Las naves de Cortés Destruidas por José María Vaca de Guzmán Frangere nec - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle
index-1_1.jpg

Las naves de Cortés destruidas

Canto premiado por la Real Academia Española en Junta que celebró el día 13 de Agosto de 1778

José María Vaca de Guzmán

Frangere nec tali puppim statione recuso, Arrepta tellure semel.

Virgil. Aeneid. 10.

CANTO

- I -

Hijos de Palas, ínclitos varones, Imágenes gloriosas de su aliento, Las armas suspended, y las Naciones Oigan la hazaña, que cantar intento, Con que a su gente, y bravos Campeones Supo empeñar al último ardimiento El Héroe grande, que enlazó al Hispano El opulento Imperio Mexicano.

- II -

Grata a mis votos ven: desciende, Clío, Y baña mi expresión en luces bellas: Furor divino inspira al verso mío, Y seguiré sus peregrinas huellas: Del Etíope adusto al Scita frío, Levantaré su fama a las estrellas, Su heroica acción ensalzaré de suerte, Que triunfe del olvido y de la muerte,

- III -

Pisaba yo del claro Manzanares Una tarde las márgenes amenas, Que dan envidia a los soberbios mares, Que saludan de Alcides las almenas, Cuando a la vista de los regios Lares Besan el pie sus húmedas arenas, Tejiendo lazos de cristal profundos, Al augusto Monarca de dos Mundos.

- IV -

Divertida mi vista en la corriente, Con sus hondas risueñas y sencillas, A objeto superior lleve la mente, Y ¡oh sacras, dije, fértiles orillas, Del que tiene por cuna de su oriente Las sierras, que dividen las Castillas!

En vosotras prendió, mas que en su cumbre, Del Numen Delio la radiante lumbre.

- V -

¡Feliz patria (al Emporio coronado El semblante volviendo, repetía) De tanto noble ingenio iluminado Del fuego de la dulce poesía, Cuyo elogio, a las Musas reservado, La voz desdeña, y la alabanza mía!

¡Dichoso suelo! ¡Célebres umbrales!

Ocupación de siglos inmortales.

- VI -

¡Dichoso suelo! Pero ¡más dichoso Español clima, que su ardor fomentas, Y objeto digno, asunto generoso En héroes invencibles les presentas!

Héroes, que de tu espíritu brioso En tus mismas entrañas alimentas, Y de la guerra intrépidos Leones A rugidos asombran las regiones.

- VII -

Cuna de Marte, que mostrarnos puedes Triunfos, conquistas, bélicos afanes: Tú a Roma afrentas, a Cartago excedes: Tú produces los fuertes Capitanes: En tus Vibares, Córdobas, Paredes, Peláez, Toledos, Ponces y Bazanes A respetar se dan del Orbe todo La cuna Ibera, y el origen Godo.

- VIII -

En tales pensamientos divertido Las épocas de España repasaba, Contra la injuria del ingrato olvido Sus

memorables

fastos

recordaba:

Campo fecundo descubrió el sentido, Y de hazaña en hazaña meditaba, Cuantas empresas daba a los ingenios El alto honor de sus marciales genios.

- IX -

Cuando un éxtasis dentro de mí mismo Siento, que dulcemente me enajena: De sublimes ideas de heroísmo Avisa al pecho, y el discurso llena: En un deliquio tal, en tanto abismo Voz imperiosa a mi ilusión resuena, Que, de la esfera sacra desprendida, Ocupa el viento, y mi atención convida.

- X -

Alza los ojos, dijo: y yo humillado, El celestial decreto obedeciendo, Cada vez más absorto y transportado, Juzgué que una Matrona estaba viendo.

Hermoso su semblante, aunque tostado, La majestad con el agrado uniendo, Demostraba, que saben las Deidades Pedir cultos, rindiendo voluntades.

- XI -

En vez de mirto, o de laurel, ceñido Un penacho de plumas ha su frente: El cuello ricamente guarnecido De finísimas perlas de Occidente: De los hombros con joyas distinguido Un regio manto de algodón pendiente, Y de nubes, por trono a su decoro, Pisaba un globo con sandalias de oro.

- XII -

Puesta la diestra mano en la mejilla, Un arco a la siniestra acomodaba, Llena de flechas en la espalda brilla Sobre el cabello la dorada aljaba, Y en dos columnas, que a sus pies humilla, Los caracteres de Hércules burlaba, Dando a entender, que a fuerzas españolas Fijar no pueden límite las olas.

- XIII -

En himnos cantan su dominio extenso Los Genios de su espíritu parciales: Otros sus triunfos, su poder inmenso Aplauden con bocinas y timbales: Estos abrasan en su honor incienso: Aquellos llevan las insignias reales, Y terminando el júbilo ruidoso, Le sucedió un silencio prodigioso.

- XIV -

Callaron todos con el rostro atento: Suspéndense de Mantua los pastores: Párase el río, y su benigno aliento No comunica el céfiro a las flores: Hasta Febo, pendiente de su acento, Dibujando en las plumas mil colores, Según me le pintó mi fantasía, Quiso alargar los términos del día.

- XV -

¡Oh joven! (el prodigio de mi idea Prorrumpió, hablando al parecer conmigo) Los cielos quieren, que tu norte sea, Y he de partir la admiración contigo: Los blasones de España el mundo vea, Pues América soy, de ellos testigo: Ellos ilustran de Belona el Templo: De ellos Hernán Cortés será el ejemplo.

- XVI -

No le demuestro, el ímpetu, domando De la undosa vertiente de Grijalva, Sus aguas con la sonda penetrando, Hiriendo el aire con horrenda salva: No entre los dardos del opuesto bando, No en los pantanos donde le halla el alba, Ni siguiendo al contrario presuroso, Ni en Tabasco aclamado y victorioso.

- XVII -

No vencedor del Águila brillante, Que al Tlaxcalteca a guerras estimula, O con imperio, que al traidor espante, Abrasando las torres de Cholula, O aprisionando al Rey más arrogante, Que de mi clima el septentrión adula, O rompiendo a Narváez, o la ira loca Castigando del fiero Qualpopoca.

- XVIII -

Callaré a Otumba y su feroz campaña, Que estremeció los montes de la luna: Los peligros de Chalco en la montaña: Tanto choque naval en la laguna, Hasta que preso Quaticmoc, España Su imperio holló sin resistencia alguna, Mientras del sol los puros rosicleres La tez doraban de la hermosa Ceres.

- XIX -

Descubra el mar del sur; las perlas y oro Que encierra en sí de espléndidos quilates: Tehuantepec rebelde su desdoro Sienta, y Panuco bélicos combates.

No así le pinto: al Cáucaso y Peloro Suba su nombre: el Tigris y el Eufrates Rindan postrados su corriente ufana A los timbres del fértil Guadiana.

- XX -

Si quieres ver el ánimo valiente, Que tanta gloria a tu Nación, ha dado, Prevenido en los riesgos, y prudente, Resuelto en las empresas, y arrestado, Un General de la española gente, Cuyo valor el mundo ha respetado, En el grande Cortés lo verás todo, En el grande Cortés, mas de este modo:

- XXI -

En ese lienzo que el arrojo mío Arrebató del Templo de la Fama, (Dice, y con soberano poderío A que le muestren a sus Genios llama) Verás

el

corazón,

verás el brío

Que infatigable la Deidad aclama.

¡Oh cuándo callará su trompa, cuando Olvidará esta hazaña de Fernando!

- XXII -

Yo volveré la copia a sus altares, Y mi delito indultará la Diosa; Pero atiende primero, y no te pares En inquirir la mano prodigiosa: Dones fueron del Cielo singulares: Luces el sol la dio, matiz la rosa, Y alma Cortés: que saben sus laureles Comunicar su gloria a los pinceles.

- XXIII -

Ese salobre espacio, que retrata, Manso ofreciendo al Español, en vano, El regreso, que él propio se dilata, A mis Islas, o al seno Gaditano: Ese portento, de flexible plata Es el célebre Golfo Mexicano: Ese el teatro, donde el mar de Atlante Al Castellano veneró triunfante.

- XXIV -

Aquese pueblo, que su costa mira, Cuya fuerte muralla fue creciendo No al dulce son de la tebana lira, Sino al clamor de la trompeta horrendo, Es Villa-Rica, que mi suelo admira Primicias nobles del marcial estruendo, Con que animó Cortés sus Campeones A levantar eternas poblaciones.

- XXV -

Aquel es el católico estandarte, Que adorado por esos mares vino, Donde, a la voz de la piedad, el arte La señal estampó de Constantino: Futuras dichas su esplendor reparte, Y en la prosperidad de su destino Es contra tanto bélico embarazo De ella el impulso, de Cortés el brazo.

- XXVI -

Del nuevo Cid, del Español Aquiles, A cuya hazaña tu atención conduces, Son esas cajas, picas y fusiles, Esos cañones, balas y arcabuces.

Él previene rodelas y escaupiles(1): Él a los nobles brutos andaluces O templar sabe la pasión fogosa, O enardecer la cólera espumosa.

- XXVII -

¿Qué otra cosa te dice ese trasunto, Qué trabajó el pincel con arrogancia, Sino que recopila en sólo un punto Todo el valor de España, y la constancia?

Allí ves las pavesas de Sagunto: Allí están las cenizas de Numancia: Mira allí tus Celtíberos atroces: Aquellos son tus Cántabros feroces.

- XXVIII -

Suya es esa progenie de guerreros, Esa que llena mis alegres días, Sino es que ya se reproducen fieros En Alvarados, Dávilas, Mexías, Y Escalantes, que en jaspes duraderos Graban su nombre, y las venturas mías: Hijos del Sol determiné adorarlos: Eran vasallos del invicto Carlos.

- XXIX -

Pero verás las naves españolas, En que Alaminos, diestro Palinuro, Llevarlos supo por extrañas olas, Y preservarlos del naufragio duro, Ya abatiendo sus ricas banderolas, Zozobrar en el puerto más seguro, El ancla fija, el mar sin movimiento, El cielo claro, sosegado el viento.

- XXX -

Corren el marinero y el piloto: Jarcia y velas solícitos redimen.

¿Qué borrasca, dirás, qué airado Noto, Que encalladoras Sirtes las oprimen?

¿Qué Scila, que Caribdis las ha roto, Que hado fatal, que las Nereidas gimen?

¿Qué tirano poder turba importuno La eterna paz, que las juró Neptuno?

- XXXI -

No han sido, no, del Euro los enojos, No la saña de Tetis las confunde: Felices son, no trágicos despojos, Los que a la playa el piélago difunde: Vuelve al insigne Capitán los ojos, Que allí a las tropas su coraje infunde.

Ese es Cortés, cuando en la arena mía Resonaba su voz, que así decía:

- XXXII -

En fin, llegó la suspirada aurora, Ilustres compañeros en mi suerte, De la hazaña mayor: el mundo ahora Tema, al saberla, vuestro brazo fuerte: Que no os asusta, mi atención no ignora, La hambre, el cansancio, la prisión, la muerte: Muerte, que es vida del honor, muramos, Y de una vez del mar nos despidamos.

- XXXIII -

Si aparenta catástrofe infelice De esos buques la suerte inesperada, Yo decreté su fin: yo los deshice: Yo cerré el paso de la patria amada: No así os ofendo: no el temor me dice Que volveréis la espalda con la Armada: De vuestro pundonor sé que es ajeno, Por eso como inútil la condeno.

- XXXIV -

Aunque escucharse del opuesto clima La voz parezca de la esposa amable, El hijo tierno en su regazo gima, Suspire el padre anciano y venerable; Sé que el honor sus quejas desestima, Que es la cera de Ulises despreciable, Que está de más la astucia en los oídos A la débil ternura endurecidos.

- XXXV -

Si el eco de la sangre es halagüeño, Es glorioso también: los ascendientes Inspirar saben el heroico empeño Que ha de llevarse a las remotas gentes.

Cuando en la cuna se os llamaba el sueño Con cantares y arrullos diferentes, Lauros de vuestros padres os cantaban, Que a Isabel y Fernando coronaban.

- XXXVI -

A su denuedo Nápoles se humilla, Rinde el toscano mar ondas serenas: Las armas de Aragón y de Castilla Quebrantan de Navarra las cadenas: Y huyendo Boadelin de su cuchilla, Embotada en cervices Agarenas, Su destrozo en Granada acaba el rayo, Que en Covadonga fulminó Pelayo.

- XXXVII -

Ellos, como vosotros, oprimieron La espalda de ese monstruo cristalino: De la Europa también se desprendieron, Al África llevando el blanco lino: A Orán ganaron, al Peñón rindieron; Tembló de su poder el Argelino, Y tributaria se postró a su amago La altiva sucesora de Cartago.

- XXXVIII -

Así venzamos, los que así nacimos: Nuestro es ya su valor, nuestro su acero: La tierra hollamos, que a vencer venimos: Perezca pues el leño, lisonjero; No a transportar tesoros le trajimos: El grande Carlos, Carlos el Primero, Despreciador del oro y la riqueza, En sus héroes coloca su grandeza.

- XXXIX -

Los hombres, que malogra la milicia, Mientras cuidan el débil armamento, Triunfos son, que el Monarca desperdicia, Reprimido en sí mismos su ardimiento: Bisoños son: la militar pericia No les dictó su vario movimiento, Ni hollaron nieves, ni sufrieron soles; Pero tienen valor: son Españoles.

- XL -

Roto el imán de la esperanza necia, Reforzarán mi tropa reducida: Al menor de ellos mi afición aprecia, Si llego a ver su cólera encendida, Más que a cuantos bajeles armó Grecia Contra la injuria del pastor del Ida: Sucedan pues las picas a los remos, Y por ellos dos veces venceremos.

- XLI -

Sí, soldados, el rostro de la guerra Es a la Hesperia grato: delicioso El son del parche, que al cobarde aterra: El eco del clarín armonioso:

Ni extraña, pienso, que nos es la tierra, Ni mi ejército poco numeroso: De España somos: si en la lid entramos, Nuestra es toda la tierra que pisamos.

- XLII -

Y cuando a las edades venideras Con tan vasta conquista (o Tiempo) asombres, Dirás, que contra inmensas huestes fieras, Valieron por ejércitos mis hombres.

En la altura pondrás de las esferas Con letras de oro sus excelsos nombres, Y el Cielo admitirá tu fiel desvelo, Pues la causa que siguen, es del Cielo.

- XLIII -

Ya a favor nuestro se explicó en cometas, Que en la luz clara, y en la noche fría Ofuscaron la faz de los planetas Con lúgubre, mortal melancolía: De serpientes de fuego las inquietas Ráfagas de Aquilón pobló algún día, Y herido del pavor este hemisferio, Vio cercana la ruina de su Imperio.

- XLIV -

Nuestro furor los vaticinios llene, Con que infaustos oráculos le afligen: Los poderosos cetros encadene, Que a Iztapalapa, y a Tezcuco rigen: La gran Temixtitlan se desordene, Y a pesar sufra de su ciego origen, Colocados en su alto Capitolio Del hijo de Filipo estatua y solio.

- XLV -

Huitzilopoztli, numen insaciable, Monstruo sediento de la sangre humana, No como en otros tiempos formidable, Sus flechas sin vigor, su sierpe vana, En el ara se estrelle detestable, Precipitado de la azul peana, Y el Sacerdote en lastimosos gritos Llore el baldón de sus inmundos ritos.

- XLVI -

Así lo manda el religioso Numa, Que tan noble piedad tomó a su cargo: Por él surcamos de salobre espuma Incierto rumbo, peligroso y largo: Despertará el terrible Motezuma, Despertará de su mortal letargo, Y dará el cetro a Emperador más digno, Más justo Juez, Monarca más benigno.

- XLVII -

Cesarán los prodigios, los obscuros Visos del sol envuelto en arreboles: Verá el gran lago sus reflejos puros: Serán los Indios nuevos Españoles.

Olvidarán sus elevados muros, A sus Axayacaces(2) y Ahuitzoles, Y el Nuevo Mundo admirará en su infancia La justicia, la paz y la abundancia.

- XLVIII -

Plazas, templos, palacios y jardines Serán ya admiración, y ya recreo: Con

mitotes(3) en públicos festines Brindará esta región al Europeo: Nos traerá de sus más remotos fines Nácar y perlas, que cuajó Nereo, La grana con que al múrice retrata, Las piezas de oro y láminas de plata.

- XLIX -

Tepequaquilco ofrecerá rendido Anime(4), que a sus Númenes aplaca: Lucientes piedras de valor subido, Y bálsamos fragrantes Tepeaca, Maderas Quahuacan, que ha producido: Toluca

tilmas(5): púrpuras Oaxaca:

Tlauhquitepec las olorosas gomas: Tlachco la dulce miel y las aromas.

- L -

En sus Ministros ha sus claros Reyes Así demostrarán el amor tierno: Tendrán al recibir las sabias leyes Por don del Cielo su feliz gobierno, Y mientras en sus palmas y magueyes(6) El joven de Austria se dibuja eterno, En Europa por glorias tan inmensas Las plumas cansaremos y las prensas.

- LI -

Estos son los laureles, que los hados Destinan a los hésperos alientos:

¿Y el premio de los árboles sagrados, Que coronan los altos vencimientos, De la pasión de Apolo idolatrados, De las iras de Júpiter exentos, Hemos de despreciar? ¿Tan vil memoria Podrá de España obscurecer la gloria?

- LII -

Antes, roto el timón y las entenas, Las quillas a las ondas entregadas, Doris lamentará con sus Sirenas Esas tristes reliquias sepultadas.

Del pálido temor sombras, ajenas De vuestro pecho invicto, disipadas, Vencer, soldados, o morir, y entonces Fatigaréis los mármoles y bronces.

- LIII -

Morir famosos, o vencer valientes; Pompa triunfal, o decorosa pira Sólo os aguarda: a las futuras gentes Ya el pierio coro vuestro aplauso inspira: La fuga, que evitamos diligentes, Será el objeto de la hispana lira, Dando asunto a sus números suaves La destrucción gloriosa de las naves.

- LIV -

Esto el valiente General predice, Y esto su copia allí con mudos labios: La fama de dos siglos contradice De la envidia los bárbaros agravios, Y porque mas su hazaña se eternice, Hoy la promueve el coro de los sabios, Que con la noble vista al Héroe atenta, El prodigioso lienzo representa.

- LV -

Éstos, que de Felipe el Animoso Siempre velando en propagar el celo, A las letras su lustre venturoso Restituyen a costa de su anhelo; La pura voz, el plectro numeroso, La frase digna, todo su desvelo Inútil juzgan, si en tan alta idea La feliz patria su atención no emplea.

- LVI -

¡Oh Madrid, sabia madre de las ciencias!

Ya por Cortés ha puesto tu Liceo A las Musas del Reino en competencias: Ya el fuego celestial descender veo: Ya las acordes métricas cadencias Suenan gloriosamente en mi deseo: Renazcan pues, a influjos celestiales, Renazcan sus Lucanos y Marciales.

- LVII -

Y tú, joven, que errante y discursivo Los lauros de tu patria recorriste, Y un modelo buscabas expresivo De la región guerrera en que naciste: Ya has visto bien aquel retrato vivo, Ya su acción valerosa atento oíste, Ya la grandeza adviertes de esta hazaña: Este es Hernán Cortés: esta es España.

- LVIII -

Dijo América: y luego resonaron De su séquito armónicos loores: En una nube densa, que formaron Exhalados los húmedos vapores, Los Pavones de Juno arrebataron De mi vista sus bellos resplandores: Seguirlos quise, y ocultó su llama La cumbre del nevado Guadarrama.

- LIX -

Como en la noche lóbrega y horrenda, Cuando Jove los polos estremece, Si al caminante la perdida senda A la luz del relámpago aparece, Deslumbrado después, en más tremenda Obscuridad, su aliento desfallece, Sin poder divisar los horizontes, Ni distinguir los valles de los montes:

- LX -

Así el portento, que aun dudoso admiro, Confuso me dejó, ciego y cobarde: Vuelvo en mí con el susto, y me retiro Al expirar los plazos de la tarde.

¡Oh caudillo el más grande que vio el giro De ese planeta, que ilumina y arde!

¡Que no pudiste ser, si tanto asombras Hallado en raptos, y explicado en sombras!

CANTÉ

Le puede interesar...

  • Prejuicios de Genero en Costa Rica. ¿Un Mito o la Realidad?
    Prejuicios de Genero en Costa Rica. ¿Un Mito o la Realidad? Estudios Latinoamericanos por Grupo 11 ULACIT
    Prejuicios de Genero en Costa Rica. ¿Un Mito o la Realidad?
    Prejuicios de Genero en Costa Rica. ¿Un Mito o la Realidad?

    Descargas:
    2

    Páginas:
    50

    Publicado:
    Apr 2020

    El sesgo de genero es un tema que va a verse en personas de cualquier sexo, religion, etnia o cultura, y sus origenes son tan complejos que el ser humano hast...

    Formatos: PDF

  • El amante
    El amante Romance por I.A.
    El amante
    El amante

    Descargas:
    370

    Publicado:
    Apr 2020

    La historia de amor entre la joven Alma Belasco y el jardinero japonés Ichimei conduce al lector por un recorrido a través de diversos escenarios que van desd...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Mi país
    Mi país Clásicos: Novelas y Cuentos por I.A.
    Mi país
    Mi país

    Descargas:
    185

    Publicado:
    Mar 2020

    Los retratos de su familia y amigos se disputan con vívidas descripciones de las costumbres y creencias del lugar, y a pesar de todo, la figura indomable de l...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Escándalo
    Escándalo Clásicos: Poesía por G. B.
    Escándalo
    Escándalo

    Descargas:
    145

    Publicado:
    Jan 2020

    Gioconda Belli selecciona en este libro los mejores poemas de su amplia producción poética. Una celebración de la palabra poética y un muestrario vibrante de ...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT