Manual de Redacción por Enrique Ramírez Capello - muestra HTML

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LUCHA CONTRA LA RUTINA

El periodista y novelista norteamericano Ernest Hemingway, quien trabajó en el “Star” de Kansas City, siempre se ciñó a las siguientes normas: “Emplee frases cortas. Que su primer párrafo sea breve. Use lenguaje vigoroso, sin olvidar la suavidad. Sea positivo, no negativo”. Y después de haber ganado el Premio Pulitzer, acotó: “Fueron ésas las mejores reglas que aprendí para el oficio de escribir. Nunca las he olvidado. Ningún hombre que tenga algún talento, que sienta y escriba con verdad acerca de las cosas que tiene que decir, dejará de escribir bien si sigue esas reglas”.

El mayor abuso es el de las frases hechas, las palabras embotadas por el uso. Es habitual leer en los periódicos que la explosión fue violenta; el homicidio, horrendo; el asesinato, bestial; la tragedia, espantosa. Este tipo de expresiones se 15

escribe por pereza mental y hace perder espacio al periódico y tiempo al lector. Se sugiere huir de las trivialidades, de los lugares comunes. Las frases hechas... por otros muestran la pobreza imaginativa del redactor. Se han desvalorizado de tanto uso y casi han perdido su significado.

Algunos ejemplos que no se deben imitar: Puntos de oro para Colo Colo, un poco de historia, mito y realidad, punto álgido. Rutina, monotonía, repetición.

¿CÓMO LO ESCRIBO?

En un mordaz artículo el Premio Nacional de Literatura Alfonso Calderón dice:

“Las palabras, las locuciones, los refranes envejecen, pierden fuerza, se petrifican o desprestigian. De repente, la aurora dice: ¡basta! Y hay que dejarlas, por años, fuera del comercio verbal”.

Calderón concluye: “Basta ya de “curso de los acontecimientos”, “dejar muy bien puesto, o en alto, el nombre de…”, “trazar una estela”. Y Dios nos pille confesados cuando veamos los módicos neologismos: impactar, concienciar”.

Nueva mirada a textos auxiliares. Revisión de apuntes, recortes, selecciones. En la biblioteca, reaparece “¿Cómo lo escribo?”, de Juan Carlos Kreimer, casi como una convocatoria. Periodista, ensayista y docente argentino. El texto invita a poner 90 por ciento de dedicación y 10 por ciento de inspiración. Tal vez la proporción sea exagerada, sudorosa. Pero estimula la suma de constancia y talento.

El uso consagra con calidad y sentido.

“El castellano viejo, enviciado, prostituido, que hoy hablamos, tiene que aprender a ser joven, claro, sano, limpio”.

Lo sentencia Guillermo Blanco, escritor y Premio Nacional de Periodismo, mi maestro en la Universidad.

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DEFINICIONES IDIOMÁTICAS

En su obra “¿Y por casa, cómo andamos?”, el profesor argentino Esteban Giménez, lingüista y lexicólogo, presenta a los enemigos: neologismos, barbarismos, solecismo, anfibología, monotonía, impropiedad, redundancia, extranjerismo, vulgarismo, cacofonía, arcaísmo, ultracorrección o hipercorrección, cultismo.

A modo de síntesis y con fuente apropiada:

Neologismo: palabra incorporada al español, sin otro fundamento que la moda. En general se usa en lugar de vocablos equivalentes a los que ya existen: educacionista por educativo, carenciado por careciente.

Barbarismo: toda escritura o pronunciación defectuosa de palabras, giros o expresiones: metereólogo por meteorólogo, cónyugue por cónyuge (en Chile habitualmente se escribe bien, pero se pronuncia mal), bajo el punto de vista por desde el punto de vista.

Solecismo: falta contra la sintaxis por concordancia, orden, construcción, régimen: sentarse en la mesa por sentarse a la mesa, hombres y mujeres trabajadoras por hombres y mujeres trabajadores (acotación: aunque se acuse de machistas a los académicos).

Anfibología: expresión que puede interpretarse de dos maneras: ayer te vi con anteojos (¿quién llevaba los anteojos?), la madre observaba a su hijo llorando (¿quién lloraba?). En periodismo a veces apelamos a títulos con malicia, con ambigüedades deliberadas.

Monotonía: empleo repetido, dentro de una oración, de los mismos vocablos, giros o construcciones. Denota pobreza lingüística.

Impropiedad: desapercibido por inadvertido, enervar por excitar o irritar. Vaya al diccionario. Encontrará sorpresas con “enervar”.

Redundancia: repetición innecesaria de conceptos: hace unos años atrás por hace unos años o unos años atrás, volvemos a reiterar por reiteramos. Advierte que muchos encuentran que el pleonasmo (sobreabundancia, exageración) es igual a la redundancia. Pero no coincide: “Opinamos que no tiene el mismo grado de falta la expresión redundante retrocedí para atrás que los pleonasmos lo vi con mis propios ojos; yo subí arriba corriendo desesperadamente; salga afuera de inmediato, porque en éstos existe la intención de reforzar el concepto.

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Extranjerismo: en muchos casos tiene su equivalente en español. En otro, ya se castellanizó y se han adaptado a la grafía y la pronunciación. Algunos están muy arraigados. Prefiera casete, estrés, papel (en lugar de rol).

(Una anécdota: el diario madrileño “El País” escribe güisqui. ¿Se imagina a John Wayne con un trago de güisqui? Las botellas imponen su nombre en inglés.

Pero los españoles también prefieren “bluyín”. Raro. En todo caso, es la misma línea de fútbol, básquetbol y vóleibol).

Vulgarismo: es propio de gente poco instruida. Casi nunca trasciende al lenguaje escrito. Ejemplos: no cabo por no quepo; haiga por haya; la carie por la caries.

Cacofonía: repetición consecutiva de sonidos desagradables. Ocurren por la agrupación de las mismas letras o sílabas en un párrafo. Hay que apelar a sinónimos adecuados. Se cae en ella en la acumulación de vocablos (generalmente gerundios) terminados en ando o endo o por palabras que finalizan en ción o ía.

Arcaísmo: expresión anticuada, reemplazada por otra moderna: aguaitar por acechar, antier por anteayer, asaz por bastante.

Ultracorrección o hipercorrección: el profesor Esteban Giménez dice que “consiste en el agregado de una o más letras en una palabra, creyendo estar escribiendo o pronunciando correctamente. Es un error que se advierte particularmente entre gente de poca instrucción cuando quiere demostrar un nivel cultural del que indudablemente carece”.

Ejemplos: toráxica por torácica; bacalado por bacalao; mallonesa por mayonesa; toballa por toalla.

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