Meditaciones por Nicodemo Martín por Nicodemo Martín - muestra HTML

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Meditaciones

 

 

Nicodemo Martín

 

 

PRESENTACION

 

‘Meditaciones’ para un Retiro espiritual

 

 

Filósofos y teólogos escribieron algunos sus Meditaciones. Es la razón que piensa y comparte su interior; en la meditación sin embargo con predominio del corazón. Este se sirve de la palabra y la escritura en un tono que desea comunicar más afectos que razones, al pretender adentrarse desde su propio interior en el de sus oyentes o lectores, soñando que les pueda pasear de la mano por un universo de vivencias que parecen verdaderas y de interés.

 

Estos textos que traigo aquí son en buena parte trascripción y resumen de las meditaciones que el autor propuso a grupos de personas dedicadas por unos días al trabajo espiritual. Todas ellas deseaban permanecer  en silencio y oración, siguiendo el camino del maestro de Loyola en sus Ejercicios Espirituales. Un camino que es de libertad y discernimiento, de clarificación interior, de abierta búsqueda personal de la voluntad de Dios, dejando a un lado el propio querer e interés.

 

El llamado Retiro espiritual ignaciano es una opción de método entre varias, con sus indicaciones de lo que se puede o debe hacer cada día, dando suficiente libertad al guía de la experiencia para presentar unas meditaciones u otras, según las personas o circunstancias.

 

Estas no fueron charlas solo para oír, sino para escuchar como sugerencia para la actividad espiritual propia. Cada persona intentó luego adentrarse y vivir su propia experiencia de encuentro y oración, de escucha y súplica al Dios vivo, prestando atención a sus opciones y respuestas personales. Solo tras recibir las sugerencias es cuando comienza propiamente lo importante, lo que cada uno busca y halla por sí mismo, lo que vive y siente, lo que determinará hacer de su vida en adelante.

 

Les puse en Apéndice unos complementos para la reflexión y la lectura, notas sobre la religión o los evangelios. Todo ello será válido si nos ayudara a conocer mejor nuestra fe, y a Jesucristo que es la meta, Palabra de Dios que continúa hoy iluminando y salvando. A todos quiere llegar, a todos quiere sanar, a todos sin excepción.

 

 

Abril  2013

 

 

 

 

 

 

 

MEDITACIONES

 

·    Meditación.          Introducción.  Confianza y generosidad.  

·    Meditación.         Caminar en la verdad.  Acción de gracias. 

·    Meditación.          Caminar en la verdad.  Algo no va bien.     

·    Meditación.         Caminar en la verdad.  Examen del amor.

·    Meditación.          Jesucristo:   “Maestro, ¿dónde vives?”.      

·    Meditación.         Jesucristo:   “Tú eres mi hijo querido”.       

·    Meditación.          Jesucristo:   “Hagan ustedes lo mismo”.   

·    Meditación.         Los discípulos camino de la Cruz. 

·    Meditación.         Los discípulos lo reconocieron.                       

· 10ª Meditación.         Los discípulos evangelizadores.                     

 

 

APÉNDICE  -  COMPLEMENTOS

 

¿Qué es orar? Es amistad

Dios está en el silencio

Navidad, eterna infancia de Dios

El desierto, la tentación de Cristo

Las tinajas vacías

Los secretos de Dios

Las preguntas de Cristo

Los mandamientos de Cristo

La mística del regreso

El fuego del amor

Tipos de amor, el amor cristiano

Decálogo solidario

La fragilidad de la vida

Esperar siempre

Creo en la resurrección

Examen de Bienaventuranzas

 

  MEDITACIÓN

 

INTRODUCCIÓN. CONFIANZA Y GENEROSIDAD

 

 

Es la llegada hoy mismo desde diversos lugares y distintas tareas, desde muy variadas situaciones personales y sociales, donde cada país de origen. Aquí con ustedes está representada una buena parte de la gente que busca el bien, que habiendo conocido a Jesucristo quiere progresar en la vida evangélica, personas que desean renovar su fe en Dios al modo como Jesús de Nazaret lo propone, mas sobre todo doy por hecho que a ustedes les gustaría hacer mucho más por renovar el alma del planeta tierra donde tantas personas mueren sin esperanza o viven sin vivir con dignidad.  

 

Sirva este primer encuentro para recordar que importa mucho tener delante de los ojos lo que uno sueña y desea para estos días de retiro espiritual. Ayuda mucho el formular bien y con sinceridad desde el principio lo que pido y espero conseguir en estas jornadas, aunque pudiera equivocarme.

 

Decirlo según sus propias palabras, puede ser muy diverso: renovar mi experiencia de Dios, reconciliarme con Dios y conmigo mismo, o bien tomar una decisión sobre mi futuro, recuperar la paz perdida, restaurar el amor, tal vez vencer unas tentaciones, o hacer más evangélica mi vida, curar mis heridas y aprender a curar las de otros, luz para ver claro, que aumente Señor mi fe, que sea más sincera la entrega a mi familia, necesito vencer de una vez por todas mi egoísmo, necesito ser más comprensiva y vencer mi mal carácter, etc.

 

Es lo que usted pide y desea, necesitará pues hacer su petición con insistencia. Pero también importa mucho quedar a la expectativa por si el Espíritu de Dios desea otra cosa de mí o me pide algo más en concreto. Abrirse a su palabra desde el silencio interior, abrirse a su voluntad confiadamente, será clave para poder comenzar con buen pie estos días.

 

Y deberá ser la primera condición para aprovechar: la apertura de mi espíritu a lo que Dios quiera decirme o pedirme, y que yo lo haga con plena CONFIANZA. La confianza es la suma de querer y creer: yo te quiero, sé que tú me quieres, quieres mi bien  y me fio de ti, puedes contar conmigo, no temo, estoy abierto para complacerte, porque te amo y creo ciegamente en ti que eres mi Dios y Señor, y me siento libre para darte mis respuestas. Esta es la fe que confía, simplemente porque ama.

 

Otra condición muy ligada a la anterior es la GENEROSIDAD: no querer responder a medias ni ser escaso en mi respuesta de amor, sino lo más total posible, amor a medias no es amor de verdad. Por lo menos desear que sea así, me gustaría que fuese verdad esa confianza plena y esa disposición a no vivir con medias tintas mi vida cristiana ni mi amor a los demás. Si he de amar a mi gente como tú me amas, tengo mucho camino por delante.

 

No debo desanimar, deberé pedir perdón estos días repetidas veces por mis marchas atrás en el seguimiento. Probablemente no estoy suficientemente enamorado ni enamorada del Evangelio que a la mínima dificultad me freno, temo, me echo atrás, traiciono e incluso niego a Jesucristo. Tal vez confío en exceso en mis propias fuerzas, recuerda: “sin mí no podrás hacer nada”.

 

También para estos días interesa ser constante y paciente, hay tiempo por delante, tiempo para el deseo y la súplica, tiempo para el silencio y la lectura, tiempo para el descanso y la espera, tiempo para llorar y tiempo para reír, tiempo de luz y tiempo de sombras. No abandonar cuando hay oscuridad, no mover ficha, esperar a la luz que vendrá e insistir más en los buenos deseos dejando a un lado los oscuros pronósticos. Esperar y confiar, orar siempre con las ayudas que prefiera y más me agraden en la forma y el contenido, en el lugar y la postura, pero sin abandonar lo que me había propuesto, poniendo delante de mí lo que tanto deseo.

 

-  Leeré el pasaje donde el evangelio de san Juan en el capítulo 4º presenta el encuentro de Jesús de Nazaret con la mujer Samaritana. Procuraré no mirar desde fuera, sino oyendo lo que dicen uno y otro, desear yo también decir lo que busco, disfrutando de un encuentro que parece casual pero que tanto la mujer como Jesús están deseando. Jesús pide agua, pide ayuda, pero él es el agua verdadera que quita la sed y la ayuda de luz que la mujer necesita y busca sin saber dónde estará el manantial, ‘dónde adorar a Dios’. El encuentro es liberador e iluminador. La mujer ya sabe mejor qué debe hacer. Yo pediré para estos días tener mi encuentro en confianza, con generosidad y desde la necesaria paciencia y espera.

 

-  Los versos del Salmo 8 pueden acompañar los ratos del día, pensando que ni la grandeza y ni la aparente lejanía de Dios no impedirán que el Creador conozca y ame a todas sus criaturas, que cuide de ellas, muy especialmente de las personas que fueron creados según la Biblia a imagen y semejanza de su Creador.

 

“¡Señor nuestro, qué glorioso es tu nombre por toda la tierra!

Al ver el cielo, la luna y las estrellas que has creado, me pregunto

¿qué es el hombre para que de él te acuerdes

y para que cuides de él?

Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor;

le hiciste señor de las obras de tus manos,

todo fue puesto por ti bajo sus pies:

ovejas y bueyes,  y todas las bestias del campo, las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas…

¡Señor nuestro, qué grande es tu nombre por toda la tierra!”

 

 

 

 

 

 

 MEDITACIÓN

 

CAMINAR EN LA VERDAD. ACCIÓN DE GRACIAS

 

 

A continuación varias meditaciones para refrescar mi fe y mi relación con Dios nuestro Señor, en lo positivo y también en lo que funciona mal. Primeros pasos de revisión y evaluación, en donde aparezca mi necesidad de ayuda, necesidad de perdón y salvación, porque si solo por mí fuera, pudiera perderme.

 

Tiempo de revisión que me anime a caminar en la verdad y a renovar mi fe y mi esperanza. Todo orientado a despejar el terreno y así acercarme después más limpiamente a Jesucristo, ‘Señor, que vea’, ‘Jesús, ten compasión de mí’,  para escuchar su mensaje sin obstáculos y poder entrar en su Reino, si él me lo permite.

 

Es decir, he de pensar bien el lugar que ocupa mi fe en Dios en la vida mía de cada día. Si le considero relacionado conmigo y bajo qué título: si de verdad le tengo por mi Creador y Señor, si le acepto como Padre bueno que me ha dado la existencia y se preocupa por mí.

 

Antes de ver lo negativo, lo que no me agrada en mí, he de reconocer lo positivo y agradecerlo. Tengo que recibir mi existencia como un regalo que es y aceptarlo, porque también podría no ser y sin embargo soy, estoy aquí.

 

Resistiré la tentación de la razón que me pide considerarme autónomo e independiente, dejando a Dios a un lado o en las alturas. Me dice la razón que vengo de la nada y volveré a la nada. Pero ese camino es de oscuridad y soledad que yo no quiero. Deseo apostar y dejar espacio en mi vida a Dios y a los demás por el amor. Quiero creer con todas sus consecuencias, “Señor yo creo, pero ayuda tú mi frágil fe”.

 

El hecho de vivir, respirar, la capacidad de amar, de ver y hablar, de recibir amor y todo lo demás, el conocer la vida y la naturaleza tan bella y las personas, mis seres queridos. Por haber vivido penas y carencias, no debo olvidar lo bueno que soy y que puedo ser, la belleza de las cosas y la alegría de vivir.

 

Solo podré resistir la tentación de la razón si apuesto por la relación. Esta realidad del existir me vincula con personas queridas pero además me vincula estrechamente por la fe con Dios mi Señor y creador y hace que me pregunte: ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Por qué me has llamado a la existencia? ¿Qué esperas de mí? ¿Cómo podré yo corresponder a tanto bien recibido? ¿Qué me puede hacer feliz del todo?

 

-  Tomaremos una escena en la que Jesús de Nazaret reza a Dios que es padre suyo para darle gracias con sencillez pero de corazón. La encontramos en el Evangelio de San Lucas en el capítulo 10, cuando los discípulos cuentan a Jesús la vida y el trabajo, lo que han visto y sentido de bueno y hermoso a su alrededor, le cuentan la alegría por haber ellos comunicado vida y paz, salud y esperanza. Jesús les ha enseñado a vivir la vida así, con generosidad, contemplativa y agradecidamente.

 

Al contárselo al Señor, se multiplica y contagia el gozo; el mismo Jesús exclamará muy desde dentro y emocionado: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque esto se lo das a entender a la gente sencilla; los sabios y los orgullosos no lo pueden comprender”.

 

Una interpelación para mí: si mi fe es sencilla y abierta a la sorpresa, o bien si soy orgulloso y creo saberlo todo, si no acierto a ver el don de Dios ni sé leer la vida en clave de gracia y acción de gracias. Tal vez esté muy lleno de mismo, sin espacio para Dios ni para nadie más.

 

Jesús enseña a orar a sus discípulos, lo primero será el dar gracias a Dios porque es Padre y se da a conocer de muchas maneras en la vida de cada día, si mantengo despierto mi espíritu y limpia la mirada. Si llevo atento el corazón sentiré que mi vida está en sus manos de Padre bueno que cuida de todas sus criaturas.

 

- Puedo ayudarme rezando este Salmo de presencia e intimidad, el Salmo 139. La fe en el Dios que se comunica en la Biblia es una fe dialogal, una relación de tú a tú que acaba en amistad; él busca estar cerca, yo busco su rostro; él quiere hablarme y también me escucha, yo estoy atento a su palabra y su voluntad; yo necesito de él en el peligro, él me acompaña porque habita en mi interior; él busca mi amor más que mi fe, yo quiero amarle y servirle aunque no lo vea, así es mi fe.

 

“Señor, tú estás siempre conmigo, en mi más profundo interior:

tú me conoces como nadie y todo mi ser está en tu mano, todo lo que siento y vivo por dentro te resulta familiar.

Tú sabes mis dudas y conoces mi oscuridad, tú estás cerca e iluminas todo mi ser.

Tú eres mi creador, yo soy tuyo, seré tu criatura, te adoro y doy gracias a tu nombre de todo corazón.

Tú me conoces y me respetas, me acompañas y estás presente en todos mis pensamientos y mis acciones,

en lo más adentro de mí mismo está tú y nada habré de temer, porque tú vas conmigo…”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 MEDITACIÓN

 

CAMINAR EN LA VERDAD.  ALGO NO VA BIEN

 

 

Ocurre que yo mismo estoy decepcionado, que no consigo el bien que deseo, y me sale más fácil el mal que no quiero.

 

Ocurre que en mí mismo y a mi alrededor veo mucho sufrimiento a causa del pecado: por el egoísmo y la avaricia,  veo  abusos e injusticia por la falta de amor y las envidias. Veo dolor y enfermedad, soledad y muerte. Por mi causa y por muchas otras causas. Es el pecado.

 

El misterio del mal que tanto aleja de Dios al hombre: ¿Cómo dices que Dios existe y permite tanto sufrimiento? Si Dios es padre amoroso, parece vivir alejado de la vida de las personas, que se ven huérfanas e indefensas ante tanta violencia y dolor de los inocentes. Es el pecado.

 

 Siempre buscamos culpables, Dios, los otros. En parte para disculparnos a nosotros mismos, en parte para evitar creer que Dios es amor y comprometernos con mejorar la vida. Para vencerme a mí mismo, habré de combatir con valentía y sacrificio por el bien y la paz, por el amor y la justicia. Cuesta nadar contra corriente. Luchar cada día tomando la cruz sin echarse atrás. La fe llama a la esperanza y actúa por la caridad.

 

No basta con quejarme. Deberé preguntarme ¿qué he hecho yo? ¿qué debería hacer y no hago? ¿qué puedo hacer para que todo vaya mejor?

 

Algo va mal, y ante el mal pondré el bien, como ante la violencia habré de poner paz, ante el egoísmo hará falta el amor de verdad y la generosidad, y ante la mentira he de poner verdad, ante la comodidad el sacrificio, ante el dolor he de consolar, y donde haya soledad pondré amistad y compañía.

 

Son los frutos lo que importan, no las hojas ni las ramas. Los frutos avisan de la raíz, si está sana y bien arraigada; los frutos son indicadores de los cuidados que presto a esa mata tan querida que soy yo mismo, que somos cada uno. El Señor nos plantó libres en el mundo para ser santos, para dar frutos sabrosos de justicia y de amor, de verdad y de paz, frutos buenos de bondad y misericordia, de consuelo y de comunión entre nosotros.

 

¿Cómo fue que al venir el señor de la viña a recoger los frutos solo vio pena y pobreza, muerte y desolación? ¿Qué ocurrió? ¿Hubo descuido y abandono, desánimo ante la dificultad? Tal vez, pero el señor de mi vida está triste y decepcionado.

 

Ha de moverme al cambio el amor y no el temor, pero ‘si de su amor me olvidare que al menos el temor del castigo me ayude para nunca ofenderle’, así reaccionamos de niños, así también hemos de reaccionar cuando andamos perdidos, que siempre correspondas al amor con más amor. Ni la muerte más o menos próxima, pero segura, ni la posibilidad de perderme para siempre, deben ahorrarme el esfuerzo de mejorar ya. No habrá amor verdadero sin sacrificio ni esfuerzo.

 

- Les propongo en el evangelio de  San Lucas considerar la parábola de la higuera estéril en el capítulo 13, “Llevo ya tres años esperando que dé fruto y no hallo nada. Córtala, para qué va a ocupar el terreno”. Es la decepción de Dios y su amenaza. Nos da tiempo con todo para recuperar y mejorar las condiciones, tiempo sagrado para retomar mi vida y rehacerla a imagen de Jesucristo y hacer su voluntad, ahí encontraré mi mayor felicidad, frutos gustosos que llenarán las expectativas mías, de mis conocidos y del mismo Señor.

 

Este es tiempo para la meditación, es mi tiempo para la conversión, para el cambio en actos y actitudes que pudieran transfigurar poco a poco el rostro del mundo en su belleza original. El pecado afea, la gracia y la bondad embellecen. Tomaré mi determinación por andar un camino de evangelio, de humildad y servicio, habré de nacer de nuevo y con dolor posiblemente. Habré de decidirme y dejar de entretenerme en nada que valga la pena.

 

- Podrás asimismo rezar un Salmo, esta vez puede ayudar el nº 80, que pide auxilio en medio de la desolación, para cambiar a mejor y vivir de nuevo la alegría de la fidelidad. Se trata de corresponder adecuadamente a tanto bien recibido:

 

 

“Señor Dios nuestro, restáuranos y sálvanos.

Hemos sufrido en abundancia y tú estabas ausente entre las nubes.

Somos tu pueblo, la viña que tú sembraste y cuidaste.

Ahora nos sentimos abandonados por ti, te has enojado con nosotros y estamos en manos de nuestros enemigos.

Pastor bueno, mira a tu pueblo desde el cielo y ven a salvarnos.

Los invasores han profanado tu casa.

Envíanos un salvador.  Esta vez cumpliremos la alianza y no adoraremos dioses extraños que no pueden salvar.

Solo tú eres nuestro señor que nos sacaste  de la esclavitud de Egipto.

¿Por qué has alejado tu mirada de nosotros y no vienes ya en nuestro auxilio?

Nos habíamos alejado de ti; no volveremos a hacerlo.

Ten misericordia de nosotros e invocaremos tu nombre por siempre…”

 

 

 

 

 

 

 

 

 MEDITACIÓN

 

CAMINAR EN LA VERDAD.  EXAMEN DEL AMOR

 

 

La reacción de agradecimiento le gusta al Señor. Recuerden la curación de aquello diez leprosos, “¿No quedaron curados los diez? Los otros nueve ¿dónde están? ¿Solo un extranjero volvió para agradecer a Dios?”. Reconocer, agradecer, corresponder. Tres verbos correlativos que tienen su lógica si tenemos corazón que acompañe nuestra fe, si ponemos amor en nuestras relaciones de amistad con Dios y también con nuestro prójimo.

 

Por eso aquel dicho que ahora recordamos escrito por San Juan de la Cruz: “No olvides que al atardecer de tu vida serás examinado del amor, del amor recibido de Dios, del amor aprendido de Dios”.

 

En verdad es lo que queda al terminar cada día, como al final de nuestra vida, lo que quedará será el amor, el amor recibido y el amor entregado, pero amor de verdad. Ese amor que no es solo una bella palabra, un amor que es trabajo de paz, es comprensión y perdón, un amor que no falla nunca, que se sacrifica, amor que disculpa y espera siempre.

 

Los dos hijos de la parábola del evangelio quedaron sorprendidos por al amor que el Padre les manifestó, primeramente el hijo pródigo al que esperó siempre para abrazarle y llenarle de besos, en San Lucas capítulo 15. Mas también al otro hermano de mentalidad rígida y calculadora, que juzga y condena al pecador, cargado de envidias y malos deseos: “Hijo ven a la fiesta por tu hermano alejado, que todo lo mío es tuyo”. El amor de verdad no hace distinciones ni separaciones, ama lo no amable, ama a sus enemigos, ama siempre. Es de alta calidad, es un deseo y un compromiso: “Ama como yo te amo, hasta dar mi vida por ti, ama a tu hermano más que a ti mismo”.

 

Asignatura muy difícil, con tan alto rasero y tan gran maestro. Será el distintivo del buen discípulo. Todo lo demás es teatro y ficción, palabras al viento, nada.

 

Importa mucho conocer mis errores, arrepentirme y hacer planes de cambio. Lucidez y compromiso.  Me examinaré especialmente del amor de compasión y del amor de misericordia. Mis pecados de juicio y condena, mi insensibilidad, mi pasar de lago ante el sufrimiento de mi prójimo, no hacer nada en concreto por ayudar y sanar las heridas que causa el injusto proceder de tantos, de mí mismo. Siempre se tratará de hacer algo: “Ante Cristo puesto en cruz, me preguntaré qué he hecho, qué hago, que voy a hacer por Cristo”. Preguntas clave que abren un camino restaurado, prometedor de vida y reconciliación.

 

-  Por eso mismo consideraré la parábola del Buen Samaritano que encontraré en el capítulo 10 de San Lucas. Ante las dudas aparentes por el mandamiento principal, no me servirá ya de excusa preguntar “¿Quién es mi prójimo?”. Yo mismo he de aproximarme, no pasar de largo y dejar que la necesidad que está pasando mi prójimo me afecte y toque mi corazón, que me intranquilice y me ponga en movimiento: “Vio, se conmovió, se detuvo, bajó de su cabalgadura, lo tomó en brazos, curó sus heridas, lo llevó a la posada, pasó la noche con él”. Es la compasión que lleva a la misericordia. Otros vieron lo mismo y pasaron de largo, como yo mismo en tantas ocasiones.  

 

Puesto que hablábamos de examen final sobre el amor, hemos de recordar la grandiosa escena del “juicio de las naciones”, cuando el Señor bendice o maldice, “porque tuve hambre y no me diste de comer, estaba enfermo no me visitaste, desnudo y no me vestiste, en prisión y no viniste a verme”. Así lo cuenta el evangelio de San Mateo en el capítulo 25.

 

-  Los salmos son la oración de un pueblo creyente que suplica,  protesta y alaba a su Dios. Los salmos fueron también oración de Jesús: su oración personal estuvo rellena de sentimientos y deseos que formulan los versos inspirados de muchos salmos.

 

Puede acompañar nuestra oración en esta ocasión el Salmo

103, que repasa desde varios parámetros la grandeza ilimitada del amor de Dios. Desde nuestra pequeñez y mezquindad, nos atrevemos a conversar con Él y suplicarle tenga piedad de nosotros. Si es sincero nuestro arrepentimiento y verdadero nuestro deseo de cambio, podemos contar con su perdón, nada hemos de temer, con su favor y ayuda, “dame tu amor y tu gracia que eso me basta”:

 

“Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura;

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia;

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen;

cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados.

Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles;  el amor del Señor dura por siempre…”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cristo orando, Greco.

 

  MEDITACIÓN

 

JESUCRISTO:   “MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?”

 

 

Deseo que las meditaciones anteriores los hayan ayudado a ustedes para disponer el terreno y preparar bien la jugada principal que ahora nos corresponde hacer en este retiro y en las meditaciones siguientes: he de conocer  a fondo, querer de corazón y seguir con toda mi alma a Jesucristo, el maestro de Nazaret. Es lo que cuenta de verdad.

 

Probablemente ya pude despejar algunas incógnitas difíciles sobre Dios mismo, sobre el mal del mundo y sobre mis propios pecados. Alguno de esos temas tal vez bloqueaba mi fe o mi esperanza. Siempre quedarán dudas, pero estoy renovando la confianza en la infinita misericordia del Padre Dios que me recibió en la casa y me abrazó. Inolvidable.

 

No he de mirar ya más atrás, sino adelante, fijos los ojos en el Señor Jesús, hermano mayor que me ofrece su amistad y me dice con humildad que él es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahí estamos. La novedad de la fe cristiana estará en descifrar espiritualmente el misterio de la persona de Jesús y volcarse en su proyecto.

 

Los discípulos lo vieron al principio como un maestro más entre otros, que caminaba en solitario y buscaba seguidores. Se preguntaron quién era y qué ofrecía de nuevo. Más tarde descubrieron en él al Hijo de Dios y notaron que su persona y su mensaje venido de Dios estaba cambiando la vida de todos ellos. Ocurrió poco a poco, tras muchos ratos de conversación y observación amigable. Es lo que debemos hacer en nuestra meditación, conversar y afectarnos positivamente por él, dejarnos interpelar, ya que él resucitó y vive para siempre. Deberé preguntarme una vez más, ¿Señor, qué quieres que haga?

 

-  Esa fue la situación de encuentro y convivencia que describió el apóstol Juan en el capítulo 1º de su Evangelio. Jesús va de camino, y unos jóvenes inquietos buscadores van tras él para averiguar quién es, dónde vive, cómo vive. Otros maestros, el mismo Bautista, les hablaron de él como de lo más nuevo y mejor.

 

Jesús se les adelantó y preguntó mirando con simpatía a cada uno en particular, “¿Qué desean?”. Una invitación que pudiera parecer  una gentileza, pero también una interpelación, ¿Qué andan buscando en verdad?

 

La respuesta asustada de ellos fue rápida, “Maestro ¿dónde vives?” Y él les invita a venir y conocer por sí mismos, satisfacer su curiosidad y avanzar en la búsqueda profundizando el conocimiento. No interesan tanto las paredes sino la vida que hay en ellas,  interesa conocer quién es Jesús, de dónde viene, qué pretensiones tiene, si podemos ayudarle en algo. Dice el texto que tuvieron los tres un rato largo de conversación, dándose mutuamente a conocer. Ellos sus deseos, planes y temores, y Jesús los suyos propios.

 

No fue difícil llegar a un acuerdo. Parece que recordaron para siempre aquel rato sin fin en que el cielo les habló y el corazón ardió a la escucha de aquel amigo nuevo recién estrenado. Les fue bien y pensaban venir en otra ocasión y muchos días más. Hubo suerte, no quisieran dejarle nunca.

 

Ahí fue donde comenzó una vida nueva para ellos y desde ellos para otros amigos que fueron llegando, y para mucha más gente que se fue asomando a beber de ese pozo de agua fresca, manantial de vida y de amor de Dios. Algo inesperado.

 

El libro de los Ejercicios espirituales ordena desear y pedir con insistencia: “conocimiento interno del Señor que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga”. No es un tratado de dogma lo que interesa, sino una experiencia personal que dejará huella en la mente y en el corazón. Es el buen comienzo de la fe tal como la entiende el Evangelio. Creer será conocer, amar y seguir a Jesucristo, ponerse a su disposición, ser discípulo suyo, imitarle y hacer discípulos.

 

-  Cuando Jesús apareció solo a orillas de río Jordán, apenas acompañado por algunos parientes, muchos jóvenes de entonces, como ocurre en nuestros días, vivían desengañados de la marcha de las cosas y descontentos de la religión, se ponían muy críticos con sus dirigentes. Les sonaba lo del templo a falso y teórico, todo seguía igual, nada cambiaba, el sufrimiento de muchos iba en aumento. Clamaron entonces al cielo que les enviara un salvador, una luz de esperanza para vivir más contentos. Dudaban que Dios escuchara la súplica y sin embargo repetían con esperanza.

 

-  Pueden servirse de un Salmo, el nº 130, llamado el De profundis, que acompañará nuestra petición sincera, “Ven, Señor Jesús, ven a salvarnos”. Fue con los salmos sin duda como María la madre enseñó a Jesús a hablar y rezarle a Dios, siempre en comunión con su pueblo, ahora sometido al Imperio, y con la humanidad entera necesitada de redención:

 

 

Desde lo más profundos grito a ti, mi Dios:

¡Señor, escucha mi clamor!

¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas!

Si llevas cuentas de las culpas, ¿quién, Señor, resistirá?

Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido.

Yo espero en el Señor, mi alma espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor más que los centinelas la aurora; más que los centinelas la aurora, aguarde Israel al Señor.

Con el Señor viene el amor y la redención,

junto a él la abundancia de salvación;

él redimirá a Israel de todas sus culpas”.

 

 

 

 

  MEDITACIÓN 

 

JESUCRISTO:   “TÚ ERES MI HIJO QUERIDO”

 

 

El cielo habló y dijo que ese Jesús que vino de Nazaret es la “Palabra de Dios hecha carne”: Dios grande se hizo pequeño, visible, palpable y audible. Merece la pena creer en esas palabras oídas por muchos en el BAUTISMO de Cristo: “Este es mi hijo muy querido. Escúchenlo”. Muchos lo recordarán y todos los libros lo anunciarán como un momento importante en la vida personal de Jesús de Nazaret y en la historia de nueva humanidad que ahí tuvo su comienzo.

 

Por fin  fue vencida la distancia entre el cielo y la tierra, se restableció la comunicación entre Dios y los hombres. Ya no son los profetas, sino el Hijo mismo venido al mundo, en todo semejante a nosotros, pero lleno de Espíritu de Amor. Dios está con nosotros, vino para mostrarnos el camino de regreso a la casa, a la vida y la paz. Nada hay ya que temer.

 

Su plan es de servicio y humildad, el camino contrario al de la vanidad, el poder y la propia gloria, que será lo más deshumanizador  y creador de diferencias y violencias. Su camino será difícil, no parece atractivo. El tentador durante un tiempo largo lo adornará y engañará a Jesús mostrándole otro camino posible, la gloria fácil y el triunfo inmediato de un mesías aparente que no salva. No muestra Jesús afición sino a servir a Dios y a sus hermanos de todo corazón, quiere entregarse totalmente a ellos y  poner en marcha el Reino de Dios. Así llamará él a su alternativa de cambio, camino de fraternidad y de misericordia, Reino de Dios.

 

-  Les sugiero que pasen en esta meditación un buen tiempo considerando pausadamente el Discurso del Reino, llamado así por algunos el SERMÓN DE LA MONTAÑA, en los tres capítulos de San Mateo, el 5, 6 y el 7.

 

Aflora allí un modo nuevo de vivir la vida, una crítica al universo religioso con el que Jesús se encuentra. Mucho rezo, mucho templo y mucho incienso, pero la Alianza de fidelidad mutua, los preceptos fundamentales quedaron en el olvido. Jesús observará con su sabiduría mucho de falso en la gente religiosa de su tiempo, mas solo Dios conoce los corazones.

 

Frente a todo ello Jesús propone una oración de recogimiento y secreto, de diálogo personal. Traerá allí el ‘Padre nuestro’, todo confianza, todo fraternal. Quiere autenticidad en nuestras relaciones con Dios y en nuestro amor al prójimo, en la limosna, en la penitencia, no hacer para que nos vean. Pide asimismo radicalidad, es decir, no quedarnos a medias, sean consecuentes con opciones libremente tomadas, “Sean perfectos como su Padre del cielo”. El texto situará la ‘perfección’ en la compasión, un amor sin discriminar ni siquiera a los enemigos. No juzguen a los demás, y no sean esclavos del dinero ni del consumir.

 

Deberemos recordar más adelante los mandamientos propios de Cristo, y examinarnos con las BIENAVENTURANZAS por donde comenzó Jesús todo su Discurso.  Curiosas propuestas para la felicidad, serán tareas siempre pendientes para sus seguidores. No podemos ya solo referirnos a los diez preceptos  de la antigua alianza, no será suficiente. Para este tiempo nuevo hay nuevos criterios y preferencias.

 

En varias ocasiones Jesús recordará el precepto principal más antiguo, “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. En otra ocasión dirá que deberemos amar a los otros más que a nosotros mismos, como el mismo Jesús nos amó y nos mandó amar. Difícil tarea con tanto amor propio y tanta tentación de por medio, “no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal”.

 

Lo que hagamos de bueno por seguir a Jesús y sus consignas, no debemos hacerlo ni para cumplir un expediente ni para obtener recompensa de más cielo, tampoco por temor a castigos, sino por corresponder. Ahora bien, aunque esquivemos todo voluntarismo engreído, será justo estar satisfechos por las buenas obras, o mejor, por los buenos frutos que daremos como se espera de nosotros.

 

Ese será el criterio correcto para distinguir un buen discípulo y un buen profeta, “por sus frutos los conocerán”. ¿De qué fruto estamos hablando? Del fruto que agrada a Dios y hace felices a nuestros hermanos, los frutos que van transformando nuestro corazón y también la realidad a nuestro paso. San Pablo les llamará los ‘frutos del buen Espíritu’ y los enumera en la carta a los Gálatas: amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí. Así de simple.

 

Si en verdad ha crecido nuestra afición por Jesucristo, el deseo de conocer su corazón, sin duda que buscaremos agradarle haciendo su voluntad. Su voluntad es la gloria del Padre, la nueva creación, su mayor deseo será nuestro bien, el rescate de los que se encuentran sometidos o se sienten mal, la curación de los malheridos, su voluntad es el Reino de Dios que beneficiará en primer término a los que más esperan la salvación. 

 

-  Esta vez les pondré como texto de apoyo para su oración unas líneas del apóstol San Pablo a los cristianos de Roma en el capítulo 12º. Son recomendaciones prácticas que tienen su mérito añadido al estar escritas por un ex fariseo convencido, ahora convertido a su pesar al evangelio de la libertad y del amor sin fronteras que predicó Jesús de Nazaret:

 

“Su caridad sea sin fingimiento;

detestando el mal, adhiriéndose al bien;

amándose cordialmente los unos a los otros;

estimando en más cada uno a los otros;

con un celo sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al

 

Señor; con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;

compartiendo las necesidades de los hermanos;

practicando la hospitalidad.

Bendigan a los que les persiguen, no maldigan.

Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran.

Tengan un mismo sentir los unos para con los otros; sin complacerse en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; no se complazcan en su propia sabiduría.

No devuelvan a nadie mal por mal; procuren el bien en lo posible, y en cuanto de ustedes dependa, queden en paz con todos”.

 

 

 

 

 

 

Última cena, Leonardo da Vinci, 1497.

 

 

  MEDITACIÓN

 

JESUCRISTO:   “HAGAN USTEDES LO MISMO”

 

 

Todavía acompañando a Jesús de Nazaret en su caminar por Palestina, dedicaremos esta meditación a considerar los tres mandatos básicos que habremos de escuchar de labios del mismo Maestro. Él no pedirá a sus discípulos nada que él mismo no haya hecho o cumplido antes, para darnos ejemplo y mostrarnos el camino.

 

Me estoy refiriendo al mandato del servicio a los hermanos, significado en el lavar los pies a sus discípulos, “Hagan ustedes lo mismo”, al comienzo de la última Cena. El segundo mandato está relacionado con la institución de la Eucaristía, la comunión en su cuerpo y en su sangre que se entrega por todos; ahí les dijo sin explicar más: “Hagan esto en memoria mía”.   Finalmente el mandamiento nuevo del que él mismo se puso como medida: “Ámense unos a otros como yo los he amado”.

 

-  El mandato del servicio se aprende sirviendo de verdad, poniéndose al lado o abajo, nunca arriba o por encima. Cuando en una ocasión le preguntaron a Jesús sobre los poderes de este mundo o sobre su propio interés, les respondió sin dudar: “Entre ustedes el que quiera ser señor que se haga su servidor, porque yo mismo no he venido para ser servido sino para servir y dar mi vida en rescate por todos”. Veremos que además de servidor, el Maestro y señor de todos gustará de identificarse con el ‘servidor sufriente’ del profeta Isaías, el que se pone en lugar del condenado para darle la libertad, para rescatarle de la muerte.

 

-  Por el segundo mandato, “Hagan esto mismo en memoria mía”, no parece que Jesús quisiera fijar un ritual ni poner a unos por encima de otros. Nace la Misa y la comunión, nace el sacerdote al servicio del altar y de la comunidad. Más trascendencia debió tener para los discípulos el ejemplo de compartir la vida y compartir los bienes que hay sobre la mesa, para que llegue a todos y nadie pase necesidad. 

 

Recordarán que en los primeros tiempos la Eucaristía se la conoció como la ‘Fracción del pan’, signo de una vida rota y compartida, la vida divina que Jesús entrega, “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Entonces y ahora, en verdad el Pan bendito será su oculta presencia, ofrenda y adoración, sacrificio continuo y comunión, de Cristo y de nosotros. La ‘Fracción del pan’ fue memoria viva del Señor y escuela perenne de imitación y seguimiento para la vida cotidiana de los cristianos.

 

Todos, no solo los apóstoles que presiden, todos tendrán que dar su vida y no guardársela para sí, deberán hacer eucaristía de sí mismos y de sus cosas, acción de gracias y comunión. En esto consistirá también su mandato ‘Hagan esto en memoria mía’. No un ritual ni una liturgia en primer lugar, sino una invitación a vivir la vida en clave eucarística. Habrá de descubrir cada uno en su meditación qué le pueda suponer este extremo tan sugerente, pero que no podrá quedar en bella teoría sin transformar nada.  

 

-  Nos queda por considerar el tercer precepto, el mandamiento nuevo, amar como él nos ha amado. Así lo presenta el evangelio de san Juan, el discípulo amado, en sus largos discursos en torno a la Cena, sus capítulos 13 al 16. Ese mandamiento habremos de verlo siempre en relación con lo dicho sobre el servicio concreto al hermano concreto, aunque fuera este traicionero o negador, y su contenido será la comunión y el compartir los bienes nuestros con los demás.

 

No es platónico, poético ni celestial el mandato del Señor. Es amor costoso y hasta crucificado como veremos en adelante. Es amor universal sin distingos ni exclusiones. Es amor de iniciativa y de gratuidad. Es amor que tiene sus preferencias, como en Jesús, por amar al que no es amable, amar y perdonar a los que crucifican, siempre disculpando y comprendiendo. Es un amor que no falla nunca. Una suerte para nosotros, y una promesa de renovación para nuestra tierra tan afeada por nuestros egoísmos, avaricias y malos tratos.   

 

A este respecto tomaremos nota de las características extremas del amor divino, bien descritas en el conocido ‘Himno de la caridad’ que san Pablo dio a conocer cuando escribió a los cristianos de Corinto, en el capítulo 13 de su carta. Una amor así tan total, “que no falla nunca”, no puede ser sino una descripción del amor que Dios nos tiene, el amor que viene de Él y que aprendimos en nuestra contemplación de Jesucristo, que muestra  posibilidades nuevas de amar, amor “que fue derramado en nuestros corazones” en nuestro bautismo del agua y del Espíritu.

 

-  Para terminar podrán considerar el texto de la ‘oración sacerdotal’ del Señor, en el capítulo 17 del 4º evangelio. Define bien, según el discípulo amado, los sentimientos del corazón de Cristo, aporta seguridad y confianza,  viendo a Él mismo en persona que lleva a cada uno de nosotros en su oración al Padre de todos; promete él que seguirá compartiendo sus ‘secretos’ con sus seguidores, y nunca más nos dejará solos:

 

“Jesús alzando los ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.

Que yo dé vida eterna a todos los que tú me has confiado.

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Las palabras que tú me diste ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído en tu Palabra, que tú me has enviado.

Por ellos ruego;  por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío.

Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.

Ruego no sólo por éstos, sino también por aquellos que, por su medio creerán en mí, para que todos sean uno.”

 

 

  MEDITACIÓN

 

LOS DISCÍPULOS CAMINO DE LA CRUZ

 

 

Entramos en el horizonte final. Les ofrezco meditar al menos tres momentos clave de la Pasión de Cristo. La oración de Cristo en el huerto rodeado de sus discípulos. Las palabras de Cristo en la cruz y desde la cruz, palabras a la Iglesia, palabras al mundo, también palabras y silencios del mundo y de los creyentes. Y finalmente considerar el cuerpo de Cristo ya muerto y bajado de la cruz, en brazos de María y de los discípulos, al fin descansando ya en el sepulcro. En ese camino ver dónde yo me sitúo y notar mis sentimientos.  

 

En esos pasos finales de nuestro Señor se esconden unos tesoros insospechados de sabiduría y de conocimiento del hombre y del hijo de Dios. Durante siglos los momentos de la Pasión de Cristo se han convertido para muchos en revelación y acicate para el amor y la entrega. Ver a Dios, ver al hombre, ahí abrazados por siempre camino de la cruz, en la cruz y después de la cruz, abrió a muchos cristianos las puertas del cielo en la tierra, inundando de paz los momentos más difíciles y dramáticos de la vida de tantas y tantos seguidores de Cristo, a lo largo de los siglos y en los más diversos lugares y circunstancias.

 

-  Un paréntesis sobre cómo orar: la meditación, la petición y la contemplación. Sobre la meditación y la oración de petición, ya estos días se están ejercitando. Pedir deberá ser reflejo de un deseo verdadero, mas también de una pobreza y necesidad que noto en mí, “Señor, sin ti no puedo, dame tu mano”. Caeré en la cuenta si quiero de verdad lo que busco, y qué poco necesito en realidad, tal vez me baste ‘su amor y su gracia’. Deberé interiorizar sinceramente la petición del propio Jesús, “Padre, hágase tu voluntad en la tierra como en cielo”. Una voluntad que no es espada de Damocles, ni amenaza de lo incierto, la voluntad de Dios es nuestro bien, la llegada cada día de su Reino, que es de justicia y verdad, su Reino es vida y paz.

 

La contemplación ignaciana tiene un acento propio. Es presencia mutua e implicación sincera desde un texto evangélico, como en este día la Pasión de Cristo, que yo no deseo observar en mi retiro como espectador, sino entrando a participar humildemente en ese círculo de misterios de amor y de entrega, de juicio, de perdón y salvación. La contemplación evangélica busca gustar y ver al Dios hecho hombre, escuchar ahora su voz que me invita a seguirlo, notar la suavidad de su presencia y la luminosidad de su mirada, dejarme tocar y curar, yo mismo besar acariciando su rostro amable y sus manos sanadoras.  Él vive y reina, y quiere que yo ahora experimente la salvación. También compartiendo su pena.

 

¿Se tratará de un realismo fantasioso? Mejor hablaremos de una imaginación espiritual puesta al servicio del conocimiento y de la amistad del Señor, amigo también hoy como entonces, compartiendo él nuestras inquietudes e intereses, y nosotros los suyos, recíprocamente.

 

-  Así pues con este ánimo y propósito pedimos vivir de cerca una oración de Cristo tan difícil como fue Getsemaní: “Padre, me pongo en tus manos, toma mi vida, no deseo hacer mi voluntad sino la tuya; aparta de mí este cáliz, este rechazo tan grande que siento de mi pueblo”.

 

Máxima resistencia, pero total sumisión. Obediencia y fidelidad restauradas por el amor que Jesús tiene a todos incluso a sus peores enemigos, por su amor al plan del Padre de recrear la humanidad desfigurada por el pecado. En Jesús hay amor, solo amor, ni asomo de otra cosa que no sea salvar y ofrecer su propia vida “por la vida del mundo”.

 

Dos verbos al menos podrán llevarnos a estar presentes en el sufrimiento de Dios y en el de las personas: acompañar y ayudar. En la soledad y ante el abandono que veo en mi prójimo, acercarme en silencio, sin temor, y acompañar. Pensaré asimismo qué puedo hacer, cómo ayudar a llevar esa carga, una pesada cruz que cargamos unos sobre otros, a veces sobre las más frágiles espaldas ya tan malheridas.

 

-  Podré seguir el camino de la cruz, mi Via crucis, el que fue entonces pero también el que es ahora camino de cruz para tantas personas, que sin enumerar veo en su dolor, caerse y a duras penas levantarse. En la solidaridad de mucha gente, en los servicios y voluntariados, en los comedores para gente sin hogar, sin familia, y muchas otras situaciones, vía crucis del mundo que continúa callejeando y arrinconando, también muy cerca de mi misma casa.

 

Ya en la cruz oiré el salmo tan difícil de entender que a tantos hizo dudar del amor de Dios, “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, para muchos causa de increencia y abandono. Vive Jesús la suma fragilidad de su cuerpo maltratado por tan cruel violencia, siempre irracional, de los que insensibles hieren pero pasan de largo sin detenerse, sin ayudar ni curar, “Tengo sed”.

 

Atento a esos momentos delicados de despedida y de ofrenda, “Madre, ahí tienes a tu hijo; ahí tienes a tu madre”. O al escuchar el lamento de los otros crucificados: ”No temas, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”. Perdonando y disculpando siempre, “No saben lo que hacen”, amor extremo, Jesús siempre ama. Él ha venido a salvar, nunca a condenar.

 

Finalmente la satisfacción de la misión encomendada y al fin, poniendo todo, su vida, su corazón abierto, sus manos y sus pies traspasados como señales perennes de amor, “Todo se cumplió. Padre, toma mi vida”. Será la oración preferida de Jesús, la oración del abandono, “Me pongo en tus manos, Padre, porque te amo y necesito darme sin medida”.

 

-  Terminaré estas sugerencias para su meditación sobre la Pasión de Cristo, dejándoles aquí escrito este hermoso himno o canto litúrgico, probablemente de los primeros años de la comunidad cristiana palestina, que transcribe al principio de su texto el autor o autores de la Carta a los Colosenses. Una síntesis sobre la salvación por la fe en Cristo Jesús, gracias a su cruz y resurrección de entre los muertos. La vida concreta de los creyentes se verá transformada por la grandeza del trabajo de Cristo, será una gracia comunicada a cada uno en particular de los bautizados:

 

“Damos gracias a Dios, Padre de N Señor Jesucristo, que les ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz.

- El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención, el perdón de los pecados.

- Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación,

porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la

tierra: todo fue creado por él y para él; él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia.

- Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el  Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos.

- Y a ustedes, que en otro tiempo fueron extraños y enemigos, los ha reconciliado ahora, por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentarlos santos, inmaculados e irreprensibles delante de Él.”

 

 

 

 

  MEDITACIÓN

 

LOS DISCÍPULOS LO RECONOCIERON

 

 

Tras escuchar las palabras de Cristo desde la Cruz, otro momento a considerar será el descendimiento de su cuerpo muerto, para recostarlo en los brazos de la madre María y de los discípulos, puesto finalmente en un sepulcro nuevo. Nos dispondremos así para vivir el después: el tiempo de la espera, el encuentro con el Resucitado, nuestra aceptación por la fe, y el mandato de salir a anunciar la buena noticia a toda la gente.

 

Si lo hemos acompañado espiritualmente en la pena, hasta el final, sin escapar, permaneceremos abiertos para recibir su gloria y su gozo, su saludo de PAZ. La vida que triunfa sobre la muerte entrará también en lo íntimo de nuestro ser resucitándonos; ojalá ocurra así y notemos la vida nueva comunicada.

 

Por el título puesto a la meditación, verán que les propongo recordar y acompañar a los dos discípulos que van de camino a Emaús y desean explicarnos lo sucedido. Parece probable que nos lo cuente uno de ellos mismos, el propio San Lucas, en el capítulo 24 de su Evangelio. Ellos hablaron entre sí de sus decepciones y desengaños, de unos testimonios increíbles y también de sus muchas dudas. Cuesta mucho creer que Cristo claramente muerto en una cruz, acabe siendo ahora nuestro Señor resucitado.