Otro día más... por Sebastián Seimar - muestra HTML

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Otro día más…

© Sebastián N. Seimar, Argentina 2017

Diseño y dibujo de portada: Sebastián N. Seimar, 2017

Corrección de erratas: Sebastián N. Seimar

Contacto: sebastian.seimar@gmail.com

La presente obra se encuentra protegida por la Ley de Propiedad

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Con cariño a: NRMV, DJS, HM, MHN, CGJ, PAM, MEG,

VMG, MSC, GRL, EM, EAM, DP, JG, SH, AEG, NMVO;

especialmente y para MJB.

A Mariela… dibujante y cocinera, una gran artista de ambas especialidades.

A Ud. que no menciono, pero Ud. sabe que es Ud.

Y a una lista interminable de personas: ¡Gracias!

3

What else should I be?

All apologies

What else could I say?

Everyone is gay

What else could I write?

I don't have the right

What else should I be?

All apologies…

I wish I was like you

Easily amused

Find my nest of salt

Everything is my fault. (…)

Nirvana – Álbum: “In Utero”, 1993

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Índice

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6

Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .7

a) Excusas y Motivos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .8

b) Miedos y vergüenzas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .11

c) Empezar de cero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .14

¿Cuál es la cuestión? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .18

Eso inmaterial que queremos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .24

La maldad en la acción y en el verbo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .28

Salir del pozo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .32

Cuadernos en blanco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .38

Del amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .42

Del tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .48

Certidumbres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .53

Ahora, el presente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .58

¿Por qué tiene que ser así? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .59

Ilusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .64

Razonamiento analítico vs. Razonamiento emocional . . . . . . . . . . . . . .68

La sensación de ser mejor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .72

Ser mejor en la sociedad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .75

Muletas y Bastones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .79

Costumbres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .84

Insatisfacción existencial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .87

¿Qué más podría escribir? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .91

Epílogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .92

5

Prólogo

¿Sobre qué trata este libro? sencillamente y sin engaños, trata sobre

usted y su vida, y es usted quien le dará significado… no contiene una

enseñanza, no contiene una respuesta, no contiene una solución… ya

que es usted, quien por sí debe aprender a responder sus preguntas y

dar solución a sus problemas; este libro es una breve guía, que le

llevará a ningún lado, pues sólo le ayudará a despejar su camino, la

dirección está completamente en sus manos, sólo usted sabe a dónde

quiere ir o de dónde quiere salir… la vida es poco original, ya que,

transita siempre por los mismos caminos y una vez instalada en uno de

ellos, nos atrapa allí; salvo que procuremos construir nuestro propio

camino, dejando de arrastrar pesos que nos frenan y eso es a lo que

vamos…

Noviembre 2017

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Introducción

Aprendí con el paso del tiempo a moverme aunque no pueda, a ser

positivo aun en el fracaso, a querer a quienes me rechazan, a soportar

lo insoportable y a seguir caminando con la piedra en el zapato… y

últimamente a dejar de arrastrar ese pesado cadáver y hacer que me

acompañe, si va a estar siempre conmigo, al menos camine a mi lado…

Y de alguna manera es lo que, antes de desaparecer, pretendo

transmitir; pero desde ya, comprendo que de un modo u otro, no lo

haré correctamente, porque por un lado considero que vivir no es algo

que se pueda enseñar y por el otro entiendo que vivir no es algo que se

pueda aprender; asimismo va de suyo que me puedo equivocar y es por

ello que extremo la prudencia en cada tema a tratar.

Si bien a vivir no puede enseñarse, ni aprenderse, porque vivir es

sólo eso y nada más; sí es posible corregirse y mejorar…

A continuación tres serán los temas que brevemente de modo

introductorio abordaremos: excusas y motivos, miedos y vergüenzas, y

sobre el comienzo; los cuales serán tratados de la manera más breve y

amena posible.

7

a) Excusas y motivos

Todos al menos tenemos una y sirve para justificar algún punto

negativo de nuestra vida, “soy así o hago esto, por tal o cual excusa”,

aunque no haya motivo. Una excusa es una justificación permanente en

algunos casos y temporal en otros, pero siempre negativa; un motivo es

una razón sobre una cuestión y puede ir variando en el tiempo; dejando

de lado los motivos por un momento, centremos en las excusas…

En primer lugar sirven para liberarnos de cualquier culpa y buscar

comprensión; en segundo lugar las usamos para no ser responsables de

nuestros actos, ya que podemos atribuirle cientos de significados; por

último, sirven para hacernos sentir mejor, porque nos dan consuelo en

la desgracia. Tratemos por separado cada punto:

La excusa como medio para no sentir culpa y buscar comprensión,

está siempre presente en la vida: por un lado de forma íntima o

puramente mental: “soy así y hago hago esto, sé que está mal, pero…”,

se libera de toda culpa, diciendo o recordando ese algo, que fue una

realidad pasada, se excusa diciendo “…no soy culpable”; por el otro

lado, ya usada la excusa en el plano social, la ponemos de manifiesto,

para que nos comprendan y perdonen: “soy así e hice esto, pero

compréndanme, no lo pude evitar”, vale aclarar que en general a nadie

le importa la excusa que ponemos sobre la mesa, porque nadie tiene

ánimos de soportar, lo que nos venga en ganas hacer en su perjuicio,

por una excusa que no les corresponde barajar.

La excusa como mecanismo para eludir responsabilidades, si por un

lado no sentimos culpa de lo que hicimos, mucho menos vamos a

hacernos cargo de los resultados de nuestros actos; al atribuir la culpa a

factores ajenos a nosotros, también a ellos le atribuimos la

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responsabilidad; de este modo y respecto de determinados temas,

iremos por la vida, sintiendo la inexistente libertad de no asumir

responsabilidad alguna.

La excusa como consuelo en la desgracia, nuestros actos negativos,

siempre traerán resultados negativos: aunque de ellos, no sintamos

culpa y no asumamos la responsabilidad, nos pondrán en una situación

más o menos desgraciada, generando infelicidad, tristeza, angustia; allí

nuestra confiable excusa nos dará consuelo, incluso culpando a otros,

nos dirá que estemos tranquilos, que todo esto malo que pasa, se debe

a tal situación foránea, que no puede atribuirse a ningún acto propio y

que no hay razón para sentirse mal.

Con sinceridad es imposible vivir sin excusas, ellas son un

mecanismo de defensa; aunque generen problemas, nuestra salud

mental, en gran medida, depende de tenerlas y como norma general,

se hará uso de ellas de manera negativa.

Algunas excusas con que continuamente nos justificamos son, por un

lado de atención, “me olvidé…”, “no me di cuenta…”, “no sabía…”, “me

pareció que…” y del otro lado emocionales, “La vida me hizo ser así…”,

“estoy pasando por un mal momento…”, “sentía mucho enojo y por

eso…”, deje de lado las excusas, razone sus actos con antelación.

Motivos, se diferencian de las excusas por el grado de relación y

coherencia que hay entre un acto y su resultado; cuando hacemos algo,

esperamos un resultado, ese resultado puede ser adverso, malo o

negativo; pero nunca atribuible a algo externo o pasado, es decir el

mismo acto es lo que genera el resultado. Los motivos siempre, ante el

resultado adverso, indican quién debe asumir la responsabilidad.

Al hacer algo, lo que fuera, usted debe motivar sus actos; si no hay

motivos es porque seguramente no debe hacerse. Los motivos no son

sentimientos, ni emociones y mucho menos “buena voluntad”, son

cuestiones puntuales y objetivas, correctamente razonadas, si se le

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pregunta a alguien:

– ¿Por qué lo hizo?

– Porque sentía mucha rabia. - responde.

No hay un motivo, hubo un acto impulsado por una emoción,

posteriormente, se pretende justificar el resultado: “sentía rabia”. Los

motivos siempre son anteriores, están estrictamente relacionados a

cualquier cosa que se haga y pueden responder a cualquier “¿por

qué?”; las excusas si son anteriores, generalmente tienen poca relación

con cualquier acto actual y si son posteriores sólo justifican el resultado

de lo que se ha hecho, pero no pueden explicarlo.

No todo motivo lleva necesariamente a un buen resultado, pero

siempre puede ser explicado; las excusas, están siempre sujetas a un

impulso, es decir, un acto sin motivos, como no se puede explicar el

motivo, se justifica mediante un hecho del pasado o mediante una

emoción presente, toda excusa, pretende justificar resultados

negativos.

Por ello es importante razonar motivos; un motivo bien razonado va

permitiendo abandonar algunas excusas; siempre es de utilidad dar

ejemplos: pensemos en una excusa temporal “te grite, porque lo que

me has dicho, no es acorde a lo que pienso”, si buscamos algún sentido

en esto, no lo encontraremos, una excusa permanente sería “siempre

que me griten, voy a responder gritando”, nuevamente, a simple vista

se detecta cierto grado de irracionalidad; los motivos en cambio

siempre son producto del buen razonar; siguiendo los dos ejemplos

anteriores lo apropiado sería decir: “no estoy de acuerdo con lo que me

has dicho, por tales razones” y “si me gritan, diré que así no se puede

resolver nada, si los gritos no cesan, no gritaré, pero tampoco voy a

responder a esas palabras”.

Razonar motivos es anticiparse a lo pueda suceder y permite, en

caso de que algo salga de modo inesperado o adverso, dar una

explicación.

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b) Miedos y vergüenzas

I'm so happy because today

I've found my friends

They're in my head

I'm so ugly, but that's okay, 'cause so are you

We've broken our mirrors

Sunday morning is everyday for al I care

And I'm not scared (…)

Nirvana – Álbum: “Nevermind”, 1991

Miedo a lo nuevo, al rechazo, al abandono, a perder, a no poder;

vergüenza por quien se es, por el pasado, por el presente… al fin y al

cabo, son las dos caras de la misma moneda.

Si bien son las dos caras de la misma moneda, cada una trae consigo

cosas diferentes, en general el miedo nos hace huir o nos paraliza y la

vergüenza nos hace callar o mentir; no hay miedo a cuyo lado no haya

una vergüenza y las vergüenzas siempre tienen un miedo a su lado.

No hay un superhumano que no cargue en su haber, aunque más no

sea, un mínimo cúmulo de temores y pudores, es normal tenerlos e ir

adquiriendo nuevos; el problema viene dado cuando: sea el miedo o la

vergüenza o ambos, se transforman en complejos, levantando muros,

construyendo barreras o creando jaulas.

Sin acudir a sinónimos, definamos juntos estas cuestiones:

¿Qué es el miedo? , el miedo puede ser una razón o una

irracionalidad: es una razón cuando tiene fundamentos lógicos,

generalmente los tiene, cuando hay que tomar decisiones de las cuales

11

se desconoce el resultado, si entre dos o más cosas, se puede elegir

una, es posible equivocarse; aunque los resultados posibles siempre

serán tres, que todo siga igual, obtener o perder algo, hay una cuestión

más profunda ¿cómo influirá en mi vida el acierto o el error de esta

decisión?, la respuesta es que a veces se gana y a veces se pierde. Es

una irracionalidad cuando carece de fundamentos, viene siendo como

un “tengo miedo porque sí”, este es el miedo que nos juega en contra,

porque con este miedo, siempre se pierde, es el miedo que paraliza,

que no nos deja decidir, ¿cómo se supera?, no hay una fórmula

simplemente se lo supera asumiendo la posibilidad de fracasar.

¿qué es la vergüenza? , el miedo puede ser una cuestión íntima,

tengo miedo, no lo digo y sigo adelante; la vergüenza es algo que

siempre se tiene ante los demás, a los juicios que otros puedan hacer

sobre nuestra persona. Estos juicios sólo pueden ser de dos maneras,

acertados o equivocados; cuando aciertan la gravedad es mínima, el

problema está dado cuando son erróneos, es decir, los demás piensan

lo que no es. Ahora bien, aunque mucho se diga que no importa, somos

seres humanos, que vivimos es una sociedad, rodeados de otras

personas, dependiendo los unos de los otros y si los demás por error

piensan lo que no es, claramente será algo perjudicial… aquí tampoco

hay una fórmula que permita superar lo que nos avergüenza, sólo nos

queda asumir esa vergüenza que es una verdad y en su caso demostrar

con nuestros actos, que nos han juzgado mal.

Como dijimos, no hay quien carezca de miedos o de vergüenzas, se

vive con ambos, con el tiempo algunos se pierden y se adquieren

nuevos; lo realmente problemático es cuando se convierten en

complejos.

¿qué es un complejo? , es un miedo o una vergüenza llevada al

extremo, aquí siempre, en mayor o menor medida, habrá un grado de

irracionalidad, aunque haya de fundamentos lógicos presentes; si bien

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tanto el temor, como el pudor, generan angustia y ansiedad, no lo

hacen al mismo nivel que un complejo, ya que éste lo hace de modo

permanente, aunque estemos alejados de la situación que genera

temor o vergüenza; nos taladra la cabeza todo el tiempo, lo asociamos

a todo… los miedos y las vergüenzas, pueden ser superados sin requerir

ayuda, por ejemplo si tiene miedo a hacer tal cosa o vergüenza a que

los demás sepan de usted tal otra, se los puede superar simplemente,

haciendo lo que le da miedo o asumiendo aquéllo que le da vergüenza,

aunque el corazón se le acelere y le tiemblen las manos; en general

veremos que luego de hacerlo no había un motivo para sentir miedo y

que aquello que nos avergüenza es algo que termina por no importarle

a nadie… no sucede así con los complejos, porque ellos hacen que

evitemos a cualquier costo enfrentar la situación y las más de las veces

es necesario pedir ayuda: empezar una terapia psicológica puede ser un

buen comienzo.

Por último quiero aclarar, más que aclarar poner de manifiesto, que

vivimos es una sociedad global, con ideales perfeccionistas e

inconducentes, en muchos aspectos totalmente equivocada, que juzga

sin fundamentos y de mal modo, aquello, sobre lo que ningún juicio

cabe, como ser la religión, el color de la piel o la apariencia física, la

orientación sexual, la nacionalidad, la clase económica, etcétera…

ninguna de estas cosas son motivo para sentir miedo o vergüenza y

mucho menos para desarrollar un complejo… necedad significa idiotez

y a palabras necias oídos sordos.

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c) Empezar de cero

¿Es posible? , ciertamente todo es continuidad, así como no hay un

fin sin principio, no hay comienzos que de la nada surjan; del mismo

modo en que todo es continuidad, nada está asegurado.

La respuesta es que nunca es posible comenzar de cero; pero si es

posible romper ciclos, para dejar de dar vueltas sobre la misma realidad

y comenzar algo nuevo.

Empezar de cero y comenzar algo nuevo, son dos cosas diferentes, la

primera es un ideal imposible, la segunda es continuar partiendo de

aquello que puede quedar atrás en el tiempo, pero muy presente en

nuestra vida, siendo incluso un dolor por siempre latente.

¿Qué debo hacer para comenzar algo nuevo? , muchas veces he

leído, de quienes recomiendan, que comenzar algo nuevo es hacer

cosas tales como estudiar algo, inscribirse en un gimnasio, rodearse de

personas nuevas, dejar a ciertas personas y etcétera, pero todas esas

cosas se pueden hacer y seguir igual, dentro de un mismo ciclo

negativo, sin de él salir.

Para comenzar algo nuevo, se requiere principalmente un esfuerzo

mental, no se trata de ir a estudiar, inscribirse en un gimnasio y conocer

otras personas, porque se seguirá arrastrando el mismo peso; “¡sí! he

aprendido a hablar inglés, mis brazos son musculosos y conozco nuevas

personas, pero mi infelicidad es la misma”, de hecho puede ser incluso

peor, surgiendo una pregunta ¿si ahora hablo inglés, tengo músculos en

los brazos y nuevas amistades por qué sigo siendo infeliz?, la respuesta

a esta pregunta puede quitar todo merito y valor a esos pequeños

logros, llegando incluso a concluirse que nada ha valido la pena.

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Como dijimos en el prólogo, hay que dejar de arrastrar ese peso que

nos frena y como la mayoría de las veces, va a ser imposible

abandonarlo, habrá que buscar la manera de ponerle ruedas;

comparativamente ese peso, es como un cadáver, que es parte de

nosotros y para no tener que arrastrar su peso, hay que enseñarle a

caminar y que nos acompañe.

¿Entonces…? , Bien… lo segundo es convertirse en una especie de Dr.

Frankenstein, juntar todas las partes que componen nuestro cadáver,

porque en general nunca está entero y traerlo a la vida, sus partes

siempre van a ser frustraciones y fracasos: lo que no tuvo, lo que no

pudo, lo que le pasó, lo que le quitaron, lo que le negaron; cada parte

tuvo una repercusión insalvable que afecto la continuidad de su vida.

Con esas partes armaremos nuestro cadáver, pero no le pondremos

cerebro, no le daremos voluntad, ni libertad, su cerebro, será nuestro

cerebro, lo que sí colocaremos dentro de la cabeza de nuestro cadáver,

serán nuestros objetivos y como carece voluntad, nos tendrá que

acompañar a cumplirlos; pero esos objetivos no deben ser vistos como

compensaciones, deben ser vistos como algo nuevo, por ejemplo si no

pudo tal cosa, pregúntese ¿qué es lo que ahora quiero?, puede ser lo

mismo, u otra cosa, pero no es para compensar lo que no se pudo, es

para comenzar algo nuevo.

Determinar nuestros objetivos es prioritario, de ellos depende lo

que hagamos; he leído de quienes recomiendan, que hacer una lista es

algo útil, no lo creo así, escribir en un papel las diez cosas que quiero,

es completamente inútil y por varias razones, la primera de ellas, es que

como nada ocurrirá de inmediato, veremos como el papel se vuelve

amarillo sin nada haberse cumplido, luego está el asunto de pretender

dar un orden lo cual es imposible, al punto que puede suceder primero

lo último, las listas juegan en contra del olvido, que muchas veces es del

tiempo un regalo, por último, nunca podremos completar la lista por

15

entero, porque en la vida siempre quedan cosas pendientes.

Cada persona, sabe con certeza qué es lo que más necesita y debe

ser ese el objetivo a tener en claro, porque ese objetivo es lo que dará

estabilidad emocional.

He visto a mujeres y a hombres destruir lo que tienen por falta de

estabilidad emocional, personas que han formado una familia, que

tienen un trabajo, una vida armada que a otros les gustaría o que otros

anhelan poder algún día llegar a tener y que a cambio de nada la

destruyen, como si sintieran una insatisfacción y desprecio total por lo

que es suyo; y no me refiero a personas con problemas de índole

psicológica… sino a personas cuyo grado de insatisfacción las ha llevado

a un abismo, aquí viene un punto neurálgico, que es lo primero que ha

de hacerse para comenzar algo nuevo, ésto es: dejar de lado por

completo los ideales de perfeccionismo inconducente.

El perfeccionismo, querer que las cosas sean perfectas al detalle,

sirve para hacer ciertas cosas, desde algo sencillo como cocinar, hasta

algo complejo como desarrollar alguna tecnología; pero sabiendo que

lo que se haga, sólo será perfecto hasta cierto punto y que puede no

agradarle a todos; el perfeccionismo inconducente al que nos

referimos, es aquel que paraliza la obra que alguien está haciendo, por

no enmarcarse dentro del grado de perfección idealizado o aquel que

se refiere a las otras personas, es decir, aquel que pretende que el otro,

sea como queremos que sea, lo cual además de ser aburrido, es

totalmente irrespetuoso y denigrante; vale aclarar que corregir a

alguien que está haciendo algo mal o enseñarle que puede hacerlo

mejor, no entra dentro de la categoría de perfeccionismo inconducente,

porque es por el bien de esa persona, que puede tomar o dejar de lado

la corrección que se le haga, al fin y al cabo será su decisión; siempre

será perfeccionismo inconducente, cuando el otro no pueda decidir o

cuando el otro sufra algún desmedro o daño.

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La respuesta es: para comenzar algo nuevo, usted por un lado debe

tener objetivos claros, tomándose el tiempo necesario para pensar lo

que realmente quiere y lo que hará para obtenerlo, y por el otro debe

abandonar los ideales inconducentes de perfección y saber que nunca

se empieza de cero, siempre se parte y se sigue con el pasado a

cuestas…

17

¿Cuál es la cuestión?

Shakespeare dijo: “ser o no ser, esa es la cuestión”; adaptando un

poco esa frase a los fines que perseguimos podemos decir: “saber o no

saber qué se quiere, esa es la cuestión”.

La certidumbre, esto es, el conocimiento sobre lo qué va a pasar con

nosotros y nuestra vida, nos genera, muchas veces un temor, sobre

todo, cuando nuestro presente no es muy bueno o directamente es

malo y se tiene cierto grado de certidumbre de que va a seguir igual.

No saber qué se quiere, siempre se relaciona a cosas pequeñas, a

decisiones inmediatas, que no afectan en mucho la vida, por ejemplo,

no sé si quiero una camisa a cuadros o a rayas, zapatos de tacón o de

suela chata, estudiar Derecho o Ingeniería, estas cuestiones se deciden

y si finalmente no nos gusta lo decidido, podemos volver sobre la

marcha, por ejemplo, yendo a cambiar los zapatos de tacón, por

zapatos de suela chata.

El problema, curiosamente, es cuando se sabe lo que se quiere, es

allí, donde surge el típico interrogante ¿podré?; cuando se sabe lo que

se quiere, es cuando comienza a haber problemas.

Una mujer dice: “quiero casarme y formar una familia y continuar

ejerciendo mi profesión”.

Un hombre dice: “quiero tener un mejor trabajo, hacer algo

diferente”.

Y ¿cuál es la cuestión?, la cuestión es “¿cómo voy a conseguir eso

que quiero?”, a esto se suma la certidumbre propia de la realidad

presente, acompañada por el miedo a no poder o la vergüenza del

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fracaso y de pronto aparecen los complejos:

La mujer dice: “voy a ser toda la vida una solterona, en vez de hijos

tendré cinco gatos”.

El hombre dice: “no sé hacer otra cosa, quién me va a dar otro

trabajo, mejor me quedo donde estoy”.

Siempre se da, en los complejos, el efecto bola de nieve cuesta

abajo: la mujer comienza a pensar que hay algo malo en ella, que por

eso no la quieren, el hombre se siente un inútil que no sirve para nada;

sigue pasando el tiempo, crece la angustia en ambos, la mujer termina

en pareja con un señor que no la aprecia mucho y que no quiere formar

una familia; el hombre consigue un trabajo apenas mejor pagado, pero

dónde está más incomodo, se siente más insatisfecho y menos

valorado.

Saber lo que se quiere, sólo es problemático, cuando lo que

queremos no depende estrictamente de nosotros, por ejemplo si lo que

usted quiere es aprender a jugar tenis, depende únicamente de usted,

puedo aprender o no, pero nadie más se encuentra involucrado; tener

éxito como tenista, depende de un gran número de cuestiones y entre

ellas se encuentra incluida la suerte.

La suerte principal, es tener la oportunidad de hacerlo, luego otras

serán necesarias, pero sin aquélla que es la principal, ni siquiera

tocaremos una raqueta.

¿cómo voy a conseguir eso que quiero?

La respuesta en principio se ve fácil, pero no; estamos ante uno de

los interrogantes más complejos de la vida, en muchos casos, cuando es

imperiosamente necesario, es la raíz misma del sufrimiento humano a

nivel individual.

Ciertamente para muchos la solución va a ser, el olvido o resignarse a

nunca tenerlo o conformarse con tener otra cosa diferente.

La vida se encuentra colmada de impedimentos, sociales,

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económicos, etcétera… muchas cosas serán sueños imposibles.

Hay sueños grandes, que dependen en su totalidad de la suerte,

aprender y jugar bien al tenis, puede llegar a ser fácil si se pone

empeño, pero llegar a ser un tenista profesional depende, por mucho y

en gran parte, de la suerte. Por ello a continuación solamente

trataremos sobre cuestiones comunes, quizás sueños pequeños…

Para continuar, separemos aquello que es un sueño pequeño, de lo

que es un sueño ideal, el primero es aquello que quiero y que es

posible, el segundo, es lo mismo que el primero, pero imposible por ser

detalladamente perfecto; ahora bien, no está mal querer que las cosas

sean lo mejor posible, pero se debe ser consciente de que nunca serán

perfectas y que por lo tanto, el ideal quedará en la mente, nunca será lo

que conseguiremos.

Idealizar demasiado lo que se quiere, las más de las veces, hará que

nada sea suficiente, todo nos decepcionará… llegando incluso a

despreciarlo por inconformidad, perdiendo la oportunidad de tenerlo.

Entonces bien, para conseguir aquéllo que queremos, en principio

tres variables, son por demás importantes, la primera es no caer en un

estado de desesperación, que nos lleve a pensar que lo primero que

veamos, un poco parecido a lo que queremos, es lo que debemos

tomar; la segunda variable es intentar obtener lo mejor posible, sin

ideales que ronden el perfeccionismo inconducente, a estas dos

variables se suma la tercera, muy importante, la suerte.

La suerte es un factor totalmente incontrolable e independiente, es

algo así como estar en el lugar y momento oportuno, una especie de

situación trascendental y mágica; pero ha de saberse que la suerte por

sí misma no hace nada, si de antemano no hemos hecho algo, la suerte

aparece en un momento y nos acompaña, pero si ve que no estamos

preparados, inmediatamente nos deja…

Mientras escribo para usted, imagino que, con dolor, pasan por su

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mente, cosas muy personales y se pregunta: ¿por qué es tan grande mi

desgracia?, ¿cómo puede ser que tenga que vivir de esta manera?,

imagino su tristeza, que no sabe qué puede hacer y que lo que va

leyendo no le sirve para nada…

Imagino cosas tales como que usted dice:

– ¿qué habla de sueños, de ideales, de la suerte?… esto no me

sirve… a mí me pasan otras cosas… estoy mal… necesito que me

digan qué hacer… y acá no hay nada…

De inmediato le respondo que:

– Tiene razón… no hay nada… sólo palabras y más palabras, y

ninguna respuesta, hasta si parece una burla, aunque, esa

intención es inexistente.

Pues bien, aquí estamos, separados y más que por la distancia

terrenal, por el tiempo… me encuentro en abril de 2017, es martes y

son exactamente las tres, con cincuenta y dos minutos de la madruga…

¿qué puedo decirle hoy, qué respuesta puedo darle?

No es por quejarme, pero estoy tan cansado y confundido como

usted, tengo que hacer cosas que no quiero, e ir a donde no tengo

ganas… sin embargo estoy buscando la manera de que usted solucione

sus problemas… y le pregunto, además de leer esto, ¿qué está haciendo

usted?

– Nadie le pidió que se pusiera a escribir nada… - me dice ud..

– Y a usted, no le pedí que leyera nada… - le contesto.

Ahhh… qué complicado es todo… perdón por el lapsus… sigamos…

Habíamos dicho que usted sabe lo que quiere, que debe evitar caer

en un estado de desesperación que le lleve a tomar lo primero que

aparezca (salvo que eso sea lo que ud. sueña), que para conseguirlo

debe dejar de lado los ideales de perfeccionismo inconducente y que

en muchos casos, existe una aleatoriedad que depende de la suerte y

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que toda suerte es poca, si usted no se encuentra con cierto grado de

preparación.

Pero nunca respondimos la pregunta principal ¿cómo voy a

conseguir eso que quiero? , una sóla palabra es la respuesta y considero

que es poco alentadora, ya veremos porque…

Esa palabra que da respuesta al interrogante que venimos

persiguiendo es: “persistiendo…”, usted va a conseguir lo que quiere

persistiendo… tocará a mil puertas, sólo unas cuantas se abrirán, en

muchas no le dejarán pasar y en otras muchas le echaran sin que ud.

entienda porque…

Y la palabra persistir, no es poco alentadora por lo que acabamos de

decir, es poco alentadora por una razón mucho peor, habrá ocasiones,

en que ni siquiera encontrará, una puerta a la que tocar (recordemos

esa sabia canción del Sr. Enrique S. Discépolo, “Yira, yira”).

Mientras haya puertas, aunque no se abran, aunque nos echen sin

explicación, tendremos cierta tranquilidad, porque en cada toque,

existirá, un grado de ilusión o esperanza, que revitalizará

momentáneamente el cansancio mental o espiritual que sintamos…

Ahora cambiemos la palabra “puerta”, por una más correcta,

“oportunidad” y digamos que cuando no haya oportunidad, para

conseguir lo que queremos y esto sucederá mucho, caeremos en un

pozo, más o menos profundo; pero que desde dentro nunca se verá la

salida… todo se volverá confuso y oscuro, al punto que las

oportunidades pasaran por nuestro lado y no las veremos (sobre esto

hablaremos más adelante).

Persistir, no es garantía de nada, pero sí es extremadamente útil,

muchas cosas pueden obtenerse y aunque ninguna sea “eso que

queremos”, nos pueden permitir ir construyéndolo…

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eso que queremos”, es:

En algunos casos un objeto o cosa única y en muchos casos, la

mayoría, una suma de cosas diferentes que, a medida que se las

obtienen van construyendo nuestra meta.

Curioso es, que incluso cuando en apariencia, es un objeto único,

también es a su vez, la suma de partes o cosas diferentes, por ejemplo

si en este momento mi meta es escribir un libro, tendré que encontrar

el tema, escribiré varios capítulos, un índice tal vez… todo el tiempo

pensaré en el título, etcétera… finalmente habré cumplido mi meta,

para muchos podrá verse como una cosa única, pero en realidad es una

suma de cosas diferentes; claro es, que estas cosas que se van

sumando, tienen al menos un factor común que las une. Sea un objeto

único o una suma de cosas diferentes, siempre persistir es el modo de

obtenerlo.

Y será difícil, siempre, pero no imposible… conservarlo será costoso…

darle valor una vez obtenido, es algo que muchas veces no ocurrirá, lo

cual no es malo si se pretende algo más, diremos “ya conseguí esto,

ahora voy por lo siguiente”.

La vida, el destino o como se lo quiera llamar, nos pone en

situaciones terribles, ¿por qué?, no lo sé, sólo sé que esas situaciones

existen, que sin haber hecho nada, se presentan y no nos dejan

escapar; pero también sé que se puede salir de algún modo… muchas

veces “eso que queremos”, es simplemente estar bien, no pensando en

obtener algo materialmente palpable, sino que es, algo así como, salir

del infierno… tengo la espantosa seguridad, de que muchas personas se

encuentran inmersas hasta el cuello de hez, sea por algo que apareció

en su vida, sea por creer, sea por no haber podido elegir o haber

elegido mal, a continuación hablaremos sobre estos temas.

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Eso inmaterial que queremos

Considero que la vida en sí misma, no es, ni puede ser un proyecto;

una persona quiere muchas cosas y conforme avanza el tiempo, va

obteniendo algunas y otras no o se deja de quererlas; el querer

humano, se constituye de necesidades, proyectos, sueños e ilusiones:

Una necesidad, es algo que siempre y de modo permanente, se va a

tener que satisfacer, algunas pueden esperar, pero la mayoría son

vitales para la salud física, mental y emocional: alimentos, atención

médica, un lugar donde vivir, educación, trabajo. La insatisfacción de

ciertas necesidades impide que se puedan tener proyectos.

Un proyecto, es algo que se quiere, tiene un principio, una etapa de

desarrollo y un final; los proyectos siempre son acotados en el tiempo,

pueden suspenderse, modificarse, abandonarse.

Un sueño, es una meta o una aspiración, que al igual que los

proyectos tienen principio y final, pero se diferencia de ellos, en que un

sueño es una cuestión más íntima, en la que se busca obtener una

ganancia emocional; cuando se cumple un sueño, se puede vivir en él,

aunque no se viva de él.

Una ilusión, es una esperanza, que depende de múltiples cosas

diferentes, las ilusiones duran muy poco, ya que o se convierten en algo

material o inmaterial, o se convierten en decepción y luego se olvidan o

son un mal recuerdo; sobre ellas hablaremos en capítulo aparte.

Lo normal, es que todas estás cosas, aunque sean diferentes, se las

sienta como algo que se quiere; y muchas cosas, según las

circunstancias en nos encontremos, pueden ser todo al mismo tiempo.

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Todo aquello que se quiera y sea material, dependerá

exclusivamente del dinero; con excepción de las necesidades, casi todas

las personas aprenden a vivir cargando la frustración por los proyectos,

sueños e ilusiones que no han podido cumplirse; cuando lo insatisfecho

son las necesidades, estamos ante una cuestión mucho más compleja,

ya que las necesidades son vitales y aunque su carencia no impida que

una persona continúe viviendo, sí impide que lleve una vida física,

mental y emocionalmente saludable.

Ahora bien, como hemos dicho anteriormente, muchas veces lo que

se quiere, en determinados momentos de la vida, es simplemente estar

bien y ese bienestar, no depende de la obtención de algo

materialmente palpable, sino que se trata de salir de situaciones

negativas o también podría ser volver a una situación positiva de la que

sin querer, por el motivo que fuera, se salió. Aunque el dinero, siempre

juega un rol, aquí no hay una dependencia exclusiva de él, es decir, no

es posible pagar para estar bien… empecemos por, lo que es, quizás,

más sencillo:

Intentar volver a una anterior situación positiva, que se ha perdido.

Aquí cabe subrayar la palabra intentar, porque intentar es lo único

que se puede, no hay obligación de que nos reciban nuevamente,

incluso no existe esa obligación, aunque no tengamos ningún tipo de

culpa o hubiésemos tenido motivos para irnos.

Antes de seguir, aclaremos que llamamos situación positiva, a un

bienestar basado en la buena relación con otras personas, sin importar

quienes sean, si nos continuamos relacionando con ellas o si se ha

perdido todo tipo de relación.

¿Qué hacer?, bien, como dijimos, sólo se puede intentar, según sea

el caso, disculpándose o dejando de lado, en el olvido y sin reproches,

lo sucedido, ¿eso es todo?, sí y a ello sumarle que no se debe insistir o

la situación vuelve sola a cómo era, sea por las disculpas o el olvido, o

queda como ahora es; insistir, sólo genera y suma un malestar, que por

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evitable, lo mejor es no caer en él.