llenar el suyo y el ultraje habría durado mucho tiempo.

Espectáculo tan lamentable debía llenar de angustia nuestras almas y de luto nuestra historia, en vez de enorgullecernos y de hacernos creer que poseíamos gran potencia militar y pueblo admirablemente patriota.

Era tan fuerte la oposición que se hacía al gobierno de Guerrero por algunas

autoridades, no obstante los graves y vitales negocios que entonces se trataban, que

el Consejo de gobierno reprobó la propuesta del Ejecutivo, para la reunión de las

Cámaras a sesiones extraordinarias; se quería abandonar a la administración a sus

propias fuerzas para atender al cúmulo inmenso de las necesidades y peligros que le

amenazaban. La negativa del Consejo fue el 22 de Julio y la expedición española

había zarpado de la Habana con dirección a nuestras costas el día 15 del mismo (6).

Dos escritores de libelos infamatorios llamados Bustamante (D. Carlos María) el

uno y el otro Ibar, negaban que los españoles hubiesen invadido el país; aun cuando

habían ya llegado los partes oficiales de su desembarque en Cabo Rojo ... El segundo llamaba a gritos a la sedición al ejército, diciendo: que debía

primero destruir el gobierno nacional y pasar después a batir al enemigo (7).

Todos los días se lanzaba una o muchas calumnias para quitar la fuerza moral del

gobierno y destruir enteramente el crédito de la administración.- Las medidas del

ministerio encontraban, no una censura racional ni la juiciosa crítica, ni la acusación

siquiera verosímil, ni la sátira, ni el sacarsmo a que dan lugar los abusos de un

gobierno extraviado; sino las calumnias más groseras, las más impudentes

imposturas, las injurias más indecentes que pueden producir la rabia, el encono, el

despecho mismo reunido a la insolencia, a la bajeza y a la falta de toda caridad.

Desde la Independencia hasta 1903, no hay ejemplo de una oposición más encarnizada y feroz que la sufrida por el presidente Guerrero. ¿Acaso era un facineroso y el peor de los gobernantes que ha tenido la nación? No; por el contrario, Guerrero fue siempre un hombre probo, afable,

moderado, enérgico para los grandes deberes patrióticos, pero tuvo el candor de creer que el pueblo podía gobernarse a sí mismo, aún cuando el http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (8 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha pueblo esté ausente de la política y que por su falta de cultura y riqueza no es posible que se halle presente. El general Guerrero fue un jacobino honrado, leal con sus ilusiones, amante de sus principios, incorruptible en todos sentidos. Cuando un pueblo no tiene una clase rica tradicionalista o industrial que lo gobierne, tiene que oscilar entre la dictadura y la demagogia. No hay término medio para los gobernantes; tienen que

lanzarse con más o menos éxito a la dictadura, o que ser tratados como imbéciles. La imbecilidad excita hasta el carnero a darse ínfulas de pantera. No hay cosa peor que el gobierno inspire desprecio, todos le gritan, hasta los mudos; todos le ponen los puños en la nariz, todos se creen libertadores y necesarios. Para dar vuelo a la demagogia no hay como un gobierno que la confunda con la democracia.

Una vez entregado el país al mando de la demagogia, la pérdida de la nación o su envilecimiento son irremediables. La gran mayoría de la nación, tímida, ignorante, sencilla, se entrega cariñosamente a los demagogos, que la educan para seducirla, al mismo tiempo que la

engañan para explotarla y arruinarla. La prensa es la gran fuerza de la demagogia en los países que quieren ser libres sin ser civilizados, prensa de escándalo, de chantage, de aventura, de difamación inaudita, de lenguaje tabernario, de actitud de braví. El vulgo casi analfabeta, cree que la prueba de una verdad es la indecencia del lenguaje y la fetidez del insulto. La nación no se llega tampoco a calentar hasta el rojocerezo con la prensa; se conmueve hasta hablar en voz mediana, hasta tener la intención de un principio de deseo ... y nada más.

Pero la misma demagogia finge la nación, la improvisa, la viste y la reviste, le inyecta sangre de víbora, ardores, espasmos, cóleras, explosiones. El grupo que hace siempre el papel de nación es el muy grande famélico que busca empleos. El hambre implacable exige a sus periodistas que destruyan inmediatamente al gobierno que no ha

satisfecho el derecho a la sopa de la clase media; la que quisiera que cada palabra obscena de la oposición produjera la peste bubónica en los ministros, o el efecto de un rayo para el presidente. La prensa reservada, fría, elevada, es para esta clase ardiente con la fiebre de la inanición una burla para sus necesidades; sólo el libelo sabe a esperanzas, y sólo la injuria puede ser frase de la venganza.

Zavala cree que la prensa libelista estaba pagada por los españoles residentes en México, que habían traído la invasión. Si hemos de juzgar por

las apariencias, debe creerse que el gobierno español tenía espías repartidos en la

República; escritores asalariados; instigadores para introducir la discordia y agentes

de diferentes clases que provocasen el desorden y la guerra civil, mientras sus

tropas atacaban por las costas (8). La opinión de Zavala no es aventurada; la demagogia nunca ha tenido patria, ni decencia, ni altruismo, los

escritores de esa marca tan estimada de las clases analfabetas o

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La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha famélicas, reciben igualmente dinero de todas las manos y para todos los cultos. Debe entenderse que esa oposición para que Guerrero no

atendiera a la guerra extranjera, tenía por objeto entregar a la nación desarmada al enemigo.

Es bochornoso para el Congreso infestado por la demagogia que atacaba al presidente Guerrero, haber dado a éste facultades extraordinarias hasta el 12 de Agosto de 1829, es decir, quince días después de que Barradas había desembarcado en Cabo Rojo. Por supuesto que estos

mismos hombres que manifiestan pasión porque su país se arruine o sea fácilmente conquistado con tal que el conquistador derribe al gobierno que odian, son los más activos para llenar de improperios al que dude un momento del admirable patriotismo de los mexicanos, que en su mayoría les rendían culto y sumisión mental.

El presidente Guerrero, como he dicho, pudo, sin facultades

extraordinarias, rechazar la invasión de 2700 españoles al mando de Barradas. Es también ridículo que un país de siete millones de habitantes, que tenía la desgracia de sostener sobre las armas como ejército en pie de paz, 47000 hombres (33000 federales y el resto de los Estados), tenga necesidad de ejércitos extraordinarios, de ponerse en alarma y de entregarse á costosos sacrificios para defenderse de 2700 hombres a medias destruídos por la fiebre amarilla y las enfermedades de tierras cálidas mortíferas. El gobierno español escogiendo el mes de Julio para el desembarco de sus tropas, no aclimatadas en Cuba, la costa de Tampico, parece haber tenido el propósito de castigarlas con pronto exterminio.

La oposición a Guerrero era general. Todos los partidos, o más bien dicho, todas las facciones estaban contra él, por la sencilla razón de que no había querido gobernar con ninguna sino con el pueblo; y como éste políticamente no existía, había logrado aislarse en sus puros sueños democráticos. Los españoles habían escogido un buen momento para

reconquistar su nueva presa.

Los españoles desembarcaron como he afirmado en Cabo Rojo el 27 de Julio de 1829, distante doce leguas de Pueblo Viejo. Según Zamacois. Al

brillar la luz primera del día 29 de Julio y al toque animado de diana, la división

española se formó en tres secciones fijando su dirección hacia Tampico (9). Según Suárez Navarro, El primero de Agosto principió sus movimientos el enemigo (10).

El dato de Zamacois es el oficial de Barradas, y no teniendo éste interés para mentir en este asunto, debe aceptarse.

Después de dos días de marcha, el 31 de Agosto (11) el primer batallón había

pasado por enfrente de un sitio mucho más frondoso que los demás, distante cien

pasos de la playa, empezaba a pasar la cabeza del segundo, cuando se escuchó la

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terrible detonación de varias piezas de artillería, acompañada de mortífera metralla,

que tendió en el suelo once soldados. Aquella inesperada emboscada y la sorpresa

causada con ella, introdujo algún desorden en las primeras filas del segundo batallón

que sufrió la descarga; pero la serenidad y sangre fría del comandante D. Juan

Falomir, hizo que recobrasen su aplomo, y mandó que inmediatamente salieran el

Teniente D. Antonio Sanjurjo y el Subteniente D. Eduardo Agusty, con media

compañía de cazadores a reconocer el sitio de donde había salido la detonación y la

descarga de metralla. La orden fue puesta en ejecución al momento, y penetrando los

españoles por distintas direcciones a la espesura, sorprendieron a su vez á los que

habían hecho fuego, asaltando una especie de reducto circular formado de ramaje,

donde tenían colocados cuatro cañones de a doce. Los mexicanos se disponían a

hacer otra descarga, pues tenía uno de sus artilleros ya la mecha encima del oído de

un cañón, cuando se vieron acometidos por los cazadores españoles, uno de los

cuales mató al que iba á dispararle el cañonazo sin darle tiempo a que lo hiciera. La

sorpresa que les causó a los que defendían el reducto la presencia inesperada de la

guerrilla expedicionaria, fue grande; y no pasando la fuerza que tenían de cincuenta

hombres, se vieron precisados a rendirse.

El servicio de cuatro piezas de artillería requiere treinta y dos artilleros, y si sólo había cincuenta hombres en el reducto, quiere decir que se había confiado la defensa de una batería mínima a 18 soldados de infantería.

Esto no puede haber sucedido, y el hecho sólo se explica por la huída vergonzosa del jefe que con mayor número de hombres estaba encargado de defender el reducto para detener la columna expedicionaria. ¿Quién fue ese hombre? La historia apenas sospecha su nombre, pues como lo veremos adelante, no puede ser otro que D. Felipe de la Garza, uno de los principales asesinos de Iturbide.

Todos los historiadores mexicanos guardan silencio sobre esta cobardía que entregó a Barradas fácilmente cuatro piezas de artillería de batalla; excepto el mejor informado de todos, por ser el defensor y panegirista del general Santa Anna, héroe de la campaña. Dice Suárez Navarro:

Fácil les fue (á los españoles) apoderarse de las piezas y municiones que hallaron

en su tránsito, porque no existía guarnición suficiente para su defensa en ninguno de

los puntos de la misma ribera del rio (12). Pero cuando no se tiene guarnición suficiente para defender artillería y municiones, no se le ponen en las narices al enemigo para que las tome. Las municiones se hubieran podido inutilizar arrojándolas al río, lo mismo que las piezas; todavía más: bastaba no haber disparado las piezas para salvarlas. No puede haber sucedido más que el jefe que había dispuesto la resistencia en el reducto, huyó con su gente, dejando encargado a los artilleros que descargasen las piezas y huyesen cuando el enemigo se les viniera encima.

Respecto a la resistencia en los Corchos la discordancia es asombrosa http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (11 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha entre los historiadores mexicanos entre sí y con el informe oficial de Barradas.

Habla Filisola (13): Entre tanto tuvo lugar la acción llamada de los Corchos ..., en

la cual el coronel D. Andrés Ruiz Esparza y el ayudante D. Juan Cortina con un corto

número de soldados del batallón de Pueblo Viejo de Tampico, la compañía de

cazadores de los mismos, otras de milicias cívicas de los pueblos inmediatos,

detuvieron por más de cuatro horas a un cuerpo de 3500 españoles, causándoles al

mismo tiempo pérdidas innumerables. Desde luego Filisola, asienta una falsedad: la expedición al desembarcar tenía 2700 hombres y en los Corchos poco menos por las bajas ocurridas, con motivo del despojo de las cuatro piezas y de las enfermedades.

Habla Suárez Navarro:

En los Corchos tuvo lugar el primer encuentro con los invasores. El coronel don

Andrés Ruiz Esparza y don Juan Cortina, con un corto número de soldados del

batallón de Pueblo Viejo de Tampico y algunos milicianos de los pueblos inmediatos,

sostuvieron por más de cuatro horas el citado punto, cediendo al fin al número

centuplicado de los contrarios (14). Si la relación era de cien españoles por cada mexicano, y siendo los españoles poco menos de 2700, deben haber sido los defensores de los Corchos 26 o 27 hombres, cifra que no puede constituir ni una compañía que consta de 100 hombres.

Filisola estima los defensores de los Corchos en varias compañías es decir en varios centenares de soldados, mientras que según Suárez Navarro, no pueden pasar de 27.

Zavala dice: ... tenía algunos heridos (Barradas) de resultas de la pequeña acción

ocurrida en su tránsito desde Cabo Rojo, entre su vanguardia y las partidas de

patriotas que le salían al encuentro sobre los médanos de arena (15). Si esta pequeña acción no es la de los Corchos no existió para Zavala, pues no menciona otra, ni habla para nada de los Corchos, lo que es muy notable, porque formaba parte del ministerio del general Guerrero cuando la invasión. Don Miguel Lerdo de Tejada dice que Barradas llegó a Tampico

sin haber encontrado en su tránsito otro obstáculo que la débil resistencia que en el

punto llamado los Corchos, les opuso un pequeño destacamento de milicianos

cívicos mandado por don Andrés Ruiz Esparza y don Juan Cortina (16).

Larenaudiere dice: 300 de ellos (los mexicanos) ocultos en una emboscada con

dos piezas de artillería en las arboladas alturas de los Corchos, intentaron detener a

los españoles. Una descarga de fusilería puso la vanguardia en desorden por

algunos momentos; pero el corto número de aquella tropa cedió prontamente a la

mayor fuerza (17).

Rivera, en su historia de Jalapa, dice exactamente lo que Lerdo de http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (12 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha Tejada: la resistencia en los Corchos fue insignificante.

La versión de Barradas difiere de las que he citado, y lo más notable de la discordancia es que no coloca la acción de los Corchos en su tránsito de Cabo Rojo a Tampico, pues Zamacois, que da la versión oficial española, dice: no había transcurrido una semana desde su llegada a Tampico (18) cuando

tuvo aviso de que las tropas regulares que cubrían el Estado de Tamaulipas entre las

cuales se contaba el batallón de Pueblo Viejo, así como las milicias, bajaban por los

Corchos para provocarle a un combate. Los principales jefes iban a la cabeza de

estas tropas, eran don Juan Cortina y don Andrés Ruiz Esparza. En el momento que

Barradas recibió aviso de este movimiento, dispuso el 9 de Agosto la salida de

cuatro compañías del primer batallón, cuatro del segundo y dos del tercero (en todo mil hombres) a las órdenes del comandante don Juan Falomir cuya fuerza salió con

dirección a los Corchos por el rumbo conocido con el nombre de Camino viejo de

Victoria. De manera que los historiadores mexicanos colocan a los Corchos

entre Cabo Rojo y Tampico y Barradas lo coloca entre Tampico y Victoria.

Encontrados los mexicanos en los Corchos fueron batidos según Barradas por los mil españoles; habiendo tenido los primeros 97 muertos, 132

heridos y 180 prisioneros. Si la mayor parte eran cívicos, éstos, cuando se portan muy bien, casi como héroes aguantan perder cinco por ciento de su efectivo: luego según las bajas debía haber en los Corchos 4000

mexicanos; y si admitimos bajas de 10%, que ya corresponden a buena tropa, el número de mexicanos debía haber sido 2000.

No cabe duda que la jactancia española hizo que Barradas diera a su triunfo de los Corchos una importancia que no pudo haber tenido. Jamás, entiéndase bien: jamás a un coronel se le ha confiado en México el mando de 2000 hombres, menos el de 4000. En 1829 un coronel mandaba a lo más 400 hombres. Cuando en 1829, había reunidos 2000 hombres había a su frente por lo menos dos generales de brigada. Basta que Barradas confiese que la fuerza mexicana estaba mandada por un simple coronel, probablemente de cívicos, para que deba considerarse imposible que ésta en los Corchos pasase de 500 hombres.

Sin meterse a investigar la verdad completa sobre la importancia de los triunfos españoles, sí se puede decir, que desde que Barradas

desembarcó, hasta el día 9 de Agosto, todos los historiadores serios mexicanos están de acuerdo, sin excepción, en que no fue derrotado, y que por el contrario, obtuvo el triunfo en todos los encuentros a los cuales dan poca importancia.

Entre tanto, el general Don Felipe de la Garza, con una división respetable, se dirigió

hacia Pueblo Viejo, tratando de reducir a la expedición española a un estrecho

círculo, para lo cual había ya situado diversas fuerzas en distintos puntos. El

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brigadier Don Isidro Barradas, al saber el movimiento emprendido por la Garza, y

después de oir el parecer del entendido jefe de Estado Mayor Don Fulgencio Salas,

salió de Tampico con una columna de dos mil hombres, al encuentro del general

mexicano, que, aunque llevaba una fuerza de cinco mil hombres, se componía una

gran parte de ella de milicias, que, aunque de gente valiente, no podía tener la

disciplina y la instrucción militar de las tropas de línea. Cerca aún del punto de salida

y en el sitio llamado el Bejuco o Bejucal, ordenó Barradas que su fuerza se dividiese

en dos secciones, una por la extrema derecha en dirección al río Pánuco, y la otra

por el sitio de las lomas, marchando por el centro, una compañía de cazadores,

extendida en orden de guerrilla. Colocada de esta manera la fuerza expedicionaria,

rompió al inmediato día el fuego la expresada guerrilla, cuyos extremos se hallaban

fuera del alcance de vista de las dos secciones.

Esto hizo creer al general Don Felipe de la Garza, que la fuerza española no era más

que la que había entrado en acción y sus tropas se lanzaron á paso de carga, pero

sin orden militar, pues como he dicho eran milicias en su mayor parte. La guerrilla,

por movimiento estratégico, se replegó, haciendo fuego en retirada, hasta que bien

calculado el tiempo, dió lugar a que la sección de la izquierda les presentase la

batalla, mientras la de la derecha se cerró ocupándoles su retaguardia; cuya

operación se verificó en la calle real de Pueblo Viejo. Viéndose las fuerzas de Garza

atacadas. por tres puntos diferentes, a la voz de: ¡Viva el Rey! se hallaron sin poder

moverse, en medio de la expresada calle Real, entre los dos batallones

expedicionarios que por uno y otro lado les impedían el paso. Inútil hubiera sido todo

esfuerzo para resistir en aquellas circunstancias en que se veían cogidos entre dos

fuegos. El general Don Felipe de la Garza, que se hallaba a la cabeza de sus

soldados, deponiendo su actitud hostil, pidió hablar con el brigadier Barradas,

dándose, lo mismo que su tropa, por prisioneros de guerra. El jefe español le recibió

con agrado, y en la conferencia que tuvieron, al declararse Garza prisionero,

Barradas le contestó que podía irse libre, bajo palabra de honor de no volver a

hostilizarle ... (19).

Nuestros historiadores educativos omiten hablar de este hecho de armas altamente vergonzoso para Garza y sus fuerzas. La versión de Zamacois que acabo de copiar es la versión oficial española; y si Barradas miente

¿por qué no lo dicen y lo prueban? ¿Porque ignoran lo que oficialmente comunicó Barradas a su gobierno? Esto fue publicado en la Habana tan luego como llegó Barradas a esa ciudad y comunicado a México, por la vía de Nueva Orleans. ¿Por qué nadie lo ha desmentido en el curso de setenta y tres años? Zamacois imprimió su volumen XI, en que habla sobre la expedición de Barradas el año de 1879, y afirma que dicho jefe con dos mil hombres hizo prisionero al general Garza que tuvo 5000. ¿Por qué nadie ha impugnado lo que dijo Zamacois hace veinticuatro años en México y públicamente? La edición que poseo de la Historia del Sr. Pérez Vercija es de 1900; ha dispuesto este historiador de la niñez, de nueve años para conocer lo que dice Zamacois y combatirlo. Todo historiador está obligado a informarse de lo que dicen sobre un hecho notable, como http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mentiras/1_1.html (14 de 19)31/08/2009 10:41:51 a.m.

La invasion española 1829, Capitulo primero de la Primera parte de Las g... diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha es la expedición de Barradas, las dos partes contendientes. Para

entender bien la guerra Franco-Alemana y no ser sorprendido, engañado o enseñado á medias; hay que leer a los autores alemanes y franceses.