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El Club de las Excomulgadas

Agradecimientos

Al Staff Excomulgado: Beti, Dannen, Excopic,

Lety Mackeltar, Lobita_15, Mdf30y, Natacha,

Nelly Vanessa, Reira, Ssl y Taeva por la

Traducción, De Nuevo a Mdf30y por la

Corrección de la Traducción, a Livesly,

Puchunga, Taratup Y Zaphira por la Corrección,

AnaE por la Diagramación y Cassidy por la

eet I

Lectura Final de este Libro para El Club De Las

w

Excomulgadas…

erie SS

A las Chicas del Club de Las Excomulgadas, que

nos acompañaron en cada capítulo, y a Nuestras

iciónd

Lectoras que nos acompañaron y nos acompañan

en

siempre. A Todas….

lce Ru

Gracias!!!

D

s –kna BayaM

2

El Club de las Excomulgadas

Argumento

A veces el primer paso para tomar el control es rendirse.

Bajo el engañosamente suave exterior Faith Malone es una mujer que sabe

exactamente lo que quiere. Un hombre fuerte que la tome sin preguntar, porque

está dispuesta a darlo todo...

El policía de Dallas Gray Montgomery, está en una misión: encontrar el

hombre que mató a su compañero y llevarlo ante la justicia. Hasta ahora, ha

encontrado un vínculo entre el asesino y Faith, y si Gray ha de acercarse a ella para

atrapar al asesino, que así sea.

Faith es dulce y femenina, todo lo que Gray necesita y desea en una mujer,

pero sospecha que ella está jugando. De ninguna manera va a permitir que un

hombre tenga la última palabra en su relación. ¿O sí?

eet I w

Faith ve en Gray un hombre fuerte, dominante como ella necesita, pero él

parece decidido a mantener a distancia. Entonces decide tomar el asunto en sus

erie SS

propias manos para demostrarle a él que no es un juego. Ella está dispuesta a

entregarse al hombre correcto. A Gray le gustaría ser ese hombre. Pero la captura

del asesino de su compañero tiene que ser su primera prioridad. Hasta que Faith se

ición

ve amenazada y Gray se da cuenta que va a hacer todo por protegerla.

den

lce Ru

D

s –kna BayaM

3

El Club de las Excomulgadas

Capítulo Uno

DALLAS, TEXAS.

—Yo no quiero que vuelvas al trabajo aún.

Grayson Montgomery dejó caer su taza de café en la usada mesa del comedor y

miró fijamente a Mick Winslow con confusión.

— ¿De qué coño estás hablando, Mick?

El hombre mayor se pasó una mano cansada sobre su rostro, una cara

profundamente surcada por arrugas y por cansancio. Había llamado a Gray

temprano por la mañana y le pidió que se encontraran para tomar una taza de café.

Debido a que Gray tenía su evaluación física y psiquiátrica en una hora. El último

obstáculo para regresar a trabajar como un policía de Dallas.

eet I w

Él había estado plagado de dudas. ¿Qué persona cuerda no lo estaría? No había

estado completamente seguro de que podría regresar a un trabajo, cuando Alex, su

erie S

pareja, no lo haría. Nunca. Pero, por supuesto, el volvería. El asesino de Alex tenía

S

que ser capturado. La justicia tenía que hacerse. El que se interponía en su camino

era un doctor para que dijera que estaba bien físicamente y una evaluación

psiquiátrica sobre el estado de su tarro. Él podía fácilmente pasar esa mierda.

iciónden

— ¿Tú no piensas que nunca más pueda trabajar encubierto?—Gray preguntó

cuándo Mick no respondió todavía.

lce Ru

—No. Eso no es lo que digo.

D

—Entonces, ¿qué carajos estás diciendo?

s –kn

Mick enfocó sus ojos cargados por el dolor en Gray. Parecía tan desgastado

a

ahora. No como el hombre grande, fornido, con una voz resonante y personalidad

Ba

a juego.

yaM

4

El Club de las Excomulgadas

—Escúchame hasta el final. Tengo que pedirte un favor. Hijo.

Gray se estremeció, no sólo por que Mick le llamara hijo, sino porque el

verdadero hijo de Mick se había ido. Perdido para ambos.

—Quiero que me ayudes para llevar al asesino de Alex a la justicia.

Gray debería haber visto esto venir. Mick estaba más allá de la frustración por

la falta de progreso en el caso del asesinato de Alex. Era comprensible. Esto

reflejaba el propio sentimiento de injusticia ardiente en Gray. Y era por lo que

estaba impaciente de regresar a su trabajo. De esta forma él podría encontrar al

asesino de Alex y hacerle pagar al bastardo.

—Pero no quieren que vuelva a la fuerza.

—Ellos dejaron caer el balón de la investigación—dijo Mick con dureza. —Tú

lo sabes, y yo lo sé. Están de pie alrededor con un dedo en sus culos mientras el

eet I

asesino de mi muchacho camina libremente. Ellos no tienen ni siquiera un

w

sospechoso. Alex era un buen policía. Un policía muy bueno. No se merecía acabar

así.

erie SS

Los ojos de Gray se estrecharon ligeramente. No lo había dirigido

personalmente, pero aun así, se le levantaron los pelos de punta por tener que

preguntarle a Mick sobre el manejo del caso por parte del Departamento. Nada de

ición

lo que había visto le había llevado a creer que alguien hubiera tomada la muerte de

d

Alex a la ligera.

en

— ¿Por qué no quieres que vuelva?—Gray apuntó, tratando de empujar de

lce R

nuevo a Mick al asunto. Él no quería meterse en un agujero por Alex. No ahora.

u

No cuando le había tomado esto mucho tiempo, para ser capaz de pensar en su

D

compañero sin parecer que algo le quemaba por dentro.

s –kn

Una camarera se acercó con una cafetera y comenzó a rellenar sus tazas. Mick

a

la separó lejos en un gesto irritado. Ella rápidamente se retiró, las cejas se

Ba

levantaban en un ceño oscuro en la cara de Mick.

yaM

5

El Club de las Excomulgadas

—He estado haciendo algunas investigaciones por mi cuenta.

Gray frunció el ceño. ¿Era por esto por lo que Mick parecía un muerto

recalentado? ¿Había estado dedicando cada hora del día, renunciando a dormir, en

un intento desesperado de atrapar al asesino?

—Estás retirado, Mick. Deja el trabajo policial para nosotros.

La pena llenó los ojos de Mick.

—Voy a olvidar que dijiste eso, hijo.

Gray meneó la cabeza.

— ¿Qué has encontrado?

—Creo que tengo una sólida ventaja en quién puede tener noticias del asesino

de Alex. Cuando menos él estaba la escena esa noche, así que si él no lo hizo, con

eet I

absoluta seguridad sabe quien fue. Pero mi instinto me dice que ese bastardo le

w

pegó un tiro a Alex por la espalda.

erie S

El estómago de Gray se arremolinó, y el café que había tomado le quemaba

S

como un ácido. Imágenes de Alex, boca abajo, como un pedazo de basura

descartada, en un charco de sangre en el suelo.

ición

—Si tienes pruebas, ¿Por qué no has ido a Billings?, y ¿por qué estás aquí

d

pidiéndome que no regrese al trabajo?

en

—Debido a que Billings es un clavo desagradable que tiene su cabeza tan lejos

lce Ru

del culo que puede oler la cena de la semana pasada—refunfuñó Mick. —Acudí a él

cuando supe del tipo que estaba allí. Samuels. Eric Samuels.

D

s –

— ¿Sabes su nombre?—Interrumpió Gray.

kna

Mick levantó la mano.

Bay

—Déjame terminar. Sé mucho más que el nombre de esa mierda.

aM

6

El Club de las Excomulgadas

Gray asintió con la cabeza y trató de relajarse en su asiento. Echó un vistazo a

su reloj. Él iba a llegar tarde.

—Fui a Billings. Le dije todo lo que sabía. Él me echó. Me dijo que yo era un

hombre acabado y que debía dejar el trabajo de la policía a los profesionales. Me

dijo que cuando necesitara mi ayuda, él malditamente me la pediría. Esto va en

torno del departamento, que piensa que Alex tuvo la culpa en el tiroteo.

— ¿Qué? ¿Qué mierda?

—He estado oyendo rumores, Gray. Parece que la idea general es que actuó sin

razón, y que su muerte es una consecuencia desagradable de sus acciones.

‘Flagrante desprecio del deber’, estas palabras fueron lanzadas alrededor de más de

una conversación.

Gray miró con incredulidad a Mick.

eet I

—No puedes decirlo en serio. Yo estaba allí. Di mi informe.

w

—Tú dirías cualquier cosa para cubrir a tu compañero.

erie S

Gray frunció los labios en una mueca.

S –

Mick levantó su mano.

ición

—Eso es lo que dicen ellos. No yo.

den

Gray se echó hacia atrás, respirando hondo para calmar la ira que hervía en su

interior. Echó una larga y dura mirada a Mick. ¿Qué estaba haciendo con él?

lce Ru

¿Tratando de enojarle lo suficiente para que estuviera de acuerdo con cualquier

cosa que Mick quisiera? Él nunca había sabido que Mick fuera cualquier cosa

D

menos directo, pero la pérdida de un hijo podía tener un modo de doblar la

s –k

conciencia de cualquiera.

na

Mick apoyó sus codos en la mesa y se inclinó sobre ella, mirando fijamente a

Ba

los ojos de Gray.

yaM

7

El Club de las Excomulgadas

—Tú vete a tu evaluación, hijo. Habla con Billings. Si piensas que estoy loco

como una cabra después de que estés de vuelta en la oficina central durante unas

horas, y sigues pensándolo, vuelve al trabajo y olvida que alguna vez hemos tenido

esta conversación. Pero si averiguas que tengo razón, me llamas esta tarde. Vienes,

y podemos hablar de cómo podemos apresar al hijo de mala madre que mató a mi

hijo. Tu compañero. Tu hermano.

Mick salió de la cabina y lanzó unos arrugados billetes sobre la mesa antes de

caminar hacia la salida. Habría sido difícil solicitar tranquilamente un permiso para

estar ausente, cuando lo que quería hacer era poner su puño a través de la pared.

Gray había considerado evadir la evaluación psicológica, pero aquella mierda

estaría en su expediente personal para siempre, y no quería que esto lo siguiera

durante los próximos veinte años.

Estuvo de pie en la sala de su apartamento, caminando, demasiado inquieto

para sentarse y esperar a que Mick llegara. El anciano no había parecido ni una

eet I

pizca sorprendido cuando Gray le llamó. Ni siquiera preguntó que había oído

w

alrededor de la oficina central.

Pero él lo sabía. Se lo había dicho a Gray, pero Gray no le había creído. Él

erie SS

había vuelto voluntariamente, teniendo intención de no hacer caso de la petición de

Mick. No importa lo que pasara, Gray quería estar allí donde pudiera ayudar en la

investigación, no en una búsqueda inútil. Pero Billings había trazado una línea

ición

difícil en la arena. Gray no debía acercarse a la investigación. Demasiado cerca, y

d

una mierda. Al igual que necesitaba un montón de psicología cuando el asesino de

en

su compañero estaba suelto. Cuando él había preguntado a quemarropa sobre los

rumores que flotaban sobre que Alex tenía la culpa, Billings lo había negado

lce Ru

rotundamente, diciendo que la investigación estaba en curso, y que el departamento

D

haría todo lo que estuviera en su poder para llevar a los tribunales al asesino. Gray

s –

también había preguntado sobre Samuels, y su posible conexión con el asesinato,

k

pero Billings había rechazado hacer comentarios.

na B

Había salido de la oficina frustrado, sólo para encontrarse con muchas miradas

ay

comprensivas de sus compañeros policías. Muchos murmuraron su opinión que de

aM

8

El Club de las Excomulgadas

ninguna manera Alex había hecho algo malo. Pero el hecho que ellos tuvieran que

decírselo a Gray lo enojó, lejos de conseguir lo contrario. No debería haber ninguna

duda. Esto había levantado preguntas en su mente por la dirección en la que iba la

investigación.

Mick entró por la puerta, no molestándose en llamar. Gray encontró su mirada,

y encontró la cruda determinación que hervía a fuego lento allí.

—Así que ya lo sabes—dijo Mick en voz baja. — ¿Vas a ayudarme?

—Conseguí un permiso de seis meses—dijo Gray al momento. —Ahora dime

todo lo que has averiguado y entonces podremos clavar a ese bastardo.

Mick se acercó al sofá y se hundió en los cojines. Echó un vistazo a propósito a

Gray.

—Necesito que vayas a Houston.

eet I w

— ¿Qué hay en Houston?

—Faith Malone.

erie SS

Gray cruzó sus brazos sobre el pecho.

— ¿Qué tiene que ver ella con Eric Samuels?

iciónd

—Tal vez nada. Pero ella es la única pista que tengo ahora mismo.

en

—Entonces, ¿qué pasa con ella? ¿Quién es ella?

lce Ru

Mick se rascó detrás del cuello y luego movió la cabeza.

D

—Eric Samuels llamó a la madre de Faith justo al momento de los disparos.

s –k

Ambos desaparecieron sólo unos días después de que le pegaran un tiro a Alex.

na

Nadie les ha visto. Yo la he estado investigando. Más o menos una perdedora

B

como Samuels. Pasa por los empleos como si fueran un caramelo, y tiene una

ay

historia de consumo de drogas. Su hija trabaja para Willian Malone, el hombre que

aM

9

El Club de las Excomulgadas

la adoptó. Él es dueño de la firma de Seguridad Malone e Hijos. Firma de primera

categoría. Colores fuera de las líneas. Te caería bien.

Gray esperaba impaciente por que Mick se pusiera sobre el punto. No

importaba si le gustaría o no Malone. Lo que le importaba era si su hija podría

llevarle al asesino de Alex.

—Por lo visto, Faith se hizo cargo de su madre durante casi toda su vida hasta

hace unos años cuando su madre quedó fuera de juego de una sobredosis, y Malone

entró en escena y se llevó a Faith de nuevo a Houston. Desde entonces, la madre

esporádicamente ha llamado a su hija, la mayor parte de las veces pidiendo parte

del dinero que ella ha ganado. La última vez que la llamó fue hace un año. Ahora,

lo que creo es que si la madre tiene la costumbre de llamar a la hija cuando necesita

dinero, ella podría muy bien intentar llamarla otra vez, ahora que Samuels ha

entrado en escena. Samuels está desesperado. Necesita dinero ahora que está

huyendo. Dinero que la madre no tiene. Si te acercas a la hija, y haces algo de

eet I

espionaje, ella podría muy bien llevarnos a Samuels a través de su madre.

w

Gray asintió con la cabeza. Hasta ahora tenía sentido. La madre y el novio

estaban huyendo. Probablemente con poco dinero en efectivo. Ella podría muy bien

erie SS

ponerse en contacto con Faith y pedirle ayuda. Por lo que sabía, la muchacha

podría saber exactamente donde estaba su madre.

ición

—Mi amigo Griffin es amigo de Malone, y este le debe un favor—continuó

d

Mick. —Le he pedido que te contrate en su empresa de seguridad. Él sabe quién

en

eres, que eres un poli, y que tu compañero ha sido asesinado.

lce R

—Pero nada más, ¿verdad?

u

D

Mick sacudió su cabeza.

s –k

—Lo que él sabe es que estás de permiso mientras tratas con la muerte de tu

na

compañero y tomas la decisión sobre si quieres volver de nuevo a tu trabajo.

Ba

Gray miró bruscamente a Mick.

yaM

10

1

El Club de las Excomulgadas

Mick se encogió de hombros.

—Parecía una explicación bastante plausible.

Lo que sea. No le importaba un comino lo que pensara Malone que eran sus

razones para tomar ese permiso.

— ¿Crees que Malone está en todo esto? ¿Tiene algo que ver con la madre de

Faith?

Mick sacudió la cabeza.

—Giffin me contó todo. Estuvieron casados brevemente diez años atrás. No ha

tenido nada que ver con ella desde entonces. Es un buen hombre. Su hijo es ex—

militar. Él tiene a otros dos chicos trabajando para él. Uno estaba en las Fuerzas

Especiales, y otro un poli antes de que una herida lo sacara de la línea del deber.

Ellos hacen un buen trabajo.

eet I w

—Así que es sólo por su hija por la que tengo que preocuparme.

Mick asintió con la cabeza.

erie SS

—Exactamente.

Parecía bastante simple. Entra, consigue la información y sal. Se la entregaría al

ición

departamento en bandeja de plata. Sonaba como un paseo después de algunos

d

casos en los que había estado metido durante años. Y sí, él podría usar el permiso.

en

Entonces él no tendría que pensar mucho en volver a su trabajo sin su compañero.

lce Ru

Mick se le quedó mirando durante un largo rato antes de que el pareciera

arrugarse justamente delante de Gray.

D

s –

—Gracias, hijo. Sabía que podía contar contigo.

kna

—No tienes por qué darme las gracias—dijo Gray en un momento. —Alex

Ba

habría hecho lo mismo por mí en un instante.

yaM

11

1

El Club de las Excomulgadas

Se acercó y se sentó junto a Mick. Ninguno habló durante un largo momento, y

luego Gray extendió la mano y la puso sobre el hombro de Mick.

—Alex tendrá la justicia que se merece. Lo juro.

eet I w

erie SS –

iciónden

lce Ru

D

s –kna BayaM

12

1

El Club de las Excomulgadas

Capítulo Dos

HOUSTON, TEXAS

Faith Malone se acurrucó en el brazo inerte de John e intentó, e intentó muy

fuerte que la decepción no se precipitase por ella.

Su amante era suave, desde la respiración que se oía en el cuarto, hasta al

llevarla más cerca de su pecho. Su mano se rizó fue a su pelo rizado, acariciando la

parte posterior de su cuello.

Ella apretó su mejilla contra él y trató de relajarse. Intentando encontrar alguna

medida de alegría después de sus relaciones sexuales.

— ¿Ha sido bueno para ti?—susurró él.

eet I

—Sí—ella mintió. Bueno, no era verdadero y era mentira. Ella las había tenido

w

seguramente peores, y John era un amante considerado. Pero era muy pasivo.

Ella suspiró y rodó sobre su espalda mirando al techo. ¿Qué estaba mal con

erie SS

ella? ¿Por qué no podía encontrar la satisfacción? ¿Por qué tenía tanto miedo de

empujar más?

ición

—Faith, he estado pensando.

den

Ella volvió su cabeza a John. El pánico golpeó en el centro de su pecho.

Seguramente nada bueno venía de un hombre que decía que había estado

lce R

pensando. Los hombres simplemente no pensaban, y ciertamente no eran

u

propensos a expresar sus pensamientos en conversaciones de almohada.

D

s –

Él se movió hasta ponerse de lado mirándola.

kna

—Yo también he estado pensando, John—dijo abruptamente. El levantó la

B

ceja.

ayaM

13

1

El Club de las Excomulgadas

—Tú primero.

Ella se levantó sobre su codo y le miró nerviosamente hacia él, Su mente corrió

para llegar a encontrar una forma coherente para poner en práctica lo que ella

quería decirle.

— ¿Por qué no planeas nuestra cita de mañana por la noche? Puedes decidir

donde me llevarías, donde cenar. Y tal vez después podríamos volver aquí y tú

podrías… no sé, atarme, o hacer algo perverso. Básicamente todo lo que quieras

hacer. Es tu elección…

Qué desastre. ¿Podría haberlo dicho más torpemente? Ella se mordía el labio

mientras esperaba su respuesta.

Sus ojos se ensancharon. ¿Era de sorpresa o por entusiasmo?

—Uhm, no estoy seguro de seguirte—dijo él con inquietud. Definitivamente no

eet I

entusiasmado.

w

—Quiero que te hagas cargo—dijo en voz baja. Él se sentó en la cama y se frotó

lo cabeza.

erie SS –

—Faith, ¿por todos los santos de donde vino esto?

Sus mejillas ardían y ella tragó. Dios, ella se sentía estúpida. No hay nada

iciónd

mejor como enviar a un hombre corriendo en dirección contraria.

en

— ¿Estás infeliz del modo en cómo están las cosas? ¿Es eso lo que estás

tratando de decirme?—le preguntó.

lce Ru

Ella pensó en mentirle y retroceder. Es lo que había hecho en su última

D

relación. Y antes de esa. Pero eso no conducía a ninguna parte.

s –kn

—Yo no diría infeliz. Exactamente…

a Ba

—Entonces ¿cómo lo llamarías?—apuntó él.

yaM

14

1

El Club de las Excomulgadas

—No estoy satisfecha—dijo en voz baja.

— ¿Quieres decir sexualmente?

Ella alzó la vista para ver que la miraba atentamente, con irritación calentando

sus ojos.

—No. No se trata sólo de sexo, John. Si lo fuera, tal vez yo podría tratar con

ello. Es más que eso. Quiero… yo quiero a un hombre que pueda tomar el mando.

Que tome decisiones. Que se haga… con el control. Y no sólo en el dormitorio.

—Y yo no soy ese hombre.

Ella retorció sus dedos, flexionándolos y apretándolos.

—No, no lo has sido.

Él maldijo en voz baja.

eet I w

— ¿Quieres que cambie?

Ella le miró con tristeza.

erie SS –

—No. Eso no es justo. Para ti o para mí. Supongo… supongo que yo sólo

esperaba que tal vez tú podrías ser ese hombre.

iciónd

—Maldita sea, Faith, lo haces parecer como si estuvieras terminando entre

en

nosotros. ¿Qué es eso? ¿Alguna fantasía que quieres que yo represente? Puedo hacer

eso. Quieres decir si quieres que yo juegue ese papel, pero no ha sonado como si lo

lce R

quisieras en una situación temporal.

u

D

Ella negó con la cabeza.

s –k

—No, no lo hago. Quiero, no, necesito esto. Y esta es la cosa. Ha había

na

hombres que estarían más que dispuestos a pasar una noche jugando a ser el macho

B

dominante, pero terminaba ahí. —Se inclinó hacia delante, dispuesto a entender. —

ay

¿Tiene sentido?

aM

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1

El Club de las Excomulgadas

Se frotó una mano sobre su cara y sus ojos con gesto cansado.

—Sí, tiene sentido.

Ella se estiró para tocarle y él se estremeció lejos de ella.

—No sé qué decir. ¿Estás enfadado?

Un sonido áspero escapó de sus labios cuando suspiró.

—No. Sí. Demonios, no sé. Siento que me dejaste caer un maldito yunque en

mi cabeza.

Él extendió la mano y ahuecó su barbilla en ella. Le acarició el pulgar sobre la

mejilla mientras la miraba fijamente a los ojos.

—Yo sabía…. Yo sabía que algo no estaba bien entre nosotros. No me esperaba

esto, pero yo sabía que no eras tan feliz como podrías ser. O deberías ser. Quiero

eet I

que seas feliz, Faith. Demonios, quiero ser feliz. Y creo que no lo hacemos el uno

w

por el otro.

erie S

Él arqueó las comisuras de su boca en una mueca de sonrisa y ella se relajó.

S –

—Tú no estabas satisfecho tampoco—acusó ella.

ición

Su sonrisa se convirtió en una mueca triste.

den

—Creo que no te meterás en problemas por decir que no entonces.

Ella se dejó caer hacia atrás en la cama y dejó escapar una risita.

lce Ru

—No hacemos una buena pareja. Estando aquí desnudos después del sexo,

D

rompiendo.

s –kn

Se inclinó sobre ella, su expresión seria.

a BayaM

16

1

El Club de las Excomulgadas

—Eres una mujer increíble, Faith. Yo había esperado más para nosotros, y

admiro el coraje que tuviste para decirme lo que querías.

— ¿Así que no crees que soy una psicópata pervertida?

—No, pero quiero que me prometas que vas a tener cuidado. Hay muchos

hombres ahí fuera que se aprovecharían del tipo de situación que tu quieres. Ellos

no buscarían tu placer o tu mejor interés en el fondo.

—Gracias, John—dijo ella suavemente cuando alcanzó hasta tocarle la cara.

Él se inclinó y besó su mejilla antes de salir de la cama para vestirse.

Faith se sentó detrás de su escritorio en Seguridad Malone e Hijos,

mordisqueando distraídamente su lápiz. La oficina estaba tranquila hoy. Pop y los

demás estaban en un posible trabajo con el chico nuevo, y ella se quedó sola para

eet I w

reflexionar. Nunca era bueno.

John la había dejado la noche anterior en vez de quedarse como el

erie S

habitualmente lo haría. Pero ahora, al romper era una forma de empujar a un

S –

hombre de la cama. Ella podría consolarse con el hecho de que, al parecer, había

estado tan insatisfecho como ella, por lo que ella dudaba que estuviera sufriendo

ición

por un corazón roto.

den

Ella, por otra parte, ella estaba de nuevo en camino de buscar un dom. Tal vez

había sido demasiado sutil. Demasiado temerosa. Demasiado avergonzada de sus

lce R

necesidades y deseos. Ciertamente, no era algo que ella jamás hubiera discutido con

u

sus amigas, no es que ella hubiera tenido muchas. Probablemente votarían por

D

echarla de la liga de mujeres por oír sólo lo que Faith esperaba de un hombre. La

s –

noche anterior había sido la primera vez que expresó sus deseos oscuros que

kn

flotaban en su cabeza. No es que ella hubiera entrado en detalles. Sólo la breve

a

mención de esto había hecho que sus mejillas ardieran con la vergüenza.

BayaM

17

1

El Club de las Excomulgadas

Pero esto tenía que terminarse. Ahora.

La sutileza no era su amigo. No iría a ninguna parte con los hombres con los

que había estado implicada. La insinuación y la esperanza no era el camino. No,

ella tendría que ser más activa. Más contundente. Si no dejaba claro lo que ella

quería, entonces, ¿cómo podría esperar conseguirlo alguna vez?

El teléfono interrumpió su línea de pensamientos melancólicos, y ella lo

levantó, agradecida por ello.

—Malone e Hijos—saludó ella.

—Hola cariño, soy mamá.

El corazón de Faith se desplomó. Una náusea comenzó a hincharse en su

estómago, y ella tuvo que frenar la necesidad física de colgar de nuevo el teléfono.

Dios, había pasado un año desde que había tenido noticias de su madre. Un año sin

eet I

histerias, sin acciones de mártir, sin falsas excusas.

w

—Mamá—dijo con voz débil. — ¿Cómo estás?—Pregunta estúpida. Su madre

nunca estaba bien. Siempre había una crisis.

erie SS –

—Tengo un problema, Faith. Necesito tu ayuda.

Faith cerró sus ojos y se mordió el labio. Por el receptor, ella oyó el sonido de

iciónd

coches pasando en una carretera. ¿Estaba su madre en una cabina telefónica? Lo

en

más probable es que Celia no se pudiera permitir un teléfono celular.

No preguntes, Faith. Ninguna pregunta. Tú no quieres saberlo de cualquier manera.

lce Ru

— ¿Faith, estás ahí?

D

s –

—Estoy aquí—susurró Faith. Si sólo no hubiera contestado el teléfono.

kna

—Necesito que me prestes un poco de dinero, pequeña. Sólo un poco para

Ba

ayudarme hasta que consiga otro trabajo y un lugar para vivir.

yaM

18

1

El Club de las Excomulgadas

Faith tragó de nuevo la dura decepción y cerró los ojos para acallar el aguijón

de las lágrimas. Tan tonto como esperar que un día Celia Martin consiguiera hacer

algo bien, Faith se aferraba a ello, sin embargo.

¿Por qué no podría ella tener una madre? Una verdadera madre. Alguien no tan

empeñado en meter la pata todo el tiempo, y que pudiera tener una verdadera

relación con su hija.

—Faith, yo de verdad lo necesito esta vez, cielo. Te lo devolveré, por supuesto.

Por supuesto. Qué risa. La mano de Faith apretó el receptor del teléfono hasta

que un dolor agudo subió por su brazo.

—No esta vez, mamá—dijo Faith, sorprendiéndose a sí misma por su negativa.

La pausa larga, silenciosa cayó sobre la línea, le dijo a Faith que su madre

estaba sorprendida.

eet I w

—Pero mi amor, necesito dinero para salir adelante.

La desesperación ribeteó en la voz de Celia. Ella se hizo más fuerte.

erie SS

—Yo te dije que te lo devolvería. Tengo que encontrar un lugar para vivir,

comprar gasolina y alimentos. Tan pronto como esté instalada y encuentre otro

trabajo, estaré bien.

iciónd

—Eso es lo que dices cada vez—dijo Faith silenciosamente. —Sólo que esto

en

nunca se termina. No puedo seguir ayudándote. Es tiempo de que tomes un poco

de responsabilidad sobre ti misma.

lce Ru

Antes de que Celia pudiera responder, Faith suavemente colgó el teléfono en el

D

receptor. Sus manos temblaban cuando se apartó del escritorio.

s –kn

— ¿Está todo bien?

a BayaM

19

1

El Club de las Excomulgadas

Ella sacudió su cabeza cuando oyó la voz extraña. Apoyado en el marco de la

puerta de su oficina había un hombre. Y no cualquier hombre. Llenaba la puerta

entera.

— ¿P—puedo ayudarle?

Él se enderezó y caminó la distancia restante hasta su escritorio. Le tendió la

mano a ella.

—Gray Montgomery. El chico nuevo.

Su boca formo una O. Ella deslizó su mano en la de él y en vez de sacudirla, él

se limitó a agarrarla y la apretó suavemente.

—Soy Faith Malone.

Él sonrió, y sus ojos azules brillaban en ella.

eet I

—Lo sé.

w

Ella dejó escapar un suspiro.

erie SS

—Por supuesto, tú lo sabes. Soy la única mujer que trabaja aquí, así que no

podría ser nadie más.

ición

— ¿Interrumpo algo?—preguntó mientras dejaba su mano y hacía gestos hacia

d

el teléfono. —Parecías disgustada.

en

Ella sacudió la cabeza y siguió mirándole. Oh Dios, era un tipo intimidante.

lce Ru

—No fue nada. ¿Había algo que quisieras?

D

El teléfono sonó, y ella se puso de pie en un salto. La náusea en su estómago

s –k

volvió como una venganza. Probablemente era su madre. Ella siguió mirando el

na

teléfono, poco dispuesta a contestarlo, no queriendo lidiar con una madre

B

sobreexcitada que la manipulaba a cada instante.

ayaM

20

2

El Club de las Excomulgadas

Una mano grande cubrió el receptor y lo levantó.

—Malone—dijo Gray. Hubo una larga pausa y miró a Faith, con esa mirada

ardiente. —Lo siento, pero ella salió un momento. ¿Puedo cogerle el mensaje?

Por favor, por favor, no dejes un mensaje. Ella no podía tener ahora una perorata

histérica de su madre. No con un completo desconocido.

Gray colgó el teléfono.

—Gracias—dijo en voz baja.

—No hay problema. ¿Estás bien? Tengo la impresión de que definitivamente no

querías hablar con quien quiera que estuvieras hablando al teléfono antes.

Ella se estremeció mientras él seguía mirándola con esos ojos azules intensos.

—Estoy bien. De verdad. Ahora, ¿había algo que querías?—le preguntó ella

eet I

otra vez.

w

Las comisuras de su boca se torcieron en una sonrisa divertida.

erie SS

— ¿Estás tratando de deshacerte de mí?

Ella se ruborizó.

iciónd

—Lo siento, por supuesto que no. Estoy contenta de estar contigo. He oído

en

mucho acerca de ti de Pop y Connor. ¿Ya te has instalado? No te he visto en la

oficina.

lce Ru

Cállate, Faith. Ella quiso dejar caer su cabeza sobre el escritorio. Parecía que

D

tenía una cabeza hueca totalmente.

s –k

Él aclaró su garganta.

na BayaM

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2

El Club de las Excomulgadas

—También estoy contento de encontrarme contigo. También he oído mucho de

ti, a Pop y Connor. Me he mudado a un buen apartamento, y esta es la primera vez

que estoy en la oficina.

Sus ojos brillaban mientras seguía mirándola con una sonrisa. Hermosos ojos

también. Azul profundo y rico. Llevaba el pelo corto, de punta ligeramente en la

parte superior. Probablemente no tenía más que frotar una toalla sobre él, y pasar el

peine en una dirección, y quedaría así.

— ¿Podría tener la esperanza que me enseñaras mi oficina?

Ella parpadeó y se apartó de la lenta lectura que estaba haciendo de sus

atributos. Se puso de pie, golpeando su rodilla contra la mesa. El dolor se disparó

por el muslo, y ella hizo una mueca.

Él arqueó una ceja, pero no dijo nada. Ella abrió el cajón superior del escritorio

y rebuscó unos segundos antes de sacar un juego de llaves.

eet I w

—Estas son las llaves de tu oficina y del edificio. Estoy segura de que Pop te ha

dado los códigos de seguridad, pero si no es así, te los anotaré.

erie SS

Ella las empujó hacia él, y su mano se cerró alrededor de la suya una vez más.

Un hormigueo caliente pasó a través de su piel cuando su pulgar rozó sus nudillos.

Ella tiró de su mano hacia atrás y caminó alrededor del escritorio hacia la puerta.

ición

Cuando llegó al pasillo, ella se volvió hacia atrás para ver si la seguía mirando.

d

Estaba bastante segura de que le había estado echando un vistazo a su culo, pero

en

tan pronto como se había girado, él tiró de su mirada hacia arriba.

lce R

—Si me sigues, te mostraré tu oficina.

u

D

Se apartó de donde se había apoyado en el extremo de su escritorio y comenzó

s –

a ir hacia ella. Ella se giró y camino tres puertas abajo, a la oficina vacía, que había

kn

sido adjudicada para él.

a Ba

Ella abrió la puerta, pero no entró en el interior. Ella hizo gestos con la mano.

yaM

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2

El Club de las Excomulgadas

—Aquí la tienes. Si necesitas algo, avísame.

—Lo haré—dijo él en voz baja mientras caminaba hacia ella.

Gray sintió su mirada, sabía que ella le miraba cuando se movió dentro de la

puerta. Ellos habían tomado nota de su aspecto. Cuando Mick le había dado

detalles de Faith Malone, Gray no había esperado que fuera tan hermosa. O con un

aspecto tan inocente.

—Uhm, regresaré a mi oficina ahora. Mira a tu alrededor. Y si necesitas algo,

solo grita.

Se volvió para ver su oficina mientras se iba ella por el pasillo. El sacudió la

cabeza y sonrió para sus adentros. Él la ponía nerviosa. Había estado en el borde

desde que él entro en la oficina. Después de que estuvo seguro que ella se había ido,

se giró para cerrar la puerta y tomó su teléfono celular para llamar a Mick.

eet I

—Finalmente me reuní con Faith Malone—dijo tan pronto como Mick

w

contestó.

— ¿Y?

erie SS –

—No es como yo esperaba—admitió Gray.

— ¿Qué quieres decir?

iciónd

Gray se detuvo y conjuró la imagen de ella sentada en su oficina, su rostro una

en

máscara de malestar. Su angustia le molestaba más de lo que quería admitir.

lce Ru

—Ella es joven. Bastante. Parece agradable. De aspecto saludable. Según Pop

ella es muy inteligente y de buen corazón.

D

s –

Él oyó el suspiro de Mick de impaciencia.

kna

— ¿Has llegado a algo con las escuchas telefónicas? ¿Sabes si ha llamado su

Ba

madre?

yaM

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2

El Club de las Excomulgadas

—Yo sólo conseguí el acceso a la oficina hoy. Aprovecharé a pinchar su

teléfono aquí y en su piso tan pronto como pueda conseguir hacerlo. Y creo que su

madre puede haber llamado hoy.

La respiración de Mick se aceleró, haciéndose eco en la línea telefónica.

— ¿Estás seguro? ¿Qué dijo?

—No tengo ni idea. Entré cuando ella estaba al teléfono, y ella dijo muy poco.

Pero ella estaba visiblemente molesta. Colgó en un punto de la conversación, y

cuando el teléfono volvió a sonar, se negó a responder. Lo cogí, y una mujer

preguntó por ella, pero rechazó dejar un mensaje cuando le dije que Faith no estaba

disponible.

— ¿Por qué diablos no la pasaste con Faith?—preguntó Mick con exasperación.

—Porque ella no lo habría hecho—dijo Gray. —Se paciente, Mick. Llegaré al

eet I

fondo de esto. Te lo prometo. Dame un par de días para obtener las llaves de su

w

piso. Estos tipos no se sientan con los brazos cruzados. Voy a tener que tener

cuidado.

erie SS

—Avísame cuando averigües algo—dijo Mick.

—Lo haré.

iciónd

Colgó, y Gray metió el teléfono en el bolsillo. Se quedó allí un momento,

en

reflexionando lo que tenía que hacer. Para su sorpresa, un sentimiento de culpa le

atormentaba. Le mordía su culo como un pit bull1.

lce Ru

A él le gustaba Pop. Le gustaba el trabajo, aunque lo obtuviera bajo falsos

D

pretextos. Encajaba bien con el equipo de Pop. Connor, Micah y Nathan eran de su

s –

edad, y tenían mucho en común. Por primera vez, se preguntó si volvería a la

kn

fuerza policial, y si realmente era lo que él quería. No sería lo mismo sin Alex.

a B

Alex.

ay

1

a

Raza De Perro De Presa