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No fue

un martes

negro más

Las perspectivas socialistas

de la bancarrota capitalista

Jorge Altamira

No fue

un martes

negro más

Las perspectivas socialistas

de la bancarrota capitalista

Jorge Altamira

No fue

un martes

negro más

Las perspectivas socialistas

de la bancarrota capitalista

Jorge Altamira

Indice

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Tesis programáticas para la IV Internacional . . . . . . . . . . . . . 17

2005 y sus crisis financieras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67

Estados Unidos y China se 'enfrían' . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75

No es otro ‘martes negro’ más . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83

La crisis capitalista mundial es imparable. . . . . . . . . . . . . . . . 89

Equilibrios, desequilibrios y catástrofe capitalista . . . . . . . . 107

Más allá del colapso capitalista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121

La crisis capitalista internacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127

Una nueva situación histórica mundial . . . . . . . . . . . . . . . . . 155

Resolución política de la Conferencia

Latinoamericana de la CRCI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177

La metástasis de la crisis capitalista mundial . . . . . . . . . . . 201

Una piñata que no es sólo griega . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211

Cuando China salvó a Europa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229

Bancarrotas fiscales, crisis políticas, rebeliones obreras. . . . 239

Apéndice

El alcance de la actual crisis mundial . . . . . . . . . . . . . . . . . . 265

Las “tesis” del Comité Internacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 293

Prólogo

22 de agosto de 2010

Desde hace varios años hemos estado escribiendo sobre la crisis capitalista mundial en diversas publicaciones partidarias y otras nacionales e internacionales. Lo hemos abordado también en distintos foros y conferencias con bastante anterioridad al estallido de la bancarrota que acaba de ingresar en su cuarto año. La elaboración de este asunto ha sido una línea distintiva de nuestra corriente política.

Atraviesa la caracterización del derrumbe sin precedentes de Wall Street, en 1987, las recesiones posteriores, la crisis asiática de 1997-99 y las de Rusia y Brasil, la cuasi quiebra bancaria de Estados Unidos, en 1998 (bancarrota del fondo LTCM), naturalmente, está presente los numerosos escritos que anticiparon el colapso de Argentina. En la edición que el lector tiene en las manos se encuentra una parte ínfima de ese largo trabajo – la publicación de la totalidad de ese material insumiría, de acuerdo a los compañeros que se tomaron el trabajo de recopilarlo, entre cuatro y cinco volúmenes. La urgencia por publicar una parte menor de ese material obedece a la necesidad de ofrecerlo a la discusión de una conferencia cuartainternacionalista en América Latina que tendrá lugar a mediados de noviembre de 2010. Es decir que está vinculado a una actividad militante, así como a la reedición de documentos agotados. Nos identificamos con aquellos para quienes se trata de transformar el mundo y no de interpre-tarlo para que quede osificado en un nuevo sistema.

Son varios los aspectos que distinguen nuestra caracterización de lo que llamamos la bancarrota capitalista. El más obvio y criticado es el recorrido de la crisis como etapas de una tendencia al colapso de las relaciones sociales capitalistas; nos reconocemos como catastrofistas mucho antes de que nos apostrofaran con este vocablo como si él fuera la prueba de algún pecado. Como lo escribió el gran teórico Román Rosdolsky, en una carta al trotskista belga Ernest Mandel, este punto es la esencia inextricable del marxismo.1 Se trata del punto más alto de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción existente, la premisa histórica y económica de la revolución social. Se trata de un proceso que se desarrolla bajo nuestros ojos y que se manifiesta en la presión que sufre el Estado para nacionalizar (con resarcimientos) a gran parte de la banca y la industria. El punto más alto de esta tendencia se al-9

No fue un ‘martes negro’ más

canzó, en la presente crisis, en dos oportunidades: una, cuando la quiebra de Lehman Brothers y la inminencia de que ocurriera algo similar con la aseguradora AIG y el Citibank, en el tránsito del gobierno de Bush a Obama, planteó la discusión en los círculos de poder norteamericanos de la posibilidad de una nacionalización generalizada de la banca, pero que se contuvo en los límites de semi-nacionalizaciones parciales – como los de los mismos AIG y Citibank, las enormes agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, y las que ocurrieron en Gran Bretaña y Alemania. El colapso no significa que la Tierra deja de girar sobre su eje imaginario, sino de que el capitalismo no puede funcionar sobre sus propias bases – que es cuando el Estado utiliza su monopolio del poder para operar un rescate transitorio del régimen social afectado a ese extremo. Para proceder de esta manera, el Estado abandona sus formalidades constitucionales y opera por decreto: el departamento del Tesoro concentra las decisiones; se suspende en los hechos la ley de quiebras; se violan las leyes financieras y se emite dinero espurio; y se crean de este modo las condiciones para estallidos de mayor envergadura.

La intervención despótica del Estado politiza la bancarrota capitalista que, de este modo, se transforma en un asunto de poder para todas las clases sociales, incluida la burguesía. En el límite, este rescate capitalista amenaza con la bancarrota de las bancarrotas, la del propio Estado y del Banco Central, bajo la forma de una inflación galopante

-es decir, la pérdida de control sobre la moneda. Es lo que quedó planteado en la segunda manifestación de la tendencia al colapso, la reciente crisis de la zona euro a partir de la exposición del derrumbe fiscal de Grecia. Se inició el período de las “crisis soberanas”, que ha puesto en la picota a todo el sistema bancario, propietario de la deuda pública. Europa reprodujo, además, una característica que ya se había visto en la crisis asiática: el derrumbe financiero de Estados con escaso déficit fiscal o incluso superávit, debido al enorme endeudamiento de los bancos y de las empresas. Es el caso notorio de Es-paña. Lejos de una superación, la crisis europea es hoy más intensa que nunca; China tuvo que intervenir mediante la compra de deuda de las bancas en España y Grecia. No es correcto llamarlas españolas o griegas, porque no son ni unas ni otras: el 75% del Santander se encuentra en manos de fondos institucionales norteamericanos y sobre 10

Prólogo

todo ingleses; la banca de Grecia es propiedad de bancos franceses y alemanes. China intervino en socorro de si misma, porque la devaluación del euro provocado por el derrumbe de las “deudas soberanas” amenazaba con hacer colapsar el comercio exterior de China.

En la Unión Europea se discutió durante varias semanas la separación de Grecia de la zona euro, o sea un principio de disolución de la Unión Europea. Como decimos en las manifestaciones populares:

“si esto no es un derrumbe, el derrumbe dónde está”. La velocidad que ha desarrollado la crisis mundial desde la quiebra de Wall Street y luego de la crisis asiática es una expresión aguda de la tendencia al derrumbe.

Otro aspecto que distingue nuestro análisis, el más decisivo desde el punto de vista estratégico, es que la bancarrota capitalista se desarrolla en la época de declinación del capitalismo; en una época en que esta declinación ya ha dejado enormes huellas en la conciencia de la humanidad – desde el fascismo y la guerra mundial con su holocausto, y las guerras ininterrumpidas posteriores hasta las actuales salvajadas en la ex Yugoslavia, Irak, Afganistán, el Cáucaso, Palestina

– y el reiterado anuncio del ataque (¿nuclear?) a Irán. El desarrollo gigantesco del “capital ficticio” es una manifestación rotunda de la descomposición del capital: la relación entre el crédito y el PBI de los países desarrollados es del 400%, cuando en los años 50 era del 50%.

Las transacciones brutas de derivados mueven un mercado de unos 600 billones de dólares. El crédito ha ido jugando un papel determinante en la expansión del mercado mundial, incluso en la integración mayor de las economías menos desarrolladas. El incremento impresionante de la productividad del trabajo y de la tasa de plusvalía ha sido contrarrestado por la tendencia a la sobreproducción, en tanto que el poder adquisitivo de los trabajadores se ha estancado. El desarrollo del capital ficticio, en oposición al capital efectivamente aplicado a la creación de nuevo valor, ha reforzado la posición del rentista y del especulador financiero; incluso la gran industria obtiene su mayor tajada de beneficios de los llamados ingresos extraordinarios que resultan de la aplicación de sus ganancias a la especulación financiera (por eso la gran industria se opone a la regulación del mercado de derivados, que es el corazón del capital fic-11

No fue un ‘martes negro’ más

ticio). Se impone aquí, sin embargo, otra precisión: la bancarrota capitalista que se encuentra en curso es la culminación de un proceso cíclico; ella no debe ser confundida con la categoría histórica de la decadencia de la formación capitalista. El corazón no deja de latir en una persona de mayor edad; por eso, para entender la bancarrota actual es necesario analizar el ciclo del cual ha resultado; el carácter del ciclo le imprime su peculiaridad a la crisis. La bancarrota actual está encadenada al ciclo iniciado luego de la crisis asiática (rusa, brasileña, argentina) y al derrumbe de la burbuja bursátil conocida como

“punto.com”, y tiene multiplicados todos los genes de aquella. El otro gran factor de este ciclo es el enorme salto de la integración de China al mercado mundial, precisamente porque sus nuevas instituciones restauracionistas habían logrado resistir, en 1998-2002, la colosal crisis de su entorno (incluida la larga crisis de la economía de Japón). Las crisis pasadas se desenvolvieron en un espacio local o regional, aunque su naturaleza fue siempre internacional y su epicentro se encontró siempre en Estados Unidos. Lo que distingue a la bancarrota actual es que parte de Estados Unidos y tiene un carácter generalizado que supera a la bancarrota de los años 30 del siglo pasado. De los colapsos pasados pasamos al desarrollo del colapso a partir de los centros de la economía mundial.

El tercer elemento distintivo de nuestro análisis ha sido la previsión de que la restauración capitalista en la ex URSS, China y Europa del este se convertiría en un factor poderoso de la crisis mundial, aunque apareciera, en una primera etapa, como lo contrario: como la salida para el capital que conquistaba un área de casi dos mil millones de personas para el campo de la explotación capitalista mundial. Dis-tinguimos lo que es la incorporación de nuevos mercados en el perí-

odo de ascenso del capitalismo de lo que ocurre en la época de decadencia y, en estos casos concretos (Rusia, China), sobre la base de la destrucción despiadada de conquistas sociales extraordinarias, que en su mayor parte habían sido obtenidas por medios revolucionarios. En efecto, en el ciclo económico que arranca en 2002, China inunda el mercado mundial como factoría tercerizada del capital internacional, que se vale de una gigantesca confiscación de las masas campesinas y de una elevación extraordinaria de la tasa de explota-12

Prólogo

ción del proletariado. El ingreso de China agudiza la competencia de los monopolios capitalistas y financia la mayor especulación financiera que se conozca. Seamos más precisos: el capital mundial expropia a China de gigantescos recursos a cambio del más ficticio de los capitales – los dos billones y medio de dólares que China recibe como contraprestación. Se trata de una masa irrealizable de dinero, sometida a la deriva de la devaluación del dólar, cuya utilización para importaciones devastaría a la economía china y su transformación en inversiones internacionales destruiría a la economía mundial.

La distinción entre capitalismo en ascenso histórico y capitalismo históricamente decadente o en declinación, revela su pertinencia como instrumento de análisis.

El cuarto punto que distingue nuestro análisis está ligado al anterior: la restauración del capital en aquellas naciones en que fuera expropiado revolucionariamente, producida en el periodo de la declinación histórica del capitalismo, no puede ser sino un fenómeno transicional entre nuevas revoluciones y contrarrevoluciones. El capital mundial no ha completado su trabajo confiscatorio, lo cual supone la colonización de esas naciones y la expropiación completa de sus recursos decisivos: de los obreros y campesinos en China; del proletariado y de las reservas industriales y tecnológicas en la ex Unión Soviética. Toda la periferia de la ex Unión Soviética es un campo de pillaje internacional que está muy lejos de haber concluido.

La ocupación de esa periferia es el motor fundamental de las guerras que se disfrazan como una cruzada contra el terrorismo o aun, el is-lamismo. El imperialismo todavía debe demostrar que puede quebrar las resistencias de las masas para consumar la restauración del capital en todos sus términos. No basta llamar burguesía a la burocracia de la ex Unión Soviética y ni qué decir de China, para proclamar el triunfo irreversible del capitalismo, cuyo objetivo histórico tiene una amplitud que parece no entenderse. No hay burguesías nacionales que puedan presidir un régimen capitalista; la restauración corre por entero por cuenta de la alianza entre el imperialismo y la burocracia estatal. Asistimos a una suerte de desarrollo combinado: en China, una nación donde las dos terceras partes de sus mil cua-trocientos millones de habitantes se encuentran por debajo del nivel 13

No fue un ‘martes negro’ más

de la pobreza, se desarrolla en el momento actual una especulación inmobiliaria que supera varias veces el nivel de la que llevó a los Estados Unidos al crack. Para contrarrestar esta tendencia a la quiebra, la burocracia china abre el mercado financiero y apunta a la convertibilidad de su moneda, el yuan, aun a sabiendas de que esto convertirá a China en presa de saqueo por parte del capital mundial. La bancarrota capitalista mundial está infiltrada en todos los poros de la restauración capitalista.

Precisamente porque es la culminación de varios ciclos de crisis, y precisamente porque ha capturado en sus redes a la tercera parte del globo que en el pasado reciente se encontraba sólo marginalmente integrado a la economía mundial, la bancarrota actual deberá remover, necesariamente, todas las relaciones entre las clases que se han conservado en forma precaria en el último medio siglo. Es la premisa de las situaciones revolucionarias. Llegamos así al quinto planteo que distingue a nuestro análisis. Sin una teoría del derrumbe capitalista, la perspectiva revolucionaria se reduce a una aspiración moral o a una utopía. No estamos hablando de un acto único, eso sería una revolución, sino de una etapa de crisis políticas crecientes y movilizaciones populares. El camino promete toda suerte de argentinazos.

Los tumbos del gobierno kirchnerista, que había asumido para reconstruir el Estado e imponer la primacía de la política sobre la ac-ción directa, es una buena ilustración del punto. Este desarrollo se ve en Grecia, pero aún más en las huelgas obreras en Asia (China, Vietnam, Indonesia, India), incluso en insurrecciones obreras, como las de los tres millones que componen el joven proletariado de Ban-gladesh.

Esperamos que este resumen apretado del contenido de este libro motive al lector y a los militantes que participarán de la Conferencia Internacional. Como militantes exponemos nuestros análisis y pronósticos a la verificación de los hechos, algo que no podría hacer quien contempla la historia desde afuera. El contenido de este libro es ya una corrección de pronósticos anteriores, de nosotros mismos y de nuestros maestros. Esto es lo que debe entenderse por programa: una praxis, una unidad de teoría y acción. Pero la praxis no 14

Prólogo

puede ser individual, sólo puede emerger como tal si es socializada.

Por eso convoca a construir partidos revolucionarios internacionalistas y a refundar la Cuarta Internacional. ¿Qué es esta? La organización que lucha por convertir a la bancarrota capitalista en terreno fértil de la revolución socialista mundial.

Notas

1. “Aunque Mandel había subrayado la inevitabilidad de crisis y recesiones, no había ofrecido un tratamiento sistemático de la teoría del colapso, que Rosdolsiky consideraba el corazón del marxismo¨; Jan Willem Stutje; Ernest Mandel: A Rebel's. Dream Deferred.

Verso, London and New York, 2009.

15

Tesis Programáticas

para la

IV Internacional

Aprobado por el I Congreso de la Coordinadora

por la Refundación de la Cuarta Internacional

8 de abril de 2004

I. Una nueva etapa en la época de la agonía del capitalismo 1. Las características que distinguen a la presente etapa histórica han sido determinadas a partir de la disolución de la Unión Soviética y de la restauración del capitalismo que se encuentra en curso, en distinto grado, en Rusia, en China y en el conjunto de los ex estados obreros degenerados. Aunque nunca hayan salido del marco de la economía capitalista mundial, como tampoco habrían podido hacerlo, su desaparición ha ampliado geográfica y socialmente la dominación del capital en una escala sin precedentes.

La restauración capitalista ha reforzado la competencia dentro de la clase obrera mundial al reintegrar al mercado mundial a centenares de millones de trabajadores. La expropiación del capital, al limitar esa competencia por medios revolucionarios, había significado un progreso de la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista por el reparto del ingreso mundial.

2. La restauración del capital en los ex estados obreros puso fin a una larga serie de tentativas del proletariado para acabar con los regímenes burocráticos con métodos revolucionarios. Las revoluciones po-líticas contra las burocracias gobernantes de todos los ex estados obreros, entre 1953 y 1989, debutaron como una rebelión de las fuerzas productivas que se habían desarrollado en el marco de la economía planificada contra su deformación y estrangulamiento por parte de las burocracias contrarrevolucionarias. Sin embargo, a partir de las crecientes alianzas económicas, políticas y diplomáticas de la burocracia contrarrevolucionaria con el imperialismo, esas revoluciones se fueron transformando, objetivamente, en una rebelión de fuerzas productivas contra el capital mundial. La restauración capitalista significa, de conjunto, o sea con independencia de los resultados parciales y relativos que pueda tener en este o aquel país, una regresión histórica de las fuerzas productivas impuesta por las relaciones sociales existentes.

El ingreso de los regímenes burocráticos al sistema internacional de la deuda externa; los acuerdos cada vez más frecuentes de sus gobiernos con el FMI; los tratados internacionales que comprometían 17

No fue un ‘martes negro’ más

a la burocracia con la defensa de la propiedad y del mercado capitalistas (Helsinki, 1975, cesión de Hong Kong, 1982), fueron otras tantas manifestaciones de la tendencia de la burocracia a la restauración capitalista.

La desintegración de los aparatos de estado en China y en Polonia, en el marco de la "revolución cultural", uno, y de las ocupaciones de fábrica de finales de los 70, el otro, marcaron los puntos de viraje que dejaron a los regímenes sociales "transitorios" sin una ‘tercera opción’

entre la restauración del capitalismo y la revolución proletaria.

Estas crisis revolucionarias no solamente reflejaron el agotamiento del ‘socialismo en un solo país’ sino también el impasse de conjunto del capitalismo mundial. Tuvieron lugar cuando el llamado ‘boom’

económico internacional de la posguerra se había agotado y una dé-

cada después de la crisis internacional de 1971-75 que inició una declinación económica relativa muy prolongada y extensa.

3. La restauración del capitalismo, que se encuentra en las etapas iniciales, ha ampliado el radio de explotación del capital internacional.

La apertura de los ex estados obreros le ha ofrecido al capital una nueva posibilidad de explotación, que involucra a centenares de millones de personas (China) o la posibilidad de apropiarse, además, de un sofisticado parque tecnológico (Rusia). Pero este principio de salida a la saturación del mercado mundial ha sido acompañado por una mayor saturación de ese mismo mercado mundial.

Ocurre que en estrecha relación con esta ampliación se ha intensifi-cado la competencia entre los monopolios capitalistas internacionales que procuran la conquista de esos nuevos mercados y un nuevo reparto del mercado mundial. La mayor movilidad geográfica ganada por el capital ha acentuado la competencia dentro del proletariado a nivel internacional. La competencia entre los trabajadores se manifiesta, indirectamente, por medio de la explotación de fuerzas productivas y trabajadores más baratos, y, en una forma directa, en la ola de inmigrantes hacia las metrópolis. En los países atrasados se agrava la sobrepoblación relativa que resulta de la quiebra de la pe-18

Tesis Programáticas para la IV Internacional

queña producción y de la crisis agraria, en tanto que en las metrópolis se manifiesta un marcado retroceso social.

Como el capital encara la restauración capitalista con los métodos que le son propios, se han reforzado también sus tendencias fundamentales: concentración de la riqueza en un polo y de la miseria social en el otro; acentuación de la anarquía económica y, por lo tanto, de las crisis financieras y comerciales; liquidación de los estratos intermedios y de la pequeña producción; incremento de las crisis agrarias y de los estallidos campesinos; un mayor bloqueo del desarrollo independiente de las naciones atrasadas. En última instancia, impul-sando nuevas guerras y nuevas revoluciones.

Con la restauración capitalista, la crisis histórica del capitalismo no se ha atenuado sino que se ha agudizado. Es que el derrumbe de los estados obreros degenerados se procesa en el marco de las tendencias de la crisis capitalista mundial. Desde la ex Alemania oriental a Rusia se desenvuelve un verdadero retroceso en el nivel de civilización. En China, la invasión del capital extranjero ha explotado el desnivel entre la economía mundial y el atraso histórico de China para dar lugar a un desarrollo tan explosivo como unilateral, pero que provoca, junto a una enorme polarización de la riqueza, la demolición de la economía estatal, todavía mayoritaria, y una gigantesca crisis agraria. Las economías más avanzadas, por su lado, sufren una se-guidilla de crisis financieras cada vez más amplias e intensas, que arrastra a monopolios y naciones enteras a la bancarrota y a la explosión social y política. Por primera vez se encuentra amenazada la supervivencia de la Unión Europea como entidad política. La crisis histórica del capital ha avanzado varios peldaños, y ello ha reforzado la tendencia a la creación de situaciones revolucionarias y de revoluciones sociales. Se pone de manifiesto, de este modo, la tendencia del capital hacia su propia disolución.

4. La etapa abierta por el derrumbe de los estados obreros degenerados ha disuelto el sistema de relaciones internacionales establecido por los acuerdos de posguerra y, con ello, ha generado crisis internacionales cada vez más profundas. El agotamiento de la ‘arquitec-19

No fue un ‘martes negro’ más

tura diplomática’ de la llamada ‘guerra fría’ es una expresión de una nueva etapa en las relaciones entre las clases sociales en su conjunto.

Los partidos que respondían al aparato internacional manejado por Moscú han fracasado en su prolongado intento por reconvertirse en partidos reformistas ‘nacionales’ y de un modo general se encuentran en desintegración. Asimismo, se han venido abajo numerosos estados clientes de la burocracia rusa, en especial en los Balcanes, Medio Oriente, Asia Central y Africa. La restauración capitalista en la ex URSS no solamente ha provocado una desorganización econó-

mica generalizada, sino que ha hecho saltar todos los antagonismos nacionales soterrados de su estado policial. Las naciones de Asia Central y del Cáucaso se han convertido en un gigantesco campo de disputa para el imperialismo mundial. En el plano de las relaciones políticas internacionales, la nueva etapa se caracteriza por crisis estatales y guerras generalizadas en todos los continentes.

II. La ideología del imperialismo en la actual etapa 5. La caracterización de la etapa en curso, que realiza la academia oficial y semi-oficial, como una ‘globalización’ (se refiere al capital) reviste de un carácter histórico progresivo a la restauración capitalista en los ex estados obreros. La globalización del capital, sin embargo, es un fenómeno que llegó a su apogeo histórico hace mucho tiempo, con la plena formación del mercado mundial y la emergencia del imperialismo. Expresa la declinación del capitalismo, no su ascenso. La regresión histórica, que tiene un punto de culminación con la restauración capitalista en curso, tuvo su inicio con la contrarrevolución burocrá-

tica, que no fue más que la expresión de la presión de la economía mundial capitalista sobre un "socialismo" aislado en "uno" o varios pa-

íses históricamente retrasados. La ‘globalización’, en tanto restauración del capital allí donde había sido expropiado, no constituye un avance sino un retroceso histórico, y conlleva, de un lado, la pérdida de conquistas históricas y sociales en esos países así como a nivel internacional. La ‘globalización’ es la expresión ideológica de la destrucción del socialismo como perspectiva, la cual que fue históricamente conquistada por el proletariado en dos siglos de lucha de clases.

20

Tesis Programáticas para la IV Internacional

Adjudica la victoria transitoria del capital sobre los regímenes sociales no capitalistas dirigidos por una burocracia, a una capacidad del capital para revolucionar indefinidamente las fuerzas productivas, lo cual escamotea, de un lado, el carácter internamente contradictorio del capital y, del otro, su carácter históricamente condicionado; que el avance de la ciencia y la técnica, que el capital impulsa, no como una finalidad social conciente, sino por la necesidad de incrementar la explotación del trabajo ajeno, potencia sus contradicciones y las hace cada vez más explosivas.

El eufemismo ‘globalizador’ pretende poner un signo igual entre la liquidación de las formaciones económicas precapitalistas por parte del capital mundial en la época histórica de su ascenso (liberalismo) y la destrucción de la propiedad estatizada y de la economía planificada en la etapa del capital monopolista en disgregación.

Presenta a la unificación capitalista del mercado mundial como una perspectiva aún no completada, y no como una realidad que ha agotado sus posibilidades históricas y que engendra crisis económicas explosivas, catástrofes sociales mayores y guerras todavía más destructivas.

La ‘globalización’ rechaza que la restauración capitalista tenga un carácter transitorio, cuyo desenlace será determinado por el desarrollo de la presente crisis mundial.

6. La ‘globalización’ es una ficción ideológica que pretende igualmente encubrir el conjunto de tendencias dislocadoras del capital mundial. Por ejemplo, la extensión fenomenal del capital ficticio (endeudamiento público y privado, de inversores y consumidores, financiero y especulativo), que supera con creces el capital en su forma material y que lleva a la ruina los presupuestos estatales. El desarrollo del capital ficticio bajo la forma de una extensión sin precedentes de los mercados de capitales constituye un medio poderoso de confiscación económica adicional de los trabajadores, de los estratos sociales intermedios y de estados enteros.

21

No fue un ‘martes negro’ más

La llamada tercerización o subcontratación, otra característica de la mentada globalización, no representa una nueva fase histórica de la industrialización bajo el impulso de la división internacional del trabajo, sino un desarrollo parasitario de los grandes pulpos capitalistas, que sustituye la industrialización de los países atrasados por la implantación de maquiladoras y armadurías, para explotar la mano de obra barata y saquear fiscalmente a las naciones involucradas.

El resultado de este conjunto de tendencias es la sobreproducción crónica de mercancías y capitales, la tendencia a la depresión econó-

mica, la generalización (esta sí global) de la deflación a escala internacional y la desocupación obrera más alta y permanente de la historia del capitalismo. La llamada globalización ‘engloba’ a todas las formas del capital como un capital ‘global’, para ocultar, de este modo, su fase histórica específica, o sea el nivel excepcional que ha alcanzado su desarrollo parasitario y rentístico.

7. El desarrollo capitalista de las últimas décadas ha reforzado la contradicción entre el carácter mundial del desarrollo de las fuerzas productivas y del mercado, por un lado, y el carácter nacional de los capitales, los monopolios y los Estados. O sea que se ha acentuado la anarquía capitalista.

El reforzamiento de la nacionalización de los capitales pone al desnudo el carácter interesado de las expresiones apologéticas tales como ‘trasnacionales’, ‘multinacionales’ o ‘globalización’. La nacionalización del capital se manifiesta de forma especial en la supremacía que ha alcanzado el capital norteamericano, por sobre todo en la banca de inversión.

La Unión Europea ha fracasado en su intento de crear un capital específicamente europeo en oposición a los capitales norteamericanos y japoneses e incluso con referencia a los capitales nacionales de los respectivos estados europeos, o sea franceses, italianos, alemanes o incluso griegos. La atomización nacional del capital monopolista en Europa no ha sido superada ni por la creación de un Banco Central ni por una moneda única; esta última ha exacerbado las contradic-22

Tesis Programáticas para la IV Internacional

ciones de sus economías nacionales, como consecuencia de sus acentuados des-niveles de desarrollo. La tentativa de establecer una moneda de reserva propia, en competencia con el dólar, es una manifestación muy destacada de las rivalidades nacionales del capital y constituye una constante fuente de choques internacionales, enfrentamientos diplomáticos y hasta guerras por interposición (fuera y dentro de las fronteras de Europa). La coalición que tiene lugar entre diversos pulpos económicos de nacionalidades diferentes tiene, casi unánimemente, un carácter transitorio. Es la manifestación del choque de unos bloques nacionales contra otros, que se disgregan, a su turno, con cada manifestación de la crisis económica en general.

Los estados nacionales son más que nunca las herramientas de los monopolios en la lucha por la supremacía en el mercado mundial.

Este fenómeno se ha acentuado con la política de ‘libre comercio’, la que priva a las naciones más débiles de la posibilidad de protegerse con medidas de orden político y las deja al arbitrio de las muy pocas naciones más poderosas, en especial los Estados Unidos.

8. La formación de la Unión Europea no ha sido un proceso histórico lineal. Ha representado, en diferentes etapas, los intentos de adaptación y de supervivencia de la burguesía imperialista europea a las condiciones cambiantes de la crisis mundial. Bajo denominaciones parecidas ha representado fenómenos sociales y políticos diferentes.

Sea para contener la revolución social en la posguerra; sea como un marco que permitiera restablecer los viejos estados nacionales agotados por dos guerras mundiales, como las únicas formas concretas de dominación política del capital; sea para resolver la crisis de sobreproducción mediante una eliminación parcial de las barreras al comercio; sea como un método político para unificar la ofensiva contra los trabajadores luego del fin del ‘boom’ de posguerra y el comienzo de la presente etapa de crisis; sea para organizar la lucha contra el capital norteamericano en el cuadro de esta misma crisis mundial; sea como un intento, finalmente, de los estados más poderosos, especialmente de Alemania, para adaptase al derrumbe de la URSS y de Europa oriental y anexar a los nuevos mercados del este y Rusia. El imperialismo europeo ha montado un conjunto de "co-23

No fue un ‘martes negro’ más

rredores" (transportes, caminos y ductos), para enlazar al oeste de Europa con el Cáucaso y hasta Asia central, pasando por los países que componen la península de los Balcanes.

Bajo la presión de la crisis económica mundial y de las luchas de los trabajadores, sin embargo, las tendencias centrífugas tienden a imponerse cada vez más sobre las centrípetas. La utilización de las rivalidades nacionales por parte del capital financiero norteamericano tiende a fracturar a la Unión Europea. El crecimiento de esta lucha interimperialista condiciona el conjunto de la crisis política mundial.

Desde los Balcanes, Rusia y el Cáucaso hasta el lejano Oriente, Irak y Palestina, las crisis, los enfrentamientos nacionales y las guerras expresan, cada vez más, la creciente oposición entre los capitales y estados europeos, que están también divididos entre ellos, y el norteamericano. Las manifestaciones de una tendencia a la dislocación de la Unión Europea se han acentuado, sembrando la confusión entre quienes la consideraban irreversible y le aseguraban un progreso in-finito.

9. Las tendencias centrífugas y el choque creciente con el imperialismo norteamericano han afectado los ritmos de desarrollo de las crisis políticas, con especial impacto en el viejo continente. Esta tendencia de conjunto condena al ridículo a quienes abogan por com-pletar el desarrollo de la Europa imperialista con una "construcción más democrática". La penetración de los monopolios europeos en los países del este ha reforzado la tendencia imperialista de la UE, agudiza la competencia entre los pulpos internacionales, acentúa la disolución social creciente en los Balcanes y el este y potencia la ofensiva del capital y de sus Estados contra las condiciones del proletariado del oeste.

La crisis económica que provocó el estallido de la burbuja financiera norteamericana, a principios del 2002, se ha manifestado con la mayor agudeza en la Unión Europea, en especial en la tendencia a la depresión económica que afecta a Alemania, Francia e Italia. La pérdida de posiciones de estos países en el mercado mundial, en beneficio del capital norteamericano, ha planteado una aguda tensión 24

Tesis Programáticas para la IV Internacional

entre la burguesía y el proletariado, porque el capital europeo no puede hacer frente a la competencia internacional sin incursionar severamente contra las conquistas sociales y laborales de las masas. El ataque contra la seguridad social y la salud ha abierto una etapa de conflictos de clase violentos en Europa. El ‘espacio’ para una ‘construcción democrática’, o sea en el marco imperialista, se achica de más en más. Idealizada por sus apologistas como un medio de superar los límites que imponen las fronteras nacionales al desarrollo de las fuerzas productivas, la Unión Europea se ha revelado rápidamente como un freno a ese desarrollo. Estalla, en cierto modo, el intento de encajar en un único molde institucional los agudos desniveles de desarrollo capitalista que caracterizan a la UE. La IV

Internacional denuncia el carácter imperialista de la Unión Europea y de sus propósitos de expansión oriental; destaca que el imperialismo plantea una tendencia a la reacción política y no a la democracia; señala que ha fracasado en el intento de superar el escollo histórico de las fronteras nacionales para desarrollar las fuerzas productivas, y aun más, que ha creado escollos adicionales que tienen que ver con su artificialidad histórica; y pone de manifiesto que la tendencia imperialista y la tendencia a acentuar sus contradicciones conducen a un agravamiento de la lucha de clases en el interior de Europa. Este conjunto de factores refuerza la tendencia a crisis polí-

ticas de envergadura en los países europeos e incluso a que se plantee una cuestión de poder. La IV Internacional inscribe en este marco a la crisis política de abril del 2001 en Francia, cuando se produjo una licuación política de los partidos tradicionales de la derecha y de la izquierda, en combinación con grandes movilizaciones de masas, en especial de la juventud. Quedó al desnudo, en esa crisis, el agotamiento de la democracia imperialista. Sobre esta base la IV Internacional denuncia el carácter reaccionario de la consigna por una Unión Europea democrática y social y plantea la total vigencia de la unión del proletariado europeo por la expropiación del capital y el establecimiento de los Estados Unidos Socialistas de Europa.

10. La fase económica mundial que se inicia alrededor de los años 70

se distingue de la que tuvo lugar a partir de la posguerra, no solamente por una inversión de tendencia en la curva general del des-25

No fue un ‘martes negro’ más

arrollo de la producción. La caracterizan, por sobre todo, las recesiones cíclicas de características explosivas que se combinan con crisis financieras de inusitada amplitud, como consecuencia del estallido de las ‘burbujas’ especulativas, del extraordinario endeudamiento de los Estados, y de los capitales individuales y de los consumidores, con los que se intenta cebar la ‘recuperación’ económica. Los derrumbes financieros que van de 1997 al 2001 clausuran el ciclo especulativo extraordinario que se inicia con la ‘euforia’ que provocó la disolución de la URSS.