Werner Heisenberg y Moe Berg, dos Vidas Cruzadas por la Incertidumbre por J. C. Ruiz Franco - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

index-1_1.jpg

index-1_2.jpg

Werner Heisenberg y Moe Berg, dos vidas

cruzadas por la incertidumbre

J. C. Ruiz Franco

http://www.jcruizfranco.es

(Este trabajo puede copiarse y difundirse libremente, siempre que se incluya referencia a su origen y a su autor)

Es difícil que un físico teórico alemán y un jugador de béisbol estadounidense de origen judío puedan tener alguna relación, pero las vidas de estos dos hombres que ya forman parte de la historia se cruzaron casualmente cuando sólo

quedaban unos meses para el final de la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos lo sabía absolutamente todo sobre el otro; el segundo no sabía nada sobre el primero, ni siquiera su identidad. Heisenberg, quien junto a Niels Bohr fue el máximo exponente de la mecánica cuántica, participó durante la contienda en el intento de fabricación de una bomba atómica para la Alemania nazi. Berg, un

jugador de béisbol que se convirtió en espía, recibió la orden de matarle si descubría que se encontraba próximo a la consecución del citado objetivo bélico.

Todo dependía de las palabras que pronunciara en una conferencia que iba a

ofrecer en Zurich, en la neutral Suiza, en diciembre de 1944.

Este escrito trata este histórico episodio, además de la biografía de los dos hombres; y se detiene especialmente en la relación de Heisenberg con los nazis, haciendo alusión a la conocida visita que hizo a Bohr en Copenhague, en

septiembre de 1941, cuando parecía que Alemania iba a ganar la guerra y había invadido Dinamarca, además de gran parte de Europa.

La vida de Werner Heisenberg

Werner Karl Heisenberg nació el 5 de diciembre de 1901 en Würzburgo,

Alemania. Su padre era profesor de lenguas clásicas en un centro de enseñanza

secundaria, y unos días antes, el 11 de noviembre, había ofrecido una conferencia en la universidad de su ciudad, el paso final para poder dar clase en ella. En

menos de diez años llegaría a ser catedrático de estudios griegos medievales y

modernos.

Werner nació en el hogar de los Heisenberg, en el número 10 de la

Heidingsfelderstrasse, en el elegante barrio de Sanderau. El estatus de su padre era prueba del alto nivel cultural de su familia, así como del ascenso en la escala

social. August procedía de una familia de comerciantes de clase media. Su padre, Wilhelm August, fue quien consiguió que la familia alcanzara esta posición, tanto por sus propios méritos como por casarse con la hija de un próspero granjero. Se decía que era tranquilo y cerebral, y su mujer, Anne Marie, tenía una fuerte

voluntad y una buena inteligencia. Era católica, pero cambió de religión, a la

luterana, para casarse con August. Una mujer alemana de aquella época tenía que

ser una esposa obediente y una madre sacrificada, y Annie sin duda lo fue.

En la fuertemente estratificada sociedad alemana de aquella época, un profesor

tenía mucho más prestigio y poder que en cualquier otro país, aunque el sueldo no

index-3_1.jpg

fuera especialmente alto. Cuando comenzó a dar clase era el doble que un

trabajador experto. Cuando consiguió ascender en el escalafón y llegó a la

universidad, subió al triple.

August llegó a la madurez en plena era de Bismarck, después de la unificación

alemana, y el canciller de hierro era para él, como para muchos alemanes de su

tiempo, una especie de ídolo. Dejó el recuerdo de ser una persona controladora y autoritaria. De su mujer, Annie, la madre de nuestro protagonista, se sabe poco.

No recibió formación superior, ya que las universidades alemanas estuvieron

cerradas para las mujeres hasta 1895, y la de Munich, la más cercana, no las

admitió hasta 1903. Lo mismo sucedía con las carreras profesionales. De todas

formas, es evidente que recibió educación avanzada, si bien no oficial, a través de su padre, director de un gymnasium. Incluso aprendió ruso para traducir artículos escritos en ese idioma y que los utilizara su marido.

August Heisenberg

Antes de llegar a catedrático de universidad, August impartió clase en el

gymnasium de su suegro, además de seis horas semanales en la universidad, en la disciplina de filología bizantina. Su capacidad para enseñar e investigar fue

siempre ensalzada por todos. No obstante, su temperamento oscilaba entre una

tremenda fuerza y la depresión, debido a la gran tensión que conllevaba su trabajo y a lo competitivo que era. Su mujer le servía de consuelo en los momentos

difíciles.

Werner tenía un hermano dos años mayor. Erwin era el favorito del padre, y el

tímido y retraído Werner el de la madre. Con cinco años estuvo a punto de morir

por una infección pulmonar, lo que debió aumentar la protección materna. Padecía de alergias que llegaban al extremo de ser graves.

A pesar del fuerte ambiente ético que se respiraba en su familia, no se les inculcó ningún dogmatismo religioso, y mientras que Werner fue toda su vida propenso a

la reflexión filosófica, su hermano Erwin abrazó la antroposofía, muy en boga en aquella época, discutía con su hermano sobre el tema y le intentaba atraer a su causa. Desde pequeño, los dos hermanos estaban siempre compitiendo para

ganarse la atención de su ocupado padre, y para hacerlo sabían que tenían que

destacar en el plano académico y cultural, lo cual incluía tocar algún instrumento musical; Werner se dedicó al piano. Esa competitividad que asimiló en el

ambiente familiar formó parte del carácter de Heisenberg durante toda su vida, y le indujo a tener que destacar en todo lo que hizo. Sin embargo, esa misma

competitividad fue enrareciendo la relación entre los hermanos. Cuando eran

niños discutían mucho, y ya a cierta edad tuvieron una fuerte pelea en la que utilizaron sillas de madera para golpearse. Decidieron no seguir peleando, pero

desde ese momento cada uno siguió su camino y en todos los años posteriores

sólo se vieron en ocasionales visitas. Además, Werner nunca mencionó el nombre

de su hermano a sus compañeros de movimiento juvenil. Erwin se hizo químico y

no aparece en los escritos de su hermano. Cuando Werner sentía que alguien había traicionado su confianza, en lugar de enfrentarse a él cortaba las relaciones de forma irrevocable.

En diciembre de 1909 falleció Karl Krumbacher, catedrático y maestro de August,

tras lo cual August fue nombrado su sucesor, y en menos de un mes comenzó a

dar clase en la Universidad de Munich, en la cátedra de filología bizantina. La

mujer y los tres hijos permanecieron en Würzburgo hasta que terminó el curso

académico, y al año siguiente se mudaron a un gran apartamento situado en el

último piso del número 110 de la Hohenzollernstrasse, en el distrito de

Schwabing.

index-5_1.jpg

Con August en la universidad y el doctor Wecklein (el padre de Annie, su mujer)

dirigiendo el gymnasium Maximiliam, los Heisenberg se codearon con la clase alta de su nueva ciudad. Erwin, al ser mayor que Werner, comenzó antes la

asistencia al gymnasium, pero sólo con una diferencia de un año. Además, ocupaba la sección B de su clase, mientras que Werner siempre se encontraba en

la A. Esto sólo sirvió para incrementar la rivalidad de los hermanos. Entre los

alumnos ilustres del gymnasium había estado Max Planck, quien también fue profesor durante algún tiempo.

Pero llegó la Gran Guerra, y August tuvo que servir a su país. Mientras duró la contienda, a los alumnos del gymnasium les administraban fuertes dosis de patriotismo. Werner perteneció durante dos años (1916-1918) a la asociación

paramilitar Wehrkraftverein. El 11 de noviembre de 1918 se firmó el armisticio que puso fin a la guerra, con la subsiguiente humillación para Alemania y la

proclamación de la débil República de Weimar, que años después Hitler haría

saltar por los aires.

August Heisenberg, vestido de oficial, con sus hijos Erwin y Werner a su lado Heisenberg impresionó enormemente a los profesores del gymnasium. En

matemáticas y física era excelente. Sólo en lengua alemana obtuvo una nota por

debajo del sobresaliente. Aunque la mayor parte de la carga lectiva consistía en lenguas clásicas y literatura alemana, el joven Werner, igual que muchos jóvenes de su época, se interesó por la ciencia y la tecnología, rama que iba creciendo en importancia en Alemania. En el curso 1917-1918 estudió trigonometría elemental

y una introducción a la física con un libro que, aunque bastante bueno y de un

nivel universitario para el sistema educativo de cualquier otro país, no trataba en absoluto la física moderna. En 1920 hizo el Abitur, o examen para ingresar en la universidad, en el cual rindió casi a la perfección.

Juventud

A pesar del cambio que conllevó la República de Weimar, el ámbito académico

intentó en su mayoría seguir manteniendo su carácter apolítico (Sommerfeld,

Born, Planck, von Laue), con la notable excepción de Einstein, que defendía

abiertamente la democracia que trajo consigo el nuevo sistema. Heisenberg ya

había hecho suyas las ideas políticas de su familia, con una clara oposición al federalismo y al comunismo (si bien se consideraba apolítico), así como el afán de conservar el estatus social mediante los logros académicos. Durante el período de Weimer, se identificó con la élite académica de clase media-alta. Por otro lado, durante toda su vida conservó los ideales del movimiento juvenil al que

perteneció. Fundó un grupo propio, el llamado Grupo Heisenberg, próximo a los

llamados Pathfinders, que tenían una ideología antiburguesa y propugnaban una vuelta a la vida en la naturaleza. Para ellos, la sociedad alemana estaba en clara decadencia por culpa del capitalismo, el anonimato propio de la ciudad y la

hipocresía moral; los jóvenes debían acabar con esta decadencia moral. Durante

sus excursiones, los miembros del grupo cantaban, recitaban, entablaban debates

filosóficos y jugaban al ajedrez. El joven Werner era bastante bueno en este juego, solía ganar y podía jugar a ciegas, sin mirar el tablero. Cuando entró en la

universidad ya se había convertido en una especie de obsesión, y el profesor

Sommerfeld tuvo que prohibirle jugar después de decirle que suponía una pérdida

de tiempo y de talento. Pero tal vez le resultó útil para visualizar el resultado final

index-7_1.jpg

después de una larga serie de pasos intermedios, una habilidad muy útil para un

físico a la que pudo contribuir su afición al ajedrez.

La creencia de los Pathfinders en un nacionalismo, con un führer o guía que guiara al país para llevar a cabo los ideales del Sacro Imperio Romano-Germánico, les hizo propensos a ingresar en las filas del partido nazi, años

después. Sin embargo, sólo un miembro del Grupo Heisenberg se hizo nazi.

Heisenberg comenzó los estudios universitarios en otoño de 1920, y siete años

después ya era profesor de física teórica de la Universidad de Leipzig. Con

veintiséis años fue el catedrático alemán más joven. Su talento le convertía en la persona adecuada para trabajar en el nuevo campo de la física teórica. En aquellos años la teoría cuántica experimentó una profunda transformación, desde un estado de desorden hasta el sistema ordenado de la mecánica cuántica que Born y el

mismo Heisenberg crearon en 1927.

Werner Heisenberg

Estudió con tres de los más importantes teóricos del momento: Sommerfeld, Born

y Bohr, y compartió clase con los más brillantes de su misma generación: Pauli,

Jordan y Dirac. Heisenberg pronto conoció los problemas de la antigua teoría

cuántica para resolver los problemas planteados. Esto le aportó la base para sus propias contribuciones en los años posteriores: su participación en la

formalización de la mecánica cuántica y el principio de incertidumbre, que

formaba parte de la llamada interpretación de Copenhague. Planck, Einstein y

Bohr eran quienes habían puesto las bases en los veinte primeros años del siglo.

En 1920, los adversarios de Einstein comenzaron a lanzar sus ataques contra éste, dado que era judío, defensor del sistema de Weimar e internacionalista. Como era representante de la física teórica, quienes le atacaron eran principalmente físicos experimentales, encarnados en la persona de Philipp Lenard, Johannes Stark y sus colegas. Además de un odio por su posición política, había en el trasfondo una

envidia profesional porque su prestigio como físico teórico hacía que la física

experimental se quedara atrás en cuanto a fama se refiere. Hay que tener en cuenta que los físicos alemanes habían sido en su mayoría experimentales, y

precisamente eso fue lo que defendieron los que se proclamaron representantes de la física nazi: un apoyo a la física experimental y un rechazo de la física teórica, a la que acusaron de ser cosa de judíos. Por eso llegaron a llamar a Heisenberg

“judío blanco”. En realidad, los físicos judíos se habían dedicado a la física

teórica porque los puestos de física experimental habían siempre estado ocupados por alemanes “puros” y a ellos se les había negado el acceso.

La universidad y la gloria científica

Werner estudió en la Universidad de Múnich. Dado que desde joven se sentía

inclinado por las matemáticas, quiso cursar esa carrera, pero von Lindemann le

rechazó como alumno porque estaba a punto de jubilarse y le recomendó que

hiciera el doctorado con el físico Arnold Sommerfeld. Así las cosas, en su primer año estudia principalmente matemáticas, pero poco a poco se va pasando a la

física teórica. En un principio desea trabajar en la teoría de la relatividad de Einstein, pero su compañero Wolfgang Pauli le aconseja que se dedique a la física atómica. Se doctora en 1923 y acude a Gotinga, donde trabaja como asistente de

Max Born. Como ya hemos dicho, la física aún se consideraba una ciencia

experimental, y su falta de habilidad para el laboratorio hizo que tuviera ciertos problemas para doctorarse.

En 1924 viaja a Copenhague y conoce a Niels Bohr, a quien acoge como maestro.

En este momento comienza la meteórica carrera que le llevaría a la creación de la mecánica matricial, que sería el motivo de que le concedieran el Premio Nobel de

index-9_1.jpg

Física en 1932. La mecánica matricial está impregnada de una filosofía

pragmática: lo importante es obtener información conociendo el estado inicial y el estado final del sistema, sin importar lo que ocurra en los procesos intermedios.

Su teoría cuántica matricial logra explicar casi todo el mundo atómico mediante un enfoque corpuscular. Casi simultáneamente, el vienés Erwin Schrödinger logra

explicar los mismos fenómenos mediante su mecánica ondulatoria, más simple e

intuitiva. Según pudo demostrar Bohr, ambas son equivalentes, y como tal se

incorporaron a la nueva mecánica cuántica que estaba creando aquel sorprendente

grupo de físicos.

Niels Bohr

Aparte de la mecánica matricial, la otra gran aportación de Heisenberg a la

cuántica es el famoso principio de indeterminación, por el cual no es posible

conocer con exactitud a la vez la posición y la velocidad de una partícula: cuando una de las dos mediciones se va haciendo más precisa, la otra se va haciendo más vaga. De hecho, la llamada interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica

se basa en la mecánica matricial de Heisenberg, la mecánica ondulatoria de

Schrödinger, el principio de indeterminación de Heisenberg y el principio de

complementariedad de Bohr, que permite integrar las descripciones

aparentemente opuestas de Heisenberg y Schrödinger. Según la interpretación de

index-10_1.jpg

Copenhague de los fenómenos subatómicos, toda la información consiste en lo

que nos ofrecen los resultados de los experimentos. Podemos observar un átomo

en dos ocasiones y ver cómo un electrón ha cambiado de estado de energía; este

salto puede deberse a la misma observación, no podemos asegurar que se trata del mismo electrón y no podemos plantear ninguna hipótesis sobre lo que ocurrió

cuando no estábamos observando. De los experimentos, gracias a las ecuaciones

de la mecánica cuántica, podemos deducir la probabilidad de que, al observar el

átomo y obtener el resultado A, otra observación posterior ofrezca el resultado B.

No se puede afirmar nada sobre cuando no se está observando ni de cómo pasa el

sistema del estado A al estado B. Esta explicación atómica probabilística e

indeterminista no fue aceptada por físicos como Einstein, Planck y De Broglie,

que preferían no desechar ciertos componentes de la física clásica y, sobre todo, el principio de causalidad.

Heisenberg, además de profesor de la Universidad de Leipzig, lo fue también de

las de Berlín (1941-1945), Gotinga (1946-1958) y Munich (1958-1976).

Heisenberg, dando clase

Sus relaciones personales

Durante toda su vida, su confianza en sus conocimientos científicos contrastó con su falta de confianza en temas personales. Su única relación premarital conocida, con la hermana menor de Carl von Weizsäcker, acabó mal por decisión de los

padres de ella. No se conocen los motivos, pero seguramente fueron la diferencia de edad (Adelheid acababa de terminar la escuela secundaria y él ya tenía treinta y cuatro) y que, al ser de clase noble, preferían a un aristócrata antes que a un profesor, a pesar del prestigio de Heisenberg. Dos años después de la ruptura, ella se casó con un capitán del ejército con título nobiliario, que durante la Segunda Guerra Mundial murió en el frente ruso, lo que dejó a Adelheid sola con dos niños pequeños.

Tres meses después de la ruptura sentimental, Werner se prometió con una mujer

trece años menor. Sentía que necesitaba una mujer mucho más joven para

mantenerse en contacto con el mundo exterior y con su propia juventud. Ocurrió a finales de enero de 1937, mientras tocaba el piano en la casa de los Bücking, una familia amiga. Entre los invitados estaba una joven alta y delgada, con una sonrisa cálida y una bonita figura, que acababa de llegar a Leipzig. Su mirada se encontró con la de Heisenberg mientras éste tocaba el piano. Después conversó con la

joven, llamada Elisabeth Schumacher, ante la atenta mirada de la anfitriona, la señora Bücking. Cuando los invitados ya se marchaban, pidió a Heisenberg que

acompañara a la señorita Schumacher a casa. Dos semanas después ya estaban

prometidos y menos de tres meses después, el 29 de abril de 1937, se casaron en

Berlín. Heisenberg tenía treinta y cinco y su mujer veintidós. Elisabeth era la

menor de los cinco hijos de Hermann y Edith Schumacher. Su padre era profesor

de economía política y uno de sus hermanos era también economista. Su vida

familiar era muy parecida a la de la familia de Heisenberg: padre autoritario y

madre dedicada a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. Elisabeth,

buscando algo de libertad, se había mudado a Freiburgo para estudiar en la

universidad literatura alemana, carrera de la que se graduó en 1936. Después de

vivir en Freiburgo se trasladó a Leipzig, el centro del mundo editorial alemán, ámbito en el que trabajaba cuando conoció a Heisenberg.

index-12_1.jpg

El matrimonio Heisenberg

Con la estabilidad emocional que le aportaría el matrimonio, sabía que

conseguiría nuevos logros en física. Se casaron el 29 de abril y marcharon hacia una luna de miel en el sur de Alemania y Austria, en los Alpes. Exactamente

nueve meses después tuvieron gemelos, Wolfgang y María. La pareja tendría

cinco hijos más en los doce años siguientes. El matrimonio estuvo marcado más

por las necesidades personales que por el amor o la pasión. A pesar de necesitar estabilidad, Heisenberg pocas veces compartió con su esposa sus problemas, y

tampoco dejó que la familia robara tiempo a su carrera como científico.

Pocas veces ejerció como padre, y sólo cuando hacia 1960 todos los hijos habían

abandonado el hogar paterno y Heisenberg ya trabajaba menos, empezó a viajar

junto con su esposa. La misma Elisabeth, en su vejez, se lamentaba de que los dos no se hubieran conocido demasiado.

La Alemania nazi

Todo parecía marchar bien, pero la época nazi que sufrió Alemania le pasó factura en muchos aspectos a lo largo de su vida. Nunca fue miembro del partido ni

aprobó sus acciones extremas, pero tampoco opuso excesiva resistencia, más allá

de defender sus propios intereses y de defender en varias ocasiones a algunos

index-13_1.jpg

compañeros judíos. En este sentido, sufrió los ataques de Lenard y Stark

acusándole de judío blanco y de defender a Einstein.

Johannes Stark

El 15 de julio de 1937, el periódico de las SS, Das Schwarze Korps, publicó un artículo de Stark en el que se le acusaba formalmente, la Gestapo empezó a espiar sus actividades y sus clases, y se examinó su ascendencia en cinco generaciones en busca de familiares judíos. Aprovechando la relación de su madre con la madre de Himmler, apeló a éste, quien le recomendó que redactara una respuesta a los

ataques, tras lo cual su nombre quedó límpio de acusaciones y sospechas, gracias a la intercesión del jefe de las SS. Eso le libró de la persecución en su país, pero precisamente significó el comienzo de las posteriores acusaciones de colaboración con el régimen. Lo cierto es que Heisenberg amaba a su país y se declaraba

nacionalista, pero no era nazi.

index-14_1.jpg

Otto Hahn

La energía atómica

Otto Hahn llevaba tiempo bombardeando los átomos de uranio con neutrones y

observó que como resultado se formaba bario, un elemento con un peso atómico

de aproximadamente la mitad que el del uranio. Hahn no entendía cómo era

posible este resultado y se lo comunicó a Lise Meitner, su antigua colaboradora, una judía austríaca que acababa de huir a Suecia. Ella, con ayuda de su sobrino, Otto Frisch, comprendió que los neutrones penetraban en el núcleo de uranio y lo partían en dos fragmentos de tamaño similar. Esto demostraba que era posible la

fisión nuclear. Hahn prosiguió sus estudios y demostró las grandes cantidades de energía que se podían liberar, la cual se podía utilizar con fines pacíficos o con propósitos bélicos.

Frisch, que se encontraba en Dinamarca, escribió un artículo sobre el tema que pasó a Niels Bohr y a William Arnold, que fue quien realmente creó el término

“fisión” para describir esa fragmentación del núcleo de uranio en dos mitades

cuando se bombardeaba con neutrones. En enero de 1939 se publicó el artículo de

Meitner y Frisch en la revista Die Naturwissenschaften, y poco después Bohr acudió a Estados Unidos para asistir a un congreso en el que explicó las

importantes noticias sobre el uranio. Los físicos estadounidenses se mostraron

sorprendidos y se dispusieron a comprobarlo, lo cual lograron en poco tiempo.

Fermi demostró que al fisionarse el núcleo de uranio también se producían dos o

index-15_1.jpg

tres neutrones, y enseguida Szilard entendió que esos neutrones podían producir

una reacción en cadena, precisamente lo que hacía falta para que la energía

nuclear pudiera utilizarse en un reactor o en una bomba. Posteriormente, Bohr y Wheeler demostraron que sólo eran fisionables los núcleos del uranio 235,

mientras que los del uranio 238 se limitaban a absorber los neutrones. El problema era que el uranio 235 constituía sólo aproximadamente el 1% del uranio

disponible en todo el mundo, y en consecuencia era muy complicado conseguir la

cantidad necesaria para construir una bomba. Había que calcular la masa crítica, la cantidad de uranio para que tuviera lugar una reacción en cadena autosostenida.

La Segunda Guerra Mundial

Antes incluso de iniciarse la guerra, Fermi había comunicado a la armada

estadounidense la posibilidad de utilizar el uranio como explosivo, pero aún se

mostraba escéptico sobre la tarea de conseguir la necesaria reacción en cadena. En cuanto comenzó la guerra, Einstein, que residía en Estados Unidos desde que

Hitler llegara al poder en 1933, escribió al presidente Roosevelt que Alemania

podía utilizar la energía nuclear con propósitos bélicos y que los aliados deberían ponerse a la labor. Varios meses después, Frisch y Peierls, refugiados alemanes, hicieron lo mismo con el gobierno británico.

Enrico Fermi

Había que calcular la masa crítica, la masa mínima necesaria. Perrin, en un

artículo de 1939, estimaba que sería necesario contar con 44 toneladas de uranio 235. Frisch y Peierls obtuvieron en 1940 el valor de 2 kilogramos, lo que supuso una inyección de optimismo, y en 1941 obtuvieron el valor de 8 kilogramos. Sólo

posteriormente se dio con el valor de unos 50 kilogramos, la cantidad realmente

necesaria. Independientemente del valor exacto, el hecho de que no se tratara de toneladas, sino de kilogramos, dio alas al proyecto aliado de construir la bomba.

Los proyectos estadounidense y británico se unieron para dar lugar al Proyecto

Manhattan, el gran esfuerzo aliado por construir una bomba atómica.

La Alemania nazi también trabajó en el uranio, el proyecto Uranverein, pero a menor escala, con un presupuesto mucho menor, con menos científicos

implicados y con la labor dividida en tres proyectos independientes: el

considerado oficial, financiado por el ministro Albert Speer, bajo la dirección de Walter Gerlach y que incluía la participación de Heisenberg y Hahn; el del físico barón Von Ardenne, dirigido por el ministro de telecomunicaciones, Wilhelm

Ohnesorge, en colaboración con la Wehrmacht; y el del general Kammler,

controlado por las SS y con la colaboración de la Lufwaffe.

Los alemanes controlaban las minas de uranio más importantes del mundo,

situadas en Checoslovaquia. En cuanto al interés público y político, Siegfried

Flügge, antiguo alumno de Heisenberg, lo despertó con un artículo muy

difundido, titulado “¿Puede el contenido energético del núcleo ser técnicamente

útil?”. Mientras tanto, los aliados, al comienzo de la guerra, pensaban que los

alemanes les llevaban ventaja en la carrera por el aprovechamiento del potencial del uranio, gracias a la investigación pionera de Hahn que hemos mencionado.

Heisenberg, después de todos los ataques sufridos durante años por parte de los físicos nazis, vio en la dedicación a la tarea, aparte de una lucha por la victoria de su país (la cual deseaba, a pesar de no ser nazi), una forma de recuperar su buena reputación, por no hablar de su curiosidad científica respecto al tema.

Los alemanes en un principio no disponían de ciclotrón para bombardear los

núcleos de uranio, pero gracias a sus conquistas al principio de la guerra tenían a su disposición el del Instituto Niels Bohr y el del laboratorio de Frederic Joliot, en París. En cuanto al agua pesada que necesitaban para moderar el bombardeo de

index-17_1.jpg

neutrones, la obtuvieron del centro noruego de Vemork, después de ocupar

también aquel país.

Heisenberg y su equipo intentaron construir un reactor nuclear en el que la

reacción en cadena se llevara a cabo con tanta rapidez que produjera una

explosión, pero no tuvieron éxito. No se sabe la causa real por la que no lo

lograron; tal vez porque no contaban con recursos suficientes, quizá porque no

fueron lo bastante expertos; puede que tan sólo intentaran construir un reactor y no una bomba atómica; o puede que retrasaran voluntariamente los trabajos para

no dar a Hitler la bomba.

Karl Weizsäcker

Visita a Bohr en Copenhague

En septiembre de 1941, en plena guerra, Heisenberg visitó a Niels Bohr en

Copenhague, en la Dinamarca ocupada por el ejército alemán. Con ello corrió un

grave peligro porque hablar sobre el tema de la bomba atómica constituía traición, y además hizo a su antiguo maestro un dibujo de un reactor nuclear. No se sabe

exactamente qué le dijo ni qué le contestó Bohr; el tema ha dado mucho que

hablar e incluso se ha escrito una obra de teatro sobre él. Hay distintas

posibilidades sobre lo que pudieron decirse en ese encuentro. Lo que sí sabemos

es que Bohr acabó sumamente enfadado y que sus relaciones con Heisenberg ya

nunca volvieron a ser lo que habían sido unos años atrás.

Oficialmente, Heisenberg viajaba para dar una conferencia en el Instituto

Científico Alemán, pero su verdadera intención era hablar con Niels Bohr, su

antiguo maestro. Fue acompañado de su amigo y compañero Weizsäcker, y ambos

no podían ocultar su entusiasmo ante la buena situación de Alemania en la guerra hasta ese momento; parece que no eran conscientes de que Dinamarca era un país

ocupado y de que sus ciudadanos difícilmente podían sentir simpatía por ellos.

Durante una comida, Heisenberg declaró que era muy importante que Alemania

ganara la guerra, que lamentaba la ocupación de países como Dinamarca,

Noruega, Bélgica y Holanda, pero que se alegraba de la invasión de los países del este, ya que, según él, no eran capaces de gobernarse a sí mismos. Antes de la

conversación que tuvo con Bohr, éste se enteró de todas estas declaraciones de su viejo amigo y discípulo. Cuando por fin pudo estar a solas con él, en un paseo que le sugirió dar después de cenar, entablaron esa famosa conversación de la que

después nadie ha podido determinar qué dijeron sus protagonistas; la

reconstrucción se ha realizado a partir de lo que ellos mismos comentaron años

después. Parece ser que Heisenberg comenzó lamentando la invasión y

destrucción de Polonia, pero añadió que Alemania se había portado mucho mejor

con Francia y que la probable victoria sobre Rusia sería muy beneficiosa. Bohr ya se encontraba furioso en este momento, cuando Heisenberg abordó el tema que

había ido a tratar con él: la utilización de la energía atómica. Preguntó a Bohr si era moralmente correcto para un físico investigar sobre el potencial del uranio en tiempos de guerra. Su interlocutor le contestó con una pregunta: ¿de verdad creía que podía utilizarse la fisión del uranio para la construcción de armas? Heisenberg le dijo que sí, y que los físicos alemanes estaban trabajando en el proyecto.

Añadió que la tarea implicaba un esfuerzo técnico enorme y que los científicos

podían decidir no trabajar en un proyecto así, lo cual evitaría que sus países

pudieran utilizar armas atómicas. Heisenberg le pidió que le ayudara y Bohr

entendió que lo que estaba sugiriendo era que los científicos aliados no

construyeran bombas atómicas para usarlas contra Hitler, así que puso fin a la

conversación. Por supuesto, todo esto no es más que una posible reconstrucción

de los hechos; tal como hemos dicho, hay distintas versiones sobre lo sucedido y los protagonistas nunca se pusieron de acuerdo cuando lo discutieron, años

después.

Una de las posibilidades es que Heisenberg, al saber que Bohr tenía contactos con los aliados, le propusiera un esfuerzo conjunto para que los científicos de ambos bandos no hicieran esfuerzos por conseguir la bomba y retrasaran la investigación nuclear hasta que la guerra acabara, es decir, que fueran los científicos quienes decidieran el futuro de la investigación atómica. Según algunos comentaristas,

acudió a Bohr para obtener información sobre el programa atómico de los aliados, es decir, en funciones de espía. Otra hipótesis es que simplemente quería saber la opinión de Bohr sobre la responsabilidad moral de un físico al trabajar en un

proyecto atómico que podía llevar a la construcción de armas muy destructivas.

Unos meses después, Heisenber y Weizsäcker enviaron a Jensen para hablar de

nuevo con Bohr, pero tampoco consiguieron lo que se proponían ni lograron que

Bohr les hiciera caso.

Siguiendo con el tema de lo que pudo hablarse en Copenhague, Heisenberg y

otros como von Laue posteriormente afirmaron que por razones morales no

intentaron construir una bomba atómica. Los científicos aliados contestaron que lo que sucedió es que Heisenberg no había sabido calcular la cantidad necesaria de

uranio 235, la masa crítica, para sostener la reacción. Esa fue la tesis que el físico y espía Samuel Goudsmit sostuvo al principio, en su libro Alsos, pero rectificó después, al saber que Heisenberg podía haber calculado la masa crítica si se lo

hubiera propuesto. Así lo demuestran las conversaciones grabadas secretamente

en Farm Hall, de las que hablaremos después.

El tema de la visita de Heisenberg a Copenhague para entrevistarse con Bohr ha

sido objeto de mucho debate, ya que está relacionado con el papel que desempeñó

el primero en el proyecto atómico alemán durante la guerra. Se ha escrito mucho y se han defendido tesis muy distintas; incluso se ha escrito una obra de teatro,

Copenhague, cuyo autor es Michael Frayn, de la cual ofrecemos algunos

fragmentos. En ella, Heisenberg, Bohr y su esposa Margarita, ya fallecidos,

rememoran aquel controvertido episodio.

index-20_1.jpg

Portada de Copenhagen

Pasajes de Copenhagen, de Michael Frayn