Resumen del Libro la Ciudad en la Historia por Rafael García Suárez - muestra HTML

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Arquitectura y ecología

LA CIUDAD EN LA HISTORIA, Lewis Mumford, 1961.

Sus orígenes, transformaciones y perspectivas

Rafael García Suárez

Profesor: Mariano Vázquez Espí

Master de urbanismo y ordenación del territorio

Arquitectura y ecología

El libro titulado “La ciudad en la Historia” es un libro de más de setecientas páginas que nos invita a reflexionar sobre la ciudad en la historia. Es un texto cargado de ideología y de intencionalidades manifiestas cuyo fin es la crítica a la sociedad moderna y su muy denostado, por el autor, contenedor actual: la ciudad.

La ciudad, el yo y la sociedad colectiva.

“[….]cuando estos vínculos primarios se disuelven, cuando la comunidad intima y visible deja de ser un grupo vigilante, identificable y profundamente interesado, entonces “el nosotros” se convierte en un zumbador enjambre de “yos”, y los vínculos y lealtades secundarias se vuelven demasiado débiles para detener la desintegración de la comunidad urbana[….]” (Pg.23) Los vínculos familiares que son, según Mumford, los pilares de la sociedad rural o aldeana desaparecen en la ciudad moderna. Este rasgo es una consecuencia que nace de la agrupación de más de setenta familias al sustituir una organización de cooperación por una sociedad sometida a jerarquías institucionales. El autor sostiene que la ciudad nace como consecuencia de la agrupación de aldeas donde poco a poco las reminiscencias del hombre “cazador” va ocupando posiciones socialmente dominantes, es este instinto cazador el que transforma una sociedad estática (aldea), sometida a las reglas de la naturaleza, en una sociedad “dinámica” donde el gobernante cazador se dispone en todo momento a conquistar nuevos territorios que faciliten mayor cantidad de alimentos a la comunidad. El papel del dominador, del soberano, del rey sustituye al consejo de ancianos.

“[….]comienza el modelo de sociedad dirigida por el individuo soberano y decae el modelo de sociedad dirigida por el consejo de ancianos[…]” (pg.50) Esta tendencia hacia el despotismo y la autoridad soberana se manifiesta también en los valores religiosos: “[…]los humildes cimientos de la aldea habían estado en la tierra, pero la ciudad invirtió los valores de la aldea y trastocó el universo del campesino, pues situó las bases en los cielos[…]” (pg.50)

La guerra, el dominio.

La postura de Mumford hacía la guerra está cargada de fuertes influencias personales, es indudable que la animadversión que Lewis Mumford sentía hacía las nuevas formas tecnológicas esta presente a lo largo de todo el libro y tiene mucho que ver con las nuevas armas, sobre todo biológicas, que en 1960 suponían un nuevo concepto de armamento en manos de gobiernos despóticos. Las guerras como motores de la tecnología, como fuentes de inspiración para el desarrollo del intelecto humano subyace en toda la obra de Mumford.

“Sacrificamos mucho más a las artes de la destrucción y al exterminio que a las artes de la creación[….]” (pg.127)

El autor sostiene que la guerra, a diferencia de lo que mucha gente cree, no es tan antigua como la humanidad. En la sociedad de las aldeas no hay vestigios de guerras o luchas entre pueblos.

El hombre cazador y su instinto de conquista se fusiona dentro de la ciudad creando un monstruo que tiene, arraigado en el inconsciente colectivo, a saber, la idea de que sólo mediante el sacrificio humano al por mayor puede ser salvada la comunidad. La supervivencia del individuo pasa por la destrucción del prójimo. La supervivencia de la ciudad se basa en la competencia y destrucción de otras ciudades. (ver Pg.61)

La ciudad es asemejable a la sociedad de los insectos. Con una realeza que simboliza la vida (reproducción), la protección y el fin último, una organización sectorizada del trabajo, una fuerte carga militar especializada, un sometimiento del entorno y un ataque fraticida (guerra de hormigas) entre comunidades por el dominio del territorio y sus recursos. Las similitudes son Master de urbanismo y ordenación del territorio

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abrumadoras. Los animales (el resto no insectívoro), lucha si, pero individualizadamente y por sexo o comida. (ver Pg. 61-62)

Pero este intento de dominio sobre el resto de ciudades es una manifestación de la propia personalidad de la ciudad, es la externalización de una realidad que sufrían todos aquellos que vivian dentro de los límites de la ciudad: el sometimiento a un solo “yo” soberano, a un Rey.

“[….]pero en la ciudad, con la institución de la monarquía, la personalidad misma surgió por primera vez: dirigida por si misma, gobernándose a si misma, centrada en si misma: y reclamando para el sólo “yo” enaltecido, como representante divino de la colectividad más vasta, todo lo que otrora pertenecía al ahora disminuido “nosotros” (pg.90)

Egipto y Mesopotamia

Estas nuevas organizaciones sociales, amparadas en la figura de una casta dominante que subyuga al resto de ciudadanos, es el pilar que sustenta a las ciudades a lo largo de la historia.

Mumford acude a dos ejemplos que sirven como punto de partida para el entendimiento de la ciudad: Mesopotamia y Egipto. Las diferencias entre ambas son fruto de su geografía. Egipto sometida al rio Nilo y protegida por la propia naturaleza no necesitaba murallas ni protecciones antrópicas, su sistema se sustentaba en las bondades de la tierra y en la riqueza del Nilo, era una civilización sometida a voluntades intangibles, a un faraón endiosado y a una vida orientada a renacer tras la muerte. Las ciudades egipcias eran ciudades con dos caras, una efímera y otra inmortal. (pg. 102-108)

El otro modelo que describe Lewis Mumford es el Mesopotámico, cuyas principales características son la inseguridad y la intimidación. Una sociedad que tenia que luchar contra las inclemencias del tiempo, el capricho de las cosechas, la crueldad de las sequías y las inundaciones imprevisibles. Amurallarse y protegerse era no sólo un modo de control interno sino una medida de orden frente a una naturaleza más agresiva que la del valle del Nilo.

“[….]hacía el año 2500 antes de Jesucristo, todos los rasgos esenciales de la ciudad habían adoptado su forma y encontrado un lugar en la ciudadela…..el cerco amurallado, la calle, la manzana, el mercado, el recinto del templo con sus patios interiores, el recinto administrativo y el del taller[….]” (pg.115)

Mumford nos muestra dos modelos de sociedad, dos modelos de vida, constantemente enfrenta la idea de aldea con la idea de ciudad, la idea de cooperación con la idea de la competencia, la sociedad orgánica con la mecanización tecnológica, a saber:

“[…]se abrían dos caminos para la cultura humana, una vez traspuesta la fase que se alcanzó con la comunidad neolítica, el camino de la aldea o el camino de la ciudadela o para decirlo en términos biológicos, el simbiótico y el voraz. No se trataba de opciones absolutas, pero señalaban diferentes direcciones. La primera era la senda de la cooperación voluntaria, de la mutua adaptación, de la comunicación y la comprensión más amplias, su resultado seria una asociación orgánica de naturaleza más compleja, en un nivel más alto que el ofrecido por la comunidad aldeana y sus tierras vecinas. La segunda era la dominación voraz, que llevaría a una despiadada explotación con su violencia, sus conflictos y angustias. La segunda ha dominado la historia[…]” (pg.114)

Mumford nos describe también una ciudad especializada en el trabajo donde sus ciudadanos pierden la condición de la multifuncionalidad a favor de una alienación de por vida inflexible y a menudo carente de libertad. La verdadera condición del hombre se reduce a la clases nobles.

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El oasis griego

La ciudad griega no es una continuación de las culturas anteriores, ni es el referente a las culturas venideras, a diferencia de lo que muchos estudiosos afirman. Si es cierto, y el autor no lo niega, que la cultura occidental hereda de la griega gran parte de sus bases del pensamiento.

Las grandes virtudes de la ciudad griega no continuaron en la historia, perdiendo la humanidad, según el autor, la oportunidad de avanzar en una línea más humana, más en consonancia con la naturaleza.

Hasta el siglo IV la ciudad griega mantuvo sus proporciones aldeanas, la escala del hombre y su naturaleza eran la medida de “todas las cosas”, a nivel social la pobreza no era un estorbo, si de algo se sospechaba era de las riquezas, de los mercaderes, los llamados metecos no eran bien vistos dentro de la ciudad clásica griega.

Las ciudades Egeas no necesitaban murallas, gracias a su protección natural pero también gracias a su concepción de la libertad.

El entorno natural facilitaba a los griegos no sólo protección sino también buenas cosechas, si de algo se tenían que defender los griegos era de las agresiones exteriores, de las sociedades que basaban su desarrollo en la conquista y la usurpación.

En Grecia se alcanzó un estado de unidad entre la ciudad y sus ciudadanos. Un mundo abierto, sin trabas, que alcanzó grandes cotas en política, artes y organización social. Una sociedad más cercana a los ideales orientales importados por Alejandro Magno que a las desmesuras Mesopotámicas o Egipcias. (ver pg. 213)

Lewis Mumford no pasa por alto las ideas elitistas y clasistas de los griegos, más bien de lo seguidores de Platón, y nos recuerda que la sociedad griega se basaba en castas cerradas que se sustentaba en los esclavos sin derechos o en las mujeres serviles al hombre. “es destino del esclavo no decir lo que piensa” (Eurípides)

Pero las sociedades pensantes, agobiadas por el crecimiento y las presiones de civilizaciones externas o por las herencias del “hombre cazador” que se resurge con fuerza en la península itálica o en los Balcanes, terminan desmontando el mundo griego y con él, una línea de cambio, un modelo orgánico, una sociedad humana. Es tiempo del imperio, de conquistas y de la vuelta al imperialismo, el resurgir de la guerra y el miedo como motor del desarrollo humano.

Las ciudades griegas, contenedores de una sociedad orgánica dan paso a un nuevo orden donde la búsqueda del poder y de la riqueza se convierten en el paradigma de la supervivencia mal entendida. Es tiempo del dominio de oligarquías, del realidades intangibles, de poderes religiosos.

La religión

No olvidamos que las ciudades mantienen siempre en lugar privilegiado el culto a sus dioses, la ciudadela es una ciudad dentro de otra ciudad, es la morada de los interpretes del poder místico, es la puerta que divide al mundo real del mundo divino, es un símbolo de poder y pertenece por tanto al sistema de jerarquías y dominios absolutistas de las ciudades en la historia, pero:

“sostengo, por mi parte, que el movimiento que llevó a la creación de estas nuevas religiones y nuevos cultos debe ser interpretado como una profunda rebelión contra la misma civilización; contra su afán de poder y de riqueza, contra la expansión y su hartazgo materialistas, contra su degradación de la vida sometida a la servidumbre del cuerpo, contra su destrucción de la espontaneidad por una vacua rutina y contra la injusta apropiación de los más altos bienes de la vida por una minoría dominante[….]” (pg.250)

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Estas frases son escritas por Mumford en referencia al nacimiento del cristianismo, no podemos pasar por alto la semejanza en la descripción de las sociedades de aquel momento con la actualidad, la diferencia reside en la “tecnología” que actúa como nuevo inquisidor de ideas que no se fundamenten en la razón científica y que difícilmente permitiría el resurgir del pensamiento metafísico. Las reflexiones que realiza Lewis Mumford sobre el nacimiento de las nuevas religiones nos deberían resultar algo más que un mero ensayo de historia antropológica.

La ciudad romana

No es la civilización romana la que más luz nos aporte sobre la ciudad en la historia, no desde el punto de vista del pensamiento y reflexión de Mumford. Es indudable las aportaciones a nivel higiénico o tecnológico de los romanos, pero poco incorporan al crecimiento del espíritu individual o colectivo. Su organización social se fundamenta en el imperialismo, Roma es heredera de las culturas Mesopotámicas, del instinto cazador, del continuismo del sistema de desposesión. Roma expande por el mundo conocido su sistema de sociedad limitando el desarrollo de otros modelos.

La ciudad medieval

Lewis Mumford es un acérrimo defensor de la ciudad medieval. Todas las reflexiones sobre la ciudad en la historia se focalizan sobre el modelo medieval. A nivel social, ecológico y de organización funcional, la ciudad medieval es para Mumford el gran marginado de la historia.

Objetivamente nos encontramos con una sociedad que abarca desde aproximadamente el siglo IV después de Cristo hasta el siglo XVI, se trata de un milenio de historia que no se puede catalogar tan banalmente como se ha hecho en la era moderna. La edad media contiene grandes periodos que analizados detenidamente podrían descubrir infinidad de aspectos que la darían otra imagen a la ciudad medieval. Mumford nos muestra una visión diferente, más humana y luminosa frente a la oscuridad, la suciedad, el color grisáceo con el que se ha pintado durante tanto tiempo. Esto se debe, entre otros motivos, a que la percepción que tenemos del medievo se centra en el último periodo, cuando el hacinamiento en las ciudades era insoportable y cuando la bomba del cambio social y de pensamiento estaba a punto de estallar. Es, hasta cierto punto, comprensible que un modelo surgente se fundamente en la destrucción del anterior, y esta es lamentablemente la imagen que ha llegado hasta nuestros días.

Los retazos que describe Mumford sobre la ciudad medieval

“Por la fuerza de las armas, mediante trativas, por compra directa o mediante una u otra combinación de estos diversos medios, las ciudades conquistaron el derecho a celebrar un mercado periódico, el derecho a estar sujetas a una ley especial de mercado, el derecho a acuñar moneda y a establecer pesas y medidas, el derecho de los ciudadanos a ser juzgados en los tribunales locales, y el derecho a portar armas. Estas facultades sobre las que en otro tiempo tuviera propiedad la ciudadela, pertenecían ahora a la ciudad y a los ciudadanos. “

(pg.322)

Según Mumford, la cohesión de la ciudad no venia tanto de los poderes públicos como de la iglesia. La iglesia era el instrumento que creaba las instituciones sociales necesarias, es decir, la escuela, el hospital, el orfanato o la biblioteca. Era por lo tanto el órgano que aglomeraba todo el entramado social, así como hoy en día lo hacen los organismos públicos.

A nivel económico, la ciudad medieval adoptó al mercader como parte fundamental de su estructura. La ciudad comenzó a funcionar como un organismo complejo pero funcionalmente cohesionado. El sistema de organización era la corporación, la unión de intereses comunes, en cierto modo, la solidaridad. Según Mumford, la ciudad medieval es, sin duda, la que más cerca ha estado de la organización aldeana. Las clases dirigentes vivian de la ciudad pero quizás Master de urbanismo y ordenación del territorio

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ajenas a ella. Dentro de las murallas o de las cercas los ciudadanos compartían su vida y sus necesidades en base a principios de solidaridad y cooperación.

Respecto al aspecto higiénico de la ciudad medieval, Mumford nos recuerda que el comienzo los baños públicos y la sanidad eran una preocupación de primer orden.

Apuntes de la ciudad Carbón

Como hemos comentado desde el principio, la lectura del texto de “La ciudad en la historia” no es la descripción objetiva de la evolución de la sociedades urbanas, es la subjetiva reflexión de Lewis Mumford sobre el momento actual, sobre la ciudad y sus ciudadanos en el siglo XX. Por ello la cúspide de la obra se encuentra en las descripciones de la sociedad moderna. Es entonces cuando todo el libro descubre su esencia más pura.

Reproducimos unos párrafos trascritos directamente de las páginas del libro que aparecen en capitulo dedicado a “Villa carbón”: la nueva ciudad industrial. Sin duda están cargados de una fuerza critica y reflexiva que no necesitan explicación y que culmina este breve trabajo sobre

“La ciudad en la historia

Los comienzos de Villa Carbón

“Este mito del individuo sin trabas era, en realidad, la democratización de la concepción barroca del príncipe despótico; ahora todo individuo emprendedor trataba de ser un déspota por derecho propio….la riqueza de los individuos: este era todo el ser y el único fin de la nueva lucha por la existencia….”

Mecanización y ABBAU

Abbau, es para Lewis Mumford, des-edificar, destruir la estructura orgánica de la naturaleza.

“el uno era el concepto riguroso del orden matemático procedente del renovado estudio de los movimientos de los cuerpos celestes, o sea, el modelo supremo de regularidad mecánica, el otro era el proceso físico de romper, pulverizar, calcinar y fundir, que los alquimistas, trabajando con los operarios de minas mecánicamente adelantados de fines de la edad media, habían transformado de un mero proceso mecánico en la rutina de la investigación científica.”

Los postulados del utilitarismo

“el más fundamental de estos postulados era una noción que los utilitarios habían tomado, aparentemente sin saberlo, de los teólogos, la creencia en que una divina providencia regia la actividad económica y aseguraba, siempre que el hombre no interviniera presuntuosamente, el máximo bien público, a través de los esfuerzos dispersos y espontáneos de cada individuo solo interesado en lo suyo. El nombre teológico de esta armonía preestablecida fue laissez faire”

La técnica de la aglomeración

“El ritmo maníacodepresivo del mercado, con sus arrebatos e interrupciones, fue el que dio tanta importancia para la industria al gran centro urbano. Porque al recurrir, según las necesidades, a un filón de mano de obra excedente, que se empleaba a intervalos, los nuevos capitalistas conseguían rebajar los sueldos y toda demanda súbita de mayor producción. En otras palabras, el tamaño ocupó el lugar de un mercado de mano de obra efizcamente organizado, con normas sindicales para los jornales y bolsas públicas de trabajo. La aglomeración topográfica fue el sustituto de un modo de producción bien calculado y humanamente regulado[….]”

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Fábricas, ferrocarriles y tugurios

“No podemos calcular de qué modo las ganancias en materia de producción compensaron el sacrificio brutal de la vida y de un ambiente brutal”

Un primer plano de villa carbón

“¿Cómo construir una ciudad coherente sobre la base de los esfuerzos de un millar de individuos rivales que no conocían más ley que sus preciosas voluntades?”

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