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Viaje al Centro de Nuestras Intimidades por RamirezNena+ - muestra HTML

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Viaje al centro de nuestras intimidades.

         (La ventana, el mar, y otras sexualidades)

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                                   por

 

                              RamirezNena+

 

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La ventana.

                La ventana sostenía a ambos cuerpos. Desde el exterior el viento trajo todos los aromas perdidos que fueron directamente a cada poro perdido de nuestra entregada pareja. La piel se dejó intervenir y los olores penetraron en cada una de las partes sensibles del joven, que por petición de su amada no opuso resistencia. Él, pensó en miles de historias que surcaron su mente, y se dijo ha sí mismo que debía seguir tomando la iniciativa, y olfatear los sitios más impúdicos de la anatomía de su amada. Siguió con la iniciativa, y apoyando las rodillas en el suelo tomó a la joven por la cintura y la depositó frente a él, sobre el cerco de la ventana. Con las manos en las rodillas de la chica, la invitó a que sus piernas se fueran separando sutilmente para penetrar en el espacio que tanto deseaba, la vagina flamante y extendida que esperaba cualquier cosa que llegase del amado. Unos labios lozanos que con cada inhalación del joven se relajaban y se contraían. Dejó simplemente su nariz apoyada en el clítoris de la chica y sus sueños se hicieron realidad. El descanso eterno, fue lo que experimentó el joven cuando su cabeza se apoyó entre las piernas de la afiebrada joven.

Ella llenó sus pulmones con el aire que entraba por la ventana, y él lo recibió con mucho gusto desde su posición. La cara se bañó de humedad y la joven se aferró con las dos manos al cabello del chico, y trajo hacia sí su cabeza con la intención que se tragase completamente su ser. La besó, la degustó paso a paso, y su lengua comenzó el viaje por todo el borde de sus entrepiernas. Con su lengua peinó todo el bello púbico de la chica, y el centro de la vagina mostró cada uno de sus pliegues armónicos; la luz se hizo realidad en el rostro de Diana. En el comienzo del pene del joven, una impaciente gota de fluido se deslizó por descuido hasta impactar contra el suelo. Él se detuvo, no quiso continuar por precaución, y en calma respiró hondamente. Su nariz continuó por el trabajado monte hasta caer en el pozo de la vida. Llegó al ombligo, y su saliva abasteció este desconocido rincón. Ella quería más, mucho más, que la tomase fuertemente con sus manos y no ser abandonada jamás. La piel de los senos de Diana de tanta sensibilidad cambió de matiz, fue otra. Álvaro la besó, la respiró, la olió, la sintió una vez más. Su intención dominarla desde su abdomen. La tomó por la cintura y pensó retenerla con sus manos por siempre. Fue entonces cuando sintió sobre su cabeza un agradable peso, y continuó hasta meter su nariz en los pechos desbordados de lujuria y placer de Diana. Se miraron, y a la vez cerraron los ojos; cada uno se sintió amado desde su interior.

                 Con los ojos cerrados ella imaginó al viento en sus pezones. La brisa del mar llegó hasta la punta de sus pechos y se arremolinó en toda la aureola para dejar un recuerdo imborrable en su piel. Una piel que no estaba dispuesta a resistir una caricia más. Una piel que sabía que si el joven la besaba, no podría soportar nuevamente una subida de temperatura. Su piel ardía, y gritaba a toda voz en el marco de la ventana, gritaba a toda voz un orgasmo. --¡Deseo un orgasmo! ¡Un diminuto orgasmo, al menos de aperitivo! ¡Un corrimiento de arenas que desplace la ventana al mismo mar!-- Ella deseaba un corto orgasmo que deje su boca en vibración. Diana insistía y le pedía a las fuerzas de la naturaleza que Álvaro no se fuese nunca de su mente, y de su cuerpo. Sin llevar la voz cantante en este acto frente a la ventana, ella se reveló, y con su mano derecha tomó al joven por la cabeza hasta atraerlo a la altura de sus ojos, dejando la mano izquierda para aferrarse a su pene con la pujanza de sus cinco dedos. La joven estrecho el falo con tal poderío, que el glande se extasió ruborizado disfrutando del instante. Con firmeza comenzó a mover su mano de un extremo a otro, y cada vez que llegaba al nacimiento del mismo, imploraba y suplicaba sin límite. --¡Dámelo todo, quiero más! – Repetía Diana y seguidamente su mano continuaba hasta la apertura del vigor de su amado. Con su dedo índice escudriño el orificio por donde saldría la sabia que tanto deseaba lamer.  --¡Aún es pronto, hay que esperar un poco!—Le hizo saber al joven. Y para no arrepentirse, libero el brioso corcel que tenía en su mano invitándolo a cabalgar sin prisas por sus íntimos prados. De esta manera Diana, señalando su clítoris, se acomodó en la ventana dejando al aire su monte espeso pero recién labrado.

                 El joven se quedó sin palabras. Esto era lo que más deseaba, y estaba seguro que en algún momento todas sus quimeras se harían realidad. En muchas ocasiones intentaron hacer realidad la inmensa pasión que colmaba sus instintos, pero siempre faltaba algo para que fuese especial, o mucho mejor, sublime; esa es la palabra. ¡Sublime! No todos los elementos estaban dispuestos a afloran como en esta ocasión. Él pensó que debía de aprovecharlo. Todo está dispuesto para alcanzar el virtuosismo--- ¡Es el momento de dilatar este encuentro!--- Pensó Álvaro. Mejor dicho, no lo pensó, lo percibió, porque el sexo de su amada olía a eternidad.

 

                  Por la abertura de la ventana entraba todo el salitre que golpeaba la espalda de la joven, y de sus piernas abiertas de par en par, se escapaba el secreto que el joven deseaba esnifar. Sus muslos olían a universo, su piel a concha de mar, y sus poros desprendían minúsculas gotas de sudor que el joven se empeñó en recoger con su lengua. --¡No, no, y no! -- Se decía una y otra vez para que el tiempo regresara al instante anterior y seguir lamiendo su cuerpo hasta agotar toda la reserva de saliva hasta quedar completamente seco. Para sentirla de lleno Álvaro se apoyó con sus manos en cada una de las rodillas de Diana, y su nariz siguió el camino que le indicaba el infinito; porque el sexo de su amada olía estruendosamente a infinito. Era lo que había buscado toda la  vida, un sexo que lo llevase a un viaje sin retorno. Estaba pleno en todo su ser y en este momento no deseaba fallar en su intento. Por un instante sintió miedo. No deseaba pensar en el próximo minuto. Hasta ahora el clímax había sido muy alto, y lo único que deseaba era mantener el temblor que le desencajaba los sentidos y lo alejaba de su estrecho mundo. ¡Deseaba mucho más, y quería saber si su chica estaba dispuesta a más! Entonces fue cuando se dio cuenta que lo tenía todo. El mar, la ventana, su amada, y una vitalidad que se le antojaba enorme para la escasa piel que cubría su indomable corcel. Recortó el camino que quedaba entre su nariz y el umbral del paraíso; y acomodando las rodillas en el suelo, despejo con su lengua el diminuto bosque primaveral que velaba al extasiado clítoris que lo esperaba como agua de mayo. Llegó con el salitre impregnado en su boca. Llegó repartiendo lamidos, besos, enjuagues, mordidas, y bautizos. Sintió de muy cerca la vida, el origen y comienzo de su dicha. Dejó su lengua libremente para que jugase sin horario ni tiempo establecido, para absorber parte de la humedad de las tiernas paredes de su amada, para simplemente desvariar con el chapoteo que produce la mezcla de la saliva junto con la marea vaginal que amenaza con una inundación sin precedente; deseaba penetrar en sus labios, en su boca; por supuesto, por el túnel prodigioso de lo desconocido. Su intención era comérsela toda, y no dar explicación de su conducta. Mientras lamía la inquieta vagina, su pene marcaba contra la pared los latidos de su corazón.

                 La joven le dijo claramente que esta vez no se escaparía tan fácilmente. Sin decir nada más, Diana tomó a Álvaro por la cabeza y lo atrajo a su sexo. Acomodó sus nalgas en la ventana, y de un golpe, cerró sus piernas fuertemente, dejando la cabeza del chico libre de los peligros que acechan en estos tiempos tan inciertos. La joven se adueñó de la ventana y de la boca de su amado. ¡Lo retuvo con sus piernas! La cabeza del chico vino a formar parte de un bocado exquisito. Sin avisar, abrió las rodillas en un ángulo mayor de noventa grados ¡De un golpe! Apoyó las plantas de los pies en la pared que sostiene la ventana, proyectó la pelvis hacia delante como un rayo en tiempo de huracanes y disparó con los músculos de la vagina toda la saliva acumulada aportada por su caballero lamedor. Una mezcla de salitre y fluidos se fundieron en el aire y la cara del joven se pulverizó con la pócima materna. ¡Esto lo detuvo por un instante! ¡Posiblemente quiso ser consciente de este momento especial! ¡Guardarlo en el recuerdo por siempre! ¡No deseaba que nadie le contara lo que sintió en sus propias carnes! El joven la miró a los ojos simplemente, respiró profundamente, y sus pulmones se llenaron de aire, pero del aire oculto en las entrañas de su amada. La deseaba con temblores, con el corazón en arritmia, con la piel extenuada y tersa, con su miembro dispuesto a suicidarse por ella para demostrarle que estaba viviendo una ilusión real.

__ ¡Esto es único, aunque volvamos a intentarlo seguramente será imposible lograrlo una vez más! ¡Te amo, te deseo tanto que me perdería contigo mar adentro para poseerte en el abismo!

                  El joven soltaba las palabras con las letras separadas, con la intención de que no terminasen nunca, para recordarle siempre a su amada que ella es especial, como la ventana y el mar. La chica le dijo. ¡Ven! Él aceptó y se incorporó. Ella tenía ante sí a un hombre desnudo, sin pudor a mostrar lo que nunca antes había enseñado a otra mujer. Fue despacio con su mirada por todo el cuerpo, buscando un detalle adverso que le indicase que no lo podía amar como lo estaba haciendo; pero no lo encontró. ¡Su amado era perfecto! El chico apoyó las palmas de las manos en el cerco superior de la ventana y fue en busca de su boca. Al comenzar el balanceo de su cuerpo comprendió que eran dos bocas por conquistar. Puso sus labios muy cerca del aliento de la joven y su pene sin pedir permiso rozó la entrada a lo desconocido. ¡No sabe porque, pero se sintió Arquímedes!

__ ¡Moveré el mundo!

                 Dijo. ¡Y movió el mundo en su estrecho espacio! ¡Sí que lo movió! ¡La ventana dejó de ser un elemento inerte para cumplir la función de cómplice! La joven, su amado, la ventana, y el salitre del mar, se unieron en una danza compacta que amenazaba con no terminar nunca. Los cuerpos sudados se deslizaban en el austero espacio y  el chapoteo de las pieles parecían ventosas implacables que se negaban a continuar por separado. Los torsos desnudos conformaron una escultura única, y las cabezas se movían sin control en busca de una señal de connivencia. ¡Nada estaba pactado, pero todo entregado! ¡Desde el comienzo del encuentro las sensaciones que estaban viviendo no eran reales! ¡Ella pedía más, y él estaba dispuesto a entregarle lo que no poseía, sin condiciones! ¡Sus brazos la sostenían con fuerza, y ella se dejaba llevar! ¡La chica inclinó medio cuerpo al exterior, y el viento creó en su cara un manto con su pelo! ¡Su voz fue la protagonista!

__ ¡Ahora, por favor, no puedo más! ¡Quiero sentirte dentro de mí!

                  Le decía la joven, pero él estaba dispuesto a dilatar cada minuto, por miedo de que este intervalo no se repitiese en vidas. ¡Sabía que cuando llegase el clímax, sería imposible superarlo! ¡Por esto y más, la deseaba poseer sin penetrarla, comérsela de un solo bocado sin dejar huellas, y llevársela consigo hasta el fin de los tiempos, dónde los ojos de los extraños no hicieran conjeturas sobre su intimidad! El joven se imaginó entrando por un estrecho túnel. Un túnel confortable que le incitaba a seguir. Un espacio para no escapar de él y recordar los juegos de infancia. Los primeros momentos de vida. El espacio prohibido que deseaba penetrar para quedarse por siempre como un ocupa más. Él permanecía frente a ella, como vino al mundo, intentando dominarse, buscando entre los dos un espacio, para que su anhelo no se encuentre cara a cara con el misterio que le guarda la gruta. Llenó los pulmones intentando robar todo el oxígeno que rodeaba a su amante, y de un solo golpe respiro su boca y su sudor. Los labios del chico jugaban a deslizarse por el rostro de la joven sin miedo al peligro. Con los labios húmedos, producto de todos los fluidos corporales, se dedicó a esquiar desde la frente, hasta la punta de la barbilla de la hermosa doncella. En zigzag la lamía, la besaba, y la chupaba. ¡La estaba disfrutando sin límite de tiempo y sin escatimar recursos! ¡Su vida y sus horas ahora tenían dueño!

                No sabe muy bien cómo, pero de tanta entrega se sintió un especialista. --¿Cuál es el secreto para que disfrutemos tanto?-- No lo sabía, pero en realidad no le importaba demasiado, esto de por sí es especial, y buscar una explicación lo despojaría de la magia. --¡Ahora estoy en su barbilla y me voy a lanzar en picada hasta que la piel termine-- Lo dijo el Álvaro y lo cumplió. Sacó de la boca su lengua, y la puso sobre el cuello de la chica. ¡Y se lanzó! Ella no se quedó impasible, se aferró al torso del joven, y con toda intención, le clavó las uñas en la espalda. --¡Así no te escaparás, eres mío!-- Y una sonrisa amplia se vio desde la ventana. Lo había atrapado con sus brazos, pero pensaba que a lo mejor no era suficiente, necesitaba estar segura de que no escaparía. ¡Claro que lo había pensado desde mucho antes! --¡No te podrás escapar si lo rodeo con mis piernas!-- Y lo hizo. Sus pies se enlazaron en la espalda y su vagina cumplió la función de ventosa en el torso del amado. Ahora los dos viajaban sin rumbo. Lo más importante es que no deseaban llegar.

                 La boca del joven saltó de la barbilla de la amada con toda intención hasta el nacimiento de sus pechos. Primeramente pasó la nariz por los cuatro puntos cardinales para asegurarse que era lo que deseaba desde niño, y después absorbió la piel en diminutos mordiscos concentrados, hasta sacar los colores rosados a la superficie. ¡La besaba, la olía, la mordía, y se la comía con la mirada! Por un momento se detuvo a contemplarla. Descubrió la belleza que antes no había apreciado. No era la misma, estaba aún más hermoso. Las caricias modelaron su cuerpo y el deseo su rostro. ¡La deseaba disfrutar más allá del amanecer, hasta que su ímpetu se lo permitiese! ¡Estaba dispuesto a firmar un pacto con cualquier ser mágico y poderoso para mantenerla en sus brazos, aunque perdiera su alma en el pacto. Álvaro no tenía mucho margen de movimiento, porque la chica se aferró a él como un caracol. Lo atrapo y esparció su aroma femenino por cada rincón del cuerpo de su amado para que supiese que esto iba en serio, qué el amor no es solamente hacerlo, el amor hay que sentirlo desde antes, para más tarde experimentar el éxtasis en los sentidos. Unas palabras que no dejaban dudas de sus propósitos. ¡Pensó que quizás necesitaba algo de margen para que su chico improvisase! Soltó los pies de la espalda del joven y colocó las piernas en el borde de la ventana. Una pierna la apoyó en el cerco, y la otra la dejó balanceándose a su antojo sin tocar el suelo. Ella estaba impresionante sobre la ventana; tan hermosa que su silueta se fundía con el horizonte. Diana lo miró, y Álvaro la descubrió al natural, sin maquillajes y artilugios impostados. La pierna de la chica se movía continuamente como las campanas al viento, y el falo del joven marcaba los segundos exactos. ¡Sin duda alguna, estaban sincronizados! 

__ ¡Te amo!

                 Le dijo el joven mirándola a la cara. No era la primera vez que se lo decía, pero en esta ocasión le confesaba que la quería amar por siempre. Deseaba estar junta a ella más allá de lo que su imaginación podía abarcar, y cuando llegase el final de los tiempos, comenzaría nuevamente por el principio. A ella le gustaban las palabras de su amado, se había acostumbrado a escucharlas mientras él la acariciaba y jugueteaba con su cuerpo. Cada uno aprendió del otro a entregarlo todo, y a recibir más de lo merecido. Nunca exigieron un “te quiero” porque lo demostraban en cada espacio del día. Estas horas vividas son la recompensa por el sincero amor.

                La luz que entraba por el ventanal comenzaba a cambiar. No era un tono de melancolía, más bien una confirmación que el cielo y la tierra estaban de acuerdo con esta unión. ¡El mar los bendecía, la ventana les dio cobijo, y la fragancia del ambiente los transportó por dimensiones desconocidas! Hicieron una pausa para mirarse. Para descubrir en el otro lo que se habían perdido hasta ahora. Los espacios sutiles que guardamos para momentos especiales. Esa diminuta extensión de piel que nunca antes fue mimada. Él no tenía noción de hasta qué punto se podía poner de rosada la piel de su amada. Ahora podía observar cada uno de sus poros. ¡Todo era soberbio! Las mejillas con colores difuminados del pálido al rojo dejaban ver una hermosa cara con ojos pícaros y brillantes. Unos ojos que pedían tregua para disponerse a la batalla final. Los dos sabían que lo que estaba por llegar merecía las mejores intenciones y las mayores energías. Estuvieron algunos minutos el uno frente al otro. Él la miraba con la intención de que ella no se olvidara de su rostro. Ella lo comprendió y lo beso en el lóbulo de la oreja derecha, mientras una mano se escapaba furtiva hacia su pene que no dejaba de moverse. Por un momento la joven pensó que tenía en su mano un metrónomo, y que estaba marcando un compás de dos tiempos a ritmo de rock

__ ¡Está ardiendo, y siento que se quiere escapar y perseguirme por toda la habitación!

                Le dijo al oído la joven a su amado mientras sonreía. Esto le gusto al chico y puso su falo sobre su pubis, para que ella se diese cuenta que más de un ritmo puede interpretar si se lo propone

__ ¡Esto es una Bossa Nova! ¿Te gusta?

                 Le preguntó el joven con picardía. Ella respondió.

__ ¡Más que gustarme, me apetece!

                Se dejaron llevar por la música que se escuchaba en sus sentidos y no pensaron en nada más. Ella seguía en la ventana, con una pierna apoyada en el cerco y la otra colgando al ritmo de la melodía que escuchaban solamente los dos. El joven se mantenía de frente y sobre ella, marcando el ritmo con su báculo como un experto director de orquesta. El olor del mar invadió a la pareja. Sin pedir permiso el salitre se adueñó de los jóvenes y controló su privacidad. Ahora no se miraban a los ojos. Solamente se dejaban llevar por el instinto de sus órganos. Él no dejaba de moverse y de recorrer con su pene el ombligo, el bajo vientre, y las torneadas entre piernas de su amada. ¡Eso sí, sin detenerse por mucho tiempo en un espacio! A ella le gustaba, pero decidió sumarse al ritmo de su amor. Si el joven movía su potencia a un lado, ella lo seguía con sus labios mojados y expuestos al mundo!

__ ¡Ya no te me escaparás! ¡Siento el corazón entre las piernas y está a punto de un infarto! ¡Si piensas que podrás bailar a tu antojo, estás equivocado!

                 Hablo con el corazón, como dijo ella, entre las piernas a la vez que se aferraba a su torso. Con certeza y convicción lo dejó inmóvil. El chico estaba atrapado sin posibilidad de una fuga por distracción. Los cuerpos permanecían unidos en la ventana. Ella sentada, y reteniéndolo esta vez con los brazos y las piernas al mismo tiempo por precaución, y porque ella sabía que su amor se movía más que una veleta sin rumbo. Le hizo nuevamente la llave opresora con sus pies y su vagina. Él estaba atado, solamente las manos se escaparon a este dominio. La mano izquierda se apoyó en el marco de la ventana, y la derecha fue en busca de una de las nalgas de la chica, para poderse defender, y porque lo deseaba. Entonces comenzó un juego. Sin que ninguno de los dos se pusiese de acuerdo. Diana lo retenía, pero Álvaro intentaba correr. ¡Disfrutaba el uno del otro, y los dos sin saberlo se amaban de verdad! En uno de los movimientos inesperados, el chico giró la cadera de un golpe, y su pene se deslizó desbocado hacia el interior de la vagina de su amada. --¡Qué sorpresa!-- Se quedó inmóvil, y ella recibió el último elemento que deseaba para afirmar que era suyo y que esta vez sería imposible una retirada.

__ ¡Ahora sí estás dentro de mí! ¡Tengo la sensación de llevar entre mis piernas el maná que todos esperamos! ¡Te siento vivo, que me penetras los recuerdos y los sentimientos, que me dejas ingrávida junto a este mar inagotable! ¡No sabía que tenerte en mis entrañas me diese tanto placer! ¡No te escaparás! ¡Hoy dejaré que tu amigo duerma en mi interior,  y tú, sobre mi pecho! ¡Te amo!

 __ ¿Dónde estoy? ¡Todo mi cuerpo se agita y no quiero dejarte!

                 Le decía Álvaro a Diana con su yo oculto en el túnel cálido y excitante. Había penetrado lo prohibido por descuido y en este instante sus terminaciones nerviosas alucinaban por el encuentro sorpresa. Su piel tensa y expandida disfrutaba como un niño, y como su amada, deseaba estar a su lado todo el tiempo posible; aunque el cansancio hiciese de las suyas. No se conformó con permanecer en el sitio, y se movió desesperado buscando rincones nuevos. Entraba y salía de la vagina de la joven. Volvía a entrar, y desde a dentro intentaba encontrar el final del jardín. En cada intento el brío aumentaba y lo movimientos se hacían más cortos pero continuos.

__ ¡No estarás solo!

                 Afirmó la joven a la vez que se sumaba al ritmo percutido de la pelvis de su amado. En este preciso instante los dos estaban conectados por un punto de su cuerpo, y no deseaban separarse por ningún elemento natural o intencionado que se interpusiese entre ambos. ¡Es increíble pensar el alto nivel de sincronización al que pueden llegar dos almas que se encuentran y deciden hacer el amor por vez primera en una ventana! Él movía su pelvis con una intensidad irregular, pero coordinada con la cadera de su amada. Encajaba su pene hasta el tope de la vagina de la chica. Y si estuviese en sus manos, invitaría a sus testículos a unirse a la bacanal; pero por desgracia no entraba  en los límites de lo posible. ¡No importaba, él continuaba insistiendo como un empecinado buscador de tesoro que ha perdido el mapa por el camino! Los puntos nerviosos de la chica estaban descontrolados por toda la geografía de su cuerpo. Su piel permanecía dilatada y expuesta a los fluidos de su chico que no cesaba de lamerla por la cara, el cuello, y los hombros. Sus hormonas quedaron liberadas y se esparcieron por toda la habitación. Un ramillete de estrógenos golpeó los sentidos del joven y lo dejó descolocado. ¡En un impacto llegó a su nariz el bálsamo esperado, y penetró sin permiso hasta los pulmones controlando su respiración! ¡Él sintió que un chorro de esperma intentaba escapar de su interior!

__ ¡Ahora no!

                  Aguantó la respiración y detuvo el movimiento de su pelvis, pero ella insistía en continuar.

__ ¡Tengo en la punta una gota que lucha por salir hasta tu vagina! --Le dijo a la chica.

                  Ella lo miró y con picardía le contestó

__ ¡Tengo sed! ¿Me das de beber?

                 Sus palabras fueron muy provocadoras para un ambiente tan caldeado. El joven no lo pensó, y simplemente deslizó su falo hacia el exterior, pero con mucho cuidado para no provocar un derramamiento innecesario de tan preciado líquido. De un salto la chica se puso en pie y con su mano, aprisionó la cabeza de su entrañable amigo erecto, que amenazaba con devolver todo el contenido guardado en contra de su voluntad. La sostuvo con sus dos manos y la confinó en su boca.

__ ¡No por favor!

                Le dijo el joven. Ella beso con sus labios mojados la punta del glande y se lo llevo hasta el pecho para que sus pezones jugasen un rato con su vigor

__ ¿Es que no lo deseas? --Le preguntó ella.

__ ¡Lo deseo, pero quiero continuar! ¡Deseo que no termine nunca!-- Le contestó él apretando el esfínter, y para desviar los pensamientos se concentró en la prima de riesgo y la inestabilidad de la bolsa.

__ ¡Cierra los ojos y confía en mí! --Fueron las palabras certeras de su amada.

                 Entonces él se dejó llevar como dijo ella, dejando su plenitud desbordada al libre albedrío. Los pulmones los tenía impregnados de salitre y olores múltiples de su amada. El viento entraba de frente por la ventana y su cuerpo desnudo se colmaba de sensaciones desconocidas hasta ahora por él. Apoyó ambas mano en la parte superior del ventanal, mientras ella se deleitaba en la interpretación de una compleja melodía barroca con su instrumento favorito. Álvaro cerró los ojos y se dejó llevar por los caminos del arte. Un batir de alas de mariposas sintió en su epidermis. El viento del sur trajo hasta la costa un ejército de lamparillas multicolores que revoloteaban sobre la punta de su glande y le producían una sensación indescriptible. ¡Millones de descargas armoniosas entraban de una vez por cada terminación nerviosa de su falo afinado y presto para el concierto bocal! Diana con una maestría pasmosa, pasaba de la ejecución sublime del instrumento, al dominio cantoral; y todo, acappella. En realidad no estaba seguro si la elección que tomó era la correcta. Dentro de la vagina poco le falto para perder la cabeza; sin embargo ahora, con el aparato vocal de la joven al completo, podría perder el sentido, la razón, y los testículos. El fabuloso escuadrón de mariposas sobrevuela con intenciones impías por su verga, y afirman que no claudicarían bajo ningún concepto hasta que viesen el mar blanco y espumoso escapar a toda presión por el orificio de su glande.

__ ¿No entiendes que podemos disfrutar un poco más? --Le dijo a la chica intentando esconder sus vergüenzas entre las piernas.

__ ¿Sabes cómo se llama este movimiento? –Le preguntó la joven-- ¿No? ¡Es el aletear de una bandada de mariposas sobre la luz!

                 Mientras hablaba, Diana puso en práctica el ejemplo con su lengua. Con la mano derecha y desde el nacimiento, la joven tomó el pene de su amado con decisión y firmeza. Lo mantuvo aprisionado con el aliento justo para que no perdiera la  rigidez o se distrajera con pensamientos nada afines. ¡Ella no deseaba dilatar más el encuentro y deseaba pasar al clímax, aunque su chico fuese el beneficiado! En este espacio de tiempo comprendió, que el placer en algunas ocasiones está en ver disfrutar a la persona amada, y no le importaba esperar hasta la tarde, o al siguiente día para disfrutar de un orgasmo pleno. Hasta ahora había experimentado diminutos orgasmos que electrificaron su cuerpo. Su piel y sus puntos sensibles comenzaban una evolución sin retorno. En este instante experimentó un sentimiento nuevo que dejó su cuerpo en vibración continua.

__ ¡Amor, creo que estoy sintiendo espasmo por todo el cuerpo! ¡Tengo corriente en la punta de los pezones! ¡Mira como están mis aureolas, el color es más intenso y su tamaño se ha duplicado! ¡Si te fijas en la piel, se notan los poros bien abiertos sin acercarte demasiado! ¡Si ves como tengo mí....................!

__ ¡Creo que tienes razón, dejaremos los impulsos libres y cuando llegue el momento será el definitivo! –Le contestó el joven.

                 Los dos deseaban sentir la culminación y vivir  en un solo sentimiento el éxtasis. Él estaba de acuerdo, y ella también, menos en una cosa.

__ ¡Pero antes seguiré con el revolotear de las mariposas, no me gusta dejar las cosas a media, y esto es solamente el comienzo! ¡Después degustaré tus zonas prohibidas hasta encontrar la bendición que tanto he esperado! ¡Cuando termine con mi amplio repertorio, te darás cuenta! ¡Te quiero!

                   Él no supo que decirle, pero quedó sorprendido por la preparación tan profunda en estos menesteres de su amada. Ella como mismo lo aprendió, lo quiso aplicar  frente a la ventana. La joven continuó lamiendo el miembro desbordado de su amante que se retorcía en dirección a su boca. No poseía el valor y el control para detener los pies descalzos sobre el suelo que se movían sin sentidos. El joven daba la impresión de estar ejecutando un baile ancestral frente a la mujer amada, al mismo tiempo que se apoyaba sobre la ventana que había resistido demasiado. Él tomó aire nuevamente hasta desbordar los pulmones, pero esta vez no sintió el fuerte salitre al respirar. Inhaló los sudores de su piel con la saliva que derramaba su amada sobre sus testículos comprimidos. Esta vez juró que no opondría resistencia, y se entregaría sin lamentaciones al diluvio que amenazaba con invadir su cuerpo hasta arrojarlo a la orilla del mar.

                Ella succionaba, absorbía y chupaba, y él se retorcía, se enroscaba y disfrutaba. Ella dejó de lamer y continuó el trabajo con la mano para hablarle al oído.

__ ¿Me gustaría que me penetres mirando al mar? ¡Quiero que me conquistes por detrás! ¡No, ahora no!

                     Y para que él no tomase la iniciativa,  cambió las palabras por el sólido pene, y lo bañó con sus labios hasta quedar seca su garganta. ¡El ejército de mariposas aleteando sobre el glande se fue transformando en olas marinas que llegaban con su ímpetu y arrasaban con cualquier superficie por muy irregular o rígida que estuviese! Ella mostró todas sus armas. Hincó las rodillas al suelo, instaló sus manos alrededor del culo del joven, y declinó en los músculos del cuello la labor continuada y mágica de, ahora lo veo, y ahora me lo trago. Estuvo algunos minutos interrumpidos masturbando con su boca el falo de su amado. Digo algunos minutos, porque él perdió la noción del tiempo. Hasta este momento las cosas marchaban a un ritmo. A decir verdad más bien lento. Los dos disfrutaban de este intervalo como si estuviesen ingrávidos o bajo los efectos de una embriagadora y sensual droga. Sus sentidos y sus músculos se desplazaban con una plasticidad pasmosa, con eternas y sutiles pausas que ellos sentían paradisíacamente milagrosas. Cuando el joven depositó su miembro en el interior de la vagina de la joven todo fue contradictorio. En la punta de su falo sintió el corazón a una revolución deslumbradora, pero las sensaciones externas se manifestaban bajo otras reglas más personales. Ella sintió absolutamente la misma alucinación, los cuerpos se alargaban y se desplazaban en el espacio junto a los objetos, a un tempo muy especial. Ninguno de los dos le importó para nada a qué velocidad se movía el universo. ¡La joven notó como el pene se frotaba sobre las paredes de su vagina con mucha insistencia y con percusiones continuas, pero para qué insistir sobre las percepciones deseadas!

                Esto fue hasta ahora. A continuación los sentidos, las ansias, la contención, la pasión, el deseo, los cuerpos vibrantes y calientes, las morbosas intenciones, la libido, las fantasías ocultas, los sudores, los fluidos no controlados, los poros, las miradas, el morbo, la piel, el te quiero, el no puedo más, estoy a punto, te comería de una vez, la mordida en el labio, me corro, me vengo, dios mío, qué está pasando, plas plas, el dámela, espera un momento, voy a comértela entera, el bébetela hasta la última gota, que dura está, muérdela, mira como te la pongo, tengo en la punta lo que te gusta, si sigues de esa forma voy a perder los pensamientos y con ellos la cabeza, quiero que disfrutes hasta que no puedas más mi amor, espera, muévete más rápido, ahora, hasta que te quedes seco, sí, eres mala, ya, te quiero, no puedo aguantar, coño, ahora viene, ya está aquí, así, sí,  te gusta, es tuya, trágatela, no, no, no.........te amo!

                   Al joven le dio tiempo suficiente para extraer su pene de la vagina de su amada antes de eyacular del todo, y con suma rapidez la tomó por los brazos y en un solo giro la colocó de frente a la ventana y la inclinó hasta que sus antebrazos se apoyaron en el marco del ventanal. Muy presto con perfecta habilidad abrió las entrepiernas de la joven para dar paso a su alocado falo que estallaba en esperma. ¡Un monte de esperma cubrió las nalgas de la chica, que al parecer por sus movimientos de caderas le producía mucha voluptuosidad! ¡Ella continuó en su posición, pero giró la cabeza para ver al joven, y fue cuando él se dio cuenta que su semen había comenzado por bañar la figura de Diana! Una gota se deslizo desde su mejilla con destino al suelo, pero ella lo impidió, y antes que se hiciese realidad, con su lengua la atrapó y la degustó como una experta catadora de exquisiteces exóticas.

__ ¡Te voy a dejar seco, la última gota será mía!

                    Se lo dijo mirándole a la cara mientras paseaba su lengua por todo el borde de sus labios. Él desde su altura contempló las curvas provocativas de las nalgas de la joven y su excitación aumentó sin medida. Despacio, para que el semen no fluyese de a golpe y mantener entre lo posible la máxima reserva, fue con su potencia rodando desde el ano hasta la abertura de su hermosa concha para introducir nada más que la punta del glande, y dejar inmóvil su pene para que las aguas tomen su curso. ¡Una labor imposible cuando tenemos en los labios la dulce miel! Debía ganar tiempo para complacer la petición de su amor. Su líquido reproductor amenazaba con hacerse presente y regar de una vez y por todas, el interior de su amada. Ella deseaba tener un orgasmo en esa posición. El joven había resistido las milésimas de segundos inerte, ahora, lo que corresponde es una entrega sin  límites. Estaban seguros que se prodigarían en la lujuria sin pensar en la existencia de un futuro que les fraccione las ansias.  La penetró con doble gusto y placer.

__ ¡Navégame por detrás, voy abrir más las piernas para que entre sin impedimento y llegue a mis entrañas!

                  Ella se lo pidió en muchas ocasiones, que la tomase por detrás y para sentir por algunos segundos que era etérea; sentirse sostenida únicamente por el instrumento diabólico del éxtasis hasta alcanzar el cielo. Él la complació con el corazón, el cuerpo y la mente. Desde mucho antes fue dejando su simiente por todos los rincones del cuerpo de la amada y la habitación, pero su potencia continuaba intacta, deseosa de una experiencia al borde del abismo, donde estuviesen en juego sus intimidades y limitaciones. Su falo se negaba a bajar la cabeza, y por su orificio estimulado continuaba emanando germen germinador de pasiones interminables.   

               El joven delirante quiso hacer una prueba. Dejó al desnudo su pene vibrante para comprobar hasta dónde estaba dispuesto a llegar con su osadía. Lo sostuvo en su amplia mano para contemplar su decisión y  comprobar si continuaba firme en su propósito. De forma intermitente el semen continuaba fluyendo sin el menor esfuerzo. Cerró la mano y lo sostuvo con fuerza para detener el goteo continuo, pero fue insuficiente, porque el espeso líquido no sólo no dejó de brotar, sino que bañó sus dedos sin ningún reparo y espléndidamente. Cada gota se transformaba en una contracción de ardor que brotaba de sus entrañas cada vez que miraba a la joven con las piernas abiertas y los senos perdidos al vacío entre la ventana y la arena de la playa. La disfrutaba con todos los sentidos, porque el olfato mimado se desquició de tanto placer, y pidió ayuda desesperadamente. Alguna gota perdida se deslizó por sus nalgas hasta mezclarse con su selecto bello púbico en dirección al sonrosado orificio maternal que lo miraba con parpadeos prorrogados. Ella frotaba sus pechos en el marco, y olía el mar que jugaba con los dos amantes perdidos en su intransigencia de no volver a la normalidad. Cada uno viajaba extasiado en su vivencia y regresaba para conducir a su pareja por senderos no explorados. La joven se enfadó por la huída del pene de su vagina, y en un principio quiso una explicación, pero al ver al joven frente a ella, sosteniendo en la mano su virilidad, le produjo un placer inconfesado. ¡Estaba rígido y esplendido, con todas las venas brotando de la escasa piel!

__ ¡Es una hermosura! ¡Dámelo!-- Se lo pidió al joven, y sin esperar respuesta lo tomó. Fue cuando se dio cuenta que en la mano del chico había esperma. --¡La voy a chupar, y me lo tragaré todo! ¿No se si comenzar por la mano o tu verga?

                     Sosteniendo con seguridad el pene, guió al joven hasta el ventanal, y lo obligó a sentarse sobre él. Se alzó a horcajadas sobre el chico y sin pedir ayuda, se llevó el falo flamante a su vagina dilatada que esperaba anhelante al vomitador de encantos nada prohibidos.

 __ ¡Ahora no te escaparás! ¡Te voy retener en contra de tu voluntad y no dejaré que escapes al menos por esta noche!

                     Pero no fue suficiente para conformarse con esta acción. ¡Más y más deseaba! Él acomodó su culo sobre la madera del ventanal, he inclinó la pelvis para que absolutamente todo penetrase hasta el final y algo más. Ella tomó su mano y la puso ante su cara. Entre dedo y dedo paseó su lengua sedienta, a la vez que cabalgaba sin rumbo sobre su amante. Más que beber se mojaba los labios, la cara, y las mejillas con el flujo milagroso.

__ ¡Ahora me toca a mí derramar los fluidos de mi interior! ¡Voy en busca de una contracción precisa, nunca antes experimentada!-- No dijo nada más Diana, y comenzó la carrera a lo desconocido-- ¡Vamos mi amor, continua, y no te detengas por nada en el mundo! ¡Así, te dejo mis labios calientes y húmedos sobre tu pelvis! ¿Te gusta?

                      El joven asintió con la cabeza sin saber en realidad lo que afirmaba. Ahora, en este momento para él todo significaba, sí.

__ ¡Mírame, voy a dejar en tu piel mis olores para que nunca más vuelvas a respirar otros cuerpos! ¿Dime si te gusta, dímelo? ¡...........! ¡Te deseo! ¡Lo siento!

                      La pregunta regresó con mayor intensidad, y la respuesta fue la misma; él chico afirmó nuevamente, esta vez no con su cabeza, sino con su pene. La levantó en vuelo, y ella sintió en la punta del clítoris la fortaleza poderosa de su amado que se desbocó como un corcel que nunca antes había sido cabalgado  

__ ¡Eso es, dame un poquito más, sí, no pares, mira como tiemblan mis piernas; no voy a parar! ¡Estoy aquí mi amor para demostrarte que no me rendiré! ¡Estaré junto a ti hasta el fin de las ansías! ¡Escúchame! ¡Si tu potencia por algún motivo flaquease, no me importa! ¡Me has enseñado lo que no esperaba, y estoy dispuesta a tener un orgasmo con sólo mirarte, y si no lo logro, lo inventaré de la nada!

                   Estas palabras surtieron un efecto milagroso, posiblemente el deseado por ella. Ahora, completamente de pie el joven, y con su amada a horcajadas sobre su cadera, no dejó de moverse. Para no perderla por el camino con tanto movimiento, la sostuvo con firmeza por el culo, y comenzó la danza a lo inexplorado.

__ ¡Ves como en cada segundo me gustas más! ¡Tienes el poder de reinventarte en cada intento, y yo, la habilidad de disfrutarte como nunca antes lo hizo otra mujer! ¿Es verdad o no?

                    Ella preguntaba, y él respondía sin dejar de bullir, saltar, y agitarse frente al ventanal, que con las muestras de cariño la vieja madera y sus ventanas abatibles, se creían con todo el derecho de continuar participando en la interminable orgía. Esta reflección, posiblemente imaginada, no la dejó al olvido, y colocó las nalgas de la joven sobre una de las hojas abatibles y prosiguió con su ritmo vibratorio esperando una respuesta de su amada.

__ ¡Me gusta por el camino que me llevas; pero deseo más! ¡Sí, estoy como tú sabes que he soñado! ¡Entre la espada y la pared! ¡No es la primera vez que lo digo, pero si te siento como la primera vez! ¡Voy a poner mis piernas sobre tus hombros para que me penetres a gusto mi amor! ¡No me dejes de mirar! ¡...........! ¡Díos mío qué es esto! ¡Que delicia!

                  Ella, con la espalda en una de las hojas del ventanal, comenzó desde su postura a levantar las piernas, y él simplemente deslizó las manos que sostenían al cálido trasero de su chica, hasta que las piernas llegaron a sus hombros.

__ ¡Ahora nada quedará fuera de mi control!

                   Dijo Diana con seguridad absoluta. En un día aparentemente normal, con una pareja posiblemente corriente, y en un lugar seguramente cómodo, esta dilatación de la libido se hubiera expresado justamente lo necesario para los interesados; pero estos amantes no llegaban a estar satisfechos, y continuaban con su danza sexual hasta que las energías dejen de fluir de sus cuerpos.

__ ¡Te estaré haciendo el amor más allá de mi cuerpo y de mis tangibles intenciones! ¡Mírame amor mío, ahora estás contra la pared y cabalgas sobre mi delirante falo que quiere descubrir tu infinito mundo vaginal! ¿Te gustan mis palabras? ¡Se que estás muy cerca del orgasmo pero te niegas a una conclusión! ¡Escucha esto que te digo!

                  El joven que la sostenía únicamente con su pene porque la espalda de la joven se apoyaba en una de las hojas del ventanal, la tomó por ambas muñecas y elevó sus brazos a todo lo largo a la vez que la besaba por las axilas. Se regodeó infinitamente en cada una de ellas. Las ungió de saliva. Las probó con sus dientes. Las mordió con toda intención y esperó alguna reacción por parte de ella para continuar con su persecución placentera. Él estaba dispuesto a rebasar los límites establecidos porque en su éxtasis no contemplaba el fin

__ ¡Te bañaré de humedades y espumas aunque estas no vengan del mar!

                   Le habló él muy pegado a la cara de la joven. Ella no lo escuchaba, gemía profundamente y desgastaba su espalda una y otra vez contra la hoja de madera del ventanal. La besó en la boca y con su lengua continuó camino hasta la oreja. Una vez allí le dijo

__ ¡Solamente deseas sacarme todo el semen que guardo para mañana! ¡Eres insaciable!

                 Ahora le tocaba a ella sentir el efecto delirante de las palabras. Él se complacía con el morbo que desprendía el cuerpo de su amada; pero necesitó una fuerza extra para sostenerla sin que los dos rodasen por el suelo. Ella nada más escuchaba el susurro de los vocablos al oído, su cuerpo, y en especial su cadera, comenzó a convulsionar intensamente en todas direcciones. La lanzaba hacia delante, a la izquierda, detrás, a la derecha, hasta formar un círculo cada vez más amplio alrededor de la pelvis de su amada. Cuando su ritmo comenzaba ha ser monótono, variaba la dirección del movimiento y emprendía nuevamente la formación de la circunferencia amatoria. Él, sabiendo la profundidad de este hecho le dijo con toda intención.

__ ¡Toma un círculo, acarícialo con lo que puedas, y será, un círculo vicioso!

                 Llegó al punto que esperaba la amante insaciable. Buscó la extensión de los sentidos y la emanación del placer de cualquier rincón del cuerpo para confluir en el sexo

__ ¡Yo seré el que te detenga en esta ventana! ¡Aquí estaremos, hasta que uno de los dos grite al mar que no puede más, porque su avidez se ha satisfecho!   

                      Ella se mantenía bajo su voluntad, con la espalda a una de las hojas de la ventana. En su piel se podía apreciar las marcas rosadas que se impregnaron desde la cintura a los hombros por la presión continua que hacía el joven con su cuerpo para no disminuir el ritmo pélvico. Estas marcas de batallas deseadas se disfrutan con todos los chacras abiertos. Un silencio. Una pausa. El pene fue directo al exterior. Ella enredó sus brazos sobre los hombros de él y esperó una explicación. El joven no dijo nada. Con un impulso la levantó. Los brazos se desataron. Ella se vio en el aíre. Flexionó algo más las rodillas y esperó que la joven aterrizara por su peso sobre sus muslos. Él se aferró a cada una de las agradecidas nalgas de ella y acomodó el cuerpo de la mejor forma posible. De modo previsor las piernas de la joven se enroscaron en las piernas firmes de su amado. Él a horcajadas. Ella igualmente pero sobre él. Los dos unidos. Uno frente al otro. Se miraron. Esperaron una reacción. Silencio. Cada músculo callado pero tenso. En ella se avistaba curiosidad. En él perversidad. Algo estaba pasando. Pensó la joven. Nada. La calma. La pausa. ¿La tregua?

                Algunos minutos pasaron. En una boca los dientes quedaron asequibles. En la otra estos mordieron los labios. Una respiración profunda. Sin ser guiado la punta del falo del joven acarició los bordes externos del resquicio de la chica. Un jadeo. El ojo izquierdo de ella le hizo un guiño. El pene se retiró. Un lamento. La vagina comenzó su juego provocador. Se dilataron sus pliegues y se contrajeron ante la mirada atónita de su amante. El pene comenzó a cimbrear bajo su albedrío. Con su movimiento oscilatorio adivinó la entrada maternal. Ella pronunció la pelvis. Él se retiró. Nuevamente fue a la carga. Solamente la punta. Una ínfima parte miró al interior ardiente y jugoso. ¡Nuevamente se retiró! Una y otra vez el joven introdujo y sacó la cabeza de su pene de la vagina de la amada. Al principio ella se lamentó, pero con la continuidad descubrió el sentido morboso de la situación. También él descifró el placer que andaba buscando en todo este tiempo, y siguió con su estrategia hasta agotar la mayoría de sus fuerzas. Sin orientarlo penetraba continuamente. Le introducía un ápice y ella lo esperaba con todos sus ligamentos y nervios contraídos para que el visitante no se adentrase nada más que lo necesario. ¡Así, una y otra vez lo sacaba y metía! Los mismos milímetros a dentro, pero no las mismas sensaciones que se inducían mutuamente.

 

                  Yo no me encuentro en la ventana, pero siento que dentro de mí, la vida fluye. Tengo los vigores escaldados solamente al imaginarme que mi presencia irrumpiese en el ventanal.  Lo que la mente no es capaz de imaginar, para el cuerpo será imposible de realizar. Nuestros amantes han rebasado los términos de lo posible, y con sus pretensiones intentan llegar a la cumbre de lo imposible. Cada una de las articulaciones de sus cuerpos están lubricadas, sus órganos centrados, las motivaciones a flor de piel, y la mirada enfocada a las partes que normalmente no aprecian por la abundancia de ropas en el cuerpo. Ahora necesitaban con toda seguridad pasar de la percepción olfativa a la contemplación visual. Él deseaba saber la forma exacta de los contornos y bordes de su amada. La plenitud de su espalda. El arco de triunfo que comienza con el nacimiento de su  magnánimo culo, y concluye en los carnosos muslos exaltados. ¡La indagación del cuerpo desnudo de su amada que le ha estado provocando con cada vibración!

                La respiró, tragó sus olores más personales, intimó con sus espacios prohibidos, esnifó sus sudores, y ahora deseaba complacer su curiosidad en las peticiones más alocadas de sus ojos. Ella pensaba lo mismo, y dispuso su materia para que el joven investigase sin requisitos. Había llegado la hora de observar para dejar de fantasear. ¡Llegó el instante de poner a prueba su ojo clínico! ¿Por dónde comenzaría el reconocimiento? Un dilema que no le importaba demasiado al joven, aunque la destreza la consideraba sumamente necesaria, para que su chica sintiera de a poco la mirada penetrante, y todo el vigor desenfadado al intentar comérsela con los ojos. ¡Era el momento de exhibir cada uno de los amantes sus veladas posibilidades, para que el otro no dejase nunca de amarle!

 

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 El mar (La visión)              

                  Al llegar la noche descansaron, porque al amanecer sus objetivos serían diferentes. Decidieron continuar con su bacanal de los sentidos frente al mar. La playa es el lugar ideal para que la luz influya directamente en los cuerpos y las sombras se muevan a gusto de los interesados.  Nada más entrar los primeros rayos de sol tomó él la toalla y ella la crema solar, y juntos  se dirigieron a la cala que se veía desde la ventana de su habitación. Ella llevaba un pareo alrededor de su cuerpo, y debajo del mismo la parte inferior del bañador al estilo de hilo dental. Él determinó que debajo de su pareo todo se mantuviera libre, para que la brisa del mar oxigenase su miembro y lo dispusiera para que su amada se regodeara en su contemplación. Antes de partir encontró sobre la mesa de la habitación sus gafas de sol, y pensó que no estaría nada mal llevarlas por si la calima humedecía sus ojos.

                Por la orilla de la playa los dos amantes caminaron con sus pies rozando el agua. La arena hizo la función de almohadilla benefactora para sus pies agotados por las variadas posiciones frente a la ventana. A ella se le ocurrió lanzar a su chico sobre la arena, y con su pie desnudo proporcionarle un masaje. Él no puso reparos, y como un peso muerto se desplomó boca arriba sobre la húmeda playa. Extendió los brazos, se acomodó las gafas y en cuatro palabras expresó lo que sentía

__ ¡Diana, soy todo tuyo!

                 Se quedó inmóvil, y esperó por la sorpresa de la joven. En estos días pocas veces pronunció el nombre de su amada, posiblemente porque el tiempo no fue suficiente para distribuirlo en otros menesteres. Diana con sus pies en el agua los fue deslizando por la arena mientras dejaba una estela de señales a su paso. Llegó a los pies de su chico y se detuvo en sus dedos

__ ¡Te voy a dar un masaje que nunca olvidaras! ¡Álvaro de mis entrañas!

                  Le dijo mirándole a la figura que formaba el pareo entre las piernas de él. Ella era la primera vez desde que llegaron a la playa pronunciaba el nombre de Álvaro con tanta entrega, y este simple hecho le pareció sorprendente.

                El sol comenzaba su extensión por el cielo, y los amantes se dispusieron a continuar con sus juegos amatorios. Álvaro sintió por la pierna la suavidad de los dedos de Diana, y Diana, con cuidado fue apartando cada una de las piernas de él hasta abrirlo como un compás. Las gafas de sol hicieron que la mirada de Álvaro se perdiese en la inmensidad del espacio, mientras Diana avanzaba con sus provocadores pies hacia las profundidades de su amado. Álvaro comenzó a soñar. Su mundo quedó guardado entre el marco de sus gafas de sol y las sensaciones que recibía del exterior. ¿Es posible que el mar pueda cambiar a una persona? Fue una pregunta quizás sin sentido pero se sentía a gusto, y dejó que las ideas flotasen en su cabeza como el barco sobre las aguas. Para él había comenzado una etapa completamente nueva en su vida. El sexo se le revelo sin escrúpulos y con la fortaleza de un huracán. ¡En pocas palabras, se sintió como un hombre nuevo!

                 Diana sintió sobre su cara el cabello que se movía con la brisa marina, pero en ningún momento dejó de hacer su labor. ¡Su pie continuó sobre las extremidades inferiores de su amado sin intención de detenerse por ahora! Ella rebozaba placer y sensualidad con cada inclinación del cuerpo. Los torneados dedos de sus pies se separaron y fueron en busca de las zonas más desvalidas de Álvaro. Pensó que la playa sería un lugar ideal para experimentar nuevas prácticas sexuales. Aún no habían llegado a su cala preferida y las intenciones comenzaron a mostrarse de antemano. La sensación que experimentaba Álvaro era muy parecida a la vivida después de una larga noche de juerga donde el nivel de alcohol se mantiene en un porcentaje elevado. Una total resaca apreciaba en sus labios, en el sentido del olfato, y en su valiente pene que buscaba la luz del día entre los pliegue de su pareo.

                   El soplo de viento salado dejaba sobre la arena inquietas figuras que se cobijaban sobre las sombras de los amantes. ¡Una mañana especial! ¡El litoral desierto para que él y ella continúen con su labor de conquista! La cala no estaba lejos, pero el tiempo es oro, y los instintos no se pueden detener para planificar la época y el espacio. ¡Es preciso entregar el alma al instante! Diana deseaba intentar que sus pies acariciasen la anatomía de Álvaro. Su propósito, comenzar por el interior para no perderlo. Para ello debía poner todo el empeño de sus piernas aunque le cueste el equilibrio.

__ ¿Te gusta mi amor? –Ella le preguntó a la vez que apartaba con el pie parte del pareo de él.

__ ¡Estoy perdido y no sé cuándo voy a regresar! – Las palabras de Álvaro se fueron alargando al mismo tiempo que su falo quedaba al descubierto.

__ ¡Si quieres te puedes quedar en tus sueños, yo me comunicaré con tu amigo! –Le respondió ella con una sonrisa maliciosa.

                 Dejó de hablar para poner con cuidado la planta del pie sobre la verga dormida de su amor. Estaba flácida pero no había expirado del todo. Su grosor doblaba la normalidad sin llegar a su potencia habitual. Con toda seguridad un pene que deseaba reflexionar.

__ ¡Tengo mi absoluto y completo órgano en estado de busca y captura!

                 Le respondió él. Las referencias de Álvaro respecto a su órgano sexual al principio le provocaron a Diana una sonrisa, pero en unos segundos, su mente la traicionó y comenzó a imaginarse miles de historias con el miembro de su amado. Por su mente se deslizó una fantasía que pondría en práctica cuando alcanzasen la cala. Las papilas gustativas de ella comenzaron a funcionar, y por debajo de la traslúcida tela del pareo, los pezones hicieron acto de presencia frente al mar y se expandieron en su máximo esplendor. Con el dedo pulgar del pie apartó del todo el pareo de su chico, y el embelesado pene se deslizó sobre uno de los muslos fijando la mirada en el horizonte. Al igual que Álvaro, su pene soñaba con placeres nuevos que lo sorprendiera para mostrarle a Diana la verdadera cara del amor.

__ ¡No lo perderé de vista para que sienta la vergüenza en su propia carne y me mire a la cara! –Así le habló Diana al pene, pero mirándole a los ojos al joven.

__ ¡Si me dejas ver lo que me gusta, lo templaré especialmente para ti! ¡Tienes que adivinar lo que es! –De esta manera le respondió Álvaro.

                 No estaba segura, pero sabía que jugaba con ventaja. Cualquier cosa que hiciese, él se perdería por sus huesos, porque en la ventana comprendió que el joven la amaba por encima de los inconvenientes. No lo pensó más y se colocó de pie sobre él. Puso a cada lado de la cabeza de Álvaro una pierna. Las gafas perdieron todo su sentido y decidió apreciar la realidad en cada irregularidad de la misma. La luz entró de golpe por sus ojos hasta que Diana encontró el punto de sombra con su cuerpo para que él disfrutase de las mejores vistas que ella le brindaba. Se posesionó sobre su cara y le mostró parte de sus encantos. Flexionó las rodillas y entre su insuficiente ropa interior se escapó el cachete izquierdo de sus apetecibles labios vaginales. Completamente desplegada con todo su contorno y sus pliegues, la media concha vulvaria quedó a una altura de unos setenta centímetros sobre la nariz de Álvaro. Si dejaba la lengua fuera de su boca, podía saborear la apetecible fruta de su amor que se mostraba desafiante ante la gravedad.

                 Él, con una de las patas de sus gafas de sol, apartó la braga que cubría las medias vergüenzas de ella, hasta dejar ante sus ojos el apetitoso manjar completamente descubierto. Fue sólo entonces cuando se dispuso a disfrutar sin presión de tiempo del exquisito plato. Ella inclinó aún más la pelvis, y el mapa difuso del laberinto de su vulva se mostró con todo su esplendor y lozanía sobre la cara de Álvaro. Podía comenzar cuando le apeteciese a disfrutar de la golosina de sus sueños. Su amada estaba dispuesta y con sus atributos al viento para que él hiciera y desasiera a su gusto. ¡Álvaro se lo pensó! ¿Cuál sería la primera y mejor acción para comenzar el convite? Lo importante permanecía ante sus ojos y en unos segundos sería únicamente suyo. Ella con sumo cuidado apartó parte del vello púbico que cubría su clítoris, y toda la belleza oculta quedó al descubierto para que él la apreciase como experto analista.

                 Las olas rompieron con destreza y fuerza sobre los amantes. Sobre la arena Álvaro sintió el agua salada que invadía su culo. ¡Ella lo intentó y no pudo! El mar le hiso perder el equilibrio y calló a horcajadas sobre el cuello del joven. El destino propició que el delicioso dulce rosara la boca del goloso amante. No fue la intención de Diana, pero por culpa del mar, dejó en bandeja salada su rosada vagina sobre su amado.

__ ¡Antes de comérmelo del todo, lo voy a disfrutar contemplándolo hasta el cansancio! –Fue lo que sentía Álvaro y así se lo hizo saber a Diana.

__ ¡Espera un momento! –Y sin decirle nada más se levantó y se quitó la ropa interior que antes él había apartado con las gafas-- ¡Es toda tuya! ¡Puedes hacer con ella lo que quieras, pero hazme sentir que floto sobre las aguas de este mar!

__ ¡No te defraudaré! ¡Solo te pido paciencia para poder disfrutarla hasta que la luz del sol se apague!

__ ¡Siento que estoy ardiendo! –Y con la otra mano terminó de apartar los restantes vellos de su magnífico clítoris.

                  Diana quedó sin nada que le cubriese sus predominantes muslos, su cadera melódica, su culo alborotador, sus tetas antimisiles, y su pubis espiritual. Pensó que mejor sería echar a volar el pareo que rodeaba su pecho para sentir de golpe la brisa en cada uno de los poros de su piel. No se equivocó. El aura sublime llegó y en un despliegue de autoridad descontroló toda la parte inferior de su anatomía. La superior perdió el control cuando él con la punta de sus gafas le rozó su clítoris. Sintió que por sus partes más blandas le penetraba una revolución de frenesí. Sus pezones erectaron desafiando el universo. Ella sabía que Álvaro se la estaba comiendo con la mirada, y para continuar provocándole se alejó unos metros de él, y comenzó a dibujar con el pie sobre la arena. Su cuerpo respiraba placer. Una delicia que exponía mediante el contoneo de sus carnes para que su amante ardiese antes de llegar al infierno angelical de sus entrepiernas. De esta forma excitaba al joven, y de esta forma se excitaba ella. ¡Estaba espléndida a contraluz! Una silueta que provocaba simplemente al contemplarla.

                Álvaro se incorporó y no intentó nada más. Antes le había confirmado que deseaba observarla desde cada ángulo con paciencia y malicia. Apoyó su antebrazo sobre la arena y dejó que sus pupilas siguiesen el movimiento constante de su amada. Diana no dejaba de trazar líneas sobre la arena. De vez en cuando el agua del mar llegaba a sus pies y se llevaba parte de sus líneas; entonces volvía a esbozar con los pies su dibujo hasta dejarlo impecable. Al terminar fue hasta el agua y se inclino para mojarse las manos. Las piernas abiertas y rectas. El torso doblado a la altura de las rodillas. ¡Era la imagen que andaba buscando Álvaro! Al término de la raja de las nalgas de Diana sobresalía un mundo de sensaciones. Con toda intención desplegó el laberinto jugoso de su entrada. A la memoria de Álvaro llegó la fruta que probó en uno de sus viajes. Una fruta tropical. ¡El mamey! Todas las sensaciones se agolparon en sus sentidos. El aroma meloso y aterciopelado de sus olores. La intensidad de sus formas que armonizaba con la estructura perfecta que llegaba a sus ojos. Y por último, el sentir delicado y consistente del mejor bocado sobre el paladar. ¡Así era la vagina de Diana, un apetitoso mamey abierto por la mitad!

                Él descubrió en esta ocasión la simbología del alfabeto Morse. La vulva de su amada comenzó a lanzar señales de socorro desde la orilla. Cada contracción él la interpreto como un S.O.S y no esperó más. Fue hasta ella y se colocó entre sus piernas para estar seguro del mensaje que estaba recibiendo. ¡No quería errar! Tomó cada nalga con sus manos y delicadamente las fue apartando en sentido contrario hasta que la raja del mamey quedó expuesta ante sí. ¡De cerca impresionaba! ¡Un diseño irrepetible! Para nada era lo que le contó su pene. Su pene le dijo que era cálido, húmedo y contradictorio, pero se había equivocado. Estaba ante la octava maravilla del planeta. No es que la vagina de Diana fuese especial, no, todo lo contrario. Era la primera vez que Álvaro contempla a la luz del día y a menos de setenta centímetros, la fruta que muchas veces probó sin mirar antes; pero en este instante, la vulva, el clítoris, y cada labio milagroso de su amada era un prodigio que no estaba dispuesto a perderse. Deseaba probar cuanto antes su delicado sabor, pero le pidió a Diana paciencia. Sus ojos serían los primeros que degustarían los recuerdos y el cálido presente. Se acomodó, y para no perderse en conjeturas, comenzó por el lado menos pensado de la amplia estructura vaginal. Partiendo del bello siguió hacia delante hasta encontrarse con la piel. Estaba en una posición óptima, pero le faltaba el toque final para acomodar su cuerpo. Fue cuando Álvaro utilizando sus manos de pala, agrupó un montón de arena bajo su cuello, y con arte e intuición creo una sólida almohada para descansar la cabeza sobre la misma. Ahora podía aguantar años observando la vagina de su amada sin que el cansancio hiciese mella en él. Así lo hizo Álvaro y sin prisa centró la mirada en el complejo meandro de curvas sinuosas que tanto le apasionaba.

__ ¿Alguna vez te han dicho que tienes los trazos marcados y firmes como los de la palma de la mano?

__ ¡No se si es un piropo pero me gustan tus palabras! ¡Nunca me lo habían dicho! –Le contesto Diana con zalamería.

                Álvaro la tomó por la parte externa de sus muslos y la invito a cerrar las piernas. De esta forma Diana se puso casi de pie ante la mirada de su amado.

__ ¡Ahora es una verdadera concha de mar! –Le dijo Álvaro sin perderse el más mínimo detalle-- ¡Primero estaba desplegado ante mi cara como un mapa con sus claves ocultas que invita a encontrar el fabuloso tesoro; pero en este momento se ha transformado en un cuenco prodigioso! ¡Quiero ver como se conforman los labios al abrirlos y cerrarlos!

                Y sin perder tiempo Álvaro hizo la acción contraria con los muslos de Diana. Una y otra vez la tomó por las piernas para que sus labios mayores y menores hiciesen algún comentario al margen.

__ ¡¡T-e-a-m-o!! –Le dijo Diana articulando las palabras al mismo ritmo que las contracciones de su vagina.

__ ¡Sigue no te detengas! ¡He descubierto que tu clítoris toma la forma de un trébol de cuatro hojas! –Se lo dijo Álvaro con la sutileza de un experto detallista.

__ ¡Tú eres el que me hace transformarme! ¡Resiste que te queda mucho por explorar! ¡Puede que te encuentres con sorpresas por el camino! –Al parecer Diana sabía de qué hablaba.

__ ¡Veo la piel que se ahoga en un pliegue para continuar en un monte violento y abrupto que no se conforma con la quietud! Tienes unos labios gruesos y potentes que definen tu ingle dándole una continuidad infinita. ¡Me quedaría toda una vida contemplando tu vulva hasta descubrir lo que no me deja ver!

                 No es que Álvaro estuviera en la fase final de la contemplación, no, es que las horas y los días serían algo menos que nada para su talento desbordante de inagotable explorador. Miró y vio. -- ¡El que busca encuentra! --Fueron los pensamientos de nuestro querido Álvaro, que continuaba con su exploración. Alcanzó a descubrir sorpresas por el íntimo y floreado camino que había emprendido. No fue suficiente que los muslos de Diana se abriesen y se cerrasen continuamente, él deseaba una visión más específica y personalizada de su objetivo. Acercó el dedo pulgar e índice hasta la vulva de Diana. Se detuvo y poco a poco los fue abriendo, de la misma forma que en el teatro se retira el telón la noche del estreno. ¡Ante sus ojos se hizo la luz para dar paso a la majestuosidad de un mundo que nunca antes había explorado! No es lo mismo penetrar una vagina por intuición, que disfrutar con la sensación de saber hasta dónde llegaremos cuando se traspasa el umbral. Esto lo tenía muy claro Álvaro, que a petición de Diana y a su propio deleite, se adueñó y asaltó la fortaleza impenetrable que ocultaba entre las piernas su amada.

                Álvaro podía describir con la potencia de su falo el interior de la vagina de su chica. Conocía sus rincones y sus partes más blandas. Él sabía encontrar la humedad deseada hasta saciar cada uno de los poros de su piel. El eterno laberinto de su amada lo conducía a la perdición que demandaba. Estaba dispuesto a entregarlo todo a cambio de nada, o por lo menos de una entrega sin finales. Nunca se pudo quejar Álvaro, siempre fue complacido en sus penetraciones, pero ahora él y ella, deseaban una cúpula de cierta manera más sutil.  En esta ocasión los dos buscaban una penetración visual que subliminase las anteriores demostraciones directas de afectos. Diana se encontraba a gusto sabiendo que Álvaro disfrutaba con la vista panorámica de su concha extendida sobre su cara. Él se quedó sin palabras al despejar con sus dedos el camino hacia lo recóndito.

                   El mar llegaba con sus olas rompiendo con destreza sobre los cuerpos de los amantes. Posiblemente la verdadera intención sería borrar la más mínima huella de sus acciones; pero los amantes, no estaban dispuestos a renunciar a este privilegio. Después de despejar las primeras curvaturas, Álvaro tropezó con la primera sorpresa de la detallada mañana. Sus ojos se iluminaron al ver lo que ocultaban los primeros pliegues apartados. ¡De tras de ellos se encontraba el milagro! Al despejar el camino hacia el interior materno brotó la naturaleza. Una perfecta flor con su variedad de pétalos guardaba Diana en su vagina para que Álvaro la conquistase. Pueden imaginar lo que anhelen, pero cinco pétalos de colores variados sorprendieron la mirada del joven. En algún momento Diana deposito la sorpresa para atrapar a su amado, o quizás siempre estuvo allí.

__ ¡Es para ti mi amor! ¡Te mereces mucho más pero la magia es lo que importa! –Le dijo Diana.

__ ¡Me has dejado sin palabras! ¡No esperaba esta trampa! –Le contestó Álvaro --¡Déjame seguir buscando por si encuentro algo más!

                El joven extendió sus manos y despejó sus dedos de la misma forma que se expande un abanico. Acto seguido los fue colocando uno a uno sobre el misterioso laberinto carnal expuesto ante sus ojos. Posiblemente en el viejo mapa de la isla del tesoro los jeroglíficos no fueron tan complicados como la interminable vagina de su amada. Los dedos los movía con arte sobre la piel incidiendo en cualquier duda. Diana emanaba placer por todos sus contornos.

__ ¡Así mi amor! ¡Busca! ¡El que persiste encuentra! –Le imploraba Diana retorciendo las piernas entre ellas-- ¡Tienes unos dedos como los de un concertista! ¡No! ¡No! ¡No los dejes de mover que yo escucho!

                Las manos de Álvaro viajaban de un lado a otro por toda la geografía vaginal de Diana sin detenerse en ningún espacio. Al llegar al pubis continuaban en sentido contrario hasta encontrarse con el monumental ano repleto de pliegues armoniosos que invitaba al descanso; pero Álvaro deseaba continuar deslizando sus manos con arte sobre el maravilloso teclado.

__ ¡Voy a cerrar los ojos para ver la sinfonía que tocas sobre mi pelvis! –Y levantó la cabeza hacia el infinito, luego, cerró los ojos-- ¡Silencio, comienza la ejecución!

                 Los dedos de Álvaro continuaron deslizándose con arte sobre el terreno abrupto de la prolongada vagina de su amada. En algunos espacios palpó el leve florecimiento del bello púbico. Álvaro no le dio importancia. Él sabía que la noche anterior llevaba otro corte de pelo, y esto le excitó. Desde que decidieron llevar a cabo el encuentro en la ventana, muchas cosas habían cambiado, y todas para bien. Sus ojos brillaban de goce ante el resplandor que se reflejaba en su cara que se proyectaba con los rayos del sol. En su nada discreta exploración descubrió en el cachete izquierdo del labio interior, un lunar ovalado y de un intenso color negro. Lo primero que pensó fue morderlo.

__ ¡No! ¡Me has prometido que solamente mirarás! –Fueron las palabras de Diana.

__ ¡Tienes razón, pero estoy muy sediento! –Le dijo Álvaro con una sonrisa y la lengua a medio lado.

__ ¡Si me lo comes terminaremos rodando por la arena y al menos hoy no llegaremos a la cala!

__ ¡El tiempo no existe! ¡Olvídalo! ¡Puede ser que toda mi vida me lleve contemplar tu universo! –El joven le habló con un hilo de voz.

__ ¿Sabes una cosa? ¡Estoy a punto de tener un orgasmo y aún no me has penetrado con los dedos! –Diana aprovechó este instante para acomodarse aún más. Hincó las rodillas sobre la arena, despejó todo lo que pudo sus piernas, y le arrimó su vulva a los ojos de su amado-- ¿Qué te parece?

__ ¡Ahora es inmensa! ¡Una infinita cordillera montañosa me impide ver el horizonte! ¡Es como si volase sobre las elevaciones para caer por sorpresa sobre la cima de una de sus crestas! –La impresión de Álvaro no era errada. Sus ojos querían dominar todos los ángulos posibles hasta encontrar el talismán de sus sueños-- ¡Los matices son más personales! ¡Creo que lo que buscaba lo he encontrado!

__ ¡Te quiero! ¡No te detengas mi amor, ábrelo todo y deja que la luz y tus ojos penetren en mi interior para sentir la vida en mis entrañas! ¡Te amo, y por nada del mundo dejaré que otras manos, otros ojos, otras bocas, y otra verga me posean! ¡Antes dejaré que las aguas se lleven mi cuerpo!

__ ¡No será necesario porque siempre estaré dentro de ti!

                Le dijo el joven, y con lágrimas en los ojos, rompió su promesa. Posiblemente con toda intención Álvaro dejó que su lengua rozarse la parte más saliente del clítoris de Diana. Para ella fue toda una sorpresa, él le prometió que únicamente se deleitaría con la mirada; pero las palabras confesadas también están para ser incumplidas.

__ ¡Por favor no! –Le rogó Diana cerrando los ojos-- ¡Ahora estoy viajando entre las flores! ¡Me siento que estoy flotando! ¡Soy como una libélula que busca amparo en la nada! ¿Por qué me has tocado con tu lengua? ¡Ahora quiero más! ¡Quítame la libertad para quedarme por siempre en tus brazos!

                Los pensamientos de Diana incidieron sobre los sentidos de Álvaro que estaba muy cerca de perder el control. Ella continuaba viajando entre la verde vegetación mientras la lengua de Álvaro vibraba de fruición muy cerca de la vulva de su amada.