Tu Puedes. El Superego Posmoderno por S Z - muestra HTML

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Slavoj Zizek

"Tu Puedes" :

Slavoj Zizek escribe sobre el superego posmoderno

Extraído de LRB, Vol.21 N. 6, 18 de marzo de 1999

Traducción para Antroposmoderno de: Michael McDuffie

Correción: Josefina Monteys

New York. Agosto de 2000

GLOBALIZACION / DIVERSIDAD CULTURAL / PSICOANALISIS

Las ‘chicas con reglamentos’ son mujeres heterosexuales que imponen reglas

precisas para dejarse seducir (por ejemplo, las citas deben ser arregladas al menos

con tres dias de anticipación, etc.). Aunque las reglas corresponden a las costumbres

que solían regular el comportamiento de las mujeres de antes que eran activamente

perseguidas por los hombres a la manera tradicional, el fenómeno de las chicas con

reglamento no presupone un regreso a los valores conservadores: ahora las mujeres

eligen sus propios reglamentos libremente—una instancia de la ‘reflexivización’ de las

costumbres cotidianas de la actual sociedad ‘sin riesgos’. Con respecto a la teoría de

la ‘ sociedad de riesgo’ de Anthony Giddens, Ulrich Beck y otros, ya no pasamos

nuestras vidas en conformidad a la Naturaleza ni la Tradición; no hay un orden

simbólico o código de ficciones aceptado ( lo que Lacan llama el Gran Otro) para

guiarnos en nuestro comportamiento social. Todos nuestros impulsos, desde la

orientación sexual hasta la identificación étnica, son percibidos como cosas que

elegimos. Cosas que antes parecían obvias—cómo alimentar y educar a un niño,

cómo proceder en la seducción sexual, cómo comer y lo que se come, cómo

descansar y divertirse—han sido ‘colonizadas’ por la reflexividad y son

experimentadas como algo que podemos aprender y sobre las que decidimos. La

retirada del aceptado Gran Otro ocurre porque en la cultura popular prevalece la

"ruptura de códigos". Un ejemplo de esto son las tentativas pseudo-científicas del

pensamiento de la Nueva Era al usar ordenadores y tecnología para violar algunos

código secretos—por ejemplo, los de la Biblia o los de las pirámides—los cuales

podrían revelar el futuro de la humanidad. Otro ejemplo es la escena repetida en las

películas cyberespaciales en las cuales el héroe (o la heroína) sentado frente a un

ordenador trabajando frenéticamente contra reloj encuentra su acceso negado hasta

que el o el a rompe el código y descubre que una agencia gubernativa está

conspirando contra la libertad y la democracia. Creer que hay un código que debe ser

roto es, por supuesto, más a menos creer en la existencia de un tal Gran Otro: en todo

los casos, lo que se desea es encontrar un agente que dé estructura a nuestras

caóticas vidas sociales.

Aún el racismo es ahora reflexivo. Considere los países balcanos. Los medios

informativos liberales de Occidente representan a los balcanos como un vórtice de

pasión étnica—un sueño multiculturalista que se torna una pesadilla. La reacción típica

de un esloveno (lo soy yo mismo) es decir: "Sí, es así en los Balcanes, pero Eslovenia

no es una parte de los Balcanes es una parte de la Europa Central; los Balcanes se

originan en Croatia o en Bosnia; nosotros los eslovenos somos el último baluarte de la

civilización Europea en contra del desatino de los balcanos."

Si se preguntan: ‘¿ Dónde empieza la región de los Balcanes?’ siempre se dice que la

región empieza al á abajo, hacia el sureste. Para los serbios, la región de los Balcanes

se origina en Kosovo o en Bosnia donde Serbia esta tratando de defender la

civilización de Europa cristiana frente al avance del Otro. Tocante a los croatas, los

Balcanes empiezan en la bizantina Serbia, tierra ortodoxa y despótica, contra la cual

Croacia preserva los valores democráticos del oeste. Muchos italianos y austríacos

creen que los Balcanes se originan en Eslovenia, la avanzada occidental de la

muchedumbre eslava. Muchos alemanes ven a Austria como contaminada con la

corrupción e ineficiencia balcana; para muchos del norte de Alemania, la católica

Bavaria no está libre de la contaminación balcana. Muchos franceses arrogantes

asocian a Alemania con la brutalidad de los balcanos del este, les falta la finura

francesa. Finalmente, para esos británicos opuestos a la Unión Europea el continente

europeo es una nueva versión del Imperio turco, con Bruselas como la nueva

Estanbul—un déspota voraz que amenaza la libertad y la autonomía británicas. Se

trata de una cartografía imaginaria, que proyecta en el paisaje verdadero sus propios

oscuros antagonismos ideológicos, del mismo modo que los síntomas de conversión

del sujeto histérico, como lo describió Freud, proyectan en el cuerpo físico el mapa de

otra anatomía imaginaria. En gran parte, esta proyección es racista. Primero, está el

arcaico rechazo desvergonzado del Otro balcano (despótico, bárbaro, ortodoxo,

musulmán, corrupto, oriental) en favor de valores verdaderos (occidentales, civilizados,

democráticos, cristianos). Sin embargo, hay tambien un racismo ‘reflexivo,’

políticamente correcto: la percepción muliticulturalista liberal, de la región balcana

como un sitio de horrores étnicos y de intolerancia, de pasiones irracionales, primitivas

y tribales, que se muetra contrario a razonar la resolución de conflictos en la era

posterior a la nación - estado, por medio de la negociación y el compromiso. El

racismo es un mal del Otro balcano, mientras que nosotros en la parte este somos

observadores, neutros, benevolentes, y apropiadamente desilusionados. Finalmente,

hay un racismo inverso, que celebra la autenticidad exótica del Otro balcano, como la

idea de que los serbios, en contraste con los europeos occidentales, anémicos

inhibidos, todavía muestran un deseo prodigioso por la vida. El ‘racismo inverso’ juega

un papel crucial en el éxito de las películas de Emir Kusturica en Occidente.

Al ser una parte de Europa, se pueden aplicar a los países balcanos los cliches

racistas, que nadie osaría aplicar a Africa o Asia. Las luchas políticas en la región

balcana se comparan con argumentos de opereta; Ceausescu fue presentado como la

reencarnación actual del Conde Drácula. Eslovenia sufre especialmente de este

racismo indirecto, al estar más cerca de Europa occidental. Cuando Kusturica

hablando de su película "Underground" desmereció a los eslovenos como una nación

de novios austríacos, nadie reaccionó, un artista ‘auténtico’ de la parte menos

desarollada de la ex-Yugoslavia estaba atacando la parte más desarollada. Cuando

habla sobre la región balcana, el multiculturalista tolerante puede manifestar su

racismo reprimido. Quizás el ejemplo más revelador de esta reflexivización de

nuestras vidas es la creciente ineficacia de la interpretación. El psicoanálisis tradicional

asumía la idea del inconsciente como el ‘continente oscuro’, la sustancia impenetrable

del ser de un sujeto, que el analista podía interpretar, una nueva revelación liberadora

emergería cuando se revelaba su contenido. Hoy en dia, las formaciones del

inconsciente (desde los sueños hasta los síntomas histéricos) han perdido su

inocencia; las ‘asociaciones libres’ de un paciente típico educado, consisten en su

mayoría en tratar de dar una explicación psicoanalíticoa de sus propios disturbios, por

eso no hay solamente interpretaciones de los síntomas annafreudianos, jungianos,

kleinianos y lacanianos sino aún síntomas que son por sí mismos annafreudianos,

jungianos, kleinianos, lacanianos—no existen sin referencia a alguna teoría

psicoanalítica. El resultado desafortunado de esta reflexivización es que la

interpretación que el analista ofrece pierde su eficacia simbólica y deja el síntoma

intacto en su goce idiota. O sea, como si un "cabeza rapada" neo-nazi al ser

interrogado sobre su comportamiento empezara a hablar como un asistente social, un

sociólogo, o psicólogo social, citando la decreciente mobilidad social, la creciente

inseguridad, la disintegración de la autoridad paterna, la falta de amor maternal en su

niñez.

‘Cuando escucho la palabra cultura, echo mano a mi pistola’ se supone que dijo

Goebbels. ‘Cuando escucho la palabra cultura, echo mano a mi libreta de cheques’,

dice el cínico productor de la película de Godard "Le mepris." Un lema izquerdista

invierte el refrán de Goebbels: "Cuando escucho la palabra pistola, trato de buscar

cultura." La cultura, según ese lema, puede servir como una respuesta eficaz contra

las armas de fuego: una irrupción de violencia es un ‘pasaje al acto’ originado en la

ignorancia del sujeto. Pero la noción es socavada por el ascenso de lo que se podría

l amar el ‘racismo posmoderno,’ cuya característica sorprendente es su insensibilidad

para la reflexión—un "cabeza rapada" neo-nazi que golpea a los negros es consciente

de lo que hace, pero lo hace de todas maneras.

La reflexivización ha transformado la estructura del dominio social. Consideren la

imágen pública de Bill Gates. Gates no es padre-maestro- patriarca, ni aún un

empresario Big Brother que encabeza un rígido imperio burocrático, y que está en el

último piso cercado por una multitud de asistentes y secretarios. Al contrario, es una

especie de Small Brother. Su misma aparencia ordinaria es un indicador de que un

monstruo tan raro ya no asume la habitual forma pública. En fotos y dibujos, parece

uno cualquiera, pero su sonrisa desviada muestra una maldad escondida que está

más al á de la representación. Otro aspecto de Gates como ícono, es el de verlo como

un "hacker " que se hizo a sí mismo (el término "hacker" tiene, por supuesto,

connotaciones suvbersivas/marginales/anti-establishment; sugiere a alguien que

propone perturbar el aceitado funcionamiento de las grandes corporaciones

burocráticas). Al nivel de la fantasía, Gates es un insignificante maleante subversivo

que se ha apoderado y se hace pasar por un director respetable. En Bil Gates, el

Small Brother, el tipo ordinario coincide con y contiene la figura de un malvado que

quiere el poder total sobre nuestras vidas. En las primeras películas de James Bond, el

genio malvado era un sujeto excéntrico, vestido extravagantemente o alternativamente

vestido con el uniforme gris de un comisario maoísta. Con respeto a Gates, esta

charada ridícula ya no se necesita—al malvado todo el mundo puede verlo, es el de la

casa de al lado.

Otro aspecto de este proceso es, cómo ha cambiado la narrativa que usamos para

entender nuestras vidas. En el libro ‘Los hombres son de martes, Las mujeres de

venus’ (1992), John Gray propuso una versión vulgarizada del psicoanálisis narrativo-

desconstructivista. Mientras que nosotros somos últimamente los cuentos que nos

contamos a nosotros mismos sobre nosotros mismos, el conflicto psíquico queda

bloqueado sin resolver pero se lo ‘reinscribe’ positivamente’ en la narrativa de nuestro

pasado. Lo que él tiene en mente, no es solamente la terapia tradicional cognoscitiva

de cambiar las ‘ falsas creencias’ negativas de una persona con respeto a sí mismo,

en favor de la seguridad de que los otros nos quieren y somos capaces de logros

creativos, sino de un procedimiento más radical pseudo-fruediano de regresar a la

escena de la herida traumática primordial. Gray acepta la noción psicoanalítica de que

una experiencia de la primera infancia siempre afecta el desarollo del sujeto, pero le

atribuye un nuevo aspecto patológico. Lo que se propone es que, despues de regresar

a la escena traúmática primordial y haberla confrontado, el sujeto debería, bajo la

supervisión de un terapeuta, reinscribir esa escena, este último marco fantasmático de

su subjetividad, como parte de una narrativa más benigna y productiva. Si por ejemplo,

la escena primordial traumática que existe en su inconsciente, deformando e

impidiendo su actitud creativa, es de que su padre le grita: "Tú no vales nada , te odio,

nada bueno va a salir de tí " , la persona debe reinscribir la escena para que un padre

benevolente le sonría y le diga: " Tú eres bueno, tengo completa confianza en tí." (Por

eso, la solución para el hombre-lobo sería regresar al coito de los padres a tergo y

entonces refundir la escena, a fin de lograr que él vió a sus padres acostados en la

cama, mientras el padre leía un periódico y su madre una novela sentimental.) Parece

una cosa ridícula de hacer, pero hay una versión generalmente aceptada y

‘políticamente correcta’ de este proceso en el cual las minorías—étnicas, sexuales, y

otras—escriben de nuevo su pasado de un modo más positivo y autoafirmativo

(algunos afroamericanos claman que los imperios africanos tenían sofisticados

conocimientos científicos y tecnológicos mucho antes de la Edad Moderna Europea).

Imaginen un nueva escritura del Decálogo con el mismo criterio. ¿Es demasiado

severo uno de los mandamientos? pues, regresemos al Monte Sinaí para escribirlo de

nuevo: el adulterio—¡aprobado! puesto que es sincero y sirve a los fines de proveer a

la autorealización. Lo que desaparece no es un hecho concreto sino lo real de un

encuentro traumático cuyo papel organizador en la economía psíquica del sujeto

resiste a su reinscripción simbólica.

En nuestra sociedad, pos-política y liberalmente permisiva, los derechos humanos se

pueden ver como el derecho a violar los mandamientos. El derecho a la privacidad es,

en efecto, el derecho de cometer adulterio, en secreto, sin que nadie observe o

investigue. El derecho de perseguir la felicidad y de poseer propiedad privada es, en

efecto, el derecho de robar (explotar a otros). La libertad de prensa y expresión: el

derecho a mentir. El derecho que permite a los ciudadanos libres poseer armas: el

derecho a matar. La libertad de creencias religiosas—el derecho de adorar a dioses

falsos. Los derechos humanos, por supuesto, no condonan directamente la violación

de los mandamientos, sino conservan una "zona gris" marginal que esta afuera del

alcance del poder religioso o secular. En esta zona sombría, puedo violar los

mandamientos, y si el Poder me sorprende " in fragranti" y trata de impedir mi acto

violatorio, puedo exclamar: ‘!Es una violación contra mis fundamentales derechos

humanos!’ Es imposible que el Poder impida un abuso de los derechos humanos, y

que al mismo tiempo esté infringiendo su correcta aplicación. A Lacan le l ama la

atención la resistencia que se hace al uso del detector de mentiras en la investigación

de crímenes—como si tal directa verificación ‘objetiva’ de alguna manera infrinjiera el

derecho del sujeto a la privacidad de sus pensamientos.

Una tensión similar entre los derechos y las prohibiciones determinan la seducción

heterosexual en nuestros tiempos " políticamente correctos". O, en otras palabras, no

hay ninguna seducción que no se pueda interpretar eventualmente como intrusión u

hostigamiento, porque siempre habrá un punto en el que la persona tendrá que

exponerse y echarse un lance. Sin embargo, la seducción no implica hostigamiento

completamente. Cuando tu haces avances sexuales, te expones al Otro (a la pareja

potencial), y su reacción determinará si lo que acabas de hacer fue hostigamiento o un

acto exitoso de seducción. Es imposible predecir la reacción de la mujer (por eso, las

mujeres agresivas a menudo desprecian a los hombres débiles, que tienen miedo de

correr los riesgos necesarios). Esto implica aún más en nuestros tiempos

‘políticamente correctos’, las ‘políticamente correctas’ prohibiciones, son reglas que de

una u otra manera, deben ser violadas en el proceso de seducción. ¿No es el arte de

seducir lograr la seducción, de tal manera que después, al ser aceptado, toda

sugerencia de hostigamiento haya desaparecido? Aunque el psicoanálisis es una de

las víctimas de la reflexivización, también nos puede ayudar a entender sus

implicaciones. No lamenta la desintegración de la vieja estabilidad o ubica en su

desaparición la causa de las neurosis modernas, compeliéndonos a redescubrir

nuestras raíces en la sabiduría tradicional o en un más profundo autoconocimiento.

Tampoco es esto otra versión moderna del conocimiento reflexivo que nos enseña a

manejar los secretos de nuestras vidas psíquicas. Lo que concierne propiamente al

psicoanálisis son las inesperadas consecuencias de la desintegración de las

estructuras que han regulado tradicionalmente la vida libidinal. ¿Porqué la declinación

de la autoridad paterna y los papeles establecidos de sexo y género generan nuevas

culpas y ansiedades, en vez de abrir un nuevo mundo seguro en el que podamos

gozar cambiando y reformando nuestras múltiples identidades?

La constelación pos-moderna en la que el sujeto está proclive a experimentar con su

vida, esto lo alienta a la formación de nuevos tipos de ‘vinculaciones pasionales’

(usando el término de Judith Butler), pero ¿qué ocurre si la desintegración de la

autoridad simbólica paterna es contrapesada por una sujeción aún más fuerte? Esto

parecería explicar la creciente prevalencia de una estricta y serveramente observada

relación de amo-esclavo entre parejas lesbianas. La que dá las ordenes es la de

arriba, la que le obedece es la de abajo y para que la posición de arriba sea obtenida,

se requiere un arduo aprendizaje. Esa dualidad de arriba/abajo no es un señal de

identificación directa con el agresor varón ni una imitación paródica de las relaciones

partriarcales de dominación. Mejor aún ,esto expresa la genuina paradoja de una

relación de coexistencia libremente elegida de amo-esclavo, que provee una profunda

satisfación libidinal.

Todo está trastornado.

El orden público ya no está mantenido por la jerarquía, la represión y reglas estrictas y

por eso ya no es subvertido por actos liberadores de transgresión (como cuando nos

reímos a espaldas del profesor). En vez de eso, tenemos relaciones sociales entre

individuos libres e iguales, suplementadas por’ vinculaciones pasionales’ una forma

extrema de sumisión, que funciona como el ‘ secreto perverso’, el orígen transgresivo

de la satisfacción libidinal. En una sociedad permisiva, la rígidamente codificada y

autoritaria relación amo-esclavo se convierte en transgresora.

Esta paradoja o reverso es justo el tema del psicoanálisis: el psicoanálisis no trata del

padre autoritario que prohíbe el goce, sino trata del padre obsceno que lo manda, y

por eso pruduce impotencia y frigidez. El inconsciente no es secreta resistencia a la

ley, sino la ley misma.

La respuesta psicoanalítica a la ‘sociedad de riesgo’, teoría de la reflexivización de

nuestras vidas no es insistir en una sustancia pre-reflexiva: el inconciente, sino sugerir

que la teoría impide otro modo de reflexividad.

Para el psicoanálisis, la perversión de la economía libidinal humana es lo que sigue a

la prohibición de alguna actividad placentera, no a una vida con estricta obediencia a

la ley y privada de todo disfrute sino una vida en la que el practicar la ley provee su

propio disfrute, una vida en la que el cumplimiento del ritual destinado a tener a raya a

la tentación ilícita se convierte en el orígen de la satisfación libidinal.

La vida marcial, por ejemplo, podría ser gobernada tanto por una colección de

obscenas reglas no escritas y ritos (golpizas homoeróticas y humillaciones a

compañeros más jóvenes) como por reglas oficiales. Esta violenta sexualidad no

socava el orden en los cuarteles, su función es un directo soporte libidinal. Los

mecanismos regulatorios del poder y sus procedimientos se convierten en

‘reflexivamente’ erotizados, aunque la represión primero emerge como una tentativa

para regular cualquier deseo considerado ‘ilícito’ para el predominante orden socio-

simbólico, éste solo puede sobrevivir en la ecomomía psíquica si la regulación del

deseo existe, si la verdadera actividad de regulación se convierte en inversión libidinal

y deviene una fuente de satisfacción libidinal.

Esta reflexivización deteriora la noción del sujeto pos–moderno libre de elegir y

reformar su identidad. El concepto psicoanalítico que denomina el corto-circuito entre

la represión y lo que se reprime es : superego. Como Lacan enfatizó una y otra vez el

principal contenido del mandato del superego es : ¡Goza! Un padre trabaja duro para

organizar una excursión de domingo que se posterga una y otra vez. Cuando

finalmente se l eva a cabo, está harto de todo y les grita a los chicos: ¡Ahora mejor que

se diviertan! El superego trabaja de una manera diferente a la ley simbólica. La figura

paterna que es simplemente ‘represiva’; a modo de autoridad simbólica les dice a los

chicos: ‘Tienen que ir al cumpleaños de la abuela y portarse bien aunque se aburran a

muerte, no me importa lo que quieran, tienen que ir’. La figura del superego, en

contraste, le dice a los chicos: ‘Aunque saben cuánto la abuela quiere verlos, sólo

tienen que ir si realmente quieren, si no quieren ir, se pueden quedar en casa’. La

trampa que realiza el superego es que parece que le ofrece a los chicos una elección,

cuando cualquier chico sabe que no se le ha dado ninguna elección, en absoluto. Peor

que eso, está recibiendo una orden y se lo dicen con una sonrisa al mismo tiempo. No

solamente: ‘ Tú debes visitar a tu abuela , no importa lo que quieras ’. Pero: ‘Tú debes

visitar a tu abuela y tienes que estar contento por eso’

El superego ordena gozar haciendo lo que tienes que hacer. ¿Qué pasa despues de

todo si el chico toma esto como si fuera una verdadera elección y dice : ‘no’? El padre

lo va a hacer sentir horriblemente mal: ‘¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes ser

tan cruel? ¿Qué hizo tu abuela para que no quieras verla?.

‘Tú puedes cumplir con tu deber porque debes’, es como Kant formuló el imperativo

categórico.

El habitual corolario negativo de la fórmula sirve como fundamento de la moral

constrictiva:

‘No puedes porque no debes". El argumento para aquellos que se oponen a la

clonación humana por ejemplo es, que no se puede permitir, porque reduciría al ser

humano a una entidad cuyas propiedades psíquicas se podrían manipular. Que es otra

variación de Wittgenstein’s: ‘de lo que no se puede hablar se debe cal ar’. En otras

palabras: debemos decir lo que no podemos hacer, de otra manera podríamos llegar a

hacerlo, con catastróficas consecuencias éticas. Si los cristianos que se oponen a la

clonación creen en la inmortalidad del alma y en la unicidad de la personalidad por

ejemplo: -‘ que yo no soy sólo el resultado de la interacción de mi código genético y mi

entorno’ - ¿porqué oponerse a la clonación? ¿es posible que de hecho ellos crean en

la habilidad de los genes de alcanzar el verdadero meollo de nuestra personalidad?

¿Porqué algunos cristianos se oponen a la clonación hablando sobre ‘el insondable

misterio de la concepción’ como si al clonar mi cuerpo estuviera clonando al mismo

tiempo mi alma inmortal?

El superego invierte el principio Kantiano: ‘Tú puedes porque debes’ tornándolo en :

‘Tú debes porque puedes’. Este es el significado del Viagra, que promete restaurar la

capacidad de erección viril, de un modo biomecánico, dejando de lado todos los

problemas psicológicos. Ahora que Viagra se hace cargo de la erección no hay

excusa: debes tener sexo cada vez que puedas y si no lo haces deberías sentirte

culpable. Nuevo envejecimiento. Por otro lado ofrece una salida al predicamento del

superego clamando recuperar la espontaneidad de nuestro verdadero ‘.sí mismo’.

Pero la ‘sabiduría’ de la Nueva Era también cree en el imperativo del superego: ‘Es tu

deber alcanzar tu completa realización, porque puedes’. Será por esto que a veces

sentimos el lenguaje de liberación de la Nueva Era, como ‘terrorista’?

Aunque la sumisión entre una relación lesbiana sado-masoquista y la sumisión de un

individuo a una creeencia fundamentalista religiosa o étnica son ambas generadas por

la reflexivización, sus economías libidinales son bien distintas. La relación lesbiana de

amo-esclavo tiene un estatuto teatral basado en un contrato y en reglas que han sido

aceptadas libremente. Como resultado, tienen una potencia liberadora tremenda. En

contraste, una devoción fundamentalista étnica o religiosa niega toda posibilidad de

disensión. No es que los sado-masoquistas sean solamente sometidos juguetones

mientras que en la comunidad política ‘totalitaria’ la sumisión es real.

Si hay algo opuesto, este es el caso: en el contrato sado-masoquista, la actuación es

verdadera y es tomada absolutamente en serio, mientras que la sumisión totalitaria,

con su máscara de fanática devoción, es finalmente falsa, una simulación de lo

contrario.

Lo que revela el fraude es el enlace entre la figura del Maestro totalitario y el mandato

del superego: ‘ ¡Disfruta!’

Una buena ilustración de como opera el Maestro totalitario es suplido por la inscripción

en el rótulo de un salame alemán sin grasa. ‘Du darfst!’, es decir:—‘!Ud puede!’.

Los nuevos fundamentalismos no son una reacción contra la ansiedad que produce la

libertad excesiva que acompaña al reciente capitalismo liberal, ellos no proveen de

enérgicas prohibiciones en una sociedad innundada por la permisividad. El cliché de

‘escapar a la libertad’ dentro de un refugio totalitario, es profundamente engañoso.

Tampoco lo explica la clásica tesis Freudo-Marxista según la cual la fundación libidinal

de los regímenes (fascistas) totalitarios es la personalidad autoritaria, alguien que

encuentre la satisfación en la obediencia compulsiva. Aunque, en la superficie, el

Maestro totalitario también dá ordenes estrictas que nos compelen a renunciar al

placer y sacrificarnos por alguna causa superior, su mandato efectivo discernible entre

líneas, es una llamada a una irreprimible transgresión. Lejos de imponer en nosotros

una firme colección de estandares para la conformidad, el maestro totalitario suspende

el castigo (moral). Su mandato secreto es: Tú puedes. Nos dice que las prohibiciones

que regulan la vida social y garantizan un mínimo de decencia no tienen valor, no son

más que un mecanismo para tener a la gente común a raya—nosotros, por otra parte,

somos libres de liberarnos, matar, violar, robar, pero solamente mientras sigamos al

Maestro. ( La Escuela de Frankfurt destaca este rasgo distintivo del totalitarianismo en

su teoría de la desublimacion represiva.) La obedencia al maestro te deja transgredir

todas las reglas cotidianas morales: todas las cosas perversas con que soñabas, todo

a lo que tuviste que renunciar cuando te subordinaste a la ley tradicional, patriarcal,

simbólica, ahora te es permitido entregarte a ella sin riesgo de castigo, igual que

puedes comer el salame desgrasado, sin ningún riesgo para tu salud.

La misma remarcada suspensión de las prohibiciones morales es característica del

nacionalismo pos-moderno. El cliché de acuerdo al cual en una confusa, secular,

sociedad global, la identificación con la pasión étnica restaura un firme conjunto de

valores, el fundamentalismo nacionalista funciona como un pobremente encubierto: ‘tú

puedes’ . Nuestra pos-moderna sociedad reflexiva que parece hedonista y permisiva

está realmente saturada con reglas y regulaciones que pretenden servir a nuestro

bienestar (restriciones sobre el fumar, el comer,reglas contra el hostigamiento sexual).

Una apasionada identificación étnica lejos de refrenarnos, es una llamada liberadora

de ‘tú puedes’ : tú puedes violar (no el decálogo, sino) las reglas estrictas de la

coexistencia pacífica en una sociedad liberal y tolerante; puedes comer y beber lo que

quieras, decir cosas prohibidas para la "correción política", aún odiar, pelear, matar y

violar. Es ofreciendo este tipo de pseudo-liberación, que el superego suplementa la

estructura explícita de la simbólica ley social.

La aparente oposición entre placer y deber es superada de dos modos diferentes. El

poder totalitario va aún más allá que el tradicional poder autoritario. Lo que dice, en

efecto, no es, ‘cumpla su deber, a mí no me importa si le gusta o no,’ sino: ‘Tiene que

cumplir con su deber, y tiene que gozar haciéndolo.’ (Ese es el modo en que la

democracia totalitaria funciona: no basta que la gente sigua a su líder, deben amarlo.)

El deber deviene placer. Segundo, está la paradoja invertida del placer convertido en

deber, en una sociedad ‘permisiva’. Los sujetos experimentar la necesidad de ‘pasarlo

bien’, de disfrutar, como si fuera un deber y por consiguiente, se sienten culpables si

no son felices. El superego controla la zona en que estos dos contrarios se

superponen, donde el mandato de disfrutar cumpliendo tu deber coincide con el deber

de disfrutarlo.

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