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“La energía ubicada en la periferia de la esfera luminosa -

siguió diciendo-, es decir, la energía que no es redistribuida, es tan inútil como si uno no la tuviera. En realidad, es una situación difícil de sobrellevar el tener un exceso de energía almacenada en un lugar inaccesible para cualquier fin práctico. Es como estar en el desierto, muriéndose de deshidratación y llevar a cuestas un tanque de agua que no se puede abrir por carecer de las

herramientas necesarias. En ese desierto, ni siquiera puedes

encontrar una roca con la cual romper la tapa de ese tanque.

La verdadera magia de los pases mágicos radica en el

hecho de que hacen que la energía desplazada hacia la periferia vuelva a los centros de vitalidad, logrando la sensación de

bienestar y autodominio que experimenta el practicante. Los

brujos del linaje de don Juan, antes de ingresar en el exceso de ritual y las sobrecargadas ceremonias, habían formulado la base para esa redistribución. La denominaban saturación, queriendo indicar con ello que inundaban sus cuerpos con una profusión de pases mágicos a fin de permitir

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que la fuerza que nos aglutina guiara esos pases mágicos para

que generaran una máxima redistribución de energía.

-Pero, don Juan, ¿quiere decir que cada vez que usted hace

sonar sus articulaciones o cada vez que yo intento imitarle, lo que estamos haciendo es, realmente redistribuir energía? -Le pregunté sin la menor intención de parecer sarcástico.

-Cada vez que ejecutamos un pase mágico -me contestó,

muy serio-, estamos, en efecto, alterando la estructura básica de nuestro ser. La energía, que normalmente está apelmazada, se

libera y comienza a ingresar en los vórtices de vitalidad del

cuerpo. Sólo a través de esa energía recuperada podemos levantar un dique, una barrera para contener el flujo, que de otra forma sería incontenible y siempre deletéro.

Le pedí a don Juan que me diera un ejemplo de poner una

barrera a lo que él denominaba flujo deletéreo. Le dije que quería visualizarlo mentalmente.

-Te daré un ejemplo -me dijo-. A mi edad, yo debería sufrir

de hipertensión. Si consultara a un médico, éste, al verme,

supondría que soy un viejo indio lleno de incertidumbres,

frustraciones, y mal alimentado, todo lo cual contribuye a la

hipertensión: algo lógico y esperable a mi edad.

“Yo no tengo ni el mínimo problema de hipertensión -

prosiguió-, no porque sea más fuerte que el hombre promedio de mi edad, o por mi contextura genética, sino porque mis pases

mágicos han permitido que mi cuerpo rompiera con cualquier

esquema de conducta que pudiera conducir a la hipertensión.

Puedo decir, sin faltar a la verdad, que cada vez que hago sonar mis articulaciones al realizar un pase mágico, estoy bloqueando el flujo de las expectativas y del comportamiento que,

normalmente, a mi edad, tendría por consecuencia el aumento de la presión sanguínea.

“Otro ejemplo que puedo darte es la agilidad de mis

rodillas -continuó. ¿No has notado cuánto más ágil que tú, soy yo? ¡En lo que a mover mis rodillas se refiere, soy un joven! Con mis pases mágicos, he puesto un dique a la corriente de conducta y fisicalidad que hace que las rodillas de la gente, tanto del hombre como de mujeres, se entumezcan con la edad.

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Una de las sensaciones más irritantes que experimenté en

mi vida fue causada por el hecho de que don Juan Matus, a pesar de que habría podido ser mi abuelo, era infinitamente más joven que yo. En comparación con él, yo estaba entumecido, era terco y reiterativo. En una palabra, estaba senil. El, por el contrario, era fresco, creativo, ágil, y estaba lleno de recursos. En síntesis, poseía algo que yo, a pesar de ser joven, no tenía: juventud. Se deleitaba repitiéndome que tener pocos años no significaba tener juventud, y que ser joven no excluía que uno estuviera senil.

Señaló que, si yo observaba cuidadosa y desapasionadamente a

mis congéneres, podría corroborar que, cuando llegaban a los

veinte años, ya estaban seniles, repitiéndose neciamente.

-¿Cómo es posible, don Juan -le dije-, que usted sea más

joven que yo?

-He vencido a mi mente -respondió, abriendo mucho los

ojos como para denotar su perplejidad-. No tengo una mente que me diga que es hora de ser viejo. No cumplo con acuerdos que

yo nunca he suscrito. Recuerda una cosa: esto de no cumplir

acuerdos en cuya confección no se ha participado no es un

eslogan que sólo vale para brujos. Padecer de vejez es uno de

estos acuerdos.

Permanecimos largo tiempo en silencio. Don Juan parecía

esperar el efecto que sus palabras me habían causado. Lo que yo consideraba que era mi unidad psicológica se vio desgarrada más aún por una respuesta claramente ambivalente de mi parte. En

cierto nivel, repudiaba con todas mis fuerzas las tonterías que don Juan estaba expresando; en otro, sin embargo, no podía dejar de darme cuenta de lo ciertas que eran sus observaciones. Don

Juan era viejo y sin embargo, no era viejo en absoluto. Era siglos más joven que yo. Estaba libre de pensamientos y de hábitos que constituyeran una traba para él. Vagaba a través de mundos

increíbles. Era libre mientras que yo estaba aprisionado por

rígidos hábitos y formas de pensar, por consideraciones

mezquinas y vanas sobre mí mismo; en aquel momento, sentí por

primera vez que tales consideraciones ni siquiera eran mías.

En cierta oportunidad, interrogué a don Juan acerca de

algo que desde hacía tiempo me venía preocupando. El había

afirmado que los brujos del antiguo México descubrieron los

pases mágicos, que

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constituían una especie de tesoro oculto en las profundidades del tiempo para que el hombre lo pudiera descubrir. Quería saber

quién ocultaba algo así para que el ser humano lo encontrara. La única idea que me podía formar al respecto provenía del

catolicismo. Pensé que ese “alguien” podía ser Dios, o un ángel de la guarda, o el Espíritu Santo.

-No es el Espíritu Santo -me dijo don Juan-, que sólo es

santo para ti porque secretamente eres católico. Y por cierto que no es Dios el padre benévolo que tú imaginas cuando utilizas el término “Dios”. Tampoco es una diosa, una madre que nutre al

hombre y lo cuida, como muchos creen. Es más bien una fuerza

impersonal que dispone de infinitas posibilidades para ofrecer a quienes se atreven a buscarlas. Es una fuerza en el universo,

como la luz o la gravedad. Es un factor aglutinante, una fuerza vibratoria que reúne el conglomerado de campos energéticos que son los seres humanos en una sola unidad, concisa y coherente.

Esa fuerza vibratoria es el factor que impide la entrada o salida de energía de la esfera luminosa.

“Los brujos del antiguo México -prosiguió- creían que la

ejecución de sus pases mágicos era el único factor que preparaba y conducía el cuerpo hacia la corroboración trascendental de la existencia de dicha fuerza aglutinadora.

A partir de las explicaciones de don Juan llegué a la

conclusión de que la fuerza vibratoria de que hablaba, esa fuerza que aglutina nuestros campos de energía, es aparentemente

similar a lo que los astrónomos de la modernidad creen que

sucede en el núcleo de todas las galaxias que existen en el

cosmos. La teoría es que, en el núcleo o centro de esas galaxias, una fuerza de incalculable potencia mantiene en su sitio las

estrellas que conforman cada galaxia. Esa fuerza, denominada

“agujero negro”, es una interpretación teórica que parecería

ofrecer la explicación más razonable de por qué las estrellas no se dispersan, impulsadas por su propia velocidad de rotación.

Don Juan decía que los antiguos brujos sabían que los

seres humanos, considerados como conglomerados de campos

energéticos, deben su cohesión no a una envoltura o a ligamentos energéticos, sino a una vibración que mantiene, a un tiempo, al unión y la vida. Don Juan explicaba que esos brujos, gracias a sus prácticas y su disciplina, se

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volvían capaces de manejar esa fuerza vibratoria, una vez que

tomaban plena conciencia de ella. La pericia en ese manejo se

volvió tan extraordinaria, que sus acciones se transformaron en leyendas, en hechos mitológicos que sólo existían como fábulas.

Por ejemplo, una de las historias que don Juan contaba sobre los brujos de la antigüedad decía que eran capaces de disolver su

masa física con sólo poner el total de su conciencia y de su

intento en esa fuerza.

Don Juan afirmaba que, a pesar de que eran capaces de

pasar por el ojo de una aguja si lo consideraban necesario, nunca llegaron a sentirse del todo satisfechos con los resultados de esa maniobra de disolución de su masa. El motivo de su descontento era que, una vez que la masa había sido disuelta, su capacidad de actuar desaparecía. Sólo les quedaba la alternativa de ser testigos de hechos en los que les resultaba imposible participar. La

consiguiente frustración, consecuencia de quedar incapacitados para la acción, se convirtió, según don Juan, en la falla que los condenaría: su obsesión por descubrir la naturaleza de esa fuerza vibratoria, una obsesión nacida a partir de ser concretos, hacía que desearan poder retener y controlar esa fuerza. Su deseo

ferviente era lograr ese control a partir de una condición

fantasmagórica, carente de masa física. Algo que, según don

Juan, era imposible de lograr.

Los practicantes de nuestros días, herederos culturales de

aquellos brujos de la antigüedad, optaron, una vez descubierta la imposibilidad de manejar la fuerza vibratoria a partir de una

posición concreta y utilitaria, por la única alternativa racional: tomar conciencia de esa fuerza sin buscar otro propósito que la elegancia y bienestar que brinda el conocimiento.

-El único momento en que a los brujos de la modernidad

les es permitido utilizar el poder de la fuerza vibratoria

aglutinante -me dijo en cierta oportunidad- es cuando arden

desde adentro, cuando les llega el momento de dejar el mundo.

Para un brujo es sumamente fácil ubicar su total y absoluta

conciencia en esa fuerza aglutinante, con el intento de arder; y así parten, como un soplo.

TENSEGRIDAD

Tensegridad es la versión moderna de los pases mágicos de los chamanes del antiguo México. La palabra misma

constituye una definición sumamente apta, dado que es una

combinación de dos términos, tensión e integridad, que denotan las dos fuerzas impulsoras de los pases mágicos. La actividad

creada por la contracción y la distensión de los tendones y

músculos del cuerpo es la tensión. La integridad es el acto de considerar el cuerpo como una unidad sana, compacta y perfecta.

La Tensegridad se enseña como un sistema de

movimientos, dado que, en un entorno moderno, es la única

forma en que resulta posible abordar el vasto y misterioso tema de los pases mágicos. En la actualidad, quienes practican la

Tensegridad no son chamanes en busca de alternativas

chamánicas que impliquen disciplina rigurosa, esfuerzos y

penurias. Por lo tanto, el énfasis de los pases mágicos deberá ponerse en su valor como movimientos y en todas consecuencias

que esos movimientos ofrecen al practicante.

Don Juan Matus me había explicado que el primer

impulso de los brujos de su linaje que vivieron en México, en la antigüedad, en lo que a pases mágicos se refiere, era saturarse de movimiento. Con todas las posturas y movimientos del cuerpo

que podía recordar, formaron grupos. Creían que, cuanto más

extenso fuera un grupo, tanto mayor sería su efecto de saturación y tanto mayor la necesidad del practicante de recurrir a su

memoria para recordarlos.

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Una vez organizados los pases mágicos en extensos

grupos y practicados como secuencias, los brujos de don Juan

consideraron que este criterio de saturación había cumplido su propósito, y lo dejaron de lado. A partir de ese momento, lo que se buscó fue exactamente lo contrario: la fragmentación de los grupos extensos en segmentos individuales, que pudieran ser

practicados como unidades independientes. La forma en que don

Juan Matus enseñó los pases mágicos a sus cuatro discípulos -

Taisha Aabelar, Florinda Donner-Grau, Carol Tiggs y yo- fue

producto de ese impulso hacia la fragmentación.

La opinión personal de don Juan era que el beneficio de

practicar los grupos extensos resultaba obvio; ese tipo de

ejercitación obligaba a los chamanes iniciados a utilizar su

memoria cinestésica. Consideraba que el uso de la memoria

cinestésica aportaba un beneficio concreto, que aquellos

chamnes habían descubierto accidentalmente y que tenía el

maravilloso efecto de anular el ruido de la mente: el diálogo

interior.

Don Juan me había explicado que el modo en que

reforzamos nuestra percepción del mundo y la mantenemos

fijada en cierto nivel de eficiencia y funcionamiento es hablando con nosotros mismos.

-Todo el género humano -me dijo en cierta oportunidad-,

mantiene un determinado nivel de funcionamiento y eficacia

mediante el diálogo interior. El diálogo interior es la clave para mantener el punto de encaje estacionado en la posición común a todo el género humano: a la altura de los omóplatos, a un brazo de distancia de los mismos.

-Al lograr exactamente lo opuesto al diálogo interior -

prosiguió don Juan-, es decir, el silencio interior, el practicante puede romper la fijación de su punto de encaje y adquirir, de esa manera, una extraordinaria fluidez de percepción.

La práctica de la Tensegridad ha sido organizada en torno

de los grupos extensos, que en Tensegridad fueron rebautizados como series para evitar la implicancia genérica de calificarlos simplemente como grupos, tal como hacía don Juan. A fin de

lograr esa organización, fue necesario restablecer el criterio de

saturación, que había impulsado la creación de los grupos extensos. A los practicantes de la Tensegridad

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les llevó largos años de trabajo meticuloso y concentrado

reorganizar esa importante cantidad de grupos desmembrados.

Restablecer el criterio de saturación, realizando las series

extensas, tuvo como resultado algo que don Juan ya había

definido como el objetivo moderno de los pases mágicos: la

redistribución de la energía. Don Juan estaba convencido de que ese había sido siempre el objetivo tácito de los pases mágicos, incluso en la época de los antiguos brujos. Parece que esos

brujos desconocían tal objetivo, pero aún en caso de haberlo

conocido, nunca lo conceptualizaron en esos mismos términos.

Todo indicaría que lo que los brujos de la antigüedad buscaban con suma avidez, y lo que llegaban a experimentar como una

sensación de bienestar y plenitud cuando realizaban los pases

mágicos era, en esencia, el efecto del retorno hacia los centros de vitalidad del cuerpo de toda aquella energía inutilizada.

En la Tensegridad, los grupos extensos han sido

reagrupados y muchos de los fragmentos, mantenidos como

unidades funcionales individuales. Esas unidades fueron

enhebradas según un propósito determinado -por ejemplo, el

propósito del intento, el propósito de la recapitulación, el propósito del silencio interior, y así sucesivamente- creando de esa manera la serie de la Tensegridad. De este modo, se ha

logrado un sistema en el cual se buscan los mejores resultados ejecutando largas secuencias de movimientos que, sin duda,

exigen un esfuerzo de la memoria cinestésica del practicante.

En todos los demás aspectos, la forma en que se enseña la

Tensegridad es una réplica fiel del modo en que don Juan

enseñaba los pases mágicos a sus discípulos. Los inundaba con

profusión de detalles y confundía sus mentes con la cantidad y variedad de pases mágicos que les enseñaba y la implicancia de que cada uno de ellos, en forma individual, era un camino hacia el infinito.

Sus discípulos pasaron años abrumados, confundidos y,

sobre todo desalentados, porque sentían que esa profusión

constituía un ataque injusto.

-Cuando te enseño los pases mágicos -me explicó una vez

en que lo interrogué sobre el tema-, estoy siguiendo el método 36

tradicional de los brujos de nublar tu visión lineal. Al saturar tu memoria cinestésica, estoy creando un sendero que puedes seguir para llegar a tu silencio interior.

“Dado que todos nosotros -continuó- estamos llenos hasta

el desborde con los vaivenes del mundo cotidiano, tenemos poco espacio para la memoria cinestésica. Habrás notado que tú

careces por completo de ella. Cuando quieres imitar mis

movimientos, no puedes hacerlo parado frente a mí. Tienes que

ubicarte a un costado a fin de establecer, en tu propio cuerpo, cuál es la derecha y cuál la izquierda. Ahora, si se te presentara una secuencia extensa de movimientos, lograrlos todos te llevaría semanas de repetición. Cuando intentas recordar los

movimientos, tienes que hacer espacio para ellos en tu memoria poniendo de lado otras cosas. Ese era el efecto buscado por los antiguos brujos.

El punto de vista de don Juan era que sus discípulos, al

practicar los pases mágicos con tenacidad y persistencia,

llegarían, pese a su confusión, al umbral en el cual la

redistribución de la energía inclinaría el fiel de la balanza, y entonces serían capaces de manejar los pases mágicos con

claridad absoluta.

Cuando don Juan afirmaba cosas como esas, me resultaba

muy difícil creerle. Sin embargo, en un momento dado, tal como él había dicho, dejé de sentirme confundido y desalentado. De

manera muy misteriosa, los pases mágicos -dado que son

mágicos- se fueron acomodando en secuencias que clarificaban

todo. Don Juan me explicó que la claridad que estaba sintiendo era el resultado de la redistribución de mi energía.

La preocupación de quienes hoy en día practican la

Tensegridad es igual a la preocupación que sentimos los demás

discípulos de don Juan y yo mismo cuando apenas empezábamos

a practicar los pases mágicos. Se sienten abrumados por la

cantidad de movimientos. Yo les repito lo que don Juan me dijo a mí una y otra vez: lo fundamental es practicar lo que se recuerde de cada secuencia de Tensegridad. La ssaturación que se produce permitirá lograr, al final, los resultados buscados por los

chamanes del antiguo México: la redistribución de la energía y sus tres efectos concomitantes: la desconexión del diálogo

interior, la posibilidad del silencio inteirior y la fluidez del punto de encaje.

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A título de evaluación personal, puedo afirmar que, al

saturarme con los pases mágicos, don Juan alcanzó dos logros

formidables: primero, hizo emerger una cantidad de recursos

ocultos que yo tenía pero cuya existencia ignoraba, como, por

ejemplo, la capacidad de concentración y la habilidad para

recordar detalles; y segundo, poco a poco fue rompiendo mi

obsesión con mi forma de interpretación lineal.

-Lo que te sucede -me explicó don Juan cuando lo

interrogué respecto de lo que yo sentía- es que estás sintiendo el advenimiento del silencio interior una vez que tu diálogo interior ha sido silenciado, aunque sea en grado mínimo. Un nuevo flujo de cosas ha comenzado a ingresar en tu campo de percepción.

Esas cosas siempre estuvieron allí, en la periferia de tu

conciencia general, pero nunca tuviste energía suficiente como para hacerlas conscientes en forma deliberada. A medida que vas alejando tu diálogo interior, otros ítems de conciencia comienzan a llenar el espacio que, por así decirlo, queda vacío.

“El nuevo flujo de energía -prosiguió- que los pases

mágicos han llevado a tus centros de vitalidad, hacen más fluido tu punto de encaje, que ya no está rígidamente cercado. Ya no estás impulsado por nuestros miedos ancestrales que nos impiden dar un paso en cualquier dirección. Los brujos dicen que la

energía nos libera, y eso es totalmente cierto.

El estado ideal de los practicantes de Tensegridad en

relación con los movimientos de la misma es idéntico al estado ideal de un practicante del chamanismo en relación con la

ejecución de los pases mágicos. Ambos están guiados por los

movimientos mismos hacia una culminación sin precedentes.

Desde allí, el practicante de la Tensegridad será capaz de ejecutar por sí mismo, sin apoyo externo, cualquier movimiento del

cúmulo de ellos con que ha sido saturado, a fin de lograr

cualquiera de los efectos que considere adecuado. Podrá

ejecutarlos con precisión y rapidez mientras camina, come,

descansa o hace cualquier otra cosa, porque tendrá la energía

suficiente como para ello.

La ejecución de los pases mágicos tal como se los presenta

en la Tensegridad no requiere necesariamente un espacio

particular o

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un tiempo especialmente estipulado. Sin embargo, los

movimientos deberían realizarse lejos de las corrientes de aire fuertes. Don Juan les temía a las corrientes de aire sobre el

cuerpo transpirado. Estaba convencido de que no todas las

corrientes de aire se deben a un aumento o un descenso de la

temperatura atmosférica, sino que algunas de ellas son causadas por conglomerados de campos energéticos consolidados que se

mueven a través del espacio en forma deliberada.

Don Juan creía que ese tipo de conglomerado de campos

de energía poseía un tipo específico de conciencia

particularmente deletéreo debido a que el ser humano,

normalmente, no es capaz de captarlos y, por tanto, se ve

expuesto a ellos en forma indiscriminada. El efecto tóxico de ese tipo de conglomerados de campos energéticos predomina sobre

todo en las grandes urbes, donde fácilmente pueden pasar

inadvertidos, camuflados por ejemplo, por el momento de inercia que crea la velocidad de los automóviles que circulan por las

calles.

Otra cosa que debe tenerse en presente cuando se practica

la Tensegridad -y dado que el objetivo de los pases mágicos es algo extraño al hombre occidental- es que se debería hacer un

esfuerzo por mantener esta actividad al margen de las

preocupaciones de nuestro mundo cotidiano. La práctica de la

Tensegridad no se debía mezclar con elementos que ya nos son

profundamente familiares, como la conversación, la música o la voz de un locutor de radio o televisión comentando las noticias del día, por leve que sea ese sonido.

El entorno de la vida urbana moderna facilita la formación

de grupos y, así, la única forma en que se puede enseñar y

practicar la Tensegridad es en seminarios y talleres, con grupos de practicantes. Practicar la Tensegridad en grupos resulta

beneficioso en muchos aspectos, pero, en otros, puede ser

perjudicial. El aspecto beneficioso es que permite la creación de un consenso de movimiento y la oportunidad de aprender por

análisis y comparación. Es perjudicial porque fomenta la

dependencia y la aparición de órdenes y sometimientos

relacionados con las jerarquías.

Don Juan opinaba que, dado que la totalidad del

comportamiento

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humano se encuentra rígido por el lenguaje, el hombre ha

aprendido a responder a lo que él denominó “comandos

sintácticos”, como por ejemplo, las respuestas que cada

individuo emite o genera en otros a través de frases como: No hay problema, ¡Facilísimo!, Esto es preocupante, Sé que lo puedes hacer mejor, No puedo hacerlo, Mi trasero es demasiado grande, Soy el mejor, Soy el peor hombre del mundo, Eso no importa, Lo estoy superando, Todo saldrá bien, etc., etc., etc.

Don Juan sostenía que, como regla práctica básica, lo que los

brujos siempre quisieron fue huir de las actividades que

derivaban de los comandos sintácticos.

Originalmente, como explicaba don Juan, los pases

mágicos fueron enseñados y realizados por los brujos del antiguo México en forma individual y en soledad, según la inspiración

del momento o cuando surgía la necesidad particular de

realizarlos. Don Juan se los enseñó a sus discípulos de la misma manera. Afirmaba que, para el practicante chamán, el gran

desafío al poner en práctica los pases mágicos siempre había

sido ejecutarlos a la perfección, manteniendo en la mente sólo la visión abstracta de esa ejecución perfecta. Lo ideal es que la Tensegridad sea enseñada y practicada con ese mismo espíritu de perfección. Sin embargo, las condiciones que nos impone la vida moderna y el hecho de que el objetivo de los pases mágicos haya sido formulado como para adecuarse a muchas personas

diferentes, hacen imprescindible un nuevo enfoque. La

Tensegridad debería ser practicada en la forma que más fácil y cómoda resulte a los practicantes: en grupos, en forma

individual, o en ambas formas.

En mi caso particular, la práctica de la Tensegridad en

grupos muy grandes ha resultado más que ideal, dado que me

brindó la maravillosa oportunidad de vivir algo que don Juan

Matus y todos los brujos de su linaje jamás vivieron: los efectos de la masa humana. Don Juan y todos los chamanes de su linaje -

que él consideraba que abarcaban veintisiete generaciones-

nunca tuvieron oportunidad de ver los efectos de los pases

mágicos en una masa humana; siempre los realizaban solos o en grupos de hasta cinco practicantes. Para ellos, los pases mágicos eran algo eminentemente individualista.

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Cuando son cientos los que practican la Tensegridad en

forma conjunta, se forma entre ellos, de manera casi instantánea, una corriente energética. Esa corriente energética, que un

chamán podría ver con toda facilidad, genera en los practicantes una sensación de urgencia. Es como un viento vibratorio que

corre a través de ellos y les confiere los elementos primarios del propósito. Yo tuve el privilegio de ver algo que consideré como realmente portentoso: el despertar del propósito, la base

energética del hombre. Don Juan Matus solía denominarlo el

intento inflexible. Me enseñó que el intento inflexible es la

herramienta esencial para quienes viajan hacia lo desconocido.

Un tema muy importante que ha de tenerse en cuenta al

practicar la Tensegridad es que los movimientos deben ser

ejecutados con la idea de que el beneficio de los pases mágicos llega por sí mismo. Es preciso hacer hincapié especial en esto. Al principio resulta muy difícil comprender que la Tensegridad no es un común sistema de movimientos para el desarrollo físico. Si bien desarrolla el cuerpo, ese desarrollo no es sino un efecto secundario de otro, más trascendental. Al redistribuir energía que ha quedado inutilizada, los pases mágicos pueden conducir al

practicante a niveles de conciencia en los cuales los parámetros de la percepción normal y tradicional son suprimidos por el

hecho de ser incrementados. Así, el practicante puede lograr,

incluso, ingresar en mundos inimaginables.

-Pero ¿por qué habría yo de querer ingresar en esos

mundos? -le pregunté a don Juan cuando me describió esa

consecuencia de los pases mágicos.

-Porque eres una criatura de conciencia, un percibidor,

como todos nosotros -me contestó-. El hombre se encuentra en

un viaje de conciencia, momentáneamente interrumpido por

fuerzas extrañas. Tienes que creerme: los hombres somos

criaturas de conciencia. Si no tenemos esa convicción, no

tenemos nada.

Siguió explicando que el ser humano, desde el momento

en que su viaje de la conciencia se vio interrumpido, ha quedado atrapado en un remolino y da vueltas y más vueltas con la

sensación de moverse con la corriente, pero lo cierto es que

permanece quieto.

-Hazme caso -prosiguió don Juan-, porque las mías no son

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afirmaciones arbitrarias. Mi palabra es el resultado de comprobar personalmente lo que los brujos del antiguo México habían

descubierto: que los seres humanos somos seres mágicos.

Me ha llevado treinta años de dura disciplina llegar al

nivel cognitivo en el cual las afirmaciones de don Juan son

reconocibles como verdaderas y su validez queda establecida sin lugar a dudas. Ahora sé que el ser humano es una criatura de

conciencia, implicado evolutivamente en un viaje de la

conciencia, un ser que no se conoce a sí mismo y desbordante de recursos increíbles que jamás utiliza.

LAS SEIS SERIES

DE LA TENSEGRIDAD

Las seis series que se van a analizar, son las siguientes: 1.- Serie para la preparación del intento

2.- Serie para la matriz

3.- Serie de los cinco intereses. La serie de Westwood

4.- Serie del calor: la separación del cuerpo izquierdo y del

cuerpo derecho.

5.- Serie de la masculinidad

6.- Serie de los dispositivos utilizados en combinación con

pases mágicos específicos.

Los pases mágicos particulares de la Tensegridad que

integran cada una de las seis series se ajustan a un criterio de eficacia máxima. Vale decir que cada pase mágico es un

ingrediente preciso de una fórmula. Esta es una réplica de cómo fueron usadas originalmente las series extensas de pases

mágicos; cada serie era suficiente en sí misma como para

producir un máximo un máximo de liberación de energía

redistribuible.

Existen determinados elementos que será preciso tener en

cuenta cuando se ejecutan los pases mágicos, a fin de realizar los movimientos con una eficacia máxima.

1.- Todos los pases mágicos de las seis series pueden

repetirse todas las veces que se desee, a no ser que se

especifique, en forma expresa, lo contrario. Si se los realiza primero con la parte izquierda

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Del cuerpo, hay que repetirlos la misma cantidad de veces con el lado derecho. Como norma, cada pase mágico de las seis series

comienza por el lado izquierdo.

2.- Los pies se mantienen separados a una distancia

equivalente al ancho de los hombros. Esta es una forma

equilibrado de distribuir el peso del cuerpo. Si las piernas están demasiado separadas, el equilibrio del cuerpo se ve afectado. Lo mismo ocurre cuando las piernas están demasiado juntas. La

mejor forma de lograr esa distancia ideal es comenzar a partir de una posición en la cual ambos pies están paralelos y juntos

(fig.1). Manteniendo los talones fijos. Cargando el peso del

cuerpo sobre las puntas de los pies, que ahora permanecen fijas, se abren los talones a la misma distancia (fig3) Se alinean las puntas de los pies en forma paralela, y la distancia entre los pies será aproximadamente la que hay entre un hombro y el otro.

Quizá sea necesario ajustar la posición un poco más, a fin de

alcanzar el ancho deseado y lograr el equilibrio óptimo del

cuerpo

3.- Durante la realización de todos los pases mágicos de la

Tensegridad, las rodillas se mantienen ligeramente flexionadas, de modo tal que, al mirar hacia abajo, la parte de la rótula impida ver las puntas de los pies (figs. 4 y 5), salvo en el caso de pases mágicos específicos en los cuales las rodillas deban quedar

trabadas. Estos casos se indican en la descripción de dichos

pases. Mantener las rodillas trabadas no significa que los

tendones se deban encontrar tensos causando dolor sino que

estarán trabadas en forma floja, sin fuerza innecesaria.

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La posición de las rodillas flexionadas es un agregado moderno a los pases mágicos, que proviene de la influencia de tiempos recientes. Uno de los líderes del linaje de don Juan Matus fue el nagual Luján, un navegante chino cuyo nombre original era algo así como Lo-Ban. Llegó a México alrededor del siglo diecinueve y se quedó allí por el resto de su vida. Una de las mujeres brujas del grupo de don Juan Matus fue a Oriente y estudió artes marciales. El mismo don Juan recomendaba a sus discípulos que

aprendieran a moverse de manera disciplinada, practicando algun tipo de arte marcial.

Otro tema a tener en cuenta en relación con las rodillas ligeramente flexionadas es que, cuando las piernas se mueven hacia adelante en un movimiento similar al de patear, las rodillas nunca se deben mover de forma brusca y repentina. Por el contrario, toda la pierna debe ser movilizada por la tensión de los músculos del muslo. Con ese tipo de movimiento, los tendones y las rodillas nunca resultan lastimados.

4.- Los músculos posteriores de las piernas deberán estar

tensionados (fig.6). Esto es muy difícil de lograr. La mayoría de la gente puede aprender con bastante facilidad a tensionar los músculos anteriores de las piernas, pero los posteriores de los muslos son el sitio en el que siempre se almacena la historia personal del

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cuerpo. Según él, los sentimientos se alojan allí y se estancan.

Sostenía que la dificultad para cambiar esquemas de

comportamiento es fácilmente atribuible a la flacidez de los

músculos posteriores de los muslos.

5.- Al ejecutar todos estos pases mágicos, los brazos

siempre deben mantenerse ligeramente flexionados en los codos

-nunca extendidos del todo- cuando se los mueve para golpear,

evitando en esta forma que los tendones de los codos se resientan (fig.7).

6.- El pulgar se debe mantener siempre en una posición

trabada, es decir que se lo dobla sobre el borde de la mano.

Nunca debe sobresalir (fig.8). Los brujos del linaje de don Juan consideraban que el pulgar era un elemento crucial en lo referido a energía y función. Creían que en la base del dedo pulgar

existían puntos en los cuales la energía en el cuerpo. A fin de evitar estrés innecesario sobre el pulgar o provocar una

lastimadura al golpear con la mano con fuerza, adoptaron la

medida de presionar los pulgares contra el borde interno de las manos.

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7.- Cuando la mano se cierra para formar un puño, el dedo

meñique deberá ser elevado a fin de evitar formar un puño

angular (fig. 9), en el cual el dedo medio, el anular y el meñique caigan. La idea es que, al formar un puño cuadrado (fig. 10), el anular y el meñique deban ser levantados a fin de crear una

tensión peculiar en la axila, una tensión muy deseable para lograr un bienestar general.

8.- Las manos, cuando tienen que estar abiertas, se

mantienen totalmente extendidas. Aquí trabajan los tendones del dorso de la mano,

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Mano, presentando la palma como una superficie plana y regular (fig.11). Don Juan prefería una palma plana para contrarrestar la tendencia -establecida, según él, a través de la socialización del ser humano-de presentar la mano con la palma ahuecada (fig.12).

Decía que la palma ahuecada era la palma de un mendigo, y que

quien practica los pases mágicos es un guerrero y de ninguna

manera un mendigo.

9.- Cuando hay que contraer los dedos de la segunda

articulación y doblarlos fuertemente sobre la palma, los tendones del dorso de la mano están tensionados al máximo, sobre todo los del pulgar (fig.13). Esta tensión de los tendones crea una presión en la muñeca y en el antebrazo, áreas que los brujos del antiguo México consideraban como claves en el fomento de la salud y el bienestar.

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10.- En muchos movimientos de Tensegridad, las muñecas

deben doblarse hacia adelante o hacia atrás, contrayendo los

tendones del antebrazo (fig.14) y formando un ángulo de

aproximadamente noventa grados. Esta flexión debe ser lograda

lentamente, porque la mayoría de las veces las muñecas están

más bien entumecidas y es importante que adquieran la

flexibilidad necesaria para echar el dorso de la mano hacia atrás a fin de lograr el máximo ángulo posible con el antebrazo.

11.- Otro tema importante en la práctica de la Tensegridad

es lograr una actitud denominada conectar el cuerpo. Esta es una acción muy particular, en la cual todos los músculos del cuerpo, y especialmente el diafragma, se contraen por un instante. Los músculos del estómago y del abdomen se sacuden, al igual que

los músculos ubicados alrededor de los hombres y los

homóplatos. Los brazos y las piernas se tensan al unísono y con igual fuerza, pero sólo durante un instante (figs. 15 y 16). A medida que los practicantes de la Tensegridad avancen en su

práctica, podrán aprender a mantener esa tensión durante más

tiempo.

Conectar el cuerpo no tiene nada que ver con el estado de tensión física permanente que parecería ser la característica de nuestros tiempos. Cuando el cuerpo está tenso a causa de las

preocupaciones o el exceso de trabajo, los músculos de la nuca se encuentran totalmente endurecidos y el cuerpo no está en

modo alguno conectado

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Relajar los músculos o llegar a un estado de distensión, a su vez, no es desconectar el cuerpo. La idea de los brujos del antiguo México era que, con sus pases mágicos, ponían el cuerpo en un

estado de alerta; se lo preparaba para la acción. Don Juan Matus denominó ese estado conectar el cuerpo. Decía que, cuando la tensión muscular producida en el proceso de conectar el cuerpo cesa, el cuerpo se desconecta en forma natural.

12.- La respiración era, según don Juan, de importancia

suprema para los brujos del antiguo México. Dividían el respirar en respiración con la parte superior de los pulmones, respiración con la parte media de los pulmones y respiración abdominal

(figs. 17, 18 y 19). Denominaban al acto de respirar expandiendo el diafragma “respiración animal” y, como me decía don Juan, la practicaban asiduamente para obtener salud y longevidad.

Don Juan Matus estaba convencido de que muchos de los

problemas de salud del hombre moderno se podrían corregir

fácilmente mediante una respiración profunda. Sostenía que la

tendencia del ser humano es respirar en forma muy superficial.

Uno de los objetivos de los brujos del antiguo México era

entrenar su cuerpo, mediante los pases mágicos, para inspirar y espirar profundamente.

Por lo tanto, es altamente recomendable que, en los

movimientos

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de la Tensegridad que exijan inspiraciones y espiraciones

profundas, las mismas sean logradas a través de una entrada y

una salida lenta de aire, a fin de hacer que las inhalaciones sean más prolongadas y profundas.

Es importante destacar que la respiración, durante la

realización de los movimientos indicados es normal, a no ser que se especifique lo contrario en la descripción de algún pase

mágico determinado.

13.- Otra cosa importante en relación con la Tensegridad

es que los practicantes deberán tomar conciencia de que se trata, en esencia, de un juego entre relajar y tensionar los músculos de determinadas partes del cuerpo, a fin de llegar a la ambicionada explosión física que los brujos del antiguo México sólo conocían como la energía de los tendones. La misma es, en realidad, una real explosión de nervios y tendones debajo o en el núcleo de los músculos.

Teniendo en cuenta que la Tensegridad es la tensión y la

distensión de los músculos, la intensidad de la tensión y el

tiempo durante el cual los músculos, la intensidad de la tensión y el tiempo durante el cual los músculos pueden ser mantenidos en ese estado, en cualquiera de los pases mágicos, depende de la

fortaleza del participante. Se recomienda que, al principio de la sesión de práctica, la

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Tensión sea mínima y la duración lo más breve posible. A

medida que el cuerpo se va calentando, la tensión debería

incrementarse y el tiempo de mantenimiento de la misma

extenderse, pero siempre en forma moderada.

PRIMERA SERIE

Serie para la preparación del intento

Don Juan Matus afirmó que el ser humano, como

organismo, realiza una estupenda maniobra de percepción, la

cual, lamentablemente, crea un concepto erróneo, una fachada

falsa. El ser humano toma la afluencia de energía pura que se

encuentra suelta en el universo y la convierte en datos

sensoriales, que interpreta de acuerdo con un sistema de

interpretación estricto al que los brujos llaman la forma humana.

Ese acto mágico de interpretar la energía pura es lo que da lugar al concepto erróneo: el ser humano se aferra a la peculiar

convicción de que el suyo es el único sistema de interpretación que existe.

Don Juan ilustraba este fenómeno con un ejemplo. Decía

que árbol, tal como es conocido por el ser humano, es más una interpretación que una percepción. Señaló que, para que un

hombre establezca la presencia de árbol, le basta una mirada superficial que, en realidad, no le dice nada. El resto es un

fenómeno que él describía como el llamado del intento, el

intento de árbol; es decir, la interpretación de datos sensoriales correspondientes al fenómeno específico que el ser humano

denomina árbol. Don Juan dijo que todo el mundo del ser humano, tal como se muestra en este ejemplo, está compuesto

por un repertorio infinito de interpretaciones, en la cuales los sentidos del hombre desempeñan un rol mínimo. Es decir, sólo el sentido visual toca la afluencia de energía que viene del universo en general, y sólo lo hace en forma superficial.

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Don Juan sostenía que la mayor parte de la actividad

perceptual del ser humano es interpretación, y que los seres

humanos son el tipo de organismo que sólo necesita un input mínimo de percepción pura a fin de crear su mundo; o sea, que

sólo perciben lo suficiente como para activar su sistema de

interpretación. El ejemplo que más le gustaba a don Juan era

aquel en el que se afirma que construimos, a través del intento, algo tan sobrecogedor y tan importante como la Casa Blanca.

Don Juan denominaba “la Casa Blanca” la sede del poder del

mundo actual, el centro de todos nuestros esfuerzos, esperanzas, temores, como conglomerado de seres humanos; era, por lo

tanto, para todos los fines prácticos, la capital del mundo

civilizado. Decía que todo esto no estaba en el ámbito de lo

abstracto y ni siquiera en el ámbito de nuestra mente, sino en el ámbito del intento, porque desde le punto de vista de nuestra percepción sensorial, la Casa Blanca no era más que un edificio que de ninguna manera tenía la riqueza, el espectro abarcativo y la profundidad de concepto de la Casa Blanca. Agregaba que,

desde el punto de vista de nuestra percepción de datos

sensoriales, la Casa Blanca, como todo lo demás en nuestro

mundo, era algo captado superficialmente sólo por nuestro

sentido visual; nuestro tacto, olfato, oído y gusto no estaban involucrados de modo alguno en esa percepción. La

interpretación que estos sentidos podrían hacer de los datos

sensoriales relacionados con el edificio que alberga la Casa

Blanca no tendrían ningún significado.

La pregunta que don Juan planteaba como brujo era

dónde estaba la Casa Blanca. Contestándose él mismo su

pregunta, decía que ciertamente, no se hallaba en nuestra

percepción y ni siquiera en nuestros pensamientos, sino en un

ámbito especial de intento, donde era alimentada con todo lo que le era pertinente. Lo que don Juan afirmaba era que la creación, de esa manera, de todo un universo de intento era nuestra magia.

Dado que el tema de la primera serie de Tensegridad es

preparar al practicante para el intento, es importante volver sobre la definición que de él hacen los brujos. Para don Juan, intentar era el acto de llenar los espacios vacíos, o en blanco, dejados por la percepción sensorial directa, o el acto de enriquecer los

fenómenos observables

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intentando una integridad que no existe desde le punto de vista de la percepción pura.

Don Juan se refería al acto de intentar esta integridad como llamar al intento. Todo lo que él explicaba sobre el intento indicaba que el acto de intentar no se encuentra en el ámbito de lo físico. Es decir, no se hallaba en la parte física del cerebro ni de cualquier otro órgano. Para don Juan, el intento trascendía el mundo que conocemos. Es algo como una onda energética, un

rayo de energía que se conecta con nosotros.

Debido a la naturaleza extrínseca del intento, don Juan diferenciaba entre el cuerpo como parte de la cognición de la

vida cotidiana y el cuerpo como unidad energética que no es

parte de esa cognición. Esta unidad energética incluye las partes del cuerpo que no se ven, tales como los órganos internos y la energía que fluye a través de los mismos. Don Juan afirmaba que era con esa parte del cuerpo que la energía podía ser percibida directamente.

Señaló que, debido al predominio de la vista en nuestra

forma habitual de percibir el mundo, los chamanes del antiguo

México describían el acto de captar la energía en forma directa como el acto de ver. Para ellos, percibir la energía a medida que fluye por el universo, significaba que la energía adoptaba