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Memorias de un Psiquiatra por Santiago Héctor Valdés - muestra HTML

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ISSN: 0328-0446

Electroneurobiología vol. 14 (2), pp. 79-198, 2006

Memorias de un psiquíatra

por

Santiago Héctor Valdés

ex-Viceministro de Salud de la Nación, médico psiquiatra, psicólogo

Contacto / correspondence: Postmaster[-at]neurobiol.cyt.edu.ar

Electroneurobiología 2006; 14 (2), pp. 79-198; URL

<http://electroneubio.secyt.gov.ar/index2.htm>

Copyright © 2006 del autor / by the author. Este trabajo es un artículo de acceso público; su copia exacta y redistribución por cualquier medio están permitidas bajo la condición de conservar esta noticia y la referencia completa a su publicación incluyendo la URL (ver arriba). / This is an Open Access article: verbatim copying and redistribution of this article are permitted in all media for any purpose, provided this notice is preserved along with the article's full citation and URL (above).

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PRÓLOGO

Viví varios años – durante la etapa de practicante, inclusive ya

siendo médico – en los Hospitales neuropsiquiátricos de Hombres (Hospi-

cio de las Mercedes, hoy José T. Borda) y en el de Mujeres (Hospital de

Alienadas, hoy Braulio Moyano); luego fui médico del Instituto de Psico-

patología Aplicada (o de Neurosis, hoy Centro de Salud Mental Arturo

Ameghino) creado por Ramón Carrillo para dolencias psicológicas no

enajenantes ni atribuibles a factores orgánicos; y me desempeñé como

Jefe del Servicio de Neuropsiquiatría del Hospital Aeronáutico Central

otros cuantos años.

De esos distintos lugares surge este puñado de anécdotas, que

son historia viva. Distintos momentos que fueron vividos intensamente y

que hoy al recordarlos me traen una mezcla de nostalgia y angustia.

Angustia y nostalgia traducen estados anímicos que, si bien pue-

den ser semejantes, no son iguales. Divergen en lo referente a sus cau-

sas generadoras y a sus notas peculiares. La angustia la pone todo aque-

llo que hubiéramos querido distinto. En cambio, el signo característico de la nostalgia es afirmativo, en el sentido de que la nostalgia responde a

una visión de cosas o hechos precedentes más adecuada a los ideales y

sentimientos de una persona, que por lo tanto genera apego a la reali-

dad anteriormente vivida.

E l e c tr o n e u r o b io lo g í a vol. 14 (2), pp. 79-198, 2006

La alteración interna o externa (esto es, bien psicogénica o bien

exógena, y esta última corporal o social), cualquier modificación o brusca innovación que desequilibre sobre esa dimensión, realidad-disconformismo, la posición vincular del sujeto hacia sus objetos inter-

nos, produce el cuadro nostálgico, que puede ser individual o compartido

("colectivo") pero siempre se refiere a la pretensión del retorno de un mundo mental anterior, jamás desprovisto de tocantes caracteres emocionales.

Milita en todos los casos la imagen de un pasado mejor y más

acorde con un mundo estimado feliz, relacionado como dije con cosas o

hechos, personas o ideales con vigencia objetiva en cierto pasado, vivido de modo tal que su remembranza denota inevitablemente una felicidad

perdida.

Muchos me han dicho que sueñan con algún renacer de cosas pa-

sadas. Otros analizan las derivaciones prácticas de esta habitual motiva-

ción, que en muchas ocasiones obra como elemento cultural o histórico.

Otros la usan: fábricas de mitos, ficcionalizan respuestas para esa moti-

vación y las venden muy bien, tanto al gran público como, inclusive, a

numerosos intelectuales y científicos; caso interesante es el de los trabajos de desinformación académica que, refiriéndose a la física de la relatividad, aseguran que los tiempos pasados perduran y hasta los futuros

nos esperan desde siempre, invitándonos a distraernos (¡ah, ese afán de

mantenernos distraídos …!) en considerar con empeño un viajecito hacia

otros tiempos.

Sin embargo, cuando buscamos ilustrarnos observando los facto-

res de tiempo y de historia y del continuo acaecer humano, vemos que la

estructura causal del tiempo veda su mímesis y prohíbe su manipulación.

Todo intervalo es inabolible, la "creación social de realidad" no puede generar directamente nada más ni nada menos que actitudes. Así, la re-interpretación narrativa, aun en nuestra Ultrahistoria, aporta sólo lecturas alternativas, sin substituir a la causalidad eficaz que forja el tiempo: volver es imposible, cada ocasión es única, lo pasado es irreversible.

Esto no sólo suscita nostalgia y angustia. Al reavivar aquí una vez

más ese puñado de anécdotas, tan intensamente vividas cuanto vívidas

son sus remembranzas, también veo que no fueron, al fin, sueños inlo-

grados: que vivimos realidad, una realidad existencial, capaz de llenarse de optimismo, de alegría y de fe.

Quiero, homenaje modestísimo, recordar aquí a mis maestros y

compañeros – y resaltar que a pesar de las dificultades materiales lucha-

ron y algunos aun lo siguen haciendo (pienso, entre los hoy mayores, en

los inseparables amigos Diego Luis Outes, que aún está escribiendo neu-

rociencia en Salta, y Arturo Carrillo, fallecido hace un año no sin reivindicar con un hermoso libro la memoria de su hermano Ramón) para dar al

enfermo mental mayor comodidad, mejor medicina y más calor humano.