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Capítulo 1

Amara salió de su vestidor. Sus altas botas de cuero

artificial hacían un horrible ruido con cada paso que daba. Más

valdría haberse envuelto las piernas con bolsas de basura.

Habría tenido el mismo efecto. Tiró de la parte delantera del

negro sujetador de vinilo que intentaba en vano contener sus

pechos. ¿Cuándo iba aquella gente a aprender que había una

enorme diferencia entre una copa B y una copa D? A

quienquiera que diseñara esta cosa habría que dispararle.

Parecían volverse más y más cortos con cada película. Había

pensado que había sido lo suficientemente malo cuando había

tenido que meterse en aquellos pantalones de cuero para la

primera película. En la segunda, los pantalones habían sido

sustituidos por una mini, que había sido cambiada más tarde

por una micro mini y un alto top. La asombró que, mientras las

películas ganaban popularidad y el presupuesto subía como un

cohete, el material usado en cada traje se había hecho más y

más pequeño. Pensaba que al menos podían permitirse el lujo

de algo que le cubriese el trasero.

— ¿Todo bien, Amara?

Se dio la vuelta, las manos en las caderas, preparada para

sacar a la luz sus frustraciones. Como ni más ni menos ocurrió,

el director, Robby Baker, apareció en el pasillo.

— No, Robin. Ni siquiera puedo moverme con esta ropa. No

entiendo como esperas que corra con esto. Apenas puedo

caminar sin que alguna parte de mi cuerpo salga disparada.

— Venga, Amara. Para tu edad, tienes un cuerpo fenomenal.

¿Su edad? No comprendía que treinta y tres años se

hubiesen convertido de pronto en "ir cuesta abajo".

— Muchas mujeres tienen que pagar para conseguir unas

tetas como las tuyas. No están bendecidas por la Naturaleza

como tú, cariño.

La última vez que se había considerado "bendecida" en

cuanto a los pechos había sido en octavo grado. Luego

aprendió qué divertido era caminar todo el día con dos

montones del tamaño de los pomelos colgando del pecho.

— No voy a enseñar mis pechos a la cámara. Si eso es lo que

quieres, puedes buscarte a otra.

— Bueno, eso es algo de lo que necesitamos hablar.

La empujó hacia una habitación vacía al final del pasillo,

cerrando calladamente la puerta tras ellos.

— Los nuevos productores quieren llevar las películas de

Midnight a una nueva dimensión.

Mierda. Aquello nunca era una buena señal. ¿Estaban

planeando matar a su personaje? Esperaba que no. Era

Midnight quien había hecho las películas tan populares en

primer lugar. Bueno, Midnight y su amante humano castigador

y acuchillador J.T., pero sin Midnight las películas no tendrían

mucho hilo dramático.

— Sigue.

— Bien. Lo que quieren es darle a las películas un sabor más. .

adulto.

Ella resopló.

— Aquí no estamos dando golpecitos de niño precisamente.

¿"Sólo para mayores" no es suficiente para ellos?.

— Bueno, realmente, no.

Lo miró fijamente por un momento, intentando deducir si

estaba hablando en broma. No lo estaba.

— ¡Maldita sea, Robby, no voy a tomar parte en una película

porno!

Robby suspiró y se paseó por la habitación.

—Escucha, Amara. La franquicia de Midnight no es tan

popular como al comienzo. Con tu cara y tus tetas, podríamos

hacer su agosto si añadimos un poco más de picardía. Derek

está de acuerdo, el resto del reparto normal también. Parece

que eres la única que se resiste.

— ¿Qué es esa repentina obsesión con mi pecho?

Estaba buscando alguna buena razón por la que no debería

estrangularle por aquel comentario. Apretó los diente y las

manos, ordenándose mantener la calma.— No voy a tener sexo

delante de la cámara, no importa cuánto dinero saque con ello.

— Supéralo, nena. Hay un par de escenas calientes de sexo

en las cinco películas de Midnight. Mierda, tenías sólo

veinticuatro años cuando filmaron la primera. De todas

formas, ¿qué es un poco más de piel? Estarás protegida, si eso

es lo que te preocupa. Derek llevará condón, si eso es lo que

quieres. No tienes que preocuparte por pillar ninguna

enfermedad.

¿Pensaba todo el mundo que no tenía moral?

— Hay una enorme diferencia entre sexo simulado y una

penetración real. —negó con la cabeza y tiró de su corsé una

vez más.— No lo voy a hacer.

— Es simplemente Derek, cariño. Ya sabes, tu prometido.

Por favor no me digas que nunca habéis tenido sexo.

— Lo que Derek y yo hagamos en nuestro dormitorio es sólo

asunto nuestro, y ciertamente no va a ser explotado sólo por

ganar más dinero.

Robin se pasó una mano por su oscuro y grasiento pelo.

— Qué gracioso, por que Derek no dijo una sola objeción.

Aquello la paró en seco.

— ¿No lo hizo?

— No. De hecho, parecía bastante entusiasmado acerca de

hacerlo contigo delante de la cámara.

Derek era hombre muerto en el momento en que llegase a

casa.

— No voy a hacerlo.

— No tienes demasiada elección.

— ¿Es eso algún tipo de amenaza? —cruzó los brazos sobre

el pecho, pero tuvo que descruzarlos cuando el escaso top se

arrugó indecentemente.

Robin no se perdió la visión del escote que

inconscientemente le había obsequiado. Sus ojos se

ensancharon y creció su sonrisa, y ella le habría abofeteado si

él no estuviese sosteniendo su frágil carrera en la palma de su

pequeña y grasienta mano. A cambio, lo fulminó con la mirada,

y él tuvo la decencia de parecer humillado.

— Por supuesto que no, cariño. Nunca te amenazaría. Pero

seamos realistas, ¿dónde estarías sin estas películas? ¿Has

tenido alguna otra oferta últimamente?

No. Hacer de Midnight Morris en la primera película había

sido a la vez lo mejor y lo peor para su carrera. Claro que la

primera película se había extendido en cuatro secuelas y una

línea de merchandise que incluía cualquier cosa desde figuras

de acción, pasando por cereales y ropa, pero también había

roto sus esperanzas de haber sido tomada en serio en

Hollywood. Para la población entera de directores de castings,

parecía que ella sólo era la burbujeante rubia vampiresa y por

lo tanto inadecuada para cualquier otro papel. Aún así, no iba a

comprometer sus principios colocándose horizontalmente con

algún cachas en una película, ni siquiera si el cachas en

cuestión era el hombre con el que se suponía que se casaría en

dos semanas. No importaba cuánto dinero en bruto podría

obtenerse con la película. Había aprendido que el dinero no lo

era todo, especialmente cuando su dignidad estaba

involucrada. Claro que había pasado una parte de su vida

adulta haciendo de una afeminada vampiresa de cómics, con

más tetas que cerebro, pero tenía que trazar el límite en

alguna parte.

— No voy a hacerlo, Robin, y se acabó.

— ¿Qué puedo decir para qué cambies de idea? ¿Qué

quieres, más dinero? ¿Una casa más grande? ¿Un coche

deportivo?

— ¿Qué tal nada de lo dicho? —entrecerró los ojos y miró al

pequeño hombre. Ella no era demasiado alta, pero los tacones

de diez centímetros combinados con su pequeña estatura le

daban ventaja. Él retrocedió pero se mantuvo firme.

— ¿Es tu respuesta final?

Asintió, los labios fruncidos.

— Bien, entonces lo siento. Tengo que pedirte que te vayas.

— No lo creo. Tengo un contrato.

No iban a escaparse de aquello.

— Por negarte a seguir las órdenes del director y el

productor, técnicamente estás incumpliendo el contrato.

— ¡No digas chorradas! En ningún lugar de mi contrato dice

que tengo que joder con mi co-protagonista.

Directamente después de quitarse aquel pedacito de traje,

iría a casa y llamaría a su abogado.

— Pero tampoco decía específicamente que no tuvieses que

hacerlo.

¡Aquel hombre era un caradura! Pensar que en algunos

momentos de su carrera podía haberlo considerado un amigo.

— No puedes hacerlo.

— No, probablemente no pueda —le guiñó el ojo— Pero

puedo contarle a los productores algo sobre la pequeña fiesta

privada que tuviste hace un par de semanas en la empresa de

limusinas.

— ¡No te atreverías!

Robin sacudió la cabeza.

— ¿Qué pensarían todos entonces de la chica de oro? Tú y

tres hombres en una limusina y sólo Dios sabe que tipo de

drogas y alcohol —su sonrisa se ensanchó— Apuesto que la

prensa rosa sacará el máximo provecho de algo así.

Respiró sobresaltada, buscando alguna forma de escapar de

aquello. Desafortunadamente, no parecía haber ninguna. No

importaría que no hubiese pasado nada en la limusina. Sólo

habían estado ella, Derek y un par de sus viejos compinches de

universidad. No había dormido con ninguno de ellos y la

sustancia más fuerte que había habido en el coche había sido

cerveza. Pero sería su palabra contra la de otros, y ella sabía

que se había echado una o dos fiestas salvajes en sus días.

Había sido amenazada con que si tenía alguna más, perdería su

trabajo. ¿Qué haría sin aquel papel? Sólo era una vieja chica

con un mal tinte y un título de Humanidades de un instituto de

Vermont.

— ¿Qué quieres que haga?

— Simplemente desnúdate para la cámara, corazón, y Derek

se encargará del resto.

Ella negó con la cabeza. No había manera de que pudiese

llevar a cabo aquello. Por mucho que disfrutase su trabajo,

habrían otros. Era un golpe devastador, pero lo terminaría

superando. Después de un par de meses, el barullo se

extinguiría y sería capaz de empezar a hacer pruebas de

audiciones otra vez. Seguramente alguien ahí fuera la querría

para algo.

— Eso no va a ocurrir. Tengo que ir a casa y hablar

tranquilamente con Derek.

— Oh. . no creo que le hagas cambiar de idea.

Los pelos de detrás de la cabeza se le erizaron. No quería

oír qué sería lo próximo, pero tenía que preguntarlo de todas

formas.

— ¿Por qué lo dices?

Robby rió.

—No está tan cohibido como tú, supongo. ¿Por qué no le

echas un vistazo a esto mientras estás en casa revolcándote

en tu propia autocompasión?

Le dio una cinta VHS.

— ¿Qué es esto?

— Sólo es el último proyecto de Derek. Disfrútalo, cariño.

Estoy seguro de que lo harás.

* * * * *

— ¿Derek?

Amara entró por la puerta de la casa de ciudad que ambos

compartían. Fue recibida por el silencio. Qué raro. Él debería

haber estado en casa ya. Se encogió de hombros y puso su

bolso sobre la mesa de café, contenta de verse libre de aquel

corsé de vinilo. Seguramente la piel le escocería durante

semanas. Se sirvió un vaso de vino e introdujo la cinta en el

video, curiosa por ver en qué habría estado trabajando Derek

a sus espaldas. Por lo que sabía, las únicas cosas en las que se

basaba su carrera eran las películas de Midnight y un par de

anuncios de teléfonos móviles.

El título "Más que Amigos", apareció en la pantalla, seguido

por el nombre de Robby como el director. Parpadeó con fuerza

cuando vio seguir el nombre de Derek. ¿Qué demonios había

estado haciendo? Él siempre había pensado que las películas

independientes estaban por debajo. ¿Por qué de pronto estaba

actuando en una, y haciéndolo sin contarle nada a ella?

Aprendió mucho más de lo que quería cuando comenzó la

película y un desnudo Derek se pavoneó por la pantalla,

obviamente bastante excitado. Oh, realmente le esperaban

dificultades cuando volviese a casa.

Lo que más le sorprendió, aunque debería haberlo esperado

después de los comentarios de Robby, fue las cuatro mujeres

desnudas que lo siguieron. Cuando una de ellas, una alta y flaca

pelirroja, con tetas obviamente falsas, rodeó su pene con la

mano, Amara tuvo que apagar la tele.

— ¡Ese hijo de puta!

Si no hubiese estado tan furiosa, habría oído antes los

ruidos. Pero había estado demasiado atontada por lo que había

descubierto sobre el secreto de Derek para darse cuenta. Se

sentó en el sofá, el mando a distancia en la mano, durante unos

cinco minutos antes de registrar los chirridos de la cama como

otra cosa que revolvía la furia en su cabeza. Saltó del sofá y

se lanzó escaleras arriba, subiendo los peldaños de dos en dos.

Abrió de un empujón la puerta del dormitorio, esperando

encontrar a Derek con la pelirroja de la película. Se le

desencajó la mandíbula cuando vio que estaba haciéndolo con

Steve, el proveedor de catering que vivía al lado.

— ¡Mierda! —no podía creer lo que estaba viendo— ¿Qué

demonios crees que estás haciendo?

— Hey, cariño.

Ni siquiera tenía la decencia de parecer arrepentido. En

cambio, continuaba introduciéndole su pene, un pene que nunca

volvería a encontrar su camino dentro de ella, en el trasero de

Steve. Steve, por otro lado, parecía totalmente mortificado.

Su cuerpo entero se volvió de un rojo brillante y cerró los

ojos, pero Derek no lo iba a dejar ir.

— ¿Por qué no te desnudas y te unes a nosotros, Amara? Le

he contado todo a Steve sobre tu maravilloso cuerpo.

Aquello sí que no iba a pasar.

— Nunca tendrás la oportunidad de verme desnuda otra vez,

amigo.

— Oh, vamos, Amara. Diviértete un poco por una vez. No

hará daño darle un poco de estímulo a nuestra vida sexual.

— ¿Es por eso por lo que estás con Steve, y por lo que has

hecho esas películas? ¿Para estimular las cosas? Joder, Derek.

Si estabas aburrido deberías haberlo dicho.

— Aburrido ni siquiera alcanza para empezar a describirte

en la cama, nena. Necesito mucho más que lo que tú me das. —

Derek puso los ojos en blanco y suspiró de absoluto placer.—

Steve es mucho mejor. ¿Lo sabías? Me la chupa siempre que

quiero, y no se enferma con la idea de tragar.

En realidad, él se volvía loco con aquello.

— Eres un cabronazo, Derek.

— Simplemente quiero divertirme. Vamos, Amara. Podríamos

venirnos todos juntos.

El pobre Steve había ido más allá del rojo. Ahora era una

encantadora sombra del púrpura. Se retorció para escaparse,

pero las enormes manos de Derek lo mantuvieron justo donde

quería.

— ¿Estás otra vez colocado, Derek?

Aquello atrajo su atención. Paró de bombear y salió de

Steve. El hombre gateó para conseguir sus ropas y salió

corriendo de la habitación. Amara oyó la puerta de la calle

cerrarse con un golpe unos pocos segundos después.

La cara de Derek estaba cenicienta.

— ¿Cómo puedes preguntarme eso? Sabes que lo dejé hace

unos meses.

Y aparentemente había pillado algunos otros malos hábitos.

No sabía qué odiaba más, si la coca o los indiscriminados

encuentros sexuales con cualquier cosa que se moviese.

— Creo que debes irte. Recoge tu mierda y vete. ¡Y no

vuelvas!

— Superaremos esto. Hemos pasado por cosas peores y

siempre lo hemos superado —él alargó una mano para tocarla

pero lo esquivó. Se le revolvía el estómago al pensar en sus

manos sobre su piel.

— ¿Cuánto llevas siendo gay?.

— No soy gay. Me gustan las mujeres también.

— Oh, sí. Es cierto. Vi suficiente de la cinta para ver que las

mujeres también te la ponen dura. ¿Cuántas veces me has

engañado?

Él le dirigió una solemne mirada.

— Ninguna. Te quiero demasiado.

— ¿Ninguna? ¿Qué demonios he interrumpido, un examen de

próstata?

Derek suspiró, mirándola de un modo más molesto del que

tenía derecho a estar.

— Nunca he dormido con ninguna otra mujer, Amara. No

desde que nos prometimos.

— ¿Qué hay de las mujeres de la película?

— Ellas no cuentan. Me pagaban por ello. Y los hombres

tampoco cuentan. Eso no es realmente sexo.

¿Se lo estaba inventando sobre la marcha?

— ¿Cuántos hombres han estado aquí?

Ella le vio contar diez con sus dedos y luego fruncir el ceño.

— No estoy seguro. Perdí la cuenta en algún momento del

mes pasado.

Ella cerró los ojos y aspiró profundamente, conteniéndose

para no pegarle. Se lo merecía, pero no valía la pena romperse

una uña o dos. No se había pasado horas limándolas y

puliéndolas para nada.

— ¡Fuera de aquí!

— No es justo. Me interrumpiste, al menos deberías darme

algo de alivio.

— ¿Perdón?

— Todavía la tengo dura. ¿Por qué no me la chupas y me

alivias?

— Debes estar bromeando. Ningún pene que haya estado

empujando alrededor del trasero de alguien va a poner un pie

dentro de cualquier parte de mi cuerpo.

Levantó la ropa de Derek del piso y se la tiró.

— Sal de una jodida vez de mi casa. Recogeré tus cosas y

podrás contratar a alguien para que venga a recogerlas más

tarde.

Él chasqueó la lengua.

— ¿Esto significa que la boda está cancelada?

— Oh. . no lo sé. Quizás podrías casarte con Steve o con la

pelirroja mejorada a base de silicona a cambio.

Capítulo 2

Dos meses más tarde

Amara se encontraba sentada en un café, hojeando los

anuncios clasificados por segunda vez aquella mañana. Incluso

una actriz desacreditada como ella tenía que encontrar algo.

Había asistido a cada audición que su agente le consiguió,

incluso unas citas que hizo a sus espaldas y de cualquier

manera seguía desempleada.

Tomó un sorbo de su café, sin saborearlo realmente. Era su

cuarta taza de la mañana, y realmente comenzaba a sentir los

efectos de la cafeína. Sus manos temblaron cuando intentó

dar la vuelta a la página del periódico.

O tal vez la sacudida fue causada por el artículo que había

leído en la sección de espectáculos

Parecía que a Derek no le iba tan mal como a ella. No sólo

había conseguido quedarse con el papel de Midnight, también

recientemente lo habían contratado para hacer una tele

comedia en una cadena de televisión muy importante y también

unos comerciales para una empresa de soda.

Dio un resoplido y arrugó el papel. Su vida apestaba. ¿Por

qué Derek, que era el monstruo más grande que alguna vez se

hubiese encontrado, conseguía esos contratos cuando lo había

abandonado? Probablemente tenía sexo con los productores

de la tele comedia y de los comerciales, hombres y mujeres.

Esto explicaría tan confusa situación.

No por primera vez, sintió una extraña sensación, como que

alguien la observaba. Miró alrededor, pero todos parecían

normales. Claro que ella vivía en las afueras de Los Ángeles y

todos parecían fuera de lo normal. Nadie sobresalía, al menos

no que ella pudiera percibirlo. De todos modos no podía

sacudirse la extraña sensación de ser observada.

En las pasadas dos semanas, había tenido un par de veces la

sensación de ser seguida. Cuando se giraba, no había nadie.

Probablemente era paranoica, pero sentía un nudo extraño en

la boca del estómago. Esto había estado pasando de un tiempo

a esta parte, pero algo le dijo que hoy era el día. Algo iba a

pasar.

Ella no iba a esperar a que ese algo le pasara aquí.

Estaba a punto de marcharse cuando una mujer se le acercó

tocándole el hombro.

— Perdóneme. No pude menos que notar que usted se parece

a la mujer que salía en las películas de vampiros. ¿Cuál era su

nombre? ¿Twilight? ¿Sunset?

Amara levantó su mano para proteger sus ojos de la luz

brillante del sol.

— Midnight. Soy yo.

La mujer sacudió la cabeza.— No. Eso es imposible. Esa

mujer murió.

— ¿Qué?

—Lo leí en el National Gossiayer. Es por eso que fue

substituida por esa otra chica. Mitzy Anderson. Todas las

revistas dicen que va a ser la estrella en la próxima película,

ya que la actriz original está muerta.

— No, no estoy muerta. Yo hice de Midnight Morris en las

cinco primeras películas.

La mujer se dio la vuelta hacia su compañero, un hombre de

mediana edad.

— ¿Cuál era su nombre? ¿Emily o algo así?

Esto no podía estar pasando.

— Mi nombre es Amara. Amara Daniels.

Hace unos meses, ella era la cosa más caliente en la ciudad.

¿Ahora todos pensaban que estaba muerta? Estaba dispuesta

©♥Periódico americano de cotilleos

a apostar a que Derek y Robby tenían algo que ver con aquel

chisme.

— Ese nombre no me suena. —La mujer frunció el ceño y

sacudió su cabeza.— Podría jurar que era Emily. ¿Emily

Douglas?

Ah, por todos los cielos. Aquello no la llevaría a ninguna

parte.

— ¿Cómo dice el Gossip que murió?

La mujer se encogió de hombros.

— Algo sobre envenenamiento de silicona. Un implante de

pechos que explotó. —Sus ojos se iluminaron.— Sí, eso era.

¿Recuerdas cuándo vimos aquella película, Peter? Te dije

entonces que aquellos pechos tenían que ser implantes.

Sospecho que tenía razón.

Ahora Amara estaba que echaba humo. Que le cambiaran de

nombre, que mintieran acerca de su muerte a todos los que

quisieran, pero que no se atrevieran a decir que sus pechos

eran falsos. Aquellos pequeñas eran auténticos, y ella tenía los

músculos de su espalda doloridos y estirados para

demostrarlo.

— Lamento decepcionarle, pero usted se equivoca. —Ella

miró airadamente a la mujer.— Son auténticos

— Cielos, querida. No sé por que se molesta por eso. —La

mujer sacudió su cabeza y puso sus manos sobre sus caderas.

— Se toma esto de forma demasiado personal.

Eso era. Ella no iba a holgazanear y escuchar a estas

personas durante otro segundo más. Se tomó el resto de su

café, dejó un par de billetes sobre la mesa, y se alejó con paso

majestuoso de la pareja. Mientras caminaba por la acera,

podía oírlos todavía hablando sobre muertes inducidas por

silicona y Mitzy Anderson. Quiso gritar.

* * * * *

La estrella de Midnight muere por envenenamiento de

implantes de silicona.

Marco arrugó el periódico de baja calidad en su puño,

tirándolo en un cubo de basura mientras seguía caminando. El

noventa y nueve por ciento de lo que decía aquel periódico era

basura, pero de vez en cuando una historia tenía cuando menos

un grano de verdad. La había visto hacía un par de días, sabía

que no podía estar muerta, pero alguna parte de él rechazaba

aceptar la historia como una mentira hasta que la viera

nuevamente.

Hizo una pausa sobre la acera fuera de su departamento. No

podía sentir ningún ruido o movimiento dentro. Ella no estaba

en casa, pero a estas horas del día, no era nada nuevo. Pensó

que podría saber dónde encontrarla. . en un pequeño café

donde leía el periódico la mayor parte de las mañanas.

Su fijación con ella había comenzado hacía unos meses,

cuando él había pasado a ver su última película. Aunque no

aprobaba ese tipo de películas, Amara Daniels lo cautivó desde

el principio. Ella inspiraba en él tanto fascinación como le

provocaba, lo cual le había conducido a un comportamiento

obsesivo tardío que se hacía cada vez más difícil de controlar.

Lo que había comenzado como una curiosidad inocente

mezclada con un sentimiento de cólera se había convertido en

algo más, algo que no comprendía totalmente. Algo que

realmente no quería, pero no había nada que pudiera hacer

sobre ello. Había padecido algo así en otro tiempo de su vida, y

había terminado horriblemente. No podía dejar que pasara

otra vez, pero parecía que no podría mantenerse alejado.

El café estaba sólo a una corta distancia de su

departamento, pero el sol que le daba sobre su espalda le

molestaba horriblemente. Ajustó sus gafas de sol y bajó su

cabeza hasta que pudo sentarse sobre uno de los paraguas que

cubrían las mesas. Una vez allí, suspiró de alivio, tanto por

estar relativamente protegido del sol, como porque ella estaba

allí.

Esta vez no estaba sola. Una pareja más vieja se sentaba al

lado de su mesa. La mujer parecía discutir con Amara. Se

esforzó por oír que era lo que decían, pero sólo fue capaz de

coger el final de la conversación antes que Amara se levantara

de la mesa y se alejara.

Ella se dirigió en dirección a su departamento. Su coche

estaba aparcado allí, así que no tenía otra opción más que

seguir. Mantuvo su distancia, no queriendo asustarla. Las

mujeres de estos días eran imprevisibles. Era probable que lo

atacara o que llamara a la policía si se sintiera amenazada.

Ella entró al edificio, cerrando la puerta a sus espaldas. Él

se quedó atrás, pero lo bastante cerca como para que sus

oídos escucharan el clic de su puerta al cerrarse. Debería

haberse marchado en ese momento, habiendo probado que

estaba en verdad viva.

Pero no lo hizo.

Se apoyó contra su coche, su mirada fija enfocada en aquella

puerta cerrada. Nadie lo tenía que tomar personalmente, ella

no sabía que él estaba allí, pero de algún modo se sintió

desairado. Cerró sus ojos y gimió. Esto era demasiado. Tenía

que hacer algo, antes de que aquella obsesión consumiera su

vida.

* * * * *

Amara se hundió en el sofá, las lágrimas fluyendo en sus

ojos. Aquello era todo. Había hecho todas las audiciones que

pudo encontrar, y nadie la quiso. Estaba varada en sus treinta

y tres años, y no tenía una sola habilidad de trabajo de la que

pudiera echar mano.

Probablemente debería haber escuchado a su consejero del

colegio cuando le había aconsejado que un grado de artes no

iba a llevarla muy lejos. En aquel momento ella lo había

mandado a tomar viento, diciéndole que iba a ser una gran

estrella algún día. La actuación era todo lo que alguna vez

había querido hacer, pero su maldito padrastro había insistido

en que fuera a la universidad durante al menos dos años. Si

hubiera escuchado a alguien, cualquiera que le hubiese

ofrecido asesoramiento, no estaría en esta situación ahora.

Sus ahorros la mantendrían un poco más, pero bastante

pronto iba a tener que encontrar un trabajo, preferentemente

uno que no implicara servir grasientas patatas fritas o

quitarse la ropa. Lamentablemente esto parecía ser todo lo

que estaba disponible.

¿Ahora qué se suponía que debía hacer? Había echado un

vistazo a los anuncios clasificados durante dos semanas y no

había encontrado nada que se pareciera a su papel de vampiro

oscuro que amaba las fiestas y el pintalabios por igual, al

mismo tiempo que las cosas oscuras y peligrosas. Lo más

cercano que había podido encontrar era de dependienta en un

sex-shop local y de algún modo dudaba que le pagaran muy

bien. Las cosas no serían tan malas si tuviera un hombre, pero

iba a intentar estar sola por un tiempo. Todavía estaba en

shock por el cambio de Derek hacia el otro bando.

Un golpe en la puerta detuvo en seco sus pensamientos. Se

preguntó quién se molestaría en visitar a una muerta. Si fuera

la prensa, lo cual era una buena posibilidad, no estaba

preparada para tratar con ellos. Se encontraba todavía en un

mal momento de su estropeada vida y no podía ser totalmente

responsable de sus acciones.

Se acercó a la manivela de la puerta para abrirla, pero al

momento se retiró. Una sensación de problemas la golpeó

duramente, casi como un golpe físico. Cerró los ojos y suspiró,

esperando que el sentimiento pasara. Por lo general lo hacía.

Esta vez no pasó. Solamente debería regresar al sillón,

fingiendo que no estaba en casa. Pero no podía. Tenía que abrir

la puerta, incluso sabiendo que si lo hacía cambiaría su vida

para siempre.

Tragó saliva y levantó la cadena de seguridad, el chasquido

agudo de la cerradura se escuchó fuerte y duro. Ella había

sentido cosas antes, pero nunca algo como esto. Nunca había

sentido que estaba en peligro, pero desvalida para hacer algo

sobre ello. La manivela giró fácilmente en su mano y abrió de

golpe la puerta, incapaz de escapar a la sensación de que

estaba invitando a entrar a su propio destino.

Una mirada al hombre que estaba frente a su puerta y su

boca se secó. Un sudor frío apareció sobre su frente y la hizo

sacudir su cabeza. Lo había visto antes, alrededor del café

algunas veces. Su presencia nunca la había molestado allí, pero

había una gran diferencia entre sentarse a unas mesas de

distancia y tenerlo ahí enfrente de ella, casi podía sentir la

tensión que emanaba de él. Si hubiera sido capaz de conseguir

que sus piernas se moviesen, se habría escapado gritando.

Su cabello era marrón, con unas ligeras mechas más claras

encima. Algo largo, pero no tanto como para parecer

desgreñado. Sus ojos eran un poco más oscuros que su pelo,

tan profundos que casi podrían llamarse negros. Había algo

acerca de él que no podía precisar, algo que le hacía erizar los

cabellos bajo la nuca.

Tragó con fuerza antes de hablar, esperando mantener sus

últimos momentos de calma. Probablemente él tenía una muy

buena razón para estar en su puerta, luciendo como una

especie de maníaco.— ¿Puedo ayudarle?

— ¿Es usted Amara Daniels? —Su voz era profunda, casi

hipnótica, y con algo de acento. ¿Era español? ¿Italiano? No

podía asegurarlo.

— Um, sí. —Contestó despacio, cautelosamente. Intentaba

entender qué tenía él que ponía todos sus sentidos en alarma,

lista para luchar o escapar ante el más leve movimiento de su

parte. Aquello podría tener algo que ver con su expresión

oscura, la ropa oscura, y la barba oscura que cubría su

mandíbula.

O podría ser por el hecho de que era muy parecido a un

jugador de fútbol americano, y había colocado su pie en la

puerta abierta, así no había ningún modo en el que podría

cerrarla.

— Lo supuse —Sus ojos brillaron con una luz extraña, casi

parecida a un animal. La contempló con una ceja arqueada, su

expresión una mezcla de intriga y cólera. Ella

involuntariamente dio un paso hacia atrás, intentando calcular

el modo de conseguir cerrar la puerta, entonces podría

telefonear a la policía.

— No le haré daño. —Él dio a la puerta un rápido empujón y

estuvo dentro antes de que pudiera hacer algo. Cerró de golpe

la puerta detrás de él y puso el seguro.— No mucho, de todos

modos.

Ella corrió hacia la cocina, a ciegas para alcanzar el teléfono.

Lo cogió y levantó el receptor a su oído. La línea estaba

muerta. Su corazón latió fuertemente y una fina capa de

sudor frío perló su frente. No quería terminar su vida de esa

manera.

— ¿Qué es lo que quiere?

Él tomó el teléfono muerto de su mano y lo puso sobre el

mostrador. Pasó un dedo a lo largo de su mandíbula.— Quiero

enseñarle una lección.

— ¿Qué? —Su voz salió como un graznido.— Nunca hasta

ahora lo he visto. ¿Qué le hice para que quiera hacerme daño?

Él sacudió su cabeza y chasqueó la lengua.— ¿Realmente

piensa que sus actos en sus películas no tienen consecuencias?

Oh, Dios. Este tipo era un chalado total.— No hice nada.

Nunca he intentado hacerle daño a alguien. Esas películas son

justo eso, películas. No sé de lo que habla.

— ¿No lo sabe? —Él sonrió con satisfacción.— En su mundo,

los vampiros son omniscientes. Desde luego, usted no tiene ni

idea de que como somos realmente

¿Nosotros? Ella parpadeó ante el nosotros. ¿Él realmente

pensaba que era un vampiro?

— ¿Qué le hice que le tiene tan enfadado?

Él suspiró profundamente.

— Ser solamente tú, Amara. Solo tú.

Él siguió acariciando su mandíbula, y ella no pudo detener el

pequeño escalofrío que la traspasó. Estaba asustada en su

mente, pero había algo más allí, algo más difícil de definir.

Algo que ella rechazaba definir, puesto que el hombre

obviamente no era de confiar.

— ¿Qué va usted a hacerme?

— Voy a mostrarte la verdad. —Él rió, pero no había un

indicio de suavidad en ello.— Comprenderás, cueste lo que

cueste tengo que hacerte entender.

Él paso una mano en su cabello y tiró su cabeza hacia atrás.

— ¿Está claro?

— ¿Claro? Ah, sí. Como el cristal. Prometo no reírme de los

vampiros nunca más. Seré una pequeña chica buena y. .

— ¡Cierra la boca!

— Lo lamento.

Él fijo sus ojos entrecerrados en ella, al mismo tiempo que

su boca se tiraba hacia los lados.

— Ninguna otra palabra.

Ella cerró la boca con fuerza y tragó saliva. Su visión se

enturbió, y la última cosa que vio antes de caer al piso fue la

mortal mirada en sus ojos.

Capítulo 3

Joder.

¿Ahora qué era lo que se suponía que tenía que hacer con

ella? Habría sido mucho más fácil caminar con ella hasta su

coche. No podía simplemente arrojarla sobre su hombro y

llevársela. Seguramente ella tendría vecinos curiosos. Todas

estas estiradas y pequeñas vecindades los tenían.

Bajando la mirada hacia ella, una punzada de culpa lo inundó.

No había querido causarle ningún mal.

¿O sí?

Tal vez. Tal vez controlar sus impulsos no era su fuerte.

Era mucho más pequeña de lo que había esperado. En la

pantalla parecía tan grande, como una muñeca de carne y

hueso de moda con su pelo teñido de rubio claro, una

provocativa melena y dos centímetros de maquillaje que

cubrían su cara. Tenía también unos grandes pechos, pero se

preguntaba si eran realmente suyos.

Tumbada sobre el suelo de la cocina, con su pelo rubio

abierto en abanico alrededor suyo, casi parecía frágil. Pero

incluso con ropas normales, podía ver indirectamente ese

cuerpo matador que sabía que poseía. El mismo que ostentaba

con descaro en sus películas.

Tenía que detener aquel tren de pensamientos ahora mismo.

Si iba a darle una lección, y definitivamente había planeado

hacerlo, tendría que llevar a cabo su plan original. Su plan

original no implicaba originalmente que admirase ese cuerpo

increíble y lleno de curvas como a él le gustaba. Más tarde,

tendría tiempo para eso. Ahora la pregunta continuaba, ¿cómo

iba a sacarla de la casa?

— ¡Eh!, Amara. Despierta.

Nada.

— ¿Amara? —Él se inclinó y la sacudió ligeramente. Ella se

movió, pero no abrió sus ojos.

Maravilloso. Debería haberlo planeado mejor. Si se hubiera

sentado y lo hubiera pensado más detenidamente. .

Sin dejarle mucho tiempo para reaccionar, Amara se levantó

de un salto e intentó darle un puñetazo. Algo duro le golpeó a

un lado de su cara. Ella estiró hacia atrás su brazo otra vez,

pero él esta vez estaba preparado. Agarró su muñeca y la

apretó. Ella gritó y dejó caer lo que sostenía en su mano, el

objeto hizo ruido al golpear contra el suelo.

— ¡Déjame ir!

Él resopló, sosteniéndola con muy poco esfuerzo. Tenía que

admitir que no había esperado que fuera tan fuerte. Para ser

una cosa tan pequeña, él podía imaginar como se defendería de

cualquiera.

Pero no de él. No era contrincante para él. Ninguna mujer lo

era, y él se aseguraba que ellas fueran conscientes de eso.

— ¿Por qué no paseamos un poco en mi coche?

Ella se calmó y lo miró airadamente.— ¿Es eso una especie

de eufemismo para tener sexo? ¿Eso es lo que quieres de mí?

Él se rió.— No busco sexo —Aunque viéndola en persona

podía cambiar su opinión referente a eso.— Sólo quiero hablar

contigo un ratito.

Él se frotó su mandíbula que le dolía un poco por el golpe. —

¿Con qué me golpeaste?

— Con una tetera

— ¿Una tetera? —Él había sido disparado, apuñalado,