Romeo y Julieta por William Shakespeare - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

Romeo y Julieta

Romeo y Julieta

DRAMATIS PERSONAE

El CORO

ROMEO

MONTESCO, su padre

SEÑORA MONTESCO

BENVOLIO, sobrino de Montesco

ABRAHAN, criado de Montesco

BALTASAR, criado de Romeo

JULIETA

CAPULETO, Su padre

SEÑORA CAPULETO

TEBALDO, su sobrino

PARIENTE DE CAPULETO

El AMA de Julieta

PEDRO

criado de Capuleto

SANSÓN

criado de Capuleto

GREGORIO criado de Capuleto

Dela Scala, PRINCIPE de Verona

MERCUCIO

pariente del Príncipe

El Conde PARIS pariente del Príncipe

PAJE de Paris

FRAY LORENZO

FRAY JUAN

Un BOTICARIO

Criados, músicos, guardias, ciudadanos, máscaras, etc.

LA TRAGEDIA DE ROMEO Y JULIETA

PRÓLOGO [Entra] el CORO ..

Comentario [L1]: La Tragicall History of Romeus and Juliet, de Brooke, fuente de CORO

Shakespeare, está precedida de un soneto

En Verona, escena de la acción,

titulado The Argument. Shakespeare esboza el argumento de su obra en un soneto isabelino

dos familias de rango y calidad

(compuesto de tres cuartetos y un pareado),

renuevan viejos odios con pasión

forma ue volverá a utilizar en el primer

y manchan con su sangre la ciudad.

encuentro entre Romeo y Julieta y en el

De la entraña fatal de estos rivales

segundo prólogo.

nacieron dos amantes malhadados,

cuyas desgracias y funestos males

enterrarán conflictos heredados.

El curso de un amor de muerte herido

y una ira paterna tan extrema

que hasta el fin de sus hijos no ha cedido

será en estas dos horas . nuestro tema.

Comentario [L2]: Duración aproximada

de una obra en el teatro isabelino, aunque en

Si escucháis la obra con paciencia,

muchos casos la duración tenía que ser

nuestro afán salvará toda carencia.

mayor, a juzgar por la extensión de algunos

textos.

[Sale.]

I.i Entran SANSÓN y GREGORIO, de la casa de los

Capuletos, armados con espada y escudo.

SANSÓN

Gregorio, te juro que no vamos a tragar saliva.

GREGORIO

No, que tan tragones no somos.

SANSÓN

Digo que si no los tragamos, se les corta el cuel o.

GREGORIO

Sí, pero no acabemos con la soga al cuel o.

SANSÓN

Si me provocan, yo pego rápido.

GREGORIO

Sí, pero a pegar no te provocan tan rápido.

SANSÓN

A mí me provocan los perros de los Montescos.

GREGORIO

Provocar es mover y ser valiente, plantarse, así que si te provocan, tú sales corriendo.

SANSÓN

Los perros de los Montescos me mueven a plantarme. Con un hombre o mujer de los Montescos me agarro a las paredes.

GREGORIO

Entonces es que te pueden, porque al débil lo empujan contra la pared.

SANSÓN

Cierto, y por eso a las mujeres, seres débiles, las empujan contra la pared. Así que yo echaré de la pared a los hombres de Montesco y empujaré contra el a a las mujeres.

GREGORIO

Pero la disputa es entre nuestros amos y nosotros, sus criados.

SANSÓN

Es igual; me portaré como un déspota. Cuando haya peleado con los hombres, seré cortés con las doncel as: las desvergaré.

GREGORIO

¿Desvergar doncel as?

SANSÓN

Sí, desvergar o desvirgar. Tómalo por donde quieras.

GREGORIO

Por dónde lo sabrán las que lo prueben.

SANSÓN

Pues me van a probar mientras este no se encoja, y ya se sabe que soy más carne que pescado.

GREGORIO

Menos mal, que, si no, serías un merluzo. Saca el hierro, que vienen de la casa de Montesco.

Entran otros dos criados [uno llamado

ABRAHAM .

SANSÓN

Aquí está mi arma. Tú pelea; yo te guardo las espaldas.

GREGORIO

¿Para volver las tuyas y huir?

SANSÓN

Descuida, que no.

GREGORIO

No, contigo no me descuido.

SANSÓN

Tengamos la ley de nuestra parte: que empiecen el os.

GREGORIO

Me pondré ceñudo cuando pase por su lado, y que se lo tomen como quieran.

SANSÓN

Si se atreven. Yo les haré burla . , a ver si se dejan insultar.

Comentario [L3]: En el original, «I wil

ABRAHÁN

bite my thumb at them» (literalmente, «me

¿Nos hacéis burla, señor?

morderé el pulgar contra ellos»). Este gesto

SANSóN

de desprecio o desafío se hacía, al parecer,

chascando la uña del pulgar con los dientes y

Hago burla.

es, por tanto, distinto de la higa.

ABRAHÁN

¿Nos hacéis burla a nosotros, señor?

SANSÓN [aparte a GREGORIO]

¿Tenemos la ley de nuestra parte si digo que sí?

GREGORIO [aparte a SANSÓN]

No.

SANSÓN

No, señor, no os hago burla. Pero hago burla, señor.

GREGORIO

¿Buscáis pelea?

ABRAHÁN

¿Pelea? No, señor.

SANSÓN

Mas si la buscáis, aquí estoy yo: criado de tan buen amo como el vuestro.

ABRAHÁN

Mas no mejor.

SANSÓN

Pues. .

Entra BENVOLIO.

GREGORIO [aparte a SANSóN]

Di que mejor: ahí viene un pariente del amo . .

Comentario [L4]: Tebaldo, a quien ven

SANSÓN

acercarse.

Sí, señor: mejor.

ABRAHÁN

¡Mentira!

SANSÓN

Desenvainad si sois hombres. Gregorio, recuerda tu mandoble.

Pelean.

BENVOLIO [desenvaina]

¡Alto, bobos! Envainad; no sabéis lo que hacéis.

Entra TEBALDO.

TEBALDO

¿Conque desenvainas contra míseros esclavos?

Vuélvete, Benvolio, y afronta tu muerte.

BENVOLIO

Estoy poniendo paz. Envaina tu espada

o ven con el a a intenta detenerlos.

TEBALDO

¿Y armado hablas de paz? Odio esa palabra

como odio el infierno, a ti y a los Montescos.

¡Vamos, cobarde!

[Luchan.]

Entran tres o cuatro CIUDADANOS con palos.

CIUDADANOS

¡Palos, picas, partesanas! ¡Pegadles! ¡Tumbadlos!

¡Abajo con los Capuletos! ¡Abajo con los Montescos!

Entran CAPULETO, en bata ., y su esposa Comentario [L5]: Es decir, despertado

[la SEÑORA CAPULETO].

por el alboroto.

CAPULETO

¿Qué ruido es ese? ¡Dadme mi espada de guerra!

SEÑORA CAPULETO

¡Dadle una muleta! - ¿Por qué pides la espada?

Entran MONTESCO y su esposa

[la SEÑORA MONTESCO].

CAPULETO

¡Quiero mi espada! ¡Ahí está Montesco, blandiendo su arma en desafío!

MONTESCO

¡Infame Capuleto! - ¡Suéltame, vamos!

SEÑORA MONTESCO

Contra tu enemigo no darás un paso.

Entra el PRINCIPE DELLA SCALA, con su séquito.

PRÍNCIPE

¡Súbditos rebeldes, enemigos de la paz,

que profanáis el acero con sangre ciudadana! –

¡No escuchan! - ¡Vosotros, hombres, bestias,

que apagáis el ardor de vuestra cólera

con chorros de púrpura que os salen de las venas!

¡Bajo pena de tormento, arrojad de las manos

sangrientas esas mal templadas armas

y oíd la decisión de vuestro Príncipe!

Tres refriegas, que, por una palabra de nada,

vos causasteis, Capuleto, y vos, Montesco,

tres veces perturbaron la quietud de nuestras cal es e hicieron que los viejos de Verona

prescindiesen de su grave indumentaria

y con viejas manos empuñasen viejas armas,

corroídas en la paz, por apartaros

del odio que os corroe. Si causáis

otro disturbio, vuestra vida será el precio.

Por esta vez, que todos se dispersen.

Vos, Capuleto, habréis de acompañarme.

Montesco, venid esta tarde a Vil a Franca .,

Comentario [L6]: En el original,

mi Palacio de Justicia, a conocer

«Free-towne», que Shakespeare tomó de

mis restantes decisiones sobre el caso.

Brooke y que deriva de «Villa franca», en la

¡Una vez más, bajo pena de muerte, dispersaos!

versión de Bandello.

Salen [todos, menos MONTESCO, la

SEÑORA MONTESCO y BENVOLIO].

MONTESCO

¿Quién ha renovado el viejo pleito?

Dime, sobrino, ¿estabas aquí cuando empezó?

BENVOLIO

Cuando llegué, los criados de vuestro adversario estaban enzarzados con los vuestros.

Desenvainé por separarlos. En esto apareció

el fogoso Tebaldo, espada en mano,

y la blandía alrededor de la cabeza,

cubriéndome de insultos y cortando el aire,

que, indemne, le silbaba en menosprecio.

Mientras cruzábamos tajos y estocadas,

l egaron más, y lucharon de uno y otro lado

hasta que el Príncipe vino y pudo separarlos.

SEÑORA MONTESCO

¿Y Romeo? ¿Le has visto hoy? Me alegra

el ver que no ha estado en esta pelea.

BENVOLIO

Señora, una hora antes de que el astro rey

asomase por las áureas ventanas del oriente,

la inquietud me empujó a pasear.

Entonces, bajo unos sicamores

que crecen al oeste de Verona,

caminando tan temprano vi a vuestro hijo.

Fui hacia él, que, advirtiendo mi presencia,

se escondió en el boscaje.

Medí sus sentimientos por los míos,

que ansiaban un espacio retirado

(mi propio ser entristecido me sobraba),

seguí mi humor al no seguir el suyo .

Comentario [L7]: Benvolio, que quería

y gustoso evité a quien por gusto me evitaba.

estar solo, logró su deseo no buscando la

MONTESCO

compañía de Romeo, que también quería

Le han visto allí muchas mañanas, aumentando

estar solo.

con su llanto el rocío de la mañana,

añadiendo a las nubes sus nubes de suspiros.

Mas, en cuanto el sol, que todo alegra,

comienza a descorrer por el remoto oriente

las oscuras cortinas del lecho de Aurora,

mi melancólico hijo huye de la luz

y se encierra solitario en su aposento,

cerrando las ventanas, expulsando toda luz

y creándose una noche artificial . .

Comentario [L8]: En las palabras de

Este humor será muy sombrío y funesto

Benvolio y de Montesco se resumiría la consi la causa no la quita el buen consejo.

ducta retraída e insociable del típico BENVOLIO

enamorado desdeñado por su amada, según la poesía isabelina de corte petrarquista.

Mi noble tío, ¿conocéis vos la causa?

MONTESCO

Ni la conozco, ni por él puedo saberla.

BENVOLIO

¿Le habéis apremiado de uno a otro modo?

MONTESCO

Sí, y también otros amigos,

mas él sólo confía sus sentimientos

a sí mismo, no sé si con acierto,

y se muestra tan cal ado y reservado,

tan insondable y tan hermético

como flor comida por gusano

antes de abrir sus tiernos pétalos al aire

o al sol ofrecerle su hermosura.

Si supiéramos la causa de su pena,

le daríamos remedio sin espera.

Entra ROMEO.

BENVOLIO

Ahí viene. Os lo ruego, poneos a un lado: me dirá su dolor, si no se ha obstinado.

MONTESCO

Espero que, al quedarte, por fin oigas

su sincera confesión. Vamos, señora.

Salen [MONTESCO y la

SEÑORA MONTESCO].

BENVOLIO

Buenos días, primo.

ROMEO

¿Ya es tan de mañana?

BENVOLIO

Las nueve ya han dado.

ROMEO

¡Ah! Las horas tristes se alargan.

¿Era mi padre quien se fue tan deprisa?

BENVOLIO

Sí. ¿Qué tristeza alarga las horas de Romeo?

ROMEO

No tener lo que, al tenerlo, las abrevia.

BENVOLIO

¿Enamorado?

ROMEO

Cansado.

BENVOLIO

¿De amar?

ROMEO

De no ser correspondido por mi amada.

BENVOLIO

¡Ah! ¿Por qué el amor, de presencia gentil,

es tan duro y tiránico en sus obras?

ROMEO

¡Ah! ¿Por qué el amor, con la venda en los ojos, puede, siendo ciego imponer sus antojos?

¿Dónde comemos? .. ¡Ah! ¿Qué pelea ha habido?

Comentario [L9]: Según algunos

No me lo digas, que ya lo sé todo.

comentaristas, esta inesperada pregunta

Tumulto de odio, pero más de amor.

demuestra que la conducta de Romeo no es

¡Ah, amor combativo! ¡Ah, odio amoroso!

más que una pose, mientras que, según otros,

Romeo sólo pretende desviar la curiosidad de

¡Ah, todo, creado de la nada!

Benvolio.

¡Ah, grave levedad, seria vanidad, caos deforme de formas hermosas, pluma de plomo,

humo radiante, fuego glacial, salud enfermiza,

sueño desvelado, que no es lo que es!

Yo siento este amor sin sentir nada en él.

¿No te ríes?

BENVOLIO

No, primo; más bien lloro.

ROMEO

¿Por qué, noble alma?

BENVOLIO

Porque en tu alma hay dolor.

ROMEO

Así es el pecado del amor:

mi propio pesar, que tanto me angustia,

tú ahora lo agrandas, puesto que lo turbas

con el tuyo propio. Ese amor que muestras

añade congoja a la que me supera.

El amor es humo, soplo de suspiros:

se esfuma, y es fuego en ojos que aman;

refrénalo, y crece como un mar de lágrimas.

¿Qué cosa es, si no? Locura juiciosa,

amargor que asfixia, dulzor que conforta.

Adiós, primo mío.

BENVOLIO

Voy contigo, espera;

injusto serás si ahora me dejas.

ROMEO

¡Bah! Yo no estoy aquí, y me hal o perdido.

Romeo no es este: está en otro sitio.

BENVOLIO

Habla en serio y dime quién es la que amas.

ROMEO

¡Ah! ¿Quieres oírme gemir?

BENVOLIO

¿Gemir? No: quiero que digas en serio quién es.

ROMEO

Pídele al enfermo que haga testamento;

para quien tanto lo está, es un mal momento.

En serio, primo, amo a una mujer.

BENVOLIO

Por ahí apuntaba yo cuando supe que amabas.

ROMEO

¡Buen tirador! Y la que amo es hermosa.

BENVOLIO

Si el blanco es hermoso, antes se acierta.

ROMEO

Ahí has fallado: Cupido no la alcanza

con sus flechas; es prudente cual Diana:

su casta coraza la protege tanto

que del niño Amor no la hechiza el arco.

No puede asediarla el discurso amoroso,

ni cede al ataque de ojos que asaltan,

ni recoge el oro que tienta hasta a un santo.

En bel eza es rica y su sola pobreza

está en que, a su muerte, muere su riqueza.

BENVOLIO

¿Así que ha jurado vivir siempre casta?

ROMEO

Sí, y con ese ahorro todo lo malgasta:

matando lo bel o por severidad

priva de hermosura a la posteridad.

Al ser tan prudente con esa bel eza

no merece el cielo, pues me desespera.

No amar ha jurado, y su juramento

a quien te lo cuenta le hace vivir muerto.

BENVOLIO

Hazme caso y no pienses más en el a.

ROMEO

Enséñame a olvidar.

BENVOLIO

Deja en libertad a tus ojos:

contempla otras bel ezas.

ROMEO

Así estimaré la suya en mucho más.

Esas máscaras negras que acarician

el rostro de las bel as nos traen al recuerdo

la bel eza que ocultan. Quien ciego ha quedado

no olvida el tesoro que sus ojos perdieron.

Muéstrame una dama que sea muy bel a.

¿Qué hace su hermosura sino recordarme

a la que supera su belleza?

Enseñarme a olvidar no puedes. Adiós.

BENVOLIO

Pues pienso enseñarte o morir tu deudor.

Salen.

I.i Entran CAPULETO, el Conde PARIS y el gracioso

[CRIADO de Capuleto].

CAPULETO

Montesco está tan obligado como yo,

bajo la misma pena. A nuestros años

no será difícil, creo yo, vivir en paz.

PARIS

Ambos gozáis de gran reputación y es lástima

que llevéis enfrentados tanto tiempo.

En fin, señor, ¿qué decís a este pretendiente?

CAPULETO

Lo que ya he dicho antes:

mi hija nada sabe de la vida;

aún no ha llegado a los catorce.

Dejad que muera el esplendor de dos veranos

y habrá madurado para desposarse.

PARIS

Otras más jóvenes ya son madres felices.

CAPULETO

Quien pronto se casa, pronto se amarga.

Mis otras esperanzas las cubrió la tierra;

el a es la única que me queda en la vida.

Mas cortejadla, Paris, enamoradla,

que en sus sentimientos el a es la que manda.

Una vez que acepte, daré sin reservas

mi consentimiento al que el a prefiera.

Esta noche doy mi fiesta de siempre,

a la que vendrá multitud de gente,

y todos amigos. Uníos a ellos

y con toda el alma os acogeremos.

En mi humilde casa esta noche ved

estrel as terrenas el cielo encender.

La dicha que siente el joven lozano

cuando abril vistoso muda el débil paso

del caduco invierno, ese mismo goce

tendréis en mi casa estando esta noche

entre mozas bel as. Ved y oíd a todas,

y entre el as amad a la más meritoria;

con todas bien vistas, tal vez al final

queráis a la mía, aunque es una más.

Venid vos conmigo. [ Al CRIADO.] Tú ve por Verona, recorre sus cal es, busca a las personas

que he apuntado aquí; diles que mi casa,

si bien les parece, su presencia aguarda.

Sale [con el Conde PARIS].

CRIADO

¡Que busque a las personas que ha apuntado aquí! Ya lo dicen: el zapatero, a su regla; el sastre, a su horma; el pescador, a su brocha, y el pintor, a su red. Pero a mí me mandan que busque a las personas que ha apuntado, cuando no sé leer los nombres que ha escrito el escribiente. Preguntaré al instruido.

Entran BENVOLIO y ROMEO.

¡Buena ocasión!

BENVOLIO

Vamos, cal a: un fuego apaga otro fuego;

el pesar de otro tu dolor amengua;

si estás mareado, gira a contrapelo;

la angustia insufrible la cura otra pena.

Aqueja tu vista con un nuevo mal

y el viejo veneno pronto morirá.

ROMEO

Las cataplasmas son grandes remedios.

BENVOLIO

Remedios, ¿contra qué!

ROMEO

Golpe en la espinil a.

BENVOLIO

Pero, Romeo, ¿tú estás loco?

ROMEO

Loco, no; más atado que un loco:

encarcelado, sin mi alimento, azotado

y torturado, y. . Buenas tardes, amigo.

CRIADO

Buenas os dé Dios. Señor, ¿sabéis leer?

ROMEO

Sí, mi mala fortuna en mi adversidad.

CRIADO

Eso lo habréis aprendido de memoria. Pero, os lo ruego, ¿sabéis leer lo que veáis?

ROMEO

Si conozco el alfabeto y el idioma, sí.

CRIADO

Está claro. Quedad con Dios.

ROMEO

Espera, que sí sé leer.

Lee el papel.

«El signor Martino, esposa e hijas.

El conde Anselmo y sus bel as hermanas.

La viuda del signor Vitruvio.

El signor Piacencio y sus lindas sobrinas.

Mercucio y su hermano Valentino.

Mi tío Capuleto, esposa a hijas.

Mi bel a sobrina Rosalina y Livia.

El signor Valentio y su primo Tebaldo.

Lucio y la alegre Elena.»

Bela compañía. ¿Adónde han de ir?

CRIADO

Arriba.

ROMEO

¿Adónde? ¿A una cena?

CRIADO

A nuestra casa.

ROMEO

¿A casa de quién?

CRIADO

De mi amo.

ROMEO

Tenía que habértelo preguntado antes.

CRIADO

Os lo diré sin que preguntéis. Mi amo es el grande y rico Capuleto, y si vos no sois de los Montescos, venid a echar un trago de vino. Quedad con Dios.

Sale.

BENEVOLIO

En el festín tradicional de Capuleto

estará tu amada, la bel a Rosalina .,

Comentario [L10]: Mencionada antes en

con las más admiradas bel ezas de Verona.

la lista de invitados como sobrina de Ca-

Tú ve a la fiesta: con ojo imparcial

puleto. es ahora cuando sabemos como se

compárala con otras que te mostraré,

llama la amada de Romeo.

y, en lugar de un cisne, un cuervo has de ver.

ROMEO

Si fuera tan falso el fervor de mis ojos,

que mis lágrimas se conviertan en llamas,

y si se anegaron, siendo mentirosos,

y nunca murieron, cual herejes ardan.

¡Otra más hermosa! Si todo ve el sol,

su igual nunca ha visto desde la creación.

BENVOLIO

Te parece bel a si no ves a otras:

tus ojos con el a misma la confrontan.

Pero si tus ojos hacen de balanza,

sopesa a tu amada con cualquier muchacha

que pienso mostrarte bril ando en la fiesta,

y lucirá menos la que ahora te ciega.

ROMEO

Iré, no por admirar a las que elogias,

sino sólo el esplendor de mi señora.

[Salen. ]

I.i i Entran la SEÑORA CAPULETO y el AMA.

SEÑORA CAPULETO

Ama, ¿y mi hija? Dile que venga.

AMA

Ah, por mi virginidad a mis doce años,

¡si la mandé venir! ¡Eh, paloma! ¡Eh, reina!

¡Santo cielo! ¿Dónde está la niña? ¡Julieta!

Entra JULIETA.

JULIETA

Hola, ¿quién me llama?

AMA

Tu madre.

JULIETA

Aquí estoy, señora. ¿Qué deseáis?

SEÑORA CAPULETO

Pues se trata. . Ama, déjanos un rato;

hemos de hablar a solas. . Ama, vuelve.

Pensándolo bien, más vale que to oigas.

Sabes que mi hija está en edad de merecer.

AMA

Me sé su edad hasta en las horas.

SEÑORA CAPULETO

Aún no tiene los catorce.

AMA

Apuesto catorce de mis dientes

(aunque, ¡válgame!, no me quedan más que cuatro) a que no ha cumplido los catorce.

¿Cuánto falta para que acabe julio? . .

Comentario [L11]: Exactamente,

SEÑORA CAPULETO

«Lammas-tide» antigua fiesta de la cosecha,

Dos semanas y pico.

de raigambre anglosajona, que se celebraba el

1 de agosto. La Iglesia] católica

conmemoraba en ese día la milagrosa

AMA

excarcelación de San Pedro. Este dato sitúa la

Pues con o sin pico, entre todos los días del año acción a mediados de julio y sirve como

la última noche de julio cumple los catorce.

punto de referencia para el cumpleaños de

Susana y el a (¡Señor, da paz a las ánimas!)

Julieta, nacida en la víspera de la mencionada

fiesta.

tenían la misma edad. Bueno, Susana

está en el cielo, yo no la merecía. Como digo,

la última noche de julio cumple los catorce,

vaya que sí; me acuerdo muy bien.

Del terromoto hace ahora once años

y, de todos los días del año (nunca

se me olvidará) ese mismo día la desteté:

me había puesto ajenjo en el pecho,

ahí sentada al sol, bajo el palomar.

El señor y vos estabais en Mantua

(¡qué memoria tengo!). Pero, como digo,

en cuanto probó el ajenjo en mi pezón

y le supo tan amargo. . Angelito,

¡hay que ver qué rabia le dio la teta!

De pronto el palomar dice que tiembla; desde luego, no hacía falta avisarme que corriese.

Y de eso ya van once años, pues entonces

se tenía en pie el a solita. ¡Qué digo!

¡Pero si podía andar y correr!

El día antes se dio un golpe en la frente,

y mi marido (que en paz descanse,

siempre alegre) levantó a la niña.

«Ajá», le dijo, «¿te caes boca abajo?

Cuando tengas más seso te caerás boca arriba,

¿a que sí, Juli?» . Y, Virgen santa,

la mocosil a paró de llorar y dijo que sí.

¡Pensar que la broma iba a cumplirse!

Aunque viva mil años, juro que nunca

se me olvidara. «¿A que sí, Juli?», dice.

Y la pobrecil a se cal a y le dice que sí.

SEÑORA CAPULETO

Ya basta. No sigas, te lo ruego.

AMA

Sí, señora. Pero es que me viene la risa

de pensar que se cal a y le dice que sí.

Y eso que llevaba en la frente un chichón

de grande como un huevo de pol o;

un golpe muy feo, y lloraba amargamente.

«Ajá» , dice mi marido, «¿te caes boca abajo?

Cuando seas mayor te caerás boca arriba,

¿a que sí, Juli?» Y se cal a y le dice que sí.

JULIETA

Cal a tú también, ama, te lo ruego.

AMA

¡Chsss. .! He dicho. Dios te dé su gracia;

fuiste la criatura más bonita que crié.

Ahora mi único deseo es vivir para verte casada.

SEÑORA CAPULETO

Pues de casamiento venía yo a hablar.

Dime, Julieta, hija mía,

¿qué te parece la idea de casarte?

JULIETA

Es un honor que no he soñado.

AMA

¡Un honor! Si yo no fuera tu nodriza,

diría que mamaste listeza de mis pechos.

SEÑORA CAPULETO

Pues piensa ya en el matrimonio. Aquí, en Verona, hay damas principales, más jóvenes que tú,

que ya son madres. Según mis cuentas,

yo te tuve a ti más o menos a la edad

que tú tienes ahora. Abreviando:

el gal ardo Paris te pretende.

AMA

¡Qué hombre, jovencita! Un hombre

que el mundo entero. . ¡Es la perfección!

SEÑORA CAPULETO

El estío de Verona no da tal flor.

AMA

¡Eso, es una flor, toda una flor!

SEÑORA CAPULETO

¿Qué dices? ¿Podrás amar al cabal ero?

Esta noche le verás en nuestra fiesta . .

Comentario [L12]: Sin embargo, no

Si lees el semblante de Paris como un libro,

aparecerá en ella.

verás que la bel eza ha escrito en él la dicha.

Examina sus facciones y hallarás

que congenian en armónica unidad,

y, si algo de este libro no es muy claro,

en el margen de sus ojos va glosado.

A este libro de amor, que ahora es tan bel o,

le falta cubierta para ser perfecto.

Si en el mar vive el pez, también hay excelencia en todo lo bel o que encierra bel eza:

hay libros con gloria, pues su hermoso fondo

queda bien cerrado con broche de oro.

Todas sus virtudes, uniéndote a él,

también serán tuyas, sin nada perder.

AMA

Perder, no; ganar: el hombre engorda a la mujer.

SEÑORA CAPULETO

En suma, ¿crees que a Paris amarás?

JULIETA

Creo que sí, si la vista lleva a amar.

Mas no dejaré que mis ojos le miren

más de lo que vuestro deseo autorice.

Entra un CRIADO.

CRIADO

Señora, los convidados ya están; la cena, en la mesa; preguntan por vos y la señorita; en la despensa maldicen al ama, y todo está por hacer. Yo voy a servir. Os lo ruego, venid en seguida.

Sale.

SEÑORA CAPULETO

Ahora mismo vamos. Julieta, te espera el conde.

AMA

¡Vamos! ¡A gozar los días gozando las noches!

Salen.

I.iv Entran ROMEO, MERCUCIO, BENVOLIO, con cinco o seis máscaras, portadores de antorchas.

ROMEO

¿Decimos el discurso de rigor

o entramos sin dar explicaciones?

BENVOLIO

Hoy ya no se gasta tanta ceremonia:

nada de Cupido con los ojos vendados

l evando por arco una regla pintada

y asustando a las damas como un espantajo,

ni tímido prólogo que anuncia una entrada

dicho de memoria con apuntador.

Que nos tomen como quieran. Nosotros

les tomamos algún baile y nos vamos.

ROMEO

Dadme una antorcha, que no estoy para bailes.

Si estoy tan sombrío, llevaré la luz.

MERCUCIO

No, gentil Romeo: tienes que bailar.

ROMEO

No, de veras. Vosotros lleváis calzado

de ingrávida suela, pero yo del suelo

no puedo moverme, de tanto que me pesa el alma.

MERCUCIO

Tú, enamorado, pídele las alas a Cupido

y toma vuelo más al á de todo salto.

ROMEO

El vuelo de su flecha me ha alcanzado

y ya no puedo elevarme con sus alas,

ni alzarme por encima de mi pena,

y así me hundo bajo el peso del amor.

MERCUCIO

Para hundirte en amor has de hacer peso:

demasiada carga para cosa tan tierna.

ROMEO

¿Tierno el amor? Es harto duro,

harto áspero y violento, y se clava como espina.

MERCUCIO

Si el amor te maltrata, maltrátalo tú:

si se clava, lo clavas y lo hundes.

Dadme una máscara, que me tape el semblante:

para mi cara, careta. ¿Qué me importa ahora

que un ojo curioso note imperfecciones?

Que se ruborice este mascarón.

BENVOLIO

Vamos, llamad y entrad. Una vez dentro,

todos a mover las piernas.

ROMEO

Dadme una antorcha. Que la alegre compañía

haga cosquil as con sus pies a las esteras . , Comentario [L13]: Exactamente, los

que a mí bien me cuadra el viejo proverbio:

juncos verdes con que solía cubrirse el suelo

bien juega quien mira, y así podré ver

de las casas y, a veces, el de los escenarios.

mejor la partida; pero sin jugar.

MERCUCIO

Te la juegas, dijo el guardia.

Si no juegas, habrá que sacarte;

sacarte, con perdón, del fango amoroso

en que te hundes. Ven, que se apaga la luz.

ROMEO

No es verdad.

MERCUCIO

Digo que si nos entretenemos,

malgastamos la antorcha, cual si fuese de día.

Toma el buen sentido y verás que aciertas

cinco veces más que con la listeza.

ROMEO

Nosotros al baile venimos por bien,

mas no veo el acierto.

MERCUCIO

Pues dime por qué.

ROMEO

Anoche tuve un sueño.

MERCUCIO

Y también yo.

ROMEO

¿Qué soñaste?

MERCUCIO

Que los sueños son ficción.

ROMEO

No, porque durmiendo sueñas la verdad.

MERCUCIO

Ya veo que te ha visitado la reina Mab .,

Comentario [L14]: El nombre tal vez

la partera de las hadas. Su cuerpo

sea una invención de Shakespeare, quien, en

es tan menudo cual piedra de ágata

cualquier caso, lo asigna a la reina de las en el anil o de un regidor.

hadas. Blakemore Evans observa que, en los

últimos versos del parlamento, Shakespeare

Sobre la nariz de los durmientes

identifica a Mab con el espíritu que

seres diminutos tiran de su carro,

provocaba pesadillas.

que es una cáscara vacía de avel ana

y está hecho por la ardil a carpintera o la oruga (de antiguo carroceras de las hadas).

Patas de araña zanquilarga son los radios,

alas de saltamontes la capota;

los tirantes, de la más fina telaraña;

la col era, de reflejos lunares sobre el agua;

la fusta, de hueso de gril o; la tral a, de hebra; el cochero, un mosquito vestido de gris,

menos de la mitad que un gusanito

sacado del dedo holgazán de una muchacha.

Y con tal pompa recorre en la noche

cerebros de amantes, y les hace soñar el amor;

rodil as de cortesanos, y les hace soñar reverencias; dedos de abogados, y les hace soñar honorarios; labios de damas, y les hace soñar besos,

labios que suele ulcerar la colérica Mab,

pues su aliento está mancillado por los dulces.

A veces galopa sobre la nariz de un cortesano

y le hace soñar que huele alguna recompensa;

y a veces acude con un rabo de cerdo por diezmo y cosquillea en la nariz al cura dormido,

que entonces sueña con otra parroquia.

A veces marcha sobre el cuel o de un soldado

y le hace soñar con degüel os de extranjeros,

brechas, emboscadas, espadas españolas,

tragos de a litro; y entonces le tamborilea

en el oído, lo que le asusta y despierta;

y él, sobresaltado, entona oraciones

y vuelve a dormirse. Esta es la misma Mab

que de noche les trenza la crin a los caballos, y a las desgreñadas les emplasta mechones de pelo, que, desenredados, traen desgracias.

Es la bruja que, cuando las mozas yacen boca arriba, las oprime y les enseña a concebir

y a ser mujeres de peso. Es la que. .

ROMEO

¡Cal a, Mercucio, cal a!

No hablas de nada.

MERCUCIO

Es verdad: hablo de sueños,

que son hijos de un cerebro ocioso

y nacen de la vana fantasía,

tan pobre de sustancia como el aire

y más variable que el viento, que tan pronto

galantea al pecho helado del norte

como, lleno de ira, se aleja resoplando

y se vuelve hacia el sur, que gotea de rocío.

BENVOLIO

El viento de que hablas nos desvía.

La cena terminó y llegaremos tarde.

ROMEO

Muy temprano, temo yo, pues presiento

que algún accidente aún oculto en las estrel as iniciará su curso aciago

con la fiesta de esta noche y pondrá fin

a esta vida que guardo en mi pecho

con el ultraje de una muerte adelantada.

Mas que Aquél que gobierna mi rumbo

guíe mi nave. ¡Vamos, alegres señores!

BENVOLIO

¡Que suene el tambor!

Desfilan por el escenario [y salen].

I.v Entran CRIADOS con serviletas.

CRIADO 1.°

¿Dónde está Perola, que no ayuda a quitar la mesa? ¿Cuándo coge un plato? ¿Cuándo friega un plato?

CRIADO 2.°

Si la finura sólo está en las manos de uno, y encima no se las lava, vamos listos.

CRIADO 1.°

Llevaos las banquetas, quitad el aparador, cuidado con la plata. Oye, tú, sé bueno y guárdame un poco de mazapán; y hazme un favor: dile al portero que deje entrar a Susi Muelas y a Lena . .

Comentario [L15]: Los criados van a

tener su fiesta aparte.

[Sale el CRIADO 2.°]

¡Antonio! ¡Perola!

[Entran otros dos CRIADOS.]

CRIADO 3.°

Aquí estamos, joven.

CRIADO 1. °

Te buscan y rebuscan, lo llaman y reclaman al á, en el salón.

CRIADO 4.°

No se puede estar aquí y al í. ¡Ánimo, muchachos! Venga alegría, que quien resiste, gana el premio.

Salen.

Entran [CAPULETO, la SEÑORA CAPULETO, JULIETA, TEBALDO, el AMA], todos los convidados y las máscaras [ROMEO, BENVOLIO y MERCUCIO].

CAPULETO

¡Bienvenidos, señores! Las damas sin cal os

querrán echar un baile con vosotros.-

¡Vamos, señoras! ¿Quién de vosotras

se niega a bailar? La que haga remilgos

juraré que tiene cal os. ¿A que he acertado?-

¡Bienvenidos, señores! Hubo un tiempo

en que yo me ponía el antifaz

y musitaba palabras deleitosas

al oído de una bel a. Pero pasó, pasó.

Bienvenidos, señores.-¡ Músicos, a tocar!

¡Haced sitio, despejad! ¡Muchachas, a bailar!

Suena la música y bailan.

¡Más luz, bribones! Desmontad las mesas

y apagad la lumbre, que da mucho calor ..

Comentario [L16]: O Shakespeare

Oye, ¡qué suerte la visita inesperada! .

traslada al caluroso verano de Italia, este

Vamos, siéntate, pariente Capuleto,

detalle de algún fresco verano inglés, o

que nuestra época de bailes ya pasó.

simplemente está pensando en la versión de

Brooke, en que la fiesta de los Capuletos se

¿Cuánto tiempo hace

celebra hacia la Navidad.

que estuvimos en una mascarada?

PARIENTE DE CAPULETO

Comentario [L17]: Seguramente

Capuleto se dirige a sí mismo en este verso.

¡Virgen santa! Treinta años.

CAPULETO

¡Qué va! No tanto, no tanto.

Fue cuando la boda de Lucencio:

en Pentecostés hará unos veinticinco años.

Esa fue la última vez.

PARIENTE DE CAPULETO

Hace más, hace más: su hijo es mayor;

tiene treinta años.

CAPULETO

¿Me lo vas a decir tú? Hace dos años

era aún menor de edad.

ROMEO [a un CRIADO]

¿Quién es la dama cuya mano

enaltece a ese cabal ero?

CRIADO

No lo sé, señor.

ROMEO

¡Ah, cómo enseña a bril ar a las antorchas!

En el rostro de la noche es cual la joya

que en la oreja de una etíope destel a. .

No se hizo para el mundo tal bel eza.

Esa dama se distingue de las otras

como de los cuervos la blanca paloma.

Buscaré su sitio cuando hayan bailado

y seré feliz si le toco la mano.

¿Supe qué es amor? Ojos, desmentidlo,

pues nunca hasta ahora la bel eza he visto.

TEBALDO

Por su voz, este es un Montesco.-

Muchacho, tráeme el estoque.- ¿Cómo se atreve

a venir aquí el infame con esa careta,

burlándose de fiesta tan solemne?

Por mi cuna y la honra de mi estirpe,

que matarle no puede ser un crimen.

CAPULETO

¿Qué pasa, sobrino? ¿Por qué te sulfuras?

TEBALDO

Tío, ese es un Montesco, nuestro enemigo:

un canalla que viene ex profeso

a burlarse de la celebración.

CAPULETO

¿No es el joven Romeo?

TEBALDO

El mismo: el canal a de Romeo.

CAPULETO

Cálmate, sobrino; déjale en paz:

se porta como un digno caballero

y, a decir verdad, Verona habla con orgullo

de su nobleza y cortesía.

Ni por todo el oro de nuestra ciudad

le haría ningún desaire aquí, en mi casa.

Así que calma, y no le hagas caso.

Es mi voluntad, y si la respetas,

muéstrate amable y deja ese ceño,

pues casa muy mal con una fiesta.

TEBALDO

Casa bien si el convidado es un infame.

¡No pienso tolerarlo!

CAPULETO

Vas a tolerarlo. óyeme, joven don nadie:

vas a tolerarlo, ¡pues sí!

¿Quién manda aquí, tú o yo? ¡Pues sí!

¿Tú no tolerarlo? Dios me bendiga,

¿tú armar alboroto aquí, en mi fiesta?

¿Tú andar desbocado? ¿Tú hacerte el héroe?

TEBALDO

Pero, tío, ¡es una vergüenza!

CAPULETO

¡Conque sí! ¡Serás descarado!

¡Conque una vergüenza! Este juego tuyo

te puede costar caro, te lo digo yo.

¡Tú contrariarme! Ya está bien.-

¡Magnífico, amigos!-¡ Insolente!

Vete, cál ate o. .-¡Más luz, más luz!-

Te juro que te haré cal ar-¡ Alegría, amigos!

TEBALDO

Calmarme a la fuerza y estar indignado

me ha descompuesto, al ser tan contrarios.

Ahora me retiro, mas esta intrusión,

ahora tan grata, causará dolor.

Sale.

ROMEO

Si con mi mano indigna he profanado

tu santa efigie, sólo peco en eso:

mi boca, peregrino avergonzado,

suavizará el contacto con un beso.

JULIETA

Buen peregrino, no reproches tanto

a tu mano un fervor tan verdadero:

si juntan manos peregrino y santo,

palma con palma es beso de palmero.

ROMEO

¿Ni santos ni palmeros tienen boca?

JULIETA

Sí, peregrino: para la oración.

ROMEO

Entonces, santa, mi oración te invoca:

suplico un beso por mi salvación.

JULIETA

Los santos están quietos cuando acceden.

ROMEO

Pues, quieta, y tomaré lo que conceden ..

Comentario [L18]: Shakespeare escribe

esta primera parte del diálogo en el molde de

[La besa.]

un soneto isabelino, al que sigue un cuarteto.

El poético encuentro de los protagonistas se

expresa en términos claramente religiosos,

Mi pecado en tu boca se ha purgado.

según los cuales Romeo (en italiano,

JULIETA

«romero») es el palmero o peregrino que toca

Pecado que en mi boca quedaría.

y se dispone a besar la estatua del santo

ROMEO

(santa en este caso). Sin embargo, las últimas

palabras de Julieta dan un tono más mundano

Repruebas con dulzura. ¿Mi pecado?

a este encuentro, pues, según ella, Romeo

¡Devuélvemelo!

besa como un maestro de la galantería.

JULIETA

Besas con maestría.

AMA

Julieta, tu madre quiere hablarte.

ROMEO

¿Quién es su madre?

AMA

Pero, ¡joven!

Su madre es la señora de la casa,

y es muy buena, prudente y virtuosa.

Yo crié a su hija, con la que ahora hablabais.

Os digo que quien la gane,

conocerá el beneficio.

ROMEO

¿Es una Capuleto? ¡Triste cuenta!

Con mi enemigo quedo en deuda.

BENVOLIO

Vámonos, que lo bueno poco dura.

ROMEO

Sí, es lo que me temo, y me preocupa.

CAPULETO

Pero, señores, no queráis iros ya.

Nos espera un humilde postrecito.

Le hablan al oído.

¿Ah, sí? Entonces, gracias a todos.

Gracias, buenos cabal eros, buenas noches.-