Tratado Sobre Algunos Asuntos Del Cristianismo por Munoz R. Gustavo - muestra HTML

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

EL PREDICADOR Y LAS

SAGRADAS

ESCRITURAS

Este libro afirma ser la Palabra de Dios

Y el medio por el cual Dios se manifiesta a la humanidad.

La leeré de principio a fin con una intención sincera

De conocer a ese Dios

Y conocerme a mí mismo delante de Él.

Muñoz R. Gustavo

-Cochabamba 2012-

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

ÍNDICE

Prólogo………………………………………………………………3

Introducción………………………………………………………….4

Ausencia de la Palabra de

Dios…………………………………………….……………………6

La predicación del siglo

XXI………………………………………………………..….……...9

La actitud correcta ante

Escrituras……………………………………………………….…..12

El pastor y la

iglesia…………………………………………………………….....15

Desviaciones en lo tocante a la

predicación………………………………………………………….19

Los deberes primordiales del creyente

Y su confianza en la soberanía de

Dios……………………………………………………...…….……21

El alcoholismo y la vida cristiana…………………………………..31

La cuestión de si un individuo divorciado

en su vida pasada puede ser ordenado como pastor………………..33

El ministerio de los apóstoles en los

Hechos de los Apóstoles…...............................................................35

Pensamiento de

conclusión……………….……………………………..…………..37

Bibliografía……………………………………………………..…..39

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

PRÓLOGO

Tanto como en tiempos antiguos, hoy necesitamos la gracia de Dios

para llevar a cabo la tarea que El nos ha encargado.

No podemos, no debemos, no nos atrevamos a proseguir sin El; pues

de otra manera seremos como bestias mudas espantados por el

príncipe de este mundo. Seremos los ministros más míseros que

generaciones venideras lamentarán, y en vez de llevar gloria a Dios;

nosotros mismos como poco estimables sollozaremos como objeto de

su desagrado.

¿Qué nos hace pensar que la obra de Dios es nuestra y depende de

nuestra inteligencia, fuerza, dinero y existencia? ¡Oh hombre

arrogante! ¿Te crees suficiente para no depender de Dios? “Si yo

tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su

plenitud” –dice el Señor. (Sal.50:12).

Nuestro deber es revolcarnos como niños delante de Él; admitiendo

nuestro pecado, pereza y negligencia. Y exclamar a voz en cuello,

¡Señor, derrama tu gracia sobre tu pueblo!

“Necesito de tu gracia oh Dios.

No puedo vanamente tratar de encender fuego en leña mojada.

La gente pagana y pecadora de mi tiempo no merece menos de lo que

diste en tiempos pasados.

No iré a predicar si tu gracia no va conmigo…

No nos dejes sin lluvia, no nos dejes sin pan, no nos dejes míseros sin

nada que espigar.”

La maldición más grande que nuestro siglo puede sufrir, es la

ausencia de la Palabra de Dios (Am. 8:11-13) corazones fríos y

pulpitos secos.

No sé si vivimos en el alba de todo eso, o en la última jornada de

ella. Pero en ninguna manera permitamos que se ausente la

predicación genuina de las Escrituras. Con esto me refiero a la

exposición fiel de las Escrituras en el poder del Espíritu Santo, que

mueva los corazones hacia Dios.

Debemos inclinarnos delante de Él, gimiendo por su bendita gracia:

Dios, no nos dejes infructíferos en este siglo; perdona el pecado de

mi alma, el de mi familia, el de mi pueblo y el de mi país; sé

misericordioso y trae avivamiento!

Muñoz R. Gustavo, Junio 2012

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

INTRODUCCIÓN

En los momentos críticos de mi vida cristiana, cuando mi mente y mi

alma estaban turbadas a causa de mi debilidad frente a la tentación y

el pecado, me dirigí a la Biblia de la siguiente manera:

“¡Libro! No creo que tú seas el medio por el cual Dios se comunique

con el hombre; pero si tú eres Palabra de Dios, poderosa y eficaz;

quebrantarás mi corazón y cambiarás mi vida. Te probaré si tú me lo

permites, y solo de esa manera sabré si eres o no lo que tú afirmas

ser.”

Y hablando conmigo mismo dije: “Mi único propósito será entender

este Santo Libro, y conocer a través de ella al Dios que creó los

cielos y la tierra; con el fin de amarle, respetarle, alabarle y servirle

con todo mi corazón.

Si este Libro es La Palabra de Dios, entonces el Dios de este libro se

revelará a mí, y por encima de mis opiniones y sentimientos me

aferraré a Ella con todas mis fuerzas, por si quizá halle misericordia y

paz para mi alma cansada y afligida.

Desde mi infancia hasta mi juventud, no le pude encontrar a Dios en

mi intuición, ni en mis sueños, ni en mi imaginación, ni a través de la

filosofía. Mi última y única alternativa son estas Santas Escrituras, y

si Dios se revela infaliblemente a través de ella, como un Dios

Majestuoso, Perfecto, Poderoso, Amoroso, Misericordioso, Justo y

Santo; entonces me acercaré a ella con todo mi corazón.

Me expondré abiertamente a este Libro como a una espada filosa;

dejaré que venga hacia mí hasta que atraviese mis entrañas y

permanezca firme a pesar de la turbulencia que se levante en mi

mente; y sin hacer caso de todo un mundo creeré únicamente en este

Libro como La Santa Palabra de Dios.

Respetuosamente ignoraré todo cuanto dijeron los santos

predicadores de los siglos pasados; y si ellos hicieron proezas

confiando en este Santo Libro; no creeré lo que me digan hasta que

Dios mismo me dé testimonio del Libro que El ha inspirado; solo así

creeré en su genuinidad”.

Hoy estoy fuertemente convencido de que la Biblia es La Palabra de

Dios, y el medio directo, único y pleno por el cual Él se comunica

con el ser humano. No hay otro modo de conocer a Dios sino a

través de su Palabra.

En base a lo dicho es menester comprender que el ser humano ha

sido creado por Dios; por lo tanto es un ser totalmente dependiente

de Dios; no hay manera de que el hombre viva alejado de su Creador

y sea plenamente feliz.

Dios creó al hombre “a su imagen y semejanza” (Gn. 1.26, 27) con

un cuerpo, un alma y un espíritu.

El cuerpo (la parte externa, visible y palpable del hombre) está

compuesto de carne, hueso y sangre. Y es a través del cuerpo que el

ser humano puede relacionarse con el mundo exterior que le rodea y

tener contacto con ella.

El alma (la parte interna, invisible e impalpable del hombre) está

constituido (1) por la mente, y con esta el hombre puede razonar;

pues es la parte intelectual del ser humano. Adán, al principio recibió

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el trabajo de dar nombre a todos los animales: “Jehová Dios formó,

pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las

trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar, y todo lo que

llamó Adán a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán

nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del

campo…” (Gn. 2:19,20a). Eso supone que Adán utilizó su capacidad

intelectual para realizar la tarea mencionada. (2) por la voluntad,

con la cual el hombre tiene la facultad de decidir. Dios no creo al ser

humano para que procediera como un robot; sino un ser dotado de

una capacidad extraordinaria para hacer decisiones propias; muestra

de esto es la propia decisión que Adán tomo al pecar y rebelarse

contra Dios. (3) por las emociones, con que el hombre tiene la

facultad de amar. Cuando Dios creó a Eva y se la presentó a Adán,

éste dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne;

ésta será llamada varona, porque del varón fue tomada”. (Gn. 2:23).

Se dice que para crear a la mujer, Dios no tomó los huesos de los

talones de Adán, para que no fuese pisoteada; no tomo los huesos de

la cabeza, para que no se enseñorearse del hombre; sino de “una de

sus costillas” (Gn. 2:21) para ser amada y protegida.

El ser humano también está compuesto por el espíritu (la parte más

íntima, invisible e impalpable del hombre), éste a la vez está

constituido de tres elementos que son conciencia, intuición y

comunión.

Los israelitas tenían un tabernáculo donde pudiesen ofrecer

sacrificios a Dios por razón de sus transgresiones, este tabernáculo

estaba dividido en tres partes: (1) el atrio, la parte de afuera (Ex.

40:8); (2) el lugar santo, la parte de adentro (Ex. 26:33; He.9:2-6); y

(3) el lugar santísimo, la parte más interna (Ex. 26: 34; He. 9: 3,7). El

lugar santísimo era el lugar donde moraba Dios.

A semejanza de eso el espíritu del hombre a un principio era la

morada de Dios, el hombre podía estar en plena comunión con su

Creador, y gozar de una paz y una felicidad plena; sin embargo Adán

y Eva desobedecieron a Dios lo cual en las expresiones de apóstol

San Juan es “pecado”, “el pecado es infracción de la ley”…”toda

injusticia es pecado” (1Jn.3:4b; 5:17a) Adán y Eva fueron

desobedientes al mandato divino de Dios, cayendo en pecado y

rebelión contra ÉL. Dios, un Ser Justo, Santo y Perfecto no podía

seguir habitando en un corazón donde hubiese pecado. El pecado

hizo una división grande entre Dios y el hombre; y como

consecuencia de eso, todo ser humano vive alejado de Dios. Pablo

tiene que decir: “por la transgresión de uno –es decir de Adán- vino

la condenación a todos los hombres” y “por la desobediencia de un

hombre los muchos fueron constituidos pecadores” (Ro. 5:18a, 19a)

y “por cuanto todos pecaron (también todos) están destituidos de la

gloria de Dios” (Ro. 3:23). El ser humano, creado totalmente

dependiente de Dios, ahora vive lejos de Él entregado a una vida sin

sentido, una vida infeliz; y nada ni nadie puede llenar plenamente ese

vacío que solamente le pertenece a Dios. Ese lugar fue hecho por

Dios para que fuese el lugar donde Él mismo morase. Mucha gente

quiere llenar ese vacío con las cosas que este mundo ofrece; pero

tanto más alejado de Dios vive, más ignorante es de Dios, entregado

al pecado va en camino hacia la ruina eterna.

Hoy se le concede al ser humano, buscar y conocer a Dios, para

establecer una relación y una comunión intima con Él. Y si Dios se

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

manifiesta claramente y plenamente a través de las Escrituras,

entonces debemos ser estudiosos de este Santo Libro, sin dar

importancia a las barbaridades que se dicen en este siglo.

AUSENCIA DE LA PALABRA DE DIOS

Quiero invitarles a meditar en el libro de Amós (Am.8:11,12) donde

el profeta profiere palabras de aflicción para el alma humana.

“he aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré

hambre en la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la

palabra de Jehová. E irán errantes de mar en mar, desde el norte hasta

el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.”

La existencia del ser humano se debe a Dios mismo; fuimos creados

por EL “a imagen y semejanza suya” –como ya se dijo- totalmente

dependientes del Todo Poderoso.

La desgracia más grande se debe a la separación por causa del

pecado; sin embargo Dios en su misericordia hizo manifiesto su

Palabra a fin de que la humanidad conozca y regrese a su Creador.

Literalmente sin la Biblia, seríamos ignorantes en cuanto a las cosas

más pequeñas de Dios y viviríamos cual animales errantes, apresados

y muertos por nuestros propios pecados.

Amós, oriundo de Tecoa fue tomado por Dios cuando apacentaba

ovejas. ÉL mismo dice: “Jehová me tomo de detrás del ganado, y me

dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel.” (Am.7:15) era profeta

levantado y encomendado por Dios.

Fue llamado a profetizar “en días de Uzías rey de Judá y en días de

Jeroboam rey de Israel” (1:1) Ambos fueron reyes prósperos,

hicieron grandes obras en sus respectivos reinos; no obstante, en lo

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espiritual, los dos reinos atravesaron un tiempo de corrupción

desenfrenada (2R. 15:1-7; 2Cr.26; 2R.14:23-39)

En forma particular el profeta es enviado a profetizar en Israel y su

mensaje es juicio divino: “Os haré, pues, transportar mas allá de

Damasco…” (5:27); “irán a la cabeza de los que van en cautividad

(…) he aquí o casa de Israel, dice Jehová Dios de los ejércitos,

levantaré yo sobre vosotros una nación que os oprimirá…” (6:7,14)

Y así fue como sucedió cuando los asirios llevaron en cautiverio a los

israelitas, casi aproximadamente en el año 722 a.C. “sus fiestas

fueron cambiados por lloro, sus cantos se tornaron en lamentaciones;

se raparon la cabeza y vistieron cilicio” (8:10)

Cuando el profeta dice “He aquí vienen días” nos lleva de retorno al

versículo 9, donde Dios dice: “en aquel día” refiriéndose al tiempo en

que los israelitas experimentarían los castigos justos de Dios en una

tierra extraña. Ahí sufrirían por su rebelión contra Dios; no tendrían

libertad de seguir sus costumbres religiosas; extrañarían su tierra

bendita. Ahí mismo desearían oír las “Palabras de Dios”, se refiere al

pentateuco o los cinco primeros libros de Moisés. No tendrían acceso

a ella. ¿No es eso doloroso? Dios mismo enviaría a la tierra hambre,

hambre de oír la ley divina. Correrían de un lugar a otro buscando la

Palabra de Dios, pero no lo hallarían.

Ahora en lo referente a nuestros días, creo que la tierra está sufriendo

hambre espiritual; y mientras la mayoría de los púlpitos cristianos

abundan en charlas y vanas palabrerías, la gente está agonizando por

la hambruna espiritual. Almas cristianas deambulan cual ovejas

raquíticas en busca de un buen alimento.

La naturaleza de esta hambruna no es algo común, ordinario o

material, sino espiritual. La necesidad espiritual se ha acrecentado,

los pastores están dormidos, han sido abofeteados por el príncipe de

este mundo, yacen como muertos indiferentes a las necesidades de

las almas. Otros han sido entontecidos por las filosofías humanas,

divagan en sus pensamientos y no saben que lo primordial es la

proclamación de las Escrituras. Y la mayoría está dada a la ociosidad,

se distraen en las cosas terrenales; son títeres de las cosas de este

mundo. Adormecen sus párpados y en sus pulpitos dicen lo que se

les viene a la mente. Son torpes en su hablar no contribuyen en la

edificación de los creyentes; aman el respeto y las salutaciones en

lugares públicos; sin embargo ellos mismos son deshonra para Dios.

No obedecen el mandato bíblico de predicar la Palabra, son

desobedientes a Dios. Piensan que cualquier charla sencilla hará bien

a los oyentes, no profundizan doctrinas básicas de la Biblia;

remueven sus archivos y escogen un sermón que en antaño habían

predicado. Hermanos es tiempo de estudiar, sigamos el santo ejemplo

de los predicadores de tiempos pasados, no seamos maldición para el

cuerpo de Cristo. La necesidad exige que despertemos del letargo

espiritual.

Jesucristo dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda

palabra que sale de la boca de Dios” (Mt.4:4) así como el alimento

material fortalece y da vida al cuerpo humano, la palabra de Dios

alimenta y da vida al espíritu del hombre.

¿Quieres una iglesia saludable y ejemplar? La respuesta es la Santa

Escritura. Tú eres pastor, y estas en la obligación de llevar el rebaño

de Dios a pastos verdes y ríos de agua cristalina. El Señor Jesucristo

Muñoz R. Gustavo

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te ha puesto como pastor de sus ovejas, no son tuyos “es la grey de

Dios” (1P.5:2) todo tu sacrificio, tu esfuerzo, talento y obra, deben

concentrarse en cuidar y alimentar el rebaño del Señor; pues algún

día darás cuenta al Señor de tu mayordomía (He.13:17) y si lo hiciste

bien “recibirás corona incorruptible de parte del Príncipe de los

pastores” (1P.5:4)

Pensemos también en la intensidad de esta hambre. El profeta dice

que los cautivos “irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el

oriente discurrirán buscando Palabra de Jehová, y no la hallarán”

¿pensáis en la desesperación con la cual buscarían las Palabras de

Dios? Hay un aspecto positivo y un aspecto negativo en esta

búsqueda. Primero, el ansia con que el ser humano debe buscar las

Palabras del Creador es algo muy bueno; y segundo, que su búsqueda

resulte en vano, es muy triste.

¿Nunca te has preguntado cuan ansiosamente vienen los creyentes a

escuchar la exposición de las Sagradas Escrituras? Pero cuando se

encuentran con que el púlpito carece de pan espiritual, empalidecen y

son presas fáciles del león rugiente (1P.5:8) son creyentes débiles

arrastrados por toda falsedad, y en la práctica son pésimos.

De manera sincera creo que si continuamente, la predicación de un

pastor no alimenta a los creyentes; ese pastor no ha sido llamado por

Dios. Hombre necio si no fuiste llamado por Dios ¿Por qué sigues

ahí? ¿No te has puesto a pensar en el castigo que recibirás del Señor?

Estas distorsionando la obra de Dios, debes arrepentirte, y pedir al

Señor que El tenga misericordia de ti.

Finalmente pensemos en el origen de esta hambre. ¿Quién lo produce

y por qué lo produce? Dios a través del profeta dice: “enviare hambre

a la tierra”. Dios mismo dice: “yo enviare”, sin duda es parte del

juicio divino como consecuencia del pecado. Cuando esto es así, no

podemos hacer nada en absoluto, sino arrojarnos en tierra cara abajo,

suplicando y llorando delante de Él que se compadezca de nosotros.

No podemos discutir, no debemos cuestionar sino solamente admitir

nuestro pecado y pedir su perdón. Estos a quienes se dirige el profeta

Amós, son israelitas que continuamente rechazaron escuchar las

advertencias de Dios.

Creo que la maldición más grande que generación alguna pueda

experimentar es la ausencia de la predicación genuina. Cuando esto

sucede, el pecado aumenta; y como nunca antes, nuestros días están

plagados de homosexuales, adúlteros, fornicarios, violadores,

homicidas, etcétera. Regresemos al Dios de las Escrituras,

humillémonos delante de su majestad, roguemos que traiga tiempos

de avivamiento y como consecuencia de ello, hombres valientes se

levanten en nombre del Señor Jesucristo con toda autoridad.

¿Se dan cuenta que las Palabras de Dios son divinas? Uno puede

aventurarse a buscarlas en los rincones de la tierra o sobre los mares

de mar en mar y aun así no hallarlas. Son del cielo, proceden de ahí;

no tienen origen en los corazones de los hombres, sino en la mente y

el corazón del mismísimo Dios.

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

LA PREDICACION DEL SIGLO XXI

En base a lo dicho, es una lástima lo que en Bolivia pasa con la tarea

de la proclamación de la Palabra de Dios. Muchos se suben al púlpito

a contar cuentos, experiencias suyas, anécdotas, y uno que otro de

forma aislada citan versículos para afirman que lo que enseñan es

bíblico. Sinceramente es repugnante, es ridículo y no tiene nada que

ver con el mandato bíblico de “predica la Palabra.” Es imposible

esperar una iglesia bíblica, cuando la predicación está divorciada de

la Escritura misma.

Últimamente los predicadores dedican un poco de tiempo para el

estudio; están afanados por las cosas materiales. ¡Hermanos es hora

de despertar! Las almas están sedientas, sufren hambre. Dios te ha

puesto para suplir la necesidad espiritual de la iglesia, y no será sino

como dijo Cristo: con “toda palabra que sale de la boca de Dios”

(Mt.4:4) Tu deber principal es, cuidar del rebaño del Señor. Y no lo

harás con filosofías humanas, o enseñanzas de superación personal, o

lo que es común, psicología cristiana. Dios se ha revelado en toda su

plenitud a través de las Escrituras; de modo que el pecador debe ser

llevado a ese Dios; el afligido; el necesitado; el rebelde. Todos deben

ser llevados a presenciar al Dios de las Escrituras y ser confrontados,

salvados y consolados por ese Dios.

Hoy como nunca, el celo por la predicación ha desaparecido; los

pastores no sienten, no consideran que el compromiso con la

proclamación fidedigna de su Palabra es el compromiso con el

mismo Dios, Santo, Perfecto, Poderoso, Justo y Misericordioso.

El apóstol San pablo subraya tres elementos indispensables que toda

predicación debe lograr “...Edificación, exhortación y consolación.”

(1Cor.14:36) El objetivo del predicador es estudiar la Biblia, extraer

principios y desde el púlpito “edificar” a los santos. Lo contrario a

esto es destruir, fomentar el pecado y en vez de consolar, llevar al

desánimo.

Cristo mismo “constituyó” líderes espirituales “a fin de perfeccionar

a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo

de Cristo” (Ef.4:11,12)

La Biblia edifica, exhorta y consuela; lo contrario a ello es satánico y

mundano. Entonces si no haces lo uno, haces lo otro y no se puede

decir de ti que eres predicador de las buenas nuevas, sino emisario

del diablo con disfraz de un santo ministro.

No te pares en el púlpito para decir disparates; pues el púlpito es el

trono de las Sagradas Escrituras y tú negligente hombre terrenal

coronas tus palabras cual si fueran divinas. Serás juzgado por ello.

No hables; ruega a Dios que te haga mudo; tus palabras no son fuego

para la leña preparada; sino torrente de aguas venenosas que enfrían

y desaniman el corazón del creyente.

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

El púlpito es el lugar sagrado de donde no deben fluir palabras de

hombre, sino de Dios, en toda su autoridad y pureza.

La iglesia del siglo XXI da muestras de frialdad, y en cierto modo

indiferente a la necesidad de llevar el evangelio a los perdidos. Los

miembros mismos carecen de compromiso genuino con la iglesia

local.

Los púlpitos se han convertido en fuentes de donde brotan sermones

de prosperidad o muchas cosas similares que difieren de la iglesia

primitiva. La prioridad que el apóstol San Pedro enfatizo “la oración

y el ministerio de la Palabra” (Hch.6:4) ha desaparecido del mundo

evangélico.

Insisto, deberíamos lamentarnos por los tiempos malignos que nos ha

tocado vivir. Creo que muchos de los miembros ni siquiera son

salvos, ya que en las iglesias hay divisiones, chismes, vanaglorias y

toda clase de pecados que pisotean la santidad que las Escrituras

exigen.

Las filosofías mundanas, el modernismo y el aumento de hombres

que tratan la Biblia con ligereza se han multiplicado. Vivimos quizá

lo descrito por el apóstol San Pablo “que en los últimos días vendrán

tiempos peligrosos” y esto por la existencia de “hombres egoístas,

avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos (…) amadores de los

deleites más que de Dios” y lo peor de todo es que éstos “tendrán

apariencia de piedad” (2Ti.3:1-5) se disfrazan con ropajes de

religión, pretenden abrazar la fe; aparentemente están involucrados

en los ministerios de la iglesia, cantan, oran, hasta son calificados

como buenos dadivosos. Son emisarios de Satanás; brincan de aquí

para allá, en sus bocas hay mentira y falsedad; profesan amar a Dios

pero aborrecen a su prójimo “réprobos en cuanto a toda buena obra”

Muñoz R. Gustavo

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(Tit.1:16) y todo esto es por falta de una búsqueda sincera de Dios.

Los ministros están conformes por complacer a los oyentes que

exigen palabras compatibles con su modo de vivir pecaminoso.

El encargo magno que Pablo dio a Timoteo es: “Te encarezco delante

de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los

muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra;

que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta

con toda paciencia y doctrina.” El mandato descansa sobre la razón:

de que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que

teniendo comezón de oír se amontonarán maestros conforme a sus

propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se

volverán a las fábulas.” (2Ti.4:1-4) ¿No es esto una realidad en

muchas de las iglesias hoy? Lo que la gente busca es que se le diga

solo lo que quiere oír, que no se le acuse de pecador, que no se le

llame al arrepentimiento, que se le acepte tal y cual es y que se le

diga cosas buenas. ¡Oh hombre! la verdad no debe ser ofuscada por

las tinieblas; debemos predicar el pecado, arrepentimiento, santidad,

infierno y el juicio, sin importar cuantos abandonen la iglesia; pues

muestra será ello de que no todos son verdaderos creyentes.

La música no es prioritaria en la iglesia, sin embargo diferentes

grupos religiosos abundan en ello dejando de lado la predicación.

Bajo la rúbrica de “ministros de alabanza” se infiltran individuos

carnales que buscan su propio placer mundano antes que glorificar a

Dios; ellos mismos no son fieles a la iglesia, profanan el día dedicado

a Dios por preferir su comercio, negocio o cosas semejantes. Salid,

dejad a otros que canten a Dios sencilla y santamente. La iglesia no

depende de los ruidos intolerables que hacéis o de los grandes

equipos instrumentales. Por supuesto que hay música compuesta por

hombres dedicados a Dios; con un contenido bíblico, lo cual es digno

de nuestra aprobación. Es para gloria de Dios, para la edificación de

los creyentes y para la salvación de los pecadores.

Pero me indigna escuchar cantar a personas que ni siquiera llevan sus

Biblias cuando van a la iglesia. Es mas no lo leen, no conocen, no

entienden; sin embargo quieren ser tildados como “ministros de

Dios”

Las actividades como proyectar un video, festejar la navidad, el día

de la madre, el día del niño o celebrar banquetes de amistad, son

secundarias en el plan ministerial de la iglesia. Lo primordial es la

proclamación de la Palabra de Dios para salvación de las almas

perdidas.

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

LA ACTITUD CORRECTA ANTE LAS ESCRITURAS

Hablando en su totalidad, San Pablo se refiere a las escrituras como:

“Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para

redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el

hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena

obra” (2Ti.3:16,17)

Desde Génesis hasta Apocalipsis; los 66 libros, Antiguo y Nuevo

Testamento, los 1.189 capítulos y los 31.173 versículos, son

inspiración, soplo o aliento de Dios. Su autor es Dios, su origen es

divino. “porque nunca la profecía fue traído por voluntad humana –

dice el apóstol Pedro,- sino que los santos hombres de Dios hablaron

siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2P.1:21)

Nunca debemos acercarnos a la Biblia como si éste fuese un libro

cualquiera. Su autor es Dios mismo, y suple toda necesidad

espiritual. Dicho de otro modo, las Escrituras son suficientes y más

que suficientes para equipar y capacitar a los creyentes a fin de que

estos realicen “toda buena obra.” El trabajo de todo predicador es

conocer y entender este Santo Libro para luego exponer en el poder y

bajo la dependencia del Espíritu Santo.

Ministros, no es tiempo, no es momento de invitar humanistas,

psicólogos o expertos en temas de superación personal para que se

paren en los púlpitos. Eso es basura, es hojarasca; permanece por

unos segundos pero luego se lo lleva el viento.

El hombre ha sido creado por Dios para depender de Dios. Solo Él

puede suplir la necesidad interna y profunda del ser humano, y esto a

través de su Palabra.

Empleamos la exposición de las Escrituras para llevar pecadores a

los pies de Jesucristo. El pecado no es un problema externo, no

necesitamos conferencias de psicología para la familia o para la

iglesia. Necesitamos Palabra de Dios “viva y eficaz, mas cortante que

toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu,

las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las

intenciones del corazón.” (He.4:12)

Por eso la predicación es una tarea sublime, debe realizarse con sumo

cuidado. No es leer un texto y señorear sobre él para hacer decir lo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

que no dice. ¡Cuantos se suben al púlpito, abren la Biblia, citan un

texto y no hacen sino manipuleo! Recuerdo en particular a un pastor

de buena intensión, que hablando de Judas 3 “que contendáis

ardientemente por la fe.” Decía que las cosas casi imposibles desde la

perspectiva humana, lo lograremos batallando con fe (confianza).

Cosas como estas indignan. Porque Judas no está hablando de la fe

como confianza; sino de la fe como la enseñanza de los apóstoles. Y

hace un llamado a contrarrestar las falsas enseñanzas que son

contrarias al cuerpo doctrinal que nos legaron los apóstoles.

En Isaías leemos Palabras de Dios: “Todo esto lo hizo mi mano,”

refiriéndose a los cielos y la tierra “y así todas estas cosas llegaron a

ser –declara el Señor. Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito

de espíritu, y que tiembla ante mi Palabra.” (Is.66:2 BBLA)

Los predicadores serios de los siglos pasados, eran en gran manera,

hombres que se acercaban a la Biblia con temor reverente. Charles

Haddon Spurgeon, escribió: “cada vez que tengo que predicar me

siento terriblemente enfermo, literalmente enfermo, y me siento

como si estuviera cruzando el canal de la mancha.” (Del libro, Otro

peregrino escrito por Allan Román). Puedo pensar en Spurgeon

cuando sube por los peldaños a la hora de predicar, sus rodillas le

tiemblan a tal punto de chocar la una con la otra; y esto no porque

tuviera miedo a la audiencia, sino por decir algo que Dios nunca dijo;

pues se trata de un asunto serio, y entra en juego la misma

predicación del evangelio y la misma salvación de las almas.

En el prefacio a su libro Apuntes de Sermones leemos lo que dice

Spurgeon a los ministros: “Evita correr de una fiesta social a otra

soplando trompetas de papel como si fueras un niño. La preparación

para el púlpito es tu primer deber.”

Martin Lutero el líder originador de la reforma se cuidaba de

entender la Escritura sencilla y llanamente. Estudiaba los textos

originales y las traducía con sumo cuidado. Por sobre todo era

humilde delante de Dios y llevó en marcha la muy conocida reforma,

confiando en Dios y exponiendo las Escrituras en su forma literal.

“Yo no quiero –decía- que recurran a las armas ni a la matanza para

defender el evangelio. Por la palabra fue vencido el mundo; por la

Palabra se ha salvado la iglesia, y por la Palabra deberá ser

reformada…” (Extracto del libro Martin Lutero su vida y su obra,

escrito por Federico Fliedner)

Juan Crisóstomo, Juan Calvino, Jhon Knox y todos los grandes

predicadores, tenían un concepto sublime de las Escrituras; lo

demostraron por su dedicación al estudio arduo y la proclamación

fidedigna bajo el poder del Espíritu Santo. Realmente glorificaron a

Dios, llevaron a sus contemporáneos a la presencia misma del Dios

Santo, Justo, Poderoso y Misericordioso.

Sus sermones eran expositivos, profundos y teológicos. Juan Calvino

se pasó un año entero exponiendo el libro de Job y tres años en

Isaías. Los mismos canticos espirituales se remontan al periodo de la

reforma, surgieron como consecuencia de un entendimiento profundo

y claro de las Escrituras.

Pero los cánticos de nuestros tiempos, no son sino superficiales,

basados en experiencias sentimentales o emocionales, no tienen base

bíblica, y no son realmente para la gloria de Dios.

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

La forma de que nuestras iglesias sean bendecidas es –insisto-

regresando a la Biblia con humildad y temor reverente. Decir a Dios

que solo El es Soberano, y nosotros somos sus siervos sumisos.

Dios no bendecirá el ministerio del arrogante que descuida el estudio

y la oración por creerse autosuficiente.

Creo que el aumento de libros teológicos aparte de hacer un gran bien

al mundo evangélico, ha llevado a la pereza a los ministros

negligentes. Sermones publicados y bosquejos bien desarrollados son

tomados por los predicadores quienes lo copian y predican fría y

monótonamente. No ven la necesidad de estudiar, no hay fuego que

quema sus entrañas y les obligue a estudiar; están afanados en cosas

secundarias; y a la hora de predicar permiten salir de sus labios puras

disparates. Por eso la iglesia está en la condición que esta, no hay

conversión de almas y las congregaciones permanecen con veinte o

treinta miembros del antaño.

Otra vez, ¿Por qué no nos lamentamos por la condición en que

vivimos? En vez de darnos palmaditas y sonreírnos; en vez de

organizar partidos de futbol o cosas así, deberíamos someternos a un

ayuno estricto y llorar delante de Dios. No seamos mediocres y

conformistas, busquemos la gloria de Dios, la edificación de los

santos y la salvación de los pecadores como consecuencia de ello.

Roguemos a Dios por avivamiento y por hombres celosos,

comprometidos con la oración y el estudio exhaustivo de las

Sagradas Escrituras. No necesitamos distracciones, sino regresar a la

exposición de la Palabra de Dios.

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

EL PASTOR Y LA IGLESIA

En cuanto a los pastores como líderes espirituales de la iglesia, hay

ciertos hechos que deben ser ponderados por la congregación.

Por sobre todo, la gloria de Dios, la edificación de los santos y la

salvación de los pecadores, deben ser prioritarios en la vida del pastor

y todos los creyentes.

Y antes de proseguir, vale aclarar que la iglesia local es la

conformación de todos aquellos que han nacido de nuevo y han

cumplido con las ordenanzas primarias que confieren al Camino

Cristiano. Seguidamente hemos de observar que este grupo de

personas “Eklesia”, los llamados afuera, o la asamblea de creyentes,

han sido –desde principio, y antes que existiesen- encomendados a

llevar el evangelio a todas las naciones (Mt. 28:18), y que durante su

peregrinación sobre la tierra, diesen testimonio de buenas obras con

el fin de que los incrédulos lleven gloria a Dios (Mt. 5:16).

La pregunta es, cómo se fue haciendo ello y como se hace aun?.

Antes de responder, hemos de ponderar en el hecho serio de que la

iglesia es totalmente posesión de Cristo; El dijo: “…edificare mi

iglesia” (Mt.16:18). Puesto que los que conforman el Cuerpo de

Cristo son los redimidos por la misma sangre derramada en la cruz,

tienen que pertenecerle a Él.

Por sobre todo señorío; Cristo se encuentra en el lugar preeminente

como Dueño de su iglesia; y para llevar a cabo sus planes en la

congregación de los santos y a través de ellos en el mundo entero, se

vale de instrumentos cualificados y capacitados por El mismo. (1) “Y

El mismo constituyo a unos apóstoles, profetas, evangelistas y

pastores maestros” (Ef.4:11). El último de esta lista será el asunto a

considerar. Nótese que nadie sino aquel a quien Cristo llamase para

liderar en la iglesia, se pondrá al frente del rebaño; y como si Pablo

dijese a los obispos en Éfeso: “Mirad…por todo el rebaño en que el

Espíritu Santo os ha puesto por obispos para apacentar la iglesia del

Señor, la cual El ganó con su propia sangre” (Hch.20:28) así que, la

noción de que el llamado y el establecimiento es obra total que

solamente le pertenece a Dios, está claramente definida en las

Escrituras. (a) el que muchos empleasen votos para elegir pastor, y

aunque el individuo fuese dotado de buena personalidad y de fácil

hablar, y si solamente carece del llamamiento divino, fracasará

completamente en el ministerio. (b) por otro lado aquel que Dios

llamare, vivirá infeliz hasta que sea obediente a la encomienda

divina. Y el hombre dócil, procederá con confianza y autoridad como

embajador de Cristo. L. Berkhof dice al respecto: “Los oficiales de la

iglesia son representantes del pueblo, elegidos por el voto popular.

Sin embargo, esto no quiere decir que reciben su autoridad del

pueblo, porque el llamamiento de este no es sino confirmación del

llamamiento interno del Señor mismo; y de El reciben su autoridad y

a Él son responsables” (Teología Sistemática pg. 698). Se puede

decir que los pastores representan a Dios ante la iglesia, y representan

a la iglesia ante Dios. Han sido llamados, equipados y establecidos

por Dios como autoridades espirituales dentro de la iglesia, que es el

cuerpo de Cristo.

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

No fueron ellos los que se designaron ministros, ni es la

congregación que a sumo de votos le pusieron al frente. Están ahí

como embajadores de Dios por designio y ministerio del Espíritu

Santo. Su autoridad viene de Dios, está fundamentada en las

Escrituras y no debe ser cuestionada. Los miembros están en el deber

de estarle sumisos, por la misma razón de que rebelarse a ellos es

rebelarse al mismo Dios quien los han establecido.

De cualquier decisión tomada por ellos en relación a la iglesia; con

consecuencias grandes o pequeñas, buenas o malas, Cristo es quien

pedirá cuentas en el tiempo futuro, y no los miembros de la iglesia en

este tiempo. El deber supremo de la iglesia es orar por su pastor y

colaborarle en la tarea de evangelizar a los incrédulos. (2) La

finalidad de su existencia es “perfeccionar a los santos” (Ef.4:12)

esto implica (a) crecimiento hacia la semejanza de Cristo, (b)

madurez al grado que cada creyente sea útil en la edificación de los

demás, empleando adecuadamente la habilidad que Dios le ha dado,

(c) salud en cuanto a la doctrina, para que los creyentes no sean

engañados por las astucias del diablo. No hay duda de que el trabajo

a que han sido llamados los pastores, requiere diligencia, esfuerzo,

concentración; no es una mera empresa, no es una tienda de

negocios, no es un mercader o cualquier otro oficio; sino la iglesia de

Cristo la cual El compro con su sangre, por eso requiere lo mejor de

lo mejor. “El deber de los obispos –dice Emery H. Bancroft- es

ministrar en las cosas espirituales, alimentando la grey de Dios”.

(Fundamentos de la Teología Bíblica, pg. 373).

La razón porque el cristianismo de este tiempo haya decaído se debe

–al parecer- a la falta de líderes comprometidos con Dios. Esto por su

puesto lleva a la falta de su compromiso con lo que es su deber

primordial; creo que no tienen un serio compromiso con La Palabra

de Dios, y en vez de enseñar Las Escrituras en el poder del Espíritu

Santo, prefieren recurrir a vanas palabrerías; cuando sencillamente

deberían presentar las verdades divinas de Dios, llenan los pulpitos

de “huecas sutilezas”, invitan a los humanistas, psicólogos y

estudiosos del ser humano para impartir charlas necias que no

edifican sino distorsionan la fe cristiana, y como consecuencia, la

iglesia en su mayoría sufre un decaimiento.

En muchos casos, los pulpitos están ocupados por gente que Dios no

ha convocado; ellos no han sido llamados por Dios. Parece que el

titulo “pastor” ha sido codiciado por muchos; y las iglesias antes de

pedir el respaldo divino de su llamado, piden un cartón que certifique

cuatro o más años de estudio. Es lógico que si no han sido llamados

por Dios, no han sido capacitados para la tarea; y no harán sino llevar

a la iglesia a una frialdad, empleando métodos humanos para la

salvación de los pecadores y la edificación de los creyentes; eso en

un sentido es insultar a Dios.

La generación cristiana de hoy debe regresar en oración, rogando a

Dios por líderes que El mismo establezca al frente de la iglesia;

hombres que gobiernen basados en la Biblia, y procedan con el

mismo celo apostólico, de otra manera, habrá fe en la tierra cuando

Cristo regrese?

Por eso es menester que los que han sido escogidos para obrar en la

viña del Señor, también sean equipados de la mejor manera. Lo que

Dios requiere en su obra es de lo mejor que pueda haber en este

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

mundo; no os presentareis con cabezas huecas, ni haréis nada si

tenéis el corazón frio por las corrientes de este mundo. Se requiere de

los ministros que sean nobles, que se superen en intelecto al grado

más alto posible; que su carácter sea sublime. Si camináis como

haraposos tratando de ayudar a los ciegos, cojos, pobres y los más

viles pecadores, cuando ni vosotros mismos habéis hallado descanso

en los brazos del Salvador, sois los más miserables como ministros.

Servís de escarnio y burla de Satanás e insultáis al Rey de Gloria

representándole de esa manera. No vayáis a Dios, ni os presentéis

para su obra si no tenéis un corazón ardiente por ella, no vayáis con

la intención de que os tome para su servicio si lo veis como un

negocio o empresa cualquiera. Debéis estar preparados al grado

posible, tanto que si faltare gobernante en vuestros países, tengan que

venir a vosotros. Pero alguien por ahí dice que esto sale a orgullo;

hombre ven –le diría yo- comprueba que si Dios el Rey Sempiterno

no merece lo mejor. Vosotros veis que las empresas seculares

contratan a lo mejor de entre los hombres. Y que vosotros deis a Dios

de la migaja de vuestro esfuerzo es una vergüenza, es una lástima que

os conforméis teniendo un corazón mediocre; es una impiedad que no

hagáis nada por cambiaros vosotros mismos, es una ceguera del

diablo que no os permite ir en busca de un corazón más noble,

henchido de valores espirituales. Os habéis hecho inútiles para Dios,

sois inservibles para vuestra sociedad. Ved que los líderes políticos

aunque con astucia, llegan a ocupar lugares prominentes, sin

embargo hacen algún bien al país; pero ustedes como líderes

espirituales, no alimentan ni un alma, no socorren al que va en

camino al infierno, no consuelan ni a una mosca. Debéis poneros a

cortar leña o hacer cualquier cosa, no servís para este oficio, sois

bastante mediocres como para sentaros en lugares de privilegio como

este. Quitaos la chaqueta y la corbata, no abracéis la Biblia como si

fuese su amable libro, no os atreváis subiros al pulpito, sois deshonra

para ella; habéis coronado vuestras palabras antes que Las Sagradas

Escrituras; habéis invitado y estado en paz con los demonios

mientras ellos yacían en vuestras bancas. Si no tenéis un corazón

juicioso, y si no tenéis un corazón bueno para Dios, quizá fuisteis

llevados por la codicia al ministerio, pero salid ya, idos a sentar en

los bosques, meditad en el silencio, rogad a Dios que os perdone por

vuestra torpeza y negligencia.

Por otro lado, se debe ponderar que éstos los pastores son seres

humanos. Tienen sentimientos y debilidades, son personas de carne y

hueso. Cuando surgen preguntas tales como ¿Por qué Dios no ha

enviado ángeles del cielo para que prediquen? O ¿Por qué no ha

establecido arcángeles, para que lleven en marcha el ministerio de la

predicación? Pues en cierto modo, tal vez su tarea hubiera sido más

perfecta, más creíble y más efectiva. ¿Por qué no lo hizo?

Es menester que los obreros de Dios sean humanos. Aunque Dios en

su poderío incomprensible se serviría de ángeles u otros instrumentos

que proclamen su Palabra, y estos serian eficaces si así lo dispusiera

El Todopoderoso. Pero el mensaje de Dios es a los humanos, es

entregado a ellos como una revelación plenaria y suficiente para la

salvación de los pecadores y la edificación del Cuerpo de Cristo. Un

ángel no comprende los asuntos terrenales, no comprende fácilmente

las lágrimas de aquella pobre madre que ha perdido a su niño; no

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

sabe lo que cuesta estar en un país extranjero, lejos de su patria,

distanciado de su familia. No conoce lo que es el dolor del alma

sufriente; no está sujeto a enfermedades; no sabe lo que significa ser

un gran pecador, nunca estuvo hundido en la drogadicción, ni nunca

se vio limitado por las circunstancias. No sabe en absoluto lo que es

estar descalzo o carente de abrigo o un descanso reparador, pues es

un ángel.

Los ángeles son sublimes, que cumplen sus labores a perfección. Y

aunque el asombro ha penetrado sus corazones; no obstante, nunca

experimentaron lo que es haber sido redimidos por la obra expiatoria

de Cristo. Contarían la bella historia del redentor y el arrepentimiento

de los pecadores, y quizá conmoverían a más de un medio mundo;

sin embargo a ellos no se les confirió proclamar la buenas nuevas de

salvación.

Los pobres pecadores que han sido rescatados de su miserable

condición, aquellos que surgen en el mundo cual corrientes hombres,

con debilidades y penurias que han rasgado sus almas; ellos mismos

que se han aferrado a la cruz de Cristo declarando con celo ardiente

que Cristo es su redentor eterno; estos que comprenden los dolores

humanos, están en la perfecta condición de proclamar el evangelio

eterno, como seres moribundos a seres moribundos.

Tanto como los pastores del rebaño y el rebaño mismo, han sido

redimidos por la sangre de Cristo. Por eso es menester que el

predicador sea humano, para que predique a sus hermanos. Cristo

mismo no murió por los ángeles, sino por los pobres pecadores,

siendo Dios se hizo hombre para traer las buenas nuevas a toda

criatura. Vivió como un hombre común para comprender la situación

terrestre.

Por tanto no miréis a vuestros pastores como si fuesen extraterrestres,

ni esperéis que sean perfectos en todos los detalles de la vida. No os

alarméis cuando se equivocan, o se cansan o se debilitan; pues eso es

humano y ellos son tan humanos como vosotros.

DESVIACIONES EN LO TOCANTE A LA PREDICACIÓN

1. Tocante a las mujeres predicadoras que abundan en esta

generación, nótese lo que San Pablo escribe en 1Ti.2:9-15: “La mujer

aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer

enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”

La tradición de los judíos en el tiempo que Pablo escribe esta carta,

denigraba a las mujeres (aunque no así en el AT). William Barclay

dice que: “Los rabinos estrictos tenían prohibido hablar con una

mujer fuera de casa. Un rabino no podía hablar en público ni si quiera

con su mujer, o con su hermana o hija. Había fariseos a los que

llamaban graciosamente –acardenalados y sangrantes- porque

cerraban los ojos cuando iban por la calle para no ver a las mujeres y

se chocaban con las paredes y las esquinas. Para un rabino, el que le

vieran hablando con una mujer en público era el fin de su buena

reputación (…) la mujer para la ley judía no era una persona sino una

cosa; estaba totalmente a disposición de su padre o de su marido. Se

le prohibía aprender la ley; el instruir a una mujer era echar perlas a

los puercos. Las mujeres no tomaban parte en el culto de la sinagoga;

estaban encerradas aparte en una sección de la sinagoga, como si

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

dijéramos en el “gallinero” donde no se las podía ver. Un hombre iba

a la sinagoga para aprender; pero, como mucho, una mujer iba para

oír. La lección de la Escritura la leían los miembros de la

congregación; pero nunca las mujeres, porque eso habría sido

“quitarle honor a la congregación”. Estaba prohibido el que una

mujer enseñara en una escuela; ni siquiera a los niños más

pequeños… las mujeres, los esclavos y los niños eran de la misma

clase. En la oración judía de la mañana, un varón daba gracias a Dios

porque no le había hecho “gentil, esclavo o mujer…”

Los griegos eran aun más estrictos “la mujer ni siquiera podía ir por

la calle sola, y no tomaba sus comidas en las mismas habitaciones

que los hombres, ni tomaba la menor parte en la vida social.”

(Extracto tomado del comentario al NT de William Barclay)

W. W. Rand en su diccionario de la Santa Biblia escribe: “En el

oriente las mujeres han vivido en un encierro casi absoluto; aun hoy

día no se presentan en público sino con tupido velo; no se mezclan en

la sociedad; ni ven a los hombres que visitan a sus maridos y a sus

hermanos, y ni siquiera toman sus alimentos con los hombres de su

propia familia.”

Sin embargo el evangelio de Jesucristo ha sido ofrecida a toda la

humanidad “a todo aquel que cree” (Ro.1:16) “porque no hay

acepción de personas para con Dios.” (Ro.2:11) de modo que “ya no

hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni

mujer…” todos son uno en Cristo Jesús (Ga.3:28) La iglesia está

conformada tanto de hombres como de mujeres; ni las mujeres han

sido salvadas de otra forma, ni los varones de otro modo. Todos han

sido salvados de la misma manera “porque por gracia sois salvos; por

medio de la fe” (Ef. 2:8) En cuanto al pecado y la salvación no hay

distinción entre el hombre y la mujer. En la glorificación eterna no

habrá diferencia entre ambos, todos “serán como los ángeles de Dios

en el cielo” (Mt.22:30)

Pero en cuanto a las funciones del varón y la mujer, ya sea en la

sociedad, en la familia y principalmente dentro de la iglesia, hay una

gran diferencia. Las mujeres no han sido llamadas a enseñar desde

los pulpitos. Lo que este siglo experimenta es el puro capricho de

mujeres arrogantes, que se pavonean con el título de pastoras. Es el

orgullo y el error humano anclados en las entrañas del sexo

femenino.

Jesucristo escogió apóstoles y no apóstolas. De sus muchos

discípulos, escogió “apóstoles” (Mt.10:1-4) en cambio, las mujeres

colaboraban en el ministerio de la predicación de otra manera muy

diferente (Lc.8:1-3). Cuando envió a los setenta de dos en dos

(Lc.10:1-12) no hubo ni una mujer entre ellos. Además Cristo

constituyó “apóstoles; profetas, evangelistas y pastores maestros”

(Ef.4:11).

En todo el NT la tarea de la predicación está reservada para los

hombres. Las mujeres “predicadoras” de este tiempo se basan en la

igualdad de derechos o en la ley a la no discriminación promovida

por la sociedad moderna; y sin embargo infringen la palabra de Dios.

2. Los llamados apóstoles y profetas de este tiempo se basan en

revelaciones, sueños, milagros de sanidad, lenguas, etcétera. Pero

todo eso no tiene fundamento bíblico. Lo que ellos hacen es

Muñoz R. Gustavo

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EL PREDICADOR Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS

tergiversar las Escrituras a su manera. Son negligentes en el uso de la

Biblia. Por otra parte son dados a la pereza; por no dedicarse a un

estudio arduo de las escrituras.

Los apóstoles fueron llamados personalmente por Jesucristo, en un

tiempo específico y para una tarea específica. A ellos les fue revelada

las Escrituras, propiamente conocidas como el Nuevo Testamento, la

cual “ha sido dada solo una vez” (Jud.3). Es completa y perfecta

“útil para equipar a los creyentes para toda buena obra” (2Ti.3.16,17)

no necesita ser añadida, no hace falta. Hacerlo sería decir que Dios es

mentiroso y su Palabra no es suficiente para la edificación de los

santos y la salvación de las almas.

Los profetas en el NT, son los mismos predicadores de la Palabra

escrita. No dependen de revelaciones; simplemente proclaman lo que

ya está escrito. En el AT, los profetas recibían su mensaje a través de

revelaciones, sueños, parábolas, etcétera. El mensaje de ellos era

advertencia; en su gran mayoría basados en lo que ya estaba escrito

“la ley”. Profeta es simplemente un proclamador o un predicador. En

este tiempo existen los predicadores de la Palabra de Dios y estos no

son los que inflados por su orgullo, pretenden hablar cosas fuera del