Una noche de pic nic por María José Sobrino Simal - muestra HTML

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Noche

de

Picnic

María José Sobrino Simal

Viernes por la tarde y con las maletas cargadas los tres coches se dirigieron hacia Galaroza (Huelva) con la sana intención de pasar una semanita de

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turismo rural, pero como suele ser normal algo tenía que empezar para inquietar la estancia, al menos durante la primera noche, cuando Mara terminó discutiendo con Rixi, su pareja incomprendida desde hacía dos años, y Mara bajo la media luna tomó camino hacia la calle huyendo de voces, gritos y malos pensamientos, adentrándose en una carretera en muy malas condiciones, embrollada entre la noche, las piedras, y las luces de una gran caravana de coches y camiones , intentando evitar la ofuscación intentó escabullirse tropezando con una gran piedra que había en el arcén, pero al tropezar dejó de escuchar el ruido estridente de los quejidos de los coches en caravana, una melodía de acordeón se apoderó de los sentidos de Mara haciéndola dar un giro de 15 grados a su cabeza y con ella el resto del cuerpo, era efectivamente el sonido de un acordeón, como si de una verbena se tratase, al mismo tiempo que descubre cómo se abre una gran verja, dándose cuenta que se trataba de un parquecito donde se estaba celebrando efectivamente una verbena, más que verbena se podría decir que era como un picnic por la forma de cenador que tenia aquel lugar, las gentes comían y bebían gozosamente por el parque, pero había en el centro algo especial, unos bancos dispuestos en forma de círculo alrededor de una mesa redonda y curiosamente una niña de unos 9 años sentada en la mesa con los pies colgando, ni comía ni bebía, tan solo contemplaba la mesa, una mesa vacía y bastante deteriorada por el tiempo y cubierta de hojarasca.

- ¿Hola, te has perdido? –ignoro el por qué de mi pregunta, pues el parque no era lo suficientemente amplio como para que una niña de 9

años se perdiera.

- ¡Ven conmigo! –dijo ofreciéndome su mano y señalándome con la mirada los columpios.

La seguí instintivamente, y me senté junto a ella en el columpio del al lado, olvidando por momentos que me la había encontrado sola y puede que perdida, no sabía que hacíamos allí, mientras nos mecíamos al menos yo ligeramente contemplaba toda aquel gentío del parque, había quienes hacían una barbacoa, otros comían, bebían e incluso bailaban, se podría decir que era una verdadera noche de picnic, en ese momento me miró la niña mostrándome de nuevo su mano…

- Ven de nuevo conmigo…

Y con ella de nuevo fui…, me fue paseando entre todo el gentío, y al fondo del parque había un rio bastante insondable con una gran cascada como telón de bienvenida, pero era hora de aclarar las cosas…

- Bueno, ya es hora de que te lleve con tu familia, es tarde y yo me tengo que marchar –curiosamente su familia fueron los únicos que no me presentó.

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- No, no puedo, iré yo sola, tu vete tranquila, mi padre se pondrá de mal humor si me ve contigo.

- ¿Por qué?, ¿qué tiene de malo?

- No puedo explicártelo ahora, ven el sábado que viene a la misma hora.

- Pero el sábado que viene no estaré aquí, hemos venido tan solo para una semana.

- Por favor, tienes que venir, debes hacerlo.

- Bien, no te preocupes ni te pongas triste, lo hare –dije aun a sabiendas que no sería factible.

Y dicho esto fui poco a poco hacia la salida del parque no sin antes saludar a los que allí se quedaban, todos con caras muy sonrientes como si hubiesen compartido en realidad conmigo aquella noche de picnic.

Cuando salió del parque la verja se quedó entre abierta, ya no había ni la mitad de trafico que antes por no decir ninguno, de hecho podía ir caminando incluso por mitad de la misma vía, no se escuchaba ni el murmullo de los coches, y caminando regresó a la casita rural donde se encontraba el resto de la pandilla prácticamente todos dormidos menos él, que la esperaba despierto dispuesto a no dejarla dormir sin antes echarle su tan ansiada y esperada bronca de turno, rematada por la historia que le acaba de contar Mara…

- Estás loca, ineludiblemente loca, jaja, ¡mira…! –dijo mientras enseñaba a Mara un folleto del pueblo donde hablaba del parque y de su gran leyenda urbana, un parque cerrado durante años y desmantelado.

- Pero aquí lo dice claramente, es una leyenda urbana, las leyendas urbanas son habladurías de la gente de los pueblos, yo he estado allí, y esta misma noche se ha celebrado un picnic, yo lo vi.

- Me reitero en lo dicho, estás completamente loca, buenas noches…

Y de ese modo Rixi se fue a su habitación dejándola en la entrada sola con los folletos en la mano.

Pero ahí no quedó todo, al día siguiente en el desayuno contó la historia al resto del grupo…

- Bueno chicos, ¿Qué planes tenemos para hoy? Porque Mara ya tiene los suyos, se va de picnic al parque abandonado, ese que lleva cerrado mil años pero a ella se lo abrieron anoche, creo que lo pasó en grande, –

dijo Rixi en tono irónico.

- No deberías reírte de ella, si lo cuenta es porque pasó así, igual lo han restaurado y habilitado de nuevo como parque, no veo motivo alguno por el que se invente esa historia y mucho menos aun que Mara este loca, y es más, me gustaría visitar ese parque esta tarde, ¿me acompañas Mara? –dijo Luis dirigiéndose a ella y respaldándola con sus palabras.

- Si claro, no tengo problema –dijo mientras miraba a Rixi de reojo.

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Y tras esas palabras de Mara, todos se quedaron en puro mutismo, y tras la siesta Mara y Luis marcharon hacia el parque, pero encontraron un ambiente realmente desolador, completamente desmantelado y cerrado por una verja totalmente oxidada rodeada con cadenas y un gran candado también oxidado, bien claro estaba que ahí ocurría algo.

- No entiendo nada, anoche mismo estuve yo ahí dentro, la verja estaba abierta, y todo estaba en buen estado, en ese mismo columpio estuve yo sentada con la niña de la que os hablé –dijo entre desolada, sorprendida y asustada.

- ¿Igual fue un sueño demasiado real no crees? –dijo Luis intentando darle sentido a su historia.

- Un sueño no lo cuentas cuando vienes de la misma calle Luis.

Cuando llegaron a la casa Luis lo comentó con todos, preguntarían, investigarían, era la única manera de tener respuestas. El propio boca a boca del mismo pueblo les sacaría de dudas.

Le preguntaron al dueño de la casa rural donde se alojaban, al dueño del restaurante donde habían concertado comer esa semana, y en todos los lugares coincidían en el mismo comienzo de la historia y en el mismo final…

“Era un parque alegre y concurrido, pero una trágica historia que sucedió a una familia hizo que fuera de desgracia en desgracia cualquier persona que por allí pasaba, como una verdadera maldición, las personas iban desapareciendo sin explicación alguna, sin encontrar cuerpos ni indicios de muertes, dando todo por caso sobreseído y dando por cerrado el parque para evitar que desaparecieran más personas”.

Mara no daba crédito a todo lo que le habían contado pero muchísimo menos aún a lo que había vivido la noche anterior, llegando ella misma a la conclusión de que quizás lo había soñado, pero de ser así ella no habría mantenido la noche anterior aquella disputa con Rixi cuando llegó a la casa, ella venia de algún lado, nada tenia explicación, tan solo había algo real, aquel parque estaba en desolado, cerrado a cal y canto, incluso el columpio donde había estado la noche anterior ahora era tan solo un armazón de hierro oxidado con un par de cadenas colgando a lo alto indicando que en tiempos ahí había habido un columpio; No tenía otra elección mas que dejarlo pasar, agua que no debas beber déjala correr y estaba claro, que de esta agua no debía beber.

Y llegando la noche de vuelta a casa, intentando olvidar de momento de todo lo ocurrido, y, hasta ahí todo normal, incluso Mara y Rixi se encontraban más relajados entre ellos, pero por la noche, mientras todos parecían dormir, Mara que se encontraba en el hall de la casa se quedó unos minutos contemplando aquellos folletos antes de volverlos a entrar en los cajones del mueble, y justo

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en ese momento vi o en el espejo el reflejo de la niña con la que había estado en el parque la noche anterior, susurrándole…

“Ven el sábado al parque, a las doce de la noche, te espero”.

La imagen se desvaneció acompañada del escandaloso grito de Mara, automáticamente todo el grupo despertó.

¡Se puede saber que pasa Mara! –dijo Rixi mas que asustado enfadado con la cara de no dejarle dormir tranquilo.

- Era ella, estaba ahí en el espejo.

- ¿Nena, todavía sigues con esa fantasía? –dijo uno de los de la pandilla.

- Os lo dije, esta locaaaaaa, me voy a dormir si tus fantasmas me dejan –

dijo Rixi dejándola ahí en mitad de la plebe.

Al igual que él todos fueron de nuevo a sus habitaciones, cerrándose todas las puertas y apagándose todas las luces, salvo la habitación del fondo que la ocupaba Luis, ésta se quedó abierta, Mara no podía volver a la cama con Rixi, se negaba a dormir a su lado, y silenciosamente fue hasta el dormitorio de Luis, éste se encontraba sentado en la cama con los codos apoyados sobre sus piernas y las manos sobre sus sienes.

- ¿Se puede?

- Vaya pregunta Mara, pues claro que sí.

- Gracias –dijo mientras se sentaba a su lado –veras, no solo vi la imagen, esa niña me habló y créeme era la misma voz que escuché en el parque, me dijo que fuera el sábado a las doce de la noche de nuevo, esto me está volviendo loca Luis, no sé qué hacer.

- A ver, Mara, tú no estás loca, lo que te ha pasado no tiene explicación alguna, pero no lo estas, y lo que te acaba de ocurrir ha podido ser perfectamente una mezcolanza de lo ocurrido ayer y lo que hoy nos han contado, lo que debes hacer es descansar.

- Gracias por escucharme Luis, será mejor que me vaya a dormir.

Al día siguiente continuaron con el plan que llevaban de excursiones, pero Rixi pasaba bastante de ella, la creía loca, mientras Luis la observaba pero sin juzgarla en ningún momento, ella sabía que él confiaba en ella y eso le reconfortaba , de nuevo volvieron a la caída de la noche a la casa, y tras la cena en la terraza se marcharon a dormir, pero ésta vez no se asomó al espejo de la entrada, sentía miedo, fue al baño a asearse antes de dormir y justo en ese momento volvió a ver a la niña diciéndole otra vez…

“Ven el sábado al parque por favor, te estaré esperando”.

Volvió a dar una nueva encogida pero esta vez todo fue en silencio, se fue a dormir sin decir nada a Rixi, ni tan siquiera a Luis, se metió en la cama

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pensativa recordando aquellas palabras, algo le hacía entender que tenía que ir el sábado a ese parque, pero Mara sabia de sobra que ese sábado ya no estarían allí, su estancia terminaba el viernes.

A la mañana siguiente mientras todos desayunaban…

- ¿Rixi, habría alguna posibilidad de podernos quedar hasta el domingo?

- ¿Pero qué dices?, ¿Por qué?, en primer lugar tenemos pagada la estancia hasta el sábado solamente porque ese día llegan nuevos clientes y en segundo lugar recuerda que yo trabajo ya el sábado en el hospital.

- Ya pero es que yo necesito estar aquí hasta el domingo.

- ¿No será por la niña esa de tu imaginación que te tiene comido el tarro verdad?

- ¿Y si fuera así que pasaría?

- Decisivamente estás loca, ¿algún voluntario para acompañarla al parque fantasma?

- Pues mira por donde aquí tienes a uno –dijo Luis respondiendo a la pregunta sarcástica de Rixi mientras el resto le miraban como si realmente el también se hubiera vuelto loco.

Mara se sintió de nuevo resguardada por las palabras de Luis y cuando se encontraban a solas…

- ¿Mara, cuantas noches has visto a esa niña?

- Dos sin contar la noche de parque.

- Bien, haremos una cosa, esperaremos esta noche, y esta me quedaré yo contigo, si vuelve a pasar ya nos buscaremos la vida tu y yo para podernos quedar una noche más que evidentemente no podrá ser aquí, tendríamos que buscar.

- Sé que tú me crees, sino no dirías esto.

- Vamos a ver Mara, no es que crea lo que me cuentas, sino que no tengo ningún motivo para no creerlo y menos para pensar que estés loca,

¿vale?

- Vale, con eso me basta –dijo Mara terminando con una sonrisa sobre su rostro.

Ambos sabían que el hecho ocurriría a media noche, y mediante algún espejo, primero anduvieron un rato por el hall, primer sitio del supuesto encuentro, pero nada, poco más tarde lo intentaron en el baño, pero tampoco hubo ningún tipo de señal, en ese momento Mara pensó que quizás el problema fuera Luis, tal vez si estuviera sola puede la cosa cambiara.

- Luis, ve a tu habitación, mejor espero yo sola.

- Pero, ¿Por qué?, pensé que esto lo llevaríamos juntos

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- Y será así, pero ahora es mejor que este yo sola, luego te lo explico, confía en mí.

Y Luis como un mandado se marchó a su habitación, dejando la puerta bien abierta y los oídos bien pendientes, mientras Mara se sentó en el sofá sin saber lo que iba a pasar, y justo en ese momento vio el reflejo de la niña en los cristales de los ventanales que daban a la piscina, y tal era el silencio de la casa que Luis pudo escuchar perfectamente como Mara se levantó del sofá comenzando a susurrar, sin pensarlo se dirigió al salón pero tan sigilosamente que ni el propio silencio le escuchó, contempló a Mara frente al cristal y la siguió con la mirada pero sin poder apreciar ningún rostro a través de él, no pensó que se trataba de locura, sino de que aquella cosa fuera lo que fuera no quería dejarse ver por otra persona que no fuera Mara, pero esta vez era distinto, esta vez hubo un cierto dialogo…

- “Por favor, ven el sábado a media noche al parque”

- ¿Qué quieres de mí?

- “No preguntes por favor, el sábado, recuérdalo bien, a media noche.”

- Bien, intentare que mi amigo se quede conmigo, pero nos tendremos que alojar en otro sitio, aquí solo podemos hasta el sábado.

- “Mara, por favor, debes venir tu sola, ve a <La casa del labrador>, ahí seguro habrá sitio, por favor, ven…”

Y así terminó la conversación, en ese momento ella se dio cuenta que Luis estaba tras ella…

- Dime, ¿la has visto?

- No, pero te creo, escuché lo que tu decías, hablabas de <La casa del labrador>.

- Si, exactamente, Luis, no me digas que no es una chifladura todo esto y para sumo que te faciliten donde alojarte como si fuera un guía turístico.

- Si, la verdad es que en el fondo tiene su gracia.

- Si, gracia y miedo –dijo mientras miraba a la nada.

- Bien, pues no hay más que hablar, iremos a esa casa.

A la mañana siguiente se presentaron allí, parecía realmente un lugar yermo, daba incluso algo de miedo, y con la mano temblorosa Mara llamó a la puerta…

- Que desean –dijo ásperamente un chaval con un aspecto bastante desaliñado.

- Deseamos una habitación.

- ¿Quién les ha dicho que yo tengo habitaciones?, hace siglos que ya nadie viene por aquí, nadie quiere alojarse frente a ese parque.

- Ya, bueno, ¿pero tiene habitaciones?

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- Si, jajaja, todas, jajaja –dijo mientras caminaba hacia dentro para enseñarles una de ellas-, no son muy acogedoras, como comprenderán al no venir nadie tampoco me he molestado demasiado en ellas.

- No se preocupe, tan solo será una noche.

- Bien, pueden elegir la que quieran, jajajaja.

- Solo me quedare yo –mirando a Luis.

- ¿Cómo?, ¿pero qué dices?

- Por favor Luis, déjame a mí, solo una por favor –dirigiéndose al casero.

- Bien, no necesita llave, puede venir cuando quiera, yo apenas duermo, jaja.

Y al salir de allí…

- Mara, ¿tú estás loca?, no me gusta la pinta de ese tío, y ¿has visto que risa tan espectral tiene?, por favor déjame acompañarte.

- Ni hablar, esto es cosa mía, por favor, confía en mí, se perfectamente lo que hago.

Pasada el resto de la semana Mara no volvió a ver más aquel reflejo, en cierta manera le daba tranquilidad, pues era señal de que aquella niña fuera quien fuera se sentía satisfecha porque Mara acudiría a aquella extraña cita en el parque. Terminó discutiendo con Luis, y con el resto de la panda y por supuesto con su Rixi el que ya la trataba de imposible…

- Bien, si te quedas olvídate de mí, no quiero estar con ninguna loca en mi vida.

- Muy bien, no te preocupes, me lo pones cada vez mas fácil para olvidarme de ti, que me quedo.

Pero Luis no se quedaba tranquilo, dijo que también se marchaba pero planificaba algo distinto, se quedaría a escondidas de ella.

- Mara por favor, solo te pido una cosa, déjame quedarme el día contigo, y te prometo que a la caída de la tarde me marcharé, por favor.

Y todos marcharon al día siguiente por la mañana, era sábado y había mercado medieval, y allí pasaron prácticamente el día, comieron donde lo habían acostumbrado durante toda la semana, el camarero al no ver al resto de la pandilla se extrañó y los miró con cierto aire cómplice dando a entender que se había quedado la parejita, mientras ellos se miraron con cara de impresión pero ninguno de ellos hizo afán de contradecir aquel gesto o insinuación del camarero, ¿quizás comenzaba a haber algo entre ellos?, ¿es posible que la historia de aquel parque les hubiese unido?.

Mezcla de interpelaciones y cansancio que los llevó directamente a la habitación de aquella extraña casa, la habitación era sencilla, ambos se tumbaron como dos buenos amigos pero imaginando a la vez en silencio si

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quizás podían ser algo mas, pero eso…tal vez en otro momento, ahora tenían otros desvelos en la cabeza, ella, la noche tan extraña que le esperaba en aquel parque, y él su gran mentira, su escapada irreal, su estar sin estar, y pensando ambos en aquellas situaciones se quedaron dormidos del tal manera y con tanta intensidad que cuando despertaron el sol parecía despedirse.

Luis despertó primero, contemplando a su amiga como si de la bella durmiente se tratase, quería acariciarla, pero le daba miedo tocarla, ¿y si despertaba en ese momento?, era su amiga, en ese momento hizo algo curioso, levantó su mano izquierda y la pasó casi rozándola desde los pies, pasando por sus rodillas, sus muslos, comenzando a temblarle la mano a medida que iba subiendo paseándose por su ombligo, casi terminando en su pecho, cada vez le temblaban mas las manos, hasta que finalmente pararon justamente sobre sus labios, y todo sin tan siquiera haber tocado un solo intersticio de su piel, tan solo llegó a rozar sus labios con sus dedos, y en ese momento ella despertó.

El estaba medio tumbado con su cabeza apoyada sobre el brazo derecho mientras la izquierda la dejó apoyada en la cama…

- ¿Qué haces?

- Te contemplaba mientras dormías, inspiras paz…

- Sí, pero ahora inspiro que debemos irnos a cenar, tendrás que irte antes de que se te haga tarde.

Lógicamente ella ignoraba que él pensaba quedarse, salieron a tomar algo a un bar cercano a la zona, poco después se marcharon terminando en la puerta de la casa hasta donde él pensaba acompañarla, sabía que ella no iría hasta las doce, se metió en su coche haciendo tiempo, lo suficiente para darle tiempo a ella a ocupar su habitación, y Luis abandonando su coche se dirigió a la casa de nuevo…

- ¿Usted por aquí de nuevo?

- Sí, pero le pido privacidad absoluta, no quiero que mi amiga sepa que yo estoy aquí, vera es una cuestión personal –le dijo estas palabras mientras le daba dinero bajo cuerda.

- Jajajaja, hace mucho que nadie me paga, mis labios están sellados, jajaja.

- Gracias, solo le pido una última cosa, ocupar la habitación mas próxima a mi amiga.

- Jajajaja, es fácil, están todas libres, jajaja Realmente aquel hombre no estaba bien de la cabeza, y la risa fantasmagórica hacia temblar a cualquier estatua de piedra o mármol, efectivamente lo acompañó a la habitación que estaba justo al lado de Mara, de tal manera que

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él pudiera seguir sus pasos sin que ella lo percibiese, él sabía la hora, sabía que el parque estaba prácticamente enfrente, tan solo le faltaba poner en práctica el juego de la discreción.

Rondaban ya las once y media, era una noche cargada de estrellas y una gran luna llena redondeada, al estar el parque cerca llegó enseguida, éste se encontraba cerrado, con el candado echado y cadenas, todo oxidado por la desidia y el tiempo, por dentro daba la misma imagen desértica de siempre, Mara confiaba en la imagen de aquella niña del espejo, ¿la misma con la que habló?, es posible, sabía que algo intentaba decirle , dio un paseo por los alrededores, mientras Luis ya andada escondido en una arbolada a la derecha del parque, solo podía estar de espectador, siempre que Mara no corriese ningún peligro.

Doce de la noche, la luna parecía disimularse entre las nubes, una brisa extraña hizo que la verja chirriase comenzando a abrirse, Mara se dio la vuelta completamente rígida y allí mismo como si un decorado se hubiese levantado en ese momento comenzó a sonar a modo de una musiquita de verbena con acordeones, mientras Luis tan solo podía contemplar aquella vieja verja abierta, pero sin escuchar ningún sonido, y a Mara deambulando por el parque como alma en pena, recorriendo los bancos, incluso la llegó a ver columpiándose,

¿Cómo podía hacer eso sin haber asientos?, pero desde aquella distancia apenas podía distinguir ese detalle.

Mara seguía columpiándose mientras miraba la luna y entre música de acordeón y farolillos apareció aquella niña, la misma del parque, la misma del espejo, ahí, junto a ella, en el columpio de al lado…

- Pensé que no vendrías –dijo Mara bastante nerviosa.

- Te dije sábado a las doce, y ahora son las doce.

- Y ¿por qué tenía que ser hoy justamente?

- Porque fue un sábado cuando todo ocurrió, y debe ser en sábado cuando todo se sepa.

- ¿Qué debe saberse?

- Lo que ocurrió aquella noche

- ¿De qué hablas?

- Shhhh, no quiero que nos escuche.

- Quien, ¿esta gente?

- No, mi padre…

- ¿Tu padre está aquí?

- Bueno, si y no, pero eso da igual, nos escucha, lo sé.

- Perdona, no entiendo nada.

- Bueno, dame la mano y te lo explicaré.

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Mara sintió el roce frio de su mano junto a la suya, y en ese momento ambas se vieron envueltas en una humareda que todo lo dejó detenido, la música cesó y las gentes quedaron como petrificadas, pero Luis, seguía sin ver nada, tan solo a Mara columpiándose en su propio silencio.

- ¿Qué ha pasado? –dijo Mara sin distinguir entre fantasía y realidad.

- Nada serio, simplemente se ha detenido el tiempo.

- ¿Por qué?, ¿Cómo?, ¿para qué?

- Poco a poco Mara, hace ya algún tiempo aquí ocurrieron cosas…

- ¿Cómo qué?

- Veras, toda esta gente que ves aquí, en realidad, no están aquí, no lo están ahora, pero en tiempos sí que estuvieron.

- ¿Me estás diciendo que estoy viendo fantasmas?

- Si, se podría decir.

- Dios, ¿y porque esto me tiene que estar pasando a mi?

- Porque tú lo entiendes.

- ¿Pero qué dices?, estas cosas nunca se entienden, entonces si son fantasmas, ¿todo esto que estoy viviendo es mentira?, la fiesta, la música, el parque, ¿todo ficción?

- Muy aguda, lo adivinaste.

En ese momento Mara saltó del columpio haciendo amago de huir de allí, pero aquella niña la sujetó de la mano, esta vez no la notó fría, sino medio fosilizado, como si se des esquebrajase…

- Por favor, quédate conmigo, tienes que escucharme, tienes que ayudarme.

- Pero, ¿a qué?, si todo esto es mentira, ¿qué haces tú aquí?, ¿Qué hacías en el espejo, en los cristales y en mi vida?

- Nada de esto es ficción Mara, todo fue real pero en su tiempo.

- Bien, vale, tus ganas, ¿Qué pasó?

- Algo que tan solo tú puedes creer.

- ¡Oh dios!, esto me va a volver loca.

En ese momento se volcó su columpio cayendo al suelo.

- ¿Pero qué pasa aquí?

- Anda, ven conmigo.

Volvió a cogerle de la mano llevándola hacia al rio, Luis continuaba tranquilo, pues la continuaba viendo en el columpio…

- No te asustes Mara, no pensaba empujarte, es muy desagradable caer ahí abajo, el agua esta tan fría que mientras te sumerges es como si miles de millones de trocitos de cristal congelados se te fuesen

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incrustando en tu piel hasta despedazarla, para luego después no ver nada, no escuchar nada, y más tarde…no sentir nada.

- Hablas como si tú misma hubieras vivido esa experiencia y la estuvieses contando desde el otro lado.

Cuando Mara terminó aquella frase vio como aquella niña agachó su cabeza hasta mirarse los pies, en ese momento Mara recordó aquel dialogo que tuvieron en los columpios… “-¿Me estás diciendo que estoy viendo fantasmas?, -si, se podría decir.”

Mara se quedó parada frente a ella, con los ojos desorbitados, y como si una cuerda fuese tirando poco a poco de sus pies como un títere, segundo a segundo iba retirándose de aquella ¿imagen?, ¿persona?, ¿niña?, ¿fantasma?

- ¿Te asustaste verdad?, pues ya sabes quién soy, o mejor dicho, ya sabes que soy

- Dios, pero porque esto me está pasando a mí.

- Déjame contarte algo.

- No, yo ya no quiero escuchar nada más, me quiero marchar.

- ¿Después de haber esperado una semana entera a que llegara esta noche me dejaras sola?

- ¿Sola?, pero si tu directamente no estás, me parece que me terminare volviendo chiflada, o quizás ya lo estoy.

- Escúchame, no estás loca, me ves porque crees en mi y en la historia que te voy a contar también creerás.

- ¿Historia?, ¿Qué historia?

En ese momento se dejó caer sobre una piedra en el mismo borde del acantilado, mientras al otro lado de la alborada Luis se había quedado dormido.

- Cuenta antes de que me arrepienta.

- Pasó hace tiempo, yo estaba aquí con mi familia, con mis padres y mi hermana, hacíamos un picnic, hacia un día estupendo, nos sentamos en aquel cenador circular, trajimos de todo, comida, bebida, mi padre era comercial y viajaba mucho, y para él era muy especial vernos juntos a toda la familia, después de cenar mi hermana y yo fuimos a los columpios, mientras tanto mis padres fueron a dar un paseo alrededor del rio, al rato vino mi padre con un ramillete en la mano, era una planta con unas semillitas, tenían muy buena pinta, mama que venía tras el siempre decía que los frutos que se comen en el campo siempre alimentaban más que los que se consumen en la ciudad, y bueno, empezamos a comer todos, pero se terminaron enseguida, papa nos dijo que había más junto al rio pero que teníamos que tener cuidado porque era peligroso, nos acercamos con mucho cuidado, yo iba de la mano de mama, pues bien, ¿ves este arbusto?, estaba lleno de esas semillitas

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de colores, continuamos comiendo hasta hartarnos, terminamos todos tumbados ahí en ese lado que estaba lleno de hierba, pero al ratito empezó mi hermana a sentirse mal, se quejaba de la tripa, luego fue mi madre que empezó también con dolor de tripa, mi padre se mosqueó y dijo que lo mejor era que fuéramos al médico, pero al rato empezó él también a sentirse raro y yo notaba que se me nublaba la vista, empecé a ver a mis padres y hermana acercarse cada vez más al acantilado, sí, eso pensaba yo, pero no eran ellos o al menos no se comportaban igual, iban medio arrastrándose por el suelo como si intentasen pedir ayuda, pero ayuda al rio porque los vi caerse uno a uno haciendo esos movimientos tan raros, yo no veía muy claramente por donde iba, solo sé que las piernas me temblaban tanto que al asomarme al acantilado caí tras ellos, fue cuando empecé a sentir todo aquello que te conté antes.

- ¿Y porque me cuentas todo esto?

- Porque… aun hay mas, cuando mi padre vio todo lo que estaba pasando pude oírle una especie de maldición a este parque diciendo que si su familia no salía de este parque no saldría nadie más que entrase en él, y si, se que suena a cuento de brujas pero, ha sido así.

- ¿Ha sido así el que?

- En este parque siempre ha sido tradición hacer picnic los sábados en las noches de verano, venia mucha gente, pero aquella noche fuimos los únicos que vinimos, y a raíz de aquel día sucedió algo insólito, al sábado siguiente volvió a venir gente, como siempre, ese día era además era especial pues se celebraba la patrona del pueblo, pusieron farolillos, sonaba música de acordeón, una auténtica verbena, hasta que uno por uno de cada uno de los que allí estaban comenzaba a retorcerse de dolor, a vomitar, a arrastrarse como posesos todos hasta el acantilado, cuando pasó aquello en mi familia vino la policía a investigar, vieron los restos de comida, pensaron que habíamos desaparecido sin más, miraron en el bosque pero no encontraron nada, al sábado siguiente cuando desapareció de nuevo toda esa gente empezaron a investigar otra vez, no vieron ningún cuerpo, desde aquel día y ante tal misterio decidieron cerrar el parque.

- ¿Pero por qué no miraron en el rio?

- Nadie en su sano juicio se asomaba a ese acantilado, tan profundo, y nadie supo porque todos murieron.

- ¿Y porque fue?

- La maldición de mi padre, ya te lo dije.

- Entonces, sino siguieron investigando, si no buscaron mas, todo esa gente…, tu familia…, tu

- Sí, todos seguimos ahí.

- Y ¿Qué quieres que haga yo?, o mejor dicho, ¿Por qué te has fijado en mi?

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- Porque desde este lado se siente si alguien cree o no en nosotros, yo tan solo puedo ver esa lucecita los sábados, es cuando vengo aquí, bueno, venimos todos aquí, se vuelve a formar la verbena con todos juntos, pero al terminar nunca nos podemos ir, siempre volvemos como si una fuerza mayor que nosotros nos llevase de nuevo ahí abajo, y entonces es cuando volvemos a sentir ese frio intenso que nos parte y nos hace tanto daño.

- Vale, bien, ahora sé porque te has fijado en mí, pero ahora dime, ¿qué es lo que quieres que haga yo?

- Porque tú nos puedes sacar de allí.

- ¿Del rio?, ¿Cómo?

- Pide ayuda.

- Pero, que tonterías dices, ¿Quién me va a creer a mi?, si mis propios amigos me creían loca, figúrate los demás.

- Tienes que intentarlo, todo depende de ti.

- Pero no puedes dejar caer todo ese peso sobre mí.

- ¿Peso sobre ti?, ¿y nosotros?, ¿Qué piensas de nosotros?, ¿crees que estamos bien?, jamás podrá venir nadie a este parque mientras mi padre siga aquí, y nosotros no descansaremos en paz jamás.

- Perdona, ese no es mi problema.

- Vale, muy bien, gracias.

En ese momento se desvaneció como si fuese una luciérnaga, como un puntito de luz que en lugar de subir a lo alto como una estrella se sumergió de nuevo en el rio apagándose mientras iba profundizando en él.

Mara quiso escabullirse de allí, a toda prisa se arrimó a la puerta, pero estaba cerrada con la cadena puesta y el candado, comenzó a gritar como una loca y a tirar de la puerta, Luis que se había quedado dormido despertó de un sobresalto al escuchar los chillidos de Mara, salió corriendo tras ella, pero algo ocurría, conforme Luis se iba acercando era como si la verja se fuera despojando poco a poco de las cadenas hasta que finalmente el mismo candado cayó al suelo.

- Nena, ¿estás bien?

Y Mara se abalanzó a el aferrándose y abrazándole como un naufrago se aferra a su pequeña tabla de madera.

- No sé qué haces aquí, ¿no te fuiste con el resto de los chicos?, no entiendo nada, ¿Qué está pasando aquí?

- Eso mismo me pregunto yo, bueno, lo mío fue decisión propia, decidí quedarme, me negaba a dejarte sola aquí, y bueno he visto cosas muy raras.

- Pero ¿Dónde te has quedado?

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- Nena, me quedé en tu misma pensión, te seguí sin que tú te dieras cuenta cuando saliste de la pensión, me escondí en aquellos arboles de allí, y francamente lo único que pude ver fue como te columpiabas ahí todo el tiempo, –decía mientras miraba las cadenas colgando del mismo-cada vez que miraba hacia acá hacías lo mismo, tan solo te columpiabas, al final no sé que me ocurrió que me quede dormido y hasta que oí tus gritos.

Mara se dio cuenta perfectamente que él no había visto nada de lo ocurrido, ¿Por qué no vio nada mas?, ¿acaso aquella niña tan solo le dejó ver ese espejismo?

- ¿Y todo este tiempo has estado ahí escondido?

- ¿Y que querías que hiciera?, ¡anda vámonos!

Empezaron a caminar hacia la pensión donde él había aparcado el coche, y mientras caminaban ella tornaba la cabeza y veía como aquella verja seguía abierta, sin cadenas, sin candado, era raro, ahora ese parque permanecería abierto a todo el mundo, ¿volvería a suceder lo mismo a quien fuera allí?, y de no ser así, de todos modos, si todo aquello fue verdad, esa familia y toda aquella gente estaba en el rio y lo que es peor, con esa maldita y extraña maldición persiguiendo al parque.

Se lo contó todo a Luis, y a él le pareció tanta la locura como a ella, subieron todo al coche y emprendieron el camino, pero algo sucedió, ya no veía los coches a través del espejo retrovisor, ni tan siquiera la carretera, tan solo veía un reflejo distorsionante que la hizo cerrar los ojos por unos segundos, pero al instante volvió su mirada cuando se encontró con…¿aquella niña de nuevo?, dio un sobresalto en el asiento de tal manera que le hizo a Luis dar un giro al volante.

- ¿Pero te has vuelto loca?, ¿Qué coño te pasa?

- ¡Era ella otra vez!

- ¿Ella?, ¿Quién es ella, la puñetera niña otra vez?

En ese momento el propio volante cobró vida sin que tan siquiera él lo tocase terminando en el arcén, sin luz, se quedaron sin batería y la aguja de la gasolina marcaba en flecha roja que el coche se había quedado completamente seco.

- Pero, ¿Qué está pasando aquí?

- Da igual lo que hagamos, es ella, no dejará que nos vayamos, nos tiene en sus manos.

- ¿Otra vez esa mocosa?

- ¡Shhhhhhhhhhh! –dijo Mara mientras le tapaba la boca.

- ¡Que!, ¿ahora también nos escucha y no podemos ni hablar?

[17]

- Estas hablando como si fueras Rixi, mejor si me hubiese quedado sola.

- Perdona –dijo mientras la abrazaba-, soy imbécil, me quedé contigo confío en ti, de verdad, perdona, si tu estas metida en toda esta mierda…, yo también lo estaré contigo.

- ¿Lo dices en serio?

- Te aseguro que en mi vida he hablado más en serio.

- ¿Entonces qué hacemos, nos quedamos en la pensión y mañana vamos a la policía?

- Pero si no tenemos ni luces ni gasolina, no podemos volver, tendré que llamar a los del seguro para que nos ayuden.

En ese momento se encendieron todos los faros del coche y el motor comenzó a funcionar, Luis abrió los ojos aterrado, puso su mano derecha sobre la pierna de Mara y dijo…

- Muy bien, vosotras ganáis, nos quedamos.

Y con el depósito lleno de gasolina retornaron de nuevo a la pensión, aparcaron el coche, llamaron a la puerta y sin problemas el casero les atendió con la misma risa de chiflado que la vez anterior, a cada uno le dio la misma llave de las mismas habitaciones que ocuparon antes de ir al parque, pero ambos se quedaron mirando mientras se alejaban del casero para ir hacia una de ellas.

- ¿Habitaciones separadas? – dijo Luis.

- Preferiría no dormir sola esta noche, ¿pero solo dormir eh? – dijo Mara con sonrisa burlona.

- ¿Dudas de mi?, nena, ayer compartimos cama en la siesta y ni un pelo te toqué.

Ella sabía que podía confiar en él, aunque quizás tal vez en algún momento desearía que se saltase sus propias normas si es que tenía que haberlas, tampoco estaba tan segura.

Finalmente ambos ocuparon la misma habitación, la de Mara, ni tan siquiera encendieron la luz, había una luna sorprendente y las estrellas eran como focos alójenos, el silencio reinaba en toda la estancia, tan solo se escuchaba el sonido de sus respiraciones, lentamente y sin decir nada se fueron quitando la ropa, confundiéndose las luces con las sombras y las sombras con las penumbras, y las penumbras con el juego del reflejo del baño de luna sobre sus propios cuerpos quedando finalmente entre sabanas, todo un deseo compartido, pero dormido entre sabanas, sueños atrapados entre esperanzas dormidas.

El amanecer les sorprendió, él la miró a ella envuelta entre sus cabellos, la miró lentamente pero de tal manera que ella podía notar sobre su piel el propio

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aliento de aquella mirada, sin embargo ella no quería abrir la puerta de lo racional, quería seguir sumisa en aquella ignorancia de su propio despertar.

Pero en ese momento un sonido que parecía salir de otro mundo ahogó el silencio entre las cuatro paredes de la habitación de tal modo que hizo levantar los parpados de Mara, en aquél instante aquel mundo de sensaciones se vio apagado por aquel atisbo de tecnología, en ese momento fue como si las manecillas del reloj hiciesen un desvío en la respiración de Luis, le hizo despistar su propio aliento a su reloj de pulsera, él sabía perfectamente la hora que era, pero era como si intentase evitar que se cruzase la mirada de ella con la suya, y entonces llegase ese momento en el cual ambos pusiesen en duda si esa decima de segundo debía ir encaminada a unir sus labios, o tal vez, cada uno de ellos emprendiese otro camino que firmase que entre ellos solo debía seguir una sola amistad, una amistad acariciada por un deseo o por un exceso de cariño deja de darle la mano a la amistad para cogerse de la mano del amor, pero aquella alarma sonó y debían acudir lo antes posible a la policía del pueblo.

Marcharon directamente a la policía local, pero era un tema muy arduo para explicar a cualquiera, se encontrarían con dos problemas, la credibilidad de la policía y encontrar todos aquellos cadáveres para que descansaran en paz.

- Tenemos un problema, ¿Cómo le hacemos creer a la policía nuestra historia?

- Jajaja, nena, ¿nuestra historia?, tu historia.

- Bueno, si, vale, pero tú estás conmigo en esto con lo cual la historia también te pertenece a ti, o estas dentro o fuera.

- Ya sabes que si Mara, pero nos van a tomar por desequilibrados.

- Chiflados nos vamos a volver si no hacemos nada y esa niña no nos deja volver.

- Si, da escalofríos pensarlo, ¡vamos!

Entraron en la comisaría, pidieron hablar con el comisario jefe, pero éste estaba ocupado, se sentaron en la sala de espera, así estuvieron hasta casi una hora, hasta que por fin salió por la puerta, era bastante grandote, ancho de cara y de tripa, y con un aroma a bollería de chocolate envolviéndole como un cerco.

- ¿Me buscan a mí?

- Sí, sí, claro, tenemos algo raro pero importante que contarle.

- Este comisario no pierde tiempo en casos raros, ya pueden pedir que lo sea de verdad, pasen a mi despacho.

El comisario tenía cara de pocos amigos, su despacho era austero, siniestro, ascético, le faltaba vida, le faltaba hasta el aire.

[19]

Se sentaron todos mientras el comisario abrió un cajón para sacar de él un gran puro entre restos de migajas de chocolate, al encenderlo se quedaron chocantes por la prohibición de no fumar que habían visto antes de entrar.

- ¿Qué pasa?, yo en mi despacho puedo hacer lo que me venga en gana, ahora cuéntenme.

Ambos se quedaron mirando el uno al otro pensando en donde se habían metido.

- Verá, hemos estado de turismo una semana en una casita rural y nos llamó mucho la atención que en los alrededores un día mientras paseábamos nos encontramos con un parque completamente inerme y abandonado donde había como una especie de merendero – en ese momento el comisario le cortó sin dejarle terminar…

- Ah sí, bueno ese parque ya esta desahuciado, hubo ahí una historia muy rara hace tiempo.

- ¿Nos podría contar algo? – dijo Mara viendo una puerta abierta a su credibilidad.

- Vamos a ver, señorita, esto es una comisaría de policía, no una oficina de turismo.

- Señor comisario –siguió Mara acercándose cada vez más al careto del comisario- hemos estado una semana en esa casita rural, y mi amigo y yo hemos decidido quedarnos más tiempo del previsto costeándonos una pensión sin necesidad porque nos han ocurrido hechos muy extraños en ese puñetero parque, y de no ser así ahora estaríamos aquí, y no tendríamos la necesidad de tenerle que ver a usted ese careto con olor a chocolate, pero una cosa le advierto, ojalá y aquella maldición inunde su cochambroso despacho y el resto del pueblo porque usted ha pensado que simplemente somos unos turistas aburridos, y ahora con su permiso y sin él nos volvemos por donde hemos venido, que le vaya bien.

Y se marcharon como una centella de aquel despacho.

- Pero, ¡yo alucino!, ¿Cómo te has atrevido a hablarle así a ese figura?, por momentos pensaba que nos embuchaba como si fuéramos bollos de chocolate, ¿pero tú no has visto como se le ponía el semblante del rosa al morado sin pasar por el rojo?

- ¡Shhhhhhhhhh!, baja la voz, apuéstate algo a que nos sigue…

Y obviamente llevaba razón, tras ellos iba el propio comisario como un cangrejo y escamoteándose el sudor de la frente con un pañuelo.

- ¡Esperen!, ¡por dios esperen!, ¡vuelvan a mi despacho, se lo ruego!

Y Luis murmurando bajito le dijo a Mara…

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- ¿pero que le has hecho?, mira que eres sagaz, jaja –dijo a Mara susurrando.

- Sí, señor comisario – dijo muy decidida- tras usted vamos.

Llegaron de nuevo a su despacho, ocupando de nuevo los asientos…

- Bien, soy todo oído –dijo el comisario esta vez en actitud interesante.

- Pues bien, como ya intentaba decirle antes, nos llamó mucho la atención aquello pero no le dimos mayor importancia hasta que empecé a ver a través de los espejos y cristales durante varios días la imagen escalofriante de una niña, su mayor empeño era hacerme ir a ese parque un sábado a las 12 de la noche, esto mismo sucedió noche tras noche hasta que tome la decisión de quedarme hasta el sábado, y mi amigo Luis decidió acamparme en esta extraña aventura –dijo mirando a su amigo de manera cómplice- , él fue el único que me creyó y apoyó, de la misma manera decidió acompañarme en esta especie de aventura

– haciendo un gesto con los dedos entre comillas- , y así hice, acudí ese día y a esa hora y…

Y comenzó a contarle toda la historia vivida de principio a fin, lo contó con todo tipo de detalles y de tal manera que el comisario ya no solo la escuchaba, era como si el miedo y el pánico le invadiesen de tal modo que se aferraba a la mesa como un naufrago.

- ¿Qué tiene que decir a todo esto señor comisario?

- Bien, aquel tema como ya le dije antes quedó zanjado, pero mañana mismo le aseguro que volveremos a hacer apertura de expediente, eso sí, lo quiero todo por escrito, ¿podría hacerlo ahora en mi despacho?

- Este es el único motivo que nos ata ahora mismo aquí, deme por favor unos cuantos folios.

El comisario se levantó, se acercó a un archivador de la esquina de la pared y de encima de éste cogió un gran paquete de folios que dejó enérgicamente sobre la mesa.

- No hacen falta tantos, no voy a escribir ahora un best sellers – dijo en tono burlón.

- No se trata de un best sellers señorita, sino que convenza a mis hombres para que se lancen a ese rio a buscar fantasmas.

Los dejó en su despacho a los dos, el suficiente como para que Mara recrease en unos cuantos folios la historia más increíble que jamás nadie hubiese podido imaginar en aquel pueblo.

- Bien, señorita, ¿ha terminado?

- Si, esto es todo lo que recuerdo.

[21]

- Muy bien, empezaremos con la búsqueda mañana a primera hora, y una cosa más, sería conveniente que ustedes nos acompañasen en todo esto, usted es más susceptible de captar todo ese tema y nos puede servir de gran ayuda.

- Cuente con nuestra ayuda señor comisario –dijo Mara tajante y segura.

Al día siguiente hubo un gran despliegue policial, coches de la policía se amontonaron a las afueras del parque, iban acompañados incluso de perros como si se tratase de una redada en busca de droga, directamente se dirigieron al rio, necesitaron cuerdas para poder bajar, pero aun así estaba profundo, debían adentrarse en el rio, no ya solo porque la historia de Mara lo indicase así, sino por los propios perros, aullaban como lobos hambrientos esperando carroña.

Poco después llegaron barcas y buceadores, uno de ellos se sumergió pero al segundo salió aterrado.

- Dios, yo ahí no vuelvo ni de coña.

- ¿Qué pasa? –dijo otro de sus compañeros que estaban en la barca.

- No sé, pero algo helado se ha enganchado de mi mano tirando de mi.

- ¿Algo como qué?

- No sé, tan solo veía como una gran mancha blanca, y el agua está completamente helada, no hay ser vivo que resista eso.

Uno de los compañeros subió donde estaba el comisario.

- Lo siento señor comisario, no sabemos que hay ahí dentro pero el compañero ha subido congelado, dice que algo le ha enganchado de la mano queriendo tirar de él, como una especie de mancha blanca.

- ¡Es ella! – dijo Mara asombrada-, quería enseñarle el camino.

- ¿El camino?, pero si eso no hay ser humano que lo resista, se necesita algo especial, el agua está totalmente congelada.

- ¿Propone que vengan equipos profesionales?, ¿así podrían continuar?

- No, no cambien nada –dijo Mara de nuevo- consíganme un traje de buzo y bajare yo misma.

- ¿Estás loca? –dijo Luis.

- Ya no es eso –dijo el comisario-, ahí solo pueden bajar equipos profesionales de buceadores, no resisten mis hombres, figúrese usted.

- Me está llamando incompetente por el hecho de ser mujer.

- No, la llamo como a mí mismo me llamaría si me dijeran que bajase ahí.

- No lo entiende, usted mismo lo dijo ayer, es posible que yo esté mejor preparada, no físicamente sino psicológicamente para enfrentarme a ciertas cosas.

En ese momento uno de los hombres que bajaron se acercó directamente al comisario…

[22]

- Sr. Comisario, no es cuestión de entender, sino de que alguien que entienda y pueda se enfrente a eso que hay ahí abajo.

- Pero si bajas ahí abajo morirás congelada Mara –dijo Luis aterrado.

- No lo creo, –respondió Mara tan tajante que se hizo un gran silencio en el parque, un silencio que a todos convenció con su mirada, no sabían lo que quería decir, pero no tenían mas remedio que entenderlo.

- Bien, consígale a la señorita un equipo completo de buzo, rápido y sin preguntas, ¿han entendido?

A los cinco minutos trajeron de la furgoneta de la policía una mochila para Mara, se escondió tras unos árboles para cambiarse de ropa, al rato cuando salió parecía un autentica buceadora profesional.

- Le voy a decir una cosa señor comisario, como le ocurra algo a Mara no solo tendrá que temer la maldición del parque sino también la mía.

- ¿Me está amenazando?, ¿sabe que eso es un delito?

- No, perdone, un delito puede ser lo que usted está haciendo.

- ¿Y porque no baja usted ahí abajo si tanto la quiere a su amiga como parece?

- Porque yo no se lo puedo impedir, pero usted con la ley de la mano sí.

- Conozco a su amiga de tan solo unas horas, pero algo me dice que no nos haría caso a ninguno de los dos por la sencilla razón de que eso que hay ahí abajo no creo que nos tuviese en cuenta a ninguno de nosotros, y ahora a no ser que usted mismo desee enfrentarse con esos fantasmas sea entonces tan amable por favor de dejarnos trabajar.

Y ahí quedaron aquellas palabras rotundas del comisario, ante los ojos de Luis mientras veía como Mara bajaba poco a poco a través de la cuerda ayudada por los demás hombres, y cuando ya estaba casi al ras del agua miró hacia arriba dirigiéndose a Luis mandándole con la mano un… ¿posible primero y último beso?, continuó, ahora ya tenía sumergidos aletas de buceo, comenzó a notar cómo le crujían con el agua helada, no podía moverlas, no sentía los dedos, comenzó a descender un poco más, esta vez llegó hasta las rodillas, el hormigueo comenzaba a apoderarse de su piernas, apenas podía aletear, en ese momento se detuvo a pensar lo que estaba haciendo y si merecía la pena, miró hacia abajo y en ese momento vio un torbellino en el agua y desde su centro y entre una mancha blanca una mano animándola a bajar, y una vez que se enturbió de nuevo el agua dejó entrever la imagen perdida de la cara de la niña, y justo en ese momento cerró los ojos, apretó los puños de las manos contra la cuerda y comenzó a descender, y cuando llevaba ya casi todo el cuerpo sumergido menos la cara, una especie de mezcla entre efluvio de agua y pompas comenzaron a salir del agua, recorriéndole desde los pies hasta terminar en su cuello, apoderándose de todo su cuerpo un calor tan agradable que le hizo definitivamente sumergir el resto del cuerpo.

[23]

Una vez dentro sentía como si estuviera en un mundo ilusorio, virtual o quizás más parecido a un sueño, el cual tenía la mala suerte o el privilegio de ser la única que lo viviría.

No estaba sola, una gran cortina blanca envolvente la abrigaba protegiéndola entre aquellas manos blancas pero ya no tan frías de la niña, y como metida en un ciclón llegó al fondo del lago donde estaban todas aquellas personas que había visto la noche anterior en el parque, pero a todos los veía ilesos, con las mismas ropas y como si aun siguieran de fiesta, podía escuchar incluso el sonido del acordeón, todo bastante surrealista.

- ¡Dios mío, están todos aquí!, ¡parecen tan vivos!

Estas palabras pensó Mara y como si la niña lo hubiese escuchado le dijo con una voz muy suave…

- ¡Ven conmigo, acércate más!

Y Mara decidió acompañar a la niña, pero algo iba sucediendo, conforme se iba acercando al fondo iba notando mas frio y cuando estuvo a punto de llegar algo notaba que se enmarañaba entre las aletas de sus pies, eran trozos de tela, pero no era tela normal, estaba despedazada, derruida, había incluso alguna sandalia de verano, “dios mío esto que es”, pensaba Mara mientras continuaba acercándose.

- Ven Mara, sígueme, éste ya es el final.

Y efectivamente, allí en el final se encontraron con una gran cantidad de esqueletos asidos entre algas, tierra y rocas.

- Mara, todos tienen derecho a descansar.

En ese momento Mara abducida por todo aquello cayó un poco hacia atrás chocándose con otro pequeño esqueleto.

- Incluso yo Mara, yo también necesito descansar.

En ese momento sin cuerdas y sin nada algo tiró de ella hacia arriba tan sumamente rápido que en menos de lo esperado salió de la superficie.

- Vamos, cogedla, tiene que estar congelada.

Entre todos la cogieron arropándola con mantas y dándole una taza de té caliente.

- ¿Qué ha pasado, que has visto? , ¿puedes hablar?

- Seria increíble contaros todo lo que he visto allí abajo, pero ahora no se puede perder tiempo, un equipo completo tiene que bajar ahí abajo y sobre todo bien mentalizados, esta todo el fondo lleno de cadáveres,

[24]

entre las rocas, atrapados en la tierra, enredados con las algas, están por todas partes –decía Mara con la mirada completamente perdida.

- Bien, ya ha oído a la señorita, vamos, no se duerman, tenemos mucho trabajo –dijo el comisario a voces a todos sus hombres mientras se dirigía hacia ella.

Mientras Mara se quedaba sentada en una de las rocas a orillas del rio, Luis le daba calor abrazándola.

- ¿Pasaste miedo verdad?

- No Luis, miedo no, he sentido desolación, pena, horror, entre tanto cadáver estaba también lógicamente el de ella, Luis, por favor, no dejes de abrazarme…

Mientras todo el equipo puesto en marcha, comenzaron a sacar todo tipo de cosas, entre ellas restos de ropas, sandalias y lógicamente huesos de los esqueletos que allí esperaban dormidos añorando aquel descanso final, mientras serian llevados al equipo forense científica de la policía.

- Bien, todo parece haber terminado, pero nos gustaría confrontar contigo Mara los resultados de las autopsias.

- Me parece bien, pero tendrá que ser por teléfono, nosotros nos marchamos ya, nuestra misión aquí ha concluido y tampoco podemos permitirnos quedarnos más noches.

- No Mara, por eso no se preocupe, por favor quédense en su lugar habitual, la estancia correrá a cargo nuestro.

- ¿Y de que le podemos servir ya?

- Hasta que todos esto quede debidamente aclarado por los equipos forenses no me quedo tranquilo y es probable que vosotros tampoco, y tengáis que volver.

Era increíblemente curioso, en este caso era el propio comisario el que parecía tener ese sentido oculto para adivinar que faltaba el último paso, y así lo hicieron, pernoctaron un par de noches más hasta que recibieron la llamada del comisario.

- Mara, soy el comisario, ya pueden venir, tengo algo que les va a sorprender.

Tras estas palabras Mara y Luis fueron a la comisaria, la puerta del despacho se encontraba abierta, el comisario sentado y a su alrededor todo el sequito forense y la policía científica.

- ¿Señor comisario?

- Si Mara, pasen, siéntense, lo van a necesitar.

Se sentaron casi sin mirar donde lo hacían, más bien por intuición.

[25]

- Bien, es complicado y difícil de entender, lo que usted nos contó parecía una película de ficción, pero en este caso se ha superado siendo increíblemente real, se han encontrado cadáveres de los miembros de una misma familia, se ha comprobado que la causa de la muerte fue debido al Evónimo.

- ¿Y eso que es?

- Se trata del fruto de un arbusto, tiene efectos purgantes, pulverizados son eficaces contra insectos y gusanos, pero comidos en cantidad producen cólicos, diarreas abundantes, convulsiones y desmayos, puede y de hecho provoca hasta la muerte. Se han comprobado indicios de que estos cuerpos por autonomía propia fueron arrastrados hasta el rio, con tal desesperación que se tiraron en busca de agua.

Bien, hasta ahí todo normal como ven, pero ahí no termina la cosa, entre los miembros de la familia hemos identificado a la pequeña, una niña de 8 años, de hecho hemos podido localizar curiosamente su foto en los archivos.

Al mostrar la foto Mara hizo una retirada inconscientemente con la misma silla hacia atrás, de forma tan enérgica y contundente que se podía decir que las patas de la silla no se deslizaron por el suelo sino que arañaban desgarrando el suelo.

- Es ella, es la misma.

- ¿Estás bien Mara? –dijo Luis mientras la miraba asustado.

- ¿Y el resto de los cadáveres? –dijo Luis adentrándose de lleno en todo el misterio.

- Esa es la segunda parte y no por ello menos importante, se han encontrado todo el resto de los cadáveres, y bueno, aquí es donde damos con el dato más curioso y mas ilógico de toda mi trayectoria como comisario, los motivos de la muerte han sido exactamente los mismos, sintieron lo mismo, fueron arrastrados de la misma manera que los anteriores, por propia voluntad hacia el rio, pero créanme si les digo que aquí pierde todo tipo de lógica y entendimiento, ninguna de estas personas ingirió Evónimo, y otro dato curioso es que todo esto sucedió justamente a la semana siguiente, el mismo día y a la misma hora que la familia anterior.

- ¿Todo eso ha podido averiguar con tan solo restos de huesos? –dijo Luis boquiabierto.

- Se sorprenderían de lo que la policía científica es capaz de descubrir en los mismos huesos.

- Entonces, nos está dando a entender… –dijo Mara buscando la gran conclusión.

- Si Mara, que efectivamente llevaba usted razón, tan solo un hecho paranormal o sobrenatural podría hacer eso, en este caso y muy en

[26]

contra de mis creencias en este aspecto, en que efectivamente hubo llamémosle una maldición, ya que es lo único que puede explicar algo así, y para ello nadie mejor que el Dr. Galindo experto en casos paranormales, ha estudiado el caso y según su criterio debió ser el padre de la niña, viendo que su familia había perdido la vida por culpa de aquellos frutos, arrojó una especie de maldición, no dejando disfrutar a nadie que por ese parque pasase consiguiéndoles quitar incluso la propia vida y haciéndoles pasar por lo mismo que ellos mismos pasaron, por ese mismo motivo el resultado de todas las autopsias era el mismo que su familia pero sin haber ingerido un solo grano de Evónimo.

- Por eso no quiso presentarme a su padre, es más, le aterrorizaba hacerlo –dijo Mara mientras recordaba aquella noche.

- ¿Es posible que estas cosas pasen? –preguntó Luis con cara de saber más.

- Pues vera, yo antes era completamente escéptico a estas cosas, y sin embargo ahora no es que crea, sino que las respeto muy seriamente créame –dijo el señor comisario mirando mas fijamente que nunca a los ojos de Mara a pesar de que la pregunta la había formulado Luis-, y bien, ¿Qué piensan hacer ahora?

- Pues como podrá comprender aquí en este pueblo ya no hacemos nada, esta misma tarde después de comer y descansar un rato partiremos –

dijo Luis.

- ¿Qué pasara ahora con todos ellos?, ¿y con el parque? –dijo Mara

- Todos serán debidamente enterrados no se preocupe, y el parque indudablemente ya no tiene motivos para seguir cerrado, será remodelado, eliminaran cualquier indicio de aquella planta y pondrán más resguardo en el rio.

Y en cuanto a ustedes, no sé cómo podremos agradecerle tantas molestias.

- Señor comisario, las molestias ya nos venían impuestas, nosotros no decidimos quedarnos por propia voluntad.

- Sí, pero yo les hice alargar la estancia.

- Aun así, ella jamás habría permitido que nos fuésemos, de alguna manera estábamos encadenados aquí.

- Bien, pues ya no queda nada por decir, espero que tengan buen viaje, pero les puedo dejar marchar sin antes invitarles a comer en el restaurante que gusten, es lo mínimo que puedo hacer.

- Se lo agradecemos mucho pero estamos muy cansados, comeremos cualquier cosa en la habitación, lo que más necesitamos es descansar.

- Bien, lo intenté –dijo mientras se levantaba y les extendía la mano-, solo me queda desearles de nuevo un buen viaje.

- Gracias señor comisario.

[27]

Y salieron de aquel despacho como quien sale de una gran pantalla de cine, se compraron unos bocatas y se los llevaron a la habitación…

- ¿Estás cansada verdad?

- No es cansancio lo que siento, es como si regresase de otro mundo u otra dimensión, es increíble Luis, todo esto ha pasado de verdad.

En ese momento Luis arrimó el mentón de Mara y tomó sus labios. Besos que se convirtieron en caricias y un abrazo que les hizo desnudar las almas para arroparlos de nuevo entre las sabanas, se fue el miedo, la tensión dando paso al calor de dos cuerpos y al deseo para finalmente quedarse dormidos…

- Mara, tranquila, ¿Qué pasa?

- Tuve una pesadilla, estaba sentada en los columpios y veía a esa niña comerse esas cosas de esa planta mientras iba hacia el rio, yo intentaba ir hacia ella, llamarla, pero me sentía atada con cadenas a ese columpio y era como si mis labios estuviesen sellados, no podía salvarla Luis, ¡dios que impotencia!

- Tranquila cariño, has pasado muchas emociones y mucho miedo, es normal, pero ya pasó –dijo mientras le abrazaba.

- Luis, hemos dormido casi toda la tarde –mirándose la hora-, vámonos, no quiero salir muy tarde.

Cogieron el coche no sin antes pasar por el parque, ya era de noche, la verja del parque seguía cerrada con candado y cadenas pero con un cartelito puesto… “Parque en restauración, Excmo. Ayto.”

- Bueno, ahora ya todo está bien, como tiene que estar, vámonos Luis.

Y mientras Luis daba media vuelta al coche…

- ¡Mara!, ¡mira! –dijo señalando el espejo retrovisor.

Si, efectivamente era ella, aquella niña, diciéndoles adiós con la mano, pero esta vez no se encontraba tras la verja en el interior del parque, sino delante de ella.

- Es increíble, la he podido ver.

- Si Luis, ya te dije que ahora ya todo está bien, vámonos.

[28]

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