Miradas que Matan por Judit Grau, Ariadna Bertran, Lucia Cortés - muestra HTML

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CAPÍTULO 1

En un pequeño pueblecito cerca de Niza, Francia (2012)

Viernes, 16 de marzo a las 7:58h. (Héctor) Miré el reloj nervioso. Faltaban dos minutos para las ocho de la mañana y aún quedaba camino para llegar a la oficina. Estaba muy preocupado, mi jefa era muy exigente.

Llegué a la Calle Este. Al pasar por delante de la casa número trece sentí unos ojos puestos en mí. Me giré y miré hacia las ventanas. No había nadie, pero la cortina de la segunda planta se movía ligeramente. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no sé por qué, pero me entró miedo.

Aún así, no le di importancia y seguí mi camino.

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Viernes, 16 de marzo a las 7:58h. (Emily) No podía parar de mirarlo. Cuando se giró me escondí para que no me viera. “¿Qué me pasa?”

me

preguntaba

constantemente,

“¿Estoy

enamorada?”. Mi corazón se desbordaba cada vez que lo veía.

Cada día pasaba por

mi calle para ir a

trabajar, siempre a

la misma hora y yo

siempre lo

observaba.

Me encantaba su

pelo negro y sus

intensos ojos azul

oscuro, me

encantaba su forma

de andar y su

musculoso cuerpo,

me encantaba todo

él.

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Me estaba volviendo loca, loca de amor. “Emily, esto no funcionaría” me decía a mí misma

“Olvídate de Héctor”.

Viernes, 16 de marzo a las 8:11h. (Héctor) Al llegar al trabajo uno de mis compañeros se me acercó.

-Héctor, la jefa te quiere en su despacho ahora mismo -me dijo- se la veía enfadada…

-Gracias por decírmelo…

Temblando me dirigí al despacho. Llamé a la puerta suavemente. Una voz potente me invitó a pasar. Abrí la puerta, el olor a tabaco me inundó y me impedía respirar. Después de toser disimuladamente, entré.

El despacho estaba en penumbra, tan solo una pequeña luz de mesa iluminaba los montones de 3

papeles y libros desordenados. La jefa estaba sentada detrás de la mesa, su pelo negro recogido en un moño, dejaba ver algunas canas mal teñidas y su ceño fruncido le daban un aspecto diabólico. Yo ya me temía lo peor.

-Siéntate.

La obedecí. Me miraba seriamente tras sus gafas. Yo tan solo deseaba irme de allí.

-Yo… Siento haber llegado tarde… Yo… -dije con miedo.

Su mirada fue aún más intensa y penetrante.

-Solo te llamaba para decirte que tienes un ascenso, porqué tú rendimiento durante estos últimos meses ha sido inmejorable –dijo tras una tensa pausa- Ya puedes retirarte.

Me quedé sorprendido y a la vez aliviado. Le di las gracias y me fui lo más rápido posible. Una vez fuera de su vista, empecé a saltar de alegría 4

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mientras mis compañeros de trabajo me miraban extrañados.

Viernes, 16 de marzo a las 9:32h. (Emily) Mi corazón palpitaba muy rápidamente y la cabeza empezaba a darme vueltas. Casi a ciegas, busqué mi medicación. Me tomé una de las pastillitas y esperé sentada en el suelo, mientras me iba encontrando mejor.

Empecé

a

dormirme,

pero

ya

estaba

acostumbrada al efecto tranquilizante de las pastillas. ¿Cuánto hacia ya que las tomaba? Creo que unos tres años, desde la muerte de mis padres. Lo recordaba todo perfectamente…

“Era un soleado día de finales de agosto. Debía tener unos quince años. Volvía a casa después de un fantástico día en la piscina con mis amigas.

Me despedí de ellas y me dirigí a la puerta. Al 5

llegar llamé pero nadie respondió. La puerta estaba un poco abierta y entré. Grité el nombre de mis padres pero nadie respondió.

Al llegar a la cocina vi con horror los cadáveres inmóviles de mis padres. No entendía nada.

Tenía miedo, tristeza, terror, todo oprimiendo-me el corazón. Empecé a gritar, a gritar muy fuerte, cómo nunca antes lo había hecho.

Poco tiempo después ya estaba rodeada de vecinos, y los cuerpos de mis padres iban dentro de una ambulancia. Pero yo ya sabía que estaban muertos.

Nunca se supo la causa de la muerte. Los médicos no lo sabían, “por causas extrañas, si fuese posible podríamos decir paranormales”

dijeron.

Al ser menor y huérfana me querían llevar a un orfanato. Yo no tenía la menor intención de ir y me escapé antes de que pudieran cogerme.

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Viví varios días vagando por las calles de otros pueblos. Cuando estuve segura de que dejaron de buscarme regresé a mi casa. No tuve problemas porque nadie se quería acercar desde la muerte de mis padres y mi “desaparición” la gente creía que la casa estaba maldita.

Todas las noches salía, y aún salgo, a robar comida para sobrevivir procurando que no me vieran.

Y así pasaron los años…”

Viernes, 30 de marzo a las 19:08h. (Héctor) Habían pasado dos semanas desde el ascenso.

Después de un agradable día de trabajo, al llegar a casa mi padre me dio una gran noticia.

-¡Bienvenido Héctor!- exclamó sonriendo.

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-¿A qué se debe tanta alegría?- Pregunté sorprendido.

-¿Te acuerdas de las pérdidas de dinero y de tiempo que dedicaba tu padre a comprar lotería?- dijo mi madre, asomando la cabeza desde el comedor.

-¡Pues hemos ganado el gordo!- gritó mi padre con mucha emoción.

-¿Me estáis tomando el pelo?

-¡Claro que no! Si quieres compruébalo tú mismo -dijo mi madre.

-Déjalo, te creo, te creo.

-Y con el dinero… Te hemos comprado un gran regalo

de

cumpleaños-

dijo

mi

padre

misteriosamente.

-¿En serio? ¿Y qué es? Decídmelo...- imploré yo.

-No lo sabrás hasta mañana, el día de tu cumpleaños- dijeron con una enorme sonrisa.

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CAPÍTULO 2

Sábado, 31 de marzo a las 11:49h. (Héctor) Me desperté entre nervioso y emocionado, fui corriendo hacia las escaleras. Llegué a la cocina.

Antes de entrar sentí el olor a las deliciosas crepes de mi madre. Al entrar mis padres exclamaron:

-¡Felicidades veinteañero!

Me dio un poco de vergüenza. “Ya soy muy mayor para que me traten así” pensé, aunque en el fondo me gustaba. Me senté en la silla y empecé a comer. Estaba riquísimo.

-Gracias, está todo muy bueno. ¿Y la sorpresa esa…?- pregunté algo impaciente.

-Tendrás

que

esperar-

dijo

mi

madre

impacientándome aún más.

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Puse una cara triste para sacarles la información.

-Bueno, ven- al fin cedieron.

Me llevaron hasta la calle y me dijeron que mirase hacia la derecha. Y allí estaba. Un precioso coche rojo brillante aparcado. Mi padre me dio las llaves.

No me lo podía creer de la emoción. Les di las gracias emocionado.

-¿Puedo dar una vuelta?

-No, recuerda que tenemos la comida familiar a las dos, ya lo estrenarás después.- me dijo mi padre.

-Por la noche podrías quedar con tus amigos, si quieres…

-No creo… No me apetece demasiado. A demás tengo mucho trabajo ahora que me han ascendido –dije.

-Como quieras.

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Fui al piso de arriba otra vez. Me había encantado el regalo, tenía muchísimas ganas de enseñárselo a mis amigos, pero hoy no me apetecía.

Me di una ducha rápida y empecé a vestirme.

Me decidí por una camisa azul y unos tejanos oscuros. Baje las escaleras y me sorprendí al ver que ya habían llegado mis tíos y mis primos, solo faltaba mi hermana.

Incómodos minutos después, llenos de besos en las mejillas y felicitaciones, llamaron a la puerta.

Eran mi hermana y una amiga suya que no conocía.

La amiga era alta y delgada, los rizos pelirrojos le caían por sobre los hombros y contrastaban perfectamente con sus enormes ojos verdes.

Tenía pequeñas pecas por las mejillas y por la nariz. Su piel era clara y delicada. Tenía el cuerpo de una modelo…

-Hola -dijeron a la vez mi hermana Maya y su amiga.

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-Bueno, yo ya me voy -dijo la chica.

-Gracias por acompañarme a casa- le dijo mi hermana sonriente.

-¿Cómo? ¡Pero quédate, mujer! Si hay comida de sobra -le dijo mi madre entusiasmada y sin vergüenza por su rara ofrenda delante de la desconocida. Creo que su atrevimiento y su alegría se debían, ante todo, a su sangre italiana, heredada de su padre- es el cumpleaños de mi hijo y seguro que estará encantado de tenerte entre los invitados- la última frase la dijo dirigiéndose a mí y guiñando un ojo, me puse rojo cómo un tomate, porqué en el fondo, mi madre tenía razón.

-¿Seguro? ¿No será mucha molestia…? –

respondió ella con vergüenza.

-Sí, si quédate -dije yo, impresionado por la belleza de la chica.

Mi hermana también apoyó mi decisión, al final la chica cedió y se dirigieron juntas a la mesa.

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Antes de sentarse me dedicó una sonrisa y me felicitó. Yo un poco azorado le di las gracias bajito.

Todos empezamos a comer. La comida estaba riquísima. Sobre todo la tarta de chocolate, con la que, sin querer, me manché la cara y la chica se rió.

Al acabar, la amiga de Maya se acercó a mí. Me puse nervioso.

-Hola, me llamo Helena.

-E… encantado, yo soy Héctor.

-Ya lo sabía- dijo ella con una sonrisa.

-¿Y cómo es eso?- pregunté extrañado, no recordaba haberla visto nunca antes.

Ella se limitó a sonreír y guiñarme un ojo. Estaba confuso, pero, aunque tenía curiosidad, decidí cambiar de tema.

-¿Te lo estás pasando bien?

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-Sí, mucho. Sobre todo ahora.

Me sonrojé. ¿Estaba lanzándome indirectas?

¿Acaso yo le gustaba? Cada vez estaba más confundido. Confundido y atraído.

Durante el día seguí hablando con ella, me parecía una chica perfecta: agradable, muy graciosa y extremadamente guapa. “Pero si casi no la conozco…” Me repetía cada vez que me fijaba en sus labios, cuando mis ganas de besarla eran enormes…

Sábado, 31 de marzo a las 7:02h. (Emily) Otro año más sin poderlo felicitar. Sin querer, empecé a recordar cuando éramos pequeños y jugábamos juntos…

“Me estaba columpiando en una solitaria plaza, un niño se acercó a mí.

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-¿Quieres jugar conmigo? -me preguntó.

-Claro- dije sonriendo.

Él también rió y nos fuimos a hacer castillos de arena en el parque.

-¿Cómo te llamas? -

-Me llamo Emily, ¿y tú?

-Héctor. Me gusta tu nombre.

Cada día quedábamos para jugar. Hasta que al hacernos mayores, cada uno siguió su camino. Él hizo amigos y yo amigas.

Tiempo después empecé a enamorarme de él.

Aunque ya no hablábamos, sabía que los dos sentíamos algo. Y entonces el 23 de enero… Fue todo tan bonito…”

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CAPÍTULO 3

Domingo, 1 de abril a las 8:09h. (Héctor) Era domingo por la mañana, cómo no tenía que ir a trabajar, decidí ir a correr. Me vestí, bajé las escaleras y me fui.

Llevaba ya un rato corriendo por las estrechas calles de mi pueblo. El clima era muy caloroso y húmedo, como a todo Niza. Eso dificultaba el deporte. Un rato después, ya cansado, fui a tomar agua en el parque más cercano.

Con gran sorpresa, vi sorprendido que estaba Helena sentada en un banco. Al verme se acercó.

Iba vestida con un vestido corto de color rosa pálido muy bonito y con un fino cinturón verde.

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Estuvimos hablando

mucho rato. Con

cada palabra sentía

algo muy fuerte

hacia ella. Quizás

amor…

En un momento se

cruzaron nuestras

miradas, poco a

poco nos fuimos

acercando. Rocé

mis labios con los

suyos.

Fue un beso corto, pero especial… Un instante corto, pero infinito… Un momento mágico…

-¿Quieres salir conmigo? -le pregunté tras unos instantes de silencio.

Lo dije sin pensar. Al ver que no decía nada me entró miedo, mucho miedo. Ser rechazado por ella sería un golpe enorme. Sus labios se abrieron poco a poco y empezó a hablar.

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-Sí. Pero con una condición, vente a vivir conmigo.

Me quedé muy sorprendido. Me puse a pensarlo. Era una locura, y lo sabía, pero esa chica me enamoraba…

-De acuerdo- dije al fin.

Lunes, 2 de abril a las 7:46h. (Emily) Como todos los días me asomé en la ventana para verlo pasar.

Aún no se le veía. Miré el antiguo reloj de pared, ya era la hora. Me volví girar impacientemente y vi dos sombras acercándose. Cuando estuvieron cerca pude distinguir que la figura más alta era Héctor. Y luego, observé con horror que la figura de su lado era una chica.

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“¿Quién es esa que lo acompaña?” me preguntaba a mí misma, “no te precipites, quizás solo sea una amiga o incluso una hermana o prima…”.

Pero la siguiente escena que presencié me aclaró todas mis dudas y suposiciones, la chica se inclinó y lo besó en la boca, justo delante de mí. Esa chica era su novia. Me enfurecí mucho, muchísimo.

“Las pastillas… ¿Dónde están las pastillas? Las pastillas…” Estaba muy nerviosa y fuera de lugar.

Cómo no las encontraba deje de buscarlas y me dirigí otra vez hacia la ventana. La chica, que era pelirroja y muy guapa, le cogía la mano y con la otra le acariciaba la cara. Eso no podía estar pasando. Creía que iba a explotar.

Minutos después, sonó el timbre de mi casa. Era extraño, nunca sonaba. Furiosa fui a ver quién era y abrí.

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-Hola, buenos días– dijo una chica pelirroja vestida con un uniforme de Movistar.

-¡¿Qué se supone que quieres?!- dije con mucha rabia.

-Em.… Soy de una compañía telefónica y… esto…

venia a ofrecerle… -dijo asustada por mi tono de voz.

-¿Dime? – dije tranquilizándome un poco.

-Vengo a ofrecerle una oferta por si quiere pasarse a nuestra compañía telefónica… -dijo no muy convencida de mi repentino cambio de humor.

-Pasa, pasa… – dije mostrándome amable.

La chica pasó y nos sentamos en la mesa que había en el comedor. Todo estaba lleno de telarañas y polvo. La chica lo observaba con miedo y repugnancia.

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Fui un momento a

la cocina delante

de la mirada

extrañada de la

chica.

¿Por qué la había

invitado a entrar?

Yo lo sabía muy

bien.

Me recordaba

tantísimo a la

novia de él… por

su pelo pelirrojo,

su edad

parecida…

El odio invadía mi cabeza y mi corazón. El mismo que había sentido hacia unos momentos.

Sin pensar siquiera, ni saber lo que hacía, cogí un cuchillo y me lo escondí sujetándolo con las manos en la espalda.

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Sentía rabia, frustración, la sensación de no poder hacer nada frente a mi problema, ira, mucha ira…

Volví donde estaba la chica, me miró y antes de que pudiera decir nada la apuñalé en el corazón.

Me sentía mejor, mucho mejor, la seguí apuñalando, ya muerta, hasta que el suelo quedó lleno de sangre.

No me podía creer lo que había hecho, había matado a aquella chica inocente… Pero yo no había tenido control sobre mis actos… Mi ira se transformó en tristeza y rompí a llorar.

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CAPÍTULO 4

Lunes, 2 de abril a las 7:39h. (Héctor) Estaba yendo al trabajo como todos los días.

Justo antes de llegar a la Calle Este, me pareció ver a Helena. Primero pensé que era otra persona y no le di importancia pero se fue acercando y la reconocí, era ella. Entonces me sentí muy feliz, tenía tantas ganas de verla…

Vino corriendo y me dio un fuerte abrazo, seguido de un beso. Estaba más guapa que de costumbre.

-¿Qué haces aquí cariño? –le pregunté extrañado, mientras seguimos caminando cogidos de las manos.

-Venía de la peluquería y te he visto pasar. ¿Te gusta mi nuevo peinado?

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Entonces me fijé, lo llevaba un poco más corto, por un poco más arriba de los hombros, pero sin mucha diferencia de cómo lo llevaba antes.

-Me encanta, estas guapísima –le dije.

-¿Seguro?

La besé, esta vez durante más rato y más apasionadamente.

-¿Esto responde a tu pregunta?

-Sí.

Sonrió dulcemente. Entonces me di cuenta de que ella era el amor de mi vida.

-¿Me acompañas al trabajo? –pregunté emocionado.

Asintió con la cabeza y nos fuimos cogidos de la mano. Al llegar nos despedimos rápidamente y entré a la oficina.

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Al quitarme la chaqueta un pequeño papel cayó de mi bolsillo. Era una nota:

“En la playa a las siete y media, debajo de la palmera más grande. Te espero. Besos, Helena”.

Lunes, 2 de abril a las 10:27h. (Emily) Aún seguía sentada en la misma silla. Ya no podía llorar más. Recordé el cuerpo de la chica escondido, ahora, en el armario. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Quería volver a llorar, pero ya no podía.

“Pensaré en algún recuerdo bonito para sentirme mejor…” pensé. No tenía demasiados recuerdos bonitos. En seguida me vino en mente… el 23 de febrero del 2009…

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“Por ser invierno, hacía bastante calor. Salí a la calle con tan solo una chaqueta fina gris.

También llevaba unos pantalones tejanos estrechos y unos botines nuevos. El pelo negro lo llevaba recogido en una coleta perfectamente peinada.

Salía a dar una vuelta, ya que no me gustaba estar encerrada en casa. Decidí ir a buscar a alguna amiga.

De camino a casa de Lucia vi a Héctor. ¡Héctor!

Iba perfecto como siempre, con una chaqueta azul oscuro igual que sus ojos y con unos tejanos claros. Aunque con cualquier ropa estaría guapísimo.

Tuve mucha vergüenza y me escondí. Me gustaba ese chico, desde hacía mucho tiempo.

Pero no me atrevía a hablar con él. Con lo amigos que habíamos sido de pequeños…

Inmóvil y escondida en un portal, esperé a que se marchara. Pero no tuve suerte, ¿o sí la tuve?

Me vio y se acercó más para hablarme.

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-¡Hola Emily! ¿Qué haces aquí escondida?- me preguntó con su maravillosa sonrisa.

Me sonrojé muchísimo y le saludé flojito.

-¿Por qué siempre estás tan vergonzosa conmigo? Antes éramos tan amigos…

-Yo… Yo… No sé…- tartamudeé yo.

No me podía creer que se acordase de cuando jugábamos juntos. Estaba muy feliz.

-¿Sabes una cosa Emi? Te quiero –Izo una pausa y luego continuó, yo estaba paralizada- ¿Quieres ser mi novia?

No me lo podía creer. Creía que me iba a desmayar de la emoción. Era imposible…

-S-sí… claro… ¡Sí!

Él sonrió y me besó. Fue muy especial, fue lo más especial de mi vida. Eso y los siguientes meses juntos…

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Hasta que la muerte nos separó, bueno, en ese caso, hasta que la muerte de mis padres nos separó.”

Lunes, 2 de abril a las 19:20h. (Héctor) Estaba nervioso por la cita sorpresa que me había preparado Helena. Miraba impaciente el reloj. Se me había acumulado trabajo y si no lo acababa rápido llegaría tarde a la cita. Quedaban diez minutos.

“Esto aquí y… ¡Listo!” Por fin había terminado.

Fui corriendo hacia mi nuevo coche, casi sin despedirme de los compañeros.

Seguro que Helena estaría guapísima y quería estar a su altura, pero no tenía tiempo de pasar por casa.

Al llegar a la playa no encontraba la palmera más grande. Empecé a desesperarme, hasta que al 28

fin vi una muy alta cercana a la orilla, allí estaba Helena.

Fui corriendo hacia ella y la abracé.

-Hola –le dije jadeando por el cansancio.

-Hola cariño, te he echado de menos –me respondió ella, y nos besamos.

-¿Cómo te ha ido el día?

-Muy bien, ¿y a ti?

-También, tenía ganas de verte. Siento haber hecho un poco tarde.

-No pasa nada, amor.

Y nos empezamos a dar caricias, besos…

tumbados en la arena.

-Aún no has cumplido el trato –me dijo un rato después.

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“¿Que trato?” No sabía de qué hablaba. Pero enseguida me acordé, le prometí irme a vivir con ella.

-¡Si ni me has invitado a tu casa!

-¿Qué casa? Yo vivo con mis padres… –me dijo un poco avergonzada.

Me quede sorprendido, yo creía que tenía una casa propia. Entonces ¿Qué haríamos?

-Yo también vivo con mis padres, ¿cómo quieres que vivamos juntos?

-Pues compraremos una casa -dijo tan tranquila.

Aún estaba más sorprendido. Pero estaba muy contento porque esto significaba que me quería, que quería ir en serio conmigo.

No sabía que decir, yo no tenía tanto dinero.

Pero ahora que a mis padres les había tocado la lotería lo podríamos hacer, irme por fin de casa de mis padres, me encantaba la idea. Estaba muy ilusionado.

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-¡Vale, me encantaría! –le respondí y lo celebramos continuando la noche romántica en la playa hasta que amaneció.

Me desperté muy rápido, me había olvidado que tenía que ir a trabajar y casi no había dormido.

Me despedí de Helena y me marché con el coche.

Al llegar a casa mis padres se quedaron extrañados,

pero

no

tenía

tiempo

de

explicaciones, me preparé muy rápido y corriendo fui al trabajo, creo que podría llegar.

Pero de lo que estaba seguro era de que no me podría quitar a Helena de la cabeza en toda la mañana.

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CAPÍTULO 5

Sábado, 7 de abril a las 9:43h. (Héctor) Ya hacia una semana que llevaba saliendo con Helena. Me encantaba igual o más que el primer día. Sábado por la mañana me llamó, tal y cómo prometió, para ir a comprar nuestra futura vivienda.

Había costado convencer a mis padres, pero al final cedieron. Supongo que sería duro separarse ya de mí, tan solo tenía veinte años… Pero amaba tanto a Helena…

Rato después ya estábamos yendo a una inmobiliaria para ver casas. No le gustaban los pisos porque, según ella, los vecinos podían oír todo lo que hablabas.

Al llegar a la inmobiliaria, un hombre bajo y rechoncho, de pelo blanco, nos atendió. Era muy amable, nos enseñó muchas fotografías de 32

casas pero ninguna de esas era de nuestro agrado.

Ya no sabíamos que hacer, todas tenían algún inconveniente, la mayoría era el precio, todas eran carísimas.

Se notaba que el hombre quería vender, y él sabía que estaba perdiendo a dos clientes.

-¿Os interesa algún tipo de casa en concreto?-

dijo algo nervioso.

-¿Tiene algún piso que sea muy, muy barato? Y

bien situado, por favor.

El hombre se puso a pensar. Al poco rato dio un saltito de alegría.

-¡Sí! Tenemos una casa enorme en la Calle Este, y se la dejaría baratísima…

-¿En la Calle Este? Me vendría genial, queda cerca de mi trabajo. No sabía que una casa de allí estaba en venta…- dije yo.

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-Bueno, lo estaba hace tiempo… Pero no tuvo éxito, ya sabéis… leyendas urbanas…- lo dijo un poco nervioso, pero no nos inmutamos.

-¡Vayamos a verla!- dijo Helena entusiasmada.

Tardamos unos 10 minutos en llegar, ya que el pueblo era pequeño. Al llegar vi que el hombre miraba la ventana con mucho nerviosismo.

-¿Qué ocurre?- pregunté con curiosidad.

-Em.… nada, nada, que es una casa muy bonita-dijo el hombre.

-Para mí no es nada bonita. Bueno, no está mal, pero es que es tan vieja…- dijo Helena.

-Helena, la casa es muy grande y la podemos reformar, está en pleno centro de la ciudad y cerca de mi trabajo -dije con mucho entusiasmo-Vamos a verla por dentro.

Estuvimos unos minutos recorriendo la casa, estaba vieja y sucia, pero vi como Helena 34

señalaba las cosas pensando que podríamos remodelar en cada lugar. Se la veía ilusionada.

A mi esa casa me recordaba a algo, no, mejor dicho a alguien, pero no conseguía recordar a quién. Entonces vi una fotografía colgada en la pared. Había una niña sonriendo, de pelo negro y liso y de ojos azul cielo. “¡Emily! ¿Que habría sido de ella?” Pero esos pensamientos se me fueron rápido de la cabeza, no podía pensar en nada más que en Helena y nuestro futuro juntos.

-De acuerdo, en el fondo no está tan mal, compraremos la casa. Pero una cosa te digo, quiero venir cuanto antes, ¿vale? –dijo Helena al salir de la casa y guiñándome un ojo.

-Vale, vale. Entonces la compramos- dije yo muy contento.

-Perfecto- dijo aliviado el hombre- Mañana me encargaré del papeleo. Intentaré que todo esté listo para la semana que viene.

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Sábado, 7 de abril a las 12:53h. (Emily) Al fin cruzaron la puerta de mi casa y se quitaron de mi vista. “¿Qué hacían ellos aquí?” Estaba muy enfadada. No entendía nada. “¿Por qué han visitado mi casa?” Estaba fuera de lugar. “Héctor y su novia… Parecía como si quisieran comprarla…”

Empecé a arrojar objetos contra el suelo. Estaba perdiendo los nervios otra vez.

Pero no quería que pasara nada semejante a la otra vez. Tomé las pastillas a tiempo y me estiré en el suelo a pensar, ahora muy relajada.

“Si compran la casa no lo podrás soportar...

Terminarás haciendo alguna locura” Me decía a mí misma. “Pero no puedes mostrar que aquí vive alguien… Te buscarían, todo fue tan raro…

Aunque quizás debiste dejar que te llevaran a un orfanato, quizás así no estarías loca y tendrías una vida más feliz… No estarías aquí 36

encerrada…” Me quité rápido esta idea de la cabeza, mi decisión había sido la correcta, ya estaba echo, nada se podía cambiar. ¿O sí?

CAPÍTULO 6

Jueves, 13 de abril a las 2:55h. (Héctor) Ya había pasado casi una semana desde la mudanza a nuestra nueva casa. Nos habíamos apañado muy bien y ahora llegaba siempre puntualísimo al trabajo. Todo iba tan rápido…

Mis padres seguían bastante enfadados conmigo por hacer esa locura.

No podía dormir. Quería hablar con Helena pero ella ya dormía. Qué bonita estaba…

De repente, vi que una chica me estaba observando desde la puerta, creí que era Helena. ¿Pero no estaba a mi lado?

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Me giré para el otro lado de la cama, ella seguía allí, rápidamente me senté en la cama y miré la puerta, pero ya no había nadie. “Habrán sido imaginaciones mías…” pensé.

Sábado, 28 de abril a las 15:05h. (Héctor) Eran las tres de la tarde de un sábado, Helena se fue a duchar, yo me quedé en el comedor leyendo un periódico.

Ya llevaba bastantes días viviendo con Helena, pero aún se me hacía muy extraño estar sin mis padres, bueno algún día u otro iba a llegar.

Una voz me sacó de mis pensamientos, era Helena que me estaba llamando. Subí las escaleras y me encontré a Helena con una toalla recubriendo su cuerpo y todo el pelo enjabonado.

-¡No hay agua caliente!- exclamó.

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Fui a comprobar que la caldera estuviera encendida. Lo estaba, así que seguro que se había estropeado.

Llamamos al técnico de Gas Natural, con el móvil, para que la arreglara.

Media hora después llamaron a la puerta, era el hombre del Gas. Tenía el pelo oscuro y grasiento, era alto y un poco gordo, parecía un gigante.

Miraba a Helena demasiado, probablemente porque estaba en toalla. Eso me molestó muchísimo y me puse celoso, enseguida le dije que me siguiera y le indiqué donde estaba la caldera de manera no muy amable.

La sala de la caldera era grande y oscura, con el techo bastante alto y lleno de grietas, me daba escalofríos.

Después de explicarle el problema, me fui para que trabajara.

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Helena se acabó de duchar con agua fría, se puso unos pantalones cortos y una camisa muy bonita de flores. Luego fue a ver cómo le iba al técnico.

De repente gritó y vino corriendo hacia mí.

Estaba muy pálida, le pregunté varias veces que pasaba, pero no contestó. Empecé a espantarme y fui hacia donde estaba trabajando el técnico.

Lo primero que vi fue un gran charco de sangre en el suelo. Una gota de sangre cayó en mi hombro. Espantado, miré hacia el techo, allí estaba el técnico colgando, ahorcado y lleno de cuchillazos.

Aquella escena me paralizó, no sabía qué hacer, me estaba mareando y tenía ganas de vomitar.

Acto seguido, oí como Helena gritaba y corrí hacia la habitación dónde estaba. Me la encontré llorando en el suelo. La abracé. Estaba

muy espantada, yo también lo estaba.

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-Marchémonos de aquí- le susurré flojito en la oreja.

Ella asintió y, reteniendo las lágrimas y las ganas de gritar, bajamos hasta la planta baja.

Abrí la puerta de salida con impaciencia y con la mano temblorosa. No se abrió.

-Cerrada…- dije temblando y horrorizado.

Se oyeron risas de loco que venían de la planta de arriba. Helena empezó a gritar.

Busqué el móvil en mi bolsillo para llamar a alguien, pero no estaba ahí.

Acto seguido, cogí a Helena por la mano y nos escondimos en una pequeña habitación con pocos muebles. Cerré la puerta y la aseguré con una silla.

-Helena, tranquila, saldremos de aquí…

Ella no paraba de llorar.

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-¿Sabes de alguna ventana por la que podamos salir?- pregunté intentando animarla.

-N-no hay m-muchas ventanas en esta casa, hay en la t-tercera planta, pero nos m-mataríamos si s-saltáramos… -dijo entre sollozos.- B-bueno…

Ahora que lo dices… Sí que hay una ventana en el segundo.

Ahora se la veía un poco más animada. Yo también me alegré.

-Esperemos a mañana…

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CAPÍTULO 7

Domingo, 29 de abril a las 7:10h. (Héctor)

-Estoy harta… Tengo mucho miedo… Quiero salir de aquí. Voy a subir al segundo piso en busca de la ventana…

Una dulce voz me susurraba al oído. Estaba muy dormido y no me daba cuenta de nada…

Un grito. Me levanté

en seguida. Miré mi

reloj, las ocho de la

mañana, Helena ya

deberá estar

desayunando…

Entonces me quedé

pensando.

¿Desayuno? Acto

seguido lo recordé

todo. La muerte de

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aquel hombre, las risas, Helena llorando, la habitación segura… Pero, ¿y Helena?

No estaba por ningún lado. Me espanté muchísimo. “¡El sueño! Esa dulce voz… Era ella”

Entonces lo comprendí todo. Sin pensármelo eche a correr al segundo piso. Me dolía todo de dormir en el suelo…

Recorrí todas las habitaciones del segundo piso.

Llegué a una parecida a un dormitorio antiguo.

¡Tenía una ventana! Y también tenía… Un cadáver en el suelo y un cuchillo…

Lunes, 30 de abril a las 18:19h. (Héctor) Estaba muy triste por la muerte de Helena, no me podía creer que no estuviera conmigo.

Llevaba toda la noche y día llorando sin parar.

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Ahora estaba solo y tenía miedo, quizás sería el siguiente. Aún estaba el cuerpo de Helena tirado de esa habitación. No era capaz de volver, solo de recordarlo…

“Su cuerpo inmóvil y frío, envuelto de sangre y con los ojos en blanco. Mi corazón parecía que se iba a desbordar.

La abracé. Recé para que despertara, grité su nombre con todas mis fuerzas, lloré tanto…

Hasta quería morirme, pero entré en razón y me tranquilicé.”

Decidí pensar en otra cosa.

Ya era lunes… “En el trabajo me echarán de menos y quizás vendrán a rescatarme” pensé ilusionado. Había intentado abrir la puerta unas veces más, pero no podía.

Me encontraba muy mal. Todo daba vueltas, me senté en un sillón, ya que casi no me podía sostener de pie. Tantos días sin dormir y de tanto llorar…

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Entonces, sentí un mal olor. Mi olfato me llevaba al tercer piso, desde las risas provenientes de allí, aún no me había atrevido a subir. Al fin la curiosidad me venció y subí.

El mal olor venía de un despacho del piso de arriba en el que nunca había entrado.

Era un despacho pequeño, tan solo tenía un escritorio y dos estanterías. Entonces, me fijé bien y vi que había un pequeño armario incrustado a la pared. Era cómo una puerta muy pequeña. Había moscas cerca de ella.

Antes de intentar abrirla me di cuenta de que en el despacho había un objeto encima del escritorio… ¡Un teléfono! Me puse contentísimo, estaba salvado. Marqué el número de mis padres y esperé.

En vez de oír el “pip” de espera, se oían sonidos extraños, cómo de interferencias. Entre ellos distinguí una voz de hombre que decía cosas incomprensibles con una voz tenebrosa. “Tal vez 46

he marcado mal el numero, deben ser extranjeros, porque no entiendo nada” pensé.

Y, en ese momento, me di cuenta, con horror, de que el teléfono tenía el cable cortado.

Me espanté muchísimo. “¿La casa está encantada o qué?” No entendía nada. No sabía qué hacer.

Al fin, decidí abrir la puertecita por ver si a través de ella podía salir de ese lugar. Con sorpresa, me di cuenta de que era un pasadizo.

Entré, todo estaba muy oscuro. Tenía que pasar a cuatro patas. No veía nada, entonces me di cuenta de qué estaba pisando algo. Lo toqué y me di cuenta de que era el cadáver de una persona. Y me desmayé.

Y lo que no sabía era que alguien me seguía.

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CAPÍTULO 8

Lunes, 30 de abril a las 23:02h. (Héctor) Empecé a despertarme, aunque me dolía mucho la cabeza. Al abrir los ojos me di cuenta de que estaba en la misma casa pero en alguna habitación que nunca había estado.

Intenté recordar lo que había pasado antes de que me desmayase. Recordaba que no encontraba el móvil, que no podía salir, que no podía llamar, todas las muertes... No quise recordar nada más.

“¿Pero dónde estoy ahora?”. Todo en aquella habitación estaba muy sucio y desordenado, había una cama en un lado y varios objetos desordenados en el otro, una pequeña ventana redonda iluminaba la sala.

Hice un esfuerzo para recordar cómo había llegado allí. Abrí la puertecita que había 48

descubierto para intentar salir. Y entonces… el cadáver.

Estaba aterrado. Me empezaron a venir imágenes a la cabeza. Me estaba volviendo loco.

Entonces oí unos pasos que se acercaban a mí.

Era una chica, en la primera impresión pensé

“¡Helena!” pero en seguida me corregí “Helena está muerta…”, me costaba tanto asumirlo.

La silueta se acercó más. Un rayo de luz proveniente de la ventana alumbró sus facciones delgadas y finas, y sus ojos azules, casi blancos…

-¿Emily? –dije sorprendido y aterrado al reconocerla.

-Hola Héctor, veo que te acuerdas de mí –dijo con una voz un poco triste.

-¿Qué está pasando? ¿Dónde estamos? ¿Qué me vas a hacer? ¿Por qué estás viva? –le pregunté espantado.

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-Tranquilo, no te voy a hacer nada. Estamos en una habitación secreta de mi casa. Te he encontrado desmayado y te he traído aquí.

-¿Has estado aquí durante todos estos años? –

exclamé sorprendido al asimilar su información.

-Sí, lo tuve que hacer. Si no me hubieran encerrado.

-¿Y yo qué hago aquí?

-Lo siento mucho Héctor, yo no quería que todo esto pasara así. Yo solo quería decirte que… yo…

-¿Qué? –dije nervioso.

-¡Que te quiero!

-¿Cómo?

Me había quedado muy sorprendido, esto era demasiado para mí, la muerte de Helena, la reaparición de Emily… me estaba a punto de volver a desmayar.

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-Entonces… ¡Tú has matado a Helena! ¡Ahora todo tiene sentido! -dije con rabia.- ¡Tú lo has hecho todo! ¡Estás loca!

Estaba enfurecido, cogí un cuchillo que estaba en el suelo para matarla, pero no pude. Porque en el fondo la quería. Nos miramos fijamente.

Tenía miedo y desconcierto, creía estar solo y ahora verla a ella…

Al fin, la abracé y los dos empezamos a llorar.

-Oh, Emily, ¿pero por qué has hecho esto? ¿Por qué? –le dije entre sollozos.

-Yo no he matado a Helena... No lo he hecho… –

me respondió llorando.- Yo m-maté a una chica hace u-unos días… Y-y no quería… Yo… Las pastillas… Yo…

No sabía si creérmela. Ella siempre había sido una buena persona y nunca mentía. Confié en ella.

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-¿Y las risas? ¿Y el teléfono? Todo eso… ¿Cómo se explica?

-No lo sé… Hacía tiempo que pasaban cosas raras, por eso me refugié en esta habitación…

Tengo miedo.

La miré a la cara. Decía la verdad. Sus ojos azul claro parecían de cristal, su largo pelo negro estaba despeinado. Era tan pequeña, tan delgada, delicada… Su aspecto me daba mucha pena. ¿Cómo había podido pasar tanto tiempo allí encerrada? Sin pensarlo, la besé. Ella se sonrojó, pero no paró de temblar en mis brazos.

-Pero… si tú no has matado a Helena… ¿Quién ha sido?

Y, de repente, se oyeron ruidos de movimientos arrastrándose por el pequeño pasadizo…

FIN

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