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LÓGICA DEL

SENTIDO

Guilles Deleuze

Traducción de Miguel Morey

Edición Electrónica de

www.philosophia.cl / Escuela de

Filosofía Universidad ARCIS.

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Í N D I C E

PRÓLOGO ......................................................................................................................................- 6 -

de Lewis Carroll a los estoicos

PRIMERA SERIE DE PARADOJAS .............................................................................................- 7 -

del puro devenir

Distinción platónica de las cosas medidas y del devenir-loco · La identidad indefinida · Las

aventuras de Alicia o «acontecimientos»

SEGUNDA SERIE DE PARADOJAS.............................................................................................- 9 -

de los efectos de superficie

Distinción estoica de los cuerpos o estados de las cosas, y de los efectos incorpóreos o

acontecimientos · Separación de la relación causal · Hacer subir a la superficie... · Descubrimiento de la superficie en Lewis Carroll.

TERCERA SERIE .........................................................................................................................- 15 -

de la proposición

Designación, manifestación, significación: sus relaciones y su circularidad · ¿Existe una cuarta dimensión de la proposición? Sentido, expresión y acontecimiento · Doble naturaleza del sentido: lo expresable o expresado de la proposición y atributo del estado de cosas, insistencia y extra-ser.

CUARTA SERIE............................................................................................................................- 23 -

de las dualidades

Cuerpo-lenguaje, comer hablar · Dos clases de palabras · Dos dimensiones de la proposición: las designaciones y las expresiones, las consumiciones y el sentido · Las dos series.

QUINTA SERIE .............................................................................................................................- 27 -

del sentido

La proliferación indefinida · El desdoblamiento estéril · La neutralidad o tercer estado de la esencia

· El absurdo o los objetos imposibles.

SEXTA SERIE...............................................................................................................................- 33 -

sobre la serialización

La forma serial y las series heterogéneas · Su constitución · ¿Hacia qué convergen esas series? ·

La paradoja de Lacan: el elemento extraño (lugar vacío u ocupante sin lugar) · La tienda de la

oveja.

SÉPTIMA SERIE...........................................................................................................................- 37 -

de las palabras esotéricas.

Síntesis de contracción sobre una serie (conexión) · Síntesis de coordinación de dos series

(conjunción) · Síntesis de disyunción o de ramificación de las series: el problema de las palabras valija.

OCTAVA SERIE............................................................................................................................- 41 -

de la estructura

Paradoja de Lévi-Strauss · Condiciones de una estructura Función de las singularidades.

- 2 -

Sumario

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NOVENA SERIE ...........................................................................................................................- 44 -

de lo problemático

Singularidades y acontecimientos · Problema y acontecimiento · Las matemáticas recreativas ·

Punto aleatorio y puntos singulares.

DÉCIMA SERIE.............................................................................................................................- 48 -

del juego ideal

Reglas de los juegos ordinarios · Un juego extraordinario · Las dos lecturas del tiempo: Aión y Cronos · Mallarmé.

UNDÉCIMA SERIE .......................................................................................................................- 54 -

del sinsentido

Carácter del elemento paradójico · De qué forma es sinsentido; las dos figuras del sinsentido · Las dos formas del absurdo (sin significado) que de él derivan · Presencia simultánea del sinsentido en el sentido · El sentido como «efecto».

DUODÉCIMA SERIE ....................................................................................................................- 59 -

sobre la paradoja

Naturaleza del sentido y paradoja · Naturaleza del sentido común y paradoja · Sinsentido, sentido y organización del lenguaje llamado secundario.

DECIMOTERCERA SERIE...........................................................................................................- 64 -

del esquizofrénico y de la niña

Antonin Artaud y Lewis Carroll · Comer-hablar y el lenguaje esquizofrénico · Esquizofrenia y

quiebre de la superficie · La palabra-pasión y sus valores literales manifiestos, la palabra-acción y sus valores tónicos inarticulados · Distinción del sinsentido de profundidad y del sinsentido de superficie, del orden primario y de la organización secundaria del lenguaje.

DECIMOCUARTA SERIE .............................................................................................................- 72 -

de la doble causalidad

Los acontecimientos-efecto incorporales, su causa y su cuasi causa · Impasibilidad y génesis ·

Teoría de Husserl · Las condiciones de una verdadera génesis: un campo trascendental sin Yo ni

centro de individuación.

DECIMOQUINTA SERIE ..............................................................................................................- 77 -

de las singularidades

La batalla · El campo trascendental no puede conservar la forma de una conciencia · Las

singularidades impersonales y preindividuales · Campo trascendental y superficie · Discurso del individuo, discurso de la persona, discurso sin fondo: ¿hay un cuarto discurso?

DECIMOSEXTA SERIE ................................................................................................................- 83 -

de la génesis estática ontológica

Génesis del individuo: Leibniz · Condición de la «composibilidad» de un mundo o de la

convergencia de las series (continuidad) · Transformación del acontecimiento en predicado · Del individuo a la persona · Personas, propiedades y clases.

DECIMOSÉPTIMA SERIE ............................................................................................................- 89 -

de la génesis estática lógica

Paso a las dimensiones de la proposición · Sentido y proposición · Neutralidad del sentido ·

Superficie y doblez.

DECIMOCTAVA SERIE................................................................................................................- 95 -

de las tres imágenes de filósofos

Filosofía y altura · Filosofía y profundidad · Un nuevo tipo de filósofo: el estoico · Hércules y las superficies.

- 3 -

Sumario

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DECIMONOVENA SERIE.............................................................................................................- 99 -

del humor

De la significación a la designación · Estoicismo y Zen · El discurso clásico y el individuo, el discurso romántico y la persona: la ironía · El discurso sin fondo · El discurso de las singularidades: el humor o la «cuarta persona del singular».

VIGÉSIMA SERIE .......................................................................................................................- 104 -

sobre el problema moral en los estoicos

Los dos polos de la moral: adivinación de las cosas y uso lógico de las representaciones ·

Representación, uso y expresión · Comprender, querer, representar el acontecimiento.

VIGÉSIMO PRIMERA SERIE .....................................................................................................- 108 -

del acontecimiento

Verdad eterna del acontecimiento · Efectuación y contra-efectuación: el actor · Los dos aspectos de la muerte como acontecimiento · Lo que quiere decir querer el acontecimiento.

VIGÉSIMO SEGUNDA SERIE....................................................................................................- 112 -

porcelana y volcán

La «grieta» (Fitzgerald) · Los dos procesos y el problema de su distinción · Alcoholismo, manía depresiva · Homenaje a la psicodelia.

VIGÉSIMO TERCERA SERIE ....................................................................................................- 118 -

del Aión

Los caracteres de Cronos y su subversión por un devenir de las profundidades · Aión y la superficie

· La organización que procede del Aión y sus diferencias con el Cronos.

VIGÉSIMO CUARTA SERIE.......................................................................................................- 123 -

de la comunicación de los acontecimientos

Problema de las incompatibilidades alógicas · Leibniz · Distancia positiva y síntesis afirmativa de disyunción · El eterno retorno, el Aión y la línea recta: un laberinto más terrible.

VIGÉSIMO QUINTA SERIE ........................................................................................................- 129 -

de la univocidad

El individuo y el acontecimiento · Más allá del eterno retorno · Los tres significados de la

univocidad.

VIGÉSIMO SEXTA SERIE..........................................................................................................- 132 -

del lenguaje

Lo que hace posible el lenguaje · Recapitulación de la organización del lenguaje · El verbo y el infinitivo.

VIGÉSIMO SÉPTIMA SERIE......................................................................................................- 135 -

de la oralidad

Problema de la génesis dinámica: de la profundidad a la superficie · Las «posiciones» según

Mélanie Klein · Esquizofrenia y depresión, profundidad y altura. Simulacro e ídolo.

VIGÉSIMO OCTAVA SERIE.......................................................................................................- 141 -

de la sexualidad

Las zonas erógenas · Segunda etapa de la génesis dinámica: la formación de las superficies y su conexión · Imagen · Naturaleza del complejo de Edipo, papel de la zona genital.

VIGÉSIMO NOVENA SERIE ......................................................................................................- 146 -

las buenas intenciones son forzosamente castigadas

La empresa edípica en su relación con la constitución de la superficie · Repasar y hacer venir · La castración · La intención como categoría · Tercera etapa de la génesis: de la superficie física a la superficie metafísica (la doble pantalla).

- 4 -

Sumario

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TRIGÉSIMA SERIE.....................................................................................................................- 151 -

del fantasma

Fantasma y acontecimiento · Fantasma, yo y singularidades · Fantasma, verbo y lenguaje.

TRIGÉSIMA PRIMERA SERIE ...................................................................................................- 156 -

del pensamiento

Fantasma, «paso» y comienzo · La pareja y el pensamiento · La superficie metafísica · La

orientación en la vida psíquica, la boca y el cerebro.

TRIGÉSIMA SEGUNDA SERIE..................................................................................................- 161 -

sobre las diferentes clases de series

Las series y la sexualidad: serie conectiva y zona erógena, serie conjuntiva y conexión · La tercera forma de serie sexual, disyunción y divergencia · Fantasma y resonancia · Sexualidad y lenguaje: los tres tipos de series y las palabras correspondientes · De la voz a la palabra.

TRIGÉSIMA TERCERA SERIE ..................................................................................................- 168 -

de las aventuras che Alicia

Vuelta a las tres clases de palabras esotéricas de Lewis Carroll · Resumen comparado de Alicia y de Al otro lado del espejo · Psicoanálisis y literatura, novela neurótica familiar y novela-obra de arte.

TRIGÉSIMA CUARTA SERIE ....................................................................................................- 172 -

del orden primario y de la organización secundaria

La estructura pendular del fantasma: resonancia y movimiento forzado · De la palabra al verbo · Fin de la génesis dinámica · Represión primaria y secundaria · Satírica, irónica, humorística.

APÉNDICES.

I. SIMULACRO Y FILOSOFÍA ANTIGUA ..................................................................................- 180 -

1. Platón y el simulacro............................................................................................................- 180 -

2. Lucrecio y el simulacro ........................................................................................................- 189 -

II. FANTASMA Y LITERATURA MODERNA .............................................................................- 199 -

1. Klossowski o los cuerpos-lenguaje......................................................................................- 199 -

2. Michel Tournier y el mundo sin el otro.................................................................................- 214 -

3. Zola y la grieta .....................................................................................................................- 227 -

- 5 -

Sumario

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PRÓLOGO

(de Lewis Carroll a los estoicos)

La obra de Lewis Carroll tiene de todo para satisfacer al lector actual: libros para niños,

preferentemente para niñas; espléndidas palabras insólitas, esotéricas; claves, códigos y

desciframientos; dibujos y fotos; un contenido psicoanalítico profundo, un formalismo

lógico y lingüístico ejemplar. Y más allá del placer actual algo diferente, un juego del

sentido y el sinsentido, un caoscosmos. Pero las bodas del lenguaje y el inconsciente se

han enlazado y celebrado ya de tantas maneras que es preciso buscar lo que fueron

precisamente en Lewis Carroll, qué han reanudado y lo que han celebrado en él, gracias a

él.

Presentamos unas series de paradojas que forman la teoría del sentido. El que esta teoría

no pueda separarse de las paradojas se explica fácilmente: el sentido es una entidad

inexistente, incluso tiene relaciones muy particulares con el sinsentido. El lugar

privilegiado de Lewis Carroll se debe a que ha realizado el primer gran balance, la primera

gran escenificación de las paradojas del sentido, unas veces recogiéndolas, otras

renovándolas, o inventándolas, o preparándolas. El lugar privilegiado de los estoicos se

debe a que fueron los iniciadores de una nueva imagen del filósofo, en ruptura con los

presocráticos, con el socratismo y el platonismo: y esta nueva imagen está ya

estrechamente ligada a la constitución paradójica de una teoría del sentido. A cada serie

corresponden pues unas figuras que son no solamente históricas, sino tópicas y lógicas.

Como sobre una superficie pura, algunos puntos de tal figura en una serie remiten a otros

puntos de tal otra: el conjunto de constelaciones-problemas con las tiradas de dados

correspondientes, las historias y los lugares, un lugar complejo, una «historia

embrollada». Este libro es un ensayo de novela lógica y psicoanalítica.

Presentamos en el apéndice cinco artículos ya publicados. Los retomamos

modificándolos, aunque el tema permanece, y desarrolla algunos puntos que no están

más que brevemente indicados en las series precedentes (señalamos cada vez el vínculo

mediante una nota). Son: 1º) «Renverser le platonisme», Revue de metaphysique et de

morale, 1967; 2°) «Lucrèce et le naturalisme», Etudes philosophiques, 1967; 3°)

«Klossowski et les corps-langage», Critique, 1965; 4º) «Une théorie d'autrui» (Michel

Tournier), Critique, 1967; 5°) «Introduction á la Bèse humaine de Zola», Cercle précieux du livre, 1967. Agradecemos a los editores el permiso para esta reproducción.

- 6 -

Prólogo

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PRIMERA SERIE DE PARADOJAS

DEL PURO DEVENIR

Tanto en Alicia como en Al otro lado del espejo, se trata de una categoría de cosas muy especiales: los acontecimientos, los acontecimientos puros. Cuando digo «Alicia crece»

quiero decir que se vuelve mayor de lo que era. Pero por ello también, se vuelve más

pequeña de lo que es ahora. Por supuesto no es a la vez más grande y más pequeña.

Pero es a la vez que ella lo deviene. Ella es mayor ahora, era más pequeña antes. Pero

es a la vez, al mismo tiempo, que se vuelve mayor de lo que era, y que se hace más

pequeña de lo que se vuelve. Tal es la simultaneidad de un devenir cuya propiedad es

esquivar el presente. En la medida en que se esquiva el presente, el devenir no soporta la

separación ni la distinción entre el antes y el después, entre el pasado y el futuro.

Pertenece a la esencia del devenir avanzar, tirar en los dos sentidos a la vez: Alicia no

crece sin empequeñecer, y a la inversa. El buen sentido es la afirmación de que, en todas

las cosas, hay un sentido determinable; pero la paradoja es la afirmación de los dos

sentidos a la vez.

Platón nos invita a distinguir dos dimensiones: 1.º) la de las cosas limitadas y medidas, de

las dualidades fijas, sean permanentes o temporales, pero suponiendo siempre paradas

como reposos, establecimientos presentes asignaciones de sujetos: tal sujeto tiene tal

grandor, tal pequeñez en tal momento; 2.º) y luego un puro devenir sin medida, un puro

devenir-loco que no se detiene jamás, en los dos sentidos a la vez, esquivando siempre el

presente, haciendo coincidir el futuro y el pasado, el más y el menos, lo demasiado y lo

insuficiente en la simultaneidad de una materia indócil («más caliente y más frío avanzan

siempre y nunca permanecen, mientras que la cantidad definida es parada, y no puede

avanzar sin dejar de ser»; «lo más joven se vuelve más viejo que lo más viejo, y lo más

viejo, más joven que lo más joven, pero acabar este devenir, es precisamente aquello de

lo que no son capaces, pues si lo acabaran, dejarían de devenir, serían...).1

Reconocemos esta dualidad platónica. No es en absoluto la de lo inteligible y lo sensible,

la Idea y la materia, Ideas y cuerpos. Es una dualidad más profunda, más secreta,

enterrada en los cuerpos sensibles y materiales mismos: dualidad subterránea entre lo

que recibe la acción de la Idea, y lo que se sustrae a esa acción. No es la distinción del

Modelo y la copia, sino de las copias y los simulacros. El puro devenir, lo ilimitado, es la

materia del simulacro en tanto que esquiva la acción de la Idea, en tanto que impugna a la

vez el modelo y la copia. Las cosas medidas están bajo las Ideas; pero bajo las cosas

mismas, ¿no hay también este elemento loco que subsiste, que subviene, fuera del orden

impuesto por las Ideas y recibido por las cosas? Incluso Platón llega a preguntarse si este

puro devenir no podría tener una relación muy particular con el lenguaje: éste nos parece

uno de los sentidos principales del Cratilo. ¿Será esta relación esencial tal vez al

lenguaje, como en un «flujo» de palabras, un discurso enloquecido que no cesaría de

deslizarse sobre aquello a lo que remite, sin detenerse jamás? O bien, ¿podrían existir

dos lenguajes y dos clases de «nombres», unos designando las paradas y descansos que

1 Platón, Filebo, 24d; Parménides, 154-155.

- 7 -

Primera Serie, Del Puro Devenir

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recogen la acción de la Idea, pero expresando los otros los movimientos y los devenires

rebeldes?2 O incluso, ¿podrían ser dos dimensiones distintas interiores al lenguaje en

general, una recubierta siempre por la otra, pero «subviniendo» y subsistiendo bajo la

otra?

La paradoja de este puro devenir, con su capacidad de esquivar el presente, es la

identidad infinita: identidad infinita de los dos sentidos a la vez, del futuro y el pasado, de la víspera y del día después, del más y del menos, de lo demasiado y lo insuficiente, de lo

activo y lo pasivo, de la causa y el efecto. El lenguaje es quien fija los límites (por ejemplo, el momento en el que empieza los demasiado) pero es también él quien sobrepasa los

límites y los restituye a la equivalencia infinita de un devenir ilimitado («no sostenga un

atizador al rojo demasiado tiempo, le quemaría, no se corte demasiado profundamente, le haría sangrar»). De ahí los trastocamientos que constituyen las aventuras de Alicia.

Trastocamiento del crecer y el empequeñecer: «¿en qué sentido, en qué sentido?»

pregunta Alicia, presintiendo que es siempre en los dos sentidos a la vez, hasta el punto

de que por una vez permanece igual, por un efecto óptico. Trastocamiento de la víspera y

del mañana, esquivando siempre el presente: «mermelada ayer y mañana, pero nunca

hoy». Trastocamiento del más y el menos: cinco noches son cinco veces más calurosas

que una sola, «pero por la misma razón, deberían ser también cinco veces más frías». De

lo activo y lo pasivo: «¿se comen los gatos a los murciélagos?» equivale a «¿se comen

los murciélagos a los gatos?». De la causa y el efecto: ser castigado antes de haber

cometido una falta, gritar antes de haberse pinchado, volver a partir antes de haber

partido por primera vez.

Todos estos trastocamientos tal como aparecen en la identidad infinita tienen una misma

consecuencia: la impugnación de la identidad personal de Alicia, la pérdida del nombre

propio. La pérdida del nombre propio es la aventura que se repite a través de todas las

aventuras de Alicia. Porque el nombre propio o singular está garantizado por la

permanencia de un saber. Este saber se encarna en nombres generales que designan

paradas y descansos, sustantivos y adjetivos, con los cuales el propio mantiene una

relación constante. Así, el yo personal tiene necesidad de Dios y del mundo en general.

Pero cuando los sustantivos y adjetivos comienzan a diluirse, cuando los nombres de

parada y descanso son arrastrados por los verbos de puro devenir y se deslizan en el

lenguaje de los acontecimientos, se pierde toda identidad para el yo, el mundo y Dios. Es

la prueba del saber y de la recitación, en la que las palabras vienen de través, arrastradas

al bies por los verbos, y que destituye a Alicia de su identidad. Como si los

acontecimientos gozaran de una irrealidad que se comunica al saber y a las personas, a

través del lenguaje. Porque la incertidumbre personal no es una duda exterior a lo que

ocurre, sino una estructura objetiva del acontecimiento mismo, en tanto que va siempre en

dos sentidos a la vez, y que descuartiza al sujeto según esta doble dirección. La paradoja

es primeramente lo que destruye al buen sentido como sentido único, pero luego es lo

que destruye al sentido común como asignación de identidades fijas.

2 Platón, Cratilo, 437 y sigs. Sobre todo lo que precede, véase Apéndice I.

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Primera Serie, Del Puro Devenir

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SEGUNDA SERIE DE PARADOJAS

DE LOS EFECTOS DE SUPERFICIE

Los estoicos, a su vez, distinguían dos clases de cosas: 1.º) Los cuerpos, con sus

tensiones, sus cualidades, sus relaciones, sus acciones y pasiones, y los «estados de

cosas» correspondientes. Estos estados de cosas, acciones y pasiones, están

determinados por las mezclas entre cuerpos. En el límite, hay una unidad de todos los

cuerpos en función de un Fuego primordial en el que se reabsorben y a partir del cual se

desarrollan según su tensión respectiva. El tiempo único de los cuerpos o estados de

cosas es el presente. Porque el presente vivo es la extensión temporal que acompaña al

acto, que expresa y mide la acción del agente, la pasión del paciente. Pero, a la medida

de la unidad de los cuerpos entre sí, a la medida de la unidad del principio activo y el

principio pasivo, un presente cósmico abarca el universo entero: únicamente los cuerpos

existen en el espacio y sólo el presente en el tiempo. No hay causas y efectos en los

cuerpos: todos los cuerpos son causas, causas unos en relación con lo otros unos para

otros. La unidad de las causas entre sí se llama Destino, en la extensión del presente

cósmico.

2.º) Todos los cuerpos son causas unos para otros, los unos en relación con los otros,

pero ¿de qué? Son causas de ciertas cosas, de una naturaleza completamente diferente.

Estos efectos no son cuerpos, sino «incorporales» estrictamente hablando. No son

cualidades y propiedades físicas, sino atributos lógicos o dialécticos. No son cosas o

estados de cosas, sino acontecimientos. No se puede decir que existan, sino más bien

que subsisten o insisten, con ese mínimo de ser que convienen a lo que no es una cosa,

entidad inexistente. No son sustantivos ni adjetivos, sino verbos. No son agentes ni

pacientes, sino resultados de acciones y de pasiones, unos «impasibles»: impasibles

resultados. No son presentes vivos, sino infinitivos: Aión ilimitado, devenir que se divide

hasta el infinito en pasado y futuro, esquivando siempre el presente. Hasta el punto de

que el tiempo debe ser captado dos veces, de dos modos complementarios, exclusivos el

uno de otro: enteramente como presente vivo en los cuerpos que actúan y padecen, pero

enteramente también como instancia infinitamente divisible en pasado-futuro, en los

efectos incorporales que resultan de los cuerpos, de sus acciones y de sus pasiones. Sólo

existe el presente en el tiempo, y recoge, reabsorbe el pasado y el futuro; pero sólo el

pasado y el futuro insisten en el tiempo, y dividen hasta el infinito cada presente. No son

tres dimensiones sucesivas, sino dos lecturas simultáneas del tiempo.

Como dice Emile Bréhier en su bella reconstrucción del pensamiento estoico: «Cuando el

escalpelo corta la carne, el primer cuerpo produce sobre el segundo no una propiedad

nueva, sino un nuevo atributo, el de ser cortado, expresado siempre por un verbo, lo que

quiere decir que no es un ser, sino una manera de ser... Esta manera de ser se encuentra

en algún modo en el límite, en la superficie del ser y no puede cambiar la naturaleza de

éste: no es, a decir verdad, ni activa ni pasiva, ya que la pasividad supondría una

naturaleza corporal que sufre una acción. Es pura y simplemente un resultado, un efecto

que no puede clasificarse entre los seres... (Los estoicos distinguen) radicalmente, y nadie

lo había hecho antes que ellos, dos planos de ser: por una parte el ser profundo y real, la

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Segunda Serie, De los Efectos de Superficie

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fuerza; y por otra, el plano de los hechos, que se juegan en la superficie del ser, y que

constituyen una multiplicidad sin fin de seres incorporales.»1

Sin embargo, ¿qué puede haber de más íntimo, más esencial a los cuerpos que

acontecimientos como crecer, empequeñecer o ser cortado? ¿Qué quieren decir los

estoicos cuando oponen al espesor de los cuerpos estos acontecimientos incorporales

que tienen lugar únicamente en la superficie, como un vapor en la pradera (menos incluso

que un vapor, ya que un vapor es un cuerpo)? Lo que hay en los cuerpos, en la

profundidad de los cuerpos, son mezclas: un cuerpo penetra a otro y coexiste con él en

todas sus partes, como una gota de vino en el mar o el fuego en el hierro. Un cuerpo se

retira de otro, como el líquido de un vaso. Las mezclas en general determinan estados de

cosas cuantitativos y cualitativos: las dimensiones de un conjunto, o el rojo del hierro, lo

verde de un árbol. Pero lo que queremos decir mediante «crecer», «disminuir»,

«enrojecer», «verdear», «cortar», «ser cortado», etc., es de una clase completamente

diferente: no son en absoluto estados de cosas o mezclas en el fondo de los cuerpos, sino

acontecimientos incorporales en la superficie, que son resultado de estas mezclas. El

árbol verdea...2 El genio de una filosofía se mide en primer lugar por las nuevas

distribuciones que impone a los seres y a los conceptos. Los estoicos están trazando,

haciendo pasar una frontera allí donde nunca se había visto ninguna: en este sentido,

desplazan toda reflexión.

Lo que están operando, ante todo, es una separación completamente nueva de la relación

causal. Desmiembran esta relación, rehaciendo esta unidad en cada lado. Remiten las

causas a las causas, y afirman una relación de las causas entre sí (destino). Remiten los

efectos a los efectos, y establecen ciertas relaciones de los efectos entre sí. Pero no de la

misma manera: los efectos incorporales nunca son causas lo unos en relación a los otros,

sino solamente «casi-causas», según leyes que expresan quizás en cada caso la unidad

relativa o la mezcla de los cuerpos de los que dependen como de sus causas reales.

Hasta el punto de que la libertad se preserva de dos modos complementarios: una vez en

la interioridad del destino como relación de las causas, y otra en la exterioridad de los

acontecimientos como vínculo de los efectos. Por ello, los estoicos pueden oponer destino

y necesidad.3 Los epicúreos operan otra separación de la causalidad, que también funda

la libertad: conservan la homogeneidad de la causa y el efecto, pero dividen la causalidad

en series atómicas cuya independencia respectiva queda garantizada por el clinamen,

que no es destino sin necesidad, sino causalidad sin destino.4 En ambos casos se

comienza por disociar la relación causal, en lugar de distinguir tipos de causalidad como

hacía Aristóteles o como hará Kant. Y esta disociación nos remite siempre al lenguaje, ya

sea a la existencia de una declinación de las causas, o bien, como veremos, a la

existencia de una conjugación de los efectos.

1 Emile Bréhier, La Théorie des incorporels dans l’ancien stoïcisme, Vrin, 1928, págs. 11-13.

2 Véanse los comentarios de Bréhier sobre este ejemplo, pág. 20.

3 Sobre la distinción de las causas reales internas, y de las causas exteriores que entran en relaciones limitadas de «confatalidad», véase Cicerón, De fato, 9, 13,15 y 16.

4 Los epicúreos tienen también una idea del acontecimiento muy próximo a la de los estoicos: Epicuro, Carta a Herodoto, 39-40, 68-73; y Lucrecio I, 449 y sigs. Lucrecio analiza el acontecimiento: «la hija de Tíndaro es raptada...». Él opone los eventa (servidumbre-libertad, pobreza-riqueza, guerra-concordia) a los conjuncta (cualidades reales inseparables de los cuerpos). Los acontecimientos no parecen exactamente incorporales, pero son presentados, sin embargo, como no existentes por sí mismos, impasibles, puros resultados de los movimientos de la materia, de las acciones y pasiones de los cuerpos. No obstante no parece que los epicúreos hayan desarrollado esta teoría del acontecimiento; quizá porque la subordinan a las exigencias de una causalidad homogénea, y la hacen depender de su concepción particular del simulacro. Véase Apéndice II.

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Segunda Serie, De los Efectos de Superficie

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Esta nueva dualidad entre cuerpos o estados de cosas y los efectos o acontecimientos

incorporales entraña una conmoción de la filosofía. Por ejemplo, en Aristóteles, todas las

categorías se dicen en función del Ser; y la diferencia pasa en el ser entre la sustancia

como sentido primero y las demás categorías que se le remiten como accidentes. Para los

estoicos, al contrario, los estados de cosas, cantidades y cualidades, no son menos seres

(o cuerpos) que la sustancia; forman parte de la sustancia; y en esa medida se oponen a

un extra-ser que constituye lo incorporal como entidad no existente. El término más alto no es pues el Ser, sino alguna cosa, aliquid, en tanto subsume al ser y al no-ser, las existencias y las insistencias.5 Pero, además, los estoicos llevan a cabo la primera gran

inversión del platonismo, la inversión radical. Porque si los cuerpos, con sus estados,

cualidades y cantidades, asumen todos los caracteres de la sustancia y de la causa, a la

inversa los caracteres de la Idea caen del otro lado, en este extra-ser impasible, estéril,

ineficaz, en la superficie de las cosas: lo ideal, lo incorporal no puede ser más que un

«efecto».

La consecuencia tiene una importancia extrema. Porque, en Platón, se mantenía un

oscuro debate en la profundidad de las cosas, en la profundidad de la tierra, entre lo que

se sometía a la acción de la Idea lo que se hurtaba a esta acción (las copias y los

simulacros). Resuena un eco de este debate cuando Sócrates pregunta: ¿Existe Idea de

todo, incluso del pelo, de la mugre y del lodo, o bien hay algo que, siempre y

obstinadamente, esquiva a la Idea? Pero, en Platón, este algo nunca estaba lo

suficientemente hundido, reprimido, repelido en la profundidad de los cuerpos, ahogado

en el océano. Y he aquí que ahora todo sube a la superficie. Es el resultado de la

operación estoica: lo ilimitado sube. El devenir-loco, el devenir-ilimitado ya no es un fondo

que gruñe, sube a la superficie de las cosas y se vuelve impasible. Ya no se trata de

simulacros que se sustraen al fondo y se insinúan por doquier, sino de efectos que se

manifiestan y juegan en su lugar. Efectos en el sentido causal, pero también «efectos»

sonoros, ópticos o de lenguaje; o menos aún, o mucho más, en tanto ya no tiene nada de

corporal y son ahora toda la idea... Lo que se sustraía a la Idea ha subido a la superficie,

límite incorporal, y representa ahora toda la idealidad posible, destituida ahora de su eficacia causal y espiritual. Los estoicos han descubierto los efectos de superficie. Los

simulacros dejan de ser estos rebeldes subterráneos, hacen valer sus efectos (lo que se

podría llamar «fantasmas», independientemente de la terminología estoica). Lo más

oculto se ha vuelto lo más manifiesto, toas la viejas paradojas del devenir deben recobrar

el rostro en una nueva juventud: transmutación.

El devenir-ilimitado se vuelve el acontecimiento mismo, ideal, incorporal, con todos los

trastocamientos que le son propios, del futuro y el pasado, de lo activo y lo pasivo, de la

causa y el efecto. El futuro y el pasado, el más y el menos, lo excesivo y lo insuficiente, el

ya y el aún-no: pues el acontecimiento infinitamente divisible es siempre los dos a la vez, eternamente lo que acaba de pasar y lo que va a pasar pero nunca lo que pasa (cortar

demasiado profundamente y no lo suficiente). Lo activo y lo pasivo: pues el

acontecimiento, al ser impasible, los cambia tanto más cuanto que no es no lo uno ni lo

otro, sino su resultado común (cortar-ser-cortado). La causa y el efecto: pues los

acontecimientos, al no ser sino efectos, pueden, los unos con los otros, entrar mucho

mejor en funciones de casi-causas o en relaciones de casi-causalidad siempre reversibles

(la herida y la cicatriz).

5 Véase Plotino, VI, I, 25: la exposición de las categorías estoicas (y Bréhier, pág. 43).

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Segunda Serie, De los Efectos de Superficie

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Los estoicos aficionados a las paradojas e inventores. Hay que releer el sorprendente

retrato de Crisipo, en pocas páginas, por Diógenes Laercio. Quizá los estoicos utilizan la

paradoja de un modo completamente nuevo: a la vez como instrumento de análisis del

lenguaje y como medio de síntesis para los acontecimientos. La dialéctica es

precisamente esta ciencia de los acontecimientos incorporales tal como se expresan en

las proposiciones, y de los vínculos de acontecimientos tal como se expresan en las

relaciones entre proposiciones. La dialéctica es sin duda el arte de la conjugación (véanse los confatalia, o series de acontecimientos que dependen unos de otros). Pero es propio del lenguaje, a la vez, establecer límites y sobrepasar los límites establecidos: también

contiene términos que no cesan de desplazar su extensión, y de hacer posible un

trastocamiento de la relación en una serie determinada (como demasiado e insuficiente,

mucho y poco). El acontecimiento es coextensivo al devenir, y el devenir mismo,

coextensivo al lenguaje; la paradoja es pues esencialmente «sorites», es decir, serie de

proposiciones interrogativas que proceden según el devenir por adiciones y recortes

sucesivos. Todo ocurre en la frontera entre las cosas y las proposiciones. Crisipo enseña:

«si dices algo, esto pasa por la boca; dices un carro, luego un carro pasa por tu boca.»

Hay un uso ahí de la paradoja que no tiene equivalente sino en el budismo zen por una

parte, y en el non-sense inglés o americano por otra. Por una parte, lo más profundo es lo inmediato; por otra, lo inmediato está en el lenguaje. La paradoja aparece como

destitución de la profundidad, exposición de los acontecimientos en la superficie,

despliegue del lenguaje a lo largo de este límite. El humor es este arte de la superficie,

contra la vieja ironía, arte de las profundidades o de las alturas. Los sofistas y los cínicos

ya habían hecho del humor un arma filosófica contra la ironía socrática, pero con los

estoicos el humor encuentra su Dialéctica, su principio dialéctico y su lugar natural, su

puro concepto filosófico.

Esta operación inaugurada por los estoicos, Lewis Carroll la efectúa por su cuenta, la

recupera. En toda la obra de Carroll, se trata de los acontecimientos en su diferencia con

los seres, las cosas y estados de cosas. Pero el principio de Alicia (toda la primera mitad) busca todavía el secreto de los acontecimientos, y del devenir ilimitado que implican, en la

profundidad de la tierra, pozos y madrigueras que se cavan, que se hunden por debajo,

mezcla de cuerpos que se penetran y coexisten. A medida que se avanza en el relato, sin

embargo, los movimientos laterales de deslizamiento, de izquierda a derecha y de

derecha a izquierda. Los animales de las profundidades se vuelven secundarios, ceden su

lugar a figuras de cartas, sin espesor. Se diría que la antigua profundidad se ha

desplegado, se ha convertido en anchura. El devenir ilimitado se sostiene enteramente

ahora en esta anchura recobrada. Profundo ha dejado de ser un cumplido. Sólo los

animales son profundos; y aún no los más nobles, que son los animales planos. Los

acontecimientos son como los cristales, no ocurren no crecen sino por los bordes, sobre

los bordes. Ahí reside el primer secreto del tartamudo y el zurdo: dejar de hundirse,

deslizarse a lo largo, de modo que la antigua profundidad no sea ya nada, reducida al

sentido inverso de la superficie. Es a fuerza de deslizarse que se pasará del otro lado, ya

que el otro lado no es sino el sentido inverso. Y si no hay nada que ver detrás del telón, es

que todo lo visible, o más bien toda la ciencia posible está a lo largo del telón, que basta

con seguir lo bastante lejos y lo bastante estrechamente, lo bastante superficialmente,

para invertir lo derecho, para hacer que la derecha se vuelva izquierda e inversamente.

No hay pues unas aventuras de Alicia, sino una aventura: su subida a la superficie, su

repudio de la falsa profundidad, su descubrimiento de que todo ocurre en la frontera. Por

ello, Carroll renuncia al primer título que tenía previsto, «Las aventuras subterráneas de

Alicia».

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Segunda Serie, De los Efectos de Superficie

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Con mayor motivo en Al otro lado del espejo. Allí, los acontecimientos, en su diferencia radical con las cosas, ya no son buscados en profundidad, sino en la superficie, en este

tenue vapor incorporal que se escapa de los cuerpos, película sin volumen que los rodea,

espejo que los refleja, tablero que los planifica. Alicia no puede hundirse ya, ella deja libre su doble incorporal. Es siguiendo la frontera, costeando la superficie, como se pasa de los cuerpos a lo incorporal. Paul Valéry tuvo una frase profunda: lo más profundo, es la piel.

Descubrimiento estoico que supone mucha sabiduría y entraña toda una ética. Es el

descubrimiento de la niña, que no crece ni disminuye sino por los bordes, superficie para

enrojecer y verdear. Ella sabe que los acontecimientos conciernen tanto más a los

cuerpos, los cortan y los maltratan, en la medida en que recorren su extensión sin

profundidad. Más tarde, las personas mayores son atrapadas por el fondo, caen y ya no

comprenden, porque son demasiado profundas. ¿Por qué los mismos ejemplos del

estoicismo continúan inspirando a Lewis Carroll? El árbol verdea, es escalpelo corta, ¿la

batalla tendrá lugar o no? Es ante los árboles que Alicia pierde su nombre, es a un árbol

que Humpty Dumpty habla, sin mirar a Alicia. Y los recitados anuncian las batallas. Y por

doquier, heridas, cortes. Pero ¿son eso ejemplos? O bien, ¿todo acontecimiento es de

este tipo, bosque, batalla y herida, tanto más profundo cuanto que ello que ocurre en la superficie, incorporal a fuerza de extenderse a lo largo de los cuerpos? La historia nos

enseña que las buenas rutas no tienen fundación y la geografía, que la tierra no es fértil

sino en una delgada capa.

Este redescubrimiento del sabio estoico no está reservado a la niña. Es verdad que Lewis

Carroll detesta en general a los chicos. Tienen demasiada profundidad, una falsa

profundidad, falsa sabiduría y animalidad. El bebé masculino en Alicia se transforma en cerdo. Por lo general, sólo las niñas comprenden el estoicismo, tienen el sentido del

acontecimiento y liberan un doble incorporal. Pero a veces sucede que un niño sea

tartamudo y zurdo, y conquiste así el sentido como sentido de la superficie. El odio de

Lewis Carroll hacia los chicos no debe achacarse a una ambivalencia profunda, sino más

bien a una inversión superficial, concepto estrictamente carrolliano. En Silvia y Bruno, es el niño quien tiene el papel inventivo, aprendiendo sus lecciones de cualquier modo, del

revés, del derecho, por encima, por debajo, pero nunca a «fondo». La gran novela Silvia y

Bruno lleva el extremo la evolución que se esbozaba en Alicia, y que se prolongaba en Al otro lado del espejo. La conclusión admirable de la primera parte celebra la gloria del Este, de donde viene todo lo bueno, «y la sustancia de las cosas esperadas, y la

existencia de las cosas invisibles». Incluso el barómetro ni sube ni baja, sino que va a lo

largo, de lado, y da el tiempo horizontal. Una máquina de estirar alarga incluso las

canciones. Y la bolsa de Fortunatus, presentada como un anillo de Moebius, está hecha

con pañuelos cosidos in the wrong way, de tal modo que su superficie interna: envuelve el mundo entero y se hace que lo que está dentro esté fuera, y lo que está fuera dentro.6 En

Silvia y Bruno, la técnica del paso de lo real al sueño, y de los cuerpos a lo incorporal, está multiplicada, renovada completamente, llevada a su perfección. Pero es siempre

costeando la superficie, la frontera, como se pasa al otro lado, por la virtud de un anillo. La continuidad del revés y el derecho sustituye a todos los niveles de profundidad; y los

efectos de superficie en un solo y mismo Acontecimiento, que vale por todos los

acontecimientos, hacen que todo el devenir y sus paradojas aflore en el lenguaje.7 Como

6 Esta descripción de la bolsa forma parte de una de las páginas más hermosas de Lewis Carroll, Sylvie and Bruno concluded, cap. VII.

7 Este descubrimiento de la superficie, esta crítica de la profundidad, forman una constante de la literatura moderna. Inspiran la obra de Robbe-Grillet. De otra manera, se encuentran en Klossowski, en la relación entre la epidermis y el guante de Roberte: véanse las observaciones de Klossowski a este respecto, en el

«posfacio» a Lois de l’hospitalité, pág. 344. o bien, Michel Tournier, en Vendredi ou les limbes du Pacifique,

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Segunda Serie, De los Efectos de Superficie

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Lewis Carroll en un artículo titulado The dynamics of a particle, «Superficie plana es el carácter de un discurso...».

págs. 58-59: «Extraña postura, sin embargo, la que valora ciegamente la profundidad a expensas de la superficie y que quiere que superficial signifique no de vasta dimensión, sino de poca profundidad, mientras que profundo signifique por el contrario de gran profundidad y no de débil superficie. Y sin embargo, un sentimiento como el amor se mide mucho mejor, me parece de ser posible medirlo, por la importancia de su superficie que por su grado de profundidad...» Véanse Apéndices III y IV.

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Segunda Serie, De los Efectos de Superficie

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TERCERA SERIE

DE LA PROPOSICIÓN

Entre estos acontecimientos-efectos y el lenguaje, o incluso la posibilidad del lenguaje,

hay una relación esencial: pertenece a los acontecimientos el ser expresados o

expresables, enunciados o enunciables por proposiciones cuando menos posibles. Pero

hay muchas relaciones en la proposición; ¿cuál es la que conviene a los efectos de

superficie, a los acontecimientos?

Muchos autores están de acuerdo en reconocer tres relaciones distintas en la proposición.

La primera se denomina designación o indicación: es la relación de la proposición con un

estado de cosas exterior (datum). El estado de cosas es individuado, implica tal o cual cuerpo, mezclas de cuerpos, cualidades y cantidades, relaciones. La designación opera

mediante la asociación de las palabras mismas con imágenes particulares que deben

«representar» el estado de cosas: entre todas aquellas que se asocian a la palabra, a tal

o cual palabra en la proposición, hay que escoger, seleccionar las que corresponden al

complejo dado. La intuición designadora se expresa entonces bajo la forma: «es esto»,

«no es esto». La cuestión de saber si la asociación de palabras a imágenes es primitiva o

derivada, necesaria o arbitraria, no puede ser planteada todavía. Por el momento, lo que

cuenta es que ciertas palabras en la proposición, ciertas partículas lingüísticas, sirven de

formas vacías para la selección de imágenes siempre, es decir para la designación de

cada estado de cosas: sería erróneo tratarlas como conceptos universales; son singulares

formales, que tienen un papel de puros «designantes» o, como dice Benveniste, de

indicadores. Estos indicadores formales son: esto, aquello; el aquí, allá; ayer, hoy, etc.

Los nombres propios son también indicadores o designantes, pero de una importancia

especial ya que son los únicos que forman singularidades propiamente materiales.

Lógicamente, la designación tiene por criterio y por elemento lo verdadero y lo falso.

Verdadero significa que una designación está efectivamente cumplida por el estado de

cosas, que los indicadores están efectuados, o la buena imagen seleccionada.

«Verdadero en todos los casos» significa que el cumplimiento se da para la infinidad de

imágenes particulares asociables con las palabras, sin que haya necesidad de selección.

Falso significa que la designación no se cumple, sea por un defecto de las imágenes

seleccionadas, sea por la imposibilidad radical de producir una imagen asociable con las

palabras.

Una segunda relación de la proposición se denomina a menudo manifestación. Se trata

de la relación de la proposición con el sujeto que habla y se expresa. Así pues, la

manifestación se presenta como el enunciado de los deseos y las creencias que

corresponden a la proposición. Deseos y creencias son inferencias causales, no

asociaciones. El deseo es la causalidad interna de una imagen con respecto a la

existencia del objeto o del estado de cosas correspondiente; correlativamente, la creencia

es la expectativa de este objeto o estado de cosas, en tanto que su existencia debe ser

producida por una causalidad externa. De ello no debe concluirse que la manifestación es

segunda respecto a la designación: al contrario, ella la posibilita, y las inferencias forman

una unidad sistemática de la que derivan las asociaciones. Hume lo percibió de un modo

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Tercera Serie, De la Proposición

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profundo: en la asociación de causa a efecto, es la «inferencia según la relación» la que

precede a la relación misma. Este primado de la manifestación se confirma por el análisis

lingüístico. Porque hay en la proposición unos «manifestantes» como partículas

especiales: yo, tú; mañana, siempre; en otra parte, en todas partes, etc. Y del mismo

modo como el nombre propio es un indicador privilegiado, Yo es el manifestante de base.

Pero no son sólo los otros manifestantes quienes dependen del Yo, sino que es el

conjunto de indicadores los que se relacionan con él.1 La indicación o designación

subsumía los estados de cosas individuales, las imágenes particulares y los designantes

singulares; pero los manifestantes, a partir del Yo, constituyen el dominio de lo personal

que sirve de principio a toda designación posible. En definitiva, de la designación a la

manifestación, se produce un desplazamiento de valores lógicos representado por el

Cógito: no ya lo verdadero y lo falso, sino la veracidad y el engaño. En el célebre análisis

del pedazo de cera, Descartes no busca en ningún modo lo que permanece en la cera,

problema que ni siquiera se plantea en este texto, sino que muestra cómo el Yo

manifestado en el Cógito funda el juicio de designación según el cual la cera es

identificada.