Oshún y Yemayá. Como dos Gotas de Agua por Geobanys Valle Rojas - muestra HTML

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A modo de presentación

Durante la etapa colonial en Cuba muchos fueron los negros africanos traídos a la Isla como esclavos. Estos se asentaron en la región caribeña del Nuevo Mundo sin el renuncio absoluto a su idiosincrasia natural, lo que posibilitó que aportaran elementos significativos en la construcción del criollo, máxima expresión de la cubanía.

Negros africanos creyentes, expresaban un sistema religioso tan común, autóctono y rico en su diversidad, que al ser vedado por los colonizadores españoles que eran cristianos, se fundió dentro de un vigente sincretismo religioso que dio origen a diferentes religiones afrocubanas.

En ese proceso de transculturación a los esclavos africanos no se les dificultó el sincretismo religioso, pues econtraron semejanzas entre las deidades del panteón yoruba y los santos de la iglesia católica en varios atributos disitintivos, como el color, pasajes de leyenda, herramientas, etcétera.

Precisamente fue producto de esa transculturación que nace en Cuba la santería o Regla de Osha, una religión que mantiene en su esencia las prácticas mágico - religiosas de los yorubas del África Subsahariana Occidental, lo que adopta elementos del catolicismo manifestado entre los ibéricos. Santería significa "camino de los santos", pues aquellos africanos hallaron similitudes entre sus divinidades, denominados orishas, y los santos católicos para realizar una efectiva equiparación entre unos y otros, lo que les permitió, de manera oculta, adorar a sus orishas bajo la denominación de determinado santo: Shangó-Santa Bárbara, Elegguá-San Antonio de Padua o Babalú Ayé-San Lázaro, por solo citar algunos ejemplos.

Bajo la sombra del santoral católico aquellos negros tuvieron un refugio perfecto para preservar sus tradiciones mágico-religiosas, llegando a celebrar sus rituales gracias a la tolerancia y hasta a la ignorancia de los colonizadores españoles en los cabildos, instituciones donde se reunían un mismo grupo étnico.

Para unificar los diferentes cutlos yorubas en un solo cuerpo litúrgico, el oriaté Lorenzo Octavio Samá, cuyo nombre africano era Obbadimeyi (rey coronado dos veces), junto a su inseparable Timotea Albear (Latiwa), una esclava hija de Shangó más conocida como Adyaí Latuán, crearon la Regla de Osha o Santería, religión lucumí que no puede ni debe confundirse con el ñañiguismo o la brujería.

Los creyentes de los cultos yorubas adoran a un Ser Supremo, principio necesariamente absoluto de todo, que está en un plano superior a los demás orishas y rige la vida y actividades del mundo. Ese Ser Supremo en tre entes es: Olofi - Oloddumare-Olorun.

Varios son los dioses que integran el panteón yoruba, y de estos se le tributa una especial veneración en Cuba a Elegguá, Shangó, Obatalá, Babalú Ayé, Oggún, Oyá, Orula, Oshosi, Oddúa, Iroko, Yewá, Obbá, Aggayú Solá, los Ibeyi, entre otros.

Entre las deidades afrocubanas sobresalen dos orishas femeninas de gran alcance popular: las míticas Oshún y Yemayá. Ambas son veneradas, admiradas, respetadas y amadas entre los mortales y los propios "santos" de origen africano.

La liturgia afirma que Oshún y Yemayá fueron reinas poderosas, amantes de los orishas e incluso madre de varios de estos. Algunos pataki sostienen que del incesto entre Orungán y su madre Yemayá nacieron los dieciséis orishas, y dentro de estos estaba Oshún. Otros pasajes cuentan que Oshún nació de la relación marital establecida entre Obatalá y Yemú, como se considera a la primera Yemayá. Aunque la gran mayoría de las historias prefieren contemplarlas como hermanas inseparables, que por el amor que se manifiestan continuamente se ayudan, se protegen y se cuidan una a la otra.

Yemayá es la hermana mayor, quien mucho trabajó para mantener a sus hermanas menores Oshún, Oyá y Obbá. Pero, de todas estas, la dilecta siempre fue Oshún, a quien la une un vínculo especial, prácticamente indestructible.

Al establecer un paralelo entre estas deidades, perceptibles son las semejanzas que las distinguen sobre las diferencias. Basta decir que Yemayá es la orisha más vieja, pues fue la primera en nacer cuando Olofi creó al mundo, en lo que Oshún es la más joven de las orishas femeninas.

Ellas son, posiblemente, las orishas más sensuales y femeninas del panteón yoruba. Dueñas de las aguas que garantizan la vida humana. Protagonistas por excelencia de la danza de los manantiales, como poéticamente denominó sus bailes don Fernando Ortiz. Soberanas alegres, amorosas, madres universales. Orishas de fundamento o de cabacera y, por ende, dos de los orishas que recibe todo iyawó, independientemente del ángel de la guarda que se corone en el iniciado en la santería. Además, ellas son las únicas mujeres que integran el grupo de las Siete Potencias Africanas.

Yemayá es la Madre del Mundo, Oshún es la Madre de todos los cubanos bajo su equiparación con la Patrona de Cuba, la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre; Yemayá es la orisha de la maternidad, Oshún es la orisha de la fecundidad; Yemayá como reina del amor por excelencia enseñó a todos lo que es este sentimiento, Oshún como Afrodita lucumí es la diosa indiscutible del amor y la deidad de los hechizos que por amor se hacen; Yemayá es la protectora de los recién nacidos, Oshún asiste a las mujeres embarazadas y parturientas; Yemayá es la fuente de todas las riquezas, Oshún es la deidad del oro y del dinero que simboliza la abundancia y la riqueza. Yemayá es noble, Oshún es dulce. Como dueñas de las aguas, Yemayá es la reina del mar y de las aguas salobres, mientras que Oshún es la reina del río y de las aguas dulces.

Aunque son dos orishas distintas, para los creyentes no suelen ser tan diferentes, pues ambas se distinguen por su bondad, a pesar de poseer un temperamento severo cuando se enojan con sus hijos o cuando no se cumple con ellas en lo prometido. Además, también hay que tener en cuenta que, de manera general, ellas están estrechamente ligadas a la maternidad, la fertilidad, la abundancia, la opulencia y la proliferación.

Como regentes de las aguas sus influencias en la vida humana es decisiva y determinante, pues al mar se le cosidera como fuente fundamental de la vida, y los ríos son fundamentales para que se reproduzca la vida en la tierra.

Mediante Oshún y Yemayá. Como dos gotas de aguas, el autor propone distinguir los elementos que hacen a Oshún y a Yemayá dos orishas diferentes que a la vez se relacionan íntimamente, como dos deidades afamadas en la Isla de Cuba por sus grandes milagros.

GVR