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Psicologia De La Sexualidad

Enrique Barra Almagia

PREFACIO

Al presentar este libro sobre psicología de la sexualidad el autor espera contar con dos

factores importantes a su favor. Por una parte, la gran atracción que parecen sentir las

personas hacia libros que tratan sobre aspectos psicológicos, tal vez siguiendo el antiguo

consejo de "conócete a ti mismo". Y, por otra parte, la atracción mayor aún que deberían

experimentar hacia un libro que se refiere a un tema tan personalmente significativo como

la sexualidad. Confiamos en que tales supuestos sean válidos en este caso particular y que

muchas personas extraigan provecho de este intento de integración entre factores

psicológicos y conducta sexual.

A diferencia de otro texto de psicología social que presentamos hace algún tiempo, la

elaboración del presente libro no ha estado sólo motivada por el deseo de disponer en

nuestro medio y en nuestro idioma de un texto que fuera equivalente a los que existen en

otros lugares científicamente más avanzados. En este caso, hemos intentado además

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Enrique Barra Almagia

elaborar un libro original y nuevo, no sólo en cuanto a su título sino que especialmente en

sus contenidos, en su enfoque y en la forma de integrar distintos aspectos psicológicos

involucrados en la sexualidad.

Una motivación adicional importante para elaborar este libro ha sido la constatación de que

los temas referentes a la sexualidad no reciben habitualmente un tratamiento conceptual

riguroso y fundamentado. A diferencia de lo que ha ocurrido en el estudio de muchas otras

áreas de la conducta humana, ha existido un gran atraso en el desarrollo de esquemas de

análisis adecuados y proposiciones teóricas específicas que den cuenta de la complejidad,

subjetividad y multideterminación del comportamiento sexual humano.

Motivado por tal percepción, este libro intenta hacer una contribución significativa al

análisis psicológico adecuado del comportamiento sexual. humano, la que estimamos

original y novedosa tanto por algunos de los temas que se examinan como por la forma de

abordarlos. Siendo éste un libro dirigido a distintos tipos de lectores, una consideración

muy importante ha sido el intentar conciliar la rigurosidad científica con un lenguaje lo

más claro y simple posible, de manera de facilitar la comprensión y procesamiento de los

temas. Esperamos haber logrado esta meta, algo que sólo puede juzgar con propiedad el

lector.

La elaboración de este libro ha tenido dos objetivos centrales. En primer lugar,

proporcionar información específica y actualizada sobre diversos aspectos psicológicos de

la sexualidad, tanto para profesionales relacionados con el tema en los campos de la educa-

ción, la salud, las ciencias sociales, etc., como para cualquier persona interesada en ampliar

sus conocimientos al respecto. Y, en segundo lugar, servir de material de consulta tanto

para la docencia como para actividades de investigación y de intervención relacionadas con

el comportamiento sexual humano.

Esperamos contribuir a acercar el tratamiento científico de estos temas al lector y a darle la

oportunidad de reflexionar sobre sí mismo y sobre los otros, sobre la diversidad humana y

sobre nuestra naturaleza como seres biológicos, psicológicos y sociales. Como

expresaremos muchas veces en las páginas siguientes, el conocimiento de los factores

psicológicos de la conducta sexual, y de las muchas diferencias individuales y de género

existentes en la sexualidad, debería capacitarnos para enfrentar mejor el desafío de vivir

nuestra sexualidad de manera más satisfactoria y de construir relaciones más armónicas

entre los sexos.

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CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

La sexualidad y sus distintas manifestaciones constituyen una parte esencial en nuestras

vidas, tanto que nuestra existencia misma es producto de una interacción sexual. Desde el

mismo momento en que nacemos, o aun antes, somos objeto de una serie de

categorizaciones sociales de acuerdo a nuestra pertenencia a uno u otro sexo, la que seguirá

siendo nuestro primer sello de identidad social durante toda la vida. De ahí que el

desarrollo de la identidad sexual, el aprendizaje de los roles y normas de género y la

formación de relaciones íntimas que sirvan de contexto a las expresiones sexuales,

constituyen tareas centrales en el desarrollo individual.

Las diferentes sociedades y culturas le otorgan gran importancia a los diversos aspectos

relacionados con la sexualidad, aun cuando muchas veces las actitudes y normas sociales al

respecto pueden aparecer como contradictorias y conflictivas. Así, por ejemplo, la cultura

puede prescribir distintos estándares sexuales para diferentes grupos sociales, como

hombres y mujeres, adultos y ancianos, casados y solteros, etc. Las sociedades desarrollan

un conjunto de normas para regular la expresión de la sexualidad y canalizar las energías

sexuales en modos socialmente aprobados, pero al mismo tiempo existen diversas formas

de comercio sexual y de explotación económica de las motivaciones e intereses sexuales de

los individuos. Además se espera que las personas desarrollen armónicamente su

sexualidad y logren una vida de pareja y familiar satisfactorias, sin embargo no se hacen

suficientes esfuerzos sistemáticos e institucionalizados para favorecer una adecuada educa-

ción afectiva y sexual.

La gran importancia que tiene la sexualidad en el desarrollo individual se manifiesta de

diversas formas, como que las personas recuerden de manera muy especial sus primeras

experiencias sexuales, que se involucren en fantasías sexuales de muy diverso tipo, que

hagan chistes acerca de asuntos sexuales, que presten especial atención a estos temas en los

medios de comunicación, que intenten aumentar su atractivo sexual y también que algunas

veces experimenten intensas emociones negativas frente a dificultades o conflictos de

índole sexual.

Sin embargo, y a pesar que cada vez se valoriza más el heeho que las personas sean

abiertas y honestas respecto a sus sentimientos e inquietudes, aún es muy escasa la

autorrevelación sexual, es decir, es difícil que las personas hablen abiertamente de sus

temores, fracasos, deseos y fantasías en el terreno sexual. Esto no significa que no haya

mucho de que hablar sobre nuestra sexualidad, ni tampoco que no sea beneficioso hacerlo,

sino que sería un reflejo de las dificultades que puede tener tanto el reconocimiento como

la discusión de algunos aspectos de nuestra vida frente a los cuales nos sentimos inseguros

o hacia los cuales tenemos sentimientos ambivalentes.

Lo anterior puede deberse en parte a que, por factores tanto individuales como

interpersonales y culturales, muchas veces sentimos que nuestras experiencias sexuales han

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estado por debajo de lo que esperábamos o lo que deseábamos que fuesen. Al igual como

muchas veces descubrimos que la posesión de un bien material deseado no nos ha hecho

más atractivos o felices, como nos prometían los publicistas, también podemos descubrir

que un encuentro sexual con alguien no nos hace necesariamente amar más a esa persona o

sentirnos más maduros o felices.

Al reflexionar sobre estos aspectos, es muy posible que concluyamos que la sexualidad ha

sido mucho más compleja de lo que pensábamos o de lo que nuestra cultura nos enseñó a

esperar, y además que lo más importante no ha sido lo que hemos hecho sino el cómo nos

hemos sentido respecto a ello. Es justamente esto último, el cómo nos sentimos frente a

nuestra sexualidad, lo que parece ser más difícil tanto de reconocer conscientemente como

de revelar a otros, haciendo que desde un punto de vista psicológico la sexualidad sea tal

vez uno de los aspectos de nuestra vida donde podemos experimentar un mayor

sentimiento de soledad.

Hay que agregar, además, el hecho que la mayoría de las personas aprenden sobre la

sexualidad mediante su propia experiencia y prácticamente por ensayo y error, sin tener

mucha oportunidad de contrastar sus propias experiencias y reacciones emocionales

asociadas con aquellas de sus pares o sus grupos de referencia. Y por esto es común que en

este ámbito muchas personas sientan que deben guardar celosamente ciertos secretos que

nadie más ni siquiera imagina, y crean que sus experiencias son muy especiales y

diferentes a la mayoría, siendo que, al ser revelados, gran parte de esos secretos resultan

ser actividades y/o fantasías comunes compartidas por muchos otros individuos.

Constituyendo la sexualidad una parte esencial tanto de la subjetividad como de la

interacción social humana, la psicología tendrá mucho que decir acerca de sus diversas

expresiones, factores determinantes, aspectos diferenciales, etc. Y esto se aplica

especialmente a la psicología social, por el hecho que el comportamiento sexual se

relaciona de manera significativa con muchos elementos de naturaleza psicosocial. Entre

ellos se pueden mencionar aspectos tales como actitudes, creencias, atribuciones,

socialización, roles y normas sociales, estereotipos, procesos de aprendizaje social,

habilidades sociales, comunicación interpersonal, atracción y amor, poder y control, etc.

A pesar que la sexualidad debiera ser siempre considerada desde una perspectiva

biopsicosocial amplia, su naturaleza subjetiva e interpersonal hace que su real

comprensión, explicación e interpretación adecuadas le correspondan de manera

fundamental a la psicología. Sólo una sólida formación psicológica en los procesos básicos

involucrados en la conducta humana (del aprendizaje, del desarrollo, de la personalidad, de

la comunicación, de las relaciones interpersonales, etc.) permitirá abarcar adecuadamente

la compleja interrelación de los diversos aspectos cognitivos, motivacionales, emocionales,

interpersonales y sociales en la conducta sexual humana.

Lo anterior no implica negar el indudable aporte que otras disciplinas pueden hacer a

ciertos aspectos específicos relacionados con la conducta sexual. Especialidades médicas

como la endocrinología, la ginecología, la urología y la geriatría podrán contribuir a

prevenir y solucionar algunos factores orgánicos relacionados con la vida sexual de las

personas. Antropólogos, sociólogos y otros científicos sociales pueden ilustrarnos acerca

de los factores sociales y culturales que parecen jugar un rol muy importante en las

actitudes y conductas sexuales de los individuos, así como acerca de los cambios culturales

operados en los patrones referentes a la sexualidad (por ejemplo, de los adolescentes, de las

mujeres, de las personas de edad, etc.). Lo que afirmamos es simplemente que, al igual que

en cualquier otro ámbito de la conducta humana, es la psicología la ciencia que posee las

herramientas conceptuales y metodológicas requeridas para una adecuada comprensión y

explicación científica de las expresiones sexuales humanas.

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Debido a que existe confusión al respecto, es pertinente aclarar que no hay una profesión o

una especialidad que se pueda llamar sexología ni especialistas llamados sexólogos,

independientemente del hecho que algunas personas de distintas profesiones puedan

autoasignarse tales títulos aparentemente de especialización profesional. Y así como no

existe una carrera universitaria de sexología y por lo tanto tampoco una profesión de

sexólogo, también se puede cuestionar el que exista un campo de investigación o una

disciplina científica que deba recibir el nombre de sexología. Esta idea es expresada muy

claramente por Gagnon (1980), cuando afirma: "El estudio del sexo se realiza mejor no por

medio de la creación de una disciplina especial llamada sexología y de científicos

especiales a quienes se da el nombre de sexólogos, sino más bien utilizando los mismos

métodos y teorías que se emplean para estudiar otros aspectos de la conducta humana. Así

pues, cualquier teoría de conducta sexual debe formar parte de una teoría más amplia de

conducta humana" (p. 3).

El situar el análisis de la sexualidad dentro de una perspectiva primariamente psicológica y

psicosocial, aunque abierta al aporte de muchas otras disciplinas, implica destacar tanto su

naturaleza interpersonal como también sus dimensiones subjetivas. En relación a lo último,

y aunque el conocimiento preciso es aún escaso, las actitudes y conductas sexuales de un

individuo forman parte de lo que llamamos su personalidad y reflejan las muy variadas

facetas de su individualidad, la cual es un producto de la interacción entre influencias de

muy diverso tipo, tanto biológicas como psicológicas y socioculturales.

Dentro de los factores psicológicos, y además de las conductas y actitudes sexuales de los

individuos, necesitamos cada vez más prestar particular atención a otros aspectos que

parecen desempeñar un rol central en nuestra conducta sexual. Entre ellos estarían los

aspectos cognitivos (tales como los esquemas de género y autoesquemas sexuales que

veremos más adelante), las complejas interacciones entre éstos y otros factores

motivacionales y emocionales, y en especial un aspecto esencial en la conducta humana y

la interacción social. Nos referimos específicamente a los significados que los seres

humanos asignamos a las diversas situaciones y conductas, tanto nuestras como de los

otros, y que adquieren una relevancia especial en un ámbito tan personal como el de la

sexualidad.

Así, en el ámbito de la conducta sexual adolescente, donde existen muchos datos

estadísticos acerca de aspectos tales como la edad de iniciación sexual o la incidencia de

relaciones sexuales, Brooks-Gunn y Furstenberg (1989) plantean que al mismo tiempo

existe un gran desconocimiento de "lo que significa la sexualidad para los adolescentes,

cómo se relaciona con los otros aspectos de su vida adolescente y qué estrategias usan los

adolescentes para manejarla o incorporarla en sus vidas" (p. 249). Aunque en el caso de los

adolescentes ese conocimiento tiene además una especial relevancia social, por su utilidad

en la prevención de problemas significativos como el embarazo y algunas enfermedades de

transmisión sexual, lo mismo se puede afirmar respecto de la sexualidad de las personas en

general y no sólo de los adolescentes. Podemos saber bastante sobre incidencias y

frecuencias de ciertas conductas sexuales, pero sabemos muy poco de las funciones psi-

cológicas y los significados individuales que las personas atribuyen a su propia sexualidad.

En un sentido general, podemos decir que los significados que asignamos a las cosas

determinan tanto nuestras reacciones frente a ellas. como la posibilidad de establecer una

adecuada comunicación con otros. Es muy sabido en el campo de la comunicación

interpersonal que uno de los factores claves para que ésta sea efectiva lo constituye el

hecho que ambos participantes posean un campo compartido de significados comunes, y

cuando ese terreno común no existe la comunicación puede dificultarse bastante, como

ocurre a menudo entre personas pertenecientes a distintas culturas. En muchas áreas de la

comunicación interpersonal es posible que los participantes puedan verificar si los

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significados que le asignan a algo son similares o no, lo que es muy aconsejable para

optimizarla.

Sin embargo, debido a factores personales y sociales, como algunos que se mencionaron

anteriormente, esta verificación de significados es menos probable en la comunicación

sexual, especialmente en personas con actitudes negativas o ambivalentes frente al tema, o

entre personas que se encuentran en etapas iniciales de una relación. Puede considerarse

esto como una gran paradoja, ya que justamente por su naturaleza, en las interacciones

sexuales es particularmente necesaria dicha verificación de significados para una adecuada

comunicación entre los participantes.

En las interacciones sexuales habituales los participantes no sólo son personas distintas,

sino que por pertenecer a diversos sexos serían personas completamente diferentes en

variados aspectos, tal como muestra la investigación psicológica moderna (Doyle y Paludi,

1991; Jacklin, 1989; Moir y Jessel, 1994). La percepción que tienen las personas de esas

diferencias sexuales en general y en la sexualidad en particular, y la necesidad que sienten

de más elementos para enfrentarlas en mejor forma, pueden explicar el éxito editorial que

han logrado libros de divulgación que justamente analizan esas diferencias, como los de

Braconnier (1997), Gray (1994, 1995), y en nuestro medio los de Politzer y Weinstein

(1999) y de Evans y De la Parra (2000). Libros como ésos pueden satisfacer en algún

grado la necesidad de conocerse más a sí mismo y también al otro sexo, y por lo tanto

cumplen una función social importante al remediar en parte una carencia educacional o

formativa.

Si en general las personas les dan distintos significados a las cosas y reaccionan también de

manera diversa frente a ellas, cuando esas personas son de distinto sexo las diferencias de

significados y reacciones deberán ser mayores aún, y podemos esperar que sean todavía

mayores cuando se trata de aspectos afectivos y sexuales, donde tal vez se expresa de

manera más clara que en otros ámbitos la interacción compleja entre las diferencias

biológicas, psicológicas y socioculturales entre hombres y mujeres: De ahí que la

formación y mantención de una comunicación afectiva y sexual positiva con personas que

por ser del otro sexo son tan distintas, puede considerarse uno de los grandes desafíos que

enfrenta una persona, y para el cual habitualmente no recibe una preparación adecuada. Al

respecto, es bastante conocido el hecho que la mayor parte de los adolescentes no reciben

lo que podría considerarse una verdadera educación sexual y que la mayor parte de su

información (no educación) sexual proviene de la relación con sus pares. Esta falta de

preparación, junto con otros numerosos factores adicionales, puede determinar dificultades

para lograr una vida afectiva y sexual satisfactorias o una adecuada compatibilidad sexual

de pareja, con todos los efectos negativos que pueden derivar de ahí tanto para la pareja

misma como para el ambiente familiar si existen hijos.

A la inversa, si las personas logran desarrollar actitudes positivas y patrones adecuados de

interacción y comunicación sexual, y a través de ello alcanzar un nivel aceptable de

satisfacción en su vida afectiva y sexual, eso indudablemente tendrá efectos positivos muy

significativos tanto en el bienestar psicológico del individuo como en su ambiente familiar.

Desde el punto de vista individual, la satisfacción del individuo con su sexualidad tiene

una relación importante con su nivel de autoestima y con la forma de relacionarse con el

mundo y las otras personas. Esto no necesariamente implica lo inverso, es decir, que un

bajo nivel de satisfacción sexual tenga que tener inevitablemente efectos negativos sig-

nificativos en la percepción de sí mismo o de la realidad, debido a que pueden existir

mecanismos de compensación eficaces y muchas veces socialmente valiosos como una

intensa dedicación al trabajo, el arte, el deporte, etc. Sin embargo, en ciertos individuos y

en determinados contextos, la insatisfacción afectiva y sexual y los problemas de

autoestima asociados pueden determinar algunos patrones motivacionales o estilos de

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comportamiento menos positivos socialmente, como el autoritarismo, la hostilidad, la am-

bición desmedida de poder o de bienes, la competitividad agresiva, etc.

Al hablar de satisfacción afectiva y sexual, y no sólo sexual, se quiere enfatizar que desde

una perspectiva psicológica integral la satisfacción sexual no debe entenderse sólo como

un desahogo, o como la reducción del impulso mediante la obtención del orgasmo, sino

que, al igual que en otros ámbitos, el concepto de satisfacción alude a la evaluación

subjetiva que hacemos de una determinada experiencia. Se puede afirmar que el nivel de

satisfacción sexual de un individuo no necesariamente depende de su frecuencia de

relaciones sexuales con orgasmo, sino que en gran medida de que tales relaciones tengan la

calidad deseada y que esa frecuencia no sea inferior a la que él o ella desearía.

Sólo teniendo en cuenta esta relativa independencia entre frecuencia y satisfacción en el

ámbito sexual se comprende mejor algunos datos que a primera vista podrían parecer

sorprendentes. Un primer ejemplo es que en algunos estudios que se mencionarán más

adelante las mujeres informaban estar más satisfechas con su vida sexual que los hombres,

a pesar que en esos mismos estudios los hombres informaban mayor frecuencia de

relaciones sexuales que las mujeres. Una explicación es que probablemente las mujeres

esperan (o tal vez desean) tener menor frecuencia de relaciones que los hombres, por lo

cual es factible que una determinada frecuencia satisficiera más las expectativas femeninas

que las masculinas. Esto corresponde a lo que plantea la teoría del intercambio social de

Thibaut y Kelly (citados en Barra, 1998), en el sentido que una experiencia será percibida

como satisfactoria si está por sobre lo esperado, en cambio si los resultados obtenidos están

por debajo de lo que se esperaba o deseaba, la experiencia será juzgada como

insatisfactoria.

Y un segundo ejemplo es que en su análisis de la sexualidad de las personas más

autorrealizadas, Maslow (1 966b) expresa que en ellas "el orgasmo es simultáneamente

más importante y menos importante que en la persona promedio. A menudo es una expe-

riencia profunda y casi mística, y aún así la ausencia de sexualidad es más fácilmente

tolerada por estas personas" (p. 149). Aquí podemos apreciar una aplicación de la conocida

regla "mejor calidad que cantidad", ya que se podría pensar que es justamente el hecho que

en tales personas las experiencias sexuales produzcan una muy alta satisfacción (calidad)

lo que hace que ellas no necesiten de esas experiencias con tanta frecuencia (cantidad).

También puede pensarse en una explicación complementaria, en el sentido que

posiblemente en una persona más autorrealizada existirán más fuentes alternativas de

satisfacción personal que en la persona promedio, y por lo tanto habrá menos necesidad de

experiencias sexuales frecuentes.

Como se ha expresado anteriormente, la sexualidad entendida en un sentido amplio va a

constituir un aspecto central de nuestra identidad personal y de nuestro bienestar

psicológico. Sin embargo, y como ocurre en cualquier otro aspecto psicológico, van a

existir muchas diferencias individuales respecto al grado en que las personas integran su

sexualidad con los otros aspectos de su personalidad y de su vida, y también respecto al

grado en que su sexualidad se expresa en sus pensaíñientos, fantasías, intereses, apariencia,

lenguaje, conducta, etc. Estas diferencias individuales se dan tanto entre ambos sexos

como dentro de cada sexo, por lo cual al decir que existen diferencias de género en algún

aspecto (cosa que haremos continuamente a lo largo de este libro) debemos entender que se

está haciendo una comparación entre un hombre y una mujer promedio y no entre todos los

hombres y todas las mujeres.

Estas diferencias sexuales o de género en la sexualidad de alguna manera constituirán el

telón de fondo que estará presente en todas nuestras revisiones y análisis acerca de los

temas de este libro. Las razones de ello pueden ser muchas, pero nos interesa al menos

destacar dos. Por una parte, cada vez hay más evidencias de la existencia de estas

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diferencias en los más variados aspectos (aun en el tema de la homosexualidad como

veremos más adelante), lo cual no debe extrañarnos si consideramos que la variable sexo

sería la fuente más importante de diferencias individuales en toda la conducta social. Y,

por otra parte, como volveremos a enfatizar al analizar específicamente el tema, mientras

más conozcan las personas de ambos sexos acerca de estas diferencias, más capacitadas

estarán para establecer una mejor relación y comunicación entre sí, y disminuir de esa

manera una gran brecha que es esperable que exista entre personas tan distintas.

Este libro está dedicado a presentar y analizar específicamente diversos aspectos

psicológicos de la sexualidad, y por lo tanto no abarcará otros temas habitualmente

incluidos en los textos tradicionales sobre sexualidad, los cuales son muy importantes pero

no corresponden estrictamente a procesos psicológicos (entre otros, la anatomía y

fisiología sexual, el ciclo de respuesta sexual, los aspectos legales, los métodos

anticonceptivos, las enfermedades de transmisión sexual, etc.). Nuestro interés en general

no estará tanto en qué hacen o no hacen las personas (salvo para ilustrar relaciones o

diferencias individuales o de género significativas), sino en intentar explicar el porqué de

lo que hacen o no hacen.

En el capítulo 2 presentaremos una síntesis de algunas perspectivas teóricas que se han

interesado especialmente en el tema sexual (algunas de las cuales se exponen

detalladamente en el capítulo 8) y revisaremos varios modelos psicológicos que constitu-

yen valiosas herramientas para la explicación y eventual predicción del comportamiento

sexual. Estos modelos, en general poco conocidos en nuestro medio, constituyen aportes

muy significativos tanto para la investigación acerca de actitudes y conductas sexuales,

como también para programas de prevención de algunos problemas relacionados con la

conducta sexual.

El capítulo 3 estará dedicado a sintetizar el importante y complejo tema de la relación entre

conducta sexual y personalidad, enfocando el tema tanto desde un punto de vista más

tradicional (rasgos y dimensiones de personalidad) como presentando una visión

psicosocial más moderna (automonitoreo y sociosexualidad), la cual nos permitirá destacar

la naturaleza interpersonal de las motivaciones y conductas sexuales en el contexto de las

relaciones de pareja.

Los capítulos 4 y 5 examinan el tema de cómo reaccionan las personas al ser expuestas a

estímulos eróticos y qué efectos podrían tener éstos en su conducta tanto sexual como no

sexual. La información que se discute en estos dos capítulos está destinada a arrojar alguna

luz sobre temas tan polémicos como las supuestas diferencias de género en excitabilidad

sexual y los efectos de la pornografía sobre la conducta.

El capítulo 6 sintetiza el conocimiento que se tiene acerca de las fantasías sexuales en que

se involucran muchas personas, tanto durante la actividad sexual como en general. Además

de revisar las distintas variables de las fantasías (incidencia, contenidos, etc.), en este tema

también alcanzan gran relevancia las diferencias de género, por el hecho que en esta forma

de expresión sexual ellas pueden manifestarse más libremente que en la conducta sexual

interpersonal.

En el capítulo 7 se examinan específicamente las diferencias en la conducta sexual de

hombres y mujeres, incluyendo tanto estudios clásicos como datos recientes, y se analizan

las relaciones entre tales diferencias y otros factores de diverso tipo (educación, edad, etc.).

A pesar que la mayoría de los datos en este capítulo se refieren a la comparación de

conductas específicas, el objetivo principal es mostrar cómo hombres y mujeres parecen

enfrentar y vivir de manera muy diferente su sexualidad a lo largo de su vida.

El capítulo 8 contiene un análisis más detallado de algunas explicaciones generales que se

pueden ofrecer respecto a las diferencias de género en la conducta sexual, y constituye por

lo tanto algo nuclear en este libro. En lugar de revisar las perspectivas teóricas clásicas de

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la psicología, algo que se puede encontrar en muchos otros libros, presentamos y

discutimos tres perspectivas modernas, muy diferentes entre sí, pero igualmente

interesantes y poco conocidas en nuestro medio.

Finalmente, los capítulos 9 y 10 están destinados a clarificar el polémico tema de la

orientación sexual y la homosexualidad, mediante un análisis crítico de las principales

teorías y evidencias científicas disponibles. En el primero de ellos se clarifican varios

conceptos relacionados, se revisa el-tema de la orientación sexual y se examinan los

principales aportes modernos para la mejor comprensión y estudio de la homosexualidad.

Y en el último se presentan de manera detallada y se discuten dos modelos teóricos

recientes que intentan explicar cómo y cuáles aspectos del desarrollo individual pueden

determinar que las personas lleguen a ser heterosexuales u homosexuales.

No es algo casual el hecho que en lo que sigue de este libro empecemos hablando de

modelos teóricos de la conducta sexual en el capítulo 2 y terminemos hablando de modelos

teóricos de la orientación sexual en el capítulo 10. Por el contrario, refleja nuestro interés

en subrayar el rol fundamental que, al igual que en cualquiera otra ciencia, deben cumplir

los esquemas teóricos adecuados en el desarrollo de una psicología de la sexualidad. Tales

modelos debieran ser considerados entonces como elemen'tos fundamentales tanto para la

mejor comprensión y explicación de sus fenómenos de interés, como para orientar la

generación, organización y aplicación de sus conocimientos.

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CAPITULO 2

MODELOS TEORICOS DEL

COMPORTAMIENTO SEXUAL

Ademas de no existir suficiente conocimiento acerca de muchos aspectos del

comportamiento sexual, no ha sido una tarea fácil elaborar esquemas explicativos que con-

tribuyan a la comprensión científica de los factores determinantes de la sexualidad

humana. Lo anterior tendría que ver tanto con la complejidad de la conducta humana en

general como con las particularidades y desafíos especiales que plantea el estudio

científico de la conducta sexual. Sin embargo, existen algunas teorías y modelos útiles para

una mejor comprensión y eventual predicción del comportamiento sexual humano, los

cuales se revisarán sintéticamente en este capítulo. En primer lugar se bosquejarán muy

sucintamente las principales perspectivas teóricas generales acerca de la sexualidad

desarrolladas por diversos científicos sociales y a continuación se presentarán algunos

modelos psicológicos más específicos de la conducta sexual.