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Mujeres enganchadas a los hombres por Candice E. - muestra HTML

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MUJERES

ENGANCHADAS

A LOS HOMBRES

Candice Evanson

1

Agradecimientos:

Mi mayor agradecimiento a mi marido y a su familia. Sin ellos no

habría conseguido escribir.

Quiero agradecer también a todas aquellas personas a las que les

ha ayudado cada novela, y me han escrito para contarme su

experiencia.

Gracias a todos vosotros por vuestra lectura. Y a la gente que

sufre mucho de amor. Espero poner mi granito de arena para que

eso pueda solventarse sin ningún dolor.

2

Capitulo 1

Me miro los pies desnudos, porque soy incapaz de mirarme en el espejo la cara después

de lo que he hecho. Me pregunto qué expresión debo tener.

Seguro que alguna extraña, de eso no me cabe duda.

Acabo de acostarme con un hombre al que no amo. Pero eso no es lo que más me

sorprende.

Lo sorprendente es que ni siquiera le conozco, y sin embargo no paro de preguntarme

por qué ha ocurrido.

Ayer me pareció una buena idea. Con esa ensordecedora música y la gente

bailando…riendo alrededor.

Todo ese ambiente con las copas de caipiriña por doquier y la sensación de que todo era

válido, en aquellos instantes hacían parecer que era una idea estupenda.

Sin embargo todo ese glamur ha desaparecido esta mañana y tengo a mi lado a un

desconocido que ronca, con un olor muy suyo que no logro identificar, mezclado con un

perfume de hombre, en una habitación nada acogedora.

Llevo siete meses sola desde que corté con Andrés, y empezaba a olvidar lo que se

sentía con el contacto de otro ser humano.

Aunque esta noche, he echado en falta ese estado de complicidad y comunión con el

ardiente deseo que lo envuelve todo… porque sabes bien quién eres cuando estas con tu

pareja. Sabes que percibe tu esencia, al igual que tú la suya. Te reflejas en él.

Sin embargo hoy solo he percibido un cuerpo, con no sé quién.

3

No soy de satisfacción fácil, con lo que yo siempre suelo quedarme a dos velas; lo que

significa que todavía más tonto ha sido este encuentro.

Está claro que cometí un grave error y solo deseo marcharme a toda prisa. Quiero irme a

mi casa para volver a ver algo de mí.

Necesito que lo sórdido de esta noche desaparezca cuanto antes para que pueda pasar

página; pero mientras no salga de este embrollo esto va a ser imposible.

Este tipo tiene mi nombre, dirección y mi número de teléfono, de eso me acuerdo bien.

Sacó su móvil y apuntó mis datos, por lo que no puedo esfumarme así por las buenas,

aunque nada me gustaría más.

Sé que he compartido con él algo que toda mi vida he guardado como inaccesible.

Algo que ha sido imposible conseguir para cualquier ser humano por el que no sintiera

un amor absoluto, y eso distaba mucho de lo que estaba sintiendo por el tal Sebas en

esos momentos.

Porque si no recuerdo mal, era así como me dijo que se llamaba. “Sebas”.

¿O era Sergio? Uf. Me parece increíble no poder recordar su nombre. Realmente

inconcebible.

No creo que bebiera tanto como para olvidar el nombre del hombre al que me ligué.

Así que creo que simplemente no debí prestarle demasiada atención, lo que lo hace más

grave todavía. Pasé olímpicamente del tipo este y me lo llevé al huerto.

Decido escaparme como una cobarde y me visto sin hacer el menor ruido, pero al

parecer este hombre tiene el sueño más ligero que la caída de una pluma.

Veo que se gira hacia mí y me mira. Vaya me ha pillado intentando escabullirme.

4

- ¿cómo estás? ¿qué tal te fue anoche? – me pregunta mientras me alarmo ante

una pregunta que solo había oído mencionar en las películas.

No puedo decirle la verdad. Y esa verdad es que al no sentir amor por él, tampoco sentí

esa desgarradora pasión que me caracteriza, por lo tanto me dio la sensación de estar

teniendo una sesión con uno de mis vibradores, solo que sin un final feliz.

- Ah, bueno, bien, gracias – tengo que mentirle.

- ¿sólo bien? – insiste poniéndome en un compromiso.

- Creo que no estás tratando con la persona adecuada para hablarte de estos temas.

Yo siempre he tenido parejas de larga duración. Tú serás el experto en esto.

- Eso no es excusa. ¿te gustó o no?

- Que sí te he dicho – me pongo nerviosa ante su maldita insistencia.

- Te vi distante, a ratos muy lejos. Como si no quisieras estar allí conmigo.

- Escucha, yo no soy de ese tipo de mujeres fogosas del mundo de la noche. Te

parecerá una cursilada, pero lo que más puede encenderme es el amor. Y dudo

que tú me quieras. ¿Me equivoco?

- Pero vamos a ver – me dice alzando la voz – si no te gustaba el sexo ocasional,

para que te metiste en ello. Yo no te obligué.

- Lo sé. Y no te estoy echando la culpa de nada. Solo me doy cuenta de que es

algo demasiado sagrado para mí como para ir regalándolo por el mundo, eso es

todo. Pero tú eres el primero con quien hago una cosa así por si te sirve de

consuelo. Nunca lo había hecho con nadie fuera de una relación y eso me

abruma. Es otro mundo para mí. Ya sé que para ti es lo más normal que existe

pero para mí no lo es en absoluto y las cosas que le dan un giro de ciento

ochenta grados a mi vida tienen que tener un tiempo para ser asumidas.

5

No tengo ninguna intención de decirle que no pienso asumir ningún giro de ciento

ochenta grados como este.

Más bien quiero olvidarlo lo antes posible y ya está, y cuanto menos tarde en

desaparecer de este escenario, antes pasará todo.

Se me hace raro irme sin pensar la palabra: te quiero, o te echare de menos.

Más bien mis palabras son: - madre mía, espero no volver a verte.

Y encima lo peor de todo, es que no le he hecho pasar ningún buen rato a este pobre

desgraciado haciéndole sentir culpable; haciéndome pasar por una monja corrompida

por sus fauces.

Por lo menos me podría haberme callado la verdad, pero como siempre, la verborrea

puede conmigo.

No sé por qué tengo que acabar diciendo todo lo que pienso. Eso no es lo que hace la

gente, eso es lo que hacen los niños y yo creo que con veintiocho añitos ya no estoy

para esa incontinencia verbal.

No me atrevo a mencionar su nombre porque no estoy segura de cuál de los dos que

tengo en mente es, así que evito a toda costa soltárselo en la conversación.

- Vaya palabrería de culturilla que me llevas encima niña. Parece que te hayan

sacado de una enciclopedia con patas. A mí no me hables de esa manera que yo

soy muy simple. Anoche te vi mas lanzada… ahora pareces otra.

6

Presiento que está sorprendido. Es como si estuviera observando que me he convertido

en el Golum del Señor de los anillos y ahora tuviera la otra doble versión de mí ante sus

narices.

Creo que las caipiriñas me afectaron más de lo que pensaba, aunque no noto resaca

alguna. Eso es lo extraño.

- En fin ¿y ahora que piensas hacer? ¿marcharte y ya está? – pregunta expectante.

- No entiendo que quieres decir con marcharme y ya está.

- Que si vas a llamarme o a dejar que te llame. O bien aquí acabó todo.

Su pregunta me deja congelada. No me la esperaba. Creí que los acontecimientos

hablarían por sí mismos, no que sería tan directo.

Yo tendré verborrea, pero él tampoco se queda corto…así que si jugamos al juego de las

verdades, vamos allá. ¿Por qué no? Total… ¿qué puedo perder? ¿El ligue de una noche?

Bien.

- Si me llamas te responderé. No soy una maleducada. Pero si tu pregunta es si

quiero volver a acostarme contigo la respuesta es NO.

Parece que no se esperaba esa directa mía por esta expresión con la boca abierta que

mantiene, con su cara y su mirada clavada en mis ojos.

Estoy segura de que no le ha gustado nada de nada.

Pues que no hubiera preguntado, si no estaba preparado para escuchar…

Espero impacientemente su respuesta, con la esperanza de que no se ponga demasiado

chungo por sentirse ofendido personalmente.

7

- Vístete niña, que tengo prisa. Te llamo en unos días para saber cómo te va – me

dice apartando su rostro del mío con rabia y un fuerte tono asertivo.

No sé si realmente tiene prisa porque tiene un compromiso, o tiene prisa para que

desaparezca de su vista. Sea como sea se agradece. Solo quiero irme a mi casa cuanto

antes a pensar, reflexionar y finalmente olvidar.

Al fin llego a casa y abro desesperadamente la puerta de la entrada de mi piso, para

prepararme una tila con miel. Una tila bien caliente, que me deje sentir la calidez de la

vida normal otra vez y de paso me tranquilice un poco..

No soy una remilgada amargada que se niegue a vivir aventuras. A lo que me niego es a

entregarme sin sentido. Pensando de una manera y actuando de otra.

Sabiendo que no siento nada, que solo utilizo un cuerpo y que soy utilizada… pero

parece ser que más de medio mundo funciona así, y nadie le da la más mínima

importancia.

Por lo tanto me pregunto porque se la daré yo… ¡A ver si nací disfuncional!

¿Por qué no pude pasármelo bien anoche y ser feliz sin más? No. Eso es imposible para

mí. Yo he de ser una rebuscada en todo.

Ahora tengo que aguantar este extraño y condenado vacio que me hace sentir sola. Mas

sola que cuando no me acostaba con nadie; porque eso significa que estoy desesperada y

que me lanzo sobre el primero que pillo sin saber ni quién es. Sin importarme ni tan

siquiera su maldito nombre.

Ahora los dedos de mis manos cuentan cuatro, no tres hombres como siempre.

8

Este es el cuarto hombre con el que me acuesto en toda mi vida y no sé qué nombre

ponerle. Creo que le pondré Pepito.

Así me acordaré de Pepito Grillo de Pinocho cada vez que intente hacer una idiotez

semejante apelando a mi conciencia y me lo pensaré dos veces.

Mi teléfono suena y salgo de mi trance. Voy a ver quién será. Seguro que se trata del

primo Julio o tal vez de Cecilia. No se… a estas horas de la mañana, y en sábado puede

ser cualquiera.

Cojo el móvil…veo que pone: Oscar.

No recuerdo tener ningún contacto con ese nombre. Pero pregunto quién es.

- ¿Qué? ¿Ya se te ha pasado el dolor de conciencia? ¿O sigues comiéndote la olla?

¡Increíble!. No me lo puedo creer. Es él. El tío de anoche que resulta llamarse Oscar. Ya

sabía yo que llevaba una S…No recuerdo haber apuntado su número en mi móvil.

¿Cómo sabe que me estoy comiendo la cabeza con eso? ¿Acaso es vidente o qué?

Algo impertinente si me parece. Le veo un poco sobrado y eso me molesta. La verdad es

que cada segundo me molesta más.

Voy a responderle como bien le he dicho antes. Pero no con mucha amabilidad. Me

molesta gusta su tono.

- ¿vas de listo? – le pregunto.

- Si fuera de listo no me hubiera molestado en llamarte.

- No sé. Tal vez te sientas ofendido o algo. Pero ya te he dicho que no tiene que

ver contigo. Se trata de mi manera de ser. No soy una mujer ocasional, y me

equivoqué actuando como tal, eso es todo.

9

- ¿Quién te ha dicho como me siento o dejo de sentirme? Te llamo porque yo

tampoco soy un tío de esos que van acostándose con mujeres y desapareciendo

al día siguiente.

- No tienes porque hacer nada de verdad. No te preocupes, está bien así.

Olvidémoslo.

- ¿Por qué deberíamos olvidarlo? Quiero conocerte. No te estoy diciendo que

volvamos a acostarnos. Pero al menos podríamos mantener algún tipo de

contacto. Yo no soy un bárbaro ¿entiendes? Tengo mi punto sensible, y tampoco

me gusta que me dejen tirado así por las buenas.

- Entiendo… Perdona. No había pensado en ti, tienes razón en eso. Solo estaba

pensando en mí y en que tú simplemente estabas allí para pasar un buen rato y

nada más. En ningún momento me he imaginado que tuvieras interés alguno en

mantener algún tipo de contacto.

- Ya, pues te has equivocado. ¡No puedes juzgar a los hombres, meterlos en un

bote decidiendo que son todos iguales, luego cerrarlos con un tapón y ponerles

una etiqueta de “Neandertales”!

- Es que ninguno decís que no. Todos estáis tan dispuestos a pasar una noche con

cualquiera que… ¿Qué quieres que piense?

- ¡Ey, ey; para el carro! Yo soy bastante selectivo. No te equivoques niña.

- Selectivo serás a la hora de elegir un cuerpo, no una mente.

- ¿Y eso a qué viene? ¿te las das de guapa?

- Tú dirás. Dudo que me hayas elegido por mi increíble personalidad. Lo único

que hacemos es discutir.

- Pues dime monada… ¿y tu…por qué demonios me has elegido a mi?

10

Ahí me deja parapléjica. ¿Qué le digo? La verdad es que lo elegí a él simplemente

porque estaba allí. Podría ser que me hubiera atraído. ¿Por qué otra razón?

Con la música tan alta, apenas podía oír lo que me decía, y luego cuando salimos… no

sé que más me pudo decir, no lo recuerdo. Iba algo entonada.

¡A ver si me pusieron algo en la bebida! Sería un buen comodín para la actuación de

anoche, pero creo que no caerá esa breva. La inconsciencia fue cosa mía y solo mía…

Y ahora no sé qué se hace en estos casos. ¿Una se va y lo deja en el olvido? ¿Se

mantiene una amistad viva? ¿Se continua con estas historias? No sé qué hace la gente

cuando esto ocurre.

Me imaginaba que simplemente se esfumaría y ya está. Además, antes me ha dicho que

me llamaría otro día, no al cabo de veinticinco minutos.

Espero que no sea un acosador de esos chiflados que se obsesionan con alguien para

toda la vida.

Me estoy poniendo paranoica y me está entrando un miedo absurdo en base a nada.

Esto me pasa por ver tantas películas de terror, que luego acabo creyéndomelas.

Ya ni puedo ir sola por la calle de noche, esperando en cada esquina a Jack o a Jason en

busca de su presa.

Dejaré de ver la tele. Comedias y nada más, lo prometo, pero suplico por favor que este

hombre no esté como un cencerro.

Tengo fobia al victimismo. No puedo ser víctima de nadie; por eso no suelo arriesgar mi

culo de esta manera nunca. Pero ayer sinceramente, no sé qué me pasó. Mejor pararle

los pies…

11

- Acabo de llegar a mi casa. ¿Podemos hablar de estas cosas en otro momento si

no te importa? Estoy muy cansada.

- Si, tranquila. Te vi algo alterada y quería saber si todo iba bien, nada más. No

tengo más intención que la de que te sientas bien. Eso es todo.

- Bueno; estoy perfectamente gracias. Deja de preocuparte. Estamos en contacto.

Que pases un buen día.

Le cuelgo el teléfono y suspiro profundamente. ¿Estamos en contacto? Por qué habré

dicho esto. Espero a que no se lo tome al pie de la letra.

Aunque no parece un mal tipo al fin y al cabo.

Se siente mal porque ha visto mi violento comportamiento de culpabilidad. Eso es todo.

De momento me da la impresión de que simplemente quiere saber si estoy bien.

Al menos ya no me da la sensación por ese tono de voz tan tranquilo y sus últimas

palabras de que pretenda nada raro.

Voy a olvidarme finalmente del tema o me volveré loca dándole vueltas.

Lo hecho, hecho está, y nada puedo hacer por cambiarlo.

Pienso en cómo han sido mis relaciones de pareja y no entiendo cómo funcionan los

demás. Ni sé si creer ya en esas películas románticas de Hollywood. Bastante tiempo he

ido tras esos absurdos sueños…

A mí no me funcionan esas cosas; y la verdad, no entiendo porqué.

A Yolanda tampoco le funcionan, y me imagino que eso ha creado unos fuertes lazos de

amistad y complicidad entre nosotras.

12

El primer novio que tuve me creó una fuerte ansiedad, ya que fue el primero y todo era

nuevo para mí, y como todo lo nuevo, me impacta y a veces no tengo tiempo de

asumirlo.

Vivía lejos de mi Mallorca, por lo que fue una relación a distancia que duró dos años, en

los que apenas pudimos viajar porque éramos muy jóvenes y no teníamos dinero para

coger el avión a la península.

Casi no recuerdo nada de todo eso. Los nervios me nublaban la mente, y era incapaz de

sentir, más bien vivía en un completo sueño.

Pero ese sueño se desvaneció rápido, porque ese chico cada vez se fue alejando más y

más de mí. Escribiendo menos, mientras la espera de sus llamadas se hacían eternas.

Después le dejé enlazando con el siguiente hombre.

Claro que ese primer chico me suplicó que no le dejara, porque había puesto mucha

energía en él, pero ya era tarde. Yo ya estaba agotada de tanto esperar.

Hizo un millón de peripecias para volver, pero ya era imposible. Una vez tomada la

decisión, era absolutamente imposible.

El nuevo era enigmático y misterioso, todo un terreno por descubrir.

Mi fallo fue que mi única condición era que no me hiciera esperar más lo de otro

hombre que me llamara. No podría soportarlo.

Pero eso no es lo único que debería constituir la base de una relación. Aunque sí algo

muy importante.

Sin darme cuenta estuve con él hasta hace dos años; y fue algo tremendo. Una relación

tormentosa, en la cual le seguí el rollo hasta el final.

Nadie de mi familia ni amigos vieron muestras de afecto alguno entre nosotros, todavía

no lo entiendo.

13

Si alguien me ve abrazada, o que me cogen de la mano… ¡incluso que me besan! Van a

flipar.

Todos creen que soy arisca y nada cariñosa, pero no es verdad. No era yo, lo prometo,

era él el rarito.

Una vez íbamos por la calle y de pronto no pude más. Caminaba delante de mí, y corrí a

colocarme a su nivel de trote para cogerle de la mano, y para mi sorpresa me la apartó.

Casi me muero del disgusto. Juré que nunca más le cogería de la mano si él no lo hacía

primero, y nunca lo hizo.

Todos los años que estuve casada con él, porque con este si me casé, le fui totalmente

fiel. Ni un solo engaño, ni un simple besito con nadie siquiera.

El sin embargo si me engañó con otra mujer durante un tiempo. Lo negó, por supuesto.

Rotundamente. Pero yo encontré montones de pruebas; entre ellas preservativos

escondidos. Llamadas perdidas a la una de la madrugada donde yo llamé después y se

puso una mujer.

Venía bebido y se presentaba a altas horas de la noche sin avisar con cualquier pretexto

sin sentido. Y vamos, su trato conmigo era totalmente hostil.

Lo pasé francamente mal mientras duró todo aquello. Pero, estas algo enganchada a

esos años de matrimonio, y crees que es lo único que existe. Que nadie te va a querer

nunca más.

Y así poco a poco, sin un abrazo ni un solo te quiero nunca, fui viendo como pasaba el

tiempo. Una estación tras otra, y a todo te acostumbras.

14

Después quise dejarle porque era muy infeliz, y me di cuenta de que él era el motivo

principal.

Entonces me acusó de ser una morbosa infiel, mientras él había sido un marido

abnegado toda la vida. ¡Mentira!.

Luego no fue mejor. Me enganché de un hombre diez años mayor que yo que vivía en la

otra parte del mundo.

Y me fui al Sur de América para conocerle en persona, y nos instalamos en un hotel con

cocina y salón propios.

Solo estaría allí trece días y los aproveché intensamente. Fuimos muy felices.

Un sábado me dijo que ese dia lo tenía dedicado a su hija y que era pronto para que yo

la conociera, a pesar de tener veinte años y un hijo.

Salió por la mañana y llegó por la noche con un precioso ramo de flores.

¡Vaya que detalle!

Sobre las dos de la madrugada su móvil sonó.

- ¿Quién te llama a estas horas? – pregunté

- ¡Ah! Ni caso, es un amigo que es un pesado.

Seguí durmiendo sin darle más importancia. Aunque la tenía y mucha.

Poco a poco también se fue alejando de mi y meses después descubrí que la visita a su

hija no era cierta. Había otra mujer.

¡Fantástico! Cruzo medio mundo para ir a verle, le escribo unas memorias de todas las

conversaciones que hemos tenido, le regalo un anillo de oro de compromiso y esa fue su

respuesta. Asqueroso. Repulsivo. Tenía a otra pero lo descubrí mucho mas tarde.

Y encima tuvo la indecencia de decirme que no estaba enamorado de ella, sino

simplemente que ella tenía una casa y que él así no tendría que pagar alquiler. ¡Patético!

15

Y así es como terminó todo. Bloqueado en todos los medios habidos y por haber.

Simplemente me equivoqué de hombre entre los millones que había.

Siempre supe que había uno en concreto que me estaba buscando, pero no era él.

No le encontraba. Y para mi, una enganchada de las novelas románticas, era un horror

no dar con ese hallazgo.

Las preguntas eran… ¿había alguna posibilidad de encontrarnos con lo grande que era

el mundo? ¿Estaría casado? ¿Cómo le reconocería? ¿Tendría que irme con un hombre

cada día para probar suerte?

No tenía más remedio que apelar a la fe. Confiar en algo superior a mí, que me

organizase los eventos necesarios para atraerme hacia esa persona especial, que no

querría separarse de mí, tanto como yo no querría separarme de él.

Sé que eso no es fantasía. Lo presiento así. Presiento que alguien grita mi nombre:

¡Blanca! ¿Dónde estás? ¡No puedo encontrarte!

Algo eléctrico recorre mi cuerpo cuando lo pienso. Siento que es cierto en lo más

profundo de mi.

Pero con todo lo que estoy viviendo, estoy perdiendo las esperanzas.

Si viera un solo caso de amor verdadero, podría confiar en que esa voz llegaría, pero no

veo eso a mí alrededor. Solo veo llantos y roturas.

Celia acaba de empezar su relación y estoy a la expectativa porque parece muy feliz,

pero es un principio, y eso aun no cuenta.

Y bueno; también hay otro grupo que están por estar, por una tonta conveniencia, pero

no por amor. Algunos ni siquiera se soportan.

16

De todas formas algo ha cambiado en mí desde que me acosté con Oscar.

Ese juicio, esa sentencia que tenia encima de los hombres y mujeres que se relacionaban

sin ningún tipo de amor, ha desaparecido.

En cierto modo me he quitado un peso de encima. Me siento más libre al soltar todas

esas creencias sobre los buenos y los malos. Los que se dejan vender y los que no.

Ahora veo que todo el mundo actúa movido por sus propias circunstancias. Y nadie es

quien para juzgar los actos ajenos.

Lo único que veo bastante atrasado es que se acuse a una mujer de zorra por acostarse

con muchos hombres, mientras ellos si lo hacen son unos triunfadores.

Espero que cambie en la siguiente generación.

17

Capitulo 2

Ya he llegado a mi mesa. ¡Y qué mesa! Como hoy es lunes la gente está acelerada y yo

estoy colocada en medio de todo el bullicio simplemente para hacer tarjetas de

transporte, en la estación Intermodal de trenes y autobuses de Mallorca.

Esta cosa que intenta imitar a un escritorio no pega nada en medio de toda la estación,

mientras la gente corre por delante y por detrás, derecha e izquierda.

Un día voy a explotar, porque todos son como termitas a las que parece que se les va la

vida. ¡Por favor…si solo hay veinte minutos de un tren al otro, no tres días!…

¿Dónde ha quedado aquello del don´t worry be quiet?

De momento no viene nadie a tocarme las narices, y puedo seguir con mis cosas.

No voy a perder el tiempo con crucigramas, como mi compañera de turno que disfruta

de lo lindo. Yo voy a aprovechar este momento para poder hacer “el relato”, aunque con

tanto barullo es difícil concentrarse.

Tengo la creatividad en lo de escribir de un mono, porque no se me ocurre nada que

poner, pero voy a hacerlo por si acaso.

Me costó cincuenta euros la tontería, y cincuenta más que me costará después, y no es

que yo sea una crédula incauta e inocente. Es que después de lo que he visto, no pienso

arriesgarme a no tener lo que busco… “el amor verdadero”.

Y todo por culpa de Cecilia, con su ridícula pared llena de recortes. Siempre me reía de

ella con eso.

Recotaba imágenes de Google e imprimía todo aquello que deseaba; y era bastante

ambiciosa, porque decía que los deseos no tenían porque ser limitados.

18

Allí pegó un recorte sobre encontrar a un amor en plan romance peliculero, hacer un

crucero, que él le pidiera matrimonio en la playa, tener una mansión en las Islas

Baleares…y bueno, algunos detalles muy suyos.

Acudió a la bruja Saray según me dijo, y esta le mando un trabajo.

Ese trabajo consistía en escribir un relato, a ser posible un libro, con un mínimo de cien

páginas, exponiendo todos los sueños y viviéndolos como si fueran reales, igual que si

estuvieran pasando.

Después ese relato, debía serle entregado y ella se encargaba de que todo quedara

arreglado.

El tiempo de realización del deseo no era cosa suya, pero el fin sí.

Y todo era posible salvo cosas que tuvieran que ver con la salud y la vida, eso decía que

no le era pertenecido y que ella misma estaba en una fase final de una enfermedad.

Por supuesto yo no me creí ni una sola palabra de lo de mi amiga, y pensé que estaba

como una chota por gastarse cien euros y matarse a escribir paranoias, para luego

encima regalar la historia que tanto le había costado plasmar a una estafadora.

Pero cierto o no…la verdad es que funcionó. Todo lo que pidió se cumplió y yo me

quedé con dos palmos de narices.

Y fueron esos pequeños detalles como lo de casarse en la playa, o la mansión en las

Baleares lo que más me impactó.

Pensé que simplemente tenía el deber de intentarlo o jamás estaría tranquila viviendo

con la inquietud de si “hubiera o no hubiera hecho”.

Yo solo quería encontrarle a ÉL (el hombre de mi vida) nada más. Tenía ese anhelo, y

estaba casi segura de que ese hombre podría estar más perdido que yo.

19

Vaya ya se acerca un tipo y viene muy rápido hacia aquí. Voy a esconder la libreta.

- Buenos días - le digo con amabilidad mientras observo que me mira con furia.

- ¿Buenos días? Buenos días serán para usted. La máquina de los billetes se acaba

de tragar cincuenta euros.

- No se preocupe hacemos una reclamación enseguida y el consorcio de

transportes se lo devolverá en cuanto lo sepa.

- ¿Perdone? ¿Qué me acaba de decir? – me pregunta indignadísimo – que me lo

devolverán ¿Cuándo?

- No sé lo que puede tardar. Tal vez quince días más o menos. Hay varias

reclamaciones antes que la suya y también tienen que atenderlas. Pero le

llamarán enseguida que lleguen a la de usted.

- ¿Pero usted me toma por idiota? – me suelta con los brazos en jarra y bajando la

cabeza a la altura de mi silla.

- No, por supuesto que no, pero es la normativa. Yo no puedo hacer nada.

- ¡Me importa un pimiento la normativa! – me grita. – O me da ahora mismo el

bono que he comprado, o me da los cincuenta euros. Pero no me voy con las

manos vacías. Eso no pasará se lo aseguró.

- Le entiendo perfectamente. Y no le quito razón. Si yo pudiera se los devolvería

ahora mismo, pero no tengo forma de hacerlo – le respondo completamente

apurada.

- Son todos unos sinvergüenzas. Una panda de ladrones. Yo no me muevo de aquí

sin mi dinero. Y lo quiero ya.

- Un momentito por favor – le digo moviéndome a gran velocidad hacia el punto

de información.

20

Podría tocar el botón verde para avisar como me han enseñado, pero me entra el pánico

y decido salir a toda mecha en busca del guarda de seguridad para explicarle

brevemente la situación.

Mientras Jorge, que así se llama el guarda, y yo volvemos a la mesa, mi respiración es

rápida y agitada.

El hombre iracundo es grande; de unos cuarenta años, diría que tiene un aire de

vigilante de portería de una discoteca, y en un arranque de ira podría haberme arreado

una sarta de tortas con la mano plana, que me hubiera hecho alucinar por colores.

No creo que el guarda de seguridad veinteañero, con lo poquita cosa que es, puede hacer

frente a un fenómeno como este así como está la cosa en estos momentos…

Yo desde luego no me pienso meter en una pelea. No le pegaré un porrazo en la cabeza

si ataca al pobre Jorge.

¡Buena soy yo para atizar a alguien y que le empiece a chorrear el coco de sangre, para

que luego lo tengan que coser a puntos por culpa mía! Y encima desmayarme con el

olor sanguinoliento. ¡Ni hablar!

Ya sé que sería por una buena causa, pero si lo pienso bien…el hombre tiene razón. Le

han birlado un buen billete de los grandes, así por las buenas quedándose sin viajes y sin

dinero.

Bueno basta de fantasear, a ver que le dice Jorge. Lo que está claro es que se va a gestar

una gran tensión. Preferiría no presenciarlo.

El hombre me está mirando con rabia por haber traído a un guarda de seguridad. Está

claro que creía que tal vez traería a alguien del consorcio para arreglarle el tema…

21

El enclenque de mi compañero le pregunta con voz más bien chillona el motivo de su

queja y él le explica todo lo que ha pasado: que quiere su dinero.

Mi compañero le comenta lo mismo que le he dicho yo y le añade que nadie tiene culpa,

que son las normas para así poder atender a todo el mundo. Las máquinas a veces fallan.

- ¿Y para qué has venido tú a soltarme el mismo discursito que me ha soltado

ella? ¿Crees que tú vas a convencerme de algo? ¿O crees que vas a darme

miedo? – pregunta poniendo cara de asco.

- Vengo para decirle que no puede estar aquí. Que ya le llamarán para devolverle

su dinero, no se preocupe – le dice Jorge cogiéndolo del brazo para retíralo.

- ¡No me toques! – responde con agresividad el hombre – como me pongas una

mano encima te mato. Yo no voy a moverme de aquí sin mi dinero.

- Que no puede estar aquí le digo. Retírese señor – le vuelve a empujar el brazo.

El hombre arremete contra Jorge un golpe con el puño en su oído, y Jorge se pone

completamente rojo.

De repente mi compañero le coge de una forma tan veloz, que apenas soy capaz de ver

el movimiento, pero ayudado por los brazos y las piernas lo tumba contra el suelo y le

impide levantarse.

El hombre lo pasa francamente mal, y Jorge, no pone ninguna buena cara tras haber

recibido el golpe en la oreja; por lo que no está dispuesto a dejarle marchar sacándole el

pie que tiene insertado en su cuello, sin dejarle sufrir el rato suficiente mientras a él se le

pasa el dolor en el oído, puesto que veo que tiene una mano pegada en la oreja del

impacto frunciendo el ceño con verdadero sufrimiento.

22

Me quedo anonadada con lo que acabo de ver. No me lo esperaba por nada del mundo.

Un hombre más enclenque que una mosca ha dejado K.O a otro hombre que le dobla en

peso y en fuerza. Por lo visto debe ser cinturón negro de alguna arte marcial.

Madre mía, lo que son las cosas… ya no voy a mirar a mi compañero como lo he hecho

hasta ahora; nunca más.

Ha pasado de ser don Enclenque a ser don Letal, en cuestión de milésimas de

segundos…

Claro, por algo le tenían allí. Lo tendría que haber pensado, pero ¡quién iba a imaginarse

una escena como esta! ¡Eso si que tiene mucho de peliculero!

Tal vez cuando escriba, en mi narración a la bruja piruja debería añadir que el hombre

perfecto fuera un buen karateca, para que me defendiera siempre.

Aunque no se para que tengo que prevenir tanto mis futuros ataques. Nunca nadie me ha

hecho nada, pero es por culpa de las malditas películas de terror que tengo el vicio de

acabar viendo los viernes por la noche.

Parecen inofensivas, pero me repatean el inconsciente.

Tendría que decirle a Yolanda que nos apuntáramos a un grupito de esos de internet, en

los que se hacen amigos, y van por el mundo practicando diversas actividades. Pasar de

esas películas de una vez.

Quizá allí esté EL, si es que verdaderamente existe. Y si no alguien compatible por el

momento. Con eso me conformaría.

De los millones de seres humanos que somos… por lo menos haciendo un cálculo de

probabilidades tiene que haber un mínimo de quinientos, con los que podría vivir un

amor pasional. El mundo es muy grande.

23

Ahora bien; de esos quinientos, tendría que ser un amor pasional que no acabara por

huir del teléfono.

Ya no estoy tan segura de que haya ni siquiera quinientos. Creo que tengo la maldición

negra del teléfono. Me parece imposible imaginarme a alguien llamándome o

escribiéndome todos los días durante más de dos meses.

24

Capitulo 3

Como siempre estoy viendo una de esas series familiares en las que tanto me gustaría

encontrarme, pero en las que tan poco me ubico.

Estoy bastante hecha polvo, con el ánimo por los suelos.

Tengo una especie de dicotomía en mi interior en el cual sueño con la típica familia

feliz, con el marido que tanto me quiere, pero por otro lado no me creo ni una palabra de

todo eso. Me parece que nadie vive esas cosas en realidad. ¿O tal vez sí y yo no sepa

llevar las cosas?

¿Qué será lo que me ocurre? ¿Tanto me ha maltratado la vida?

Tendría que hacer caso a Yolanda cuando me dice que vaya a ver a un médico “don

arreglón” de esos que te autoanalizan y que te ponen el mundo del revés.

Tal vez sea eso lo que necesite realmente. A alguien que me gire la bola de arriba abajo

y poder dejar de ser yo de una vez por todas.

Estoy tan harta de mí…que no sé ni cómo pueden aguantarme los demás.

Siempre estoy con las mismas tonterías, para terminar llegando a las mismas

conclusiones.

Busco lo mismo para luego darme cuenta de que no es eso lo que quiero.

Y es que en realidad quiero algo, pero no sé lo qué es. A lo mejor no lo sé porque no he

tenido la oportunidad de experimentarlo aun, pero el problema es que no sé por dónde

buscar.

Mejor si dejara que las cosas pasaran por si mismas y me olvidara del tema.

25

La estación de tren donde trabajo, no me satisface en absoluto. Sé que tendría que estar

muy agradecida. Hay tantas personas que darían lo que fuera por estar en mi

lugar…pero yo no soy feliz. Y es algo inevitable.

Me pregunto si no estaré pasando por un principio de depresión.

Mi móvil suena esperando a que sea Yolanda para hablar con ella, pero en la pantalla

me aparece el nombre de: ¡Oscar! ¡Otra vez este tío!

- Buenos días princesa – me suelta con una frase hecha.

- Buenos días, dime.

- Estaba pensando en si querías tomar un café en media hora. Ya sabes que vivo

cerca, y puedo estar en un momento contigo.

Parece ser que aquello del “no quiero volver a saber nada de ti” va a ser algo que ya

pasó a la historia con este hombre.

Este “notillas”, no va a dejarme marchar así como así. Y pienso en lo de notillas, porque

no entiendo a qué hombre se le ocurre tener interés por una mujer tan borde como yo.

Tiene que ser alguna especie de colgado sin nada que hacer, porque si no, no le

encuentro el sentido.

Por más que le pregunte sus respuestas no dicen nada en realidad. Son meras frases

como: “solo quiero saber cómo estas” o “no me gusta que me dejen colgado”…pero no

me ha dicho nada lo suficientemente ingenioso como: “tienes algo extraño, sugerente,

algo que haga que quiera conocerte más profundamente”.

26

Bueno tal vez me pase viendo tantas telenovelas del sur de América que me haya vuelto

una romanticona empedernida. Pero anda que no estaría mal un piropo de esos, en vez

de los tópicos de todos los días.

No señor, no estaría nada mal…

Sin embargo el tal Oscar solo quiere saber como estoy y ya está.

- Supongo Oscar que te interesa saber como estoy y por eso quieres tomar un café

conmigo – le digo suspirando.

- A decir verdad, no. El otro día, vi que ibas a la estación, cuando de lejos te vi

llegando con una mujer muy guapa, con una sonrisa que me dejo congelado. Y

quería saber si podrías…

- ¿Me hablas de Yolanda? Serás cerdo… ¿para eso me llamas? ¡no me lo puedo

creer! ¿es que no tienes vergüenza?

- Pero bueno ¿a ti que te pasa? Tú no quieres saber nada de mí. Hasta te noto

como si me vieras como a una especie de pesado o algo parecido. ¿por qué te

pones así? Encima era una broma.

Otra de las cosas para las que no encuentro explicación. Ningún motivo para que me

comporte de esa manera.

Tenerlo que racionalizar ahora resultaba un incordio…es darle mucho a la cabeza para

llegar a alguna conclusión.

Supongo que en el fondo no me hace gracia que un hombre que se ha acostado conmigo

se fije en mi amiga. A pesar de que ese hombre me importe menos que un comino.

Sé que es una actitud rastrera y egoísta, pero por otra parte muy humana. ¿No podía

buscarse a otra persona y dejar mi vida tranquila?

27

¿Es que está atontado ese hombre o qué? Lejos de mi vida es lejos, no encima ni a un

lado. Simplemente lejos.

Hay algo que me une a Oscar, pero no soy yo. Eso seguro. Quizás sea Yolanda; le

convendría más que la relación destructiva que está llevando con su novio si lo tengo en

cuenta.

- Quería ponerte a prueba – me dice Oscar. Eres tú quién me intriga.

- Tú y tus pruebas – le respondo – te escribo luego y veremos lo que hacemos.

- De acuerdo te estaré esperando – suspira.

- Lo sé – “lapa” pienso.

El “novio” de Yolanda la está consumiendo viva.

El tal Ángel le escribe cada vez que le da la gana. Ella está pendiente, pegada al

teléfono, nada más existe y solo vive para eso: para que le escriba algún mensaje.

Lo da todo por él. Lo aguanta todo por él.

Vive sus embargos, despidos, adicciones, amarguras. Hoy sí y mañana no hacia ella.

Él es adicto a la cocaína y eso le hace hacer cosas muy poco recomendables.

Yolanda también presenció cómo intentó suicidarse rompiendo un espejo, para cortarse

luego las venas. Se lo tuvo que llevar corriendo al hospital.

La última vez fue verdaderamente peligroso todo lo que me contó Yolanda, puesto que

él le dijo que la amaba, que deseaba tener un hijo con ella.

Ella, que está loca por él, se agarró a ese momento. Nada existía salvo aquel maravilloso

momento.

Todo quedaba olvidado porque de pronto este hombre se volvía muy dulzón.

28

En la euforia del momento mantuvo relaciones sexuales para la búsqueda del hijo, pero

una noche él se levantó de la cama y dijo que tenía que marcharse, que era superior a

sus fuerzas. Que estaba harto de la vida. Y la dejó colgada en su casa.

Desapareció durante una semana y desconectó el teléfono. Ella estuvo sin tener noticias

de él. No tenía ni idea de en qué lio se habría metido esa vez. O si estaría tan siquiera

vivo.

Por suerte no se quedó embarazada, pero su alteración y sus estados de ansiedad cada

vez fueron en aumento.

Durante dos años ha estado lidiando con el teléfono para saber si tenía noticias de él o

no. Yo la estuve escuchando y consolando, mientras ella atendía a la vez mis historias

con “mi novio” que estaba a veinte mil kilómetros.

Todavía no había llegado a la conclusión de que me engañó mientras estuve con él en

América. Solo me pareció muy descortés que me dijera que no podía pasar un solo fin

de semana sin ver a su hija, ya que yo venía de tan lejos. Pero claro; no podía

desaparecer asi por las buenas. La otra hubiera sospechado.

Ahora está bloqueado en todos los sitios. No quiero tener nada que ver con él.

Yolanda y yo no salíamos del bucle. Nos decíamos que era la última vez que

aguantaríamos esos silencios, que en mi caso incluso duraban semanas, pero después el

corazón se llenaba de alegría, añoranza y entusiasmo, cuando había algún mensaje.

Entonces el dolor desaparecía, cuando mi último novio me escribía. Nada me

importaba. Solo saber de él.

29

Pero había más silencio que cualquier otra cosa. Y todo porque estaba con la otra desde

casi el principio. Tardé mucho en atar cabos pero al final se lo comenté y me lo

reconoció.

A esos silencios repentinos Yolanda y yo los bautizamos como “mutis” debido al

mutismo absurdo que se producía sin ningún sentido, después de una apasionada

conversación.

Pero en aquellos momentos de charla, no éramos conscientes de que ese mundo tan

bonito desaparecería pronto y volvería el “mutis”. Nos negábamos a creerlo.

Pensábamos siempre que sería la última vez.

¿Por qué se silencian? La conclusión es porque tienen a otra y de vez en cuando se

acuerdan de ti.

Siempre que ocurría un mutis nos mandábamos un mensaje instantáneo informándonos

mutuamente de que había habido este giro de tuerca sin sentido, y la otra le enviaba un

gran emoticono con cara de sorpresa, al ver que todo se rompe así por las buenas. Y de

esta forma estábamos mes tras mes.

No dejábamos de asombrarnos de estos cortes de mangas que nos propinaban, como

haciéndonos creer que era la última vez que tendríamos noticias suyas.

Lo curioso del caso es que al regreso, para ellos no había ocurrido nada. No había

pasado el tiempo. Te decían cosas como: “¡hola preciosa, que tal el día!”

¿Qué tal el día? Dirás la semana so bruto.

Pero como estás tan enamorada con ese subidón de adrenalina por la alegría de volver a

tener noticias. Que lo dejas pasar. Temes que vuelva a desaparecer, les sigues el juego.

El juego interminable.

30

Todo el mundo ve la penosa situación desde fuera. Yo veía la de mi amiga y mi amiga

veía la mía. Pero lo que hacíamos era darnos consejos que no sobrepasasen a lo que

nosotras mismas podíamos consentir. Pero de nada nos servían. Porque estábamos

enganchadas a esos dos.

Esta noche de viernes he quedado con ella. Me ahorraré el tener que ver una de esas

películas que en el momento me distraen del mundo, pero que después me hacen pagar

un alto precio. El de la paranoia nocturna.

Oscar al final se ha apuntado con nosotras y vamos a ver si aporta algo de animación a

nuestra rutinaria conversación sobre los “mutismos”.

Tal vez al ser un hombre nos de alguna explicación a ese enigma y descubramos el

misterio del maldito “MUTIS”.

Él ha decidido traer una botella de ron. No sé si se cree que lo del alcohol va a colar otra

vez porque yo no pienso picar.

Me bastó bautizarle con el seudónimo de “Pepito”.

Pero bueno, por lo menos ahora se ha convertido en alguien, y ha dejado de ser un

número cuatro. Ya es un alivio para mi tortuosa mente no llamarle de ese modo.

31

Capítulo 4

Parece ser que ya tocan a la puerta de mi casa me pregunto quién habrá llegado antes de

los dos. Tengo verdadera curiosidad.

Abro la puerta y veo que es Yolanda con una cara algo agria. Uf, por lo visto hoy no

trae muy buenas noticias de su “novio”. Seguro que le ha hecho alguna jugarreta gorda.

Me pregunto cuál será esta vez…

- Ahora te cuento – me dice entrando angustiada – me parece increíble. Esta sí

que no se la paso, te lo juro. Le doy el ultimátum.

Pero por supuesto que sí va a pasársela, aunque realmente creo que lo que va a contar

será una de las grandes hazañas del gran hombre.

Creo que ese ron tal vez hoy no sea tan mala idea al fin y al cabo; sobre todo para

Yolanda que es quien que trae las novedades desdichadas.

Hace mucho que no tengo nada que contar. Lo más fresco que tengo es lo de Oscar y no

voy a poder contarle a mi amiga ni media palabra porque va a estar presente.

Espero que Oscar no sea tan capullo como para ponerse a hablar sobre el tema delante

de Yolanda.

Vale, ella es mi amiga, pero hay detalles que cada cual se guarda para sí misma, y no

quiero que meta la gamba. Ya no sé de qué es capaz. ¡Es tan sincero!...

Suena el timbre de la puerta y le pido a Yolanda que abra porque yo estoy liada

haciendo palomitas en el microondas.

32

Oigo desde la cocina que se presentan, pero apenas están unos segundos porque ambos

vienen hacia mí.

Oscar quiere colocar los refrescos en la nevera y Yolanda no tiene ganas de dar

conversación alguna. Solo quiere explotar con la obsesión que le está absorbiendo la

cabeza.

Por la cara de Oscar me da la impresión de que se ha tomado como algo personal la

reacción de falta de interés de Yolanda hacia él.

Lo que sucede es que no entiende que cuando a ella le ocurre algo con su amiguete, todo

su mundo se tambalea y se le cae encima. Nada más le importa.

Pero no me preocupa, porque pronto se va a enterar. Al final a este lo vamos a

incorporar a nuestro club de lloronas de los fines de semana, seguro. Algo tendrá que

aportar el pobre digo yo.

- Es increíble, no he dormido en toda la noche – suelta ella sin ningún pudor –

¿sabes cuál es la última que ha hecho el “súper hombre”?

- ¿Cuál? – le pregunto mirando a Oscar que nos observa intentando entender algo.

- ¿Te acuerdas del finiquito del que te hablé, que le dieron hace tiempo cuando le

despidieron esa temporada en la que empezó a fallar en el trabajo? Le faltaba tan

poquito para acabar de pagar la universidad de su hijo…Y encima también era el

mismo dinero que íbamos a utilizar para desconectar unos días y marcharnos a

un hotel para pasar unas noches solos.

- Sí, claro que me acuerdo, no hablas de otra cosa todos los días. ¡De esas

vacaciones!

- ¡Pues se lo ha fumado! Todo. ¡En el casino!

- ¡No jorobes! – me espanto mientras veo como ella se enrojece de furia a cada

momento mas y mas.

33

Oscar se mantiene completamente callado. Por supuesto ha cogido el hilo de la

conversación a la perfección. Ha quedado todo más que claro, no le hacen falta

demasiadas explicaciones para comprender lo que está pasando.

- Si no os importa yo voy sirviendo tres copas de ron, que por lo visto no es un

mal momento para beber un poco – nos dice.

- Eso, tu sirve, sirve. Que yo te seguiré no te preocupes – le responde Yolanda

completamente indignada y con ganas de desconectar.

- Bueno, Yolanda, tranquila, ya verás como todo se arregla en unos días – le digo.

- No esta vez no. Aquí no acaba todo. Hay más, y necesitaré vuestra ayuda

porque he tomado una decisión y no voy a cambiarla, porque estoy harta.

Veo que Oscar me está observando habiendo entrado en un estado de total complicidad

conmigo, mientras escuchamos los estados histéricos y alterados de mi amiga, que nada

tienen que ver con la serenidad que mantenemos nosotros dos ahora mismo.

- Encima, después de haber perdido esa cantidad brutal de dinero, ya no pensó en

ganar más. Luego ya solo pensaba en recuperar lo perdido, y se desesperó por

ver como se esfumaba la universidad de su hijo y pidió un préstamo a unos

matones de no sé de dónde sacó. Y también perdió ese dinero. Le amenazaron

con romperle los brazos y las piernas si no devolvía ese dinero. Y solo pudo

llamarme a mí para que fuera a ayudarle para prestárselo.

Oscar y yo hemos enmudecido. Se levanta para servirle una copa que Yolanda se bebe

en cuestión de segundos mientras le pide otra. Cosa que nos deja pasmados.

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Y ese gesto lo repite dos veces más mientras poco a poco va balbuceando cosas tristes

sobre lo que es su mundo. Pero al rato se queda profundamente dormida en el sofá y la

tapo con una manta.

- Si que está mal pobre – dice él. – Tendría que dejar a ese tío porque no está bien

y la va a arrastrar con ella.

- Lo sé. Pero no puede. Ella está convencida de que puede pero no puede hacerlo.

Solo podría pasar si la dejara él. Pero ella… no podrá hacerlo nunca. Diría que

está en una mezcla de enamorada y enganchada. Y esa combinación explosiva

no la dejará escapar de él pase lo que pase.

- Por cierto; ¿qué pasó con tu último novio? – me pregunta Oscar.

- Bah, lo de siempre. La maldición de mi vida. No mantenía una preocupación

diaria. Se acordaba de mí de tanto en tanto, y yo eso no lo concibo como amor.

El me aseguraba que pensaba en mí todos los días. Pero lo demostraba una vez

a la semana, y no pude más y le dejé. Además que consentí demasiadas cosas.

Mi autoestima estaba por los suelos. Le veía más grande de lo que realmente es.

- Entiendo. Un gran acto de valor – me dice con su copa interminable en la mano.

- No tanto valor. Me enteré que además era un absoluto mujeriego, con lo cual eso

fue determinante para mí. Hablaba y hablaba pero todo me resulta falso ahora.

¿Y a ti que te paso con tu última novia?

- Pues me crucé con una mujer fatal. Pero fatal lo que se dice FATAL. Me lo hizo

pasar muy mal, a pesar de que se lo di todo, pero solo me utilizó y también tuve

que dejarla. Y eso si fue un verdadero acto de valor, casi imposible, pero me

estaba matando. Era como una droga, más que una relación.

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- No comprendo porque siempre nos complicamos la vida con personas que no

nos convienen, y las que sí, simplemente no nos interesan – le digo con auténtica

curiosidad.

- ¿Tienes wifi? – me pregunta.

- Si. ¿Por qué? ¿qué quieres hacer?

- Tengo el ordenador en el coche. Soy programador de videojuegos. Lo que me

permite trabajar en cualquier lugar o parte del mundo. Me pagan a través de

internet desde los EEUU.

- Vaya.. que suerte tienes. Yo no viviría aquí si pudiera trabajar desde mi casa – le

digo.

- ¿Y dónde vivirías?

- En Venecia. Sin duda.

- Estoy de acuerdo. Un lugar de ensueño. Bueno voy a por el ordenador.

Espérame, ahora vuelvo, vas a ver como lo vamos a pasar bien, tú no te muevas

de aquí.

No tengo ni idea de que pretende hacer Oscar con su ordenador. Tengo el mío, no

necesita traer el suyo si lo que quiere es buscar información en internet.

Pero bueno como ya voy algo ebria, me importa bien poco lo que quiera hacer ahora.

Que haga lo que le dé la gana, no creo que vaya a resolverme ningún problema

existencial.

A los dos minutos, llama a la puerta y al abrirle le veo con su portátil y los cables en los

brazos.

- Déjame pasar, corre – me dice como si le fuera la vida – vamos a liarla gorda.

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- ¿Y ahora qué se te ha ocurrido? ¿me lo puedes decir? La verdad es que eres un

tío alucinante. Y no lo digo en el sentido de alucinante en plan fascinante que va,

y perdona mi sinceridad, voy algo castaña, lo digo en plan de que me alucinan

todas las cosas raras que se te ocurren.

- ¿Te alucina algo como qué? – se para en seco – no necesito detalles de ningún

tipo de negatividad que albergues hacia mi.

- No, se Oscar. Esto mismo de estar aquí esta misma noche, en la velada de dos

amigas lloricas con sus problemas de amores, cuando tú eres parte importante de

la historia que nos contaríamos. Por lo tanto deberías estar en el relato, no aquí

con nosotras.

- Mira, si tanto te molestan mis intervenciones hacia ti, me largo y hasta nunca.

Ningún problema. Solamente tienes que decírmelo y tema resuelto – me dice

soltando el ordenador y lanzándome una palmada que indica largarse ipso facto.

- No me has entendido – “ningún hombre lo hace” – lo que te intento decir es que

es una escena algo peculiar nada más. No sé por qué te lo tienes que tomar todo

tan mal. Únicamente me sorprende porque son cosas que no suelo leer, ni tan

siquiera ver en las películas.

- Mira; a mi tanto rollo me marea yo solo te he preguntado: ¿te molesto o no?

- No. No me molestas, sigue con tu plan y veamos que se te ha ocurrido. Anda

bébete la copa y tranquilízate un poquitín.

Veo que el enfado se le pasa rápido. Eso también me sorprende. A mi suelen durarme

más tiempo los estados de ánimo, aunque me haya equivocado con otra persona. Si me

enfado suele ser para por lo menos media hora.

37

Me resulta difícil cambiar de estar frustrada a estar sonriente e ilusionada en cuestión de

segundos.

No quiero considerarme una tonta pero es que tengo una cuestión; estoy dudando a si

eso se debe a que es un hombre y hormonalmente funciona diferente que las mujeres, o

es porque este es peculiarmente rarito.

La verdad no me lo había preguntado hasta ahora, y creo que es por culpa de este tipo

de ron de caña que me hace percibir las cosas de forma diferente. Estoy menos dispersa

de lo normal.

- Enciende tu ordenador – me dice – yo enchufaré el mío y nos conectamos los

dos a la vez allí donde te diré. Dame la clave de tu wifi.

- W2c3Mer67kL

- Bien ya me he conectado. Ahora voy a tu ordenador a entrar en la misma página

de contactos en la que entraré yo. Y verás que divertido. Porque veo que nunca

has hecho nada así, de eso no tengo ninguna duda.

- No. Yo es que en esos sitios no me meto. Me dan mal rollo, prefiero que nos

sentemos y hablemos de otra cosa – le digo con la sensación de que esos lugares

son un nido de avispas.

Se levanta a toda velocidad y oigo que tira en el fregadero los cubitos medio fundidos

que me han quedado. Luego empieza a golpear la bolsa para que se despeguen y

seguramente meterá dos en los vasos.

¡Efectivamente!. Viene a la mesita de centro, se arrodilla y me sirve un buen vaso de

ron cargado casi hasta arriba con cola, y me lo da para que me distraiga mientras le miro

como trabaja.

38

Me doy cuenta de que me quiere calladita.

- Mira voy a crearme un perfil. Y luego tú te crearás otro. Ya verás qué es lo que

funciona y que no, en el mundo del ligoteo por internet. Una cosa está clara: si

quieres una cita no puedes crearte una foto falsa. Eso no te va a servir de nada

porque no se pueden dar encuentros en persona, como es lógico, con alguien que

no eres tu mismo. A nadie le gusta que le mientan nada más llegar. Pero lo

demás…si puedes inventártelo. Si la cita pasa a mayores, entonces ya tienes un

problemilla. Pero si no, todo solucionado.

- Pero yo no quiero tener ninguna cita por internet. Si quieres yo miro como te

haces tu perfil, pero a mi déjame tranquila – le digo alucinando una vez más con

él.

- Mira aquí me pide datos. El oficio. Eso es muy importante para las mujeres, casi

lo que más. Así es que hay que ir con mucho tiento con ello.

- ¿Haces gimnasia? La verdad es que estás bastante fibrado – le digo la verdad por

el efecto del ron.

- ¿Y tú qué haces natación? No tienes ni una gota de grasa. El estómago plano con

cierta tendencia a principio de marcarse tus abdominales, y tus piernas están

bien contorneadas. No tienes unos pechos ni grandes ni pequeños, pero son

duros como rocas. Lo único que no me cuadra son tus hombros. Tienes los

hombros de una chica normal, no de una nadadora.

- No hago ningún deporte – le digo alucinando con su descripción detallada – es

mi constitución natural. Tomo alimentos de calidad, eso sí. Y camino bastante,

pero nada más.

- Pues eres una privilegiada niña.

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- De todas formas nunca le he dado demasiada importancia a la forma de los

cuerpos a la hora de escoger pareja. Siempre me he dejado seducir más por las

palabras, y tampoco soy muy presumida. El cuerpo, muy al contrario que a mis

amigas, me importa más bien poco.

- Ya lo he notado. Y es una pena. Con ese cuerpazo que tienes, podrías lucirlo

más, con ropa más ajustada ya que tú puedes hacerlo. Y esa cara sencillita que

tienes con ojos y labios grandes, y no olvidemos la naricilla pequeña. Con un

buen maquillaje te convertirías en una de las mujeres fatales más guapas que

habría visto en mi vida. Pero no sabes sacarte partido. Te lo digo porque yo de

esto entiendo. En cierto modo hace años que trabajo en el aspecto físico, y más o

menos puedo ver mas allá de lo que ves tú. Aunque tampoco hay que ser muy

sabio en cuanto a tu caso.

Consigue sacarme los colores y no es por el ron, sino por el escáner que ha llegado a

hacerme sin que me diera ni cuenta. Nunca nadie me había dicho nada igual.

No me había imaginado que se hubiera fijado tanto en mí; parecía que mirara hacia otro

lado. ¡Qué bien disimula desde luego!

- Y según tu opinión ¿qué es lo que vende para una mujer? – le pregunto ya con

un tono subidito.

- Pues un médico, un abogado, un empresario. Alguien con pasta vamos. Y en eso

se puede mentir si lo que se desea es el rollo de una noche, pero no si se busca

una pareja estable.

- Entiendo. ¿y qué es lo que buscas tú?

40

- ¡Uy! ¡Vaya, vaya! preguntando cosas personales. Va a ser que no… ¡Sigamos!

Ahora nos pide las edades entre las que nos interesa que tenga la persona que

estamos buscando.

¡Demonios! Se ha salido por la tangente y no me ha contestado, y como quiere

inventárselo absolutamente todo solo para darme un ejemplo, no voy a saber qué le

rondará por la cabeza a este hombre con ver su perfil.

- Por ejemplo me inventaré que soy médico. Mi foto de perfil cuando salgo del

gimnasio, que es cuando estoy mejor. Soltero, sin hijos. Pongo que no fumo pero

no me importa el humo. Mis intereses van a ser los más románticos que pueda,

para que vean que soy un hombre sensible.

- Pero bueno eso parece un súper man – le digo riéndome a carcajadas. – y por

cierto, no sé cómo puedes hacer gimnasia y fumar. Eso sí que es extraño.

Deberías dejarlo.

- Espera, espera que voy a pensar más virtudes – no me hace ni caso a mi

observación naturista sobre el tabaco.

- ¡Ya lo tengo! Aquí me pide que explique que espero de esa mujer. Podrías

sugerirme tú a ver si se te ocurre algo bueno.

- Bien: Esperas a una mujer que te de cariño, que le guste que la abraces mientras

duerme, cocinar con ella, salir juntos y divertirnos, pero sobre todo que te ame al

menos la mitad de lo que la amarás tu.

Veo que Oscar suelta su copa y empieza a aplaudir con fuerza como si hubiera oído el

discurso de su vida. Está realmente sorprendido.

41

Por lo visto, él hubiera metido la pata bien metida, porque no tiene ni la menor idea de

lo que quiere oír una mujer.

Así es que por mucho disfraz que quiera ponerse, al final Oscar acabará

irremediablemente solo. Más vale que busque citas de una noche, porque si se ha

impactado tanto por oír esto, es que realmente necesita mucha ayuda para que alguien

pueda aguantarle.

- Con tu discurso y mis características, no hay duda de que empezarán a mandar

mensajes como locas. Ya verás cuando lo ponga en marcha – me dice muy

contento.

Para ser sincera este juego me empieza a entretener mucho más que oír desgracias sobre

los “mutis” de siempre. Estoy impaciente por ver qué pasa.

Él lo pone en activo y efectivamente empieza a recibir mensajes y flechazos de mujeres

que quitan el hipo. ¿Serán ellas de verdad? ¿Y esas mujeres necesitan acudir a internet

para ligar? Es todo algo muy sospechoso.

Tal vez estén mostrando fotos de hace diez años. O que hayan bajado un programa

fotográfico y las hayan retocado.

- Fíjate cuantos mensajes se están acumulando que ya soy incapaz de responder.

La noche no da para tanto trabajo – me comenta mientras miramos desde cerca

la pantalla admirados de la cantidad de gente que busca las mejores cualidades.

- Ya llevas treinta y ocho mensajes de chat en diez minutos. ¡Qué barbaridad!

- Ahora vamos a crearte tu perfil. Pero haremos uno de verdad, de esos donde te

va a salir alguien compatible con tu forma de ser. Ya verás. Te vas a sorprender.

42

Capitulo 5

Que dolor de cabeza más fuerte. Es increíble que pudiera llegar a beber tanto anoche.

Desde luego es la última vez que lo hago. Lo digo muy en serio. No soporto esta resaca;

esta vez me he pasado.

Dudo en si quedarme unos minutos más en la cama, hasta estar en este mundo.

Hoy no tengo que ir a trabajar y puedo hacer lo que me dé la gana.

Giro la cara y…¡¡¡veo a Oscar completamente desnudo tapado a mi lado en mi cama!!!

¡No me lo puedo creer! Es imposible que haya cometido el mismo pedazo de error dos

veces.

Vamos a ver…”piensa Blanca, ten alguna idea. No seas idiota y piensa”. Estoy

histérica.

No se me ocurre nada. Me mantengo en catarsis.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------

Llevo cinco minutos en la cama tumbada al lado de Oscar viendo como duerme y

pienso toda una sarta de tonterías.

Todas mis filosofías no sirven para nada.

Cuando podría corregir mis errores ¿Cómo se le llama a eso en las culturas tibetanas?

¿Ser tonta del culo?

No tengo pensamientos realmente míos. Me he quedado en blanco y con cara de boba.

Mejor me limito ya a levantarme y a vestirme. No consigo recordar nada. Debió ser la

mezcla con mis antidepresivos que el psiquiatra al final me recetó.

43

Esta vez estoy en mi casa y se donde esta cada cosa. No me parece tan hostil. Ni el

amigo de al lado tampoco. Ya sé cómo se llama por lo menos. Bueno en algo hemos

mejorado…

“Vamos déjate de ironías y no seas capulla que has metido la pata dos veces y lo

sabes”.

Veo que por supuesto Oscar se despierta. Este hombre está al pie del cañón en todo.

- Buenos días.

- Calla – le digo fumándome uno de sus cigarros temblorosa, a pesar de que lo

deje hace tres años –. No digas nada. Voy a ver si Yolanda sigue durmiendo en

el sofá. Al fin y al cabo toda la botella me la bebí yo, por lo que debe estar bien,

sólo cansada. Quien creo que no probó sorbo fuiste tú. Pero callaté. No quiero

oír nada de nada.

Parece ser que me mira anonadado pero me hace caso y no dice ni media palabra,

mientras yo voy a buscar una aspirina para mi dolor de cabeza, mientras compruebo si

está Yolanda.

Veo que no está. Quizás se marchó ayer noche, que se yo. Igual ella se ha enterado de

algo porque esta vez sí que no entiendo como he acabado en esta situación. No lo

recuerdo bien. Tengo vislumbres, pero ni siquiera sé si son reales.

Lo que está claro es que mi aburrida vida de todos los días, con este hombre está

haciendo que deje de serlo y no sé si eso es bueno o malo.

Está rompiendo todos mis esquemas y cada vez tengo menos margen para recuperarlos.

¿Y si me he estado equivocando toda mi vida y ahora me doy cuenta? ¿Y si mis valores

eran unos valores que yo me había inventado y a los que le daba importancia por mis

creencias en ellos? Tal vez fueran unos valores ridículos y equivocados.

44

Uf, que planteamientos más profundos…se que ahora no es momento para hacérmelos,

pero tendré que planteármelos en un momento u otro.

No puedo echar a Oscar como a un vulgar perro de casa, por mucho que me estrese esa

situación. Soy persona antes que nada.

- Oscar, te preparo un café, pero vístete por favor si no te importa – le suelto

secamente.

Oscar continua callado, parece que lo del silencio se lo ha tomado muy en serio, porque

todavía no ha pronunciado ni un solo monosílabo.

Puedo oír que se mete en el baño y mientras, yo suspiro pero cómo no… sigo dándole

vueltas a todo esto.

¿Qué dirá Yolanda de mí? Tendrá motivos para pensar que soy tonta, después de lo

mucho que me he estado quejando del maldito sexo ocasional que tanto “parecía” odiar.

Y encima con el mismo chulito al que no encuentro mi prototipo de hombre en

absoluto. ¿Quién lo diría? Por mi parte hubiera sido incapaz de imaginármelo.

Está claro que algo nos atrae mutuamente, pero por más vueltas que le dé no se que

podrá ser, porque no es en absoluto el tipo de hombre al que estoy acostumbrada a

fijarme.

Nunca he salido con nadie así. Ni que haga este tipo de cosas. Aunque tengo que

reconocer que es más divertido de lo que lo han sido todos los demás juntos, pero aun

así no es un hombre como para enamorarse de él. No sé, es tan amigable…que así lo

veo, como un amiguete, no como a un amor.

- Ya tienes el café – le grito a Oscar.

45

Oscar se acerca donde estoy yo y me aparto un poco hacia atrás, manifestando un

impulso ante su presencia.

El sin mirarme a la cara se limita a coger la pequeña tacita de café que tengo a mi lado y

se la toma de un sorbo dejándola de nuevo en la mesa.

Se da media vuelta y observo cómo se va al salón a recoger sus cosas.

Sin decirme ni media palabra sale por la puerta cerrándola en seco.

Vaya, ahora me siento realmente mal. Sí, doblemente mal. Pero no sé si me siento peor

por acostarme con Oscar o por no haber sido cariñosa con él esta mañana. ¡Menuda

confusión!

Uf “Blanca estás hecha una jaula de grillos colega, espabila”.

¿Por qué me costará tanto aceptar las experiencias desconocidas en mi vida? Por miedo

quizás. O porque dejo de sentirme yo misma.

Lo mejor que puedo hacer es llamar a Yolanda y averiguar qué ha pasado. Algo sabrá

ella.

- Ya era hora tía – me suelta con una carcajada – cuenta.

- No, cuenta tu Yolanda. Yo casi no me acuerdo de nada. Todo me parece un

sueño muy lejano. Recuerdo que he pasado la noche con Oscar desde luego pero

no recuerdo cómo fuimos a parar a esa situación, ni qué me dijo o le dije para

acordar llegar a mi cama. ¿Qué sabes tú?

- ¿Te has acostado con él? ¿otra vez? – vuelve a soltar una carcajada – Ese tío está

colado por ti Blanca, eso es lo que se. Cuando me marché a penas me prestó

atención, estaba emocionado contigo haciendo no se qué en internet, y tú estabas

como una cuba, ya lo vi. Me dijiste que eras muy feliz, nada más.

- ¿Qué te dije qué? – le pregunto con verdadera sorpresa.

46

- Si, si. Eso me dijiste. Que eras muy feliz. Realmente se te notaba genial la cara,

si no te aseguro que no me hubiera marchado. Pero no recuerdo haberte visto así

nunca, ni en nuestras rondas preferidas de cocteles. Lo que pasa es que hay una

especie de pared que no te deja ser libre y por eso no llegas a ser feliz. Te has

creado tu propio muro.

Me habla precisamente Yolanda. La que tiene el muro delante de ella las veinticuatro

horas.

Me habían pasado más cosas en estas últimas semanas que en muchísimos años.

Parece que me encontrara en una encrucijada de aprendizaje en plan: o lo pillas ahora o

nunca. Y algo hay que se me escapa.

Las viejas ideas estaba claro que no me habían servido para nada más que para llevarme

hasta donde estaba. Sola.

O sea, a ningún sitio. Bueno, a ninguno que yo encontrara que mereciera la pena ser

vivido.

La verdad es que me siento fatal por comportarme así con Oscar. He sido una bruja.

Voy a mandarle un mensaje y me disculparé:

“Perdona. He tenido un mal despertar. No era mi intención que te fueras”.

No obtengo respuesta… bueno, ya veremos cuando o si lo hace.

Voy a pasarme la mañana en la cama viendo películas. Hoy no quiero pensar más.

Oscar sigue sin responderme. Supongo que estará muy enfadado. No sé... De momento

voy a desconectar.

Esta tarde he quedado con Yolanda y ya tendré tiempo para relacionarme con gente.

Ahora quiero estar sola todo el rato que me sea posible…

47

Capitulo 6

Que conste que voy allí para acompañar a Yolanda. Acabo de salir de la ducha y ella me

tiene que tocar las narices con su llamada “last minute” ansiosa por las charlas de una

tía que al parecer hace milagros.

Estoy resacosa y quiero quedarme en mi casa, no me apetece escuchar memeces de

consejitos sobre cómo funcionan las parejas. Seguro que esa mujer tan titulada está

soltera.

Como si esta tía lo fuera a saber todo…si claro y que mas. Ya le gustaría. Esto me suena

a las películas del oeste cuando venia el típico estafador con su caravana a venderles un

crece pelos infalible.

Pero mi amiga está tan hecha polvo que verla con un poco de entusiasmo para mí ya

vale la pena todo.

Incluso a lo mejor descubro por qué mis anteriores parejas han sido tan capullas

conmigo. Igual me da una sorpresa y tengo que hacerle una reverencia. Madre mía…lo

que llego a pensar…

Al entrar en la sala con Yolanda, me sorprende ver que es un monitor el que nos va a

dar la conferencia.

En internet ponía que las clases estarían impartidas por A. Hernández Garrido, y he

dado por supuesto que sería una mujer, pero me he equivocado completamente.

48

Por su mirada al estrecharme la mano estoy completamente segura de que no es gay.

Conozco la mirada de un hombre gay y de uno que no a la perfección. Para mi resulta

completamente inconfundible.

La mirada de un hombre al cual le gustan las mujeres denota un brillo especial en los

ojos de complicidad que no mantiene un hombre gay cuando te mira, y eso es algo

inevitable. Debe ser hormonal. Pero sucede.

La verdad es que es bien guapito, con sus mechas rubias y su melena que las luce.

- Estáis aquí porque muchas de vosotras tenéis el corazón roto a causa de

perseguir a vuestra pareja, colmándole de atenciones y esta cada vez parece

responder peor a vuestro cariño. Pero que una cosa os quede bien clara: el pilar

de toda relación es la autoestima. Si esta no es bien alta, vuestra pareja os

aniquilará.

Se oye un murmullo de mujeres y de dos hombres que están al fondo de la clase, me

imagino que ellos asisten por el mismo problema pero a la inversa.

- No es necesario que me miréis con esa cara como si hubiera dicho algo tan

difícil de creer. Algo tan horrendo. ¿Cuántas de vosotras no habéis tenido alguna

vez a un hombre tan servicial, y predispuesto que lo habéis catalogado como de

“pesado”?. Pues así es como os ven aquellos a los que tanto admiráis. Esto es un

juego humano, nada más. Y negarlo, es una estupidez. Si no te amas lo

suficiente, sentirás que ese amor que te debes a ti misma (o) tendrá que llenarse

con el amor de él. Y hareis todo lo posible para que eso pase. Él sabrá que te

tiene totalmente controlada y terminará perdiendo el interés por ti. Lo que va a

49

pasar, es que te verá como a una persona débil por quien no hay ninguna

emoción por conseguirte, y entonces… ¿cómo va a interesarse por ti?

- ¡Perdón! – interrumpe Yolanda – vamos a ver. Llevo cinco años ayudando

mucho al chico con el que voy. Ha salido de situaciones muy fuertes y me ha

dicho que me agradece que le haya salvado la vida. O sea que no todo es así

como usted dice.

- ¿Y qué relación has dicho que tienes con ese chico? – pregunta el monitor.

Yolanda se queda callada. Veo que su cara se enrojece a cada segundo que pasa en

silencio.

- No tenemos un título específico. Estamos juntos y ya está.

- No tener un título en tres meses de relación es algo natural, pero con cinco años

ya no lo es. Debería ser una relación definida por completo para que tú pudieras

ser consecuente y tomar acción. No es lo mismo que sea un amigo, un novio o

un marido. Si es un amigo, tienes la libertad de tener todos los que quieras. Si es

un marido, vives con él. Y si es un novio, tienes posibles planes por trazar para

el avance de la relación.

- Ya pero él a veces me dice que quiere casarse conmigo y otras sin embargo

quiere dejar de verme. No sé lo que somos – admite Yolanda delante de toda

esta gente.

- Ahí está el problema de las adicciones de las que vamos a tratar. Es muy posible

que quiera estar contigo tras una riña y que cuando las cosas se pongan estables

quiera entonces dejarlo todo porque empiece a aburrirse.

50

Vaya… ese hombre era un mago. Había acertado de lleno en lo que le pasaba a mi

amiga. Pero yo lo único que podía decirle era que lo dejara, aunque sabía que el

problema era ella, porque en su relación anterior tuvo un novio que tuvo un

comportamiento similar y la dejó por otra que le hizo ir más recto que un palo. El se

quedó con la controladora.

Por lo visto la otra era una gruñona de mucho cuidado, y no una buenaza como ella.

- El centro de tu vida debes ser tú misma, nunca un hombre – le dijo Antonio, el

monitor – si haces eso la persona que fuiste cuando él te conoció empieza a

desaparecer, pierdes toda tu esencia, lo que a él le gustaba de ti. Nunca le des la

sensación de que él es el único hombre de la tierra con el que podrías estar. Eso

es contraproducente, créeme. Así es que escucha este consejo: ámate a ti misma

más de lo que hayas amado a ningún hombre.

La boca de Yolanda estaba abierta. Me entraron ganas de cerrársela de un golpe para

que no le entrase una mosca.

Era como si estuviera descubriendo de repente que todos los movimientos hacia su

“novio” hubieran sido absurdos y un tremendo error.

- ¿Y qué es lo que usted cree que engancha tanto a las mujeres de sus parejas? –

pregunta una mujer que está sentada delante.

- La pasión romántica que se inicia al principio de la relación. La deja a ella

anclada en ese pasado y mientras espera a que él vuelva a ser como fue entonces.

Pero eso no ocurre. Si os fijáis solo suele pasar cuando ella le deja

definitivamente. Parece que allí si surge toda la pasión de él de nuevo. Que

quede claro que cuando hablo de hombres también quiero que os apliquéis la

historia vosotros dos – dijo señalando a los dos hombres del fondo, mientras

51

estos asentían con la cabeza – La autoestima a la que tanto hago mención como

pilar de toda relación, depende única y exclusivamente de las creencias que

tengamos sobre nosotros mismos. Yo no puedo ayudaros si creéis que no sois

merecedores de lo mejor, si creéis que tenéis que amar al prójimo más que a

vosotros mismos. En este caso, yo me atrevería a ir más lejos y decir que

deberíais amaros algo más para no acabar en desventaja. Porque al fin y al cabo

esto es un juego. El amor en pareja es un juego de dar y recibir energía y si lo

que pretendéis es mataros a servilismos para reclamar atención o cariño, no os

va a salir bien. Las cosas no funcionan así.

- ¿y qué propones que tengamos en mente mientras tratamos con nuestras parejas?

– prosigue la mujer.

- Pues que si por cualquier motivo tienes que seguir sin él, no pierdas ni un ápice

de autoconfianza en ti misma. Ten muy claro que aparecerá un hombre que sí

será compatible contigo.

- ¿y eso como podemos saberlo?

- No importa cómo. Tu solo siéntelo.

Yolanda sigue sin poder cerrar la boca, está oyendo chino mandarín. Algo que en

ningún momento había ido con ella; porque está convencida de que lo suyo es un amor

del alma como no hay otro en este planeta.

Me pregunto si le habrá entrado por el ojo el monitor. La veo demasiado embobada y no

descubro si está elucubrando cosas sobre su noviete o está ensoñando cosas sobre este

hombre, que por cierto, es guapísimo para hablar claro.

La miro, pero no me devuelve la mirada, por lo que no me va a hacer ningún gesto que

me indique que es lo que le asombra tanto.

52

Cuanto más lo miro, más me gusta. Me pregunto de donde habrá sacado un imán tan

poderoso este hombre.

- ¿y qué hacemos con el trauma de habernos encontrado con una mujer fatal? – se

anima a preguntar uno de los hombres de la sala ante las risas de todas.

- Bueno, primeramente sabrás que tu valor como persona no va a depender de la

opinión que esa mujer haya tenido de ti. Tómatelo como una lección de

aprendizaje.

Pienso en que no me hubiera venido mal esta charla a mí unos años atrás, durante todo

el tiempo que estuve con mi ex marido.

Me pasé toda la juventud detrás de él. Incluso en la edad adulta llegué a pensar que era

un hombre poco romántico porque había tenido una infancia difícil.

¡Difícil! Sí, claro…Hasta que me separé de él y a las dos semanas conoció a la que es

ahora su novia. Lo lleva a raya la mujer, parece otro.

Nunca le había visto tan romántico y enamorado. Pero tengo que admitir que me

confesó que ella no le hace ni caso. En cuanto puede le deja plantado para irse con sus

amigas, cosa que a mí jamás se me pasó por la cabeza. ¿Y de qué me sirvió?

Pues para lo que está diciendo el monitor. Para que no tuviera ni el más mínimo interés

en la relación.

- ¿Y qué se puede hacer cuando esa persona se va alejando de ti? – vuelve a

preguntar Yolanda.

- Lo más razonable es que si te empieza a llamar poco, tú le llames todavía menos

a él, por ejemplo.

- Pero entonces sí que se va alejar – asegura mi amiga.

53

Antonio emite una enorme carcajada

- Perdona que me ría. Es que todos creéis eso. Creéis que si no perseguís a

vuestra pareja, esta va a desparecer por ese motivo, cuando es justo todo lo

contrario. Y en el caso de que esto ocurra, hay muchas posibilidades de que

vuelva a aparecer al cabo de un tiempo. Y bueno, si nos ponemos todavía más

drásticos y realmente no aparece… entonces me pregunto qué es lo que se pierde

realmente, a parte de un hombre que no te ama. Por lo tanto sea como sea tú

ganas. Es el apego lo que pierdes únicamente.

- Lo dice como si fuera tan fácil, como si no hubiera sentimientos muy fuertes por

en medio – se queja Yolanda.

- No he mencionado que fuera fácil o difícil. Lo que quiero que comprendas es

que no tienes que analizar solo tus sentimientos, sino también los de él. Eso es

muy importante. Que no te pierdas solamente en tus propios sentimientos

perdiendo de vista lo que él siente en todo momento. Tienes que ser como un

águila y estar muy pendiente, sino te conviertes en una presa. En la victima de

un amor pasional. En la actriz secundaria de la película de tu vida. Cuando das

más de lo que recibes, la relación empieza a desequilibrarse a favor del que da

menos.

Todo esto me está dando mucho que pensar. No me puedo sacar a mi ex marido de la

cabeza y en todo lo que he pasado por no saber estas vicisitudes de la vida.

Le he cuidado, mimado, comprendido… en fin puedo decir que me he pasado una vida

desviviéndome detrás de él hasta consumirme, mientras él miraba y deseaba a otras

mujeres. Se lo notaba por todos los poros.

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De hecho no me equivoqué ni un pelo al sacármelo de encima. Cuando le dejé no tardó

ni dos semanas en enamorarse de otra.

No sé a qué vino tanta súplica y tanto convencimiento de que yo estaba en un error. Y lo

increíble es que me sigue diciendo que me equivoque viviendo agarrado del brazo de la

rubia. No sé, creo que es algo cínico el hombre.

Pero cuando le observo me siento como si estuviera en un cine, y viera una película de

la que no tengo ni idea de lo que trata. No conozco en absoluto a mi ex. Ahora puedo

definirlo como romántico, aventurero, apasionado, sevicial…

¿Cómo no me voy a divertir? Ver en acción a un hombre que siempre ha hecho las

mismas cosas deprimentes y que ahora se está comportando como si estuviera poseído

por un personaje principesco de Disney…

Bien podría sentir rabia porque me he perdido esa parte como una tonta pensando en

que era un hombre limitado y faltado de atributos sensibles. Pero no es rabia lo que

siento. Es una curiosidad insaciable por ver hasta dónde llegarán sus acciones con la

rubia.

Necesitaba saber porqué conmigo no había podido ser y la verdad, me están quedando

lo bastante claro con el curso, aunque no me lo tomo como algo personal. Como dice

Antonio, todo esto no es mas que un juego de energías.

No necesito su amor para sentirme más especial que la rubia.

Me volvió a pasar lo mismo, pero mucho peor con el hombre que estuvo en la otra parte

del mundo. Siempre esperando y disculpándolo… ¡a tomar por saco!

Adiós a todos. Si os hubierais comportado tendríais al menos mi amistad.

55

Parece que Yolanda ha monopolizado la conversación de la clase y no puede parar de

hablar, aunque las demás están intrigadas en su diálogo por los gestos y sonrisas que

hacen. Supongo que por eso el monitor la deja proseguir.

- Te voy a dar un consejo Yolanda, si quieres que tu relación se equilibre; porque

parece que está un poco en contra tuya la cosa, deja que él invierta un poco más

emocionalmente que tú.

- Eso va a ser difícil. El parece que pasa de mí la mayor parte del tiempo – le dice

ella compungida.

- Por eso vienes a estos cursos. Para invertir la situación. ¿no es así?

- No sé si eso va a ser posible, pero vengo a intentarlo desde luego.

Antonio parece satisfecho con la respuesta de Yolanda y se dirige a su mesa a recoger

unas hojas que nos reparte a cada uno de nosotros.

- Este es el ejercicio principal que quiero que hagáis para el próximo domingo.

Como veréis es muy simple y está en letras bien grandes para que lo tengáis

claro:

VIGILAD CADA GESTO, CADA MOVIMIENTO Y ADELANTAROS AL OTRO.

SIEMPRE DAD ALGO MENOS DE LO QUE EL OS DE Y NO HAGAIS NUNCA

ALGO QUE Él NO HARIA POR VOSOTRAS. (También va para los hombres).

- ¿Lo habéis entendido bien? ¿ha quedado alguna duda? – pregunta mirando a

toda la clase.

- Yo tengo una duda – le digo sin pensarlo – ¿y qué objetivo tiene todo este

jueguecito?

56

- Pues este jueguecito sirve para que tu pareja no coja el control de la relación –

me responde con tono sarcástico – no es un jueguecito para manipular, sino para

que no te manipulen a ti, y acabar hecha una marioneta en un mar de lágrimas.

Siempre habrá uno de los dos que dominará la situación, y ese será el que tendrá

el control sentimental de todo. El que estará bien, mientras que el otro será el

que irá arrastrándose por el suelo. Y si no estás de acuerdo tengo un sinfín de

casos en los que una misma persona puede arrastrar a otra o ser arrastrada

dependiendo de con quien tenga la relación simplemente.

En eso tiene razón. No tengo que pensar demasiado para llegar a esa conclusión. Solo

con imaginarme a mi ex con la rubia y su pelotería, mientras aquella lo trata como a un

felpudo se me revuelve el estomago. Y el muy tonto está perdidamente enamorado.

Encima la rubia no es que sea de una belleza deslumbrante. Vamos, que no tengo nada

que envidiarle a esa mujer. No es cuestión de aspecto en absoluto. Es lo que dice

Antonio.

Lo único que le envidio de verdad son las patadas que le propina ella que yo nunca le di.

Esos honores si son verdaderamente envidiables y el problema es que ya no tengo la

oportunidad de probar ese sabroso caviar. Aunque tampoco tenía ni idea de que fuera

eso lo que marcaba la diferencia entre la rubia y yo hasta esta noche.

Ya me ha quedado clarísimo lo que me ha estado pasando con todos los cansinos con

los que he estado.

Tendría que haber permanecido en mi propio mundo desde el principio y no depender

siempre de ellos. De su estado de ánimo, o de si me echaban de menos para poder estar

bien…

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Uf, menuda pérdida de tiempo tan grande. Y total, para terminar aquí. Sin

ellos…habiéndome desvivido para nada.

Me tendría que haber dedicado toda la atención a misma.

Al fin y al cabo este curso no está tan mal. Me ha enseñado algo realmente importante: a

valorarme a mi misma por encima de cualquier persona o cosa.

Ahora será cuestión de ponerlo en práctica. Lo que es muy distinto

Poco puedes dar a nadie si no haces esto primero. Pena más que nada.

Ahora lo único que hace falta es interiorizar este concepto y hacérmelo mío, ya que mi

inercia no es esa. Es la de perseguidora.

Estoy tan acostumbrada al servilismo masculino, que ya no se funcionar de otra manera.

Las palabras de convicción son muy bonitas pero si no las empiezo a aplicar de verdad

de nada van a servirme. Y bueno, al principio siempre soy así; independiente y segura,

pero a la que empiezo a enamorarme, bajo la guardia y se va todo al traste.

Y ese es el gran problema de todo.

¿Cómo se puede permanecer enamorada sin ser una vil esclava?

A partir de ahora probaré el sistema de este hombre con el próximo hombre con el que

caiga rendida a sus pies. Espero por mi bien no quedarme atrapada como me quedé y

mucho menos como se ha quedado Yolanda.

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Capitulo 7

Parece ser que no viene nadie a molestarme y por fin, a pesar de que es lunes y la gente

vuelve a estar ajetreada de un lugar a otro, no hay sujetos demandantes en el horizonte,

pidiendo renovaciones de tarjetas o emitiendo quejas sobre los transportes entre las

decenas de cosas que pueden hacer en lugar de amargarme la vida.

Así que ahora mismo voy a ver si consigo escribir el boceto ese que Celia me dijo que

le funcionó tan bien con la bruja.

¿Cómo podría empezar mi historia? Es que no tengo la menor idea de qué es

exactamente lo que busco en ese hombre al que llamo “EL”.

Vamos a ver qué se me ocurre:

“Me senté en una roca de la playa, cuando un hombre de piel clara como yo se acercó a

mí y me pidió si se podía sentar a mi lado.

Yo le dije que sí, y entonces él me explicó que solía venir muchas veces a coger

cangrejos para hacer calderetas.

Pero de eso hacía ya bastante tiempo desde que su mujer le dejó y se quedó solo, con

todos sus amigos, pero sin ánimos de cocinar y mucho menos de celebrar fiestas.

- Me encanta la caldereta de cangrejo – le dije emocionada – pero resulta tan cara

que nunca tengo ocasión de comerla.

- Tal vez si encuentras un par de cangrejos pueda cocinártela, pero tienes que

encontrarlos – me dijo con una sonrisa.

Sentí que estaba conectando conmigo. Parecía que una fuerza magnética lo hubiera

impulsado hacia mí, aliviándole de la depresión que él sentía y a mí de la soledad.”

59

Mi teléfono suena y salgo del trance de la historia.

¡Vicente!. ¿Quién demonios será Vicente?

- ¿Diga?

- Buenos días. Verás, hablé contigo por mensajes el viernes pasado y me diste tu

número de teléfono y quería oír tu voz. Te agradezco la confianza en mí.

Gracias.

Vamos a ver que me situé: ¿Qué yo hablé con este tipo el viernes mediante mensajes?

¡Ah! Eso debió ser lo del perfil que me organizó Oscar, pero el que chateó fue él no yo.

A decir verdad yo estaba como una cuba y no escribí ni media palabra.

Este Vicente con quien Oscar habló fue otro tío como él jajaja. ¿Qué debió decirle mi

colega?

Pero debería enfadarme ¿quién se cree Oscar que es para dar mi número de teléfono a

cualquiera?

¿Ahora qué le digo a este? No tengo ni la menor idea de quién es.

Y además me molesta que Oscar me busque ligues. ¿Cómo es capaz después de

acostarse conmigo?

- Bueno Vicente tú dirás. ¿cuál es el motivo de tu llamada?

- Me caíste muy bien Yolanda. Y además eres preciosa, y no porque seas la típica

rubia de ojos azules, sino porque noto dulzura en tu mirada. Tu historia me

conmovió y me gustaría conocerte mejor.

¿Me ha llamado Yolanda, y me ha dicho que soy rubia con ojos azules?

60

El maldito Oscar le abrió un perfil a Yolanda y cogió de mi ordenador las fotos que

tenia de ella.

Ya me parecía a mi extraño que me concertara una cita como un casamentero de poca

monta.

Me alegra, la verdad que no haya sido una cita para mí. Y me alegra más de lo que

imaginaba. ¿Y eso a que se deberá?

¿Pero qué intentará con este jueguecito? Porque Yolanda está muy pillada con su novio,

y si pretende que se olvide de él…las lleva claras.

Pero como él es el listo y encima está enfadado conmigo, voy a seguirle el juego.

- Ahora estoy trabajando. Te escribo más tarde – le digo intentando que no

escuche demasiado mi voz por si llega a conocer a Yolanda.

- Si, perdona. Ya me dirás cosas y cuando tú quieras quedamos y nos vemos para

tomar un café.

- De acuerdo. Hasta la próxima.

La verdad es que no tiene tan malas ideas este Oscar, lo que pasa es que es un

imprudente. No puede hacer las cosas sin avisarnos.

Ni me ha pedido permiso a mí, ni a Yolanda y nos ha colocado a un hombre que quizás

no sea de lo mejor.

Aunque si lo pienso bien; no me imagino nada mejor que un hombre elegido por otro

hombre. Estos se deben leer las intenciones a la perfección.

Seguro que si solo buscara sexo Oscar lo hubiera sabido enseguida, y si fuera un vicioso

de cualquier otro tipo de cosa también se habría dado cuenta, porque de tonto no tiene

un pelo, eso me ha quedado muy claro.

61

Desde luego ha conseguido acostarse conmigo dos veces; ¡eso sí que es una autentica

proeza! Todavía no me explico ni como lo ha hecho.

Estaba convencidísima de no querer volver a saber nada más de él y en poco tiempo me

vuelvo a encontrar entre sabanas desnuda a su lado.

Me pregunto que si no siento amor, ni locura sexual, que es lo que me pasa por la mente

para actuar así con él.

¿Será soledad? ¿Ganas de experimentar? ¿La inercia del momento? ¿O simple

borrachera?

Pero lo más importante de todo, es que al no encontrar respuesta a esas preguntas, mi

mente me deja en un estado de letargo, de la “nada” o pensamiento en blanco,

experiencia tan buscada por los practicantes de zen o yoga.

Hacía años que perseguía ese “no pensar” y solo lo he conseguido en esta ocasión; al

preguntarme por qué he dejado de ser yo.

¡Mente en blanco! cuando mas necesito un razonamiento, eso es lo que obtengo, una

mente totalmente vacía, embobada. Sin respuestas.

No tengo manías a cualquier respuesta, acepto lo que sea: si fuera porque tenía unas

ganas sexuales que me moría, bueno pues fantástico, bravo por mí., pero es que encima

no era eso lo que me motivaba.

Para mis desgarradoras ganas sexuales ya tengo mis fantásticos aparatos que compré por

internet, que por cierto, menuda la gracia que tiene lo de las pilas.

En el mejor momento el aparatito a veces se queda sin batería. ¡Nunca sabes cuándo

puede pasar…!. Que suspense de tensión crea eso…Te deja colgada sin más.

62

Eso sí que es una frustración; tendría que haber manifestaciones al respecto, y proponer

más los cargadores de corriente y eliminar las historias de pilas, en vez de montarse

tantas quejas sobre problemas de politiqueo. Vaya pérdida de tiempo.

Con la de soluciones que hay ahora con los teléfonos…no entiendo porque no se

organizan con baterías de corriente, USB, cargadores del coche ¡cualquier cosa! Pero lo

de las pilas…es increíble como en el 2018 todavía se siga empleando.

Ay, ya estamos, mi cabeza divaga, como siempre idioteces.

Y ahora encima me acuerdo de aquella vez que entré en aquel sex shop… ¡que trauma!

Nada más entrar no sé si fue casualidad, pero no vi ni una sola mujer en todo el local.

Había dos vendedores y cuatro hombres más mirándome o poniendo la oreja bien

pegada para saber qué se me había perdido por allí.

El corazón me empezó a palpitar y no encontré un paquete de chicles que pedir, y salir

corriendo, por lo que reuní el valor suficiente teniendo presente que saldría victoriosa

con lo que había venido a buscar, y que a aquella gente no volvería a verla nunca más.

Cuando sugerí que me enseñaran los vibradores me sentí ridícula pidiéndole consejo a

un dependiente masculino.

¿Qué sabía él? ¿Lo que le habían contado? Porque si lo había probado no era en el lugar

donde me interesaba saber si funcionaba bien, la verdad.

¿Dónde estaba la vendedora que esperaba encontrar que me dijera que era lo que podría

ser la bomba explosiva?

La cara de los compradores que había allí eran todo un poema. Me dio la sensación de

que me decían a gritos con su pensamiento: ¿Qué haces comprando esos plásticos

idiota? ¿No ves que aquí tienes a uno de verdad?

63

Y lo que me llevé de esa tienda en comparación a lo que con el tiempo vi que se ofrecía

por internet me pareció bastante rústico.

El catalogo de los ciber sex shop es interminable. ¿Cómo saber qué era mejor o peor?

Tenía que echarle mucha imaginación. Pero desde luego encontré lo que buscaba. Vaya

si lo encontré.

Había allí una especie de cosa que hacía de todo. Movimiento rotativo, vibrante, y que

se yo…con todas sus posibilidades variables convencionales, que era lo que yo quería.

Nada de cosas extremas, porque no eran mis necesidades y sin embargo para lo que yo

buscaba estaba completo al cien por cien. ¿Qué más podía pedir?

Y todo esto lo pienso porque estoy convencida de que no es sexo lo que busco, ya que

con un hombre no consigo lo que consigo con esos aparatejos. Y me gustaría saber por

qué no.

Tal vez algún día lo descubra, pero soy tan ignorante en el tema y mis amigas son tan

simples que si sigo así nunca lograré saber qué es lo que me pasa.

¿Por qué ellas si pueden y yo no? Gran misterio ese para mi… ¿seré la única?

Pero bueno no todo lo importante son los finales felices. Eso solo es eso…el final.

Todo lo que pasa al principio y en medio el aparatejo de internet no puede hacerlo.

Ni puede dar contacto humano, ni excitación alguna.

Así que quizás sí podría estar buscando una de las partes sexuales de las relaciones.

Pero… ¿Por qué pienso en esas cosas? ¿Para qué tanto rollo sexual ahora mismo en mi

cabeza?

¡Ah sí! Para saber qué busco en Oscar. Entonces la respuesta es…

Mi mente vuelve al blanco, así es que mejor cambio de tema y me dedico a pensar en

qué decirle a Yolanda sobre el tema del amiguito internauta.

64

Es más voy a llamarla ahora mismo a ver si me sale bien la jugada:

- Hola Yolanda. Verás, Oscar el otro día nos creó un perfil a las dos – le miento

pobre – y a ti te ha caído una cita con un chico que está loco por conocerte.

- ¿Pero estáis chalados o qué?

- Si, ya sé que se ha pasado un poco, pero es más bien un juego mujer. Además tú

sabes que tu menda te la ha hecho gorda. No te cuesta nada quedar con este

hombre para ir a tomar un cafetito y volver a casa. Ya reñiré a Oscar si me da la

oportunidad. Ahora no me habla. Le he mandado un mensaje pero no me

contesta.

- En estos momentos estoy tan furiosa con Ángel que haría cualquier cosa. Me

parece bien lo de ese café. Pero no me parece bien que hagáis las cosas a mis

espaldas. Parecéis dos críos – me responde con un tono dolorido.

- ¿Entonces qué le digo al hombre?

- Que venga el viernes a tu casa. Así me aseguro de no quedar a solas y de tener

que dar conversación si no tengo nada que decir. Ese es el trato. Ah, y tráete a

“don bromitas” también. Que trague un poco de su propia medicina.

- Don bromitas no me habla te digo. Está enfadado porque lo traté fatal después

de acostarme con él, y no se le pasa – le respondo con algo de ¿tristeza?

- Pues mándale otro mensaje si consideras que te has pasado tanto. Tal vez con

uno no le baste.

- De acuerdo. Voy a mandarle algo contundente, para que vea que de verdad lo

siento. Se porto muy bien el viernes. Lo pasé muy bien con él, no se merecía ese

trato la verdad. Pero es que me cogió todo por sorpresa.

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- Es que siempre lo tienes que tener todo controlado. La vida es sorprenderse. Eso

es vivir. Y tú eras muy feliz en ese momento porque no te acordabas de ponerte

la coraza que llevas siempre, no te importaba saber por qué ocurrían las cosas –

me suelta de un plumazo.

- Era feliz porque había bebido y todo me parecía bonito. Así cualquiera está

alegre Yolanda.

- Eso no es cierto. ¡Cuántas borracheras hemos cogido nosotras desde que te

conozco! Solas y acompañadas. Pero esa felicidad, nunca la he visto asomar por

tu rostro. En fin haz lo que quieras, pero el viernes quedamos a la hora de

siempre en tu casa y el domingo que viene tenemos cursillo con Antonio. Chao.

El cursillo con Antonio me está haciendo bastante ilusión. Estoy aprendiendo muchas

cosas que no sabía y que nunca creí que pudieran existir siquiera.

Y el monitor tiene un no sé qué. Es un tipo de lo más enigmático y carismático que he

visto en persona. Atrae masas, no sé cómo se consigue ser así. Menudo líder.

Pero no es solo su personalidad lo que deslumbra. Todo su cuerpo le acompaña, y

además viste con colores claros y dan un toque más de brillo.

Con el pelo castaño con mechas rubias causadas por el sol, será porque tal vez sea

surfista o le guste la pesca, porque su piel también está bronceada.

Aunque me importe poco el físico, no puedo ignorar que Antonio es realmente guapo.

Para que yo diga que es guapo es que tiene que ser Muy guapo.

Pero su forma de ser le da mil vueltas a su físico. Es atrayente a morir y tiene a toda la

clase de mujeres hipnotizadas.

Aunque las cosas que dice son para hipnotizar a cualquiera. Porque los dos hombres que

se sientan en el fondo no son gays y también están bastante expectantes.

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Al parecer Antonio tiene la necesidad de hacerse el humilde ante los de la clase. Yo le

he visto salir del aparcamiento con un pedazo BMV negro a unos trescientos metros de

allí. O sea que el tío tiene pasta.

Ahora voy a olvidarme del cursillo y a escribir el mensaje a Oscar:

PERDONA, ME PORTE FATAL. POR FAVOR DIME COSAS. TENGO GANAS DE

HABLAR CONTIGO.

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Capitulo 8

Por fin es viernes y esta noche vendrá Yolanda con el tal Vicente. Veremos cómo es el

hombre.

Tengo ganas de que sean las tres para que venga mi compañera del relevo y salir de una

vez de esta mesa.

Además hoy no he escrito ni una página del libro de la bruja. No he hecho más que

perder el tiempo. Nadie se ha acercado a consultar, ni a quejarse, ni a pedir

absolutamente nada. He ido a trabajar para ver pasar a la gente nada mas.

No sé yo si ese hombre tan impresionante del que tengo que hablar en mi historia va a

aparecer en mi vida. Ya llevo siete meses sola y todavía sigo esperando.

Aunque tal vez sea porque no he escrito la historia aún.

Mi móvil me indica que tengo un mensaje: ¡Oscar!

- Dime. ¿Qué quieres?

Vaya no me había contestado en toda la semana, que alegría me ha dado. ¡Pero qué

mensaje más hostil!

- Esta noche Vicente el de internet que encontraste para Yolanda, ha quedado con

ella en mi casa. Me gustaría que vinieras.

- No creo que sea buena idea. No te comprendo muy bien Blanca. No sé qué es lo

que te pasa conmigo.

- Ven esta tarde a tomar un café y te explico un poco todo por favor.

- A las siete. Antes no puedo – me dice – tengo que acabar un trabajo.

- Bien, ellos llegan a las ocho, tiempo más que suficiente para hablarte.

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Bueno él y yo hemos cerrado el acuerdo para citarnos una hora antes. No le he visto

muy convencido pero al menos va a venir.

Se me hace extraño pensarlo con palabras, pero la verdad es que toda esta semana le he

echado de menos. Espero que no esté muy enfadado y que se le pase rápido como la otra

vez que hizo ese cambio tan brusco de humor.

Creo que lo he dejado todo bastante limpio y cuando llegue Oscar no va a encontrar ni

una mota de polvo.

Miro el reloj y son las siete y cuarto, se retrasa. Me pongo nerviosa. ¿Y si ha cambiado

de opinión y no viene?

¡Oigo que suena el timbre! Ya ha llegado. Abro la puerta y es Oscar que me mira con el

ceño fruncido, pero a los cinco segundos cambia esa mirada de enfado por otra de

añoranza y dulzura.

Un impulso muy fuerte hace que no pueda resistirlo, le rodeo el cuello con los brazos de

puntillas, ya que es alto y él me rodea la cintura. Me desvivo con un beso

completamente apasionado que me deja realmente excitada. Esta vez sí.

Agarrados cierra la puerta de una patada y me arrastra hasta la alfombra donde está el

sofá, que es lo más cerca que hay de la entrada.

Allí nos desnudamos con furia, pero ahora soy completamente consciente de lo que

estoy haciendo. No hay alcohol por en medio.

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Cada gesto, cada tacto y todo el cariño están puestos en ese momento. Y en esa

posesión sí que puedo sentir una unión con él, con su persona.

Esta vez sí que es auténtico y tiene un verdadero sentido. Y me siento en la gloria.

No consigo mi final, pero ha sido precioso.

Nos ponemos en el sofá desnudos entre la manta abrazados, y puedo sentir la calidez de

sus brazos.

Nos quedamos dormidos hasta que de repente ¡oímos el timbre de la puerta!

- Rápido – le digo – vistámonos que ya llegan. Uf hubiera preferido que se

cancelara ese encuentro con ellos.

- Yo también – me admite buscando sus pantalones.

Estamos aturdidos por el sueño y tenemos las prendas desparramadas por toda la casa,

esto es un verdadero estrés. El timbre mientras tanto vuelve a sonar varias veces.

Seguimos sin abrir y mi teléfono toca la música de Yolanda.

Le respondo y le digo que no se preocupe que he oído el timbre, que espere un minutito

en la puerta que enseguida le abro.

Al parecer el otro aun no ha llegado, porque si no, ella no se hubiera conformado con

esperar el minutito tan rápidamente.

Por fin le abro la puerta a Yolanda que asoma la cabeza por encima de mi hombro y ve

como Oscar se está atando los cordones de las deportivas.

Ella sonríe y me mira moviendo la cabeza de un lado a otro pensando: “no tienes

remedio”.

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- Lo siento – me dice llevándose la mano al corazón – no era mi intención

interrumpir nada, pero quién iba a imaginarse esto…Últimamente haces cosas

muy raras, ¿te has dado cuenta?

- Sí, claro que me he dado cuenta, – le admito – incluyendo las asistencias al

cursillito que me has organizado sobre como dominar a tu pareja.

- No me dirás que no te gusta, ¿eh? Estoy segura de que eso de saber qué está

pasando en tu vida te entusiasma.

- Venga pasa ya, vamos a esperar a Vicente – le sonrío con complicidad por sus

observaciones.

- ¡Vicente! Buena me la habéis liado, pero vais a estar bien metidos vosotros dos,

y esa jugarreta que os he hecho al haberos involucrado, me encanta – sonríe con

picardía – vamos a pringar los tres.

Hoy Yolanda viene más relajada. Por lo menos todavía no ha dicho ni media palabra

sobre Ángel, que ya es mucho, no es usual en ella, ya que su “novio” es su obsesión.

Es el único tema de conversación que existe que pueda interesarle.

Está hablando con Oscar, mientras yo pongo en el frigorífico las botellas de cola que

nos ha traído hace más de una hora.

Que por cierto; suerte que las botellas de ron no se han roto cuando ha soltado la bolsa

al suelo en el momento en el que nos hemos agarrado, porque las ha soltado sin ninguna

delicadeza.

- Por favor alguien me puede servir una copa que estoy algo nerviosa – nos dice

Yolanda con todo este rollo.

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- Yo te sirvo una – le responde Oscar dando un brinco del sillón – pero no te

quedes frita como la otra vez.

- No…claro que no. Eso pasó porque no había dormido en toda la noche.

- Pues ahora estate bien despierta, que este tipo viene a por ti a toda mecha – le

advierte Oscar – como un rayo, como una flecha.

- En realidad viene a por ti – se empieza a reír a mandíbula batiente Yolanda –

fuiste tú quien le enamoraste. No lo olvides.

- No, no, perdona – le responde Oscar volviendo hacia atrás para acercarse a ella –

eso no fue exactamente así. Las fotos eran tuyas y yo solo le conté un poco

sobre las historias que sabía por lo que dijiste aquella noche. Pero yo únicamente

hice de transmisor. En ningún momento le transferí sentimiento alguno, ni ligué

con él. Así es que no te pases chata.

- Nada, que eres todo un enamorador de hombres, un salvaje Don Juan – le sigue

picando Yolanda riendo, porque no le perdona la que le ha organizado mientras

ella dormía.

Los dos se ríen mientras estoy preparando las cosas que tengo en la nevera para

empezarlas a comer.

Aquí tengo unas gambitas con salsa rosa, aceitunas con patatillas. También tengo hecha

una tortilla de patatas. “La famosa tortilla española que esta impresionante”.

Tocan el timbre, lo que me indica que ya ha llegado nuestro invitado de honor.

Me pregunto cómo será, y si tendrá algo que ver con el tipo de hombre que le atrae a

Yolanda.

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Ella es muy rebuscada con los hombres. Les ve defectos a todos, excepto a su Ángel.

Que más que defectos lo que tiene ese fenómeno, es que todo su conjunto forma un

enorme problema.

Abro la puerta. Se aparece ante mí un hombre algo más alto que yo con los ojos azules y

el pelo prácticamente negro. Que rara esa combinación, pero es bonita. Me parece

resultón.

Se presenta y me da la mano firmemente, lo que me da la sensación de que es una

persona muy enérgica y decidida.

- Pasa Vicente. Aquí tienes a Yolanda y a Oscar.

Saluda de lejos simpáticamente a Oscar con la mano en el aire, pero no se acerca

porque él ahora está liado llevando copas, así que automáticamente pasa a centrarse

totalmente en Yolanda.

Como una auténtica cotilla me pongo bien en medio de la escena para no perderme ni

un detalle y poderme fijar milimétricamente en los ojos.

Quiero ver el cruce de miradas entre Yolanda y Vicente para saber si hay química. El

primer contacto es muy importante, aunque no decisivo.

Vamos a ver…

Se miran los dos. El abre sutilmente la boca y ella aprieta los labios y sonríe. Las

pupilas de ambos están dilatadas; es evidente. Al tener ambos los ojos azules, se puede

ver claramente.

Ella baja la mirada mientras él la mantiene. Hacen el ritual del saludo español; un beso

en cada mejilla y ella se enrojece, mientras él tiene una mirada sutilmente hechizada.

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¡Bingo! Eso sí que ha sido un auténtico flechazo. Este Oscar es un genio hay que

admitirlo.

Parece que él también se ha dado cuenta de lo que he visto yo porque se acerca

caminando hacia atrás con dos pasitos cortos, mientras ellos empiezan a hablar y me

choca la mano por detrás de mi espalda.

Llevan varios minutos de pie hablando, pero no sé quién de los dos decide sentarse en el

sofá, para continuar la conversación.

Están hablando sobre el daño que las parejas pueden llegar a hacerse mutuamente.

Parecen muy animados.

Buf, hay tema para horas, Yolanda para eso tiene una cuerda interminable y al otro

parece que no le falten argumentos.

Oscar me propone que nos conectemos con nuestros perfiles. Veo que tengo uno creado

bastante interesante. Y tiene montones de mensajes.

Me pide que le responda a él en el chat y lo busco entre muchos hombres que han

intentado contactar conmigo.

Ya lo tengo, es el que tiene la luz amarilla.

- Hola ¿cómo estás? Jajaja – se rie.

- Una pregunta realmente interesante. Debes estar muy preocupado ahora mismo.

- Intuyo que estás bien. Por cierto ¿has visto a esos dos? Yo creo que están a

punto de liarse. ¿Hacemos unas apuestas?

- No que va. Yo también lo creo, estoy convencida de que esta noche cae un beso.

- Eso dependerá de si nosotros les interrumpimos o no y vamos a nuestro ritmo.

Con la botella de ron que se están cascando seguro que cae. Pero si empezamos

a meternos por en medio no pasará nada.

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- Pues mas nos vale no pasar demasiado por delante del sofá, incluso casi que

estaría bien que no estuviéramos en el salón.

- Pero si nos vamos con los ordenadores lo van a notar y sospecharan una

emboscada. Es mejor dejarlos aquí y que me vaya primero yo y después tú.

- ¿Y donde pretendes ir?

- Vamos a tu habitación. Por cierto…me gustas mucho.

Me pongo roja como un tomatazo por lo que me acaba de escribir. Parezco tonta.

Me acuesto con él con toda la intimidad del mundo y no pasa nada, sin embargo me

habla de un sentimiento y ya empiezo a temblar como una adolescente.

Que cosas mas extrañas tiene la vida…

Estamos en la habitación y él se saca toda la ropa y se mete completamente desnudo en

la cama. Me incita a que haga lo mismo, asi es que eso hago y me abrazo suavemente a

él, notando el contacto de su piel.

Me toca la cara con el dorso de la mano, me aparta el pelo de la frente y me la besa. Me

pasa lentamente el dedo pulgar por los labios y luego los junta con los mios casi sin

llegar a tocarse.

Me los lame y pasa automáticamente a besarme con mucha intensidad y cariño.

Eso me crea un estado de excitación tremendo con un fuerte estado de ansiedad. Tengo

ganas de ser poseída.

Oscar me mete la mano entre las piernas y juguetea en la humedad que tengo, con los

dedos hasta que se aproxima mas a mi y de costado hace que ponga una pierna encima

de él.

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Inmediatamente le siento dentro de mi y tengo ganas de gritar. ¡Que sensación tan

inexplicable! Tanto…que lo siento mucho por mis amigos pero es inevitable:

empiezo a emitir fuertes ruidos de placer y parece ser que él no puede soportarlo, por lo

que termina sin poderlo remediar.

Me abraza y se duerme teniéndome bien cogida, asi que decido dormirme con él.

Yolanda ya sabrá lo que hace y como es una especie de hermana para mi, puede

quedarse o salir de mi casa cuando le apetezca. Hay mucha confianza por lo que ya

hablare mañana con ella y le explicaré todo. No creo que se haya enfadado, parecían

muy entusiasmados el uno con el otro y no nos hacían ni caso, asi es que “buenas

noches Yolanda” que yo me he dejado llevar y no estoy para formalismos.

La verdad es que entre sus brazos me siento protegida y creo que voy a dormir como los

ángeles.

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Capitulo 9

Yolanda tiene un lio con Vicente y aun no ha soltado a Angel.

Me dijo que se enrollaron en el sofá, pero que no hicieron nada porque estábamos

nosotros. Por si nos levantábamos.

No se si necesita mas gasolina esta chica para funcionar ahora mismo. Asistir a esta

nueva clase le va a ir bien.

Antonio se sienta en su mesa y nos mira a todos con las manos juntas, con los ojos

avispados sin apartarlos de todos los presentes. Es como si estuviera esperando algún

resultado de su anterior charla con auténtico fervor.

- Me gustaría mucho saber si os habeis mostrado excesivamente emocionales, o

en cambio habeis estado “al menos” en igualdad en cuanto al potencial de poder

en la relación.

- Yo he podido hacer eso – confiesa Yolanda algo aturdida – pero hay un motivo

por el cual he conseguido ese triunfo y es que he conocido a otra persona.

- Bien. Eso es una forma muy fácil de restar importancia a esa persona de la que

se es tan dependiente. Porque hay otra de recurso. Pero lo que yo propongo

también tendría que poder hacerse mediante otro tipo de sistema.

Vaya que extraño. Que liberal es este hombre; no le ha dado un sermón de moralidad ni

nada cuestionando si estaba bien o mal. Simplemente se ha limitado a examinar la

independencia personal de Yolanda y eso es todo.

No sabía que Yolanda hubiera perdido dependencia respecto a Angel.

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Es un asombroso personaje Antonio. La verdad es que cada vez me atrae mas su forma

de ser.

No es lo habitual. Es tan amplio, tan abierto y no juzga a nadie. Intenta ayudar como

puede. Lo hace bastante bien; hasta ahora me gusta todo lo que dice.

También como se mueve gesticulando con una notable pasión por su trabajo.

Su mirada es un enigma para mi, que estoy acostumbrada a leer la mente de los demás

para adelantarme a sus movimientos. Pero Antonio es tan impredecible…que me

sorprende a cada instante.

Cuando se acerca a mi me late fuerte el corazón, entrándome un extraño escalofrío

seguido de un calor muy íntimo.

Me pregunto que serán estas emociones tan fuertes. De donde saldrá este deseo tan

arrebatador, tan incontrolable que me hace sudar, que me hace que quiera salir

corriendo.

Me pregunto si será esto lo que sienten los hombres cuando tienen deseo y ese tipo de

necesidades. Yo no puedo aguantarlo, he llegado a un extremo máximo. Me gustaría

marcharme.

¡Me he mojado! sin pretenderlo y me ha traspasado el pantalón fino que llevo puesto.

¡Qué vergüenza, nunca me había pasado!

¿Y ahora cómo salgo de aquí sin que me vean? ¡Dios mio, voy a dejar de mirar y de

prestar atención a este hombre hasta que acabe la clase, a ver si tengo suerte y me seco!.

- ¿Y a ti Blanca qué tal te ha ido esta semana? – me pregunta poniéndose a pocos

centímetros.

¡La madre que lo parió! Ahora no puedo parar de maldecir este momento. Me estoy

poniendo colorada. Lo noto cerca, haciendo que el calor aumente en mi.

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¿Lo hará a propósito? ¿Intenta provocarme? Creo que es un profesional y me ha captado

en algo que he hecho o en cómo le he mirado, y ahora está jugando conmigo, lo sé.

- No tengo nada que contar, lo siento – digo apurada por la situación.

- Es un lástima que no pongas en práctica estos conocimientos. Tu no tendrías

ningún problema en hacerlo muy fácil, pero te resistes a creerlo – me suelta

acariciándome la cabeza simpáticamente.

Pero yo en esa simpatía puedo sentir toda la energía de su tacto y me pongo a morir.

- ¡Ah! Blanca – me dice – si no tienes prisa, me gustaría que fuéramos al bar de

aquí en frente que tengo que hablar contigo. Creo que te hace falta.

- ¿Qué a mi me hace falta? ¿por qué? – pregunto sorprendida cuando hay gente

mucho más necesitada que yo.

- Prefiero comentártelo en privado.

- De acuerdo, veamos que problema puedo tener yo.

- Mientras tanto quiero continuar con la clase y decir que en una relación de

pareja, el amor incondicional no existe. Si ella no cumple una serie de

condiciones básicas él se aleja de ella. Cuando en una relación de pareja se da

recibiendo mucho menos, siempre se pierde. Os merecéis que os den tanto o más

de lo que vosotras le deis a él. O a ella, por supuesto, para los que estais al

fondo.