Los Ruidos Ajenos por Nelson Francisco Muloni - muestra HTML

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Nelson Francisco Muloni

LOS RUIDOS AJENOS

Tunparenda ediciones

NELSON FRANCISCO MULONI

LOS RUIDOS AJENOS

Poemas

Tunparenda ediciones

Impreso en Salta - Hecho el depósito legal

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TUNPARENDA EDICIONES

Martín Cornejo 1271 - 4400 Salta

ADVERTENCIA

La presente edición digital de Los

Ruidos Ajenos (Tunparenda ediciones,

1983), tiene leves modificaciones respecto del

libro original. Se han incluido algunas

fotografías y se redujo el número de páginas,

eliminando las que quedaron en blanco en la

edición en papel luego de ganar espacio con

una mayor continuidad de los poemas.

La diagramación, tipografía y tamaño

de la misma, permanecen como en el libro

original, lo mismo que los agradecimientos, logotipo e ilustración de tapa.

El prólogo escrito por el poeta Luis

Andolfi, se desplegó en las primeras páginas

de esta edición. En la versión original, se encontraba en la contratapa.

Con esta aclaración, deposito en sus

manos éste, que fue el primero de mis libros,

presentado en Salta, en octubre de 1983.

6

AGRADECIMIENTO

A Jesús Ramón Vera, Hugo Ovalle,

Luis Andolfi, Carlos Aparicio, Juan Ahuerma,

Walter Adet, Jorge Díaz Bavio y Raúl Rojas,

amigos y poetas; Rodolfo Daniel Ceballos,

Hicho Vaca y Alberto Villarreal, a todos por su

preocupación y alegría.

7

PROLOGO

Si aceptamos que el objetivo de los nuevos poetas es crear su propio espacio literario, debemos reconocer en Nelson F. Muloni a uno de ellos. Es decir, a un poeta en busca del territorio que, por derecho, le pertenece.

Y ello es así porque existe en Muloni constancia en la actitud creadora; sinceramiento con él mismo por el camino elegido y un mundo interior capaz de sustentarlo y permitirle su tránsito.

Integrante de una generación, aún no definida, posterior a la del '60, Muloni ha ido ganando en singularidad respecto de aquella, perfilándose en madurez y en rigor. Ya se notan las inflexiones de su voz; ya es posible distinguir su acento.

En este su primer libro de poemas, que no es (no lo es casi nunca una obra primigenia) signo inequívoco de virtudes. No obstante, la lectura de LOS RUIDOS AJENOS

deja en el espíritu la sensación de estar ante la presencia de 8

un intento armonioso, limitado sólo por los matices del primer lirismo. Se manifiestan en su poesía ciertas zonas del ánimo que asumen identidad en el miedo, en la incertidumbre, en la soledad presentida, y aún asumida, coincidiendo con los rasgos que caracterizan a la mejor expresión poética.

Nelson F. Muloni está aquí con su poesía, y en ella uno puede afirmarse en columnas sólidas, y hasta clásicas.

Después de la Generación del '60 (es inevitable referirse a ella en estas instancias), el soneto no había sido intentado por los que la sucedieron. Arrumbado, arbitraria y melindrosamente –se podría añadir, impotentemente- por

“los nuevos” en olvidados rincones, la forma del soneto vuelve a corporizarse en este inicial volumen de Muloni. Él, entre los de su edad, rompe con el mito de su encorsetamiento, con su perfil de “cárcel”, y esa circunstancia es buena para recordar que el soneto sólo es celda para los que encuentran en el desmesurado libremetrismo justificación para sus limitaciones.

Aunque en estos “Ruidos ajenos”, su autor sólo nos da dos ejemplos de estas “estrofas cerradas”, hay que aceptar que ellos configuran la continuación de una tradición lírica que, entre nosotros, tiene alto vuelo.

Estos sonetos están plenos de Miguel Hernández. En ellos se respira aire, mortificaciones y sueños hernandianos.

Y Muloni confiesa, con orgullo, su amor por el pastor de Orihuela.

Pero esta gravitación de Hernández sobre Muloni (perdido a decenas de años y a miles de kilómetros del Perito en Lunas), que también se patentiza en otros 9

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poemas, debe ser entendida como una auspiciosa coyuntura; porque nada es más beneficioso para un poeta que inicia su sendero que la influencia de los grandes. De él, solamente de él, dependerá su independencia lírica, que no debe interpretarse como el rechazo a todo lo que provenga del exterior, sino como el amalgamiento de esos aportes y sus íntimas vivencias y posibilidades, en la construcción de su personalidad expresiva.

En el caso de Muloni, lo dicho sólo puede conducirnos a creer en los valores receptivos de un espíritu templado en la genuinidad.

Luis Andolfi

Invierno del '83

El poeta Nelson

Francisco Muloni,

en la época de la

publicación de

LOS RUIDOS AJENOS,

en 1983

10

EL AMOR

11

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“Han partido los trenes sin llevarnos...”

(LOS ANDENES)

Foto original: Isidoro Zang

Virado al sepia: NFM

12

LOS ANDENES

Han partido los trenes sin llevarnos

nos dejaron el viento

nos dejaron

los tiempos de otros tiempos

de esta aldea de brazos solitarios.

¿En qué alegre frontera estarán los amigos

esos que nos sintieron luchar por el coraje?

Los trenes han partido

y han quedado desnudos

los ángeles

las voces

las paredes de casa.

No quedan ni los hijos

ni las ciegas ventanas.

Sólo queda el silencio

de los ruidos ajenos.

Los trenes se alejaron con las huellas

de cada mediodía

se alejaron

sedientos

en busca de los siglos que perdimos.

¿Somos viejos acaso

que tan sólo

nos quedan los andenes?

13

EPITAFIO

Un árbol cercenado fue

mi aceptación de vida.

Quise ponerme el sol

tras mis sienes.

Reinventé sortilegios

miedos

brumas

y precipicios de pasión

tras los adverbios.

(Aquí yace

un niño que no ha sido).

14

CUESTIONES

No es cuestión de traer todos los muertos

para escribir poemas en las calles.

15

MI NIÑEZ

Mi niñez se inclina

hacia las manos ausentes

que al no volver

dejaron amargura.

Todo es tiempo y ausencia

todo es lejos.

Mi niñez olvidada

y el cristal de la cebolla

sin manos que la lloren.

16

VEJEZ

Ya no tendrás la luna

ni los abuelos

ni los hijos.

Ya no tendrá blancuras

el descanso.

Ya no podrá el deseo

correr por las pieles

vacías de cristales.

Descargarán los muros las desgracias

que arrancaron los ojos

repitiendo

los vientres

en presencia de las alcobas.

17

PARTO

Mueve su frente la casa

astillada la puerta

cubiertas las ventanas

con un hilo de sangre.

El silencio cae

indicándole el tiempo en las mejillas.

Un tiempo

que sacude el dolor

para que surja.

Aquí está el hombre

la flor

que cubrirá las piedras con su grito.

18

NECESITO CONTARTE

DE MIS GLORIAS

Necesito contarte de mis glorias

necesito saber que por mis días

te busco y te encuentro

en los silencios.

Necesito de los sueños

y del asombro de la nada.

Necesito de la muerte

una rebelión

que me derrumbe

y ande por mi sangre.

Necesito elevarte

una cintura nueva

que proteja los vientres

y destruya las vigilias.

Necesito perderme en tus instantes

y en las extensiones de un poema.

19

CUANDO YA NO HAYA INFIERNO

Cuando ya no haya infierno

ha de venir tu nombre

para anunciar la lluvia

acaso

de tu alma.

Es que uno expande

a veces

los círculos del sueño.

Imagina

que un oleaje

alternará en los bronces

la eternidad y el manto

de una vida.

Por eso es que tu nombre

recostado en los siglos

llegará sobre el humo

y atraerá los ritmos

de la piedra

el cielo

los años

y la raíz del viento

dormirá en un milagro.

20

AÚN REGRESO

Padre

he vuelto a mirarme en los días

en que buscabas

el pan para mi hermano.

El niño le agregaba

otra espera a mi hambre

mientras sobre la mesa

se secaban

los mediodías.

He vuelto

padre

a través de las piedras del tiempo

para corresponder a tu porfía

cuando encendías rabia

por no darle a mi hermano

más que el dolor con que enjugabas

tu triste pantalón.

Con cuántas vueltas

mi hermano se hizo hombre.

Veintitrés años

padre

y aún regreso

Buscando por el pan

estoy que hoy siento.

21

22

LOS LUTOS

23

El lenguaje que hablo en mí mismo

no es de mi tiempo; por naturaleza,

está fijado en la sospecha ideológica;

es preciso entonces que luche con él.

Roland Barthes

24

CUESTIONES II

No es más allá lo que urge

es el sentido

de conquistarse uno.

25

LA CÁRCEL DEL DELIRIO

Leí entre tus ojos

una locura

un epitafio

y vi las tinieblas de mi casa

atravesar los susurros

las sombras y los miedos.

Vi en tus ojos

la sangre

y los músculos yacentes.

No dudo

no obstante

los delirios naufragan.

26

EL CIEGO

Inútilmente

la injuria cubre el tiempo

de los ojos del ciego

en el olvido

de la mano extendida.

27

SACUDAMOS A LOS MUERTOS

Sacudamos a los muertos

para terminar la torre

que ostentará el sudario

de los rostros

y de las horas.

¡Muertos míos

sublévense sobre los huesos!

28

EL TESTIMONIO DE LAS MANOS

Encadenados a las sombras

huesos y carne

desenvuelven las calles.

Y cuando el ojo de las angustias

desvía su mirada

de los estómagos

a las paredes

las palabras se apartan

del testimonio de las manos.

29

LAS VÉRTEBRAS DEL MIEDO

Hay brazos

que arañan la tierra.

Los frutos

crecen con los gritos.

Se encienden los inútiles fusiles

por los caminos arduos.

Una procesión

transita los cadáveres

y las risas resuenan

cuando saltan

las vértebras del miedo.

30

AGONÍA

Hay una paz

donde habito

junto a la soledad de otra miseria.

Es esa paz que sufro

y que encuentra

un lejano temor.

Es la paz que me empuja

a continuar el viento.

Es esa paz que agito

vencido.

Es la paz que crece

en mi agonía.

31

ESPANTO

Se estira

y en su estatura ya no caben días.

En el pantalón

le crece la angustia

y no existe el coraje.

En alguna calle

sacuden su existencia.

32

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“En alguna calle

sacuden su existencia....”

(ESPANTO)

33

Yo mismo me celebro y a mí mismo me canto;

y mis pretensiones serán las tuyas,

pues cada átomo mío también te pertenece.

Walt Whitman – “Canto a mí mismo”

34

ME CELEBRO

Descubro

las grietas de la tierra

y la cúpula

de las horas y el cosmos.

Creo rostros

invento la infancia

invoco la carroña

silencio las mandíbulas.

Marchito las piedades

y enloquezco de flores

y de espanto.

¿Quién nace en mí?

¿Los que me buscan y me prueban?

¿Los que me perturban

y los que me encuentran sinistro

detrás de cada maquillaje?

¿O los reos

o los tontos

o las esposas fieles y los hijos

o las carreras sin sentido?

He buscado.

Te busco.

Te encontré por las semanas blancas

en los ojos sin aurora

en los pies mutilados

y he muerto en vos.

35

SUEÑO DE CENIZAS

A Luis Andolfi

Arlequín somnoliento

en dónde colgarás tu vestidura

tus despojos.

Se te mueren las piernas por las calles

se te enfrían las cejas

se te cuela un rumor en los bolsillos

y un sueño te golpea los riñones.

En un sol que no supones

se atormenta tu costado.

Risas en acecho

te duermen la mirada.

Un oficio de cruces te acompaña

y un bandoneón a fuerza de cenizas.

36

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“...y un bandoneón a fuerza de cenizas.”

(SUEÑO DE CENIZAS)

37

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TUMBAS SIN NOMBRE

No me muevo del día

aunque persigan

mi comida o mi carne.

No me muevo

aunque quiebren mis dudas

y hagan crecer

el rumor de los muertos

en las cruces sin nombre.

No me muevo del día

y permanezco

en la sed de las calles

al sol

con mi herida y mi furia.

Con mi herida y mi furia

no me muevo del día

no me muevo.

38

SONETOS

39

40

CELO DEL DÍA

Celo del día, busco tu cadera

para encender la brasa en el oscuro

rincón del luto, donde extiende el muro,

la sequedad informe de la espera.

Boca voraz, te espero en la primera

expresión de mi pan, cerrado y duro.

Boca y cadera atiendo en el apuro,

que me apura la sangre pasajera.

Y como hambre y simiente vengo al beso,

como simiente y hambre me enveneno

por el grito que habito, en el tormento,

por el grito que siento y que no expreso.

Hambre que sufro, amor que no sereno

si no serena el alma mi lamento.

41

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Miguel Hernández,

muerto en las cárceles

franquistas en 1942.

“¡Cuánta canción perdida sin el beso...!”

(EL CONDENADO)

42

EL CONDENADO

A Miguel Hernández, poeta

Tan despiadadamente cruza el viento

de la oración, que cruje por sus manos;

al seco corazón, al vientre insano

le extirparon su inútil alimento.

La urdimbre del telar teje su aliento

y la trama del miedo, por el vano

silencio de sus ojos, ya lejanos,

sube, azarosamente, a paso lento.

¡Cuánta canción perdida sin el beso!

¡Cuánta estropeada carne sin ternuras!

¡Cuánto verbo parido en el fracaso

del verdugo que surge, por su peso,

a destrozar la piel de sus hechuras

y su mirada abierta, sin ocasos!

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EL AMOR

LOS ANDENES 13

EPITAFIO 14

CUESTIONES 15

MI NIÑEZ 16

VEJEZ 17

PARTO 18

NECESITO CONTARTE DE MIS GLORIAS 19

CUANDO YA NO HAYA INFIERNO 20

AUN REGRESO 21

LOS LUTOS

CUESTIONES II 25

LA CÁRCEL DEL DELIRIO 26

EL CIEGO 27

SACUDAMOS A LOS MUERTOS 28

EL TESTIMONIO DE LAS MANOS 29

LAS VÉRTEBRAS DEL MIEDO 30

AGONÍA 31

ESPANTO 32

ME CELEBRO 35

SUEÑO DE CENIZAS 36

TUMBAS SIN NOMBRE 38

SONETOS

CELO DEL DÍA 41

EL CONDENADO 43

Estos poemas de Nelson Francisco Muloni

fueron impresos en octubre de 1983, en los talleres gráficos que Tunparenda ediciones posee en Martín Cornejo 1271, (4400) Salta, Argentina.

Composición tipográfica, Javier Villanueva.

Colaboró Miguel A. Alancay. Ilustración de tapa, Santiago Rodríguez.

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TUNPARENDA EDICIONES

Martín Cornejo 1271 - 4400 Salta