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COLECCIÓN POESÍA

EFRAÍN CUEVAS

Tú mi río de llamas

POEMAS PARA UN CUERPO (1983 - 1991)

Ediciones Sistema Nacional de Imprentas, Lara, 2009

© José Antonio Yépez Azparren

© Fundación Editorial el perro y la rana, 2006

Av. Panteón, Foro Libertador, Edif. Archivo General de la Nación, P.B.

Caracas-Venezuela 1010

Telfs.: (58-0212) 5642469 - 8084492 / 4986 / 4165

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correo electrónico:

elperroylaranaediciones@gmail.com

ISBN: 978-980-14-0427-9

Depósito Legal: If4022009800963

El Sistema Nacional de Imprentas es un proyecto editorial impulsado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de la Fundación Editorial El perro y la rana, con el apoyo y participación de la Red Nacional de Escritores de Venezuela.

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Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

A Juan Liscano,

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porque este libro hizo posible nuestra amistad

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Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

Lo más profundo es la piel

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VALÉRY

Sólo tú eres realidad

RILKE

Tú mi río de llamas

ION CARAION

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Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

INSCRIPCIÓN

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Escribimos el poema, pero en él a su vez nos creamos. Y

esto es lo primordial. Así, el logos, es un ensanchamiento del

alma, cuando la poesía se entiende y se practica como búsqueda

del conocimiento, trazado en su indagación, en la nada supre-

ma de donde nace la palabra. Transmutación de lo vivido como

elevación de la palabra al canto, a la verdadera música escondida que revela los ritmos interiores del fondo: allí donde lo no dicho tiene su duración y movimiento. Y sale al fin la palabra librada; donde el espíritu se abre paso y dice lo no posible: en ese silencio que es el canto que escuchamos con los ojos y la voz.

Así escribí Tú mi río de l amas, buscando el erotismo como canto de trascendencia. Y en este libro queda grabada esa amada luz que cincelé, continuando el amor del cuerpo a través de

las sustituciones y analogías de las palabras, en su más alta dura-ción. El empecinamiento y el amor por ellas ineludiblemente

me guiaron a desvelarlo, a hacerlo hálito.

Tú mi río de llamas: búsqueda del amor infinito a través del lenguaje. Amar: se ama así una única vez. Quedan los poemas y

el eterno goce de la epifanía de la palabra encontrada y revelada en la fonación: canto de Orfeo.

J.A.Y.A.

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Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

SALUDO

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Por Juan Liscano

La ilusión de amor es el único impulso espiritualizante

de nuestra civilización occidental fundada en la voluntad de

poder, el egocentrismo insaciable, el pragmatismo sin ética y

el narcisismo agudizado por el desarrollo agobiante del espec-

táculo continuo y de la subcultura de masa creada por la TV.

La vía del amor desencarnado puede conducir a Dios.

Así lo expresa la mística muy limitada de Occidente. La vía

del amor profano rara vez alcanza la cima hollada en los si-

glos XII y XIII por los cultores del amor cortés y del amor

de los trovadores, cuya más alta creación es la obra de Dante.

El amor habitual, después de la destrucción de la autonomía

Occitana por las bárbaras cruzadas del Papado y de la Co-

rona de Francia, se encuadra legal y socialmente en el ma-

trimonio, lo cual deja de regir ante la pasión cuya exigencia

sexual suele cumplirse en la unión libre, en la fusión de los

cuerpos no siempre inspirados por la reciprocidad amorosa,

lo que ama y lo amado. El amor está, como lo expuso Platón

por boca de Sócrates, en lo que ama y no en lo amado. Ese

desequilibrio devasta el amor. Ha ofrecido y ofrece temática

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reiterativa al teatro, la literatura, el cine, además de engro-

sar incesantemente la crónica roja cotidiana y los divorcios,

desencuentros y separaciones.

Sin embargo, la ilusión de amor guía a la humanidad

occidental en forma tanto más obsesiva y reiterativa cuanto

resulta imposible. El engaño y el fracaso se multiplican en

canciones, poemas, películas sin final feliz, obras de teatro,

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hechos existenciales cotidianos. La leyenda de Tristán e Isol-

da, tejida de transgresión y muerte, está en los orígenes de

nuestra cultura. Julieta y Romeo cuentan también un amor

desgraciado. La tragedia griega inauguró el género pasional

y devastador. En la actualidad, se bajó el tono hasta reducir

el mal llamado amor, en este caso, al encuentro sexual indi-

ferente e indiferenciado. Ya la adoración del cuerpo no con-

duce a la visión del cosmos y de la naturaleza. Por eso saludo

este poemario de José Antonio Yepes Azparren con especial

satisfacción.

Tú mi río de llamas es un canto de amor, si ilusorio tam-

bién vivenciado con inusitada plenitud y honradez. Yepes

Azparren no sólo vivió su ilusión de amor con esplendor car-

nal, sino entendió el lenguaje como otra forma de realiza-

ción erótica, conjunción mágica y secular de acción y verbo.

“El nacimiento de las formas devela la caricia” escribe en el ini-cio del libro. La caricia lo lleva al cuerpo mediante el deseo,

precisamente, de acariciar lo admirado. El poema constituye

una explosión lírica y sensual de descubrimiento frenético

carnal. La realidad será el cuerpo cuya existencia abarcará el

mundo, en su resplandor mitificado, exaltado por el poeta y

su lenguaje. El sexo será también lenguaje y escritura, con-

junción copular, ser efímero, furtiva y alucinada realización

Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

de “en sí”. “Ya nada nos parecía, salvo ser cuerpo”. “La luz se ha hecho, estás, te veo…” “… la piel canta…”. “Se disuelven los límites. El espacio y el tiempo ya no son. Somos”. La ceremonia repetida de la conjunción corporal de la pasión a la vez en-ceguecedora y alumbradora, suscita descubrir e inventar a la

vez el cuerpo deseado del placer y besar la materialidad, car-

ne, pelo, sexo, boca. Se produce el arrobamiento mediante

el cual, ritualmente, se conjura a la muerte. Tenaz ilusión

de vivir, de obtener en un instante la eternidad. Whitman

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escribió: “La cópula tiene el mismo rango que la muerte”. Y es cierto. La cópula llama a sí todos los instintos: es devoración,

hundimiento, vuelo, devastación, animalidad gloriosa, dis-

curso visceral. En el texto titulado “Útero” se lee: “Sumergi-do en el fango que amo...”. De la contemplación de la forma a la zambullida en la materia, en el magma de la vida. Flaubert

concluye La Tentación de San Antonio con la exaltada resigna-ción de éste ante la materia. El ser humano capaz de pensar

el destino y la muerte, oscila desde el origen, entre el más

allá divinal al cual se alcanza por el rechazo del mundo, y la

aceptación existencial del mundo, aunque implique la nada

como término de la vida.

Queda por señalar que Yepes Azparren logra mayor

concreción de lenguaje en los poemas en prosa. También

se impone destacar este canto poético, no sólo porque su textualidad constituye hermosa escritura proyectada de lo

inmediato hacia lo intemporal, del presente efímero hacia

la promesa del futuro, sino porque enriquece la escasísima

producción de erotismo trascendente en el orden de nuestra

poesía. Yepes Azparren sorteó los muchos escollos contra los

que naufraga nuestra poesía erótica: la obscenidad retadora,

la irreverencia burlona, la confesión declamatoria, la retóri-

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ca metafórica, el realismo chato. Estos poemas ensanchan el

momento vivido en la conjunción enamorada, convierten la

intensidad en una medida intemporal, ficción de eternidad.

Concluyo este saludo con esta frase de un poema breve suyo.

Encierra el espíritu del libro, la pasión de su contenido: “La radical dicha de ver cómo amanece tu cuerpo”.

23 y 24 de enero de 1992.

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Tú mi río de llamas

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NOCHE DE MUNDO

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Ascendí hasta tu luz naciente

y hasta el amanecer he ardido

sobre tu rostro.

Oh fulgor respirado de tu aliento

en mi sed insaciable de tus labios.

Noche inagotable mientras tu hálito

y tu vida por entero aspiraba.

Sobre tu rostro

desvanecerme en llamas que tú has bebido.

Hundirme en tu viviente luz.

En tus secretos ojos.

En tu escuchada sangre.

Hasta ser sólo tus cenizas.

Astro mío rodado en la noche del mundo.

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REALIDAD DEL CUERPO

El nacimiento de las formas devela la caricia. Es posible colmar

el vasto sueño de la realidad con su fuego húmedo, entre la

lucidez del fuego y la sed del temblor.

Tú mi río de llamas

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OH MI DELIRIO

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¡qué relámpago su cintura!

Juan Liscano

Pasas por mi vigilia

Como un relámpago

Donde el roce de la piel es un grito

Caído de rodillas sobre mi deseo

Te recorro en mis venas

Mientras inclinas tu espalda de luz

Junto a mi vértigo

Desde tu respirar de llama

Junto a mi deseo como un enigma extendido

Al borde de tu cintura donde tu alma está desnuda.

Oh mi delirio bello

Mi silencio besa tus pies cubiertos de tempestades

Mientras late el blanco fuego

De tus tobillos llameantes

Hermosa de tu luz

Manantial es tu cuerpo

Y tu desnudo borra el mundo

Cuando te contemplo

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En tu piel el sol no quema

Se hace caricia y el esplendor ríe

Eres luz tallada de agua

Más húmedo es tu fuego

Cuando yo irrito tu follaje

Con mis manos

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Mi lengua se estremece de pensarlo

Mientras mis manos modelan tus pequeños pechos

Como frutos laboriosos del día

Tu cuerpo nace de mi deseo

En la hendidura del amor

Musgo del día y musgo de la noche

Y yo renazco en ti de tus latidos

Tu cuerpo es un río: entro en tu corriente

Me sumerjo en la dicha de tus aguas

Es de noche en tu mediodía.

Tú mi río de llamas

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DÓNDE TU CENTRO

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Dónde tu centro, dime, y el espacio que de ti inunda

de lenta orfebrería tu desnudo, en la asombrada luz a descubrir

de ti. Hacia qué lugar renaces todavía, al ritmo posible de qué

palabras donde un día estaremos.

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LLÉVAME

Muéstrame tu recóndito mar para tocar tu alma vulnerada.

Enciéndeme en la noche donde tus formas me vencen

y fulguran. En tus aguas sosegadas llévame, donde el vivir es

arrasado por un terror sin límites, en tu ciego temblor. Hiéreme

sin fin con tu claridad hermosa. En el terrible vértigo

de las aguas llévame.

Tú mi río de llamas

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LEJOS

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L’ orrore e la meraviglia of it

Pavese

Donde la distancia

es la dolorosa ausencia del cuerpo

escucho lejos latir

mi corazón contigo.

Porque posees mi soledad

cae vertical el dolor sobre esta noche.

La sola noche sin fin.

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FUENTE

Bajo el cálido vientre

resplandecías inmóvil

donde rezuma latente un río invisible.

Sorbí en ti la vida

bajo el sordo cauce del amor.

Tu selva mínima.

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VULVA LA PALABRA

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vulva la palabra

Octavio Paz

Labios de la vulva.

Límite de la oscura respiración.

Para atisbar el mundo a través de ti

sobre lentas transparentes aguas.

Lívida sobre tu ligera incisión

en desbordada hacia tu luminoso cuerpo.

Cegadora claridad de la entrega.

Límite donde el tiempo agoniza

su creciente intensidad.

Para hacernos un abismo convulso

sin fin de todo.

En la nada plena.

En el oscuro límite de la vulva.

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LÍMITE

Idéntica a sí misma la mano conoce los contornos del cuerpo

naufragado. Extensión y nacimiento de la caricia que se palpa,

como un oscuro sol precipitado, en la súbita palpitación

que al fin nos lleva en la tempestad de lo ya sin límite.

Tú mi río de llamas

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Tú mi río de llamas

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ÚTERO

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Sumergido en el fango que amo, en mí estuvo tu flor minúscula

donde el fulgor estuvo y fue latido.

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CUERPO MÍO

En ti me siento vivir por tu resplandor solo. Y mis manos han

tallado tu cuerpo de concavidad. Te recorrí al hallarte absoluta, y ahora te recorro de altiva claridad. Te construyo en el infinito de mis manos. Mi herida tenaz eres tú misma. Tu cuerpo es el

vivir al que me abrigo. Tu río mi boca y tu hálito el perfume

de la tierra mía.

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DÉDALO

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Se disuelven los límites. El espacio y el tiempo ya no son. Somos.

Nos engendramos en un continuo, en un vacío lleno

de pulsaciones. Forma del cuerpo sumado que nos engendra

en el no límite. El agua germinante nos revela.

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OH ALMA

Ya había venido a este lugar de ti, a esta tu sombra de la noche

ahíta. Ya había venido a este pequeño lugar inmenso. Y anduve

sonámbulo de loca alegría por tu anhelo, de encendida memoria

que nos desbordaba. Te bebí a sorbos lentos de furiosa ternura.

Tú mi río de llamas

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LÁTIGO

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La infinita red de nieve de tu piel estalla y obliga a desvelarme hacia la cuenca germinal donde vibra, tierra adentro, el indecible pétalo del fulgor.

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SWORD

Donde el limo reverbera canta el fuego. Latir de llama

en la hondura donde canta el pájaro puntual.

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RÍO CIEGO

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Ya nada nos parecía, salvo ser cuerpo. Y nos hicimos noche

para ser también río ciego. Tálamo y tiempo de un oscuro

lenguaje. Ya no nos parecía la muerte posible: fue nacimiento.

Ahuyentamos la muerte que nos anegaba, llamándola.

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ERES

Eres amanecer del mundo. La luz se ha hecho, estás, te veo,

el resplandor te ciñe, nítida ardiendo para tu figura. Tu lumbre

ardida se hizo destello, piedra blanca que mi mano convoca,

clamando tus signos, tus lugares, el derredor del fuego que me

toca. Oh gloriosamente padecida, me acompañas. Herida

que siempre recupero, indispensable; y me guía por los vocablos

que en tu cuerpo más cabalmente me nombran, donde el gemido

me devora en el pasto del fuego.

Tú mi río de llamas

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SON EL MAR

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Vibrátil la avidez que no es de agua descalza, tu pie desnudo

llama, marea que no decrece, la piel canta. Levántome en tu

sangre, canto tus venas, son el mar.

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FRAGUA

Celeste allí es el fondo innumerable. El agua rodea perfumada

la fragua viviente de tu hondura. Oh aguas lascivas que yo bebo

con ímpetu de grandeza; hasta donde el oscuro renacer del amor

lleva a entrever la apretada humedad de otra boca secreta,

que hace estallar en pedazos el mundo.

Tú mi río de llamas

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MANANTIAL DE TI

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Agua fugitiva esbelta, manantial sucesivo y lirio de agua. Tú,

forma del silencio hecha materia dócil, relámpago fragante

disuelto en tu lecho de río. Brisa desnuda, tu desnudo de inefable blancura, calidez del agua blanca, ágil, agua hermosa que me rodea y me hace cauce de la luz encadenada.

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CANTO

Con signos ardientes, desvelados, escribo sobre tu cuerpo

el poema, hermosa página tatuada tu desnudo. Sumergidas

en tu piel las palabras la caricia palpa; donde el roce es sólo

tembloroso afán del sueño que te crea, lento asombro contenido

de tu siempre cuerpo recién entregado a la mirada.

Tú mi río de llamas

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OBLACIÓN

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En el extremo vértigo de la luz, mi diosa reminiscente exalta

el fuego en el altar altivo de tus silenciosas formas, vueltas rumor insomne de esta noche.

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FULGOR

Desde tu reino hasta mí llegas en el agua exaltada de tu cuerpo,

alzado de presencia. Agua temblorosa y agua de fulgor. Más

necesario que el aire es tu blanco caudal sumergido. Mujer

de agua redonda.

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Tú mi río de llamas

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INFINITA

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Tu piel fulgura incontenible como mis manos tocadas de ti. Tu

luz me invade, despliega su inabarcable cercanía

y tu irradiación. Emanada de ti la luz yo tiento, te invado.

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SÓLO MORIR

Sobre el horror de lo demasiado hermoso, hoy he vuelto hasta

ti casi para morir. Y colmado de tu azul hollaba de tatuajes mi

lengua. A tu pequeña isla he vuelto, herido de muerte, herido

hasta los bordes de tu febril desnudo; como quien retorna para

morir de tus límites, sólo para beber de tu boca el morir como

dicha.

Tú mi río de llamas

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SALVE

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Reconquistado lecho en la herida que nos llama, ya incurable,

hacia un morir nunca consumado. Duración que alza la más

hermosa herida donde lo aparentemente informe se hace

deseo, vigorosa forma de la piel visitada.

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TUS MANOS

Oh palpar tus manos

y descubrir aquella soledad

que me somete a una tibieza esperada,

como si fuera la sombra de un delirio oculto

que te lastima

y por deseo de ese simple contacto se esfumara,

se consumiera hasta arder en la límpida llama querida

que en reposo nos toma,

de tanto soñar en el afán de tu vida hermosa,

y a tu piel me aferra como a lo único vivo.

Esas manos beso porque guardan tu alma,

y es en ellas donde mis días toman la verdad

más cabal que en secreto nos une.

Oh hermosa dulzura donde todo el amor

tomó la forma de tus manos,

etéreas, delicadas, forjan mi paz,

mi orgullosa quietud, y me sumergen

en la desolación cuando no las encuentro.

Esas manos por las que tu cuerpo me invade

con la expresa ternura revelada en tus silencios,

Tú mi río de llamas

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que sólo yo entiendo,

como el lenguaje de tus gestos secretos

me ofrendan tu vida, cuando quedamente me miras.

Oh besar tus manos

y entregarme al perfume tibio de tu amada presencia,

dicha radiante y cierta

de tu caricia que es de aire

entre sus bordes, hecha de silencios,

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desde ti misma vuelta hasta tu cielo.

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PIE ESCUCHADO

Amo tu pie flexible con toda su energía,

con la suavidad de unos pétalos rosados,

que son ternura cierta de un cálido perfume que gime.

Pequeño volumen que horada mi pecho

y en mi anhelo es una bella gema,

el suave pie tuyo modelado con mis manos

gira en mis noches donde tu cuerpo me lleva

como una sed o un brillo,

porque mi afán es expresado.

Tu pie de luna quietamente blanco

refleja tu delicado espíritu y tu sensual belleza

con su huidiza forma de llama que acaricia.

Forma de hermosa brevedad que me retiene

donde el deseo no se humilla con su fuego que dulce se ofrenda

y donde escucho viajar tu sangre que amo.

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RÍO AL MAR

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El día amanece en ti a lo largo de tu piel extendida. La radical

dicha de ver cómo amanece tu cuerpo como destello o latido,

desde el canto vibrátil de tu vientre donde vertical corre el río de tu centro; hasta unirse al tremendo mar, al infinito mar

que resuena en el oído, cuando me acerco a ti en embestidas

hermosas como las olas rompen en la roca desnuda.

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DIOSA BLANCA

De nieve es tu piel, de sol nevada

Ríos de fuego llamando al alba

Bajo cielos secretos de fulgor escoltados

Con tu largo rumor de manantial floreciente

Trémula cierva del amor nacida

Sobre paisajes abiertos de exultante penumbra

Hasta los lindes del día donde luz impaciente derramas

Vuelve lo remoto por virtud del arco tensado de tu cuerpo

Y ardo en tus brazos con el latente fuego entregado por ti

Donde el vivir otorgas con una voluntad continua

Y nos lleva como un torrente

Desde tu cintura rodada hasta tu piel más honda

Lentos confines de tu cuerpo que se rehace más veraz

Entre las sombras del limo virginal

En tus valles extensibles donde mi mano surca

Potestad del agua bella

Tú eres las ardientes entrañas de esta tierra mía

Y milagro radiante de la sed que nos llama

Desde las heladas del húmedo fuego

Bajo tus emanaciones de templanza celeste

Donde el ardor nos solaza con lumbre

Oh diosa rebelde y diosa blanca

Tú mi río de llamas

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Llévame en tu lecho sin edad

Altiva, húndeme en tu légamo

En el fundido ámbar de tu piel

Y caricia de carne llamarada

Oh látigo, madre de la cópula

Y diosa que te desconoces.

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VACÍO

El incesante deseo se yergue lejos de ti, desde estas cuatro paredes donde te invoco, cuerpo menos mío, ansia de ser verdad más

clara en tu furor visible, en tu herida profunda que me hiere

y exhausto me deja. Y así te invoco: cuerpo que bate con furia

su fuerza más tierna sobre mi vulnerable cuerpo, sólo vulnerable

por tu deseo; que ahora se abre ausente para arder y consumirse

en esta nada, que de ti no proviene: sí del tiempo, de la vida

tuya por mí incidida.

Tú mi río de llamas

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LIBRADO

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Renacíamos de una agonía áspera en la alta noche, secreta la

ternura estuvo. Ahora de ti librado, nuestros cuerpos marcados

en lo invisible nos siguen quemando. Desaparecen los límites

de lo que fue convocado. Los cuerpos son de aire ahora, son

de ausencia. Lo marcado quema, siempre quema. Desde el olvido

imposible vuelve aún más tenaz el aire y quema.

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IV

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Tú mi río de llamas

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TRÉMULA era la noche, como era el sortilegio irredento

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de tu cuerpo. No yacía el día a tus costados, tú eras el día

en mis pupilas de la noche. Miraba tu silencio en el apartado

lugar donde volvíamos con restos de nosotros. Materia del

sueño, tú eras el sueño que sólo el mismo sueño tuviera.

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VUELVO a ti con tus secretos astros, de tanta súbita luz en tus

latidos. Con nueva verdad llamando en transparencia cierta,

del invisible mar más lejos, de fulgor batiente y de azul acoso,

con serenidad de amanecer y música del alta marea. Exhalación

del alma y palpitación en libertad de respirada lumbre.

Tú mi río de llamas

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EMANADAS en su propagación tus bellas formas. Tú y yo

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entrelazados en un centro cósmico. Apariciones y desapariciones.

Muchos son los cuerpos que hay en nosotros. Se irradian

a un punto donde nos disolvemos en un cuerpo perdido,

en un centro escondido. El mundo se origina a partir

de ese lugar disuelto, sin el cual nada podría ser tocado.

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EN TUS DOMINIOS tu desnudo es lucidez ardiente, donde

tu piel es lenguaje nombrado desde el fondo. Voy hasta ti

y descubro un alfabeto distinto, de voces y aliento, como revelación alzada en la única duración del decir.

Tú mi río de llamas

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EL AIRE es nítido y está cimbreando tu desnudo. Te busco

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en la abrasadora sed del día como una emanación. Te escucho

con tu aliento en el ardor de tu sonora claridad. El hálito vivo

del conocimiento tomando voy de ti, con qué limpio

deslumbramiento de tu cuerpo.

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EN MIS MANOS tu concavidad se hizo noche-día interminable,

adoración perpetua, estallido de la materia y de la fulguración,

blanca proximidad del cuerpo todo como milagro del día resurrecto.

Tú mi río de llamas

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MOLDEADA por el fuego, con tu cuerpo de alondra. Transparente

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germinación. Vida y fulgor de la materia, en mí te ciernes,

engendradora, muerte y sacramento: virgen del latido,

alumbradora plenitud.

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Tú mi río de llamas

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NOTICIA SOBRE ESTE LIBRO

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La historia de cómo hemos dado escritura a un libro es

incomunicable o debería serlo; puesto que la no posible ex-

plicación del proceso creativo, siempre tan variable, es justa-

mente la razón de su darse, de su cumplimiento. La versión

de estos poemas: es y no es la misma que leyó por primera

vez Juan Liscano para escribir el prólogo del presente libro.

Finalizaba el año 1991, y el poeta se encontraba seriamen-

te enfermo. Con fortuna, se recuperó en pocas semanas. A

comienzos de 1992, mes de enero, recibí una carta suya que

acompañaba el prólogo, titulado “Saludo”.

La misiva que me envió, escrita a máquina y con agre-

gados a mano, si fechar, comenzada de esta suerte: “Querido

Yepes Azparren: Le remito las palabras iniciales del libro. No le diré en esta carta lo que allí está escrito. El autor de Cármenes se reconoce en usted…” Esas palabras no he podido olvidarlas, no podré olvidarlas nunca.

En los párrafos siguientes me hacía algunos comenta-

rios y, especialmente, el siguiente señalamiento: “…Mejor

es un gerundio galicado que un “que” también galicado…”, ex-hortándome así a la eliminación de un puñado de “que”,

los cuales, según Liscano , “…vedan el logro verbal…”, y me dio algunos ejemplos basados en los poemas que le había

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enviado. Los ejemplos no los compartí, aun cuando no tuve

ninguna duda de que, según su concepción de la poesía, tal

apreciación era de no dejarla pasar. Sus palabras me dejaron

reflexionando por días; pues en mi caso particular la elimi-

nación de los “que” afectaban la sonoridad del los poemas

(ya que soy de esos autores que escribe con el oído vigilan-

te). Eliminarlos, sin entorpecer la fonación, suponía modi-

ficar la sintaxis. No había otra salida, entonces, que la de

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reescribir unos cuantos poemas. Y decidí no negarme a la

posibilidad, al menos para experimentar, y me di a la tarea

de intervenir cerca de la tercera parte del poemario, esto es;

de volver a escribir algunos versos, ciertos pasajes o textos

completos en mi rebusca de los silencios del fondo. Por aña-

didura, debo decir que “trasladé” unos cuantos poemas es-

critos en verso a prosa. El trabajo fue arduo y me llevó más

de dos años, compartidos con la escritura de otros libros. El

resultado fue muy estimulante y ciertamente la eliminación

de los “que” aligeró el ritmo y le dio alas al destello poético.

La radical recomendación de Liscano favoreció mi escritura

y en ella serví en buena medida una importante etapa de mi

aprendizaje de escribir versos…

Cuándo Juan Liscano recibió de nuevo Tú mi río de lla-

mas (estos poemas tal como los entrego hoy), le interesó mi búsqueda ya más evidente de llevar a extremos la fonación

de la escritura, e igualmente aprobó las nuevas versiones, aun cuando advirtió que prescindía de unos pocos textos

(que fueron suplidos por otros, en lo cual estuvo de acuerdo

conmigo y me dijo que el prólogo no era menester modifi-

carlo). Ahora, que han pasado los años, puedo decir que la

exigencia de Liscano, su generosidad sin par, a la vez que su

concepto de la poesía no son frecuentes ni serán repetibles

entre nosotros.

Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

Desde aquel lejano año de 1992, tuve la dicha de ser su

amigo y nos frecuentamos. Recuerdo que siempre me pre-

guntaba el porqué dejaba pasar tanto tiempo sin publicar “los

poemas eróticos”, como los llamaba. En verdad, yo guardé

silencio por muchos años. Mi interés consistía sólo en escri-

bir. Esa es la única respuesta posible, que tal vez muestre una

vocación cercana a la felicidad. O una de las formas de la

felicidad, como escribió un discípulo de Homero.

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Barquisimeto, 27, abril 2006

José Antonio Yepes Azparren

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Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

ACLARATORIA SOBRE ESTE LIBRO

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Me parece importante aclarar que me vi obligado a cortar

no pocas líneas o frases de los poemas en prosa (como explico más adelante). Ello me fue ineludible debido a que el programa en que fue diseñado el presente libro no justifica automáticamente a un

mismo tiempo (a la derecha y a la izquierda) las líneas; hacien-

do obligatorio cortar las sílabas de muchas palabras e indicar ese corte, como suele hacerse, con una raya (o pleca) para que que-dara justificado el texto de ambos lados; lo cual me es inadmisible como autor de estos poemas (me refiero a ver esas rayas enojosas

separando sílabas). Así, pues, que donde había palabras con sílabas por separar –y que decidí no separar en ningún momento– he op-tado por cortar las frases o líneas sin justificar; pero no lo he hecho de modo arbitrario (pues cuido que las líneas no terminen jamás

en “que” o en “artículos determinados o indeterminados”; lo cual

permite que el ritmo de los poemas no se suspenda o decaiga, al

menos de un manera “visualmente indebida”). Esa es la razón por

la cual las líneas o frases (que no versos) de los poemas en prosa estén separados del modo que en la jerga del diseño gráfico suele llamarse “corte americano” (quiero decir: que las frases estén casi siempre sin justificar del lado derecho).

J.A.Y.A

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INDICE

I

Inscripción,

13

Saludo, por Juan Liscano,

15

Noche de mundo,

21

Realidad del cuerpo,

22

Oh mi delirio,

23

76

Dónde tú centro,

25

Llévame,

26

Lejos,

27

Fuente,

28

Vulva la palabra,

29

Límite,

30

II

Útero,

33

Cuerpo mío,

34

Dédalo,

35

Oh alma,

36

Látigo,

37

Sword,

38

Río ciego,

39

Eres,

40

Son el mar,

41

Fragua,

42

Manantial de ti,

43

Canto,

44

Oblación,

45

Fulgor,

46

Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

III

Infinita,

49

Sólo morir,

50

Salve,

51

Tus manos,

52

Pie escuchado,

54

Río al mar,

55

77

Diosa blanca,

56

Vacío,

58

Librado,

59

IV

Trémula,

63

Vuelvo,

64

Emanadas,

65

En tus dominios,

66

El aire,

67

En mis manos,

68

Moldeada,

69

Noticia sobre este libro,

71

Aclaratoria,

75

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Tú mi río de llamas

José Antonio Yepes Azparren

79

Edición a cargo de Juan M. Parada

Transcripción José Antonio Yepes Azparren

Corrección José Antonio Yepes Azparren

Diagramación Juan M. Parada

Diseño de portada Juan M. Parada

Foto de portada: Juan M. Parada

Foto de contraportada: Juan M. Parada

Los 500 ejemplares de este título

se imprimieron durante el mes de Marzo de 2009

en Fundación Imprenta del Ministerio del Poder Popular para la Cultura Barquisimeto, Venezuela.

COLECCIÓN POESÍA

EFRAÍN CUEVAS