Magnolia y el Misterio de los Huevos Perdidos por Manuel María Molina De La Hoz - muestra HTML

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Copyright © 2011 por Manuel Molina De La Hoz.

Todos los derechos reservados.

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por haber sin la autorización del autor o el editor.

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Magnolia y el misterio de los huevos perdidos

En un gran gallinero vivía una gallinita muy particular. Era una gallina que quería ser detective pero que muchas parientas suyas no creían que tuviera tal dote para llegar a ser una gran detective y optaban por burlarse de ella cuando la veían, para así seguir matando sus sueños e ilusiones.

− ¡Mira! Ahí viene la que se cree detective −. Le decía una gallina a la otra cuando la vieron llegar.

−Hola Magnolia. ¿Cuántos casos de misterios has resuelto hoy? −. Le decían las antipáticas gallinas, burlándose de la pobre gallinita Magnolia. Pero ésta no les prestaba atención a sus burlas y sátiras en contra de ella. Ésta, a pesar de aquellas burlas que le estaban haciendo, pasaba por encima de ellas con el pecho en alto y volteaba su cara para un lado para así de ese modo no verlas cuando pasara y no demostrarles ninguna clase de debilidad o complejos por sus maliciosas burlas y sátiras hacia ella. Un día como cualquier otro, empezaron a desaparecer del gallinero muchos huevos por doquier. Todos los huevos que las demás gallinas ponían, desaparecían misteriosamente como por arte de magia y sin que éstas se dieran cuenta del extraño y tan raro suceso que se había presentado en el gran establo avícola.

Alguien se estaba robando los huevos, pero nadie sabía ni daba razón de quién lo estaba haciendo. A causa de esas misteriosas desapariciones, muchas gallinas empezaron a señalar culpables o se imaginaban a los posibles culpables de aquellas misteriosas desapariciones.

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−Tienen que haber sido los perros −. Decían las intrigadas y confundidas gallinas en el gallinero señalando a los posibles causantes de aquellas extrañas desapariciones.

− ¡No! −. Contestó una de las gallinas víctima del siniestro secuestro de sus huevos. –Tienen que ser los gatos. Ellos andan por las noches merodeando por aquí mientras nosotras dormimos, y, mientras descansamos, aprovechan la ocasión para robarse los huevos. Porque un día vi a uno de los gatos que estaba como enterrando algo en la arena y me acerqué muy sigilosamente para ver lo que hacía, pero éste, cuando se dio cuenta que me acercaba para ver lo que estaba haciendo; salía huyendo sin decir nada y eso me daba a entender que estaba haciendo algo malo y no quería que nadie se diera cuenta de lo que estaba enterrando en la arena−. Decía sin acierto la confundida gallinita, tergiversando lo que había supuestamente visto hacer al inocentísimo gato que no tenía nada que ver con los huevos desaparecidos y que éste sólo estaba enterrando en la arena su excremento y nada más.

− ¿Pero tú viste o te fijaste bien lo que estaba enterrando ese gato en la arena? −. Preguntó una gallina.

− ¡No! pero me parecía que era uno de los huevos −.

Contestó la ignorante gallina sin saber lo que el gato había hecho o enterrado en la arena. Luego interrumpe otra gallina con su también errada hipótesis. –Yo creo y pienso que fueron los cerdos, porque ellos son sucios y asquerosos y se comen todo lo que encuentran a su paso y no tienen que ver con nada −. Decía la gallina juzgando a los cerdos por su condición natural. Luego tomaba la palabra la gallina líder del gallinero para expresar su posible hipótesis de los extraños huevos desaparecidos.

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− ¡No! yo pienso y creo que fueron los roedores quienes hicieron esto −. Decía la gallina.

− ¡Sí! Es verdad, tuvieron que haber sido los ratones del campo −. Respondió otra gallina secundando lo que había dicho la anterior gallina líder. Luego hubo un tremendo alboroto de todas las gallinas en el gallinero al no aclararse el asunto de quién había sido el causante de tanto escándalo entre las gallinas en el gran corral avícola.

− ¡Orden, orden! ¡Silencio por favor! −. Decía la gallina más veterana que estaba actuando como moderadora de la reunión en esos momentos y que intentaba apaciguar los ánimos alterados por la difícil situación que estaban pasando las todas las gallinas. La reunión se prolongó hasta caer la tarde y no se llegó a ninguna conclusión del misterioso asunto

sin

resolver.

Al

día

siguiente,

siguieron

desapareciendo más huevos y no había quién investigara sobre ese extraño y tan raro asunto. Una gallina, alarmada por lo que había sucedido con sus huevos, comenzó a cacarear de desespero.

− ¡Kokokokokokokó, kokokokokokokó! −.

− ¡Qué te pasó! Porqué cacareas así −. Le decían las demás gallinas cuando se acercaron al lugar para ver lo que le había ocurrido a la gallina Petunia.

– ¡Mis huevos han desaparecido! −. Respondió la desesperada gallina señalando con su ala derecha el nido en donde había puesto sus dos huevos. Las cosas estaban pasando de gris a negro. Magnolia, que pasaba por esos momentos por el lugar, vio el tumulto de gallinas abarrotadas en el gallinero del escándalo y el terror, y luego comenzó a indagar sobre lo que estaba sucediendo en el lugar.

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–Mayra, que pasó por aquí. Porqué tanto escándalo en el gallinero −.

−Es que a la gallina Petunia le han robado sus huevos y no se sabe quién fue −. Le contestó la gallina. Después de haber escuchado todo el asunto, comenzó ésta a realizar una serie de averiguaciones sin que las demás gallinas se dieran cuenta del asunto para evitar que se siguieran burlando de ella y le sabotearan o boicotearan toda su investigación que había decidido realizar por todo el lugar para así averiguar con certeza, de quién era el misterioso ladrón que se estaba robando los huevos y también la paz en la enorme granja avícola.

−Ahora es el momento de demostrarles a todas las gallinas de que sí puedo llegar a ser una buena detective y esta será una buena oportunidad para conseguirlo. Y si llego a descubrir ese misterio, habré logrado mi objetivo −.

Pensaba la gallinita después de haber escuchado todo lo sucedido. La gallinita comenzó con los perros y ésta se encontró con la sorpresa de que a los perros no les gustaban los huevos, sino la carne y otra clase de alimentos que sus amos les daban. Luego entrevistó a los gatos y los halló también inocentes de la desaparición de aquellos huevos extraviados en el gallinero.

−Pero algunas gallinas dicen que te vieron enterrando algo en la arena −. Le decía la gallinita Magnolia después de haber escuchado y entrevistado al último gato quién había sido visto por una de las gallinas del gran corral avícola.

−Sí es verdad. Lo que yo estaba enterrando era esto… −. El gato, por pena de decir lo que éste había enterrado y para que no lo escucharan decir lo que era, se le acercaba a Magnolia y le decía en el oído lo que en verdad había enterrado éste en la arena.

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−Ah, ya. Y por eso saliste corriendo del lugar, porque tenías mucha pena de que te vieran haciendo eso −.

−Sí, es correcto −. Decía el gato.

Después de aquel interrogatorio y con libreta en mano, siguió tomando nota y luego estuvo entrevistando a las vacas, después a los toros, a las ovejas, a los cerdos, etc. Y

no hallaba al verdadero culpable de aquellos huevos desaparecidos misteriosamente. Magnolia recorrió todo el gallinero buscando pruebas y pistas de aquel misterioso caso de los huevos perdidos, pero no hallaba nada extraño. Era un caso bastante difícil que a Magnolia le causaba desespero y muchos desánimos, y, había momentos que quería desistir de la idea de ser detective y dejar ese caso sin resolver a otro que en verdad pudiera resolverlo y tuviera ese don de investigador privado.

–Yo no sé para que me metí en esto. Las demás gallinas tienen razón, yo no sirvo para esto. Tendré que resignarme a ser una simple gallina de corral −. Se decía la gallinita al verse frustrada por momentos en sus intentos de búsqueda de las pistas que la llevaran al siniestro caso de aquellos huevos desaparecidos. Un cerdito que estaba paciendo por la granja, pudo notar que la gallinita Magnolia estaba un poco tristona y luego éste se le acerca para ver qué le ocurría a la pobre e ingenua gallinita.

–Hola Magnolia. ¿Qué te sucede? ¿Por qué estás tan triste hoy? −.

−Ay amigo cerdito, es que las cosas me están saliendo de mal en peor. Lo que yo quiero en esta vida no me sale como yo quiero −.

−Bueno, pero qué es lo tú quieres. Haber cuéntame sin pena y vergüenza −. Le decía el cerdito a Magnolia, luego de 9

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haberla consolado un poco y de haberle dado ánimo para que siguiera adelante.

−Es que yo quiero ser detective y creo que me he dado cuenta que me he equivocado de profesión, pues yo no sirvo para eso y también creo que las demás gallinas de mi especie tienen la razón. Yo no sirvo para ser detective −.

−No Magnolia, no digas eso ni te dejes llevar por lo que dicen los demás. En la vida nada es fácil. Para conseguir algo hay que lucharlo y conseguirlo con un poco de sacrificio. Claro, de buena manera y dignamente. No te dejes llevar por la adversidad y sigue intentándolo; que de cualquier otra forma lo vas a conseguir, quizás no como tú lo quieres pero de otra forma lo llegaras a obtener. Sólo sigue intentándolo una y otra vez. No te dejes llevar tampoco por el qué dirán. Sólo los frustrados se rinden y cuando no consiguen obtener sus metas y objetivos quieren ver a otros derrotados también. Así que te insisto, sigue adelante con tu empresa −. Magnolia tomó nuevas fuerzas después que el cerdito le había inyectado un poco de ánimo a la gallinita que ya estaba dispuesta a dejar dicha profesión y continuar con su vida rutinaria y monótona. –Muchas gracias cerdito, haré lo que tú dices. No me dejaré derrotar fácilmente por los obstáculos y las adversidades que la vida me ponga. Lucharé por lo que quiero y esta vez con más ahínco que nunca −. Decía la gallinita muy decidida por seguir adelante. Magnolia era una gallinita robusta con características parecidas a la de un dálmata, es decir que tenía un plumaje blanco manchado con plumas negras que la hacían ver inconfundible entre las demás gallinas de la granja. Su cresta era roja como la cereza. Esta caía hacía un lado de su cara, sus patas tenían un color entre blanco y amarillo, pero que más bien tiraban más a blanco que 10

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amarillo. Tenía una personalidad apacible, tranquila y modesta. No era de esas gallinas que dejaban mucho de qué hablar por una mala conducta o una vida fácil y llena de escándalos como las demás gallinas de su corral. Sólo añoraba cumplir sus sueños y metas de ser una gran investigadora que resolviera aquellos casos sin resolver y llenos de muchos misterios e incógnitas, y, aquellas desapariciones en la granja no eran la excepción. Pero a pesar de ello, muchos huevos seguían desapareciendo en la granja. Esta vez el turno fue para los patos y gansos que alarmados por aquella extraña situación, no sabían qué hacer, cómo había ocurrido tal acontecimiento y cómo actuar frente a ese grave problema que se le había presentado. Mientras tanto, en el gran corral de las gallinas, todas las gallinas ponedoras comenzaron a montar guardia personal para evitar que siguieran desapareciendo más huevos en el gallinero. Todas se turnaban de día y de noche.

Pero a pesar de todo, seguían desapareciendo sin dejar rastro los huevos. Era algo anormal que ya estaba causando pánico y mucho temor entre los gallos y las gallinas del gran corral avícola. La gran reunión en la granja se había extendido ahora para todas las aves ponedoras y ovíparas del lugar para ventilar el misterioso caso de todos los huevos que ponían todas las aves y que estaban desapareciendo sin dejar rastro alguno. ¿Para donde cogían los huevos que ponían todas las aves ovíparas del lugar? Era el gran interrogante que se hacían todas las aves líderes de sus corrales frente a aquella extraña situación cuando estaban todas reunidas y que no tenían hasta el momento respuesta alguna, pero que debía responderse de una vez por todas para así salir de ese gran misterio que los tenían al borde de la locura. Aunque ya para algunas gallinas y aves de la granja estaba haciendo 11

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efecto esa adversa situación, pues ya se habían vuelto locas algunas por ese tal acontecimiento y otras estaban al borde de un colapso nervioso. Pero Magnolia ya estaba en ese difícil trabajo de averiguar esas misteriosas desapariciones simultáneas que estaban ocurriendo con todos los huevos de la granja y que tampoco se sabía para donde diablos iban aparar los huevos que se perdían y por donde se metían los astutos ladrones invisibles de los huevos. Pero no existían tales ladrones, pues, el lugar tenía un sistema que recolectaba los huevos sin que las gallinas se dieran cuenta.

Puesto que cuando la gallina colocaba el huevo, esta salía por la parte de abajo y rodaba hasta una banda de transporte que recogía automáticamente los huevos recién puestos por las gallinas. El sistema era bastante extraño y desconocido para todas las aves ovíparas de la granja, pero que para Magnolia era un reto descubrir ese misteriosos caso que también la tenía bastante intrigada y preocupada, porque de ello dependía que sus sueños y proyectos se hicieran realidad y debía descubrir a como diera lugar ese intrigante caso que estaba volviendo locas a muchas gallinas y llevando a otras a un colapso nervioso sin control. Magnolia llegó a su nido muy exhausta del arduo día de investigaciones sin todavía llegar a descubrir la primera pista que la condujera al verdadero origen de las constantes desapariciones de todos aquellos huevos extraviados durante aquellos veinte largos días de misteriosas y constantes desapariciones.

–Hola amiga Magnolia –.

– ¡Ah! Hola amigo cerdito –.

–Y cuéntame ¿Cómo van aquellos proyectos que me comentaste días atrás? –.

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–Bueno amigo cerdito, hasta ahora todo está bien y estoy trabajando en eso –.

–Pero bueno ¿Has encontrado alguna pista de los huevos desaparecidos? –.

–Aún no, pero estoy haciendo todo lo posible para saber cómo puedo coger en flagrancia al astuto y misterioso ladrón de huevos, porque es muy difícil seguirle la pista a un ladrón tan astuto y profesional como ese que no se deja atrapar y que tampoco deja rastro ni huellas de sus fechorías–. Decía Magnolia sin tener aún conocimiento del misterioso asunto.

– ¿Pero tú no has tenido sospechas de alguien en la granja que esté cometiendo ese delito y hurto simultaneo? –.

–En verdad no. pues es muy difícil señalar hasta el momento un posible culpable y sospechoso de tales actos. Todos los animales me han dicho que son inocentes, pero hasta que no se demuestre lo contrario, todos son en verdad inocentes y no podemos señalar culpables sino se tienen pruebas refutables que demuestren lo contrario y señalen a un verdadero y posible culpable –.

–Magnolia, me sorprende tu perspicacia. Ya veo que mis consejos te han ayudado mucho y has tomado tu trabajo tan enserio, que ya hablas como toda una detective privado y esa es la actitud que debes tener siempre frente a la vida y a los obstáculos. Sigue así que vas por buen camino. Quizás descubras aquel misterio escondido –.

–Muchas gracias cerdito, necesitaba un poco de ánimo, porque estas investigaciones sobre el presunto ladrón de huevos me ha dejado un poco cansada que ya no doy abasto.

Necesito un compañero o alguien que me ayude en esto, pues ya llevo veinte días y hasta ahora no he resuelto nada 13

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ni he hallado nada sospechoso y si continuo sola, jamás podré hallar o resolver ese difícil misterio –.

–Bueno amiga Magnolia, en verdad que te he notado un poco cansada y muy ataviada con tanto trabajo encima.

Deberías buscar a alguien que te ayude con tus investigaciones y así no estarás tú sola en el asunto y podrás resolver aquel extraño misterio por el cual estás tú detrás –.

–Sí, tienes toda la razón. ¿Pero a quién le digo que me ayude? –. Magnolia se queda un poco pensativa, buscando en su cerebro al compañero ideal para sus investigaciones; pero no daba con el ayudante adecuado para continuar con sus investigaciones. Luego miró al cerdito y ésta le pregunta: – Amigo cerdito ¿Tú qué estás haciendo en estos momentos? –.

–Bueno, yo hasta ahora nada. Lo único que yo hago es pastar y estar por allí comiendo lo que pueda llevar a mi estomaguito –.

–Bueno amigo cerdito, siendo así, tú puedes ayudarme en mis investigaciones, ya que no estás haciendo más nada y que sólo te dedicas a comer; te ofrezco a ti el honor de acompañarme a resolver este misterioso y difícil caso –.

– ¡Yoooo! –.

–Sí, tú. Amigo cerdito. Pues tú mismo me has dicho que no estás haciendo nada importante. Puede ser más divertido si estamos los dos en esta difícil situación y de pronto con tu ayuda podemos resolver este caso –.

– ¿Pero no será peligroso?

–No, si estamos los dos, nada nos pasará –. Le decía Magnolia.

–Pero yo no tengo ese talento para ser un detective –.

–Pero puedes intentarlo o ¿Quieres estar toda la vida por allí comiendo yerba o cualquier otra cosa como cualquier 14

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insignificante cerdo ó estar por ahí aburrido y sin hacer nada? –. Le decía Magnolia persuadiendo a su amigo el cerdito.

–Bueno, está bien, me convenciste. Mañana te acompaño y vamos y resolvemos ese intrigante y misterioso caso de todos aquellos huevos desaparecidos. Nada se pierde con probar un poco de aventura –. Respondió el cerdito motivado por la idea que le había dado la gallinita. Al día siguiente, los dos salieron juntos para seguir buscándole la pista al supuesto ladrón de huevos y hallar el misterioso caso de aquellos huevos perdidos y poder así cerrar ese caso que tenía a todas las aves de la granja con los nervios de punta. Pero lo que no sabía todavía, Magnolia y el cerdito, era que éstos estaban persiguiendo a un supuesto ladrón fantasma que no existía, solamente en sus imaginaciones desaforadas y que también ese misterioso caso los iba a llevar más adelante a descubrir otra cosa peor de lo que estaban ellos investigando o buscando. El cerdito y la gallinita Magnolia realizaban investigaciones personales para así dar con mayor rapidez con el supuesto ladrón o supuestos sospechosos que estaban causando el pánico entre todas las aves del gran corral avícola de la granja. Cuando el cerdito y la gallinita no estaban juntos, realizaban por aparte investigaciones privadas. De esa manera se ayudaban el uno al otro y cuando se reunían, cada quién presentaba su información de lo investigado por cada uno y así se mantenían al tanto de todo el proceso investigativo de ambos. Era una verdadera ayuda mutua que estaba comenzando a dar resultados esporádicos. Pues habían descubierto a un pequeño grupo de roedores que estaban, según la gallinita Magnolia y el cerdito, robándose algunos huevos, pero a pesar de que se había descubierto aquel 15

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pequeño grupo; seguían desapareciendo aún más huevos.

Eso era indicio de que no eran entonces los roedores los que se estaban robándose los huevos como Magnolia y el cerdito, creían que estaba sucediendo. Pero ellos no divulgaron el descubrimiento hasta no aclarar con certeza de que sí eran los ratones los únicos que estaban hurtando los huevos y cometiendo aquellas desapariciones simultáneas de todos los huevos de la granja avícola o que detrás de ellos había otros cómplices más cometiendo sus delitos.

–Bueno, Magnolia. Ya dimos con los causantes de los constantes robos de los huevos y todavía siguen despareciendo más huevos. ¿Qué está pasando entonces?

¿Será que no son ellos los de las constantes desapariciones?–.

–No lo sé querido amigo cerdito. Esto me huele muy mal. Si no son los roedores los que se están robando los huevos.

Entonces eso quiere decir que detrás de ellos hay algo más sospechoso y confuso que no he podido aclarar, pero que hay que seguir buscando la respuesta a ese interrogante, y, para responder a esa inquietud debemos interrogar a los principales sospechosos que son los mismos ratones. De esa manera les podemos sacar información sino quieren tener problemas con el resto de animales de la granja y con la justicia animal –. Le decía la gallina al cerdito con la punta de su ala derecha en su pico y un poco pensativa y analizando la situación. Luego la gallinita y el cerdito comenzaron a interrogar a los ratones para sacarles información sobre quienes eran sus aliados y cómplices en el robo de los huevos.

– ¡No, no estamos robando ningunos huevos! –. Contestó uno de los cinco ratoncitos muy nervioso por las constantes 16

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preguntas que les estaban haciendo el cerdito y la gallinita y que eran muy comprometedoras y delicadas para ellos.

–Entonces sí esos huevos no son robados ¿Cómo explican ustedes entonces la estadía de esos huevos aquí en su madriguera? –. Les decía el cerdito señalando la pequeña pila de huevos que estaban casi aporreados y amontonados sobre una gran cama de hojas secas y marchitas.

–Esos huevos que ustedes están viendo aquí en nuestra madriguera son aquellos que traemos de un lugar que hemos hallado nosotros para podernos alimentar y alimentar también a nuestros hijos y no dejarnos morir de hambre –.

Contestaba otro de los ratoncitos aclarando la confusa y errada situación que tenían el cerdito y la gallinita con ellos.

– ¿Cómo así? –. Decía Magnolia muy intrigada por la respuesta que estaba dando el ratoncito a la pregunta del cerdito.

–Sí, así como lo oyen. Nosotros hemos hallado un lugar en donde hay muchos huevos como estos. Aporreado, magullados y otros quebrados o dañados. Pero nosotros los seleccionamos y luego elegimos los que sirven para comer, y, luego los traemos a nuestra madriguera para así alimentarnos con ellos –.

– ¿Y en dónde queda ese lugar? –. Preguntó la gallinita.

–Bueno, si quieren, nosotros los podemos llevar allí para que se den cuenta que no les estamos diciendo mentiras –.

–Sí, vamos para ver en donde queda ese misterioso lugar de que hablan ustedes –. Contestó el cerdito. Los ratoncitos, el cerdito y la gallinita Magnolia salieron rumbo al lugar que les habían descrito los ratoncitos. Cuando estos llegaron, Magnolia y el cerdito quedaron sorprendidos y a la vez satisfechos por el inmenso lugar en donde llegaban a parar todos aquellos huevos que estaban en mal estado y que no 17

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servían para más nada. – ¿Pero de dónde vienen tantos y demasiados huevos dañados? –. Preguntaba el cerdito.

–Bueno, eso sí no lo sabemos nosotros. Eso lo tiene que investigar ustedes que son detectives o lo que parezcan ser ustedes –.

Ahora para Magnolia y el cerdito, les quedaba otro difícil trabajo: Saber de dónde venían aquellos huevos que estaban en mal estado, pues ya habían descartado a los ratones de ser los mayores autores intelectuales de la desaparición de todos los huevo de la granja avícola. Magnolia y el cerdito emprendieron nuevas investigaciones. Éstos comenzaron por recorrer el lugar de los hechos que eran los mismos gallineros con sus nidos en donde las gallinas ponían sus huevos. De esa manera iban averiguar cómo y de qué manera los huevos se desaparecían como por arte de magia.

Pero debían hacerlo sin que las demás gallinas se dieran cuenta de que Magnolia y el cerdito estaban jugando al detective y evitar que las gallinas se opusieran a sus planes investigativos de los dos detectives en acción. Magnolia sabía que las gallinas no les iban a conceder el permiso y esta tuvo que buscar la manera de averiguarlo sin que la descubrieran realizando tal acto y profesión. Tampoco quería comprometer a su amigo cerdito en esa maniobra investigativa muy peligrosa, puesto que si las gallinas agarraban al cerdito husmeando por el gallinero lo inculparían de haber cometido aquellas desapariciones. Cosa que quería evitar la gallinita Magnolia para no meterse ella en problemas con sus parientas las gallinas, ni mucho menos meter en problemas a su amigo el cerdito.

– ¡Cerdito! –.

– ¡Sí! Amiga Magnolia –.

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–Debemos buscar la manera de entrar a los nidos y hallar algún indicio o huella de algo que nos demuestre o nos indique cómo o quién está hurtando los huevos –.

– ¿Y en qué has pensado? Porque yo no puedo entrar al gallinero así como así para hacer tal y tal cosa. Porque si me agarran las gallinas, me deshollejan vivo –.

–Sí, ya yo sé eso y he pensado en eso también. Así que no te preocupes. Buscaré la manera de entrar a los demás nidos sin ninguna clase de problemas –. Decía la gallinita. –

Mientras tanto, tú encárgate de averiguar en los otros nidos de las demás aves de corral –.

–Bueno. Veré como hago para convencer a las demás aves de la granja –. Decía el cerdito. El cerdito sale a lo suyo, y, éste pudo conseguir por medio de un amigo suyo que era uno de los patos líderes del lugar que le concedieran el permiso para hacer una serie de investigaciones en los diferentes nidos de los patos sin ninguna clase de problemas, pues los patos, muy gustoso y de acuerdo con la idea, eran los más interesados y querían que se resolviera de una vez por todas ese misterioso y extraño caso de todos los huevos desaparecidos en la granja. Después que el cerdito le hubo explicado el motivo de su investigación a los patos y después de haber obtenido el aval de los mismos, éste comienza a examinar minuciosamente el lugar y con un supremo cuidado meticuloso recogía la información necesaria para así establecer una hipótesis de lo observado y analizado durante su inspección en el lugar. El cerdito siguió observando con mucho detenimiento el lugar y luego comenzó a revisar los nidos uno por uno en donde los patos supuestamente colocaban sus huevos.

– ¿Ha encontrado algo? –. Preguntó uno de los patos.

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–No, todavía no –. Contestó el cerdito con una poderosa lupa de mucho aumento que había conseguido para sus investigaciones. Mientras tanto, en el otro lado de la granja, Magnolia hacía también lo suyo. Ésta pudo conseguir, con mucha astucia e inteligencia, la forma de averiguar cómo estaban desapareciendo los huevos de los nidos. Magnolia pidió a la gallina líder que la dejara prestar sus servicios de vigilancia para así tener más oportunidad de examinar el lugar cuando las gallinas estuvieran ocupadas en su trabajo de ponedoras de huevos. Todas las gallinas estaban en sus nidos y cuando la gallina Magnolia escuchaba el cacareo de una gallina salía corriendo para ver lo que pasaba con el huevo recién puesto. El huevo duraba cinco minutos en el nido después de haber sido puesto por la gallina, cuando de pronto se habría una pequeña compuerta por la parte de debajo del pequeño nido y luego salía rodando el huevo hacía un gran recolector de huevos. Esto se repetía una y otra vez cuando las gallinas colocaban el huevo. Éstas, al ver que no pasaba nada, salían a pasear por el gallinero como si nada hubiera pasado y se iban a comer los granos de maíz o purina que encontraban en los canastos alimentadores que estaban puestos en los gallineros. La gallina que había puesto el huevo se quedó por un periodo de dos minutos con Magnolia para ver que ocurría, pero no pasaba absolutamente nada.

– ¡Ya viste! ¡No pasó nada! Los huevos siguen ahí. Yo digo que los huevos sólo desparecen cuando nos descuidamos.

Así que no hay problema si te dejo cuidándome el huevo –.

Le decía la gallina a Magnolia cuando vio que no había pasado en verdad nada. Magnolia se rascaba la cabeza cuando veía que no pasaba nada. Luego, la gallina que puso el huevo, al ver que no ocurría nada, dejaba a la gallinita 20

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Magnolia sola; cuidando el huevo recién puesto. Magnolia se queda vigilando fijamente el huevo para ver qué pasaba con él, cuando de pronto se habría una pequeña compuerta por debajo del nido y el huevo salía rodando por una banda que la recolectaba. Magnolia, cuando vio aquello, no sabía qué hacer para explicarle a la otra gallina que su huevo recién puesto había desaparecido a la vista de ella. Cuando la gallina que había puesto el huevo regresaba a su nido, y, al no ver ésta su huevo en su lugar, le preguntaba muy alarmada a Magnolia qué había pasado con su huevo y Magnolia muy nerviosa por lo que había visto le responde: –

¡No sé! yo estaba vigilándolo cuando de pronto se abrió una pequeña compuerta por debajo del nido y despareció a la vista de mis ojos. De ahí en adelante no sé más nada ni sé para donde cogió el huevo –. La gallina, al escuchar la respuesta de Magnolia, comienza a cacarear y las demás gallinas se aglomeran en el nido para ver lo que había ocurrido. Magnolia no sabía cómo actuar en esos momentos frente a aquella situación que se le había presentado en esos instantes, ni tampoco quería alarmar ni alborotar a las demás gallinas con su posible descubrimiento e hipótesis de lo que había visto y observado para no cometer un gran error por adelantarse a los hechos sin primero haber confirmado con más pruebas lo descubierto por ella. Luego Magnolia les explicaba a las gallina lo que había pasado con el huevo y como había desaparecido a la vista de ella. La gallina, que había puesto el huevo, lloraba desconsoladamente y nadie la podía calmar de sus congojas y aflicciones. Luego, Magnolia sale del gallinero muy preocupada por lo que había visto. Al caer la tarde, el cerdito se presentaba con buenas noticias y buena información de lo que había hallado en el corral de los patos. Éste le comunicaba los pormenores 21

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a Magnolia y después ésta hacía lo mismo comentándole lo que había presenciado en el gallinero.

–Magnolia, ya descubrí cómo y de qué manera desaparecen los huevo de los nidos –.

–Sí cerdito, parece que yo también descubrí cómo desparecen también los huevos. Pero me gustaría que me dijeras tú primero lo que descubriste para así ver si nuestras versiones concuerdan muy bien o no –. Le decía la gallinita al cerdito.

–Bueno, presta mucha atención a lo que te voy a decir y agarra bien tus plumas, porque esto es muy interesantísimo–

Le decía el cerdito a Magnolia. –Cuando estaba inspeccionando el corral de los patos me di cuenta de algo muy común y parecido a los demás corrales de la granja –.

El cerdito se quedaba callado por un momento, dejando en total suspenso a su amiga Magnolia.

–Sí, pero que fue lo que hallaste –. Le decía la gallinita muy desesperada por saber la versión del cerdito quién la tenía inmersa en un suspenso.

– ¿Tú no has notado que todos los corrales de las aves están más altos que el resto de corrales de los demás animales? –.

–Bueno sí, yo lo he notado pero no he encontrado un motivo o alguna relación para justificar las desapariciones de los huevos–.

–Bueno querida amiga, la debieras de tener, porque puede ser el causante de todas aquellas desapariciones en la granja–. Le decía con mucho acierto el cerdito a la gallina. –

Además de eso, descubrí que cuando un pato colocaba un huevo, éste duraba cinco minutos y después salía rodando por debajo del nido, ya que una pequeña compuerta debajo del nido se habría y por ahí salía el huevo. Lo que sí no sé es para dónde salía o se iba ese huevo –.

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–Bueno

cerdito,

eso

quiere

decir

que

nuestras

investigaciones concuerdan y que estamos al borde de un gran descubrimiento muy espeluznante. También me indica que no estuve equivocada con mis percepciones e hipótesis.

Ahora nos queda averiguar para donde van aparar esos huevos después de que salen por aquellas compuertas que tienen esos nidos por debajo –. Decía la gallinita muy intrigada por lo que le había dicho el cerdito. Al día siguiente, la gallinita y el cerdito fueron juntos al corral de los patos para así continuar con las investigaciones y esclarecer los hechos de todos los huevos perdidos y de esa misteriosa y confusa forma en que éstos estaban desapareciendo a la vez de los corarles y de los nidos.

Magnolia y el cerdito recolectaron piedras lizas del tamaño de los huevo y redondas u ovaladas como los mismos huevos para hacer pruebas experimentales sobre los nidos.

Éstos colocaban las piedras adentro de los nidos y luego esperaban cinco minutos para ver como trabajaba aquel extraño sistema recolector y cómo salían las piedras por debajo de ellos. La prueba dio resultado. El cerdito y la gallinita Magnolia, cuando vieron aquello y después de haber estudiado y analizado todo el recorrido de aquel sistema, pudieron por fin descifrar aquel extraño enigma que los tenía muy alarmados y preocupados.

–Ya viste tú, cerdito. Así es como funciona este complejísimo sistema de los humanos. Ahora ya sabemos que son ellos los que nos explotan para sacarnos el fruto de nuestro trabajo para ellos alimentarse a costilla de uno. Eso es injusto e inhumano –. Decía la gallinita después de haber descubierto el origen de aquel sistema y quiénes eran los autores intelectuales que ejecutaban y financiaban tan macabra y tamaña obra. Luego de recoger pruebas veraces y 23

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Magnolia y el mister

e io de los huev

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r idos

de haber analizado el lugar con todas sus características descriptivas, y, ya seguros de que aquel suceso era el causante de las muchas desapariciones en toda la granja y después de haber dado con el paradero de todos los huevos que se había extraviado; comenzaron a revelar aquel misterio y a dar aviso a todas las aves de la granja, mostrándoles a las mismas aquel extraño sistema que hacía que todos los huevos desaparecieran después de que todas las aves ovíparas ponían sus huevos en los nidos. Pero Magnolia y el cerdito no midieron las consecuencias que estas producirían o arrojarían después de haber revelado aquel misterioso sistema ya descubierto por ellos. El lugar a donde iban a parar todos los huevos era demasiado grande y quedaba debajo de los mismos corrales. De esa manera era más fácil de recolectar todos los huevos que ponían todas las aves de la granja avícola. Cuando las gallinas vieron esto, quedaron aterradas por lo que habían visto; y luego de haber presenciado aquello con sus propios ojos, decidieron por unanimidad y junto con las otras aves, dejar de poner huevos como protesta por lo que estaban haciendo con todas ellas y con las demás aves de corral. Luego y después de esto, todas las gallinas se convirtieron en gallinas cluecas y sólo se echaban en sus nidos para descansar. Pero esto generó otra serie de desapariciones forzadas y sin que las gallinas lo supieran o se dieran cuenta, iban a parar al matadero. El misterio de los huevos parecía resuelto por fin.

Pero después de eso, había surgido otro inconveniente que iban a poner en jaque al cerdito y a la gallinita Magnolia y a muchas gallinas y aves del lugar. Ahora ya no eran los huevos los que desaparecían sino que ahora eran las gallinas las que estaban desapareciendo de la granja de una manera extraña y silenciosa. Cuando Magnolia y el cerdito 24

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Manuel Ma

M ría Mo

M lina De La Hoz

investigaron este nuevo caso, comenzaron a recorrer la granja, analizando cada lugar para así hallar nuevas pistas que los condujera hacia ese nuevo e insólito caso que se estaba presentando en la granja avícola. El cerdito y la gallinita habían descubierto algo muy aterrador: Como las gallinas habían dejado de poner huevos, ahora eran sacrificadas para venderlas como exquisito aperitivo para los humanos. Magnolia, después de haber hecho ese descubrimiento, decidió huir junto con su amigo el cerdito para nunca más volver a la granja avícola y así salvar su vida y la de su amigo el cerdito quién también estaba en los exquisitos planes alimenticios de los humanos. La granja avícola se había convertido para Magnolia y el cerdito en una gran trampa mortal que los estaba preparando para lo peor de sus vidas: Ser la apetitosa comida en los platos de los seres humanos. El anhelo de Magnolia de ser una gran detective la había llevado a descubrir aquel misterioso caso de los huevos perdidos, pero también la habían llevado a descubrir su propio destino por el cuál habría descubierto su triste final en que iba a terminar ella y su querido amigo el cerdito, sino hubieran huido definitivamente de la granja avícola.

Fin

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