Lectio Divina - Enero 2013 por Alfredo Ramos Genes - muestra HTML

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 01 de Enero

Lucas 2,16-21

VERSÍCULOS 1-20: LOS NACIMIENTOS DE JUAN Y JESÚS

 

Anote los paralelos entre la historia de Jesús y la de Juan Bautista:

 

- “Y parió un hijo” (1:57). “Y parió a su hijo primogénito” (2:7).

 

- “Y se alegraron con ella” (1:58). “Os doy nuevas de gran gozo” (2:10).

 

- “Y todos se maravillaron” (1:63). “Y todos los que oyeron, se maravillaron” (2:18).

 

- “Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón” (1:66). “Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón” (2:19).

 

Pero también existe “un punto clave de contraste.  Los ‘vecinos y parientes’ que gozan por el nacimiento de Juan se quedan en las sombras tras las respuestas más universales y cósmicas de los ángeles y pastores al nacimiento de Jesús” (Green, 121

 

VERSÍCULOS 15-16: PASEMOS Y VEAMOS ESTO QUE HA SUCEDIDO

 

15Cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían: Crucemos hacia Belén, a ver lo  que ha sucedido, y nos ha comunicado el Señor.  16Fueron aprisa y encontraron a  María, a José y al niño acostado en el pesebre.

 

 

“Crucemos hacia Belén” (v. 15).  Fácilmente, los pastores podían haber dicho, “Primero, déjeme buscar a alguien que cuide de las ovejas.”  Podían haber dicho, “Me gustaría ir, pero me necesitan aquí.”  En vez, como los pescadores que dejan sus botes y el recaudador de impuestos que deja su puesto, responden a la llamada.  No se contentan con alabar a Dios con sus labios, sino que le alaban con sus pies – al ir a ver eso de que los ángeles hablaron.  De cierto Jesús no permitirá que regresen a rebaños devastados.

 

“Fueron aprisa, y encontraron a María, a José, y al niño acostado en el pesebre” (v. 16).  Tenga cuidado al leer este versículo en oración pública, no sea que ponga a María y a José junto con el bebé.  Tome una pausa después del nombre de José.

 

Los pastores obedecen el mandato del ángel con prisa.  Gente más sofisticada quizá titubearía.  Tendría preguntas que hacer y problemas que considerar.  ¿En qué se estarían metiendo? ¿Cuáles podrían ser las ramificaciones de su participación?  Gente simple encuentra más fácil el obedecer – están acostumbrados a seguir órdenes – no sienten la necesidad de estar en control – no tienen una imagen pública que proteger.  Gente simple hace mejores sirvientes, y el Señor necesita sirvientes – gente que obedezca.

 

 

VERSÍCULOS 17-20: TODOS LO QUE OYERON, SE ASOMBRABAN

 

17Al verlo, les contaron lo que les había sido dicho del niño.  18Y todos los que oyeron, se asombraban de lo que contaban los pastores.  19Pero María lo conservaba y meditaba todo en su interior.   20Los pastores se volvieron  glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto;  tal como se lo habían anunciado.

 

 

“Hicieron notorio lo que les había anunciado” (v. 17).  Una vez que hemos sido privilegiados con la presencia de Dios, entonces tenemos la responsabilidad de compartir la experiencia con otros – de correr la palabra – de proclamar el Evangelio.

 

“Y todos los que oyeron, se asombraron” (v. 18).  ¿Quiénes son los asombrados? ¿José y María? ¡Seguramente! ¿Los pastores? ¡De cierto! ¡También aquéllos a quienes los pastores relatarán esta historia en los próximos días!

 

“Pero María lo conservaba y meditaba todo en su interior” (v. 19).  Nuevas madres aman todo de sus bebés, así, es natural que María ame este relato tan maravilloso que los pastores le cuentan y que ella confiera estas cosas en su interior.  Dios la asignó para esta misión, y ella la embarcó dispuestamente.  En el principio, no podría comprender todo lo que seguiría.  Al desplegarse la vida de Jesús, ella se preguntaría acerca de los caminos tan sorprendentes en los que se encuentra.  Si Dios la escogió a ella para ser la madre del Señor, ¿por qué un pesebre? ¿Por qué pastores? Si había un coro angelical, ¿por qué se les apareció a los pastores? ¿Por qué no a ella? ¿Qué pasará ahora? ¿Qué es lo que Dios espera de ella? “María no comprendía por completo las implicaciones de todo lo que le había pasado... A veces, podría haber tenido las mismas preguntas que tenía Juan Bautista en Lucas 7:18-23” (Stein, 110).

 

“Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que  habían oído y visto; tal como se lo habían anunciado (v. 20).  Igual que gente muy ordinaria después será testigo de la resurrección, pastores muy ordinarios sirvieron de testigos de la Encarnación.  Además de los ángeles, ellos son los primeros en proclamar las Buenas Noticias del nacimiento de Jesús.

 

 

 

02 de Enero

Juan 1,19-28

 

Este evangelio comienza con hermosas y poéticas palabras sobre Jesús, una poesía que no menciona el nombre de Jesús o describe su apariencia, sino que más bien usa metáforas suficientemente sencillas para un niño y suficientemente complejas para todos nosotros.

 

También vemos otras metáforas en este Evangelio. Jesús dice, “Yo soy la luz del mundo” (8:12); “Yo soy el pan de vida” (6:35); “Yo soy la puerta” (10:9); “Yo soy el buen pastor” (10:11), y otras. Jesús introduce cada una de estas metáforas con la frase griega ego eimi = “Yo soy”, una frase que se deriva del nombre de Dios tal como se le revela a Moisés en el Éxodo 3:14. En el evangelio de Juan, Jesús se revela a sí mismo por la frase “Yo soy”, el nombre de Dios. Como lo veremos adelante, Juan se revela a sí mismo por la frase, “Yo no soy”.

 

En el versículo 6 (comenzando la primera parte del pasaje de esta semana), el sujeto cambia a Juan el Bautista, a quien el autor identifica solamente como Juan, como si ya lo conociéramos. Juan, como otros profetas, es enviado de Dios (v. 6), pero el autor habla de él, no en términos poéticos, sino en prosa. El cambio en estilo literario tanto como palabras explícitas con respecto a la situación de Juan deja claro que Juan, tan grande como pudiera ser, es menos cuando se le compara con el más grande.

 

Juan “vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por él” (v. 7). Estas palabras, “testigo” (griego = marturian) y “testificar” (verbo griego = marturese), son formas de la misma palabra, una palabra que significa testimonio o atestiguar, pero que, en español, se ha convertido en mártir al reconocer que muchos cristianos que han muerto al dar testimonio de Cristo.

 

En el versículo 10, el sujeto vuelve otra vez a la Palabra, Juan regresa a la escena en el versículo 15, pero solamente para testificar de la Palabra. En el versículo 17, tenemos la primera mención del nombre de Jesús, que se junta con su título: Jesús (es el nombre) y Cristo (el título).

En el versículo 19 (comenzando la segunda parte del pasaje de hoy), tenemos la primera interrogación de Juan por los sacerdotes y levitas de Jerusalén, que le preguntan “¿Tú, quién eres?” Juan niega que es el Mesías, Elías, o el profeta, y dice que es “Yo soy la voz del que clama, en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta”.

 

En el versículo 24 (también parte de nuestro pasaje de hoy), tenemos la segunda interrogación de Juan, preguntando por qué está bautizando. Esto provee a Juan con otra ocasión para hablar muy bien de “el que ha de venir tras mí” (v. 27) y para humillarse a sí mismo.

 

En el versículo 29, tenemos la segunda mención del nombre de Jesús, cuando Juan declara que Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” Una vez más, Juan reafirma la naturaleza superior de Jesús. Aunque menciona el bautismo (v. 31) y que vio “al Espíritu que descendía del cielo como paloma” (v. 32), no menciona específicamente bautizar a Jesús. En su lugar, una vez más asegura la naturaleza superior de Jesús como el que bautiza con el Espíritu Santo, mientras que Juan bautiza solamente con agua (v. 33).

 

En el versículo 35, Juan identifica a Jesús como el Cordero de Dios a dos de sus discípulos, que después siguieron a Jesús, que es otro claro testimonio de la superioridad de Jesús. Esto lleva a la historia de Jesús llamando a sus primeros discípulos (vv. 39, 43).

 

Juan 1:19 – 12:50 es conocido como el Libro de los Signos, e incluye algunos de los milagros de Jesús – incluyendo su primer milagro en Caná de Galilea (2:1-11) – que son las señales que revelan su gloria (2:11). El primer testimonio de su gloria, sin embargo, es el de Juan el Bautista, conocido en este Evangelio solamente como Juan.

 

VERSÍCULOS 19-23: SOY LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO

 

19Este es el testimonio (griego = marturia) de Juan, cuando los Judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y Levitas, a preguntarle quien era.  20El confesó sin reticencias, confesó que no era el Mesías. 21Le preguntaron: entonces ¿Eres Elías? Respondió: No lo soy.  ¿Eres el profeta?  respondió: No.  22Le dijeron: ¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes  nos enviaron; ¿Qué dices de ti?  23Respondió: Yo soy la voz del que clama, en el desierto: Allanad el camino del Señor (según dice el profeta Isaías).

 

 

“Este es el testimonio (griego = marturia) de Juan” (v. 19); aquí tenemos la palabra “mártir” otra vez. Juan testifica primero a quién es y quién no es (vv. 19-28), y después testifica de quién es Jesús (vv. 29-35).

 

“… los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas” (v. 19). En este evangelio “los judíos” frecuentemente se refiere a miembros de la institución religiosa judía; los opositores de Jesús (2:18, 20; 5:10, 16, 18; 6:41, etc.). Esto no significa que todos los judíos se oponían a Jesús. Juan es judío, los discípulos de Jesús son judíos, Jesús es judío.

 

Los sacerdotes y levitas eran religiosos profesionales, es decir, hombres que manejaban objetos santos y dirigían cultos santos. El hecho de que estos sacerdotes y levitas eran de Jerusalén añade otra nota lamentable, porque los oponentes de Jesús están centrados en Jerusalén, y lo matarán en Jerusalén.

 

El diálogo entre Juan y estos hombres de Jerusalén toma un cierto sabor de interrogación hostil. Una pregunta sigue a la otra, presumiblemente para aclarar pero realmente es para probar si la armadura de Juan tiene una grieta. Primero, y más que nada, preguntan “¿Tú, quién eres?”, Juan “Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo” (v. 20). Confesar, negar, confesar, es una raramente fuerte construcción verbal. Aparentemente Juan sabe que se dice que él es el Mesías, y quiere detener los rumores antes de que vayan más lejos.

 

Juan también niega ser Elías (v. 21). Elías no murió, subió al cielo en un torbellino (2 Reyes 2:11), y los judíos esperaban su regreso como predecesor del Mesías (Malaquías 4:5; Marcos 8:28; 9:11). En el evangelio de Marcos, Juan el Bautista se viste como Elías (Marcos 1:6; 2 Reyes 1:8), es el predecesor del Mesías (Marcos 1:1-4), y es aparentemente identificado por Jesús como Elías (Marcos 9:13), todo lo que confirma que efectivamente es, en verdad, Elías.

 

¿Cómo podemos reconciliar la narración de Marcos de que Juan es Elías con el testimonio de Juan en el cuarto evangelio de que no es? Muy posiblemente, Juan es Elías, pero no se ve a sí mismo como tal. “En lo que respecta a esos pasajes… que identifican a Juan el Bautista con Elías, esta no es la perspectiva de Juan el Bautista mismo, sino la perspectiva de la temprana teología cristiana que vio en el papel de Elías la mejor manera de interpretar la relación de Juan el Bautista con Jesús, es decir, Juan el Bautista fue a la revelación de Jesús lo que Elías fue a la revelación del Señor” (Brown, 48-49).

 

Juan también niega ser el profeta prometido por Moisés en Deuteronomio 18:15, 18. En este evangelio, se identifica a Jesús como el profeta (6:14; 7:40), aunque esa identificación es menos que totalmente autoritativa.

 

Finalmente, pasamos lo que Juan no es y vamos a lo que sí es. Dice, “Yo soy la voz del que clama, en el desierto: Allanad el camino del Señor (según dice el profeta Isaías) (v. 23). La cita viene de Isaías 40:3. En el contexto de Isaías, el pueblo estaba en cautividad en Babilonia, y la visión de Isaías prometía un segundo éxodo con un ángel haciendo un camino derecho a través del desierto para permitir que los israelitas regresaran a su Tierra Prometida; un regreso que Dios de hecho hizo posible, aunque no necesariamente en una supercarretera. “Pero Juan el Bautista prepararía el camino, no para que el pueblo de Dios regresara a la Tierra Prometida, sino para que Dios llegara a su pueblo” (Brown, 50).

 

 

VERSÍCULOS 24-28: EL QUE VIENE DESPUÉS DE MI

 

24Algunos  Fariseos de los enviados 25Le dijeron: Si no eres ni el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿Por qué bautizas?  26 Juan les respondió: Yo bautizo con agua. Entre vosotros está uno que no conocéis,  27que viene detrás de mí; y yo no soy quién para soltarle la correa de la sandalia.  28Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.

 

 

Este es el segundo interrogatorio de Juan, esta vez por los fariseos. “En el tiempo de Jesús, los fariseos eran uno entre muchos grupos de líderes religiosos judíos, pero para el tiempo del cuarto evangelista, los sucesores de los fariseos, los rabinos, fueron el grupo dominante en el judaísmo” (O’Day, 528). Los opositores de Jesús durante su vida, se convirtieron en los primeros opositores de la iglesia durante el primer siglo.

 

La manera en que los fariseos ponen sus preguntas los hace aparecer como si esperaran al Mesías, Elías o al profeta para bautizar. El verdadero punto detrás de sus preguntas, sin embargo, es preguntar por la autoridad con que Juan estaba bautizando judíos, una práctica generalmente reservada para los gentiles que se convertían al judaísmo. “La respuesta de Juan indica que su bautismo es una preparación para la aparición del Mesías que está escondido, que ya está en medio de Israel y está por cumplir su tarea mesiánica” (Beasley-Murray, 24).

 

Una vez más, Juan dice que lo que no es. No es “digno de soltar la correa de la sandalia” (v. 27), una tarea insignificante que solamente se requería de los esclavos, probablemente sólo de esclavos gentiles. Juan está diciendo que el grado de diferencia entre él y quien ya está en medio de ellos es más grande que el que está entre un maestro y el esclavo más bajo.

 

Tenemos que admirar el valor de Juan, porque sus inquisidores son claramente hostiles, pero Juan no hace hoyos en su testimonio sobre Cristo. Habla atrevidamente, incluso si su atrevimiento lo pone en peligro. Él es “un modelo para todos lo que siguen… La iglesia como un cuerpo está llamada a testificar… (En Navidad), en cada himno, cantata, celebración, don, culto, acto de caridad, que la iglesia primero diga ‘nosotros no somos la luz, pero hemos venido a dar testimonio de la luz’…: ‘El Mesías ha venido, y es Jesús’” (Craddock, 20).

Nosotros, la iglesia, estamos llamados a testificar de Cristo, con obras y palabras, en el buen tiempo y el malo, cuando nos va bien y cuando no, cuando es peligroso y cuando no lo es. Irónicamente, el testimonio de la iglesia frecuentemente ha sido más fiel cuando está bajo persecución que bajo la prosperidad. 

“Estas cosas acontecieron en Betania, junto al Jordán” (v. 28). Esta no es la Betania cerca de Jerusalén donde Jesús visitaría a María, Marta y Lázaro (11:1-44). El lugar donde estuvo esta Betania junto al Jordán es desconocido el día de hoy.

 

 

 

03 de Enero

Juan 1,29-34

VERSÍCULOS 29-34: EL CORDERO DE DIOS

 

29Al siguiente día ve acercarse a Jesús y dice: Ahí está el Cordero de Dios (griego: ide ho amnos tou theou – “¡Miren el Cordero de Dios”), que quita el pecado del mundo.  30De él  dije yo: Detrás de mí viene un varón, que existía antes que yo, porque está antes de mí.  31Aunque yo no lo conocía, vine a bautizar con agua para que se manifestase a Israel.  32Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquel sobre el que veas bajar y posarse  el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. 33Yo  lo  he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

 

 

“Al día siguiente” (v. 29).  Este Evangelio abrió con el Prólogo (1:1-18), una larga declaración teológica.  Entonces Juan el Bautista testificó que él no era el Mesías (1:20), sino que había venido para “Allanad el camino del Señor” (1:23).  También testificó que uno tan grande iba a venir, que Juan “no es digno de soltar la correa de la sandalia” (1:27).  “El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él” (v. 29).

 

Otra vez, encontramos la relación entre Juan el Bautista y Jesús.  Después de la muerte de Juan y la resurrección de Jesús, la reputación de Juan continúa atrayendo discípulos (Hechos 18:25; 19: 1-5).  Aunque al principio de este Evangelio, el Bautista ya llevaba muerto varias décadas, el evangelista va lejos para establecer y volver a establecer que Jesús es más grande e importante que él.

 

- El Prólogo dice que Juan “No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz” (1:8).  Juan grita, “Este es del que yo decía: El que viene detrás de mí, es antes de mí: porque es primero que yo” (1:15) – una referencia clara de la preexistencia de Jesús.

 

- Cuando se encuentra confrontado por los sacerdotes y Levitas, Juan grita, “No soy yo el Cristo” (1:20).  Además, declara que él no es Elías, sino que “la voz del que clama en el desierto:

Allanad el camino del Señor” (1:23).  Él no se merece ni desatar la sandalia del que viene (1:26-27).

 

- Juan declara que Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (vs. 29).

 

- Establece la autoridad suprema de Jesús con la declaración del Bautista, “Detrás de  mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo” (vs. 30).

 

- El Bautista dice que su propósito en bautizar es “para que (Jesús) fuese manifestado a Israel” (vs. 31).

 

- Le llama a Jesús el Hijo de Dios (vs. 34).

 

- Les dice a sus propios discípulos que Jesús es el Cordero de Dios.  Esto resulta en que los discípulos dejen al Bautista para seguir a Jesús (vv. 35-37).

 

“He aquí el Cordero de Dios (griego: ide ho amnos tou theou – “¡Miren el Cordero de Dios!”), que quita el pecado del mundo” (v. 29).  “El elemento crucial es ‘de Dios.’  De acuerdo con pensamiento bíblico, solo Dios quita o perdona el pecado” (Moloney, 58).

 

La frase, Cordero de Dios, nos hace pensar:

 

- La oveja Pascual (Pascua), cuya sangre salvó a los israelitas de la muerte y preparó el camino para su liberación de Egipto (Éxodo. 12).  “Una de las ideas más importantes del Evangelio de Juan es el motivo de la Pascua... Pascua... un fundamento teológico para todo el Evangelio” (Borchet).  La Pascua pronto será celebrada (2:13), así, el cordero de la Pascua estaría en la mente del evangelista mientras escribe esto.  “En el judaísmo, el cordero de la Pascua no se veía como un sacrificio por el pecado, pero la temprana iglesia pronto volvió a interpretar el simbolismo de la Pascua según la eucaristía (e.g., 1 Cor. 5:7-8).  Además, en el Cuarto Evangelio la crucifixión de Jesús está conectada a la matanza del cordero de la Pascua.  Por ejemplo, el Cuarto Evangelista conecta las piernas de Jesús, sin romperse durante la crucifixión, (19:33) con Éxodo 12:46, que enseña sobre el cordero Pascual (19:36)” (O’Day, 528).

 

- El cordero proporcionado por Dios a Abraham para sacrificar en lugar de Isaac (Gen. 22:8-13).

 

- El cordero de las canciones de Isaías del Sirviente que Sufre, las cuales retrataban a uno que, por su sacrificio, será redentor de su gente.  “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isa. 53:7).  Esto se convirtió en una parte importante del entendimiento de Cristo por parte de la iglesia, y “puede ser que Juan el Bautista fue el primero en verlo así” (Barclay, 64).

 

- Ovejas se sacrificaban a diario en el templo para redimir a la gente de sus pecados.  El padre de Juan el Bautista era sacerdote (Lucas 1:5), entonces, estos sacrificios serían algo familiar para él.

 

- El cordero de Rev. 5 que “ha vencido” (Rev. 5:5).  Los veinticuatro señores mayores cantarán de este cordero, “Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Rev. 5:9) – un tributo repetido por los ángeles (Rev. 5:11-12) y “toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están” (Rev. 5:13).  Este cordero conquistador “aplasta las fuerzas malvadas de la tierra.  El cuadro del cordero apocalíptico, que destruye, encaja muy bien con lo que sabemos de la predicación escatológica de Juan el Bautista” (Brown, 59).

 

- El “cordero inocente que llevan a degollar” (Jer. 11:19).

 

No es necesario escoger uno de estos significados.  Se juntan en la oración de Juan, “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”  “Como a menudo ocurre en el Cuarto Evangelio, un antiguo símbolo se está usando de una manera nueva” (Moloney, 59).

 

“Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo” (v. 30).  Juan el Bautista es varios meses mayor que Jesús (Lucas 1:36), pero Jesús tiene un lugar superior a él.  Ésta es una referencia escondida de la preexistencia de Jesús, que el evangelista describe en el Prólogo (1:1-5).

 

“Y yo no lo conocía” (v. 31).  Juan y Jesús son parientes (Lucas 1:36) y se han conocido desde niños, pero solo ahora Juan reconoce a Jesús por quien es de verdad.  Solo la revelación divina hace posible este reconocimiento.  “La sabiduría de Dios siempre viene como una ocasión de revelación, como un regalo divino” (Brueggemann, 106).

 

“Más para que fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando con agua” (v. 31).  El trabajo de Juan es revelar a los demás lo que ya se le ha revelado a él.  Comenzó su ministerio con una comprensión incompleta de Jesús, y su muerte le prevendrá de ver la complejidad del ministerio de Jesús.  Sin embargo, su ministerio es importantísimo para revelar Cristo a Israel.  Sweet pregunta, “¿Podemos servir a Dios haciendo cosas que creemos importantes pero que realmente no comprendemos?” y observa, “Eso nos pasa a los sacerdotes todo el tiempo” (Sweet, 8).  Dios a menudo nos llama por un camino que se ilumina solo paso por paso – si acaso eso.  Cuando andamos con Dios hacia la oscuridad, Dios nos revela grandes verdades y hace que grandes cosas ocurran.

 

“Y Juan dio testimonio, diciendo: Contemple al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma, y se posaba sobre él” (v. 32).  Este Evangelio no cuenta los detalles del bautizo de Jesús, pero cuenta como Juan vio “el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma” (vs. 32).

 

Es significante que el Espíritu se queda (meno) con Jesús (vs. 32).  Este verbo, meno, ocurre frecuentemente en este Evangelio, y también es traducido como permanecer (15:1-11).  Describe una relación profunda y obediente en vez de trivial o pasajera.  Jesús tiene una relación profunda y obediente con el Espíritu, y les da a los discípulos ese mismo tipo de relación con el Espíritu (20:22).

 

“Pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquel sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo” (v. 33).  Al ver el Espíritu y oír la voz  Juan comprende, finalmente, quien es Jesús.  Este versículo compara a Juan, que bautiza solo con agua, con Jesús, que bautiza con el Espíritu Santo.  “El bautizo por medio del agua esencialmente tenía un significado negativo: es una limpieza de-.  Pero el bautizo por medio del Espíritu es positivo.  Es el dar nueva vida en Dios” (Morris, 134).

 

“Y yo le vi, y he dado testimonio (griego: memartureka – de martureo, que significa “testificar” o “ser testigo”) que éste es el Hijo de Dios” (v. 34).  Para servir como un verdadero testigo, uno debe haber visto o experimentado lo que testifica.  Juan puede servir como un verdadero testigo, porque ha visto el Espíritu y ha oído la voz.

 

04 de Enero

Juan 1,35-42

VERSÍCULOS 35-42: LOS DOS DISCÍPULOS SIGUIERON A JESÚS

 

35Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos.  36Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios.  37Se lo oyeron decir los discípulos  y siguieron a Jesús.  38 Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les dice: ¿Qué buscáis? Respondieron: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde resides? 39Les Dice: Venid y ved. Fueron, pues,  vieron dónde residía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde.  40Uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41Encuentra primero a su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías (que se traduce Cristo).  42Y lo condujo a  Jesús. Jesús lo miro y dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan: te llamarás Cefas (que significa piedra).

 

 

Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos.  Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está  el Cordero de Dios” (vv. 35-36).

 

Juan continúa siendo testigo de Jesús.  En este caso, hace de testigo para dos de sus propios discípulos, que dejan a Juan para seguir a Jesús.  Juan demuestra “lo contrario de la tendencia humana de crear imperios.  Por lo tanto provee un modelo genuino de lo que significa ser un ministro o sirviente de Dios” (Borchet).

 

En los Sinópticos, Jesús les pide a los discípulos que se alejen de sus botes de pesca para seguirle a él (Mateo 4:18-22).  En el Cuarto Evangelio, vienen a Jesús como resultado del testimonio de Juan en vez de responder a la llamada de Jesús.  En vez de dejar sus botes, le dejan a Juan.

 

Anota el modelo de testificar que ocurre en estos versículos.  Juan el Bautista testifica para dos de sus discípulos sobre Jesús.  Uno de estos discípulos, Andrés, testifica para su hermano, Pedro Simón, el que se convertirá en una figura clave en la historia del Evangelio.  Las olas siempre se mueven hacia afuera, y nosotros, ni podemos predecir su efecto ni imaginarnos su potencial.

 

“¿Qué buscáis?” (v. 38).  Cuando Jesús hace esta pregunta, los dos discípulos contestan preguntándole dónde está alojado.  Un rabí tendría un lugar que usaría para enseñar a sus discípulos, y su pregunta indica un deseo de ir a ese lugar para aprender de él.  Sin embargo, la palabra traducida “morar” es el mismo meno que encontramos antes (vs. 32) – una palabra que se usa a menudo en este Evangelio para describir relaciones.  Su pregunta puede tratarse menos del alojamiento de Jesús que de la sustancia de su ser - ¿Quién eres? - ¿Cuál es tu posición? - ¿De qué te tratas?

 

“Venid y ved” (v. 39).  Ésta es su llamada a ser discípulos – y las primeras palabras de Jesús en este Evangelio.

 

“Eran las cuatro de la tarde” (v. 39).  El comentario de la hora del día es interesante.  Literalmente, sería la cuarta hora.  Medido desde la madrugada del día judío (aproximadamente las seis de la mañana), entonces, serían las cuatro de la tarde, que es como se traduce.  ¿Por qué mencionar un detalle tan inconsecuente?  Quizá sea para explicar la decisión de los discípulos de quedarse con Jesús – una explicación superficial para una decisión profunda.  Cuando vivimos por una experiencia que verdaderamente afecta nuestras vidas, la recordamos y contamos tales detalles (Barclay, 71).

 

Andrés “encuentra primero a su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías (que se traduce Cristo).  Y lo condujo a Jesús” (vv. 41-42).  Andrés no tiene una visión espectacular.  No existe ninguna documentación de que él estableciera una misión en el extranjero o de que predicara en las sinagogas.  Únicamente va a su hermano, pero  solo eso tendrá consecuencias profundas – “quizá...preste tan grande servicio a la Iglesia como el de cualquier hombre” (William Temple, citado en Morris, 140).  El evangelizar a menudo comienza con aquéllos que conocemos mejor – hasta aquéllos en nuestras propias familias (Gossip, 486).

 

“Andrés...no tiene prominencia en los Evangelios.  Pero cuando lo vemos, siempre está haciendo lo mismo, llevando otros a Cristo; y a través de ellos, por segunda mano, efectuando grandes cosas para Cristo, que sin él no hubieran ocurrido” (Gossip, 487).  Andrés hace esto en tres ocasiones, ésta siendo la primera.  Más tarde, le traerá a Jesús un niño con panes y peces (6:8-9).  Finalmente, traerá un grupo de griegos (12:20-22).

 

“Tú puedes hacer lo que sea si no te importa quién se lleva el reconocimiento.”  Andrés demuestra la verdad de ése antiguo dicho.  Nunca se lleva el reconocimiento en los Evangelios, pero usa su talento de invitar para conseguir un gran resultado.  Desde el principio, Jesús reunió a su alrededor a la gente más extraordinaria.  Gente como Andrés, gente común que solo posee talentos ordinarios, es la que hace la mayoría del trabajo de Cristo hoy en día.  Si solo gente de mucho talento respondiera a la llamada de Cristo, la iglesia estaría atrofiada y perjudicada.

 

“Hemos encontrado al Mesías (que se traduce Cristo)” (v. 41).  Anota que, en el original, encontramos ambos Mesías y Cristo.  “Mesías y Cristo es la misma palabra.  Mesías es hebreo y Cristo es griego; ambos significan Ungidos.  En tiempos antiguos..., a los reyes se les untaba” (Barclay, 72).

 

“Tú eres Simón, hijo de Juan: te llamarás Cefas (que significa piedra)” (v. 42).  Este tipo de cambio de nombre tiene precedentes en el Antiguo Testamento.  Dios le dijo a Abran, “Y no se llamará más tu nombre Abran, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Gen. 17:5).  Dios le dijo a Jacobo, “No se dirá más tu nombre Jacobo, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gen. 32:28).  Tales cambios de nombres indican el comienzo de una nueva vida – un nuevo propósito – una nueva relación con Dios.

 

Cefas es la palabra aramea para roca y Pedro es la palabra griega para roca.  Jesús ve en Pedro las cualidades de una roca, que no serán realizadas por bastante tiempo.  Por ahora, Pedro es espontáneo en vez de ser como una roca.  En su entusiasmo, camina sobre el agua hacia Jesús, solo para caerse en cuanto se da cuenta de lo que está haciendo (Mateo 14:28-30).  En su enojo, le corta la oreja a uno de los hombres que vino a arrestar a Jesús (Juan 18:10).  Le jurará lealtad eterna a Jesús, pero le negará tres veces (Mateo 26).  Solo después de la resurrección es cuando Pedro empezará a parecerse a la roca que Jesús vio  hacía tanto tiempo.  Existen posibilidades como ésta para cada uno de nosotros.  Si seguimos a Cristo, él nos demostrará esas posibilidades, igual que lo hizo con Pedro.

 

“Con la transferencia de estos discípulos a Jesús, el nuevo maestro, ya completada, Juan el Bautista silenciosamente se va” (Sloyan, 24).  Ha tenido éxito siendo testigo de Jesús.  En capítulo 3 aparecerá de nuevo brevemente solo para afirmar otra vez que su importancia debe disminuir mientras que la de Jesús debe aumentar (3:30).

 

05 de Enero

Juan 1,43-51

VERSÍCULOS 35-51: LOS PRIMEROS DISCÍPULOS

 

Los versículos 35-42 nos cuentan sobre Juan el Bautista y dos de sus discípulos. Cuando Jesús va hacia Juan, este dice “ahí está el cordero de Dios” (v. 36). Como resultado del testimonio de Juan, dos de sus discípulos deciden seguir a Jesús. No tenemos el nombre de uno de estos discípulos, pero el otro es Andrés. Andrés va y le dice a su hermano, Simón Pedro, sobre Jesús.

 

“En estos versículos hay una alentadora revelación del tipo de personas en quien… Cristo se goza en poner sus esperanzas… Todas fueron personas comunes” (Gossip, 487).

 

–– Sabemos poco sobre Andrés, excepto que su más grande acto como discípulo fue traer a su hermano, Simón Pedro, a Jesús (vv. 41-42); y que también llevaría a Jesús al niño que tenía los panes y los peces, y con los que después alimentaría a la multitud (6:8-9). En ambos casos, Andrés tiene un papel de “atrás de la escena”, algo así como simplemente trayendo a la gente a Jesús. Su parte fue bastante pequeña, pero su disposición para realizar esa parte fielmente tuvo un gran impacto en la fe cristiana.

 

–– Pedro, a esas alturas de su vida, para nada es como la roca en que se convertiría.

 

–– Felipe se muestra escéptico cuando Jesús le dice a sus discípulos que alimenten a la multitud (6:7).

 

–– Natanael se revela como un hombre con una visión limitada (1:46).   

 

Ninguno de los grandes ejecutivos actuales elegiría a este tipo de personas como lugartenientes; excepto si eso le asegurara rodearse de personas que no amenazarán su posición. Jesús, sin embargo, no solamente elige a personas comunes, sino que también las usará para cambiar al mundo.

 

 

VERSÍCULOS 43-45: HEMOS HALLADO A AQUEL DE QUIEN ESCRIBIÓ MOISÉS

 

43Al día siguiente se disponía a marchar a Galilea, cuando encuentra a Felipe y le dice a Jesús: Sígueme.  44 Felipe era de Betsaida, patria de Andrés y de Pedro. 45Felipe encuentra a  Natanael y le dice: Hemos encontrado al que describen Moisés en la ley y los profetas: Jesús, hijo de José, natural de Nazaret.

 

 

Jesús encuentra a Felipe, que es de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Esto parece contradecir a Marcos 1:29, que dice que Jesús entró en la casa de Simón y Andrés en Capernaúm. Existen varios intentos para tratar de armonizar estos pasajes, ninguno de ellos verdaderamente convincentes.

 

Betsaida está en la orilla norte del mar de Galilea, cerca de Decápolis, la región de las diez ciudades griegas que están al este del río Jordán. Esto puede explicar los nombres griegos de Felipe y Andrés. Más tarde, cuando un grupo de griegos quiere ver a Jesús, le pedirán a Felipe y Andrés que los introduzca (12:20-22).

 

De la misma manera en que Andrés le dio testimonio a Pedro (vv. 41-42), Felipe le da testimonio a Natanael (v. 45). Le dice “Hemos encontrado al que describen Moisés en la ley y los profetas” (v. 45). La verdad, sin embargo, es que Jesús encontró a Felipe más bien que al revés (v. 43). Es claro que solamente tenemos parte de la historia. Algo se transmitía que convenció a Felipe de que Jesús era el que describían Moisés y los profetas.

 

Felipe entonces identifica a Jesús como “el hijo de José, de Nazaret” (v. 45). Parece algo anti-climático identificar primero a Jesús como el cumplimiento de la Escritura y después mencionar a José de Nazaret. El contexto deja claro que Jesús es nominalmente el hijo de José. La gran verdad es que es el Hijo de Dios (1:14, 18).

 

Sabemos poco sobre Natanael. Solamente aparece aquí y en Juan 21:2, donde se nos dice que es de Caná. Su nombre no aparece en los evangelios sinópticos, o en las listas de los apóstoles. Algunos han sugerido que Natanael es otro nombre para Bartolomé, principalmente porque el nombre de Bartolomé sigue al de Felipe en las listas de los apóstoles (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14). Esa explicación, sin embargo, no es necesaria a menos que insistamos en hacer de Natanael un apóstol.

 

El testimonio sobre Jesús que comenzó con Juan el Bautista continúa con Andrés y Felipe. El testimonio de Juan creó una pequeña ola que se hizo más grande con cada sucesivo discípulo. El testimonio de Juan trajo dos discípulos, uno fue Andrés. El testimonio de Andrés trajo a Pedro. El testimonio de Felipe a Natanael. El resultado no es una gran marejada de fe, sino una serie de pequeñas olas que el mundo ignorará. Las pequeñas olas, sin embargo, estaban fortalecidas por el Espíritu Santo, y a través del tiempo llegaron a todas partes del mundo.

 

 

VERSÍCULOS 46: ¿DE NAZAREA PUEDE HABER ALGO BUENO?

                     

46Replica Natanael: ¿De Nazaret puede salir algo  bueno? Le dice Felipe: Ven y verás.

 

 

El comentario de Natanael probablemente refleja una rivalidad entre pequeños pueblos. Caná y Nazarea solamente están separados por unos cuantos kilómetros, y los jóvenes están poco dispuestos a pensar bien de otros, especialmente si son los jóvenes de un pueblo rival. El comentario de Natanael “también provee el primero de los cumplimientos del evangelio (1:10-11, ‘y los suyos no le recibieron’)” (Brueggemann, 112).

 

Aquí tenemos una ironía. Por un lado, Jesús es de Nazarea, “pero la historia Juanina insiste en que el creyente vea más allá de los orígenes históricos” (Moloney, 55). Jesús sólo es accidentalmente de Nazarea, más esencialmente es de Dios (1:1-2, 14).

 

Felipe no discute con Natanael, sino que le responde con una invitación: “Ven y verás”. Hay que aprender de Felipe. “No mucha gente ha entrado al cristianismo discutiendo… La única manera de convencer a alguien de la supremacía de Cristo es enfrentarlo con Cristo mismo” (Barclay, 76). Argumentos ontológicos y cosmológicos nunca tienen tanto efecto como nuestro testimonio personal y nuestra invitación para “Venir y ver”.

 

 

VERSÍCULOS 47-49: MAESTRO, TÚ ERES EL HIJO DE DIOS

 

47ViendoJesús acercarse a  Natanael, le dice: ahí tenéis un Israelita de verdad, sin falsedad. 48Le pregunta Natanael: ¿De qué me conoces? Jesús le contesto: Antes de que  te llamara Felipe, te vi bajo la higuera. 49Respondió Natanael: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel.

 

 

A diferencia de algunos en este evangelio que claman ver pero que en realidad están ciegos (9:40-41), Natanael acepta la invitación de ver a Jesús. Al igual que Jesús tomó la iniciativa para encontrar a Felipe (v. 43), así él toma la iniciativa aquí cuando ve a Natanael acercarse y le dice “Ahí tenéis un Israelita de verdad, sin falsedad”.  Una vez más, no es el discípulo quien encuentra a Jesús, sino Jesús quien encuentra al discípulo.

 

No sabemos qué es lo que motiva el comentario de Jesús sobre Natanael, pero obviamente él sabe más sobre Natanael de lo que se esperaba que supiera. “En el cuarto evangelio, Jesús frecuentemente sabe cosas todavía no conocidas por otros (por ejemplo, ver 2:24; 6:6), cosas que normalmente son inaccesibles para los seres humanos. Esta situación particular tiene un paralelo en la historia de la mujer samaritana, que se da cuenta de que Jesús misteriosamente sabe su historia marital” (Brueggemann, 113).