VIP Membership

Pecas, el oso por Daniel Oropeza y Lita Gómez - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle
index-1_1.jpg

index-2_1.jpg

Esta es la historia de Pecas, un oso de peluche muy especial. A través de sus ojos azules, Pecas nos contará la vida de su dueño, un niño llamado Matías.

index-3_1.jpg

index-3_2.jpg

index-4_1.jpg

Yo era un osito llamado Pecas: así me habían nombrado en Cuidados Sofi, la guardería a la que pertenecía, porque por un error de fábrica tenía varios puntitos en la nariz parecidos a pequeñas pequitas.

El día en que me compraron fui asignado al sector de los niños que tenían de dos a cuatro años. Allí estaba yo todos los días, sentado en una pequeña silla, con los brazos abiertos y esperando a algún niño que quisiera jugar conmigo.

Siempre abrazaba a todos los niños luego de cualquier caída y muchos de ellos sonreían cuando veían mis ojos azules. Sí, ojos azules, ¡era el primer oso de ojos azules! Era otro error de fábrica, pero al parecer a nadie le importaban mis ojos. En cambio, cada vez que los veían, los niños reían suavemente y volvían a abrazarme.

Así era la vida en Cuidados Sofi, muy tranquila. Cada niño era un mundo nuevo por conocer, porque cada uno era mágico a su manera.

Un día, a mi sección llegó un niño nuevo. Según lo que decía Miguel (el cuarto novio de la Barbie de nuestra sección) el chico había llegado hacía un ratito. Yo, sin inmutarme, seguí con mis bracitos abiertos en la silla de siempre, con una suave sonrisa, algunos vellitos en la nariz y mis ojos azules, esperando…

El niñito llegó corriendo hasta mi sillita y me tomó entre sus brazos.

Me sonrió y yo le sonreí también, porque sentí unas pequeñas gotitas caer desde sus ojos.

El día transcurrió con normalidad, aunque el pequeño no me soltaba; me llevaba de un lado a otro, agarrado de mi bracito y acomodando mi postura a cada rato. Estuvo a punto de llevarme a su casa, pero las cuidadoras lo endulzaron y lograron que me dejara, de nuevo, en la sillita de siempre.

4

index-5_1.jpg

Así pasaron los días. El chico, llamado Matías, siempre me agarraba en cuanto llegaba y luego, a las tres de la tarde, volvía a dejarme en la sillita, con los brazos abiertos, esperando que él volviera a buscarme al día siguiente. Rápidamente, esos días se transformaron en meses, que acabaron el día en que Matías cumplió los cuatro años, edad suficiente para ir a la escuela.

Junto con los demás niños que no volverían el año siguiente, le hicieron una fiesta de despedida con un gran pastel y montones de serpentinas que caían del techo. Sus ojitos se llenaron de lágrimas cuando, luego de terminarse el pastel, entendió que no volvería a verme. Se acercó a mi sillita, se agachó y me abrazó fuerte. Ser el juguete de una guardería te lleva a entender que no puedes 5

index-6_1.jpg

querer demasiado a ningún niño, porque finalmente la despedida es inevitable… pero aquel niño de cabello castaño había hecho que terminara echándolo de menos.

Luego de las vacaciones de verano, Matías ya no volvió más. En su lugar había una niña de tres años con coletas, que me abrazó como él y no volvió a soltarme.

Después de unos años, la guardería cerró. Todos los juguetes fuimos donados a una organización que nos vendería. Yo, junto con algunos otros juguetes que también estaban en mi sección, fuimos expuestos en un pequeño estante con la tarjetita de nuestro valor pegada en diferentes lugares. Yo la tenía en la pancita. Juan (un 6

index-7_1.jpg

pequeño soldado) la tenía pegada en su pata; y Miguel la tenía en la cabeza.

Yo estaba con mis brazos abiertos. Nadie me miraba, nadie se fijaba en mi precio. Yo seguía sonriendo, con mis ojos azules y mis pecas en la nariz, esperando a que alguien me tomara entre sus manos y me comprara.

Fue al final del día, cuando los empleados comenzaban a guardar los juguetes que no habíamos sido comprados, cuando escuché una suave voz que decía...

―¡Mira, mira! ―chillaba la voz, emocionada―. Cómpra-melo

pidió el niño, con su gracioso hablar―… es Pe-cas, el oso.

Imaginé que su madre no entendía, pero yo sí lo había comprendido.

Las suaves manos del chico me agarraron, me elevaron hasta que quedé frente a él… Y, luego de tres años, volví a ver el rostro de Matías.

7

index-8_1.jpg

Había crecido, su pelo estaba un poco más largo y sonreía de oreja a oreja. Me abrazó y escuché la billetera de su madre abrirse. En ese momento, noté que la madre de Matías era un poco diferente de él, en carácter, en presencia. Luego de estar con tantos niños, había aprendido a identificar su forma de ser en la manera en la que caminaban, su cara, sus facciones…; pero no me importaba, porque ése día tuve un dueño, por primera vez desde que me habían creado, tenía un solo dueño. Me cuidaría y procuraría que siempre estuviera limpio.

Matías me sentó frente a un pequeño muñeco, que me guiñó el ojo cuando me vio entrar, y junto a él imaginamos que iban a salvarme de un malvado doctor chiflado. Juntos viajamos por el espacio, lideramos la primera expedición al Sol y también descubrimos la cura para la tristeza. Con el tiempo, el muñeco (llamado Derek) y yo fuimos teniendo más compañeros. Un caballo, una nave 8

index-9_1.jpg

index-9_2.jpg

espacial, un caballero y una damisela en apuros. Todos los juguetes estaban en un baúl, excepto yo. Matías siempre me colocaba sobre su mesita, me sonreía antes de dormirse y luego yo lo observaba toda la noche, con mis bracitos abiertos, esperando que despertara para que me diera otro abrazo.

Los años pasaron y de aquel niño infantil ya no quedaba mucho.

Cuando cumplió once, Matías no volvió a jugar con el resto de los juguetes, y cuando tuvo trece, me dejó en la mesita, sin volver a tocar o a abrazarme. Yo era el único que seguía afuera, porque el resto de sus juguetes estaban en el pequeño baúl, en una esquina de su habitación; ellos sufrían por estar encerrados, mientras yo me iba llenando cada día de más y más polvo.

Un día, cuando Matías ya había cumplido dieciséis, la puerta se abrió de golpe y él entró furioso. Se tiró sobre la cama y escondió la cabeza entre sus brazos. Escuché el grito de su madre, pero a él pareció no importarle:

―¡No vuelvas a insinuar eso! ―oí que le ordenaba desde la cocina―. ¿Por qué no intentas ser más como tu hermano? ¡Deja de darme problemas!

Sintiendo que no podía hacer nada, escuché los ruidos secos que producía Matías al golpear la cama con sus puños. Levantó la vista y me observó fijamente… Intentó sonreír y, por primera vez en tres años, volvió a agarrarme. Me acurrucó entre sus brazos, mientras mis pequeñas y gastadas extremidades intentaban rodearlo. Luego de unos minutos sentí que su respiración se hacía más calma. Sus ojos se cerraron y al final su abrazó perdió un poco de fuerza. Al día siguiente volví a estar en la mesita de noche, mirando fijamente hacia su cama.

9

index-10_1.jpg

Pasó lentamente otro año más, sin que Matías volviera a agarrarme,

¡ni mucho menos jugar conmigo! El baúl donde estaban los demás juguetes había desaparecido una mañana y en aquella habitación cada vez más llena de estantes solo quedaba yo. Los estantes estaban llenos de libros que a Matías le fascinaban. Algunos tenían títulos interesantes. Había novelas, pero muchos eran sobre temas paranormales o sobre psicología. Creo que eso le gustaba, porque en muchas ocasiones se leía libros enteros en menos de una semana.

Su siguiente contacto conmigo fue el día en que entró a tropezones.

Por un momento pensé que se sentía mal ( quizá tiene ganas de vomitar, pensé), pero luego de unos minutos vi que alguien más venía junto a él. Pegado a él. Matías se estrelló con la mesita donde yo estaba, haciéndome tambalear hasta caer. Antes de rodar por debajo de la cama, observé al chico que besaba. Tenía los cabellos 10

index-11_1.jpg

rojos y una nariz un tanto prominente. Sentí que se tumbaban en la cama y yo quedé allí, debajo de ellos.

Estuve allí, bajo la cama, por muchos años. Cuando alguien me encontró, me tomó bruscamente y me tiró en una bolsa negra. No supe quién había sido, pero anduve dando tumbos en la bolsa por unas horas, hasta que sentí que me tiraban en un suelo húmedo...

Debía ser una especie de cuarto para trastos viejos.

Estuve en ese cuarto por varios años más, sin que nadie se acordase de mí. Lentamente, me fui llenando de telarañas y polvo. Sentía que las horas no pasaban y por momentos llegaba a creer que el tiempo se había detenido. Que quizá el mundo había acabado.

¿Mi vida terminaría de esa forma? ¿Siendo comido por las polillas?

Siento que algo me agarra con timidez. Con el paso del tiempo he perdido un poco lo que se siente el contacto con unos dedos. Me toman con un poco de temor y, por el tamaño de la mano, sé que pertenece a un niño. Me saca de la bolsa que me había apresado por tanto tiempo y miro fijamente sus facciones… Me parece haber retrocedido en el tiempo, quizá por la emoción de ver de nuevo a un niño. Luego de pensarlo un poco, me doy cuenta de que este niño no se parece en nada a Matías…

Sale corriendo de la habitación conmigo en sus manos y llega hasta una bonita cocina.

―¡Pa-pá…! ―grita emocionado―. ¿Puedo quedármelo?

Veo que el hombre me observa y en su cara se dibuja una sonrisa.

Se arrodilla frente al pequeño, lo despeina un poco y le sonríe.

―Claro. ―El niño comienza a dar saltitos de emoción―. Pero… ―

dice interrumpiendo la emoción del pequeño―… Creo que primero 1

index-12_1.jpg

index-12_2.jpg

deberíamos limpiar al señor Pecas, ¿no te parece?

El niño ríe suavemente.

―¿Se llama señor Pecas?

―Ahora sí ―responde Matías. Me lleva un par de minutos reconocerlo, pero el lunar en su mejilla derecha me hace estar seguro de que es él―. Antes era Pecas, el oso. Pero ahora ya está un poco viejo.

El niño asiente y se va corriendo conmigo por un largo pasillo. El hijo de Matías me pone de espaldas y me quedo mirando la sonrisa de nostalgia de mi antiguo dueño.

De pronto, otro hombre irrumpe en la cocina y Matías se voltea lentamente. El recién llegado tiene el pelo negro, muy negro, y su piel es blanca como un copo de nieve. Besa a Matías… y entonces entiendo el porqué de muchas cosas.

Matías será el mejor dueño que tendré siempre, porque fue el primero y fue el más especial; sin embargo ahora es momento de ayudar a dormir a otro niño que me abrazará hasta que crezca, y luego sus hijos, quizá, volverán a abrazarme luego de muchos años.

12

index-13_1.jpg

13

index-14_1.jpg

index-14_2.png

index-14_3.png

Bajo el arcoíris Editorial

Pecas, el oso

Cuento de Daniel Oropeza

Primera edición: Enero 2012

Ilustraciones de Lita Gómez

Diseño de portada y maquetación: Sofía Olguín http://www.bajoelarcoiris-editorial.blogspot.com http://Facebook.com/CuentosParaLeerEnElArcoiris Correo electrónico: cuentosarcoiris@hotmail.com Pecas, el oso se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Estás absolutamente autorizado para imprimir este libro, foto-copiarlo y distribuirlo gratuitamente. No estás autorizado para modificar las historias y/o las ilustraciones.

Le puede interesar...

  • Entregarse por completo
    Entregarse por completo Estudios Gay por B.R.
    Entregarse por completo
    Entregarse por completo

    Descargas:
    64

    Publicado:
    Aug 2020

    A Jude Montgomery, el irredimible dandi millonario, y a Joséphine Merlin, la guapa habladora de mal carácter, se les confía el cuidado de la pequeña Birdie: u...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Tierra de híbridos
    Tierra de híbridos Clásicos: Novelas y Cuentos por C.Murueta
    Tierra de híbridos
    Tierra de híbridos

    Descargas:
    44

    Páginas:
    88

    Publicado:
    Jul 2020

    ¿Qué podrían tener en común un joven bisexual de la clase alta, una mujer pobre del medio rural, una empresaria del mundo de la piratería y un adolescente com...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Mi hijo(a) ha salido del clóset. ¿Y ahora que hago?
    Mi hijo(a) ha salido del clóset. ¿Y ahora que hago? Sexualidad por Nelson Tobon L.
    Mi hijo(a) ha salido del clóset. ¿Y ahora que hago?
    Mi hijo(a) ha salido del clóset. ¿Y ahora que hago?

    Descargas:
    63

    Páginas:
    160

    Publicado:
    Jun 2020

    Libro orientado especialmente para ayudar a padres y madres de familia que se encuentran ante la incógnita de no saber qué ni cómo hacer para entender o compr...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Romance lésbico
    Romance lésbico Estudios Gay por J.B.
    Romance lésbico
    Romance lésbico

    Descargas:
    101

    Publicado:
    Jun 2020

    Iris pensaba que había encontrado a la mujer perfecta. Belén era preciosa, atlética, divertida y mejor amante. Pero de la noche a la mañana, desapareció. ...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT