¿Testigos o Encubridores? La División Azul y el Holocausto de los Judíos Europeos: Entre Historia y por Xosé M. Núñez Seixas - muestra HTML

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¿TESTIGOS O ENCUBRIDORES?

LA DIVISIÓN AZUL Y EL HOLOCAUSTO DE LOS JUDÍOS

EUROPEOS: ENTRE HISTORIA Y MEMORIA (1)

XOSÉ M. NÚÑEZ SEIXAS

Universidad de Santiago de Compostela

xoseml.nunez@usc.es

(Recepción: 15/01/2011; Revisión: 11/04/2011; Aceptación: 08/05/2011; Publicación: 10/10/2011) 1. Un antisemitismo sin jUdíos.—2. el encUentro de los jUdíos de eUropa oriental, 1941-1943.—3. Grodno, oshmyany, VilniUs y riGa.—4. la cUestión jUdía

en el relato diVisionario de posGUerra.—5. conclUsión.—6. BiBlioGrafía

resUmen

En la discusión acerca del antisemitismo franquista y del papel de la España de

Franco como protector de los judíos durante la II Guerra Mundial se ha prestado muy poca atención a lo que fue la imbricación entre la Shoah y la participación militar espa-

ñola en la guerra de exterminio que la Alemania nazi libró contra la Unión Soviética desde junio de 1941. La División Azul llevó a varios miles de combatientes españoles a confrontar sus propias imágenes sobre los judíos con la presencia real de población hebrea, que estaba experimentando la política de discriminación, segregación y exterminio que el III Reich puso en práctica. El encuentro con las primeras consecuencias del antisemitismo nazi tuvo lugar ya entre agosto y octubre de 1941, cuando los voluntarios cubrieron a pie el trayecto entre Suwalki y Vitebsk, pasando por localidades con importantes porcentajes de población judía como Grodno y Vilnius (Lituania). Los

hospitales españoles de retaguardia que existieron en Vilnius y Riga, ciudades en las que existieron guetos que albergaron a miles de judíos, acogieron también a cientos de soldados españoles. Las cartas y diarios de guerra de los miembros de la División también reflejaron, en proporciones variables, esa realidad. Sin embargo, tras 1945 los veteranos remodelaron sus experiencias, mostrando un difícil equilibrio entre la nece-

(1) Una versión de este texto fue presentada en las Universidades de York (Toronto), 1.4.2011, y en la New School of Social Research, Nueva York, 7.4.2011. El autor agradece los comentarios de los asistentes, y en particular del profesor Federico Finchelstein.

Historia y Política

ISSN: 1575-0361, núm. 26, Madrid, julio-diciembre (2011), págs. 259-290

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sidad de distanciarse de las facetas más condenables de todo lo que habían visto y la fidelidad a sus antiguos camaradas de armas.

Palabras clave: España, siglo xx, antisemitismo, División Azul, guerra germano-soviética, Holocausto, memoria

EYEWITNESSES OR BYSTANDERS? THE SPANISH BLUE

DIVISION AND THE HOLOCAUST OF EUROPEAN JEWRY,

BETWEEN HISTORY AND MEMORY

aBstract

In the historiographic debate on the nature of Francoist antisemitism, and the role

played by Franco Spain as protector of Jews during World War II, very scarce attention has been paid to the most visible link between the Holocaust and Spanish participation in the extermination war carried out by Nazi Germany against the Soviet Unión. The

«Blue División» brought several thousands of Spanish soldiers to confront their own

stereotypes on the Jews with real Jews who were subject to the discrimination measu-

eres implemented by the Nazis in occupied Eastern Europe. The Spaniards faced the

first consequences of the Nazi persecution of Jews between August and October 1941,

as the volunteers marched from Suwalkti to Vitebsk, going through cities with relevant percentages of Jewish population, such as Grodno and Vilnius. Spanish military hospitals in the rear were also located in Vilnius and Riga, cities where important Jewish ghettos were set up, and hundreds of Spanish sodiers experienced contact with Jews in these cities. Letters and war diaries by members of the Blue Division also reflect that reality. However, after 1945 the war veterans were forced to reshape their experiences, and their memoirs are characterized by the search of a difficult balance between the necessity of taking distance from what they had seen, and their sentiment of loyalty towards their former German comrades in arms.

Key words: Spain, 20th century, antisemitism, Blue Division, soviet-german war, Holocaust, memory.

* * *

El fascismo español tuvo un componente ideológico antisemita, que se ba-

saba en una reelaboración de los motivos presentes en el prensamiento católico-

tradicionalista decimonónico, y se alimentó de nuevos contenidos durante el

primer tercio del siglo xx. Surgió entonces un topos discursivo e iconográfico que asociaba al judaísmo con el comunismo y la masonería, y a veces el sepa-ratismo. Ineficaz como mito movilizador por la práctica inexistencia de población judía en territorio peninsular, adquiría diversos tonos en cada familia

ideológica antirrepublicana. Los escasos judíos presentes en territorio español

sufrieron algunas medidas discriminatorias desde 1936. Y durante la II Guerra

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Mundial, la actitud del Estado franquista hacia la política nazi de segregación y

exterminio de las poblaciones judías de la Europa ocupada es objeto de inter-

pretaciones historiográficas coincidentes en lo sustancial (2). Sin embargo, en

el análisis de las actitudes de la España de Franco hacia los hebreos durante el

conflicto, poco conectado con el debate historiográfico internacional acerca del

papel de los bystanders del exterminio de los judíos europeos —quienes presenciaron lo que ocurría, pero no intervinieron para evitarlo o no reaccionaron

frente a ello: no fueron víctimas ni verdugos, sino que estaban por allí (3)—, se ha prestado escasa atención a la imbricación entre la Shoah y la participación militar española en la guerra de exterminio que la Alemania nazi libró contra la

Unión Soviética desde junio de 1941. La División Española de Voluntarios o

División Azul (DA) l evó a casi 47.000 combatientes españoles, incluyendo

entre ellos a muchos falangistas genuinos, a confrontar sus propios estereotipos

con la observación de judíos reales que estaban experimentando en diversos

grados la política de segregación y exterminio que el III Reich puso en práctica,

en fases sucesivas, en el escenario de los territorios ocupados del Este (4).

El encuentro de los soldados españoles con las primeras consecuencias del

antisemitismo nazi tuvo lugar ya entre agosto y octubre de 1941, cuando los

17.000 voluntarios que integraron el contingente originario de la DA caminaron

desde Suwalki (Polonia) hasta Vitebsk, pasando por localidades con importante

presencia judía como Hrodna/Grodno y Oszmyanhy (actual Bielorrusia), o Vil-

nius (Lituania). Por otro lado, los hospitales españoles de retaguardia que exis-

tieron en Vilnius y Riga, ciudades en las que se erigieron guetos que albergaron

a miles de judíos después deportados a los campos de exterminio, acogieron a

cientos de heridos y convalecientes. Los divisionarios que pasaban por territo-

rio del III Reich camino del frente o de permiso también tuvieron oportunidad

de contemplar de manera esporádica las consecuencias de las políticas antise-

mitas del nazismo. Y las cartas y diarios de guerra de los miembros de la DA

también reflejaron la cuestión judía, pese a ser un tema poco explícito en los

testimonios coetáneos de los soldados de la Wehrmacht (5).

Las numerosas memorias redactadas tras 1945 ilustran el modo en que los

divisionarios remodelaron sus experiencias, en un difícil equilibrio entre la

descripción de lo que percibieron del antisemitismo nazi, y el afán de distanciar-

se de lo que conocieron después (6). Desplegaron para ello estrategias discursi-

vas paralelas a la elaboración por parte del régimen franquista del mito sobre su

propio papel como salvador de los judíos. El relato divisionario de posguerra contribuyó a forjar un mito particular acerca de la benevolente participación y

(2) rother (2005), rohr (2007) y rozenBerG (2010).

(3) hilBerG (1992: 195-268), cesarini y leVine (2002) y Barnett (1999).

(4) Un primer acercamiento, ampliado y muy matizado aquí, en núñez seixas (2010).

(5) Kipp (2007).

(6) Sobre la historia militar y diplomática de la DA, vid. proctor (1972), Kleinfeld y tamBs (1983), Bowen (2000), rUhl (1986), moreno jUliá (2004) y rodríGUez jiménez (2007).

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comportamiento de los soldados españoles en el frente del Este (7). Y esta ver-

sión se ha extendido igualmente a la percepción social en sentido amplio de la

experiencia de la DA en el frente ruso.

1. Un antisemitismo sin jUdíos

En el fascismo español de preguerra el antisemitismo tuvo cierta visibilidad

retórica, en un discurso que unía a judíos, comunistas y masones en una gran

conspiración contra España, Europa y la civilización cristiana. Su raíz teórica

era fundamentalmente religiosa y cultural. En sus manifestaciones no se distin-

guía mucho, empero, de la propaganda antisemita difundida por la Alemania

nazi desde 1933, que responsabilizaba al judaísmo, con la plutocracia y el comunismo, de todos los males del mundo. Y los distintos significados aportados

por cada uno de sus elementos se reforzaban mutuamente, desde la creencia

cristiana en la maldad de los cultos hebraicos hasta la imagen del judío como

eterno conspirador apátrida (8). En España hay solo aisladas manifestaciones

de un racismo biológico-genético. Pero los argumentos antisemitas se asocia-

ban con la idea fascista de palingénesis de la nación, y mediante el extrañamien-

to del judío legitimaban una licencia para odiar fácilmente transformable en su expulsión violenta (9). En teoría, ese discurso aspiraba a la conversión religiosa

de los hebreos; pero también podía predicar su expulsión física en nombre de la

integridad de la nación.

Tanto Ramiro Ledesma Ramos como, en particular, Onésimo Redondo

aludieron en sus escritos de 1931-1935 al judío como enemigo de España y una

raza ajena, términos que iban más allá del antisemitismo católico tradicional.

Pero consideraban que el problema racial no afectaba a la España del presente,

por lo que las medidas que eran acertadas en Alemania no correspondía aplicar-

las a la península Ibérica, tierra de contacto con pueblos semitas y africanos.

José Antonio Primo de Rivera apenas se pronunció sobre la cuestión judía, más

allá de algunas asociaciones retóricas entre judaísmo y comunismo (10). Y Er-

nesto Giménez Cabal ero se caracterizó incluso por un cierto filosefardis-

mo (11).

Desde 1936 la propaganda antisemita subió de tono. En 1937, el obispo

Albino G. Menéndez-Reigada veía en el judaísmo uno de los siete enemigos de

España. Pero aquel no era ni una raza ni una religión, sino un híbrido entre una

ideología y una secta conspirativa (12). Pues una cosa era el judaísmo, anate-

(7) núñez seixas (2006a).

(8) herf (2006); jacoBson (2009).

(9) Kallis (2009: 23-84).

(10) álVarez chillida (2002: 381-420), BöcKer (2000) y nonis (2007).

(11) schammah-Gesser (2007).

(12) menéndez reiGada (2003: 87).

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matizado como una Internacional conspiradora, y otra la percepción de un

pueblo judío definido por rasgos físicos o psicosomáticos (13). Durante los

primeros años de la década de 1940, el clima propagandístico de la España

nacional mantuvo la llama retórica del antisemitismo. Los centenares de he-

breos que vivían en España, sobre todo en el Protectorado de Marruecos, sufrie-

ron molestias diversas, y algunas sinagogas fueron cerradas. Pero no fueron

sometidos a medidas discriminatorias específicas en lo relativo a sus derechos

civiles. La postura del régimen hacia el aporte de la población judía a la cultura

española en el pasado y el presente fue contradictoria, al igual que la política de

admisión de refugiados judíos. Por lo general se les permitió el paso por terri-

torio español, a condición de que lo abandonasen cuanto antes; pero también

hubo casos de entrega de refugiados hebreos a los alemanes en la frontera fran-

cesa. Las acciones individuales de algunos diplomáticos, como Ángel Sanz

Briz, salvaron la vida de cientos de ciudadanos judíos, que recibieron protec-

ción consular y pasaportes españoles (14).

Los postulados antisemitas de índole científica estaban casi ausentes de la esfera pública. El embajador alemán escribía en febrero de 1941 que la «cuestión judía» no representaba un problema político en España, pues la mayoría de

los judíos se habían convertido al catolicismo. La «concepción moderna de la

cuestión judía» apenas contaría en España con un puñado de seguidores (15). Y

meses más tarde afirmaba que, a pesar del aumento de la propaganda antisemi-

ta, la actitud de la población había cambiado muy poco. España no tendría

ningún «problema judío» (16).

Los discursos que acompañaron la partida de los voluntarios españoles para

el frente del Este durante el verano de 1941, con todo, incluían frecuentes alu-

siones a los judíos, asociados semánticamente al comunismo soviético, a la

plutocracia internacional y a la masonería. El falangista Arturo Cuartero escri-

bía que la División Azul debía dar una lección patriótica a la «minoría de ma-

sones y judíos que aún pululan [...], sector judaico de España [...] representado

por elementos capitalistas, industriales y comerciantes sin escrúpulo ni concien-

cia». Y un farmacéutico toledano vaticinaba que los voluntarios doblegarían el

comunismo soviético, cuyas armas serían manejadas en la distancia por los ju-

díos y los «sin Dios» (17). Esta retórica tuvo continuidad en la Hoja de Campa-

ña, periódico de trinchera de la División Azul, adoptando algunas fórmulas

retóricas y representaciones visuales nazis. En sus páginas se reflejaba la idea

(13) El semanario La Ametralladora insistía en la tacañería y el carácter apátrida de los judíos, asociándolos con los líderes republicanos, soviéticos y comunistas franceses. Vid. La Ametralladora, 28.3.1937, p. 6; y 6.6.1937, p. 11.

(14) rother (2005: 53-77) y rozenBerG (2010: 213-48).

(15) Von Stohrer a Berlín, Madrid, 28.2.1941, en Politisches Archiv des Auswärtigen Amtes

[PAAA], Berlín, R 29741.

(16) Informe de la embajada alemana, Madrid, 7.11.1941, citado en rozenBerG (2010: 179).

(17) cUartero (1941: 23-26) y carrión (1941).

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de una coyunda diabólica del judaísmo con el marxismo, la plutocracia y el li-

beralismo, responsables de la decadencia de España y de la guerra mundial. Un

pueblo apátrida que purgaba el haber entregado a Jesucristo se oponía a la con-

solidación de España, por su papel de puente entre Hispanoamérica y la nueva

Europa (18). La conclusión era palmaria: «¡Te conocemos! Son tus apellidos,

Democracia, Marxismo y Plutocracia, pero tu nombre de pila es inconfundible:

te llamas Judaísmo» (19). Los hebreos habrían inspirado el comunismo sovié-

tico y su porfía descristianizadora (20). En 1942, el film documental La Divi-

sión Azul, del realizador germanófilo Joaquín Reig y Víctor de la Serna, reproducía igualmente la asociación entre el comunismo internacional y el deseo de

la conspiración judía por acabar con la cultura cristiana: «La orden de la Ko-

mintern es la orden permanente de la raza maldita: destruir todo lo que sea

motivo de presencia, recuerdo y orgullo de la cultura cristiana. España debe ser

el cabo por donde la tea comunista ponga fuego a la venerable Europa. Es la

consigna de Sion lanzada por Moscú» (21).

Por otro lado, expresiones de cariz antisemita que incidían en los motivos

tradicionales, desde la alusión a Rusia como «tierra de judíos» a la caracteriza-

ción de los adversarios políticos como «judíos», o el deseo de «pelarle las bar-

bas / Al judío de Stalin» (22), y un largo etcétera, fueron de uso común en la

publicística divisionaria, y aun en expresiones privadas de soldados y oficia-

les (23). En los artículos más germanófilos aparecía con frecuencia un sublimi-

nal antisemitismo de índole cultural y religiosa (24). Pero el racismo biológico-

genético se consideraba poco apropiado para el caso español. La Hoja de

Campaña recordaba en octubre de 1943 que la raza era «la patria sobre el fun-damento primero de la sangre»; pero añadía: «También de la sangre mezclada.

[...] De efusiones intensas entre elementos muy distintos hizo España bases ra-

ciales perennes», una raza que era afirmada en términos de cultura, fe y proyec-

ción exterior (25).

(18) mario xesa, «El judío errante», Hoja de Campaña, 29.4.1943, p. 7; id., «Una misión de España en el Nuevo Orden», Hoja de Campaña, 16.5.1943, p. 3.

(19) enriqUe Blanco B., «El verdadero enemigo», Hoja de Campaña, 4.5.1942, p. 1. Vid.

igualmente «España defiende Europa contra sus tres enemigos aliados: bolchevismo, judaísmo, masonería», Hoja de Campaña, 15.12.1943, p. 4, o «Los bolcheviques, la imprenta y la religión», Hoja de Campaña, 14.11.1943, p. 3.

(20) «¿Cuántos comunistas hay en Rusia?», Hoja de Campaña, 3.10.1943, p. 8; «Stalin y su sombra. Los judíos mandan en Rusia», Hoja de Campaña, 17.10.1943, p. 4.

(21) Citado en tranche y sánchez Biosca (2011: 69).

(22) martínez crUces (1942: 28).

(23) El general Muñoz Grandes aludía despectivamente a algunos miembros de su Estado Mayor como «judíos» (pardo martínez 2005: 142). Y uno de sus ayudantes designaba a Juan Aparicio como «ese tipo de judío que es inteligente y viejo zorro» (copia incluida en informe de von Weizsäcker, Madrid, 31.8.1942, PAAA, R-29744).

(24) andrés Gaytán, «Cante “jondo” en el Frente del Este», Hoja de Campaña, 25.5.1942, p. 4.

(25) «La raza», Hoja de Campaña, 10.10.1943, p. 1.

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2. el encUentro con los jUdíos de eUropa oriental, 1941-1943

El viaje a Alemania, así como el camino a pie por la Polonia ocupada, por

Lituania y por parte de la Unión Soviética entre fines de agosto y mediados de

octubre de 1941 supuso el contacto real y visual de los voluntarios españoles con

judíos de carne y hueso, y con algunos efectos perceptibles de la política racial

del III Reich. Pues la guerra germano-soviética no era un conflicto cualquiera.

Fue planeada y conducida por el III Reich como una guerra de exterminio. Y su

desarrol o hizo posible el clima de radicalización acumulativa que propició la

ejecución de la solución final (26). Este carácter particular de la confrontación ya pudo ser intuido por los soldados españoles en sus estancias en la retaguardia

y su marcha a pie hacia el frente, al apreciar el maltrato alemán a los prisioneros

de guerra soviéticos y a la población civil. En abril de 1942 los divisionarios

retornados a España informaban de que las tropas alemanas l evaban a cabo una

«labor de represión sangrienta» contra polacos y rusos (27). Los representantes

diplomáticos españoles en el antiguo territorio polaco informaron al Gobierno de

Franco de los sufrimientos de la población civil, y de la persecución específica

de que eran objeto los hebreos (28). La diplomacia española conocía desde me-

diados de 1942 que aquel os eran objeto de deportaciones masivas; y desde julio

de 1943 —de modo detal ado en agosto de 1944— que eran asesinados en masa.

Solo a fines de abril de 1945 se autorizó la publicación en España de la existen-

cia de los campos de Buchenwald, Bergen-Belsen y Auschwitz (29).

Ni en el Wolchow ni en el área de Leningrado existían concentraciones muy

significativas de población hebrea: un máximo de 13.000 en 1940. La mayoría

de los judíos de la región huyeron antes de que arribasen los invasores. Y los

que se quedaron fueron rápidamente exterminados por los ocupantes a fines del

verano de 1941, antes de llegar los españoles. El Einsatzgruppe A procedió a una «limpieza» sistemática en localidades como Pskov/Pleskau, donde aún

había unos 500 judíos en agosto de 1941 que fueron aniquilados por tropas

germanas cinco meses después, y Staraja Russa, donde unos 2.000 hebreos

fueron encerrados en septiembre de 1941, y poco después fusilados (30). Desde

entonces, las probabilidades de que los divisionarios pudiesen tener encuentros

ocasionales con judíos cerca del frente fueron muy reducidas (31).

La DA estaba sujeta al código de justicia militar español. Pero las instruc-

ciones generales de la División, adoptando miméticamente las recibidas de los

alemanes, advertían desde octubre de 1941 que, dado que los judíos eran

los «principales sostenedores» del bolchevismo, debía cesar «toda colabora-

(26) Cf . en castellano núñez seixas (2007).

(27) Informe de la Dirección General de Seguridad, 28.4.1942, en FNFF (1992-94: 331-50).

(28) Bowen (2007).

(29) rother (2005: 125-29); ABC, 26.4.1945.

(30) KraUsnicK (1998: 154-55).

(31) hill (2005: 25-37).

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ción» y «empleo de judíos para servicios auxiliares», salvo en «columnas espe-

ciales de trabajadores […] bajo la inspección alemana» (32). Era una traducción

de órdenes genéricas alemanas, que no reflejaba la presencia de población he-

brea en la línea del frente. Pero los soldados españoles pudieron escuchar rela-

tos sobre las ejecuciones masivas de población hebrea de labios de lugareños

rusos o de soldados alemanes (33). Varios de los lugares ocupados o frecuenta-

dos por la DA desde agosto de 1942 habían sido escenario de matanzas de ju-

díos en septiembre de 1941, caso de Pushkin o Vyritza (34). Algunos divisio-

narios afirmaron después haber sabido del destino final de los judíos gracias a

sus conversaciones con oficiales germanos, y hasta haber contemplado colum-

nas de hebreos en el frente de Leningrado en fecha tan tardía como 1943, algo

poco probable (35). Sin duda, la inmensa mayoría de los voluntarios españoles

desconocía cuál era la solución final acordada en Wansee en enero de 1942: el exterminio sistemático de los judíos europeos.

Los voluntarios de la primera División que cruzaron la región de Grodno-

Byalistok entre mediados de agosto y mediados de septiembre de 1941 tuvieron

más oportunidades de contemplar cuál era la situación de los hebreos bajo el

dominio nazi. Esto ocurrió, empero, antes del comienzo de su fase más dura,

que incluyó primero la concentración en guetos, y después la deportación por

etapas a campos de exterminio. En Vilnius y Riga, así como en el territorio

alemán, también hubo encuentros con civiles judíos. Algunos testimonios de

posguerra recogieron el encuentro casual de los batallones de relevo, enviados

desde España en tren, con civiles hebreos que eran empleados en la limpieza de

estaciones y vías férreas en territorio ocupado (36).