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ABDUCCION J. David Villalobos L.

ABDUCCION

Secuestro

Extraterrestre

J. David Villalobos L.

Pág. 1

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ABDUCCION J. David Villalobos L.

ISBN 978-1-304-77707-2

Abducción

Código: 1401049762222

Fecha 04-ene-2014 22:41 UTC

Licencia: Todos los derechos reservados

Impreso es USA - Printed in USA

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ABDUCCION J. David Villalobos L.

Para que ciertos conocimientos,

salgan a la luz.

Hay que hacerlo ficción.

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ABDUCCION J. David Villalobos L.

INDICE

Prólogo

Pág. 5

Capítulo I

Pág. 9

Capítulo II

Pág. 81

Capítulo III

Pág. 111

Capítulo IV

Pág. 141

Capítulo V

Pág. 169

Capítulo VI

Pág. 237

Capítulo VII

Pág. 265

Capítulo VIII

Pág. 337

Capítulo IX

Pág. 423

Capítulo X

Pág. 467

Pág. 4

ABDUCCION J. David Villalobos L.

PROLOGO

En el campo de la “ufología” y en el de la “ciencia fic-

ción” se llama abducción al acto en el cual uno o más seres

extraterrestres toman a un ser vivo terrestre en contra de su

voluntad, lo secuestran y lo llevan a algún sitio determina-

do que generalmente es a su propia nave espacial.

Desde los años cincuentas, los relatos de abducciones

suelen incluir la descripción de una sala semejante a un la-

boratorio, en la cual los extraterrestres realizan algún tipo

de experimento o investigación sobre el individuo que ha

sido secuestrado.

Quienes refieren haber sido víctimas de una abducción

aseguran que durante el rapto habrían padecido un lapso

importante de “tiempo perdido”, es decir, la sensación de

haber pasado un tiempo prolongado, pero sin poder recor-

dar casi nada de ese lapso transcurrido.

El interior de la nave a la cual serían conducidos los

abducidos por lo general es descrito como una sala redonda

con cúpula, iluminada por una luz difusa que parece salir

de las paredes y del suelo. Tras ser retornados de la abduc-

ción, algunos comentan tener posteriormente alguna ano-

malía en su organismo, tales como la presencia de objetos

metálicos dentro del cuerpo.

Una característica común de quienes alegan haber sido

abducidos es la amnesia. Esta amnesia casi siempre impide

a los protagonistas recordar los detalles del incidente. Por

ejemplo, una persona vive una supuesta abducción o la visi-

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ta de un extraterrestre a determinada hora. Más tarde al mi-

rar su reloj, ve que han transcurrido varias horas, pero no

recuerda bien lo que ocurrió en ese lapso de tiempo.

Lo ocurrido durante ese tiempo perdido supuestamen-

te, solo puede conocerse mediante una regresión hipnótica,

mediante las cuales se somete al abducido a un estado de

relajación, en el cual las imágenes que la memoria cons-

ciente se resistía a recordar, afloran progresivamente.

Es muy posible que el abducido recuerde el principio

del episodio, como por ejemplo alguna luz muy fuerte que

le cierra el paso mientras viaja de noche en su automóvil, o

una estrella que cae del cielo y se posa en un prado cerca-

no, donde todo se resuelve en un “platillo volador”. Todo

esto viene acompañado de varios factores, como un súbito

paro de todos los sistemas eléctricos de su automóvil, un

tiempo perdido, algunas horas en las que el sujeto no sabe

en dónde ha estado.

Las personas abducidas, por lo general recuerdan el

principio y el final del episodio, pero la parte central del

mismo —la más importante— ha sido borrada de su mente

consciente. Este borrado ha sido hecho sin duda mediante

la hipnosis. Se les ha impuesto un bloqueo para que no re-

cuerden ciertas experiencias, que en ocasiones podrían re-

sultar muy traumáticas.

El problema es que la técnica de regresión hipnótica no

es en absoluto confiable. La hipnosis es un estado en el que

el individuo es altamente sugestionable y está demostrado

que no es fiable en absoluto a la hora de relatar recuerdos

veraces.

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Peor todavía, el individuo en estado de hipnosis se

tiende a inventar recuerdos, con lo que la regresión hipnóti-

ca pasa de ser un argumento a favor, a un argumento en

contra de la tesis ufológica de las abducciones.

Dentro de estas páginas se narra la abducción real de

una persona pero a diferencia de otras, cometieron un error

los extraterrestres al no poder borrarle la memoria. Por tal

motivo, esta persona tiene visiones de dos Universos para-

lelos, creando conflictos en su vida diaria.

Además conocerá los secretos más ocultos de las agen-

cias secretas como la CIA y la Inteligencia Británica, quie-

nes mantienen contactos con extraterrestres, a pesar de to-

do intento por negarlo. Además descubrirá quienes son los

verdaderos gobernantes del mundo.

¿Qué pasaría con todas las religiones si se supiera la

verdad que fue escrita en el “Libro de la vida” por los ex-

traterrestres? Conocerá todo lo relacionado al terrorismo

creado con un solo fin, atender a las demandas de los extra-

terrestres malévolos.

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Capítulo I

José regresaba de su trabajo cerca de las once de la

noche, cuando vio que su esposa y todos los vecinos mi-

raban al cielo. Se acercó a ella para preguntarle:

—¿Qué sucede?

—¡Hay un ovni volando cerca!—. Le respondió muy

agitada por la emoción.

José burlándose le hizo un comentario:

—Tú siempre viendo ovnis por todos lados.

Miró a los demás y vio que no era solamente ella,

sino también los vecinos, quienes permanecían atentos

mirando al cielo en busca del supuesto ovni.

Se podía percibir gran actividad aérea. Había una

gran cantidad de aviones caza, tratando de localizar al

platillo volador. Volaban en círculos, subían y bajaban.

Era todo un espectáculo escuchar el ruido de los motores

cuando pasaban volando muy bajo, cerca de ellos.

José sintió una gran emoción al escuchar el ruido de

los motores tan cerca de él. Tal parecía que se estaba li-

brando una batalla aérea. Siguió con la vista fija al cielo,

mirando la cantidad de aviones que hacían giros, y todo

tipo de maniobras inimaginables en busca del objeto vo-

lador.

A lo lejos pudo percibir un objeto volador que se

acercaba a gran velocidad hacia ellos. De ser un puntito

negro en el horizonte, pasó a ser un gran platillo volador

que se acercó volando velozmente hasta donde ellos se

encontraban. Observó cómo el platillo volador, trataba de

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ocultarse entre la feria que se había instalado en las calles

aledañas a su domicilio.

Pasó muy cerca de la “rueda de la fortuna” golpean-

do los cables de electricidad, produciendo chispas. El

platillo pasaba unas veces verticalmente, y otras horizon-

tales. Los aviones trataban de interceptarlo pasando muy

cerca de las cabezas de los espectadores.

De pronto, José les gritó a su esposa y a sus hijas:

—¡Tómenle fotos con los celulares!

Todos los que presenciaban la persecución sacaron

los celulares y comenzaron a tomar fotos.

—¡Tomen videos!—. Volvió a gritar José presa de la

emoción.

El ovni dibujaba círculos y giros tan rápidos que no

lograban hacer las tomas. Estaba tratando desesperada-

mente de encontrar el modo de esquivar a los aviones

caza que lo seguían muy de cerca.

De pronto, así como había llegado se alejó a una ve-

locidad vertiginosa. Los aviones lo siguieron y ambos se

perdieron en el horizonte.

Después que se hubo alejado, José y su familia mira-

ron las imágenes en sus celulares. Sintió una gran emo-

ción por la gran cantidad de fotos y videos que lograron

tomar, y que no se hubieran borrado; como sucedía siem-

pre en estos casos.

Le pareció extraño que en los celulares de sus hijas y

de su esposa, solo aparecieron algunas tomas, las demás

se habían borrado.

Una vez que descargó las fotos en la computadora, le

preguntó a su esposa:

—¿Sabes cuál es el correo de Jaime Maussán para

enviárselas?

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Ella le respondió:

—Es jaimemaussan3@zonacero.com.

Comenzó con la descarga de los videos, para enviar-

le posteriormente el material a Jaime Maussán.

Mientras se realizaba la descarga le hizo un comen-

tario a su esposa:

—Si después quieren que narre todo lo que sucedió

aquí, yo no quiero salir en ningún reportaje. Si quieres

hazlo tú.

Ella rió de su comentario.

Al ver las imágenes y agrandarlas en su computado-

ra, José quedó maravillado al ver los colores tan nítidos,

además de la fidelidad de las fotos y los videos. Parecían

como si hubieran sido extraídos de una película de extra-

terrestres. Al contrario de las que había tomado su espo-

sa, esas aparecían un poco borrosas y fuera de enfoque.

Al poco rato, escucharon gritar a los vecinos.

Salieron a ver lo que sucedía y para asombro de

ellos, vieron que había aterrizado una nave espacial en

forma de alcachofa, debido a la forma; ya que tenía mu-

chos picos apuntando hacia arriba como las alcachofas.

Era de un color gris muy oscuro. Tenía la puerta abierta

por donde emergía una luz muy blanca, pero sin llegar a

dañar la vista.

Al asomarse vieron a un ser como si fuera un tipo de

batracio, pero enorme y estaba acostado sobre el piso. La

nave tendría una altura como de tres pisos, y tal parecía

que el ser vivo en forma de sapo, no cabría por esa puer-

ta.

Para sorpresa de todos, comenzó a levantarse y

asomó la cabeza por la pequeña puerta haciendo que to-

dos corrieran asustados. José no salió huyendo como los

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demás, continuó grabando el video con su celular, pen-

sando en los cientos de videos que le enviaban a Jaime

Maussán, y que muchos escépticos los catalogaban como

montajes. Debido a eso continuó filmando.

Dirigió su teléfono hacia la gente que corría, y conti-

nuó filmando para poder demostrar posteriormente, que

no se trataba de ningún tipo de montaje.

Su asombro no tuvo límites cuando vio a los milita-

res que habían arribado al lugar, que éstos vestían con

ropa de los años cincuentas, incluso sus vehículos eran

antiguos.

Era como si hubieran retrocedido en el tiempo. Tam-

bién los vecinos vestían con ropa de esa época. Lo curio-

so de todo esto era que no existían los colores, todo era

en blanco y negro, excepto él.

Dirigió su celular hacia la nave para continuar fil-

mando, pero ésta había desaparecido.

Ya no estaba, simplemente se había esfumado.

Volteó de nuevo su celular hacia la gente, y esta se-

guía en color monocromático, menos donde se encontra-

ba él, ni el lugar en donde había estado la nave. Era como

si la mitad fuera en colores y la otra en blanco y negro.

No quiso caminar hacia la parte monocromática, por te-

mor a algo desconocido. No tuvo tiempo de pensar en lo

que estaba sucediendo, solo quería continuar grabando.

De pronto la nave volvió a aparecer en el mismo lu-

gar donde estaba. Nunca se había ido, solo se había

hecho invisible.

Al verla de nuevo José le gritó a la gente:

—¡Aquí está la nave!

Pero nadie; excepto él la podía ver.

La gente regresó y se quedó mirando hacia donde les

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señalaba, pero no lograban ver nada.

Se acercó a la nave lo más que pudo, y vio de nuevo

la puerta abierta. Pensó en hacer una toma más cerca pa-

ra captar todo lo que ocurría en su interior. Se acercó lo

suficiente, y pudo observar que era mucho más espacioso

que el tamaño de la nave. Era como si existiera dentro de

la nave un edificio blanco, con cristales y demasiada ilu-

minación también blanca, pero como había ocurrido an-

tes, tampoco lastimaba a la vista.

Se podía observar todo lo que ocurría en su interior.

José no era del tipo muy valiente que digamos, pero

tenía la seguridad de que si algo salía por esa puerta, co-

rrería sin detenerse.

A pesar de que José se encontraba presa del miedo,

extendió su brazo lo más que pudo, para lograr captar

con su celular todo lo que ocurría en el interior, y que

quedara grabado.

De pronto y sin ninguna explicación lógica, un ser

extremadamente delgado sin figura aparente humana,

más bien como si fuera una especie de energía o forma

fantasmal, lo arrastró literalmente hacia el interior. No

hubo forcejeo, ni dolor en el brazo cuando lo jaló.

Se encontró dentro de la nave y frente a varios de

ellos. Todos tenían la cabeza más grande que la de su

cuerpo. No estaban apoyados en el piso, sino que parecía

que flotaban. No tenían pies, y en lugar de ellos termina-

ban como desvanecidos. Tampoco tenían boca ni orejas.

En el frente de esa gran cabeza, tenían dos ojos muy

grandes alargados como si fueran del tipo “asiático”.

Todos eran iguales, nada había que los diferenciara

uno del otro. No eran del tipo humano, sino más bien, del

tipo espíritus o fantasmas. No tenían dedos ni siquiera

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manos, en su lugar tenían dos alargadas extremidades

que terminaban difuminadas.

A un costado de ellos, estaba el enorme batracio

echado en el piso como si fuera una mascota. Era de co-

lor blanco con manchas rosas.

A pesar de haberse encontrado minutos antes lleno

de pánico, ya no experimentaba ningún temor. Se dio

cuenta de que su vida no valía nada al encontrarse en sus

manos.

Nada podían hacer su familia, o los militares por sal-

var su vida, puesto que nadie más había visto la nave,

excepto él, así que se resignó a su suerte. Para ellos José

simplemente había desaparecido delante de sus ojos.

Pensó en su familia y también pensó en que si salía vivo

de esa experiencia, podía narrar al mundo la verdad sobre

los extraterrestres.

No había palabras ni sonidos. Solo el silencio lo

acompañaba dentro de ese gran salón iluminado.

De pronto, percibió dentro de su mente la comunica-

ción de uno de ellos. Se estaban comunicando telepática-

mente y escuchó cuando le dijo a través del pensamiento

que iban a tomarle muestras de sangre.

Otro de ellos se acercó con un tubo muy delgado pa-

recido al aluminio, del tamaño de un palillo de dientes.

Lo acercó a su brazo y sin sentir el piquete ni dolor, ex-

trajo sangre de su antebrazo.

La sangre extraída la guardó en una especie de cartu-

cho color blanco, muy pequeño como del tamaño de una

bala de pistola calibre 22.

Al separar la “hipodérmica” de su brazo, salpicó tres

gotas de sangre en una servilleta de tela blanca. Lo curio-

so era que la ampolleta blanca no era de ese color, sino

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que era transparente y lo que parecía ser la sangre, era de

color blanco. Lo extraño es que la sangre que salpicó en

la servilleta si era del color natural rojo.

El primero que se había comunicado con José, le dijo

al que le extrajo la sangre, que no había tenido cuidado.

No había reproche en el comentario que le hizo.

El otro se disculpó por el error cometido.

Uno de ellos le hizo saber que esos tres puntos de

sangre eran la conciencia, las emociones y lo físico. Es

decir, cuerpo, mente y alma. Y se habían escapado de la

muestra de sangre.

José no entendió por el momento a que referían.

Después que extrajeron la sangre, colocaron la am-

polleta blanca en una máquina que tenía un gran espejo.

A los pocos momentos, apareció reflejada en ese

gran espejo una figura humana. José no daba crédito a lo

que veía. Era él mismo apareciendo en lo que creyó pri-

mero que era un espejo, pero que en realidad era un cris-

tal frente a una especie de pequeño cuarto, como el pare-

cido a una cabina telefónica antigua; y por donde se

asomó otro ser igual a José.

Le preguntó al extraterrestre que era todo eso, y le

dijeron que era un clon de él, y que la mayoría de las per-

sonas tienen uno. Que era necesario para mantener el

Universo paralelo que existe, y que era muy importante

para que a la hora de cruzar al otro mundo paralelo, pu-

diera continuar con la vida.

José siguió sin comprender absolutamente nada.

Pero según ellos, lo malo de haber desperdiciado

esas tres gotas, era que no podrían borrar su memoria de

todo lo que había ocurrido en ese salón dentro de la nave.

José preguntó:

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—¿Que hace el clon?

Uno de ellos le respondió a través del pensamiento:

—No es un clon exactamente. Eres tú mismo. Tú

sientes lo mismo que tu “otro ser”.

Luego le preguntó:

—¿No has sentido dolores de cabeza más frecuen-

tes?

—Si—. Le respondió.

—Se debe a que capturas demasiadas emociones por

parte de tu “otro ser”. Se acumula la información en una

sola mente, debido a que los dos son una sola mente, un

solo espíritu y un solo cuerpo. A veces se cruzan los dos

en el mismo tiempo y en el mismo espacio con una dife-

rencia de segundos, y crea conflictos en tu vida.

El humanoide continuó:

—Por ejemplo, a veces estás usando un martillo y lo

dejas en el piso para colocar la tabla que vas a clavar, y

de repente no está en el lugar donde lo dejaste. Esto ocu-

rre debido a que tu “otro ser”, lo tomó segundos después

que tú para hacer la misma reparación que tú hacías. Pero

para tu sorpresa, lo encuentras encima de una mesa cer-

cana. Es ahí donde lo dejó tu “otro ser”. A veces no sa-

bes en donde dejaste las llaves de tu coche y exclamas

“Si yo las dejé aquí”, pero tu “otro ser” las tomó segun-

dos después que tú y las dejó en otro lugar, incluso en

otra habitación.

Hay ocasiones en que se desaparecen las cosas, en-

tonces la gente lo atribuye a que son duendes o fantas-

mas, en cierto modo tu “otro ser” es una especie de fan-

tasma que está siempre detrás de ti, haciendo exactamen-

te lo que tú haces, creando con esto otro mundo paralelo.

También a veces descubres una cortadura o una herida

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menor en algunos de tus dedos, y no sabes dónde te gol-

peaste o cómo se produjo, pero fue tu “otro ser” quien se

lastimó y aparece en ti mismo.

—¿Que hace mi “otro ser” mientras duermo?

—Él está en otro Universo paralelo haciendo otras

cosas distintas, pero a veces hace las mismas cosas que

tú hiciste momentos antes.

José no comprendió de lo que hablaba, solo se le

ocurrió preguntar:

—¿Y quién es el que se acuesta al lado de mi espo-

sa?

—Eres tú y tu “otro ser”, no puedes diferenciar quien

eres tú, ni quien es el otro. A veces vas manejando y de

repente sin quererlo ya estás cerca del lugar a donde te

dirigías, y no sabes cómo ocurrió. Lo que pasó fue que

en ese lapso de tiempo tu “otro ser” ha tomado tu lugar.

José no sabía que decir, no comprendía muchas de

las cosas. Su silencio fue roto ante una pregunta:

—¿Nunca te has preguntado por qué nunca dejas de

pensar?

—Si—. Le respondió.

—Porque tu “otro ser” es el que está pensando tam-

bién. Cuando tú dejas de pensar, tu “otro ser” toma tu

mente y comienza a pensar.

Seguía sin comprender, y le preguntó:

—¿Que va a pasar conmigo y con mi “otro ser”?

El extraterrestre le respondió:

—Cometimos un error al no poder borrarte la memo-

ria y deberás aprender a vivir al mismo tiempo con tu

“otro ser”. No podrán estar juntos, pero si sentirás las

emociones y pensamientos que tu “otro ser” experimente

y viva.

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—¿Porque no pudieron borrarla?

—Porque se escapó el ingrediente principal de la vi-

da y no podemos revertirlo. Son tus emociones y senti-

mientos. Lo que tu “otro ser” viva, lo sentirás tú. No

sabrás distinguir quién es quién de los dos, por que los

dos son uno mismo.

—¿Porqué son tres gotas de sangre y no cuatro o

dos?

—Es el ingrediente básico de la vida.

Luego ante sorpresa de él, le hizo una pregunta un

poco extraña:

—¿Porque crees que Jaime Maussán usa el número

tres dentro del nombre de su programa?

—No tengo idea. —Argumentó— Supongo que es

un ardid publicitario.

—No es como lo piensas. Nosotros influenciamos

para que se creara el nombre que usa en su programa lla-

mado “Tercer milenio”, y lo escribe de la siguiente ma-

nera: T3RCER MILENIO.

José no podía comprender todavía lo que trataba de

decirle. Ante su asombro y su silencio, el extraterrestre

continuó:

—Es nuestro símbolo y nuestra fuente de vida. In-

cluso nuestro Universo paralelo tiene tres soles. Su pro-

grama se refiere a la vida que creamos dentro de tu uni-

verso paralelo. Creamos figuras dándole vida a lo inerte,

pero aún así tus científicos no han logrado descifrar los

símbolos creados por nosotros, en los campos de trigo.

Son solo especulaciones de ellos quienes quieren asimi-

lar o asemejar las cosas con lo que quieren creer. A veces

son tan simples y sencillas que no necesitan demasiada

investigación, pero para entender a un niño debes actuar

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como tal.

—No entiendo—. Dijo José asombrado.

—Por ejemplo. ¿Has visto a un niño cuando comien-

za a aprender a dibujar? Crea figuras o imágenes con

pocas líneas o pocas figuras. Y si se le llega a preguntar

qué es lo que dibujó, él responderá y describirá todo lo

que encierra en su dibujo a pesar de que ustedes vean so-

lamente un circulo o un triangulo en el dibujo. Ya se han

olvidado ustedes de cuando fueron niños, y no pueden

comprender sus dibujos ni sus figuras. De modo que para

que los humanos puedan entender las figuras en los cam-

pos de trigo, deben aprender primero a conocer el plano

sutil.

José ahora comprendía algunas cosas, y que no era

producto de la casualidad que el programa de Jaime

Maussán se refiriera a seres extraterrestres, platillos vola-

dores y abducciones, como la que él estaba experimen-

tando.

Los seres se alejaron de él y se dirigieron hacia don-

de estaba su “otro ser”.

Miró hacia el espejo y vio a su “otro ser” salir del

pequeño cuarto y lo miró asombrado. No lo miró como si

se conocieran, sino muy serio, como confundido.

Traía puesto una camisa azul cielo que José había

comprado en un viaje que hizo a Canadá, en el año de