Vocerrante 11 - Humoralia por Raúl Ceruti - muestra HTML

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VOCERRANTE (11)

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

Raúl

Este es el undécimo programa de

                      VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

Al principio se reía sonora, crudamente, con un fuerte reluctar de las vocales. Se prodigaba la risa en eructos y en exultaciones. Sin embargo, no ofendía, ya que era un modo del sentirse junto, de ser con otros. Más tarde, los modales reservaron para las clases populares esa soberana demostración de contento; mientras que príncipes y caballeros, de puertas adentro en sus palacios, buscaron el estilo apropiado para herir sin ofender. Luego, la burocracia advino con su fardo de traición e histeria. Desde entonces se reiría a ocultas, disfrutándose de espaldas. Ya no habrían las bocas generosas, abiertas y genuinas. Nada más que un tembloroso amaneramiento. La voz cerrada, en secreta y cuidadosa complicidad. Veladas risillas del hipócrita, socarrones de la envidia; siempre la boca reservada, los labios replegados. Desde entonces se reiría para adentro, incapaces de formar un signo. Máscara comida. Conformidad que contamina las palabras y las obras. Lástima, desprecio y limosna, ocupando los sitiales que una vez correspondieran a la gracia. Y no resulta común el sacudimiento estentóreo, ni el frenesí grupal que conmovía en otros tiempos.

Cada quien, ríe para sí, egoísmo en la célula del darse. Del estar presente. Del ser con alguien. Los humores, como espectros, atraviesan las ciudades con silencio respetuoso. Desapercibidos.

Llueve, por ejemplo, pero poco importa que en cada gota se reproduzca tu rostro, deformado, como en una botella. Arrojado al suelo que alimenta de verdes pastizales. Festivales de intrascendencias.

Daniel

¿Cuándo, quién fue el primer hombre que ante un mamut, un triceratops, un pterodáctilo, no lanzó un gemido lastimero, o un refucilo desafiante, sino la ferviente y animosa carcajada?.

¿Cuándo, quién fue el primer hombre que lidiando con el fuego, afilando las puntas de su pedernal, se lastimó, y en lugar de un sacudido postulado de improperios, liberó en el estallido de una franca risotada, la espina de su estupidez?.

Raúl

El Universo se mueve. Por eso su estructura no puede pensarse desde los elementos, estáticos y permanentes, sino desde los principios, dinámicos e impulsores.

Así, se puede pensar al Universo como empujado y guiado por el principio épico, arriesgado y violento; por el principio romántico, apasionado y noble; por el principio trágico, abrupto y lascerante; y por el principio cómico, fresco y espontáneo.

Daniel

Fragmentos de la Épica:

Prestas, viriles, recias, combativas, las tropas se dirigen hacia el campo de batalla. Se miden desde lejos. Se huelen, se anticipan. Cada uno elige a su enemigo próximo.

Entonces, extraen de sus faltriqueras una caja de fósforos. Se va cerrando la línea. Quedan frente a frente. Raspan las cabezas de los fósforos en sus cajas, y las blanden contra los cabellos y las telas inflamables de sus enemigos. Soplan a la vez, hacia uno y otro lado. Soplan con dureza.

Los rostros concentrados y la boca fruncida.

Raúl

Aquí la vanidad de la estrategia, los juegos descorridos de la metódica avaricia. La lucha abstracta, sin el peso de la tierra.

Daniel

Sibael será siempre recordado entre los mésuros. Cierta vez cuando el partido se encontraba aún cero a cero (entonces se jugaba hasta el primer gol, lo que podía llevar unos pocos minutos o también toda la tarde), detuvo la dura pelota (entonces se hacían de piedra porosa) con el pecho, y llevándola a los pies, la fue trasladando a lo largo de todo el campo de juego (que entonces se extendía hasta donde se pudiera perseguir al adversario), escapándose uno a uno de los jugadores del contrario, alejándose, entre el agotamiento, la sed y la esperanza.Perdido para todos, ausente por exasperación, marcó un tanto en algún sitio, y perdió la vida.

Raúl

Aquí la burla y trascendencia de la victoria, comunicada a los hados inescrutables. Inhumanidad y sobrevida.

Daniel

Combatían duramente en la guerra de las dos murallas. Unos y otros arengados por los gritos de los generales y camaradas, y el olor penetrante del metal y de la sangre. Sin embargo, cuando ya la angustia superó a la indignación y el dolor a la bravura, hizo falta, que desde algún sitio de la lucha, alguien dijera:

¡Adelante!

Raúl

El lenguaje de la épica comienza con el cansancio.

Daniel

Fragmentos de lo Romántico:

Abmiel cambiaba de formas, así como Dogdena. Ambos eran la representación, en la mitología ganchení, de los modos del amanecer y los de la lluvia, del vuelo de las nubes y el de los océanos. Siempre distintos pero indubitables. Una categoría que nuestra civilización occidental aún no ha podido sintetizar en una sola palabra. Eran lo único y diverso, lo estático y cambiante. Se amaban todos los días, bajo diferentes formas, variándose, escondiéndose, entregándose. Así, los que a la mañana se amaban como un trozo de pan y un canario, a la tarde lo hacían como un guijarro deshaciéndose e n arena, y a la noche como una estela que se marcha por el lodo.

Raúl

Aquí, la gracia de lo paradójico, sirviendo de sustento a lo constante. La danza invariable mueve a la fuente que prodiga.

Daniel

Hymnis comienza a acariciarla, la besa suavemente. La diosa, áspera y nerviosa en un comienzo, más tarde cede, relajada. Hymnis la penetra, dulce, se hamaca en forma circular por sobre ella, de tal modo que roza alternativamente sus piernas y sus pechos.

Zamni queda adormecida, y en el sosegado transcurrir de su deseo, alcanza finalmente un sueño profundo. Allí los nervios alertados, la lengua viva, cada uno de los tendones insertos en el lento devaneo de Hymnis, humedece la arena de los cuerpos. Despéjanse las nubes alejadas, confórmanse planetas redondeados. Dispérsanse el sudor, las escamas, las estrellas, por la bóveda que forman con sus arcos. Hasta que Zamni despierta, a través de sus cabellos encarnados

Amanece: Así fueron la noche y el día.

Raúl

Aquí, la confusión, por amor, de contenido y continente, cerca y lejos, dentro y fuera.

Daniel

Está inclinado el Universo, cuentan los ueleiches. A través de inmensos atajos, desniveles, fallas y pasadizos, los tiempos se comunican. No son reales las cosas, sino lo ue las anuda o encuentra. No es verdad la mano ni el rostro, sino la caricia. Así, las fiestas resultan atractores de acontecimientos. En la celebración del Trueno, todos vociferan y desbordan. Hasta que de los destrozos resulten unos hilos gestuales, desde los que reconstruirse.

Se hacen las casas y las riquezas hacia dentro, hacia el espacio en que se escondan todas las miserias. Pero huyen los amantes donde se pueda estar desnudo y hacia afuera.

Raúl

El lenguaje de lo romántico comienza con el silencio.

Daniel

Fragmentos de lo Trágico:

Franz Brodes, era el único médico occidental que había llegado a la aldea de los protnies. Y fue él quien causó la epidemia de influenza que cobró decenas de vidas entre ellos. Un guerrero le lanzó una piedra, acusándolo de portador de un misterioso mal. La mujer de este guerrero precisó más tarde de sus antibióticos, pero nada pudo hacerse: Desde aquella herida de piedra, Brodes había quedado inconsciente.

Raúl

Aquí la unión de cura y enfermedad, la trágica traición por concausa, consciente e inevitable.

Daniel

Los soberanos de los tridles debían, por ostentación del cargo y por definición de investidura, conocer toda la trama de sucesos hasta el fin de su mandato. Por ello eran tan firmes en hacer cumplir pequeñas decisiones: No jugar con palos largos, no beber agua turbia, no casarse entre parientes de hasta el quinto grado, lavar la comida, llevar las uñas limpias, acomodar los juguetes. Y había pena de descuartizamiento para los desobedientes, único modo de neutralizar el encadenamiento de causas que podían llevar a la catástrofe.

Raúl

Aquí, lo trágico pequeño. Lo trágico por proyección o peligro. El arrastre de una consciencia por los pantanos de la culpa inconcebible. La mínima responsabilidad, y todo el remordimiento.

Daniel

Los zabulares contaban que, antiguamente, sus ancestros se comunicaban por medio de señales mínimas y exactas. Con gestos simples, leves movimientos, rasgos claros, de acuerdo al horizonte y el paisaje, podían transmitirse las nociones más complejas. Sin embargo, un rayo descargado desde un cielo vengativo, apartó de golpe las miradas y atenciones, y desvió las impresiones de los gestos. Confundió los gritos y arrumbó rostro contra piedra. Abierta una grieta vertical entre los hombres, los ritmos y las sincronías de su comunicación acabaron por romperse. Cada cual comenzó a buscar a los suyos y sus cosas. Nadie ni nada contestaba, ni parecía darse cuenta de los otros. Como vieran que era inútil entenderse francamente con los ojos y las manos, debieron intentar con la palabra: “¡Ayuda!”.

Raúl

Así, el lenguaje de lo trágico, proviene de la indiferencia.

Daniel

Fragmentos de lo cómico

Los fajineros, de uniforme rojo, amarillo y verde, llevaban un abultado y extenso conflicto con los desovos, de uniforme verde, amarillo y rojo. Los enfrentamientos armados se remontaban a veinte o treinta siglos. Sus banderas, sus emblemas, escudos y estandartes, se habían enfrentado en las estepas, en el mar y en la campiña.

Al fin, el último de los comandantes de los fajineros fue cercado por los desovos, al término de una descomunal y sangrienta batalla.

Droblam era su nombre.

Y bien sabía Droblam que todo estaba perdido, cuando le fue requerida su presencia a fin de presentar su formal rendición, por el comandante desovo.

Con mucha parsimonia Droblam se encaminó a la puerta de su tienda y al asomarse sólo se dirigió hacia su par de las filas enemigas. A su alrededor, los signos de la derrota eran inapelables, minuciosos y horribles.

Una vez lo suficientemente cerca de él, para que pudiera escucharlo sin alzar demasiado su potente voz, le dijo:

“Sólo un uniforme separa la victoria de la derrota”.

Inmediatamente, arrancó de su chaqueta un botón con la insignia de su ejército y se lo ofreció al líder vencedor, diciendo:

“Por favor, colóquese este botón en su chaqueta. Aq uí tiene hilo y aguja”.

Su par accedió, recibiéndolo con gesto adusto, colocándose el botón sobre el bolsillo superior izquierdo.

“Al menos ese botón habrá triunfado”.

Raúl

Aquí, la reducción de un penoso triunfo a un mero dato de etiqueta. Lo cómico por exposición, la denostación por evidencia.

Daniel

Fue una de las más grandes explosiones que hubiéramos jamás escuchado. Una enorme confusión provocaron los gritos, las alarmas y las voces de apremio, sorpresa y alerta que recorrieron entonces la ciudad, desde el centro hasta el sitio más alejado de sus periferias.

Acababa de hacer erupción, una erupción brutal, violenta, rutilante el Volcán de la Comunicación.

Entonces ocurrió una enorme, generosa y triunfal distribución de palabras.

Cada uno hizo un paquete con las que pudo ir recogiendo, y no se cansaba de mirarlas, pronunciarlas y repetirlas para sí y para todos.

Esas palabras graves, encerradas durante tanto tiempo en el magma del centro de la tierra; esas palabras con Mayúsculas, porque nadie las había visto fuera de sus dominios particulares, aparecían detrás de una manzana, o dándole pequeñas vueltas a un hilo.

Así, en la sopa de letras de Rosagrís, podías encontrarte a la Verdad, formada por cuatro fideos dedalitos. Y compartíamos el mate con algunas migas de Justicia en el pan.

Raúl

Aquí lo cómico por detalle y exactitud. Cuando el milagro encaja con lo necesario, por pura casualidad o coincidencia.

Daniel

La final tenía que jugarse.

El campeonato había durado todo el año, y finalmente, los hinchas, los periodistas, los dirigentes, los jugadores, los aficionados, los curiosos, y el público en general, estaban muy ansiosos por saber el resultado final, la definición de tantas mañanas, tardes y noches de azares, hazañas, esfuerzo y compromiso.

¿Por qué el hecho de haber estallado la guerra civil, por motivos ajenos, espúreos y egoístas, iba a impedir que el partido se llevara a cabo?. ¿Y por qué iba a ser un nuevo impedimento la entrada en guerra con la República de Gloston?.

Así, ya fuera por la inercia, ya por el entusiasmo, se jugó la gran final entre Deportivo Gardifusa y el Ornitorrinco Sports. Y el partido, que debió ser suspendido por bombardeos a poco de empezado el primer tiempo, por reclutamiento, apenas se puso el Sol, por ocupación, por fusilamientos, por uso del estadio como hospital de campaña y como sede de tres cuarteles generales, duró algo así como 297 días, batiendo todos los records de memoria, registro o paciencia.

El partido, denominado también “El partido de las dos guerras” tuvo importantes consecuencias para el Derecho Internacional. Así por ejemplo, cláusulas como “El rebote de pelota en tanque enemigo sólo es gol si el arquero contrario o la defensa correspondiente la tocan con cualquier parte de su cuerpo, excepto con las manos”; o “el fusilamiento del arquero por crímenes de guerra no permite su renovación, excepto por un héroe nacional”; o “sustituida la pelota por una bomba gana el partido el equipo que menos la toque”; o “bombardeo en línea defensiva vale penal”, se originan en estos hechos. Así también la libertad e inmunidad del aguatero, el carácter de territorio no beligerante de la zona media de la cancha, el salvoconducto presunto de los delanteros y el permiso a portar armas de fuego para los defensores.

Aquí lo cómico por contraste entre lo calmo y lo violento, entre la parodia y el documento, en la perceptible continuidad de las urgencias.

Daniel

El humor se yergue sobre lo inevitable, sobre lo indiscutido, sobre lo necesario.

No aceptar lo dado como dado. Aún el muerto puede dar que hablar.

No aceptar lo natural como natural. Aún las luces mienten.

Ni la verdad como verdad. Aún los dioses se equivocan.

Raúl

El lenguaje de lo cómico comienza con la rebeldía.

Primer Tema: Monkeysś paw, de y por Laurie Anderson (04:35)

Acabamos de escuchar “Monkeyś paw de y por Laurie Anderson.

Daniel

Imagínese un cambio radical de nuestro entorno:

1. Suponga nada más que no hay debajo. Nos encontraríamos permanentemente en caída libre. Unos y otros, incluso las cosas. Encontrarse sería cuestión de décimas de segundo. Procurarse algo sería caérsele encima. El tiempo sería vertical y la sucesión, de los débiles a los pesados. Todo contacto sería fugaz, casi furtivo. Regalar una rosa sería arrojarla con fuerza.

2. O imagine no haber detrás. Todo el tiempo, todos, mirándonos de frente. Intimidación inevitable. Como apoyados en paredes paralelas. Todo a la vista. Anulación de todas las presentaciones. Imposibilidad del abrazo. Se andaría como quien transporta consigo su silla, puerta, manzana, lecho, cobija, aparador. 3. O piense nomás las atroces consecuencias de un no haber arriba. Debería uno acostarse para que los brazos pudieran dirigirse a la cabeza.

Aplique el sistema lógico de cualquiera de estos desarrollos a su circunstancia real, y hará humor inevitable. De allí, el carácter metafísico de la gracia cómica.

Raúl

Recoger la risa, como el vestido desgastado de una mujer. Levantar del suelo la delicadeza. Armar con sus retazos una muñeca de trapo. Fijar las partes de su cuerpo de un modo insostenible. Que dance destartalada. Como los duendes preparados con arena y piel de goma, abriéndose las panzas reventando de alegría. Recoger la risa como perlas de un collar infinito. El vino derramado y todos los sudores. Recoger la risa con el vaso vacío y la piel efervescente. Como se levantan las flaquezas.

Gotas de la noche derramadas por el día.

Daniel

Hay algo en la risa que te desparrama, desordena, descuartiza. Una garra magnífica que te toma desde cada parte. Saltos pequeños, sueltas contorsiones.

Entrega y egoísmo. Rompimiento que sea asimismo una amalgama. Nervadura desnuda e imposible que retiene, en sus extremos, a la hoja verde. Una grieta en la columna vertebral del hombre, que se abre rascando la planta del pié.

La épica, tornada hacia lo cómico, es la victoria absoluta del débil contra el indudable poderoso. Un ciempiés que derriba a un elefante. Un automóvil que choca contra una oruga. Un insecto contra un avión. Un gotero de agua contra el fuego.

Raúl

Un circo i nterpreta las cuatro representaciones de lo cómico:

Lo cómico equívoco. Incomodidad que se refiere a una confusión entre dos o más líneas de acciones. Alguien cree que está con quien no está. Alguien emprende la consecución de un resultado cuya causa ha puesto otro. Alguien inserta su devenir con el de otro, ignorante de éste.

Lo cómico yuxtapuesto: Los violentos contrastes entre una realidad y su forma, o entre dos realidades anulables entre sí, expresivos del ridículo de su alternativa.

Lo cómico por dislate: Una misma categoría que se subdivide en forma anárquica. La lógica de lo ilógico y la razón de la ruptura. La afirmación imposible.

Lo cómico por asunción. Allí donde el absurdo es inserto en el rostro, mueca adherida, sana deformación. El ser ridículo riendo de su pacífica monstruosidad.

Finalmente, nadie se conmueve. Sólo quedan señalando con espanto el terrible hueco que abre la boca del festejante. Apenas dos o tres mueven sus labios, insinuando un pliegue parecido al asco.

Daniel

Extremófilos I.

¿Oyeron hablar de los extremófilos?. Son bichos que viven precisamente en condiciones extremas. En temperaturas por debajo de los cero grados centígrados, o por encima del punto de ebullición. En medio de las corrientes más violentas, o en el vacío más intenso e inmóvil. Sería bueno juntarlos para una serie de dibujos animados. Cada bichito con su medio a cuestas. Pequeñas tragedias caminantes. Pequeñas exageraciones. Y la exploración de las posibilidades de la convivencia.

Raúl

Adaptaciones.

Alguien contará la historia del “bicho moneda de dos guita”, un insecto que habitando en los ámbitos domésticos del “homo sapiens” desarro lló el fenotipo de una moneda de dos pesos para sobrevivir, mediante un proceso de “selección natural”. Y de cómo otras imitaciones con otras monedas o instituciones financieras o bancarias no tuvieron el mismo resultado.

Daniel

Rescate.

La terrible situación del “bicho pelotita”, al borde de la extinción, convoca a generar un programa de protección y rescate. Los principales peligros que enfrenta dicha especie son la patada y el lanzamiento. Por ello se realiza un llamamiento a los más grandes deportistas del mundo a fin de darle seguro cobijo, buena dirección y aterrizaje blando en cada una de las situaciones en que resultan víctimas de la agresión lúdica de los seres humanos.

Raúl

Búsqueda.

El hijo del rey colecciona hormigas. Y una hormiga se le escapó. El ejército real se moviliza para encontrarla, en helicópteros, teniendo especial cuidado la población en no pisar ninguna.

Daniel

Extremófilos II.

¿Qué tal un bicho que viva en la punta del cotonete cuando nos rascamos la oreja? ¿Y el que viva al borde de los desagotes, sólo el tiempo en que dura el breve remolino del agua? ¿Y el que se asiente en la pelusa de nuestro ombligo?.

¿Y el que sólo vive de la nostalgia?.

Raúl

Sátira e ironía

Existe en el humor distancia o cercanía, rechazo o encuentro, comodidad o esfuerzo.

El humor puede expulsar o reunir, asentir o romper, conservar o sacudir.

El humor, como todo gesto, se hace de uno a otro, de unos a otros, de un lugar a otro.

Y hay lugares de superioridad y lugares de horizontalidad. Desde un nivel superior, autocomplaciente, se despacha la ironía. Que no levanta, ni despierta, ni abre bocas a la risa, sino que apenas supone la exhibición de la sonrisa, como toda expresión de complicidad.

Desde un nivel horizontal, problemático, se esgrime la sátira.

En lugar de la sonrisita burlona de la desgracia ajena de la ironía, la sátira es la conciencia de la tragedia propia.

En lugar de la sonrisita satisfecha de la complicidad acomodada, la sátira es la conciencia de una lucha colectiva.

Cuando la sonrisita busca complacer, la sátira busca incomodar.

La ironía, administrada desde el poder, se arrastra allí donde la sátira se incorpora. Y se esconde allí donde la sátira se enseñorea.

La sátira, derramada desde el borde de las víctimas, se dispara victoriosa donde mugen las risillas. Y se enciende desafiante donde los silencios aprisionan.

La ironía se dicta desde el desengaño. La sátira se lanza desde la reivindicación.

La ironía en el lugar de la resignación, desestima cualquier deseo. La sátira, en el centro de la voluntad, levanta los senderos de la esperanza.

Cuando ante la vista de cualquier miseria alguien se ríe, el Comando del Humor se moviliza, para dejarlo solo. A fin de que la risa se ahueque y caiga sobre sí. A fin de que se doble y suplique por las migas de un gesto. Una risa que se alarme y que sea casi un grito. Un grito que rebuzne y se transmute en sátira.

Cuando no hay exclusión ni elite ni grupo de poder, la ironía es sólo un eco en la montaña.

Cuando no hay exclusión ni elite ni grupo de poder, la sátira danza por los bosques.

Segundo Tema: Beierblakk. Tradicional germano. Por Bären Gässlin (01:26).

Acabamos de escuchar “Beierblakk”. Tradicional germano. Por Bären Gässlin.

Daniel

Tres demostraciones

I Causa y Efecto.-

Habían logrado finalmente la paz en todos los aspectos. Habían agotado todas las pulsiones y ansiedades. Cada quien vivía con lo suyo y en lo suyo. El sistema cuadraba por todos sus costados. Sin posibilidades para errar, no había lamentos posteriores.

Poco a poco no hubo ya intereses, luego dejó de haber intenciones. Más tarde acabaron sin palabras y posteriormente, sin gestos. Sumidos en una profunda inacción, generando solamente el calor residual de la entropía, surgió el caos.

Hasta que alguien improvisó una risa.

II Omnicomprensión.-

Svolni había robado en nuestras calles. Una, dos, tres, millones de veces. Se aproximaba en silencio y lentamente te quitaba el tiempo de las manos. Con cualquier excusa, molestia, petición, te retenía y quedabas a expensas de su charla. Muchos se molestaban con él, y algunos hasta lo enfrentaban con un insidioso silencio.

Svolni no conocía de apuros. Ni de arrebatos.

Cierta vez detuvo al hombre que iba a desactivar una bomba en el Monumento Principal. O al que iba a aplicar un suero antiveneno al intendente. Las normas y previsiones teológicas lo condenaban indefectiblemente. Sin embargo, a pesar de todo ello, o precisamente a causa de ello, a causa de la acumulación del tiempo tan larga y pausadamente malhabido, la noche del tremendo maremoto recorrió casa por casa, cuadra por cuadra, habitación por habitación, rescatando a todos los que pudo. Por suerte, en Kuraskan, de donde era originario, teníamos un Dios ambiguo. Y una hermosa excepción, completamente ad-hoc, lo recogió en sus cielos.

III Situaciones de Equilibrio.-

Salaria llevaba los baldes hasta la orilla del río. Salaria vivía de llevar los baldes hasta la orilla del río. Salaria vivía llevando los baldes hasta la orilla del río. Llevar los baldes hasta la orilla del río era la habitación de Salaria.

Remune introducía los baldes en el agua. Remune vivía de introducir los baldes en el agua. Remune vivía introduciendo los baldes en el agua. Introducir los baldes en el agua era la habitación de Remune.

Sueldo y Peculio llevaban los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina.

Sueldo y Peculio vivían de llevar los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina. Sueldo y Peculio vivían llevando los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina. Llevar los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina era la habitación de Sueldo y Peculio.

Estipendio colocaba en fila los baldes con agua. Estipendio vivía de colocar en fila los baldes con agua. Estipendio vivía colocando en fila los baldes con agua.

Colocar en fila los baldes con agua era la habitación de Estipendio.

Beco y Viatico descargaban el agua de los baldes en la canaleta. Beco y Viatico vivían de descargar el agua de los baldes en la canaleta. Beco y Viatico vivían descargando el agua de los baldes en la canaleta. Descargar el agua de los baldes en la canaleta era la habitación de Beco y Viatico.

Plusval tenía su habitación. Cuando se levantaba iba al baño, y haciendo girar las manivelas, el agua acumulada en las canaletas se deslizaba hasta su grifo, y podía ducharse: La organización vence al tiempo.

Pero entonces ocurrió que el río se secaba. Y el camino hacia el río era más largo.

Cada vez entraban mayores proporciones de limo y arena en los baldes. Los baldes cada vez pesaban más. Cada vez más las canaletas se taponaban y corroían. Y Plusval salía cada vez más sucio del baño. Y cada vez Plusval se enojaba más con todos. Hasta que Salaria levantó a Plusval en sus manos y lo tiró en el río, para que pudiera lavarse:

La improvisación vence al caos.

Raúl

Del "Cuaderno de Estratagemas" del General Trapisondae.

El General Trapisondae no tuvo a su cargo, que se conozca, ninguna misión militar. Sin embargo, dejó una serie de anotaciones sobre posibles formas de vencer al enemigo, que llegaron a ser muy famosas en el siglo XVI, reunidas bajo el rótulo común de “Cuaderno de Estratagemas”, serie de consejos, ideas y apuntes para obtener la “pérdida o consternación de los ejércitos", algunos de cuyos apuntes se reproducen aquí: 30 Estratagemas del General Trapisondae.

Daniel

•Cambiar de lugar los brazos de los soldados para desorientar al enemigo respecto de la izquierda y la derecha, y hasta respecto de su propia ubicación en el campo de batalla.

Raúl

• Arrojar decolorantes sobre los blasones y banderas enemigas, echarles tintes blancos y salir a negociar la así declarada rendición.

Daniel

•Construir una réplica en ruinas de la ciudad principal a la entrada de la ciudad, a fin de disuadir respecto de la utilidad de cualquier saqueo, despojo o dominación.

Raul

• Disfrazar a nuestros soldados de piezas blancas de ajedrez y dejarlos inmovilizados en perfecto orden de juego. El enemigo no podrá avanzar si no damos el primer paso cada vez.

Daniel

•Dibujar en el campo de batal a una reproducción de la aldea del enemigo, para que no puedan pisotearla ni despreciarla ni hacer derramar la sangre sobre él.

Raul

•Poner a nuestros soldados a desayunar a toda hora, a fin de que el enemigo pierda de vista el momento del día en que se encuentra y no pueda proyectar estrategias en su transcurso.

Daniel

•Hacer circular anuncios, leyendas e historias acerca de quienes atravesaron cierta llanura, se atrevieron a cierto valle, atacaron por cierta colina, todos los

cuales pertenecen o llevan a la ciudad que se pretende defender, a fin de inhibir el paso por dicha llanura, dicho valle o dicha colina, quedándoles sólo la alternativa de atacar por un desfiladero.

Raul

• Obligar al enemigo a la realización de tareas inacabables, como contar los granos de arena de una vasija, o establecer la cantidad de nudos de un tejido, como claves secretas de sus instalaciones y disposiciones.

Daniel

•Pintar los árboles, las piedras y montañas de negro a fin de que durante las noches choquen contra ellos y no puedan avanzar.

Raul

•Utilizar espadas que posean un repicador, a fin de que por cada golpe se escuchen dos.

Daniel

• Afinar las campanas en el mismo tono en que estén afinados los cascos de los enemigos, a fin de hacerles vibrar sus cabezas cada vez con mayor violencia a medida que se acerquen a la fortaleza.

Raul

• Multiplicar los pretendientes al trono enemigo mediante falsas genealogías, oráculos y predestinaciones, a fin de que no puedan saber de quién deben recibir órdenes.

Daniel

•Colocar un enorme espejo en las mural as, de forma tal de que a larga distancia puedan ver que la defensa se prepara al menos con una cantidad igual de efectivos. Colocar en los extremos otros espejos que redoblen los reflejos, a fin de hacer ver aún mayor cantidad de efectivos.

Raul

•Ubicar un soldado de uniforme amarillo cada diez de uniforme rojo, a fin de hacer perder la cuenta a los adversarios, simplemente cambiando de lugar a los amarillos.

Daniel

•Colocar arcos de triunfo en las salidas de la ciudad, a fin de que las tropas enemigas se lancen a través de ellos y se vayan.

Raul

•Utilizar uniformes extraños y fingir que se está atacando la misma ciudad al mismo tiempo en que se espera que el enemigo la acometa, a fin de confundirlo y hacerlo desistir de avanzar sobre una ciudad parcial o totalmente saqueada.

Daniel

•Aguardar el ataque con un comité de recepción y fiestas de despedida, consternando los ímpetus bélicos, y obligándolos moralmente a retirarse.

Raul

•Desarmar todos los accesos, puentes, puertas, rutas y caminos hacia la ciudad, en piezas de difíciles rompecabezas, a fin de retardar el avance de las filas enemigas.

Daniel

•En el campo de batalla poner un estadio. Y llenarlos de público al momento de la acometida, a fin de convertir a la guerra en una justa, y someter al enemigo al pánico escénico.

Raul

• Llevar bolsas con sangre de vaca en lugares expuestos de las armaduras, con el fin de hacer creer que el golpe de espada ha sido certero, y dar la posibilidad al golpeado de contraatacar con mayor dureza.

Daniel

•Llevar la pelea al cementerio, de forma tal de confundir los cadáveres preexistentes con las víctimas de propios y extraños, agudizando la necesidad de terminar con el ataque por evidencia de desmesura.

Raul

•Esparcir por el campo de batal a hierbas, frutos y granos tan deliciosos, frescos y delicados que inhiban a los soldados enemigos a violentarlas, midiendo por ello cada uno de sus movimientos, haciéndolos pesados y previsibles.

Daniel

•Colocar exactamente el mismo diseño de cúpula en varios edificios de la ciudad, a lo largo de todo su perímetro, de forma tal de hacer creer al que se guía por ellas, que se encuentra caminando en círculos, obligándolo a cambiar la marcha.

Raul

•En todas las entradas de la ciudad, colocar números de baile y músicos depresivos, a fin de minar la moral de quienes tengan intenciones contra ella.

Daniel

•Llevar la batalla a la sala de baile, obligando a los soldados a mantener el ritmo y seguir el paso de acuerdo a lo que toque la orquesta, formada por los mejores estrategas del reino.

Raul

•Llevar monedas en lugar de botones en las chaquetas militares, de modo que se tenga más interés en su preservación que en la muerte de quien los porta, y ante la eventual caída de una de ellas en un choque frontal, obligar a los enemigos a recorgerlas, perdiendo en ello un tiempo valioso y bajando la guardia durante el tiempo necesario para ser contraatacados.

Daniel

•Antes que nada, instruir a los soldados para que corten la lengua, no los brazos de sus enemigos, a fin de que cese su bravura al no poder contársela a nadie.

•Montar un ejércitos de zapadores / enterradores, armados sólo con sus palas, a fin de infundir terror en las filas enemigas.

Daniel

•Dejar grandes claros vacíos en el campo de batalla, con el terreno marcado suficientemente bien, y sobre los que luego arrojar una pelota.

•Llegar al campo de batal a una vez terminada la pelea, para saber quién ganó.

“Lo cómico no es efecto, reacción o respuesta. Hay también lo cómico en la causa. Por lo que ciertas contorsiones de una rama nos provocan la sonrisa, o el sonido de las voces ahuecadas o disformes nos resultan hilarantes. Como ciertas hojas, piedras, hebras, nubes, nos despejan. Formas puras que en su mismidad guardan el gesto de lo cómico. Sin consulta a los pasajes de la asociación o el recuerdo.

Lo cómico no es sólo compuesto por construcción, sino también dado por evidencia. No es mero artificio que prepara su desborde. Hay también lo cómico

en bruto, desnudo, vital, inmanente. ¿De qué se ríen, sino, los bebés?. De allí que ciertas plantas, urticantes, provoquen compulsivamente a la risa. De allí que la naturaleza, en su principio cómico, ha modelado los hocicos y los rabos, más aquellas líneas inasibles en que se disipa una letancia. O el vuelo de una mosca, dibujando un perfecto disparate. De allí las cosquillas, en nuestras partes veladas.

O la deformidad de las sombras. Y el mismo gesto propio, inscripto en nuestros labios, del rictus. Acompañado con la libre contorsión, involuntaria, que lo incordia.

El Universo, eminentemente cambiante y sorprendente , como decíamos, no está conformado por elementos, sino por principios, que le dan su impulsión, su cuerpo y su carácter. Esa gota de lluvia sobre tu espalda tiene su raíz en el principio cómico. Como esa vaquita de San Antonio caminando en las narices del muerto.”

Cierre

(Sobre “Línverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento - Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

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