Recuerda que un dia Morirás por Morningstar - muestra HTML

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Ojos Verdes

 

R enata Gómez era una adolescente blanca de 17 años  de ondulaciones doradas que el viento jugaba como desordenaba aquel peinado, sus ojos eran azules como un óceano  y su piel era de porcelana ante la luz de la luna llena. Ella caminaba con una blusa y    un jean  de color oscuro , se dirigía a su casa a las horas de la madrugada después de haber concurrido a la fiesta de su mejor amiga , Sofía.

La luna estaba en lo alto del cielo negro con sus estrellas, observando a  la bella dama caminar por una calle solitaria y peligrosa frente a una plaza . Esa dama que sentía en su cuerpo la sensación de la brisa helada pero que su piel de gallina se debía al miedo que corría en sus venas y en su mirada se reflejaba el exceso de tensión.  Caminaba con pasos largos y presurosos para llegar cuanto antes a su cálido hogar.

Del otro lado del asfalto  había dos hombres altos, morenos y corpulentos, ellos no la pasaron por alto pues bien la examinaron con miradas lascivas; habían notado que venía apresurándose por llegar a  su destino, y con intenciones maliciosas se movieron de su lugar  para ponerse tras de ella, quién notó el peligro que ya se sentía en el aire.

La inocente giró su cabeza hacia atrás y observó con temor oculto  a los dos hombres con sus miradas encendidas de deseos pero un  escalofrío invadió en su ser y solo pensaba  perderlos, lo mejor posible. Apresuró aun más sus pasos entonces sintió que los otros pasos seguían el mismo ritmo y entonces supo en su mente que no tenía escapatoria por donde fuese todo estaba vacío y no servía de nada gritar cuando la policía ni siquiera estaba.

En un segundo, tan así de repente que  una mano le tira de su hermosa cabellera  y la deja en el suelo como una muñeca caída, Renata   mira a uno de los hombres que sin su permiso se pone arriba de su cuerpo reteniéndola mientras el otro miraba y observaba lujuriosamente.

-¡Déjenme!-gritó asustada con toda la fuerza de su voz -  

Pero su grito no hacía nada, ni siquiera produjo una pizca de piedad en esos sujetos sino un   ruido que rompía el silencio de la oscuridad; el hombre que la retenía le puso una mano en la boca y entonces escuchó el susurro:

-Shhh, puta, si abre la boca sufrirás y mucho.-sonrío diabólicamente -

Ella cerró los ojos dejando escapar una lágrima de sus párpados cerrados porque era terrible su final y en un momento  solo  estaba anhelando que no sucediera o que todo transcurriera rápido y sin dolor; pero cómo, si lo vivía en su carne , si eso quedaría en sus recuerdo, algo tan vil que cambiaría su modo de vivir . Ni como mujer pudo defenderse, ahora tampoco podrá defender su reputación, ahora si veía su futuro como un trauma y la agonía aferrada al corazón.

De repente una sombra se cierne en el hombre que observaba la situación, no podía ver qué era lo que se cernía en ese hombre hasta  que sin más tiempo, el individuo cayó al suelo ya siendo un ser sin vida e inerte como un objeto .  El cuerpo que retenía su cuerpo se movió para erguirse y prepararse ante el nuevo peligro que acechaba en las sombras.

Renata  observó con atención  la mirada del hombre que la estaba atacando , estaba llena de miedo pero mostraba que tenía coraje; la pregunta era ¿Pero qué miraba? Ella giró su cabeza y vio un joven de piel nívea , su cabello era negro corto y despeinado, pero lo que le llamó la atención era sus ojos verdes que estaban encendidos por un deseo diferente a los anteriores hombres. 

Solo un ser diferente podría hacer temblar a un rival más fuerte, ¿Acaso era la muerte en persona? El joven caminó hacia el hombre sin miedo alguno, este sale corriendo y luego la mira caída en el suelo, se agacha lentamente estirando su mano  y le pregunta con gentileza:

-¿Esta bien señorita?

-G-gracias.-respondió tartamudeando estrechando la mano-

-No hay de que…-

Antes de que terminara la frase, los brazos de ella rodearon su cuello, no sabía por qué con ese extraño hacía eso pero esa voz aterciopelada la hicieron sentir segura en un sitio inseguro  y él sintió aquel sentimiento de impotencia pero más bien una oportunidad para poder saciarse. En silencio la abrazaba, en silencio escuchaba sus lamentos y en silencio ambos estaban .Renata sintiendo el gélido humano y aquel cuerpo juvenil percibiendo el calor.

Se apartó después de un minuto y lo miró a los ojos, eran verdes y profundos, como si relatará en secreto una historia tan oscura y jamás contada.

-¿Cómo te llamas?-preguntó ella curiosamente -

-Jared.-respondió con una sonrisa encantadora-

-Es hermoso y bastante no común.

-Como tú… ¿Cómo se llama, señorita?

-Me llamo Renata, Renata es mi nombre. –repitió dos veces su nombre como si necesitara que se recordará por siempre el nombre -

-Renata . –suspiró y continuó-… el nombre que no olvidaría jamás en mi memoria.

Sentía como su corazón latía rápidamente al escuchar la frase de esa boca cuando lo hubo pensado en un segundo , eso le hacía desear aún más estar con él. Jared la miró fijamente intentando adularla.

-Te acompaño hasta tu casa, no puedes ir a estas horas, niña.

-No te molestes. - Le dijo ella ruborizada -

-Tú sola en las horas de la oscuridad, no sabes a cuan peligro te expones. –con una mirada penetrante -

-Bueno, si tú quieres.

-Si, sumamente de acuerdo.

Ellos caminaban hasta llegar a una banca de colectivo debajo del techo de la parada de autobús y a su vez este debajo de grandes árboles.

-¿Quieres sentarte? - Le preguntó amablemente Jared -

-Sí. –respondió ella sin  dudarlo -

Los dos se sentaron tranquilos ;  Jared tenía una vida, un alma y una presa, en el momento que se sentó con Renata , ella tenía un hombre, alguien que parecía interesante. Salvo que ambos no tenían nada en común solo la similitud que estaban bajo  el techo de la madrugada.

¿Qué ganaría con arrancarle la vida a una joven? ¿Qué habría de nuevo en la miel de siempre? Nada haría revertir el error de su pasado, nada sacaría el peso de la cruz de la eternidad, ni ella podría calmar su soledad tampoco si la pusiese a su altura , entonces ¿Qué se hace aquí? Matar y luego huir, dejando una vida que deja otras vidas.  Pero era tanto su sed, tanto su hambre ¿Cómo dejaría pasar esa criatura deseable y apetecible?

Ese joven estaba  entre su ángel y su demonio, había dos tentaciones que lo tentaban pero la respuesta aún no llegaba. Entonces pensó que lo que saliera de sus labios será lo que tendrá que ser y nada cambiaría eso. Así de sus labios salieron las palabras.

- ¿Me permites un beso?

Eso no era lo que pensaba, ni lo que había meditado simplemente pudo haber salido desde lo mas hondo de su ennegrecido corazon que ni ya latía; ya lo había dicho y como dijo él, lo que saldría de su dicho, así debería ser. La muchacha lo miró sorprendida pero entre la confusión percibió la atracción que tenía a su misterio y a su físico, la tenía en su palma.

Renata estaba pensando en besar a ese ser hermoso poseedor de unos ojos verdes hipnotizantes y digna de admirar pero por otro lado era un extraño que ni conocía más de un minuto; sin peligro no dudó para responder:

-Sí.-suspiro.

-Cierra tus ojos.-ordenó con una voz suave como un susurro-  

Ella confió, cerró los ojos mientras sentía el aliento frío saliendo de la boca masculina , ir por la clavícula ascender por la yugular hasta llegar a su oído y escuchar el susurro

-Eres mía, eternamente… mírame.

Abrió los ojos azules para mirar aquellos ojos verdes encendidos en deseos, sumergidos por la tentación y dominado por lo diabólico; con una simple mirada lo había dicho todo, su secreto y su intención. El rostro calmo de ella se había transformado en una mueca de pánico y su mirada pasional a una de miedo puro. Había logrado moverse pero no lo hizo porque no reaccionó a tiempo.

La pena y el dolor se apoderaron del cuerpo de Jared, que impedía movilizarse y solo quedarse mirándola como estar atónito por lo que va hacer, pero el deseo era incontrolable, dominaba su mente y este dominó su cuerpo y su boca.

Ya tenia sus labios sin vida en su clavícula, luego ascendía por toda su piel hasta llegar a la yugular manteniéndose estático sin importa cuan veces las manos de su víctima golpeaban  sus hombros por apartarlo; ante de su crimen había susurrado:

-Memento…Mori.

Entonces despaciosamente abrió su boca y mostró unos colmillos blancos  puntiagudos y agudizados , estos traspasaron la piel probando ese néctar sanguíneo que le daba vitalidad mezclado con un éxtasis que solo alguien vivo puede darle. Oía como soltó un ahogado gemido que ahogo por el dolor que le proporcionaba  y luego su lengua se bañaba con ese líquido tragándolo. Él soltó un gemido pero de placer, de euforia por poder alimentarse y calmar esa sed que lo tenía demente.

Ella solo soltaba quejidos golpeando , forcejeando cada vez más débil  y escuchaba los jadeos de  aquella criatura vampírica que con gusto absorbía toda su vida. Todo será diferente, todo cambiaría, hasta el tiempo y los días, serían ahora un vacío y una soledad constante , sería una pérdida de tiempo ser eterna y no morir, sería un desperdicio estar siempre y no sentir los sentimientos humanos, todo sería algo ilógico; pues viviría sin aprender un error porque viviría en la perfección y obtener una belleza a un precio costoso de quitar la vida a otros,  estaría condenada a su insaciable sed, sería como una condenada inmortal.

Sintió como sus párpados se cerraban sin que desease  y la visión se hacía difusa hasta lentamente oscurecer , como ahí su luz  terminaba y comenzaba otra vida, un destino  al que no planeó, ni pensó pero que si planearon para ella. Aquella criatura como el azar del encuentro había tirado sus cartas en la mesa  y nada pudo cambiar lo escrito  y decidido.

Antes de morir pudo recordar a su abuela, que cuando desde pequeña deseaba ser inmortal, ella le decía:

-Recuerda que un día morirás… recuérdalo , todos morimos por la maldad de otros que el mismo Diablo se cubre los ojos y solo pocos cruzan el umbral de la vida a una muerte digna.

Lo predicho fue un hecho, y así comenzó la nueva vida de Renata Gómez, la de un ser sin vida pero que en ella fluye otro ser.

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