Ligando hombres por Garrank - muestra HTML

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otros con cuero negro. La mezcla de ambas pieles me provoca una sensación estimulante. Cuero

blanco, cuero negro. M e excitaba. M i polla pasaba de mano en mano hasta que me encontré con un

hermoso ejemplar: El chaval debía de tener unos 23 años y un verdadero cuerpazo. Su torso era

ancho y ligeramente velludo. Su espalda fornida terminaba en una amplia curva lumbar de la cual

brotaban las nalgas más hermosas que he visto en toda mi vida. Las piernas fuertes como un toro y

un buen rabo. La cabeza rapada y las facciones jóvenes y masculinas. Aquel culo era espectacular y

me la puso dura cuando lo rocé. M e miró y sonrió:

—¿Te gusta?

—M ira como me la has puesto cabrón.

—Coge un condón del gorro y fóllame aquí mismo.

—¿Delante de todos?

—O lo haces aquí o no catas mi culo.

Cogí un condón del gorro militar que cuelga encima de la primera barra, me lo puse y lo incliné

contra la barra. La gente se puso a mirar. Escupí en su culo y cuando tenía el glande en su agujero,

noté que ya estaba dilatado. Se la metí de golpe y el tío gritó:

—¡Hijo de puta! —miró hacia atrás con deseo.

—En este culo, no es la primera polla que entra hoy, así que disfruta de la mía.

Le follé como a un perro, sin contemplaciones, haciéndole gritar cada vez que la metía y la sacaba

de golpe. La gente se pegó más a nosotros y algunos me empezaron a meter mano. M e calentaron

como a un toro y aquel chaval recibió una buena follada y yo una corrida increíble. Se volvió y me

comió la boca.

—Quiero que me vuelvas a follar luego.

—Si quieres me pongo otro condón y repetimos. M ira, sigue igual de dura.

—No sé si mi culo volvería a resistir otra follada seguida.

—¿Lo intentamos?

—¿Nos vamos a casa? Podemos follar toda la noche.

—M e gustaría probar algún culo más. Pero si me esperas a que folle un par de buenos machos,

me voy contigo.

—Luego no querrás más.

—Te aseguro que sí. M e pones muy bruto. Además, si te duchas bien, ese culo te lo como hasta

que te corras sin tocarte.

—Te espero. Dejaré que se recupere.

—No folles con nadie más. Resérvate para mí.

Así lo hizo, se sentó y se tomó una cerveza. Subí a la parte de arriba y un tío se estaba follando a

otro. Le toqué el culo, lo tenía prieto y duro. M e miró.

—¿Quieres clavármela mientras yo se lo hago a éste?

—Claro.

M e dio un condón y me lo puse. Dejó la polla dentro del culo del otro y le metí el rabo hasta el

fondo. Su interior estaba muy caliente, demasiado caliente para mi polla, que en pocas embestidas me

hizo eyacular, pero seguí dentro de él. La saqué y al quitarme el condón, un tío se agachó y me la

comió. M e la dejó limpia como una patena y sentí de nuevo que me corría, intenté quitarle la cabeza

y él se resistió.

—M e corro tío, me corro —le susurré.

El tío no hizo el menor caso y le llené la boca. Estaba agotado. Bajé las escaleras y en el mismo

taburete me esperaba aquel chico.

—Hola Rafa, ¿cómo estás?

—No puedo creérmelo. ¡Andrés! ¡Joder tío! ¿Cuánto tiempo sin verte? Ahora mismo me estaba

acordando de ti.

—¡¿Sí?! He estado fuera de M adrid un tiempo —cogió mi paquete—. Qué extraño que no esté

dura… me alegro que te acuerdes de mí —sonrió.

—Porque aún no ha visto tu culo y sí, estaba recordando el primer culo que me follé aquí.

—¿Nos vamos a casa? Prefiero estar cómodo y contigo además las sesiones siempre son largas.

—Te diré que hoy estoy muy cabreado. Ya sabes lo que significa eso.

—Perfecto. Llevo sin follar casi tres meses.

—Vamos a follar hasta que se nos salga el corazón.

Antes de salir, Pedro sonrió.

—Qué cabrón eres, no sólo te vas tú, sino que te llevas ano de los mejores ejemplares que ha

entrado aquí.

—No Pedro. No es uno de los mejores, es el mejor. El que más dura me la ha puesto.

—A ti te la pone dura cualquier culo, menudo perro estás hecho.

—Es cierto que pocos culos no me ponen, pero Andrés es el mejor y tiene aguante. No como

muchos que vienen de sobrados y luego cuando se la metes entera, te piden que se la saques.

—Es que tu rabo no lo aguanta cualquiera.

—Hay rabos más grandes que el mío y aquí los has visto.

—M uy pocos y más grandes te aseguro que no.

—Nos vamos, que si nos quedamos hablando, se nos va el tiempo —le besé y le toqué el culo—.

Tengo ganas de fistearte un día de estos.

—Cuando quieras, ya sabes que siempre está dispuesto.

Andrés y yo salimos. Llegamos a su casa y nos desnudamos. Nos fuimos a la cama y follamos

hasta que nos corrimos dos veces cada uno. Luego, curiosamente, me apeteció hablar. Cogí un cigarro

y lo encendí. Él se quedó apoyado sobre mis piernas con la cara pegada a mi rabo.

—¿Qué has hecho todo este tiempo?

—Trabajar. M e salió un curro en Londres y he estado allí de guía para españoles. Una mierda,

pero pagaban bien y sólo se trabajaba por las mañanas. Dormía la siesta y después me iba al

ambiente.

—Triunfarías con ese culo.

—Te vas a reír, pero allí he sido más activo que pasivo.

—No me lo puedo creer, aunque gastas un buen rabo y es bonito. Sabes que las pollas grandes no

me gustan, pero la tuya, con esa piel tan fina, nada venosa y circuncidada como la mía, me encanta

para mamarla.

—Encontraba muy pocos activos que me gustaran de verdad. No sé, no me excitaban, en cambio,

como activo funcionaba muy bien.

—M e parece perfecto que seas un buen versátil. Pero conmigo ese culo se abre sólo.

—Tú eres muy distinto. Follas bien y sabes dar placer, no sólo complacerte a ti mismo. M uchos

activos se creen que un culo es para satisfacerse ellos y que el pasivo se joda.

—Sí, todavía queda mucho egoísmo machista. Se creen que por meterla son menos maricones y

no tienen ni puta idea de calentar a un pasivo.

—Eso es lo que me ocurría allí. Casi todos me pedían que me arrodillara, que se la mamara y

luego me daban la vuelta. En más de una ocasión me levantaba y me largaba. M e llamaban

calientapollas, pero me la sudaba, estaba hasta los cojones de tanto macho frustrado. La mayoría eran

casados que, seguramente hartos de sus mujeres o de que ellas no les daban lo que querían, buscaban

el culo de un tío antes de pagar a una puta.

—Pues aquí tienes uno para cuando quieras. Tu culo y mi rabo conectan muy bien. M e gusta

como besas, como peleas en la cama y tienes un cuerpo para comértelo entero. Sigues igual de bueno

que el primer día.

—Gracias, tú también. Tal vez más fuerte que antes. Te veo más musculoso.

—Voy de vez en cuando al gimnasio. Algo se tiene que notar.

—¿Has follado con alguien del gimnasio?

Sonreí. Sabes que nunca hablo de mis conquistas o de mis amantes, eso es coto privado.

—Siempre tan reservado. Seguramente por eso tienes tanto éxito: por la forma en que tratas a un

tío.

—No creas. No suelo tratar a los tíos como a ti o a Carlos, mi amigo. Vosotros dos sois

especiales. Es cierto que cuando te conocí, lo único que pensé es «ese culo tiene que ser mío».

—¡Qué cabrón! —me golpeó el pecho mientras me lo decía.

—Pero he pensado en ti varias veces. Cuando estuvimos follando aquí, aquella primera vez, me

entregaste mucho de ti y eso me gustó.

—La gente se suele confundir conmigo. Cuando voy al Eagle o a otros sitios donde puedo estar

en pelotas, todos se creen que soy presa fácil y no es así. M e gusta exhibirme, me gusta enseñar mi

cuerpo. Sé que estoy muy bueno y me apetece mostrarlo. Por cierto, se te ha vuelto a poner dura.

—Sí. Hace un rato que ya está pidiendo guerra; pero no te extrañes, tú pones a un muerto.

—¿Quieres qué follemos otra vez?

—M ás tarde. M e gustaría saber más cosas de ti.

—M e alegro de esa respuesta —sonrió tumbándose encima de mí.

—Sí haces eso cabrón, no me podré contener.

—M e tendrás siempre que quieras y no te preocupes, no me voy a enamorar de ti. Sé que no eres

hombre para un solo hombre.

—De momento no busco el amor, de momento busco pasar buenos ratos y conocer buena gente,

aunque ya te digo que estoy hasta la polla, cada vez hay más divinas en la calle, aunque luego son

unas zorras de cuarto oscuro en la sauna.

—Eres incorregible. ¿Cómo vas en el trabajo?

—Bien, me beneficio a uno de los encargados. Es puro vicio el cabrón, le va el leather y le gusta

que le sometan.

—No te veo yo como amo.

—¿No? ¿Por qué?

—No sé. Te veo más sexual de cuerpo a cuerpo que de látigo.

—Tienes que venir a casa y ver mi traje de cuero. Dicen que con él impresiono.

—¿Ya no vives con Carlos?

—No. Carlos se echó novio y viven juntos. Parecen muy felices y me alegro. Carlos necesitaba

un buen tío a su lado. Se lo merece, es el mejor amigo que tengo aquí en M adrid.

—Espero que nosotros también lo seamos.

—Si no te vuelves a escapar, eso está hecho. M e gustas tío, no sólo por tu cuerpo y por tu forma

de pelear en la cama. M e gustas porque se puede mantener una conversación contigo.

—Cuando alguien me da confianza, me suelo abrir mucho.

—Ya lo creo que te abres —le sonreí maliciosamente y le toqué las nalgas—. Nunca he visto unas

nalgas como éstas y eso que Carlos las tiene muy bonitas.

—¿Follabais mucho cuando vivíais juntos?

—Sí. Los dos sabíamos calentarnos el uno al otro, pero además me aportó muchas cosas el muy

cabrón.

—¿Te llegaste a enamorar de él?

—No. Lo nuestro es una gran amistad, entonces con sexo, ahora sólo amistad. Nos vemos de vez

en cuando y algún sábado que otro quedamos para cenar los tres y luego terminamos bailando como

locos en el Black & White. Su novio es un poco raro, pero conmigo se comporta bien y mientras haga

feliz a Carlos, todo perfecto.

—M e gustaría ir contigo a bailar un día.

—Si quieres vamos mañana y provocamos al personal. M e encanta hacer eso delante de todos los

chaperos.

—M añana por la mañana quería ir a comprar algo de ropa. Estoy pensando en un pantalón de

cuero negro, así podríamos ir los dos conjuntados.

—Sí, con camisas negras y luego nos las quitamos. Nos quedamos con los pantalones marcando y

luciendo el cuerpo.

—Se te ha puesto más dura todavía.

—Si te soy sincero, la tengo a reventar pero no quiero follarte a no ser que tú lo desees.

—No, ya me has dado bastante, pero no me gusta que un tío como tú se quede así.

—Durmamos un poco. Date la vuelta, te abrazaré, colocaré mi polla contra tu culo para que los

dos estén a gusto y mañana nos levantamos pronto y te acompaño a las compras.

—Eres un encanto —y me besó adoptando la postura que le había sugerido.

—Eso lo puedes decir en la intimidad entre los dos, pero nunca en la calle.

—En la calle seré tu perra.

—No, en la calle, si estamos de morboseo, serás mi perro. M e gustan los hombres. No me gusta

el tratamiento femenino entre los tíos —le acaricié su torso— y tú tienes cuerpo y mente de macho.

—Sí, lo soy. Pero ya no estoy acostumbrado a que me traten de macho cuando soy pasivo.

—Deja a los ignorantes que mueran tontos —le besé el cuello—. Un pasivo no es una mujer, es

un macho que disfruta con su culo, como yo disfruto con la polla.

—Esas son las cosas que te diferencian de los demás. Eres muy sensible.

—No te equivoques. Contigo lo puedo ser, pero no soy sensible.

—A mí no me engañas —giró la cara y sonrió—. Recuerda que yo también tengo mucha escuela.

—Tú eres un cabrón y si no te quedas calladito y nos dormimos, tendré que follarte para que

agotado te duermas.

—No es mala propuesta. M e cogió la polla y se metió parte de ella.

—No tío, sin condón no.

—Estoy sano, te lo aseguro.

—Ya lo sé. Pero luego me rallo pensando y no quiero.

Se levantó y hurgó en un cajón, sacó unos papeles y me los entregó.

—De verdad que no hace falta —me miró desafiante y me reí—. Está bien —leí los papeles y el

resultado era negativo de hacía exactamente un mes.

Dejé los papeles encima de la mesilla:

—Túmbate que ya me había acostumbrado al calor de tu espalda.

—Y que sepas que cuando he follado como activo —se tumbó—, siempre ha sido con condón.

Así que estoy más que limpio.

—Te creo, me gusta follar mucho, pero ese tema me obsesiona. Adoro mi cuerpo.

—Por eso la he metido sin condón. Sé que te cuidas —volvió a cogerla y se la metió de nuevo.

—Eres un cabrón —empujé metiéndola entera—. Así está mejor.

—Cabrón, ¡qué bueno! Déjala así toda la noche.

—No sé si aguantará dura, pero probemos. Duérmete. ¡Uf tío! Que bueno tenerla ahí calentita

dentro de ti. Creo que te voy a follar —comencé a embestirle suavemente, sintiendo el inmenso calor

de las paredes de su interior. Acaricié su torso. Andrés jadeó y yo suspiré en cada uno de aquellos

envites suaves y prolongados. Bajé mi mano hasta tocar su polla dura y le masturbé al ritmo de mi

penetración—. M e voy a correr cabrón.

—No la saques, córrete y déjala dentro hasta que se salga sola —susurró.

Giró la cabeza, me sonrió y le besé.

—M e gustas cabrón, me gustas mucho —continué masturbándole mientras yo estaba a punto de

eyacular y sentí su semen en mi mano, lo que me provocó humedecerle con más excitación. No la

saqué y los dos nos quedamos dormidos oliendo a su semen y el aroma de su piel.

CAPÍTULO III

—M e gusta ese pantalón ¿Crees que me quedarán bien? —me preguntó Andrés ante un escaparate

donde el maniquí llevaba un pantalón de piel negra.

—Ese no. Ese pantalón es más marca paquete. El tuyo tiene que realzar más esas nalgas duras y

bien redondeadas que tienes. Pero entremos, seguro que encontraremos alguno que te quede bien.

Así lo hicimos. El dependiente nos sacó varios modelos y ninguno me gustaba.

—Bueno —le dije al dependiente—, estos modelos están muy guapos, pero yo quiero para mi

chico uno que le marque bien su fantástico culo.

El dependiente se rió y Andrés se sonrojó.

—Eso es lo primero que me tenías que haber dicho. M e he fijado que marcaba muy bien el

paquete y pensé…

—M i chico está muy bien de las dos partes. Es un buen semental, pero su culo es lo mejor que

tiene.

—M e vas a poner cachondo —se sonrió mirando que nadie nos escuchara.

—Pues tú también tienes un buen culo.

—Eso dicen y caliente.

—Dejemos el tema, se me está poniendo muy dura y no es el sitio.

El dependiente se retiró en busca de otros modelos y Andrés me miró.

—¡Qué puto eres!

—No nene, este tío además de sacarnos algún modelo guapo, estoy seguro que nos hará una

rebaja y que además nos lo vamos a follar los dos.

—¿Yo?

—Sí. Quiero ver como usas ese rabo cabrón. Desde que me contaste que has hecho de activo, me

apetece ver como follas y además te follaré mientras tú lo haces.

El dependiente volvió al mostrador donde estábamos y nos enseñó tres modelos espectaculares.

—Éste sí me gusta. Vete a probarlo.

—Los probadores están llenos, pero si te da igual, lo puedes hacer en la trastienda. Tengo un

espejo de cuerpo entero.

—¿Puedo pasar con él?

—Claro.

Corrió la cortina que daba a la trastienda y Andrés se quitó los pantalones y se puso el pantalón

que le sugerí. Se miró en el espejo y aunque le quedaba bien, algo fallaba.

—¿Qué tal le quedan?

—Bien, pero… —volví a salir a la tienda y miré la ropa interior—. ¿Tienes suspensorios?

—Sí —se acercó y me trajo uno negro.

—¿Se le puede probar?

—No es lo normal, pero que se lo pruebe.

Entré con el suspensorio, Andrés continuaba mirándose en el espejo.

—Quítatelos y ponte este suspensorio.

El dependiente descorrió un poco la cortina y miró a través de ella. Le sonreí guiñándole un ojo.

Andrés no se inmutó y en el espejo se reflejo su cuerpo entero por delante, la tenía morcillona, y por

detrás presentaba toda su belleza. El chico me sonrió y volvió a la tienda.

—M e estaba mirando.

—Sí, creo que le hemos puesto cachondo.

Se puso de nuevo el pantalón y entonces sonreí.

—Ahora sí, ese pantalón es para que lo lleves sin gayumbos. M ira —le cogí el culo con las dos

manos—, mira como te marca y da forma a tus nalgas. Está hecho para ti y ese culo me la ha vuelto a

poner dura.

—Si sigues mucho tiempo a mi lado, cualquier día te quedas sin sangre en la cabeza.

—No te preocupes, eso de momento no creo que suceda.

—Eso espero. No quiero llamar a una ambulancia en pleno polvo.

—Dame el pantalón y el suspensorio, los sacaré afuera.

M e los entregó y salí.

—¿Qué tal?

—M ejor. Con el suspensorio le quedan clavados.

—¿Hay que coger los bajos?

—No, le quedan perfectos. ¡A ti sí que te cogía yo los bajos!

—Cuando queráis. Tú novio tiene un buen rabo, y si tú lo tienes así me encantaría una buena

sesión con los dos.

—¿Quieres verla?

—Prefiero que me sorprendas o me sorprendáis. Yo sólo soy pasivo.

—Yo activo y mi nene versátil.

—Perfecto, entonces lo pasaremos bien.

—Cuando quieras quedamos.

—Hoy puedo cerrar la tienda durante dos horas, si queréis… Pasaros a las 13:30.

Andrés salió colocándose la camisa y la cazadora.

—¿Qué te doy? —preguntó Andrés.

—El suspensorio te lo regalo por la visión de antes y te haré un 30% de descuento, como si lo

comprara para mí.

—Gracias —sonrió Andrés.

Pagó y antes de salir el dependiente me recordó la cita de una forma sutil.

—¿Tienes condones? —pregunté a Andrés.

—No, los dejé en casa ¿Por qué?

—Vamos a comprar una caja, a las 13:30 tenemos una cita con ese tío.

—¿Dónde?

—En la tienda. Le vamos a follar los dos.

—Estás loco.

—No. Le ha gustado tu polla y quiere que le follemos los dos.

—Y tú nos follaras a los dos.

—Por supuesto. Joder que morbo, follar en una tienda. ¿Dónde vamos ahora?

—Quiero comprarme una camisa y otro pantalón.

Estuvimos de compras más de dos horas. Los pies comenzaban a dolerme de ir de un lado para

otro. A mi no me gustaba mucho ir de tiendas pero a Andrés le volvía loco. Se probó más de veinte

camisas y otros tantos pantalones en distintas tiendas hasta que encontró lo que buscaba.

—Necesito sentarme un rato. Aprovechemos para tomar algo en una terraza —miré el reloj—.

Aún nos quedan 45 minutos antes de la cita y está aquí al lado. Quiero que actúes como un auténtico

activo.

—Ya me dirás luego la puntuación que me das como activo.

Nos sentamos en una terraza y pedimos dos cervezas con un pincho de tortilla. Descansamos un

buen rato y nos fuimos a la tienda. Entramos, aún quedaban dos clientes y el chico nos sonrió.

Disimulamos mirando algunas prendas hasta que se fueron. El chico cerró la puerta.

—Ya estoy libre, vayamos a la trastienda, allí estaremos más cómodos.

Su desnudo era muy bonito. Delgado pero fibroso. Nada de vello corporal pero un abundante

pubis negro y sus nalgas con un suave vello que me la pusieron muy dura. Le comí el culo mientras él

disfrutaba de la polla de Andrés. Luego nos cambiamos y me la mamó a mí. Le levanté la cabeza y le

morreé. Besaba bien y estaba muy caliente.

—Quiero que me folléis —susurró mientras le masturbaba sintiendo como lubricaba su pequeña

polla.

Hice una señal a Andrés para que fuera él el primero. Se colocó el condón y le penetró. Cuando la

tuvo entera dentro me apretó la polla con sus labios. Le gustaba. Saqué el rabo de su boca y le morreé

de nuevo. En el espejo que antes sirvió para verse Andrés, nos reflejábamos los tres. Él ahora

comiéndome la polla y Andrés follándoselo a saco. El torso de Andrés comenzaba a humedecerse por

el sudor, aquello me excitaba hasta que me corrí. Le avisé antes de llegar y el chico no hizo el menor

ademán de sacarla. M e corrí en el interior de su boca. El semen caía por la comisura de sus labios. La

sacó, la lamió y me sonrió. Andrés se excitó y cabalgó con fuerza, lanzó un suspiro y se corrió.

—Ahora te toca a ti.

Andrés sacó su polla aún dura, se quitó el condón y me ofreció uno, me lo puse. Acaricié aquel

agujero bien abierto y acerqué mi glande al orificio agarrándole por la cintura y se la metí de golpe. El

chico gritó y miró hacia atrás.

—¡Joder!

Pidió a Andrés que se pusiera delante de él y se la mamó. Andrés y yo acercamos las bocas y nos

besamos con profundidad. Los dos estábamos muy excitados. M e sonrió y se separó mirando como

aquel chaval se la estaba mamando. Yo me lo follé sin compasión, sacándola entera y volviéndola a

meter. Apretaba sus nalgas y contraía y dilataba su esfínter para provocarse y provocarme más

placer. Era un experto con su culo y el calor de su interior me estaba volviendo loco. Le agarré la

polla y se corrió.

—Sigue, sigue follándome, no la saques hasta que te corras.

Le agarré con fuerza su cintura y mis entradas y salidas se volvieron violentas. Su cuerpo se

estremecía, sudaba a raudales, por su espalda corría un reguero de sudor que caía por la apertura de

sus nalgas y aunque no era necesario, servía de lubricante a mi polla. Noté en la cara de Andrés que

estaba a punto de eyacular y le hice una seña que entendió perfectamente. M iré al espejo y Andrés

sacó la polla de la boca del chico y le llenó de leche toda la cara, me excito de tal manera que las

embestidas le hicieron gritar hasta que llegué al orgasmo. Caí sobre su espalda húmeda juntando

nuestros sudores. Esperé un rato para recuperar el aliento y me incorporé. La polla salió poco a poco

y el chico suspiró aliviado cuando sintió su ano liberado. Se incorporó y nos miró:

—Sois muy buenos los dos. M e habéis follado de puta madre.

—M e ha sorprendido lo vicioso que eres —me toqué el pecho empapado en sudor. M e quité el

condón, lo anudé y lo dejé en el suelo.

—En el baño tengo una ducha. Creo que la necesitamos.

Los tres nos metimos bajo aquella ducha, acariciándonos mientras el jabón y el agua nos

limpiaban el sudor y el semen de nuestras pollas. Nos secamos con unas toallas pequeñas.

—Lo siento. No tengo más toallas.

—Nada de sentirlo tío. Gracias por este momento de placer. Hemos disfrutado mucho contigo.

Sonrió y nos dejó vestirnos tranquilamente mientras él volvía al interior de la tienda. Andrés y yo

nos miramos, pero no dijimos nada. Salimos.

—Gracias por no haberme dado plantón. He disfrutado mucho. Tenéis buenos rabos los dos,

pero tú… —me miró el paquete—. ¡M enudo rabazo y que bien follas!

—No tendrás queja de mi chico, ¿verdad?

—No. Folla de puta madre, me ha dado mucho placer, pero es que tú…

—Bueno, si quieres podemos quedar en otra ocasión. Tienes buen aguante y buen culo.

Sacó una tarjeta y escribió por detrás su nombre y su teléfono personal.

—Aquí tenéis. Pero os quiero a los dos, no a uno.

—Nos tendrás, te lo aseguro.

M e entregó una bolsa y me dijo:

—Es un regalo para ti. A él le regalé el suspensorio y espero que ese bóxer te guste, con el

paquete que tienes vas a lucirlo.

—Gracias pero no hacía falta. La próxima vez —le besé en la boca— lo llevaré puesto.

—Y yo te lo quitaré con la boca mientras tu chico me folla.

—Prometido —comentó Andrés.

Salimos de la tienda y paseamos por aquella calle sin rumbo fijo. Andrés me miró con cara de

picaro.

—¿Qué te pasa?

—Espero la puntuación del maestro.

—No sé… Tal vez… No, esa nota es muy alta, así que…

—No seas cabrón, me da igual, pero ya que me querías ver follar, me gustaría saber cómo lo hago.

—Cabrón, follas de la hostia. Si yo fuera versátil me la estarías metiendo a todas horas. Te doy

un sobresaliente alto y espero que la próxima vez que nos le follemos llegues a la matrícula de honor.

—¿De verdad lo hago bien?

—Joder tío, me alegro que seas más pasivo que activo, porque como activo, me tendría que

esforzar mucho para que no me quites los machos.

—No digas tonterías —se rió—. Como tú no hay otro.

—Sabes que nunca miento. Eres un buen follador y ese tío, que por cierto ni sabemos su nombre,

va a tener el culo bien caliente todo el día.

—¿Vamos a comer?

—Sí. ¿Qué te parece si paramos en el chino, pedimos unos platos y los subimos a casa? M e

apetece comer tranquilo.

—De acuerdo. Pero te aviso que tengo mucha hambre.

—Yo también. Hemos pasado todo el día de un lado para otro y luego el ejercicio final nos ha

dejado muertos.

—Comeremos y luego dormimos la siesta.

—Sí. M e encantan los fines de semana que no me toca trabajar para dormir tranquilamente

después de comer.

Lo hicimos tal y como lo planeamos. Primero pasamos por mi casa para recoger el pantalón de

piel, la camisa y las botas que llevaría esa noche. Lo metí todo en una bolsa y salimos en dirección a

su casa. Comimos y después de recogerlo todo nos fuimos a la cama. Nos desnudamos y nos

quedamos dormidos en aquella postura que nos gustaba a los dos. M e desperté poco antes de las seis

de la tarde. M is manos comenzaron a acariciar su pecho y le besé en el cuello.

—Buena tardes —me dijo—. M e encanta que me despierten así.

Le metí la polla pero la dejé quieta.

—Y así mucho mejor —se empezó a mover sacándola y metiéndola—. No te muevas, quiero que

te corras sin que te muevas.

Le obedecí pero con la mano izquierda agarré su polla y le masturbé. Su forma de moverse y el

tacto de su polla en la mano, nos hizo llegar a los dos a la vez. Permanecimos en aquella postura un

buen rato hasta que poco a poco fue sacando mi polla de su culo. Esta vez me tumbé yo sobre él

sintiendo su rabo húmedo encima de mi vientre.

—Anoche no me contaste nada. ¿Cuándo has vuelto?

—Hace una semana. M e agobiaba Londres y la agencia me trajo de nuevo. Trabajo de lunes a

viernes salvo un sábado al mes.

—Igual que yo, espero que coincidamos en trabajar el mismo sábado. M e estoy dando cuenta,

que no sé casi nada de ti.

—La verdad es que hay poco que contar. Como sabes soy de Granada, me vine a estudiar a

M adrid. Cuando tú me conociste había terminado la carrera y trabajaba para una agencia y a los tres

meses me ofrecieron irme a Londres, donde he pasado todo este tiempo.

—Entonces… te fuiste poco después de conocerte.

—Justo a la semana siguiente. Tu polla fue la última española que entró en mi culo.

—No me lo puedo creer.

—Pues créetelo y encima, la primera después de mi vuelta.

—Eso está bien.

—¿Te gustaría que fuera la única a partir de ahora?

—No puedo pedirte eso, porque la mía no sería la única para ti.

—No me importa. Ya te he dicho que no quiero comprometerte a nada, pero me gusta estar

contigo y con que follemos una o dos veces a la semana, me vale. No necesito más.

—Si te soy sincero, me gustaría que sólo fueras mío, pero me resulta un comportamiento muy

machista.

—No viniendo de ti, porque sé que no lo eres y además, a mí también me apetece ser sólo tuyo.

—Eres un tío muy especial y te sabré tratar como te mereces.

—Cuéntame alguna aventura tuya.

—¿Qué te gustaría saber?

—¿Cómo entraste en el mundo leather?

M e acomodé con los cojines detrás de la espalda, encendí un cigarrillo y él se colocó sobre mí,

apoyando su cara en mi rabo.

—Como ya te comenté, me beneficio de vez en cuando a uno de los encargados donde trabajo,

por eso también tengo un horario especial. La primera vez que follé con él fue haciendo un trío con

Carlos, ellos dos se conocían y fue por mediación de Carlos por lo que entré a currar ahí. Después de

aquel polvazo, me propuso ir a una fiesta que organizaban en una especie a discoteca. Era una fiesta

privada a puerta cerrada, pero dentro había más de quinientos tíos con ganas de dejarse la piel

durante las más de ocho horas que duraba la fiesta. Todo el mundo iba de cuero, a mí me dejó la ropa

él: un arnés, unos chaps, un chaleco, una gorra de policía y el cinturón con la porra. Las botas

militares las tenía yo recién compradas.

—Si te veo así, me hubieras dado miedo.

—No, ya me verás algún día cuando me compre el arnés.

—Continúa.

—Con todo aquel atuendo puesto, nos fuimos a la fiesta en su coche. Tanto en casa como en el

coche, me fue explicando en que consistía la fiesta y que mi rol, como activo, fuera dominante, como

lo había sido con él. Que me tenía que mostrar enérgico con los perros, controlando pero sin piedad.

La verdad que todo aquello me asustaba. No me gusta la violencia y menos impartirla sin ningún

motivo. Entré en aquella discoteca, donde la luz era la justa y perfectamente distribuida para crear el

morbo suficiente viéndonos los unos a los otros. La fiesta había empezado. Una música extraña lo

invadía todo, pero aquella música no estaba puesta al azar, cuando llevabas un rato dentro, sentías

una excitación extraña. M i encargado me besó y me dijo:

—Diviértete, a las ocho te espero en la puerta para regresar a casa.

—¿M e dejas sólo?

—Sí. Disfruta, recuerda mis consejos y ya me contarás por la mañana. Aunque aquí sólo se sabrá

qué hora es, cuando todas las luces se enciendan. Te aconsejo, que cuando eso ocurra, cierres los ojos

durante unos momentos y los abras poco a poco.

—Está bien. Diviértete.

Se fue y me dejó sólo, en medio de todo aquel carnaval de sexo, de pieles blancas bajo pieles

negras. Pieles negras, que en muchos de ellos ya habían ido desapareciendo mostrando cuerpos para

el gusto de todos. Se respiraba sexualidad por todos lados.

Aún lateral había unas escaleras que daban a un piso con una gran barandilla que rodeaba toda la

zona central donde se bailaba y follaba, aunque se follaba por todos lados. Subí aquellas escaleras y

me situé en un lado mirando hacia abajo. En una parte de la pista se encontraban dos mesas de billar,

una frente de la otra y en medio un sling. En otra de las paredes, de lado a lado, se alzaba una gran

reja separada a unos dos metros de la pared, en ella se encontraban, en ese momento dos tíos,

completamente en pelotas y amarrados con cadenas. En la parte contraria a ésta dos bañeras. Algo

que en aquel momento me extrañó ver allí, pero luego supe su finalidad, y entre medio de ellas, una

cruz de madera. Algo tenía claro, el morbo estaba asegurado y toda aquella gente buscaba algo más

que sexo.

Al girarme para volver a bajar, me encontré de frente con un tipo muy alto, mediría casi dos

metros, sin camisa, luciendo su torso de oso, con sus pantalones de cuero y unos guantes de piel. En

su mano derecha llevaba una cadena a la cual iba sujeto un tío que se arrastraba por el suelo como un

perro. El tío miró mi brazalete y muñequera, en el lado izquierdo y me sonrió.

—Te sobra el chaleco, el arnés te queda muy bien —miró a su perro y luego a mis botas—.

Tienes la botas algo sucias —miró de nuevo a su perro—. Sácale brillo a las botas y tendrás un

premio.

Aquel tío se puso a lamerme las botas con sumo cuidado. El amo cogió mi boca y me la comió.

Besaba muy bien y se me puso dura enseguida. M e agarró el paquete y me comió con más fuerza la

boca.

—¿Quieres follarlo? Serías un gran premio para él, mira como te está dejando las botas.

Nunca imaginé que con la boca alguien pudiera sacar aquel brillo a la piel. El amo desató la

cremallera de mi pantalón y mi rabo salió disparado y duro como una piedra.

—¡Joder tío! Pedazo de rabo que tienes.

Estaba muy bruto y aquel perro, sólo con un pantalón corto de piel negra y el arnés, me empezó

a calentar.

—Le daré el premio a tu perro —le dije.

El tío tiró de la cadena y el perro se puso de pie. Estaba muy bueno aquel cabrón y cuando se

bajó el pantalón creí que me iba a correr sólo con mirarlo. Sus nalgas velludas y duras me excitaron al

máximo. Le colocó contra la barandilla y me entregó un condón. M e lo puse y le follé sin compasión,

mientras su amo se encendía un puro y nos lanzaba el humo a los dos. Aquel culo no había sido

probado en toda la noche y si lo fue, no lo habían abierto lo suficiente, porque noté duras las paredes

de su ano, tan duras que me provocaban una excitación impresionante. La saqué dos veces para no

correrme antes de tiempo, quería hacer disfrutar a aquel perro y su amo también lo deseaba. Sacó su

rabo y se puso a masturbarse, le miré pero no le toqué. Comencé a entender aquel juego, por lo

menos aquel primer juego.

—Quiero que nos corramos los dos a la vez en su boca.

—Dime cuando estés preparado y lo haremos.

—¿Tanto control tienes con tu polla?

—Sí. Nos entendemos muy bien.

Seguí follando mientras él se masturbaba mirándonos a los dos. Le toqué la polla al perro y lanzó

toda su leche. M e excitó hasta el punto en que me iba a correr y justo en ese momento su amo me

miró con la cara descompuesta.

—M e voy a correr tío.

Saqué la polla y el perro se arrodilló entre los dos, me quité el condón y saltó el primer chorro de

leche, su amo también lanzó un buen chorro y los dos descargamos sobre su cara y su boca. Dejé mi

rabo suelto, aún muy duro.

—Buen rabo cabrón y sigue dura —sacó un paquete de pañuelos de papel y me ofreció uno. M e

limpié la polla y la guardé—. Ha sido un placer conocerte y mi perro también te lo agradece —me

besó en la boca y se fueron.

—¡Joder tío! M e has puesto muy bruto. M e he corrido y todo —interrumpió el relató Andrés.

—Si quieres continuamos luego. M e apetece darme un baño con mucha espuma, pero nada de

sexo.

—Perfecto —se levantó y vio el chorretón de semen en la sábana—. Tendremos que cambiar las

sábanas.

—Sí guarro, menuda lefada. ¡Eres un cerdo! —me reí.

—Es que esa historia…

—Pues todavía quedan mucho que contar y te aseguro que eso sólo fue el aperitivo.

—Lo que no comprendo —continuó hablando mientras se dirigía al baño a preparar la bañera—,

es como alguien puede dejarse encadenar y humillar de esa forma.

—En el sexo he descubierto que lo más insólito, puede provocar placer y aquella noche lo

descubrí —le comenté mientras quitaba las sábanas de la cama—. ¿Dónde tienes las sábanas?

—Abre el armario y en el cajón de arriba —contestó volviendo de nuevo a la habitación. Saqué un

juego e hicimos de nuevo la cama—. ¿Tomamos algo mientras se llena la bañera?

—Sí, prepara un buen cubata, yo mientras voy a buscar algo de comer al frigorífico.

En casa de Andrés me sentía mejor que en la mía, por lo menos estaba acompañado y no me

rebotaba tanto mirando la televisión, mi única compañera. Al apartamento no me gustaba llevar a

nadie, en raras ocasiones alguien se había quedado a dormir y muy pocas, había follado allí. No me

gustaba que los vecinos que tenía, supieran nada de mi vida. Era un edificio con gente muy mayor y

prefería respetar aquel estado de tranquilidad. Saqué chorizo que tenía en lonchas y preparé dos

bocadillos en pan de molde, los coloqué sobre una bandeja y los llevé al baño. Andrés hizo lo mismo

con los cubatas y nos metimos en las aguas calientes y espumosas. M e encantaba darme un buen

baño y aunque hay que cuidar del consumo del agua en M adrid, de vez en cuando, un capricho se lo

puede permitir uno.

—M e gusta bañarme así —le dije mientras tomaba un trago del cubata—. En buena compañía.

—A mí también, además acompañado se está de vicio.

Le pasé uno de los bocatas y lo devoramos.

—Cuéntame más de aquella historia.

—Eres un pervertido —me reí mientras le lanzaba espuma a la cara.

—No. M e has dejado intrigado.

M e quedé de nuevo allí arriba, mirando todo el espectáculo que se estaba forjando en la pista y

aquellos lugares hasta donde mi vista llegaba. Decidí bajar y en las escaleras me encontré con dos

chicos abrazados y comiéndose la boca. El uno desnudo completamente y el otro con bóxer blanco.

El que estaba desnudo se volvió y me tocó el paquete.

—Parece que aquí dentro se esconde un buen rabo.

—Pero seguro que a tu novio no le gustaría que te la metiera.

—M i novio y yo buscamos nuevas emociones, por eso hemos venido.

—Pues este culo —se lo acaricié—, está pidiendo guerra. Lo tienes ya húmedo.

—Es que Rubén besa muy bien y me lo dilata rápidamente.

Volvió a tocarme y notó la excitación.

—Está creciendo.

Rubén me la tocó y sonrió.

—Nos podemos montar un buen trío y si follas bien, hasta me la dejo meter yo.

—Busquemos un lugar para los tres. Yo esto no lo conozco.

—Nosotros sí. Siguenos —me comentó el chico del bóxer.

Bajamos las escaleras y Rubén me morreó. Era verdad, el cabrón aquel besaba de escándalo.

Seguimos andando, nos internamos entre toda la masa de carne y cuero y me llevaron por un pequeño

pasillo. A los lados había puertas abiertas y cerradas, Rubén fue mirando en aquellas que estaban

abiertas y continuaba caminando. Eché un vistazo a algunas de ellas y me extraño que no parase,

pues estaban vacías. Por fin se detuvo en una, hizo entrar a su novio y me invitó a pasar. Así lo hice

y tras entrar él cerró la puerta. Había una pequeña luz roja, suficiente para vernos y que no nos

molestara. Contra la pared se encontraba una especie de camastro con una gran colchoneta. Rubén se

subió y la estuvo inspeccionando y su novio se presentó.

—M i nombre es José.

—Está limpia —comentó volviendo a ponerse de pie delante de mí—. Besas bien, espero que

folles mejor.

—Nunca se ha quejado nadie por mi forma de follar —le sonreí mientras José comenzaba a

bajarme los pantalones. Sacó mi rabo y se quedó mirando.

—¡Joder qué rabo! ¡M ira lo que tiene éste cabrón! —Rubén me la agarró y la apretó. Le cogí la

boca y se la comí mientras José se puso a mamármela. M e di cuenta de que no tenía condones.

—Espero que tengáis condones.

—Por eso no te preocupes —comentó Rubén y se agachó sacando una caja del calcetín que

sujetaba con la bota y antes de subir de nuevo le quitó la polla a José y me la mamó. M amaba mejor

que besaba. M e hizo jadear y jugaron con ella los dos un buen rato. La masturbaron con sus labios

colocando sus bocas a uno y otro lado de mi polla.

—Qué bien mamáis cabrones.

Nos subimos al camastro y comenzamos a jugar. Le quité el bóxer a Rubén. Aquel cabrón

también gastaba un buen instrumento y me lo llevé a la boca. Tenía una piel muy suave y lo mejor de

todo, no lubricaba. M e jode cuando una polla lubrica mucho, me da rechazo. Se la mamé con ganas y

el tío me quitó la boca, entendí que si continuaba así, se correría. Después de más de media hora

comiéndonos los tres, Rubén me puso un condón.

—Quiero ver como follas. ¡Follatelo!

José se puso a cuatro patas, me aseguré que el condón estaba bien colocado y moviendo un poco

a José, para que viera Rubén penetrarlo, coloqué mi glande en el agujero. M iré a Rubén sonriendo y

dejé que fuera entrando poco a poco en aquel ano. Dilataba muy bien y me excitaba la forma en que

se abría a mi polla y se movía.

—Despacio tío. La tienes muy gorda.

Seguí metiendo hasta que toqué sus nalgas con mi vientre. Aulló de placer y Rubén sonreía.

Comencé a embestirle suavemente. Rubén se colocó por detrás de mí y colocó su rabo en mis nalgas.

—Ni lo intentes.

—No quiero follarte, sólo sentirte —me abrazó.

Notar su cuerpo caliente pegado a mí me excitó y comencé a follar con más fuerza. Luego se

separó y se mojó el ano con su saliva:

—Ahora inténtalo con en el mío —la saqué y al ir a quitarme el condón me detuvo—. No, fóllame

con el mismo condón. M i novio y yo estamos sanos, así que no te preocupes.

M e levanté y le tumbé contra el camastro, miré sus nalgas y toqué su agujero. Jugué con él un

poco antes de meterla. No estaba muy dilatado y deseaba que disfrutara y no me la rechazara por

estar demasiado tenso y cerrado. M e agaché, olí su culo. Estaba muy limpio y se lo comí. El tío

comenzó a suspirar. M e levanté, le separé bien las piernas y le penetré. Estaba más cerrado que el de

José, pero se iba abriendo y me corrí sintiendo el calor de sus paredes anales. No dije nada y la metí

entera. El tío se agarró a las piernas de su novio que de rodillas se encontraba frente a él.

—Dame polla, quiero comértela mientras me folla este cabrón.

José se acercó y Rubén se la devoró con ansia durante un buen rato.

—Quédate quieto con la polla dentro, me voy a colocar el condón, quiero follarme a mi chico

mientras tú continuas conmigo —le obedecí, levanté su cuerpo y le abracé sin sacarla, le estuve

acariciando su torso mientras José con el condón en la boca se lo colocó a su novio. Le separé lo

suficiente para que José se colocara en la postura que yo le había tenido a él. Se la metió y empezó a

cabalgar sin moverme. Deseaba que disfrutara de aquel momento a gusto. M e miró y sonrió—. Sigue

mi ritmo si puedes —y empezó a envestirle con fuerza. Enseguida me adapté a aquel movimiento.

Los dos continuamos sin bajar aquella velocidad, que por cierto, era perfecta para mí—. M e voy a

correr —me miró sonriendo. Agarré sus nalgas y empecé a darle fuerte, muy fuerte. Ahogaba sus

gritos, pero yo le podía escuchar—: ¡M e corro, me corro! —murmuró y emprendí una fuerte

cabalgada para llegar al mismo tiempo que él, como así sucedió. Rubén cayó sobre el cuerpo de su

chico y yo sobre el de él.

Recuperé el aliento y sin dejar de abrazarlo, mientras se la sacaba, le sugerí si podía follarme a

José. En realidad había estado poco tiempo dentro de él.

—¿No has tenido bastante con mi culo?

—No. M e gustaría follarlo a él y luego a ti otra vez. No me digáis qué ya tenéis bastante con esto

o es que preferís reservaros para otros machos, algo que entendería.

—No tío —se volvió tras sacársela a José y quitarse el condón—. Por mí estaría contigo toda la

noche.

José sonrió:

—Yo también, o al menos un par de horas más.

—¿Dónde está entonces el problema?

Rubén me miró a la polla.

—¿Esa no piensa bajar?

—Cuando tiene dos culos tan ricos como los vuestros no.

—Está bien —sacó un pañuelo de papel del calcetín y se limpió la polla. Cogió el bóxer y se lo

puso—. Voy a buscar unas cervezas y unos condones.

—Trae bastantes —sugirió su novio riéndose—. Veamos si es capaz de usarlos todos.

—No me retes chaval, no sabes de lo que es capaz mi hermanita.

—Claro que te reto. Nos gusta agotar a un buen semental cuando nos encontramos con uno. No

se nos ha resistido ninguno.

—Entonces —miré a Rubén—, además de un buen lote de condones, trae por lo menos dos

cervezas para cada uno, tendremos que brindar por este encuentro, a mí también me gusta

encontrarme con machos hambrientos. Yo al menos lo estoy, y no por no follar, sino porque mi polla

es puro vicio, más que yo.

—Tendrás que acompañarme.

—No me apetece vestirme. M e encuentro bien así —dije mientras me tumbaba sobre el camastro.

—No te pongas nada. Con ese arnés, las botas y ese… Vamos tío, acompáñame.

—Está bien, así además me limpiaré bien la polla.

—Cierra la puerta y no abras hasta que nosotros te lo digamos —le comentó a José mientras le

besaba en la boca—. ¿Estás bien?

—Sí, lo estoy. No tardéis que me quedo frío.

—No te preocupes, que ya nos encargaremos de volverte a calentar —me reí.

Salimos. La fiesta estaba subiendo cada vez más de tono. Algunos tíos al pasar se nos quedaron

mirando y otros me agarraban el rabo. M e sugerían que les follara o que deseaban mamármela.

—Este macho está ocupado por un par de horas —comentó mientras les sonreía.

Llegamos a la barra y pidió las seis cervezas y los condones. El camarero le mostró una gran caja

de madera que estaba colgada a la parte derecha.

—Los condones están en aquella caja, ¿te importa ir a por ellos?

Fui a por los condones. M etí la mano y mientras sacaba un buen puñado, un tío se puso a

mamarme el rabo. Le dejé un rato mientras Rubén se acercó.

—No te puedo dejar sólo un momento —me apartó agarrándome del brazo.

—Qué culpa tengo yo de que les guste mi rabo. Además no seas egoísta, que lo vais a tener en

exclusividad por un par de horas.

—¿Puedo autoinvitarme a la fiesta? —preguntó un tío colocándose frente a mí. Por unos

instantes me dejó sin respiración. No te puedes imaginar el pedazo de macho que tenía frente a mí.

Guapo a rabiar.

—¿M ás que yo?

—Sí, más que tú —le contesté a Andrés—. Como te decía, muy guapo, con un torso que parecía

un armario de cuatro cuerpos, peludito, unas piernas escandalosas…

—¿M ejor que las mías? —me interrumpió de nuevo Andrés mientras sacaba una de sus piernas

de la bañera.

—Sí, mejores que las tuyas, impresionantes, sería la palabra. Un culo… M ejor que el tuyo —

sonreí a Andrés y éste permaneció callado—. Era un adonis para el sexo. M i rabo se disparó y lo

miró.

—¿Eso es un sí?

—Depende de tu rol.

—Soy versátil, pero quiero ese rabo dentro de mi culo.

—Coge un par de cervezas, te esperamos, tenemos una fiesta privada.

—¡Genial! —me besó en la boca y salió en busca de la bebida.

—¿Te molesta si se une?

—Que va tío. Está muy bueno.

—M ás que bueno, es perfecto el cabrón. M ira que espalda tiene y mira esas nalgas. ¡Joder como

está el cabrón!

—No hace falta que digas nada. Tu rabo está a cien.

—Espera, voy a buscar más condones.

—¡Estás loco! Tienes más de una docena en la mano.

—No son suficientes. A vosotros dos os puedo follar con el mismo, pero a él no. Tú también

usarás alguno y él no creo que se quede sin meter la polla.

—Tienes razón.

—¿Dónde vas? —me preguntó al ver que me separaba de Rubén.

—A buscar condones.

—No hace falta —abrió la bolsa que llevaba atada a la cintura y sacó un puñado de ellos.

—Perfecto. Si necesitamos más, volveremos —me reí.

—M e llamo Iván, tío —se presentó.

—Yo Rafa y este colega se llama Rubén.

—¿Dónde vamos?

—José, el novio de Rubén, nos espera en un privado. Estábamos follando y nos apeteció tomar

algo. Pensábamos darnos una buena y larga sesión de sexo.

—Perfecto. Vosotros estáis muy buenos y el rabo que tienes tú me vuelve loco.

—Nos lo pasaremos bien. Sólo una cosa. M i culo se puede comer pero nada más.

—Entendido. Pero me pasaré un buen rato comiéndote el rabo para que me des una buena follada

—tocó el culo de Rubén—. ¿Éste si se deja?

—Por supuesto y el de mi novio también.

—¡Genial! ¡A follar que son dos días!

Nos reímos, dimos un trago a una de las cervezas y antes de entrar en el privado, pasamos por

los baños, meamos y nos limpiamos bien las pollas con agua y jabón.

—Ya era hora —comentó José y se quedó mirando a Iván—. ¿De dónde sale este macho?

—Lo hemos traído para ti —contestó Rubén.

—Joder tío, que bueno estás.

—Pues soy todo tuyo. Tú también estás muy bueno. Creo que nos lo vamos a pasar muy bien.

—José no dijo nada, bajó a la polla de Iván y se la mamó.

—Sí, creo que nos lo vamos a pasar muy bien —repitió mientras dejaba las botellas encima de un

estante al lado de una de las paredes. M e acercó y me besó, agarrándome la polla. Luego se inclinó

hacia ella y la mamó.

Los cuatro encima del camastro disfrutamos como animales. Sudábamos a raudales pero el olor

corporal de los cuatro era agradable, se notaba la higiene. M e comí el culo de Iván durante un buen

rato y luego estuvimos follando entre todos, al final, antes de corrernos por primera vez, hicimos un

tren. El último vagón antes de mí, fue Iván y disfrute de nuevo de aquellas nalgas prietas y de aquel

agujero que irradiaba un calor muy excitante. Tras la primera corrida y descansar un poco; tomamos

una de las cervezas, hablamos un poco y decidimos ir a limpiarnos las pollas y ellos los culos. Así

estaríamos listos para la siguiente sesión. Primero salieron José y Rubén y luego Iván y yo. M ientras

nos limpiábamos, varios tíos se nos quedaron mirando.

—¿Sabes lo que me apetecería? —me preguntó y sin dejarme contestar, respondió—: Que me

follaras aquí delante de todos estos y ver como se matan a pajas.

—Dame un condón.

—¡Joder tío! Se te pone dura sólo con hablarte.

—Y con mirar ese culo que tienes.

—Quiero que le des fuerte, pero muy fuerte. No te prives —sacó el condón y me lo puso con la

boca. Se levantó y se inclinó contra el lavabo. Los que estaban en el baño se colocaron alrededor

nuestro. Escupí en su culo, le separé las piernas y se la metí de golpe.

Tal y como había dicho Iván empezaron a masturbarse, pero yo me olvidé de ellos. Le cogí por la

cintura y comencé un galope incontrolado. De vez en cuando la sacaba entera y se la volvía a meter

de nuevo a aquel trote. M i pecho se empapó en sudor y sentí como sudaba él corriendo un reguero de

sudor que recorría su espalda, que caía por sus nalgas y empapaba el condón sirviendo de lubricante,

aunque su ano estaba bien dilatado. Le toqué el rabo.

—M e voy a correr.

Le incorporé para que todos vieran los chorretones de Iván mientras yo continuaba follándole y

masturbándole. Sentí los latidos de su polla y como salpicaba. M e excitó hasta el punto de eyacular.

Se apoyó contra la pared y yo caí sobre él. El sudor de mi pecho se pegó al de su espalda y la saqué

muy despacio. El suelo estaba lleno de leche derramada por todos aquellos tíos. Nos volvimos a asear

y salimos ante la mirada de todos. Entramos de nuevo en el privado y los dos estaban follando.

—Nos estábamos quedando fríos y como tardabais, hemos pensado en calentar la comida —

comentó José riéndose.

—M e parece muy bien —sonrió Iván y le ofreció su polla mientras se subía al camastro. Cogí un

condón, me lo puse, me coloqué detrás de Rubén y le penetré. Iván me miró sonriendo. Así volvimos

a empezar durante otro espacio prolongado de tiempo. Las pieles brillaban iluminadas por el foco de

luz roja. Nuestros rabos estaban duros como la piedra. M i polla pasaba del culo de José al de Rubén,

mientras Iván se follaba al que estaba libre, le follaban a él o se dejaba comer la polla. Luego me

quitaba el condón y cambiándolo se la metía a Iván. Éste disfrutaba cada vez que mi polla entraba

dentro de él. M e miraba, me besaba y me lanzaba aquellas palabras de que me deseaba. Él sudaba

mucho, tanto como yo, y también resultó tan fogoso como yo. Se corría y su polla continuaba dura,

aunque era bastante más pequeña que la mía. Agotados terminamos tumbados sobre el camastro

recuperando las fuerzas y el aliento. Rubén y José decidieron irse y allí en el privado, nos quedamos

tumbados y abrazados Iván y yo tras cerrar la puerta.

—El cubata se ha terminado y el agua se está quedando fría. M ejor será que nos aclaremos y

salgamos, al final vamos a terminar arrugados como uvas pasas —interrumpí de nuevo la historia

sacando a Andrés de su ensimismamiento.

—No creo que nuestras pieles se arruguen tan fácilmente —comentó Andrés mientras se

levantaba y quitaba el tapón de la bañera, ofreciéndome sus nalgas llenas de espuma. Las cogí con las

manos y se las comí—. Te vas a poner cachondo.

No le dije nada y levantándome un poco se la metí.

—¡Cabrón! Aunque estemos sanos no me gusta que me la metan sin condón. Algunas veces no

me importa siendo tú, pero…

—Tienes razón —y saqué el rabo de dentro de él.

—No, ahora no la saques, ahora terminas lo que has empezado.

M e reí y le follé suavemente. Era como me apetecía en aquel momento tras terminar aquella parte

del relato. Le acaricié el pecho y le besé la espalda. M is manos fueron bajando poco a poco y sentí el

semen de su polla en mi mano. M e excitó y me corrí en su interior. Luego nos duchamos y nos

vestimos. A la hora de ponernos los pantalones, me quedé mirando a Andrés.

—¿Qué te parece si llevamos los pantalones sin los gayumbos? M arcaríamos mucho más.

Además resulta muy excitante sentir piel contra la piel.

Se miró y se quitó el suspensorio:

—Está bien y se los colocó.

—Joder como te quedan ahora —me puse los míos y él sonrió:

—¡Uf, cabrón! Como te marca el paquete.

M e miré en el espejo del armario y pasé la mano por delante y por detrás:

—El culo también me lo marca bien. Tengo un buen culo.

—Tu culo no me interesa demasiado.

—M e alegro, aunque me encanta que me lo coman.

Eran más de las diez de la noche y en aquel momento sonó mi teléfono.

—Dime Carlos… Es que estoy con un amigo y… No sé, se lo tendré que preguntar, espera —

miré a Andrés y sin apartar el teléfono de mi cara le dije—: Es Carlos, que si nos apetece cenar con

ellos y luego dar una vuelta.

—M e habías prometido ir a bailar —me miró con cara de niño bueno.

—¿Carlos?… Sí, es que había prometido a mi amigo ir a bailar… Eres incorregible —tapé con la

mano el teléfono—. Dice que a ellos también les apetece, que hace mucho que no salen y también les

apetece un poco de fiesta.

—De acuerdo. Así me presentas a ese amigo especial.

M e acerqué a él y le besé en la boca.

—Pero estaré contigo, sólo contigo —destapé el teléfono—. De acuerdo… ¿Dónde quedamos?…

Vale, en media hora estamos en la puerta —corté el teléfono y le volví a besar.

—Te va a gustar Carlos, es un tipo muy agradable, de lo mejor que he conocido en toda mi vida.

—¿Voy guapo para tus amigos?

—Vas guapo para mí y eso es lo que me importa.

—Eso sí ha sonado a machismo gay.

—Tienes razón. Pero Carlos se va a quedar impresionado cuando te conozca.

—¿Por qué?

—Porque estás muy bueno cabrón. Tienes un cuerpo espectacular —le abracé y le acaricié las

nalgas por encima del pantalón—. Y este pantalón de cuero, te queda de escándalo. Piel blanca bajo

piel negra, ¿qué puede excitar más?

—Tú sí que estás muy bueno y a mí me gusta lucir un buen macho al lado.

—Pues salgamos a reventar corazones —le comí la boca con deseo y él como siempre

correspondió.

Llegamos a la hora al restaurante y en la puerta nos esperaban Carlos y Pablo, su novio, tras las

presentaciones entramos. Habían reservado mesa y nos sentamos. Comenzamos una conversación

tranquila y amena. Nos sirvieron y comimos apaciblemente. Carlos, como suponía, se sorprendió con

Andrés y me miraba sonriendo.

—Tengo que reconocer —comentó Carlos— que Andrés además es un tipo inteligente.

—Lo es. Ya sabes que yo sólo me rodeo de gente que merece la pena.

—Bueno, no diría precisamente eso —me miró con cara picarón.

—Ya sabes a lo que me refiero. Puedo follar a saco con muchos. M e gusta el sexo, nunca lo he

negado, pero cuando alguien me interesa de verdad, para tener una buena amistad, no busco sólo sexo.

Busco más cosas.

—Lo sé.

—Andrés y yo nos conocimos una noche, digamos loca, pero me sorprendió; luego desapareció,

no sólo de mi vista sino de M adrid y ahora ha regresado. Es un tipo con quien se puede conversar,

sabe escuchar, es divertido…

—Y seguro que folla bien —comentó Pablo.

—Eso queda entre nosotros —intervine con mirada tajante.

—Tampoco hace falta que te pongas así —sonrío con sarcasmo—. Podemos montarnos una

fiesta entre los cuatro, total, el culo de Carlos ya lo conoces y así pruebo el de tu nueva adquisición.

—¡Pablo! —intervino Carlos.

—¿Qué sucede? —preguntó Pablo con altivez—. El tío está bueno y me gustaría tirármelo. ¿No

te ha follado Rafa a ti?

—Cuando tú y yo no nos conocíamos. Ahora simplemente somos amigos.

—Perfecto, yo me tiro a este tío y luego todos tan amigos.

—¿Sabes? Si he venido a cenar es por Carlos. Hasta la fecha me habías parecido un tipo normal,

algo altivo y chulesco, pero normal y te soportaba porque Carlos es feliz contigo y él es un gran