Mi libro A por Humberto R. Méndez B. - muestra HTML

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MI LIBRO A

 

(POEMARIO)

 

 

 

 

POR

 

 

 

 

HUMBERTO R. MÉNDEZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi hija Luz Teresa de la Asunción

 

Rosa en botón en llama de la aurora,

Rosa vino en ti: el mar, la risa,

La caricia del sol, que se acalora.

Mariano Lebrón Sabiñón.

 

 

Cuenta apenas ocho días

Y unas libras de carne,

Con unos ojos encendidos

Como queriendo matarme;

Tiene la piel arrugada,

Semejante a la abuela,

Y las manitas crispadas

Por atrapar una estrella;

Esos cabellos tan negros,

Como hijos del carbón,

Son hermanos de la corola

De la satinada flor;

Ese llanto que es música

De instrumentos angelicales

Arrebatan mis sentidos

A placeres mundanales.

Cuerpo y alma en una cuna,

Carne y aliento en tu ser,

Tienen placidez de luna

Por ser hija de mujer;

Que engendre una mañana

Con sangre de mi corazón,

Tú mitigas mis penas

Luz teresa de la Asunción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi hijo  Luís Rafael

 

Cuando sacude su infantil cabeza

El pensamiento que le infunde brío,

Estalla en  bendiciones mi terneza

Y digo al porvenir:¡te lo confió¡

Salome Ureña de Henríquez.

 

 

No quiero para ti pequeño

La gloria del mundo, ni la fama,

Sino que crezca sereno,

Sin envidias, odios o artimañas.

 

Quiero verte crecer como aquel niño,

Nacido en un pesebre olvidado,

Que la madre cuido con cariño

Y buey reverencio asustado.

 

Que juegue en la cuna sin cuidado,

Si que te importe el día de mañana,

Sabiendo que hoy eres querido

Por quien te tuvo en las entrañas,

¿Para que ser militar, sabio o poeta?

¿Por qué vivir para un alto anhelo?

Es sabia virtud la vida quieta,

Y es puro ideal pedir el cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Luís Rafael.

 

¡Mi musa? Es un diablillo

Con alas de ángel.

¡Ah musilla traviesa,

Que vuelo trae ¡

José Martí.

 

 

Inquieto, travieso, juguetón,

Alborota toda la casa,

Te esconde en los rincones

Para ver aquel que pasa.

Tus risas son claridades

Que dan luz a mis pesares,

Tiene la sonrisa de tu madre

Amuleto en mis soledades.

Con ese andar empinado

Como bailarín de China,

Te dispara como una saeta

Para azuzar las gallinas.

Todo el corral lo alborota

Desde que pisa el jardín,

Jugando con la pelota

O sobre la escoba rocín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi hijo Juan Osvaldo

 

 

¿Cómo Néstor?- No, como Samuel,

Recio de cuerpo y altivo de rostro,

De fiera mirada como un lebrel,

Y doblado el ánimo como un potro.

Digno infante del Cid o Roldan,

Aguardan tu nombre las epopeyas,

Que boca en boca te cantaran

A la luz de la luna o de las estrellas.

Juana de Arco el mentor del Cesar

Te darán el mundo tomando tus manos,

A nada le tema, pues no hay lucha fiera

Que tú no resista junto a tus hermanos.

¿Qué cosas he dicho de un recién nacido?

¿Por qué fragor de lucha mese tu sueño?

Porque todo es lucha, temblor y olvido,

Pero tú no temas, que Dios es tu dueño,

Dios de los Ejércitos de huestes angélicas,

Ante solo el cual doblara tu servil

Y el te librara de refriegas bélicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi hijo Humberto Rafael

 

 

¿Quién te dijo que rodando por el polvo,

Con la frente humillada, ensombrecida,

Con el animo abatid y oprimido,

Sin fuerzas para luchar, esta vencido?

¿Detiene al viento la alta cordillera,

O el árbol caído a río impetuoso,

O el hierro de la jaula, alevoso

Al ruiseñor que en ella trina?

¿Borra el sepulcro el recuerdo de la amada

O el frío Invierno detiene a Primavera?

Basta una chispa y nace la hoguera,

Es la luz que espanta las tinieblas.

¡Levántate del polvo¡ ¡emprende el vuelo¡

Echa a un lado los troncos y los hierros,

Eres hecho del polvo de una estrella,

No hoces el polvo, mira los cielos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi hija Teresa Josefina

 

 

He visto gotas de tinta,

De sangre y hasta de mí,

He visto gotas de agua

Secarse sobre el papel;

Sobre mi frente he visto

Perladas gotas de sudor,

Pero he visto que Teresa

Es una gotita de amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Teresa Josefina

 

 

Un poeta egregio del país de Francia,

Que con versos áureos alabo el amor,

Formo un ramo armónico, lleno de elegancia,

En su sinfonía en Blanco Mayor.

Rubén Darío.

 

Con traje de plata

La luna lunera

Y tu negro pelo,

Ella se hizo un velo.

Como azabache

Se colgó en el cuello

Esos ojos negros

Como dos luceros;

Y baño su cuerpo

Como con caricias,

De tus rojos labios

Toda tu sonrisa.

Y quiso la luna

Una caracola

Y ahueco tus manos

Como una ola.

Cuando veo al cielo

Una noche clara

Y miro la luna,

Contemplo tu cara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Teresa Josefina

 

Mi niña Teresa

Le pidió a la luna

Que esta le tejiera

Un manto aceituna.

Mi niña Teresa

Le pidió al lucero

Que le diseñara

Un rojo sombrero.

Mi niña Teresa

Le pidió al naranjo

Que este le prestara

Su vestido blanco.

Teresa mi niña

Le pidió al sol

Que este le hiciera

Zapatos de charol.

Vestida de blanco,

Con manto aceituna,

Charol y sombrero,

Teresa es la luna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi hija Ivet Teresa.

 

Quisiera saber como

En un cuerpo tan pequeño,

Puede caber tanta gracia

Y hasta sutiles ensueños.

También quisiera saber

Como esas manos de nieve

Pueden tener las formas

De hermosas perlas gemelas;

Y esos ojos de carbón,

Ambos hijos del infierno

Son portadores de calor,

Faro de amor eterno.

Si mencionara tu pelo

Y el torno de tu cintura

Dijera cual es la ruta

Que conduce a la hermosura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi nieta Sheilly Teresa.

 

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,

Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,

Ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Rubén Darío, Sonatina.

 

 

Tiene un rey de Levante

Un palacio de amatista,

Un rebaño de elefantes,

Y un jardín de margaritas.

 

Dicen que el rey de Francia

Tiene un palacio en Versalles,

Donde prima la elegancia

En su Corte y en sus calles;

 

Y que de Rusia el Czar

Tiene un palacio de invierno,

Donde se puede danzar,

Porque el gozo es eterno.

 

El Gran Mongol en la China

Vive en una gran riqueza,

Tiene perlas, seda fina

Y un diamante en la cabeza.

 

No envidio al Mongol o al Czar,

O de Oriente la riqueza,

Porque tengo a quien amar,

Y esa es Sheilly Teresa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Ediburga

Con motivo del día de las madres del 1980.

 

 

Vibra dentro de tu ser

Un ser que es tuyo y mió,

Engendrado al amanecer

Con las gotas del roció.

No parece ser tranquilo

Por todos sus movimiento;

El ser que es tuyo y mió

Es inquieto como el viento.

El quisiera expresarte

Lo que el siente en tu día,

Con esos arpegios suaves

De música y armonía.

Que te dijera, me encargo,

Que no te preocupe por ella,

Porque ella vendrá en agosto,

Tan puntual como una estrella.