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Realidad de un largo sueño

Mario Marcelo Galarza Torrelio

Santa Cruz de la Sierra, Octubre del 2003

Realidad de un largo Sueño

Mario Marcelo Galarza Torrelio

¿Dónde estás?, ¿Es cierto que te he vuelto a encontrar? Es en ese preciso

momento te pierdo de vista, mi camino se cruza con miles de caminos más

que pasan cerca, tan cerca que me confunden, es este el camino que me llevará

hacia mí, o es que el encontrarme significa perderte, es en este punto, donde

siento que mi vida no es pasajera, todo camino conduce a una ruta y la ruta

marcada para este caminante no tiene desvío, ¿es acaso un burdo juego de

palabras que salen de una mente enferma, acaso simplemente de una mente

confundida o es verdad que es la mente del que es y será aunque no quiera

serlo?.

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Realidad de un largo Sueño

Mario Marcelo Galarza Torrelio

La primera vez que te vi, tenía diez o doce años, no recuerdo bien, ¿es acaso

importante el tiempo?, sin saber lo que sé, y sabiendo lo que aún no recuerdo,

pasé a tu mundo sin ser invitado tal vez, lo único que sé es lo que pude ver,

sabía en ese entonces que tenía un padre y una madre cariñosos y respetuosos

de mi vida, la atesoraban cuan más no se puede esperar de un pareja que se

amaba y juró amor eterno, fruto de ese juramento nací.

Pues bien, el tiempo transcurre monótono y tardo, el ser que debe crecer creció,

hasta llegar a la edad que cuento, ocho o nueve años, cuando la fatalidad se

lleva el cuerpo de la que fue mi madre y digo el cuerpo, pues como verán el

alma no tiene explicación ni razón que dé cabida a la imaginación.

Es entonces, que el que fue mi padre y sin ninguna mala voluntad, lo puedo

asegurar, tomó nupcias con una nueva dama, la cuál, para hacer más corto este

relato, resultó más apta para odiarme que para amarme, como se suponía debía

hacerlo, sin razón aparente, según recuerdo, tomó encono hacia mi, lo que

condujo a una serie de abusos, un ser que apenas transcurría por los valles de

la niñez y que a pesar de todo, la veía como figura materna.

Así transcurren dos años, eso si lo recuerdo bien, como la espiga sabe cuánto

tiempo debe esperar antes de dar sus frutos, así esperé antes de salir de la casa

de mi padre cargado simplemente con la inocencia de la niñez y todos los

víveres que pueden entrar en un morralillo, primero corrí, tan rápido cono mis

pequeños pies me lo permitían, mientras más lejos veía la casa de mi padre

más rápido corría, hasta que al fin mis adoloridos pies desobedecieron al

cerebro y el andar fatigoso, se hizo espera y cayó la noche. Con todo el temor

de un hombre mayor que cruza un bosque de noche y con el temor de un niño

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que cruza una selva de espectros, caminé sigiloso por el pasaje nocturno,

adornado simplemente con algunas estrellas que se colaban a través de los

árboles cuando estos, ordenados por el viendo, se movían para dar paso a la

luz, que además, profería sonidos que a mi parecer se asemejaban más a

cientos de fantasmas sedientos de la vida que escapaba de mi ser.

Conteniendo el hambre y las ganas de llorar, el pasaje me llevó hasta un claro

en el cuál se levantaba una casa enorme, parecida a esas casas que veía en mis

sueños luego de que mi madre me contara los cuentos que aún atesoro en la

mente, pues es allí donde me encontraba, cambiando el miedo a lo etéreo, por

el miedo a lo desconocido, el miedo a llegar nuevamente al maltrato, el miedo

que me había obligado a dejar la casa de mi padre.

No tuvo que pasar mucho tiempo antes de que todo el miedo desapareciera,

desalojado de mi mente y mi corazón por tus ojos, dos estrellas tan luminosas

que se quedaron allí para siempre, sin darme chance siquiera a cerrar las

puertas de mi alma si es que así se llama a este ser que no conoce de muerte ni

de tiempo, me miraste y te miré, luego nos observamos, recuerdo ese silencio

de un par de segundos que gritaba a los cielos y a la tierra, al universo entero

“se han vuelto a encontrar”, luego tu voz, nunca la podré olvidar, cómo la

podría olvidar, si es la voz que vive en mi interior, algunos la llaman

conciencia, otros la voz de corazón, yo sé que es tu voz, la recordaba en ese

momento y la recuerdo ahora a través del tiempo, me preguntaste quién era,

como si no lo hubieses sabido toda tu vida, te respondí, te conté todo lo que

había sucedido, ni más ni menos, aún ahora admiro el lujo de detalle, pues sé

que nunca digo todo y menos a alguien que no conozco, pero no era así, tú y

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yo lo sabíamos, nos conocíamos y ni siquiera la corta edad, ni la situación

pudo evitar la emoción de encontrarnos.

Fue así que me tomaste de la mano y me invitaste a tu casa, a tu vida, a tu

corazón, a tu ser. Tu padre, un ser atormentado por un viejo secreto, me aceptó

en su casa y me regaló su simpatía, me ofreció un techo y alimento y la

posibilidad de tenerte junto a mí.

Son las siete de la mañana, los rayos del sol que se asomaban tímidos por las

cortinas de la ventana me despiertan y la voz de mi madre me obliga a saltar

del lecho y alistarme para ir al colegio, tengo tantas cosas en la mente, la tarea

de matemáticas, mi clase de guitarra y el juego de atari que no pude terminar

la noche anterior, pero hay algo que crea un espacio vacío en mi corazón, no

sé qué es, necesito algo, pero no puedo recordar.

Tomo el bus para ir al colegio, entro a clase de matemáticas, termina el recreo

y escucho tu voz que me habla desde el fondo de mi ser, te escucho tan

claramente cuando me dices que no tenga miedo y que entre a tu casa, pues tu

padre es un hombre bueno y sabrá que es lo que se debe hacer. No puedo

moverme, no puedo pensar ni responder al compañero que me pide prestado

un lápiz, recuerdo todo, mis padres, mi casa, la casa de tu padre, tu voz, tus

ojos, pero no puedo ver tu rostro, no es posible, anoche te vi tan claramente y

ahora no puedo recordar, que treta de la mente, tal vez fue la cena o el juego

que no pude terminar, la tensión ocasionada por la tarea de matemáticas, o es

verdad que te vi, te encontré, que suerte la mía, venirme a enamorar de un

sueño, de una niña que no tiene rostro pero que me habla en todo momento.

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Llego a mi casa y cumplo con mis deberes, espero ansioso que caiga la noche

para poder soñarte nuevamente, es una tontería, fue solo un sueño, los sueños

no son como la vida que continúa, o como esas películas que tienen segunda

parte, no la voy a volver a ver y mi amor, aún siendo el de un infante, sufre

pues sabe que por alguna razón, ya se consagró a tus ojos.

Cierro los ojos y al abrirlos veo los tuyos

- Buenos días, ¿dormiste bien?, siento despertarte pero mi padre te

solicita.

- Voy enseguida y de nuevo gracias por todo.

No es posible, ¿es este mi sueño o mi realidad?, si es así, ¿qué eran todas esas

cosas que soñé?, esos aparatos, no puedo recordar sus nombres, pues espero

que esta sea la realidad, mi realidad, mi amor.

Juego de la mente, conspiración satánica, paso los días en mi habitual rutina

de colegial y las noches en mi rutina de criado, pasando de una vida a la otra,

empiezo a pensar que tal vez son sueños futuristas, como esos que tenía mi

madre y que me contaba antes que muriera, nunca pudo contárselos a nadie,

eso me convirtió en el único en conocerlos, pues me los narraba en forma de

cuentos antes de dormir, los tomaré así, como sueños, si debo escoger mi

realidad elijo esta, al lado de la que sé es mi ser, no lo entiendo, pero somos

uno, ella lo sabe y yo lo sé.

Un día mi madre preocupada por mi conducta, me lleva a la consulta con el

médico, esa persona nefasta que me saca de la realidad que había escogido y

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me obliga a vivir en este mundo, solísimo, sin ella, tan solo que no lo puedo

soportar, debo seguir viendo a ese médico, es por mi bien y el de mi madre

que sufre al verme así.

Poco a poco voy olvidando mi realidad, olvido mi vida en la casa del Coronel,

olvido las labores que debo cumplir, te olvido a ti.

Ya no volví a verte ni a tomarte de las manos, ya no pude hablarte ni salir a

jugar cuando acababa mis labores, ni siquiera te puedo extrañar, no te puedo

recordar, pero hay algo que se mueve en mi interior cuando escucho esa voz

que sale de mi, no puedo recordar, pero sé que necesito algo más, te necesito,

pero me quitaron el derecho de saberlo.

Los años, implacables para los seres que viven una sola vez y que mueren al

morir su cuerpo, pasan sigilosos, la rutina se apodera de mí, mientras mi

imaginación intenta escapar hacia ese lugar apenas entrevisto, al encuentro de

mí mismo y de mi búsqueda, esa búsqueda que aún sin saberlo realizo, intento

verte en otras personas, busco tus ojos y tu voz, creo encontrarte y luego te

pierdo, trato de engañarme y a veces hasta intento dejar de buscarte,

conformarme con inventarte.

Ya pasé la infancia y la pubertad, la adolescencia, comienzo a vivir mi

juventud, hace tanto que no hablo contigo, hace tanto que no soy feliz, no sé el

motivo pero es en mis sueños, en el único lugar en el que encuentro paz, hasta

que un día, navegando en esos sueños, tengo esta visión:

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“ Hace mucho tiempo cuando la tierra no era aún tierra y el mar no era aún

mar, el sembrador de vida puso en este rincón del último universo un ser a

quien dio una cadena de vida, este ser era fisiológica y psicológicamente

perfecto, poseía sentidos que lo capacitaban para cualquier situación, cuatro

brazos y cuatro piernas, para desplazarse a cualquier lugar, cuatro ojos, cuatro

orejas, dos narices y dos bocas, para poder apreciar el mundo en toda su

grandiosidad, era capaz de percibir lo material y lo inmaterial que habitaba

este planeta y podía reproducirse a si mismo cuando necesitaba trabajar una

región, la copia duraba el tiempo necesario y luego se convertía en polvo, pero

el ser perfecto era perdurable, no necesitaba de libre albedrío pues no existía

corrupción en su ser y la posibilidad de obrar en contra de la naturaleza no

cabía en su pensamiento, estaba en armonía con los demás seres sembrados y

encajaba en el círculo perfecto de la vida, el sembrador de vida estaba

satisfecho.

Pero un día llegaron a este rincón los saqueadores de vida y al observar la

armonía de este mundo, decidieron darle inestabilidad y eligieron al ser que no

participaba del ciclo natural, el que era simple observador, el único que podía

ir en contra del entorno natural, escogieron el momento en que ninguno de los

sembradores de vida los observaba y lo deformaron, dividieron a este ser en

dos partes a una la llamaron femenina y a la otra masculina, degradaron al ser

hasta el punto en que ya no podía estar en armonía con la naturaleza, no podía

concebir lo inmaterial, solamente lo material y perdió muchos de los sentidos

que eran su don, su pensamiento fue distorsionado, no podía copiarse a si

mismo, tenía que unirse de nuevo para dar cabida a un nuevo ser, pero moría y

el nuevo ser debía unirse nuevamente para poder copiarse. El sembrador de

vida trata de comunicarse con él, pero este nuevo ser deformado ya no puede

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escucharlo, solo se escucha a si mismo y empieza a copiarse tanto que ya no

hay cabida para él en ese entorno natural y tiene que ir a otro lugar, la cadena

de vida del sembrador, se mezcla con la de los saqueadores y los seres que son

copiados toman distintos aspectos y distinto pensamiento, pero en cada ser hay

un eslabón distinto de esa cadena que queda puro, una mitad de ese eslabón se

va a la parte femenina y la otra mitad a la parte masculina, solamente existe

una mitad igual a la otra, es decir que solamente existe un femenino para un

masculino. Al ser la cadena del sembrador tan grande y tan diminuta, se

vuelve imposible saber, cuál es el femenino de ese masculino y qué masculino

pertenece a ese femenino, al emigrar por toda la tierra, es inevitable la pérdida,

mas si algún día un masculino encuentra su parte femenina y viceversa, la

atracción de ese eslabón es tan grande que ninguna de las dos partes puede

dejar de escuchar el regocijo del universo estallando dentro de ellos.

La cadena del sembrador no muere, auque el cuerpo por estar viciado por la

cadena de los saqueadores, debe de volverse polvo, la cadena del sembrador,

perdura a través del tiempo y aunque con la mitad de un eslabón faltante, aún

tiene la fuerza para anidar en otro cuerpo, que podrá ser femenino o masculino,

en espera de encontrar en cualquier tiempo y lugar su parte, que también va a

su encuentro y lo está esperando.”

Al despertar, tu voz me habla nuevamente, puedo recordar tus ojos y tu rostro,

tengo la plena certeza que esta noche te veré nuevamente y me preparo para el

encuentro, no sé cómo serás, ni en qué lugar de nuestra realidad te encontrarás,

pero sé que he de hallarte. Cierro mis ojos y espero encontrar los tuyos, no es

así, me encuentro en un lugar que no recuerdo haber visto jamás, se parece a

un quirófano, estoy recostado y solamente puedo ver un luz intensa pero que

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no daña mis ojos, una voz me habla, es mas bien un mezcla de voces que

provienen de todos lados pero que al unísono parecen una sola, me dan la

bienvenida, como si estuviera volviendo de un viaje muy largo en el que había

estado perdido, me hablan de lugares lejanos y universos distantes, pero

comprendo, todo es como despertar de un sueño en el que había estado

demasiado tiempo, mas bien de un estado de coma del que no podía salir. La

voz me dice que no me preocupe, que debo volver al sueño, pero que antes me

darán el secreto del universo. ¿Será posible que este sueño sea tan apóstata

que enfrente todas mis creencias y que esté a punto de darme el secreto del

universo?, parece que ellos pueden saber lo que pienso y simplemente

responden que la realidad y el sueño son estados aparentes, la realidad la

decido yo, pero que puedo escoger tener una realidad de ensueño, me preparan

para escuchar sus voces reales, inmateriales:

“Tu realidad puede ser el sueño de alguien más, es por esto que debes

conservar el equilibrio del mundo en el que estés, pues toma en cuenta que tu

realidad puede ser destruida en el sueño de otro, el poder más grande del

universo es la convicción, algunos la llaman fe, otros locura, otros

imaginación, hay algunos que hasta tuvieron el atrevimiento de llamarla suerte,

la verdad es que no importa cómo se llame, si tú crees totalmente en algo y no

das lugar ni al más pequeño sentimiento de duda, podrás hacer lo que sea”.

Luego de escuchar estas palabras, me encontraba en un valle rodeado de

cerros y colinas, la misma voz me dijo que fuera donde mi corazón me dijera,

y me encontré en el balcón de una casa de hacienda de forma renacentista que

me pareció falto de sincronía con la historia, no me dio tiempo a pensar más,

esos ojos sacaron cualquier pensamiento que anidara en la cabeza o en el

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corazón, frente a mí, separados simplemente por la ventana que convertía el

suelo bajo mis pies en balcón, estaba ella, diez años mayor con los cabellos

tocando tímidamente los hombros, con las manos atareadas en cumplir con el

afán que aquel vestido solicitaba, no sé cuanto tiempo me quedé observándola,

tratando de guardar en mi mente su rostro, ese rostro que se borra como una

maldición cuando sale el sol, creo recordarla, es ella estoy seguro, la fuerza

dentro de mí, me lo dice a gritos, pasan una hora o diez, no lo sé, ella voltea y

me observa, su rostro dibuja una sonrisa, sale al balcón, mientras yo intento

disimular mis manos temblorosas, me reprocha que la estoy espiando,

mientras me da un beso en la boca, casi sin tocarme, rozando con sus dulces

labios los míos, es la primera vez que siento morir en vida, no puedo disimular

más el nerviosismo, la emoción, la tengo frente a mi, después de tantos años,

ahora es distinto, me siento regresar de un viaje largísimo, pero para ella no es

así, parece que jamás nos separamos, y aún más, me reprocha no poder estar

ni media hora si verla, media hora que fueron diez años para mi, siento rencor,

¿Acaso alguien está viviendo mi realidad?, ¿Es que vivo en dos lugares a la

vez?, no importa ella me saca del trance con otro dulce ósculo un tanto más

atrevido que el anterior, pero sin perder la timidez e inocencia que cubre su

rostro, se sonroja y me recrimina los sentimientos que hago nacer en ella, me

recuesto en su regazo mientras ella acaricia mi rostro, ¿mi rostro, es que no se

da cuenta de que soy otro?, pienso que el amor no conoce rostros, reconoce

almas. No quiero dormir, pues sé que entraré de nuevo en ese sueño fatal, en

el que no está ella, pero el cansancio puede más y unos minutos más tarde me

veo pagando el taxi que me trajo hasta la universidad.

Las noches que siguieron a esa no la pude ver y por más esfuerzo que hacía no

lograba recordar su rostro, en su lugar, volví a la sala con esa luz penetrante,

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obedeciendo las voces que me instruían y aconsejaban, recordando el cómo

era ser yo.

Mi realidad se desvanece, no sé quién soy, me odio y me quiero, no permito

que nadie se me acerque tanto como para dañarme, aún las personas que creen

estar cerca de mi no saben nada acerca de mis sueños, nada a cerca de mi

realidad, llego al punto en el que veo que es posible abandonar mi pseudo

realidad en cualquier momento y aprendo a hacerlo, cada vez que algo intenta

tocarme, salto a mi mundo y me cubro, esto me evita el dolor de salir dañado,

pero me quita la posibilidad de vivir en este otro sueño.

Así pasan otros dos años sin verla, sin reconocerla, tratando de recordar su

rostro, su sonrisa, algo, confundiéndola con otros rostros, el cuerpo puede ser

igual al de otras mujeres, las partes femeninas de parecen tanto entre sí, pero

no encuentro la mitad del eslabón que grita cuando estoy cerca de ella, pienso

en todos los eslabones que irán por ahí, buscando sin encontrar, tal vez a la

persona con la que estoy ahora, y el cuerpo que guarda el eslabón que me falta,

¿estará con alguien? No puedo resistir esa idea y decido no tocar fémina

alguna hasta encontrar esos ojos que me griten el secreto del universo.

“Soy tuya” dicen muchas, pero no me siento suyo, ¿cómo puedo decir “te

amo” si el amor solamente nace en sus ojos?, ¿será mi pena conocerla solo en

sueños y aún peor, ya ni en sueños volverla a ver?, no puede ser así, sé que

debo encontrarla y no es este el momento de rendirse.

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Una noche, vuelvo a escuchar la voz que se forma por el avenido de otras

voces y me dice que me mostrará a ese ser que es tan yo en su ser, como yo

soy ella en el mío.

Inconfundible calidez, innegable emoción que no se puede contener al

observar la misma casa, maltratada ya por el paso del tiempo, pero colmada de

recuerdos, recuerdos que llegan a mi mente, frescos y recientes, nunca me fui

de este lugar, siempre he estado aquí, sosegada locura que me impulsa a no

creerlo, me dice que no es así, esto es solamente un sueño y como tal

terminará, despertaré y esta imagen será borrada de mi mente. Estoy en medio

de la lucha encarnada que incumbe mis dos realidades, la primera llena de

desavenencias y la segunda más aún que la primera, pero con el ser en mi ser,

repentinamente todas estas dudas de la conciencia, qué se yo, de la

subconciencia quizá, son anuladas nuevamente por esos ojos, inocentes y

llenos de vida, como hace doce años.

- ¿Por qué te escapaste de la academia militar?, si mi padre te encuentra

aquí se enfurecerá mucho.

No puedo comprender sus palabras, me toma de la mano y me lleva a sus

aposentos, me recrimina por mi falta de criterio, me recuerda que su padre fue

enterado hace un año de nuestro amor, nunca faltan esas personas que por no

haber amado, piensan que el amor no es más que un simple capricho, eso me

recuerda a otro joven que piensa así, pero en otra realidad, “si mi padre te

encuentra aquí se enfurecerá mucho” ¿cuál la razón para esta frase? según

recuerdo, me había ganado el aprecio del Coronel, no fácilmente cabe agregar,

con trabajo duro y estudio no menos duro y ahora, me vengo a enterar que me

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arrancó de mi vida. Ahora recuerdo, en mi niñez siempre me decía que quiera

a su hija como si fuera mi propia hermana, que él confiaba en mí, otra imagen

viene a mi mente, su secreto, la muerte de la entonces, madre de mi amada,

jamás lo supimos, una sola mirada bastaba para que nadie más hablara del

tema, sujetos al respeto y al miedo que todas las personas del lugar guardaban

para el Coronel. Ella me lo contaría todo: una noche nos habíamos encontrado

en el jardín de la casa, aprovechando el reposo del Coronel, veíamos las

estrellas y pensábamos en el amor que se generará en todos esos planetas,

cuya existencia aún no podemos imaginar, no pude soportar el amor, la tomé

de la mano y la besé en la mejilla, algo muy en contra de la moral de la gente

de nuestra época, ella me miró como recriminándome con la mirada, su tez fue

tomando ese entorno rosado, mientras la sangre caliente circulaba

acaudaladamente por las venas de su rostro, como si el amor fuera un vaso

dilatador de las venas, quién fuera yo para inventar un analgésico a base de

besos de amor.

Cruel destino que se mezcla en la vida de los hombres cuando menos lo

llaman, una sombra oculta en la noche, como un voraz fantasma que viene a

cobrar la vida de los que se encierran en sus sueños y se los arranca sin piedad,

corre, corre lo más rápido que puede e interrumpe el sueño del Coronel, ese

sueño que tal vez lo llevaba a miles de lunas, no sé si lunas en pos o lunas en

vanguardia, no importa, no existe el tiempo, solo una encrucijada de caminos

y realidades que son más fáciles de contar por planos que por segundos, quizás

a realidades en las que es más feliz, el caso es que como arrancado de una

novela de terror, hace su aparición y al vernos tomados de la mano, algún

recuerdo nubla su pensamiento, arranca mi mano de la de mi amada y sin

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entender razones ni argumentos, la condena a la soledad de su habitación y a

mi a la desolación de una academia militar.

Aquí estoy un año más tarde, según su narración, en brazos de mi amada y

jurándonos amor eterno, este no es el apócrifo amor que conocí en la otra

realidad, es un sentimiento total, no deja cabida a la duda, llena

completamente, nunca contiene aburrimiento, los ojos hablan cuando los

labios se cierran, cuentan historias de siglos, historias de un eslabón que

estaba incompleto y que enfrenta a la cuerda realidad con este loco amor de

sueños para unirse al fin, no comprendo el pecado en todo esto, un amor así no

merece condena, tampoco merece paraíso, se merece a sí mismo y es ese el

paraíso que inunda esta realidad. En esta época el pecado es besar a una mujer

de la cuál no se tiene los papeles de propiedad, es decir el acta de matrimonio,

en la postrimería del milenio, el pecado será arrancar un beso a la persona que

contiene la mitad de tu eslabón, sin fijarte en que tal vez ese eslabón es

femenino o masculino, al igual que tú.

El infierno o el paraíso, lo hacen las personas que viven en sus realidades, esto

es lo que querían decir las voces que hablan al unísono, nunca hagas un

infierno de la realidad de otro, por muy tu sueño que pienses que sea, pues

otro podrá hacer un infierno tu realidad, con la base de que es su sueño, no se

necesita un juez que fiscalice cada pecado y lo compare con los límites

permisibles de tu tiempo, ni testigo que corrobore tus aciertos, guíate

simplemente por tu voz, primeramente debes conocer tu interpretación de la

realidad, hoy como ayer y como mañana, la felicidad es buscada en todo lugar,

excepto en el que puede ser encontrada, se piensa en la felicidad como ese

estado de necesidad satisfecho, ¿no entienden que si se satisface una necesidad,

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habrá otra que necesitará ser satisfecha?, si se basa la felicidad en esto, jamás

se la conseguirá y uno se volverá en un simple cumplidor de necesidades,

convirtiendo su vida en un mediocre paso por una realidad cuyo fin no es un

mero satisfacer de necesidades, sino el de darle paz al alma, cómo podemos

olvidar tan fácilmente todas estas verdades, somos seres tan anodinos que

fácilmente cambiamos la paz del alma y la armonía natural por satisfacer una

vana necesidad creada por el ego de una era.

Tenemos tanta suerte que cada vez que nos desviamos demasiado, un

sembrador de vida llega hasta nosotros y nos recuerda nuestro origen, pero

¡Oh, pobres seres confundidos!, hemos perdido los sentidos que nos permitían

apreciar lo inmaterial y ahora creamos una teología de lo que inicialmente era

una idea, aún peor, terminamos con la vida material del sembrador y hacemos

una religión de su muerte.

Poco a poco, la necesidad de unir el eslabón es mayor, se muestra como un

calor enorme que crece dentro, la parte femenina y la masculina, recuerdan

que algún día, en el principio de este cielo y esta tierra, fuero un solo ser y

buscan la miscibilidad, tus manos se entrelazan con las mías y tus labios

cantan a gritos el beso de la unión, se reconocen, se buscan y al encontrarse,

estallan en una danza, las partes separadas se congregan en una, así lo

reconocen y el agua de la vida que estaba separada, atrapada en cada una de

las partes, vuelve a fluir, esta vez recorre ambos cuerpos y los hace uno, en un

momento ambos cuerpos se unen, al fin uno nuevamente, la emoción, el dolor,

la pasión de ser uno de nuevo, hace quebrantar la voz, se rompe como un vaso

de cristal que contiene un agua pura, es en este punto, donde no queda duda de

el ser que son, uno por siempre. Muchas veces, otros cuerpos que no son los

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que deberían ser, se unirán, se creará el mismo sentimiento, en fin, somos

provenientes del mismo sembrador, pero ya no somos todos iguales, las dos

partes lo sabrán, reconocerán en ese momento que aún al sentir todo el poder

que emana de sus seres, no son la mitad del eslabón que el otro busca, tal vez,

cansados por la búsqueda, decidirán quedarse con esa parte, querrán engañarse,

confundirse, pero en su interior sabrán que no son uno en su ser.

“Somos uno nuevamente” se dirán, sentirán el eslabón que se une, esta unión

será tan grande que ambos sentirán morir, volver a su mundo, el mundo en el

que son solamente uno con la armonía de la naturaleza, es el único momento

en la vida de estos seres corrompidos que vuelven al origen, son uno, mueren

siendo dos y renacen siendo uno. Al renacer sus cuerpos se separarán

nuevamente, viciados por la cadena de los saqueadores, pero sus almas

perdurables se quedarán siendo una, la cadena está completa y ellos saben que

su búsqueda llegó al fin, pueden volver al sembrador como una sola cadena.

Desde ese momento comparten el sentir, algunos de los sentidos que tenían al

ser uno, vuelven a renacer, no necesitan hablarse para saber lo que sienten,

uno puede sentir el dolor, el amor, la tristeza del otro, sus cuerpos necesitan

unirse y lo hacen sin peticiones ni concesiones, lo hacen porque es su ser, su

vida.

- Debes irte amor, lo siento, mi padre volverá en cualquier momento, ha

estado ausente por casi medio año y no deberá encontrarte aquí.

- Así lo haré, pero volveré y lucharé contra todo y contra todos, porque

nos hemos encontrado.

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Sé que estoy soñando, mi mente, aún sórdida, me invita a tener pensamientos

innecesarios, “qué cursilería debería aclarar”, pero no es así, hay algo que me

aleja de mi cerrado juicio y me hace vivir con la inocencia de la niñez, “dejen

que el niño que alguna vez fui venga a mí”, debería agregar.

Veo la casa del Coronel que se va haciendo cada vez más pequeña, a medida

que mis pasos avanzan hacia la academia militar, no sé que acciones he de

tomar, ni contra quién tendré que emanciparme, pero sé que no he de dejar

marchar a mi amor, no la perderé, no ahora que la he vuelto a encontrar

después de tantos siglos. Me reincorporo a la academia y firmo la orden de

llegada, me dirijo a las caballerizas, le hablo a uno de los corceles que me

observa inmuto, tal vez la sabiduría de los animales sea más grande que la de

los seres humanos, de cualquier manera, ellos nunca deformaron tanto su ser

como nosotros “Sabes el secreto del universo”, parecía decirme, es por esto

que no perecerás, si es que realmente así lo quieres.

Me encontraba sumido en mis pensamientos, cuando un portazo me sacó de

ellos.

- Cómo te atreviste a tocar a mi hija, yo confiaba en ti.

- Yo amo a su hija y nuestro destino es el de estar juntos.

- No lo permitiré, ella es mi hija y nunca estará con nadie, es lo único que

me queda.

- Pero Coronel yo…

- No aceptaré objeciones, olvídate de ella.

- No puedo, lo siento ya somos uno, nos hemos unido y descubrimos que

somos uno, no puedo dejarla.

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- ¿Qué, eso significa que te atreviste a deshonrarla?

Sus ojos se llenaros de lágrimas e ira, le vi transformarse, perdió la razón y se

abalanzó contra mí, dirigiendo su espadín hacia mi pecho, logré esquivarlo,

pero me cortó, comencé a sangrar, sabía que estaba soñando, pero aún así el

dolor roía cada uno de mis huesos, jamás sentí un dolor así, podía palpar la

humedad de la sangre que caía de gota en gota al piso de las caballerizas,

mientras más tranquilidad le pedía al Coronel, con más rabia se lanzaba contra

mí, como una manada de búfalos descontrolada, fui entonces que descubrí su

secreto y la razón de su miedo.

- Ella no morirá como murió su madre, dando a luz, no estará con ningún

hombre, prefiero tenerla a mi lado para siempre que verla morir en su

lecho con una matrona a lado.

- No tiene potestad a hacerle eso a la vida de su hija, ella tiene el derecho

de elección.

- El derecho y la potestad los pongo yo.

Caímos al piso, rodeados por animales que descontrolados llenaban el

ambiente con sus relinchos, llegamos al salón de honor, en el cuál estaban los

trofeos de la academia, tomé un sable que descansaba en una de las estanterías

y cerrando mis ojos acerté el filo en la cabeza del Coronel, lo cuál le dividió la

testa en dos partes, que cayeron al piso junto con el cuerpo aún con vida.

Junto con él, yo caí de rodillas sin poder contener el dolor que me provocaba

la muerte de aquel hombre que había sido mi padre por tantos años, de repente

19

Realidad de un largo Sueño

Mario Marcelo Galarza Torrelio

entró ella, mi amada, pero no acertó a ver a su padre pues un soldado que iba

detrás de ella la contuvo devolviéndola al patio de instrucción.

Ocho horas más tarde, el cajón que contiene los restos del Coronel pasa por

una calle formada por los cadetes de la academia, los cuales desenfundando

sus espadas y dirigiéndolas al cielo rinden su homenaje al caído, mientras yo

me encuentro en la sala acompañado por mi amada que a pesar del dolor

producido por la pérdida de su padre trata de reconfortarme, argumentando

como accidente al suceso acaecido, junto a ella dos generales me dicen las

mismas palabras, que a pesar de ser verdaderas, no restan en nada el dolor que

siento en el pecho, dolor aquel que empieza a hacerse cada vez más fuerte,

insoportable, mi amada se levanta de la silla en la que descansa y trata de

reconfortarme.

- Quiero que veas algo que encontré entre las cosas de mi madre y que ha

sido mi tesoro por mucho tiempo, espera, lo traeré.

Ella sube hasta la oficina de su padre y en un momento la veo bajar con un

pergamino pequeño entre los dedos, siento mucho dolor, el pecho estalla cual

dinamita y me arroja al piso, ya caído, inmóvil, no puedo proferir ni una sola

palabra ni mover ninguno de los músculos de mi cuerpo, estoy muerto.

Solamente puedo escuchar, muy a lo lejos, que uno de los generales toma el

pergamino del suelo donde lo dejó caer mi amada, mientras apresurada iba a

mi encuentro, para abrazarme y llorar sobre mi pecho ya inerte.

20

Realidad de un largo Sueño

Mario Marcelo Galarza Torrelio

- Este pergamino está escrito en una lengua que hace mucho tiempo no

veía, la aprendí en uno de mis viajes al extranjero, pero lo extraño es

que, en todo el mundo, solamente encontraron una ruina donde había

esta escritura.

- ¿Qué dice?

- “Así como los caminos llevan a un destino, las vidas llevan a un

encuentro, ese encuentro no es ni el principio ni el fin del camino, es

solamente un caminar,”

La siguiente imagen en mi mente es una tumba en cuya lápida se lee:

“Aquí yace el caminante cuya ruta no tiene desvío, el que es y será aunque no

quiera serlo, por toda la eternidad.”

Al leerla pienso en mi vida, la que termina y la que continúa, un día preferí la

vida que hoy culmina, pero hoy me aferraré a la otra, te buscaré y te

encontraré de nuevo y cuando esta vida termine te seguiré buscando en la

posterior y en la posterior, eligiendo siempre la realidad que me dé tu

presencia. Tengo miedo de que este sea el fin, tal vez el camino termina aquí,

tal vez la otra vida solo era un sueño, no quiero perderte, creeré, no dudaré,

ese es el secreto del universo, estoy convencido de que cuando abra mis ojos

veré de nuevo la luz, la oportunidad de hallarte, la oportunidad de seguir

amándote, cierro mis ojos. Abro mis ojos, son las seis de la mañana, debo ir a

trabajar, estoy feliz de vivir y de poder elegir mi realidad, hoy te comenzaré a

buscar y si no te puedo hallar, esperaré la noche que me traiga otra realidad,

tal vez en esa te pueda encontrar.

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